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Rafael Rivera Rosa: “Yo me he dedicado a crecer”

“Él es un gran dibujante, por eso es un gran artista gráfico. Es un gran pintor, por eso es un gran cartelista”.

Luis Moisés Pérez sobre Rafael Rivera Rosa

Recientemente, inauguró en el Viejo San Juan una muestra de la trayectoria artística del comerieño Rafael Rivera Rosa. En una exhibición en alianza, el Museo de San Juan, ubicado en la calle Norzagaray, presenta un resumen de la expresión gráfica de este artista, mientras que el Museo de Las Américas, dentro del Cuartel de Ballajá, muestra una selección de sus pinturas abstractas y figuradas.

“Ambos museos exhiben sus dibujos porque el dibujo es el fundamento. Él es un gran dibujante, por eso es un gran artista gráfico; es un gran pintor, por eso es un gran cartelista. Tiene el trazo y la estructura compositiva, pero también tiene gran conocimiento de la teoría del color. Es un artista completo”, dijo a En Rojo el director del Museo de San Juan, Luis Moisés Pérez mientras le ofrecía un recorrido guiado a este medio.

“Rafael tuvo la oportunidad de estudiar aquí en este mismo edificio. Él expone en este lugar 50 años después donde justamente estaban los talleres de impresión gráfica y donde los artistas vendían sus piezas. Aquí él tuvo la oportunidad de conocer, por ejemplo, a Lorenzo Homar, el gran maestro”, continuó Pérez en su deseo de resaltar la importancia de ese espacio para Rivera Rosa y el honor del Museo de auspiciar esta exposición.

Al comenzar el recorrido, resalta a la vista la curaduría de la pared de fondo, adornada con más de una decena de carteles tradicionales de los años ’60 enmarcados. De hecho, el ejercicio curatorial estuvo a cargo del propio artista. Luego, se alinean en la exposición las xilografías, que son grabados sobre planchas de madera. “Estos trabajos de xilografía, que son de los ‘80, se mantienen dentro de lo más tradicional de la gráfica puertorriqueña”, explicó Pérez.

Le siguen las piezas en intaglio, técnica artística en donde se crea una imagen por corte, tallado o grabado en una superficie plana, y una selección de dibujos del artista. Ya en la última sección de la sala, se exhibe el arte digital de Rivera Rosa, el cual comenzó a explorar en la década de los ’90. Se perciben en esta parte los carteles digitales y los collage, realizados con libres y contundentes mensajes políticos.

Al finalizar la exposición que ubica en el Museo de San Juan, el receptor puede percibir que la trayectoria de Rafael Rivera Rosa está basada en la evolución del artista en cuanto a técnicas, medios y lenguajes. A juzgar por el director del Museo, cuando llegó la tecnología, hubo otros artistas veteranos que no se atrevieron a explorar con el arte a nivel digital, sin embargo Rafael sí lo hizo “y con una maestría increíble”.

“He tenido siempre una actitud en el arte y es que no me niego ni me cierro las puertas a posibilidades nuevas. Aprendí eso de los maestros de los ’50. Mis 56 años de labor artística están llenos de cambios: de materiales, de estética, de los protocolos que uno establece para pintar. Siempre lo he hecho buscando lenguajes nuevos, maneras distintas de hablar”, aseguró Rivera Rosa en entrevista.

Las innovaciones para este artista han estado promovidas siempre por la misma intención: “enriquecer mi proceso creativo, equiparme con las mejores herramientas posibles, eso también lo obtengo de la lectura. Yo me he dedicado a crecer”.

Luis Moisés hizo una nota aclaratoria durante el recorrido: “Rafa entendió algo que les ha tomado esfuerzo a algunos artistas. Él entiende que el medio digital es legítimo. Como él mismo dice, la computadora no hace el trabajo por ti, es un medio como es la serigrafía, la xilografía, el cartel tradicional. En sus trabajos digitales están presentes el dibujo, el color, la apropiación fotográfica y de la imagen”.

Según el artista, el cual en la actualidad maneja distintos lenguajes – como le llama a las diversas técnicas con las que hace arte –, en ese camino de la innovación, “descubro claves nuevas para mi lenguaje pictórico. Dialogo con el lenguaje plástico”.

“Es una selección muy buena de 56 años de carrera que representa lo que yo he crecido, representa que mi equipaje se ha ido fortaleciendo. Eso no se ha terminado. El medio digital me abrió puertas para manejar la imagen. Me ofrece la oportunidad del trabajo más rápido y multiejemplar. Casi pongo al servicio del medio mi conocimiento sobre pintura”, añadió.

El también fundador del Taller de Arte Gráfica ‘Bija’, junto a René Pietri y Nelson Sambolín (1970) puntualizó: “Lo que he ganado como artista es que me siento cómodo en todos los lenguajes que practico y, además, que he podido incorporar un lenguaje dentro del otro”.

“Si el arte es invención, hay que inventar mientras pintas. Si tú te pones a hacer una arte prefigurado, a planificar una pintura como si fueras un arquitecto, descargas en eso la parte más esencial del trabajo del arte que es la invención. No tendrías una pintura, sino un esquema. Jamás he hecho una pintura prefigurada, lo que sí prefiguro son los carteles políticos, que tienen una función distinta a la pintura”, finalizó quien fue profesor por muchos años en el Departamento de Bellas Artes de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras y en la Escuela de Bellas Artes de San Juan.

El cartel político y En Rojo

“Rafa nunca ha preparado un cartel político que sea simplemente propaganda, publicidad. O sea, que cada uno de sus trabajos es un estudio de la composición, de la comunicación”, destacó Luis Moisés Pérez sobre el arte político que ha distinguido a Rivera Rosa.

El director del Museo de San Juan expresó que los artistas que se hicieron en la escuela de los maestros del ’50 entienden que “el arte por el arte no tiene razón de ser y menos en un país como Puerto Rico. El arte tenía que estar al servicio de los problemas sociales, de la comunicación de estos y de la gente”.

Desde siempre, Rafael Rivera Rosa ha llevado sus inquietudes sociales a sus maneras de hacer arte. Durante la entrevista con En Rojo, recordó que “cuando tuve la oportunidad de trabajar con CLARIDAD fue para realizar la revista cultural. Comencé diseñando el logo del En Rojo y luego diseñaba el periódico junto a Sambolín”. Continuó narrando que en esa época, como joven independentista, no tuvo que “sacrificar una cosa por la otra; mezclé la vertiente política con la artística”.

Podría deducirse, entonces, que desde su juventud Rivera Rosa ha estado consciente del poder que tienen las obras que realiza un artista. “Yo aprendí de mis maestros que el cartel es una obra de arte. De manera que aunque tenga una función temporal, tiene que trascender ese tiempo y convertirse en una obra de arte que tenga todas las riquezas que conlleva una buena pieza porque ese cartel se quedará para las próximas generaciones, cuando el mensaje tendrá una cualidad histórica”.

Qué aporta su arte en esta coyuntura político-social puertorriqueña, le increpó este medio. “Aporta discusión, es una manera de que la gente cobre consciencia de las circunstancias, y en último lugar, mi obra se queda como testimonio y es mi manera de hablar sobre la política”, dijo el comerieño, quien espera que otras generaciones pueden ver su arte y sacarle algo porque “está hecho para despertar, no solo la sensibilidad, sino el intelecto”.

Será otra cosa: ¡MEI-DEI!

En algunos de los anticuados muñequitos sabatinos de mi niñez, los tripulantes de un avión en llamas o un barco inundado corrían a buscar el paracaídas o el salvavidas, gritando “Mayday! Mayday!”. Aprendí así a pensar en “May-Day” como una expresión de alarma, de alerta, de catástrofe, de sálvese-quien-pueda. Durante mucho tiempo, aún después de dejar atrás los muñequitos, creí que se trataba de un producto de la Guerra Fría y del miedo a todo lo que apestara a “comunismo” o “socialismo”. Después de todo, el día conmemora los eventos (y sacrificios) asociados a las protestas de los trabajadores en Chicago en 1886.

Ricardo Rosselló es más joven que yo, pero al parecer veía los mismos muñequitos.

Dos días antes de nuestro “MayDay”, al gobernador le dio por dirigirse al país. La mayor parte del real estate de su mensaje constituye una advertencia: su gobierno, dijo, estaría observando atentamente a “los que se manifiestan públicamente”, y violenten “la ley y el orden”, con actos de “desorden y vandalismo” vinculados a “motivaciones políticas”. El gobe parecería estar esperando esta violencia con entusiasmo: su expresión evoca la de un niño de pesadilla en la víspera de su navidad. Los jueces (a quienes también, advirtió, estará “observando”) castigarán debidamente a los “responsables”. Culminó dejando claro que no permitirá que “los delincuentes se apoderen de nuestra isla”, y encomendándonos al dios de los cristianos.

Otras figuras le hicieron de coro griego a la tragedia, denunciando a priori la violencia hipotética y normalizando el neo-carpeteo en las redes sociales. Durante y después de la marcha, la mayor parte de la prensa tradicional le hizo eco a ese tono mani-duro, enfatizando la “violencia” y el “vandalismo” de la marcha e invisibilizando lo que a todas luces fue una actividad exitosa y multitudinaria, llena de amor, elocuencia y generosidad. Publicaron muchas fotos de encapuchados y cristales rotos, y muy pocas de las sonrisas, los abrazos, los letreros creativos. De las mujeres, hombres, niños, y ancianas marchando en familia. De las organizaciones y grupos cantando, bailando, regalando consignas y flores. De las teatreras, los músicos, las bailarinas. Esas fotos, y las de la multitud –las columnas desbordando las calles que, al unirse, tornaron los reclamos individuales en un grito universal, colectivo y contundente– las vi mayormente gracias a mis amigos virtuales y medios alternativos.

La sinergía de fuerza y belleza del día me resultó parapélida. Pero al parecer no tocó el corazón y la lengua (bastante larga) de los creadores de opinión con mayor influencia en el país. “La manifestación comenzó pacífica pero se tornó violenta”. “Violenta”, “ineficaz”, “un fracaso” lleno de actos e individuos “criminales”. Esos analistas, columnistas y figuras políticas se empeñaron y empeñan en atacar la ilusión del día, en ahogar los esfuerzos de planificación posterior. “Con la protesta de hoy, los manifestantes han perdido el apoyo de la mayoría del pueblo.”

Ese mundo que los sentidos de Ricky y los suyos captan no se parece al nuestro. Se parece más bien al mundo de ese anaranjado presidente norteamericano que ve gentes que nadie vio, escucha aseveraciones que nadie dijo, comparte noticias investigativas que nadie investigó –y, como el gobernador puertorriqueño, amenaza a los jueces que le llevan (o pudieran llevarle) la contraria.

Poco después de la marcha, el gobernador (con su equipo de trabajo, todos muy solemnes) se asomó a regañarnos otra vez. Mayday! Mayday! Nos recordó que ya nos había advertido sobre el evento.  Declaró que los “criminales” sentirán “con severidad el peso de la ley”, que Puerto Rico no es de ellos sino de “los que quieren echar la isla hacia adelante”. Describió las acciones de vandalismo como algo vergonzoso, sin precedentes, una represalia de manifestantes molestos por el “fracaso” de la marcha–y agitados por el twitter de Yulín (¿en serio?). Y de nuevo, increíblemente, ignoró el balance constitucional de poderes para amedrentar a los jueces: “Nosotros vamos a estar observando quienes hacen unos procesos o quienes permiten que casos se caigan”.

Con tanta rasgadura de vestiduras, cualquiera diría que la manifestación, y los cristales rotos una vez culminado el programa del día, son un fenómeno único y vergonzoso, un secreto caribeño y tropical. Que no hubo marchas o “vandalismo” en Portland, Los Ángeles, Nueva York, Chicago, Milwaukee, Las Vegas. Que no hubo marchas o “vandalismo” en París, Moscú, Buenos Aires, India, Grecia. Que alrededor del mundo, la gente no se aferra al Primero de Mayo para exigir derechos para los trabajadores, las mujeres, la comunidad LGBTTQ, los estudiantes, las inmigrantes; para exigir agua, libertad, educación,verdad, salud.

Eventualmente llegué a investigar un poco el significado de ese “mayday” que anunciaba catástrofes en los muñequitos, y descubrí que me había equivocado. La expresión de alarma “mayday!” no se origina en la posguerra, ni tiene que ver con el miedo al comunismo. Proviene de una expresión en francés que dice, más o menos, no tanto “sálvese quien pueda” como “ven y ayúdame”.

Resulta entonces que “mayday!” es, en cierto sentido, un pedido de solidaridad.

La  solidaridad que algunos intentan ahogar con “mano dura”.

La solidaridad que políticos y medios le niegan al movimiento que se fragua y crece hoy en Puerto Rico.

La solidaridad que ese día se tendió, como una telaraña visible y tenue, entre Puerto Rico y Chicago, Atenas, París, Buenos Aires.

La solidaridad que inundó nuestras calles de gente, y mi Facebook de flores.

Ensayos para una nueva economía: desarrollo económico de Puerto Rico Dr. Ricardo R. Fuentes Ramírez, Editor

Me es de gran satisfacción reencontrarme con una audiencia colegial después de 25 años de mi jubilación. Más aún, si el evento es la presentación una obra nacida en el seno del Departamento de Economía, entidad académica que ayudé a fundar. El entusiasmo es mayor si el libro es editado por un joven profesor de economía quien asumió la iniciativa de convocarnos a los mayores para colaborar con ensayos novedosos y relevantes a la realidad económica de Puerto Rico.

Capta la atención el sentido poético de los dos equívocos en su título: Ensayos para una nueva economía, sugerentes de la amplitud y la profundidad de su contenido. También forja su título una sutil expectativa optimista y superadora del actual colapso económico mediante el cambio paradigmático en el estudio de nuestra disciplina o por los hallazgos diagnósticos basados en nuevos enfoques analíticos o por la implantación de las propuestas de cambios institucionales revelados por los autores.

La antología recoge trece ensayos organizados en torno a los temas:

1. de la situación de estancamiento económico actual de Puerto Rico y las posibilidades de la planificación para su desarrollo eventual;

2. la extensión del crecimiento y el desarrollo económico hacia la nueva dimensión del desarrollo humano holístico concebido dentro de un amplio ecosistema ambiental y;

3. consideraciones del status político en el desarrollo de la actividad económica de Puerto Rico de cara al futuro.

Aunque la mayoría de los colaboradores son miembros del personal docente del departamento de economía o del departamento de economía agrícola del RUM, enriquece la calidad transdisciplinaria de esta médula la integración de docentes de estudios hispánicos y colegas jubilados de los departamentos de economía de este Recinto y del Recinto de Río Piedras.

Una somera lectura de los ensayos nos revela el examen realizado por los autores de una amplia variedad asuntos de actualidad en la evolución reciente del quehacer económico puertorriqueño abocado a un sombrío colapso. En una de las lecturas, el análisis ha sido enmarcado dentro de una teoría de la evolución socialista. Otra ha sido enfocada desde la teoría de estancamiento secular con la culminación del sistema en una estructura financiarista que despunta como caracterizadora del devenir económico de Puerto Rico. Dichos diagnósticos son complementados por propuestas de naturaleza normativa basadas en paradigmas noveles de planificación eficaz en la agricultura; la transportación; aquella orientado a la equidad de géneros el proceso de desarrollo; en la administración de los recursos hídricos; y en la remodelación institucional del comercio internacional entre Puerto Rico y el resto del mundo.

Añade a las novedades temáticas de la antología, el diseño de un modelo de decisión boricua de bienestar basado en la selección de opciones de status entre independencia, estadidad y el actual, bajo consideraciones individuales y criterios colectivos. Dentro del mismo tema de evaluación de un status que viabilice el desarrollo económico de Puerto Rico, se analiza las potencialidades y eficacia de la fórmula independentista como opción para cumplir aquella meta.

Ensayos para una nueva economía trasciende su atractivo extrínseco y somera ojeada cuando nos adentramos en el contenido detallado de sus colaboraciones. En un mismo volumen, se han compilado artículos analíticos que revelan el origen, diagnóstico y la prognosis de la actual crisis económica en Puerto Rico. Otros ensayos constituyen referencias indispensables de las características y las dinámicas de sectores productivos como la agricultura, la transportación doméstica y la transportación ultramarina bajo las actuales leyes de cabotaje. Además, en ese atributo de obra de consulta necesaria, se incluye el ensayo sobre la conceptualización y metodología del Índice de Bienestar Económico Sustentable (IBES), aplicado a Puerto Rico, como instrumento cuantitativo en la incursión de la disciplina de la economía ecológica en nuestros predios académicos.

Según de su propia naturaleza antológica, se deriva una rica y amplia variedad temática, de enfoques y modos analíticos, también es posible apuntar algunas limitaciones en el tratamiento de los ensayos. Dada que en parte la publicación tiene su intención didáctica como lectura suplementaria del texto en los cursos introductorios, lo hallado controvertible de (sus enfoques, en sus supuestos básicos, en su base fáctica y en sus conclusiones) deben constituir acicates intelectuales a la discusión en clase y como estímulo para elaborar ensayos de refutación. Situación que imprime el atributo de fecundidad correctiva de Ensayos para una nueva economía: desarrollo económico de Puerto Rico.Mis felicitaciones sinceras a su editor (Dr. Ricardo R. Fuentes Ramírez), a los autores y a otros quienes posibilitaron la obra.

Venezuela en la hora de los hornos

La dialéctica de la revolución y el enfrentamiento de clases que la impulsa aproxima la crisis venezolana a su inexorable desenlace. Las alternativas son dos y sólo dos: consolidación y avance de la revolución o derrota de la revolución.  La brutal ofensiva de la oposición –criminal por sus métodos y sus propósitos antidemocráticos– encuentra en los gobiernos conservadores de la región y en desprestigiados exgobernantes figurones que inflan su pecho en defensa de la “oposición democrática” en Venezuela y exigen al gobierno de Maduro la inmediata liberación de los “presos políticos”. La canalla mediática y “la embajada” hacen lo suyo y multiplican por mil estas mentiras. Los criminales que incendian un hospital de niños forman parte de esa supuesta legión de demócratas que luchan para deponer la “tiranía” de Maduro. También lo son los terroristas –¿se les puede llamar de otro modo?– que incendian, destruyen, saquean, agreden y matan con total impunidad (protegidos por las policías de las 19 alcaldías opositoras, de las 335 que hay en el país). Si la policía bolivariana –que no lleva armas de fuego desde los tiempos de Chávez– los captura se produce una pasmosa mutación: la derecha y sus medios convierten a esos delincuentes comunes en “presos políticos” y “combatientes por la libertad”, como los que en El Salvador asesinaron a Monseñor Oscar Arnulfo Romero y a los jesuitas de la UCA; o como los “contras” que asolaron la Nicaragua sandinista financiados por la operación “Irán–Contras” planeada y ejecutada desde la Casa Blanca.

Resumiendo: lo que está sucediendo hoy en Venezuela es que la contrarrevolución trata de tomar las calles –y lo ha logrado en varios puntos del país– y producir, junto con el desabastecimiento programado y la guerra económica el caos social que remate en una coyuntura de disolución nacional y desencadene el desplome de la Revolución Bolivariana. Reflexionando sobre el curso de la revolución de 1848 en Francia, Marx escribió unas líneas que, con ciertos recaudos, bien podrían aplicarse a la Venezuela actual. En su célebre El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, describía la situación en París diciendo que “en medio de esta confusión indecible y estrepitosa de fusión, revisión, prórroga de poderes, Constitución, conspiración, coalición, emigración, usurpación y revolución, el burgués, jadeante, gritase como loco a su república parlamentaria: «¡Antes un final terrible que un terror sin fin!»”  Sería imprudente no tomar estas palabras muy seriamente, porque eso es precisamente lo que el imperio y sus secuaces tratan de hacer en Venezuela: lograr la aceptación popular de “un final terrible” que ponga término a “un terror sin fin.”  A tal efecto Washington aplica la misma receta administrada en tantos países: organizar la oposición y convertirla en la semilla de la contrarrevolución, ofrecerle financiamiento, cobertura mediática y diplomática, armas; inventar sus líderes, fijar la agenda y reclutar a mercenarios y malvivientes de la peor calaña que hagan la tarea sucia de “calentar la calle” matando, destruyendo, incendiando, saqueando, mientras sus principales dirigentes se fotografían con presidentes, ministros, el Secretario General de la OEA y demás agentes del imperio. Esto mismo hicieron hace unos años con gran éxito en Libia, en donde Washington y sus compinches inventaron los “combatientes por la libertad” en Benghasi. La prensa hegemónica difundió esa falsa noticia a los cuatro vientos y la OTAN hizo lo que hacía falta. El resultado final: destrucción de Libia bombardeada a mansalva durante meses, caída y linchamiento de Gadafi, entre las risotadas de una hiena llamada Hillary Clinton. En Venezuela están aplicando el mismo plan, con bandas armadas que destruyen y matan lo que sea ante una policía poco menos que indefensa.

Por comparación, la ofensiva imperial lanzada contra Salvador Allende en los años setentas fue un juego de niños al lado de la inaudita ferocidad del ataque sobre Venezuela. No hubo en Chile una oposición que contratara bandas criminales para ir por los barrios populares disparando a mansalva para aterrorizar a la población; tampoco un gobierno de un país vecino que apañara el contrabando y el paramilitarismo, y una prensa tan canalla y efectiva como la actual, que hizo de la mentira su religión. Días pasados publicaron la foto de un joven vestido con uniforme de combate y arrojando una bomba molotov sobre un carro de policía y en el epígrafe se habla ¡de la “represión” de las fuerzas de seguridad chavistas cuando eran éstas las que eran reprimidas por los revoltosos!  Esa prensa proclama indignada que la represión cobró la vida de más de treinta personas pero oculta aviesamente que la mayoría de los muertos son chavistas y que por lo menos cinco de ellos policías bolivarianos ultimados por los “combatientes por la libertad.”

Los incendios, saqueos y asesinatos, la incitación y la comisión de actos sediciosos son publicitados como la comprensible exaltación de un pueblo sometido a una monstruosa dictadura que, curiosamente, deja que sus opositores entren y salgan del país a voluntad, visiten a gobiernos amigos o a instituciones putrefactas como la OEA para requerir que su país sea invadido por tropas enemigas, hagan periódicas declaraciones a la prensa, convaliden la violencia desatada, se reúnan en una farsa de Asamblea Nacional, dispongan de un fenomenal aparato mediático que miente como jamás antes, vayan a terceros países a apoyar a candidatos de extrema derecha en elecciones presidenciales sin que ninguno sea molestado por las autoridades. ¡Curiosa dictadura la de Maduro! Todas estas protestas y sus instigadores están encaminadas a un solo fin: garantizar el triunfo de la contrarrevolución y restaurar el viejo orden pre–chavista mediante un caos científicamente programado por gentes como Eugene Sharp y otros consultores de la CIA que han escrito varios manuales de instrucción sobre como desestabilizar gobiernos.[1]

El modelo de transición que anhela la contrarrevolución venezolana no es el “Pacto de la Moncloa” ni ningún pacífico arreglo institucional sino la aplicación a rajatabla del modelo libio. Y, por supuesto, no tienen la menor intención de dialogar, por más concesiones que se les haga. Pidieron una Constituyente y cuando se la otorgan acusan a Maduro de fraguar un autogolpe de estado. Violan la legalidad institucional y la prensa del imperio los exalta como si fueran la quintaesencia de la democracia. No parece que la rehabilitación de Henrique Capriles o incluso la liberación de Leopoldo López podrían hacer que un sector de la oposición admitiera sentarse en una mesa de diálogo político para salir de la crisis por una vía pacífica porque la voz de mando la tiene el sector insurreccional. La derecha y el imperio huelen sangre y van por más, y medidas apaciguadoras como esas los envalentonaría aún más aunque admito que mi análisis podría estar equivocado. Desde afuera, gentuzas como Luis Almagro que emergen cubiertos de estiércol desde las cloacas del imperio orquestan una campaña internacional contra el gobierno bolivariano. Y países que jamás tuvieron una constitución democrática y surgida de una consulta popular en toda su historia, como Chile, tienen la osadía de pretender dar lecciones de democracia a Venezuela, que tiene una de las mejores constituciones del mundo y, además, aprobadas por un referendo popular.

Maduro ofreció nada menos que convocar a una Constituyente para evitar una guerra civil y la desintegración nacional. Si la oposición confirmara en los próximos días su rechazo a ese gesto patriótico y democrático el único camino que le quedará abierto al gobierno será dejar de lado la excesiva e imprudente tolerancia tenida con los agentes de la contrarrevolución y descargar sobre ellos todo el rigor de la ley, sin concesión alguna. La oposición no violenta será respetada en tanto y en cuanto opere dentro de las reglas del juego democrático y los marcos establecidos por la Constitución; la otra, el ala insurreccional de la oposición, deberá ser reprimida sin demora y sin clemencia.

El gobierno bolivariano tuvo una paciencia infinita ante los sediciosos, que en Estados Unidos estarían presos desde el 2014 y algunos, Leopoldo López, por ejemplo, condenado a cadena perpetua o a la pena capital. Su mayor pecado fue haber sido demasiado tolerante y generoso con quienes sólo quieren la victoria de la contrarrevolución a cualquier precio. Pero ese tiempo ya se acabó. La inexorable dialéctica de la revolución establece, con la lógica implacable de la ley de la gravedad, que ahora el gobierno debe reaccionar con toda la fuerza del estado para impedir a tiempo la disolución del orden social, la caída en el abismo de una cruenta guerra civil y la derrota de la revolución. Impedir ese “final terrible” del que hablaba Marx antes del “terror sin fin.”

Si el gobierno bolivariano adopta este curso de acción podrá salvar la continuidad del proceso iniciado por Chávez en 1999, sin preocuparse por la ensordecedora gritería de la derecha y sus lenguaraces mediáticos que de todos modos ya hace tiempo vienen aullando, mintiendo e insultando a la revolución y sus protagonistas. Si, en cambio, titubeara y cayera en la imperdonable ilusión de que a los violentos se los puede apaciguar con gestos patrióticos o rezando siete Ave Marías, su futuro tiene el rostro de la derrota, con dos variantes. Uno, un poco menos traumático, terminar como el Sandinismo, derrotado “constitucionalmente” en las urnas en 1989. Sólo que Venezuela está asentada sobre un inmenso mar de petróleo y Nicaragua no, y por eso hay que desterrar el espejismo de que si los sandinistas volvieron al gobierno los chavistas podrían hacer lo propio, diez o quince años después de una eventual derrota. ¡No! El triunfo de la contrarrevolución convertiría de hecho a Venezuela en el estado número 51 de la Unión Americana, y si Washington durante más de un siglo ha demostrado no estar dispuesto a abandonar a Puerto Rico ni en mil años se iría de Venezuela una vez que sus peones derroten al chavismo y se apoderen de este país y su inmensa reserva petrolera. La Revolución Bolivariana es social y política y, a no olvidarlo, una lucha de liberación nacional. La derrota de la Revolución se traduciría en la anexión informal de Venezuela a Estados Unidos.

La segunda variante de una posible derrota configuraría el peor escenario. Incapaz de contener a los violentos y de restablecer el orden y una cierta normalidad económica una insurrección violenta aplicaría el modelo libio para acabar con la Revolución Bolivariana. No olvidar que ahora la número dos del Comando Sur es nada menos que un personaje tan siniestro e inescrupuloso como Liliana Ayalde, quien fuera embajadora de Estados Unidos en Paraguay y Brasil y que en ambos países fue la artífice fundamental de sendos golpes de estado. Una mujer de armas tomar a quien no le temblaría la mano a la hora de lanzar las fuerzas del Comando Sur contra Venezuela, derribar su gobierno y, como en Libia, hacer que una turbamulta organizada por la CIA termine con el linchamiento de Maduro como sucediera con Gadafi, y el exterminio físico de la plana mayor de la revolución. La dirigencia bolivariana, la obra de Chávez y la causa de la emancipación latinoamericana no merecen ninguno de estos dos desenlaces, ninguno de los cuales es inevitable si se relanza la revolución y se aplasta sin miramientos a las fuerzas de la contrarrevolución.

[1] El más completo de esos infames manuales escrito por Eugene Sharp es De la Dictadura a la Democracia publicado en Boston por la Albert Einstein Institution, una ONG pantalla de la CIA. Sharp se considera el creador de la teoría de la “no violencia estratégica”. Para comprender lo que significa esto, y para comprender también lo que está ocurriendo hoy en Venezuela, aconsejo fervientemente leer ese libro y sobre todo el Apéndice, en donde su autor enumera 197 métodos de acción no violentas, entre los que se incluyen “forzar bloqueos económicos”, “falsificar dinero y documentos”, “ocupaciones e invasiones”, etcétera. Todas acciones “no violentas”, como puede verse.

Reproducido de www.alainet.org

El autor es Investigador Superior del Conicet, Investigador del IEALC, Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”.

En el tren tiraron gases … 7 veces

Nadie me había asignado tareas específicas en la protesta del Primero de Mayo, más allá de las que la experiencia de tantos años de lucha me autoimpuso. Comoquiera, cojo como estaba y con un pie muy adolorido, tenía bastante menos movilidad de la acostumbrada, que realmente nunca ha sido mucha. Tras despedirme de algunos compas periodistas, que también estaban recogiendo sus bártulos, procedí a retirarme (eso pensaba).

No se qué o quiénes provocaron el tumulto, que comenzó cerca de las cuatro de la tarde. Ahora puedo reconocer que resultó horrible la sugerencia de guarecernos en la estación del Tren Urbano de la Roosevelt, cuyo acceso fue totalmente desorganizado y por lo que no nos cobraron, pues los trabajadores del tren estaban fuera de sus posiciones y se movían sin orden de lado a lado. De pronto, al cerrar abruptamente el portón de la estación, a mis espaldas sonó un ruido estruendoso. Jamás pensamos que tirarían gases con tanta gente adentro.

Lo próximo fue la primera tanda de gases lacrimógenos que nos lanzaron policías que aparentaban tratar de rodear a un grupo de encapuchados, aunque nosotros ya estábamos dentro de la estación y ni siquiera de acuerdo con sus teorías conspirativas, no teníamos hacia dónde escapar, nadie a quién hacer daño o propiedad que destruir.

De forma desorganizada, pero con mucho cuidado comenzamos a subir las escaleras (no tenía idea que fueran tan altas), hasta el andén donde se detiene el tren, mientras nos lanzaban la segunda, tercera y cuarta andanada. Según nos fueron tirando los gases, la subida se tornó caótica. Lo único que le daba algún orden era el ancho de las propias escaleras lo que limitaba los espacios. Los gritos de l@s compas aumentaban, tanto en cantidad como en lo desgarradores de los mismos. El objetivo de todos era llegar arriba a cómo diera lugar.

Hermosas historias de solidaridad

Del mismo modo que la compañera Daniela Negrón describe que la ayudé, yo fui socorrido en varias ocasiones por compañer@s -a los que tampoco conocía-, que estaban mejor preparados con remedios caseros contra los gases.

Al ver vídeos y fotos y reconstruir con los testimonios de algun@s de esos compas, fue que pude apreciar en toda su magnitud la belleza del comportamiento solidario surgido espontáneamente.

“Al suelo”, gritaba un compa cada vez que se “sentía” una nueva tanda de gases, ya fuera por el sonido o por el color y olor que impregnaban el aire. Su teoría era que los gases flotaban más alto, pues pesaban menos.

Una muchachita que no medía cinco pies, ni pesaba cien libras, era una especie de “dirigente” de algo que funcionaba como un grupo de “servicios médicos de primera ayuda”, muy bien equipada, por cierto.

Por su parte, un chamaco con acné en el rostro, más alto y corpulento que yo, iba echándole su brebaje casero en el rostro a quien lo necesitara. Nadie lo cuestionó y ni siquiera preguntó los componentes de su líquido mágico.

También captó mi atención ver a una compañera echarle vinagre en el rostro a una señora, –posiblemente mayor que yo– que estóicamente y sin siquiera gritar, había recibido gases directamente en su rostro.

Por la razón que fuera, el abuso policíaco se concentró contra los que estábamos en el andén del lado sur. Del otro, Guillo y Frank, que son compas de mi hija Elga, me lanzaron una botella de agua fría. Todavía me están vacilando, pues se me cayó.

Pensé que la chica moriría

Los gases imposibilitaban funcionar adecuadamente y mientras más nos tiraban, obviamente aumentaban su efecto, llevando a algunos a cometer torpezas. Por ejemplo, de pronto, una chica muy menudita por cierto, salió corriendo, mientras gritaba incoherencias y sin pensarlo dos veces, saltó por el lado del único guardia de la agencia de seguridad que custodiaba el portón que une la estación de la Roosevelt con la vía del tren. La chica cayó en la vía, se levantó y siguió corriendo, supuestamente en dirección a la próxima estación.

Ahí perdí todo el control de mis emociones, pues pensaba que la chica moriría, del mismo modo que todos(as) los(as) que la imitaran. Me puse histérico con el guardia de seguridad, que con pasmosa actitud me indicó que ya habían cortado la energía eléctrica general a todas las áreas del tren, por lo que no había “peligro mayor”.

De todos modos, asumí un rol casi paternal, tratando de convencer a los demás que no la siguieran. Como que no había “peligro mayor”. Correr por las vías del tren –máxime en aquellas condiciones- tiene que ser un acto de bien alto riesgo, entre otras razones porque el área por donde lo hacían es una superficie irregular de unos tres o cuatro pisos de altura, en las cuales las vías están en un nivel, mientras los andenes están en otro y a cada lado de ellas corre un pasadizo que está en otro.

Ante mi insistencia, hubo un corrillo que decidió moverse … pero en la dirección contraria, con intenciones de llegar a la estación anterior. Afortunadamente fueron pocos los que lo hicieron.

Poco después, anunciaron que habían abierto los portones y pudimos salir de aquella “ratonera de cantazo”, donde no me extrañaría que hayan estado probando el efecto de direrentes gases, como han hecho anteriormente con los puertorriqueñ@s. Habían pasado unos 45 minutos y el consenso es que nos tiraron unas siete tandas de gases lacrimógenos.

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