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Aumenta la vulnerabilidad de las víctimas de violencia doméstica

ccotto@claridadpuertorico.com

Ante la situación de emergencia de escasez e inseguridad en la disposición de los servicios básicos que ha provocado el paso del huracán María por nuestra isla, aumenta la vulnerabilidad de las mujeres frente a la  violencia doméstica.

Así lo dejaron saber portavoces de las organizaciones Coordinadora Paz para la Mujer (CPPM) y la Coalición Puertorriqueña contra la Violencia Doméstica y la Agresión Sexual  (CPVDAS), durante una conferencia de prensa en donde dieron a conocer la creación de un centro de acopio para reestablecer y fortalecer los servicios que ofrecen a las mujeres y sus familias.

La portavoz de la Coordinadora, Vilma González, apuntó respecto a la situación en que se encuentran las mujeres  a raíz del paso del huracán, en particular de las que ya están en una situación de violencia doméstica, “te diría que en una situación de extrema inseguridad porque los recursos son más limitados aparte de eso son responsables de familiares, de los hijos, proveedoras  algunas de ellas perdiendo también sus empleos, sus casas y las que están en una situación de violencia domestica probablemente en una situación donde hay todos estos estresores van a propiciar  que haya más violencia de la que había ante”. Levanto la observación de que muchas de las ayudas que se ofrecen van dirigidas al jefe de la familia que en muchos casos es la persona agresora. “Así que imagínate en que  situación pueden estar las mujeres es una situación de extrema vulnerabilidad y hay que visibilizar esta situación”.

Otra de las portavoces de la CPPM, la licenciada María Dolores Fernós,  reveló que ya han tenido que tomar medidas extraordinarias como el caso de  una  mujer que no tenía ninguna seguridad por lo que hubo que hacer una colecta para ubicarla con familiares en Estados Unidos.

“Ahora nosotras también entendemos que la mujer puertorriqueña es una mujer muy luchadora y  lo vemos en los relatos de la prensa, las hemos visto lavando ropa en los ríos, allí están buscando lo que sea, ellas están cocinando en cocinas  comunales, lo que necesitan es el apoyo y la solidaridad del pueblo puertorriqueño de aquellos que podemos ayudar porque no hemos sido tan golpeados como han sido golpeados tantas mujeres en comunidades que están aisladas así que esa es la idea”,  dijo en relación al centro de acopio que se estableció en la sede del Colegio de Abogados.

A preguntas de la Prensa de si tenían información de que se hayan elevado los casos de violencia doméstica a raíz del huracán González, acotó  que en este momento la información estaba bien fragmentada y era bien difícil saber, “si antes teníamos problemas con las estadísticas como pensar que haya en estos momentos. “Ahora si sabemos de lo que están pasando por lo que nos reportan las propias organizaciones y no solo de las  organizaciones sino de personas individuales que están preguntando que pueden hacer en casos en que están presenciando situaciones de violencia doméstica”.

González recalcó que lo que   dicen los estudios es que en situaciones como estas –es decir de emergencia de escasez – los casos de violencia doméstica se incrementan por lo cual se están preparando para tener un plan que responda a esa necesidad de servicios que tienen ahora y tendrán en los próximos meses la cual pronóstico va a ser bastante alta.

El grupo de feministas en el cual también estuvieron Vanessa Prado, Irma Lugo y Jenice Vázquez Pagán, señalaron que a la situación de pobreza en la que se encontraba la población femenina antes del huracán y  ahora se le añade esta situación catastrófica. González reiteró e hizo alusión a que la situación de empobrecimiento de las mujeres es una real por lo que las organizaciones tienen que ver cómo van a utilizar sus recursos para que lleguen a las poblaciones que más los necesitan.

Hacia esos fines las dos coordinadoras anunciaron que desde este 12 de octubre en horario de 9:00 am a 3:00 pm la sede del Colegio de Abogadas y Abogados (CAPR), servirá de centro de acopio para recibir donaciones. Las donaciones serán canalizadas por la Coordinadora Paz para la Mujer hacia los albergues y centros de servicios que la integran. Precisó que antes del paso del evento atmosférico había 30 organizaciones, entre ellas ocho albergues de estos solo quedan cuatro. Algunos de ellos quedaron afectados por el huracán y otros no han podido operar por el asunto fiscal.

Las personas interesadas en coordinar la entrega de artículos pueden comunicarse con la licenciada Josefina Pantoja 787-374-8348, y al 787 763-2680 de lunes a viernes de 9:00 am a 3:00 p.m. Entre los artículos que se pueden donar están artículos de higiene personal, agua embotellada, comida para bebes, ropa de cama, medicamentos de primeros auxilios.

Las interesadas en algún servicio de orientación y /o ayuda a sobrevivientes de violencia doméstica y agresión sexual  pueden comunicarse al 787- 765-2285 (24/7).

El grupo de mujeres hizo un llamado al gobierno para que haga llegar las ayudas a las organizaciones que lo necesitan,  denunciaron  que algunas han tenido mucha dificultad para obtener disel, agua y reclamaron que dentro de todas las medidas de emergencia también le den prioridad a las organizaciones que ofrecen asistencia a las mujeres en situación de violencia doméstica, ya que una vez puedan funcionar “de ahí en adelante podemos ayudar a los otros sectores también”.

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La guerra de Trump –y Franco– contra la ciencia ¡Viva la muerte!

Por Ariel Doffman

¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte!

Siempre ha sido importante recordar aquellas iracundas palabras del general Millán Astray, pronunciadas en el paraninfo de la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936, pero tal ejercicio de la memoria es urgente hoy por lo que nos dice, no acerca de los delirios del pasado sino acerca de las urgencias del presente. En efecto, ochenta y un años después de que ese general amigo y mentor de Franco lanzara frases tan infames, ellas cobran una nueva relevancia, sirven para adentrarnos, más que en la Guerra Civil española, en otro tipo de guerra, la guerra contra la ciencia que está promoviendo el gobierno de Donald Trump.

Sería superficial y simplista aseverar, como algunos lo vociferan, que el país de Lincoln se encuentra a punto de caer en las garras de un fascismo como el que asoló a Europa, a pesar del despliegue de svásticas y antorchas nazis en Charlottesville. Lo que sí es cierto, en cambio, es que nunca antes en la historia de los Estados Unidos se había producido un asalto tan feroz a la verdad objetiva y la racionalidad.

Aunque ya Richard Hofstadter había denunciado en su libro clásico de 1963,  Anti-Intellectualism in America, la profunda tendencia yanqui a menospreciar a los intelectuales, no pudo haber anticipado que ocuparía algún día la Casa Blanca alguien que ostentara una mezcla tan tóxica de ignorancia y mendacidad, una tal falta de curiosidad y desdén por el uso de la mente.

La retórica empleada por Donald Trump durante la campaña presidencial (“Los expertos son terribles. Miren el desbarajuste en que nos tienen metidos todos los expertos que tenemos.”) presagió el tipo de oscurantistas, visceralmente hostiles al conocimiento científico, con que llenó su gabinete. No deberían sorprendernos, entonces, los inmensos recortes presupuestarios planteados para los institutos que llevan a cabo descubrimientos y avances en medicina, estudios climáticos, seguridad laboral, exploración espacial y hasta en la agencia encargada del Censo. Y para asegurarse de que los sitios web del propio gobierno no contradigan las políticas anti-especialistas del nuevo gobierno, se ha ido suprimiendo en forma sistemática una serie de análisis rigurosos de profesionales en los portales de la Casa Blanca, así como en muchos ministerios (Agricultura, Educación, Medio Ambiente, Energía, Tierras, Trabajo, sin salvarse siquiera el Departamento de Estado), además de abolir o eviscerar los consejos de asesores profesionales y prohibir que funcionarios gubernamentales asistan a reuniones o hagan declaraciones sobre los temas en que son peritos ni tampoco que publiquen diagnósticos que podrían demostrar errores oficiales. Los acólitos de Trump deben creer que basta con que no se recojan los datos de un fenómeno o se dejen de explorar ciertas ideas, para que esas verdades inconvenientes desaparezcan como por arte de magia.

Esta guerra contra la ciencia y la veracidad tendrá consecuencias letales.

Hay trabajadores que van a morir debido a que las regulaciones de Obama que los protegían de la sílice, el mercurio y el berilio han sido suspendidas. Hay mineros del carbón cuyas vidas peligran porque se han restringido las inspecciones en los socavones, y sus familias sufrirán cáncer, defectos de nacimiento y enfermedades respiratorias debido a que las Academias de Ciencias, Ingeniería y Medicina han recibido órdenes de no estudiar los efectos de la destrucción de las montañas en la salud de millones de habitantes en la región de los Apalaches. Y muchas otras existencias se verán lentamente truncadas gracias a que más de treinta reglas de probada eficiencia contra la polución han sido anuladas, autorizando que elementos químicos y gases ensucien el aire, el suelo y el agua.

Aunque hay también secuelas mortales en otros campos (el prejuicio contra las vacunas, la disminución de la cuota de asilados políticos perseguidos en sus lejanas patrias, la desasistencia a las víctimas de discriminación sexual, el retiro de programas irreparables.

Trump y su zar del Medio Ambiente, el troglodita Scott Pruitt, niegan que el dióxido de carbono sea responsable del cambio climático, y han hecho lo imposible para que la situación ya desastrosa de la Tierra empeore aún más. Algunos ejemplos de este prontuario: el abandono de los Acuerdos de París, la aceptación de que aumenten las emisiones de metano y se utilicen pesticidas venenosos, y la liquidación, cuesta creerlo, del Consejo de Asesores orientado a estudiar el origen de los huracanes y el crecimiento desmesurado de los niveles del mar.

Si a estas políticas mortíferas que amenazan a millones de humanos habitantes y que podrían afectar en forma catastrófica a billones más, agregamos la forma en que Trump ha jurado “destruir totalmente” a Corea del Norte, mostrando una ignorancia criminal acerca de los tratados y protocolos internacionales suscritos por Estados Unidos en torno al uso de las armas nucleares, podemos sospechar que Millán Astray se ha re-encarnado en estos nuevos jinetes del Apocalipsis.

¿Qué hacer ante tamaña estupidez, avalada por gran parte de la población norteamericana?

En esta lucha contra la oscuridad, podemos encontrar inspiración en la respuesta de uno de los presentes en la Universidad de Salamanca ese mismo 12 de octubre de 1936. Miguel de Unamuno, el insigne intelectual, contestó así el embate de Millán Astray: “Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta, mas no convenceréis”. Valorando su valentía, tal vez tiene sentido, sin embargo, invertir los términos de esa réplica. Es necesario más que nunca, en esta época inestable y confusa, confiar en que esa inteligencia que ha permitido a la humanidad derrotar a la muerte, crear milagros medicinales e invenciones asombrosas, construir templos maravillosos y escribir libros de gloriosa complejidad, sea capaz de volver a salvarnos. Hay que nutrir la esperanza de que el cerebro que nos convirtió en quienes somos pueda desplegar las gentiles gracias de la ciencia, el arte y el saber para probarles a quienes quieren saquear la inteligencia que la verdad no puede ser destruida tan fácilmente, anunciarles con la misma serenidad de Unamuno: No venceréis y nosotros sí vamos a encontrar el modo de convencer como sea, con toda la luminosidad a nuestro alcance, a los enemigos de la razón.

Miren que se nos va la vida.

* Autor de La muerte y la doncella y de la novela Allegro. Vive con su mujer en Chile y en Carolina del Norte, donde es profesor emérito de literatura en la Universidad de Duke.

Reproducido de www.pagina12.ar.com

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Leptospirosis en Borinquesis

Especial para CLARIDAD

Mari me tiene un estribillo montao’ con el tema del agua tras María. Me acusa de estar desentendido de los avisos y hasta me pide que no acepte entrevistas para hablar de este tema porque voy a poner a mucha gente en riesgo. Que si el cólera, que si hay que hervir el agua y ahora con la Leptospirosis su tribuna se ha enriquecido con preguntas y comentarios de feisbuk: “¿Es segura el agua para bañarse?” le escriben desde Guaynabo, y otros, “no me atrevo ni a lavarme la boca”.

Cuando como profesor de microbiología de la Universidad de Puerto Rico empiezo a explicarle por qué específicamente aquí en nuestra casa de San Juan ni la hiervo y cómo me molesta la generalización de un asunto tan serio sobre la agenda del agua, me interrumpe y el argumento se queda a medias. Sí, a veces  tiene problemas escuchando pero, como es una voraz lectora, escribiré aquí lo que pienso con la esperanza de que por fin me comprenda.

Tras el colapso huracanado de todos los servicios básicos, controlar y prevenir enfermedades causadas por agentes infecciosos es un asunto crítico. Esto se complica con la falta de electricidad, la destrucción de muchos hogares, lo que nos obliga a manejar los alimentos fuera de neveras, más expuestos y que pudieran atraer roedores en medio de la noche. Los procesos de respuestas humanitarias que manejan grandes cantidades de alimentos y su almacenaje temporero también se da en condiciones no convencionales. Por su parte, las tuberías de distribución quedaron desocupadas por agua potable por uno, dos, tres días, semanas o inclusive serán meses para algunos. Esto significa que esos espacios podrían ser refugio temporero para el crecimiento de parásitos o patógenos humanos, entre otros problemas. Añada las alcantarillas tapadas que inundan la ciudad con un aguacero y plantas de tratamiento de aguas usadas que no funcionan y tiran al río el desperdicio crudo. Todo esto lo tenemos, cierto, pero en lugares y momentos específicos.

Primero, cuando se reinicia el sistema de acueductos se recomienda hervir el agua, pero no durante toda la eternidad. ¿Cuánto tiempo? Por lo menos los primeros tres días de servicio para permitir un ‘flushing’ de las líneas y reducir estos riesgos. Si estuvo mucho tiempo sin agua, quizás deba extender esta práctica de seguridad unos días más. Claro, otros parámetros como color, olor, la ‘textura’ del agua son indicadores de calidad y el récord de la planta de la AAA que le suple el líquido deben ofrecerle o quitarle confianza. Utilice su instinto de sobrevivencia especialmente en este periodo de inestabilidad de los sistemas y del gobierno mismo.

Si usted recibe agua potable y la hierve, usted debe tener agua segura para consumo. Entonces, dentro de la crisis que vive el País, usted está atendido en este aspecto y debe dejar los recursos limitados de asistencia humanitaria a quien verdaderamente los necesita. No deje que lo retraten con el alcalde o político de turno recogiendo agua embotellada o vaciando las góndolas del colmado o supermercado, usted simplemente no la necesita. La necesitan los viequenses, en Punta Santiago, lugares de Canóvanas, Loíza, en los campos sin agua potable, para ellos debe ser esa ayuda. Imagínese que ahora con el miedo a la Leptospirosis la gente empiece a exigir  al gobierno agua embotellada para bañarse en San Juan o lavarse la boca? ¿Sabe usted toda la energía que se necesita para hacer envases plástico, llenarlos, almacenar el agua, llevarla a un avión, recorrer 3,000 millas aéreas y del aeropuerto distribuirla en la isla? Si algo tiene Puerto Rico es mucha agua, de buena calidad y potabilizable. Si de algo no debemos ser dependientes es de agua americana.

Me sorprende cada vez que los políticos dicen que repartieron tantas libras de víveres, ahora se estiman las ayudas por peso. Sepa que un galón de agua pesa 8 libras, es decir, repartir 250 galones de agua es equivalente a una tonelada de ayuda. No se sorprenda cuando escuche “hemos repartido cuatro toneladas de ayuda humanitaria”. En realidad fue un millar de galones a muchos de su partido para gente que piensa que la necesita pero en realidad probablemente no.

Sobre la Leptospirosis, esta es una bacteria con una morfología tipo escalera espiral, parasítica y común de los trópicos. Su contagio se da principalmente tras contacto con ella en alimentos o superficies que alguna rata portadora pudo haber orinado. También en agua estancada donde se descomponen animales muertos pudiera haber más riesgo a este y muchos otros patógenos, especialmente cuando esas aguas acumuladas se mezclan con aguas del sistema sanitario. Prevenir todo tipo de contacto es fundamental, inclusive de aerosoles que se producen cuando salpican pequeñas gotas por la acción del viento. Si de pronto enfrenta síntomas comunes de diarreas, dolor de cabeza, fiebre, dolor abdominal, estos síntomas podrían ser desde dengue hasta Leptospirosis. Para ambas hay cura con un buen diagnóstico a tiempo. No tema, busque ayuda temprano. Nuestros doctores saben. Todos debemos estar alertas con buenas prácticas de higiene.

Ni Mari ni sus amistades de feisbuk se bañan con agua empozada de estos lugares, y nadie debería exponerse. Le expliqué, y esto sí lo escuchó, que mi manía compulsiva de limpiar la tapa de algún refresco o una cerveza antes, durante y después de María se debe, precisamente, a desconocer dónde y cómo se almacenaron estos productos. Nunca había tenido la oportunidad científica de expresarle que se trata de una medida cautelar contra la Leptospirosis. Igual el uso de un sorbeto que parece un tanto innecesario, sí, es una medida cotidiana de reducir exposición a agentes infecciosos principalmente contra este patógeno. Por esas y muchas medidas, escuchar de esta enfermedad común para el trópico pero rara a la vez, levanta bandera en las noticias sobre varios casos localizados. Tampoco es de sorprendernos. Y aunque desconfiemos de los sistemas de potabilización y del gobierno con sus disfraces y medias verdades, tampoco podemos generalizar el problema. Al contrario, en la crisis hay que describir bien el problema para atenderlo puntualmente. Si la Leptospirosis fuera un problema en el agua que se sirve –por ejemplo– en San Juan, ya habríamos escuchado de cientos de personas con síntomas similares, pero ese titular aún no lo he visto.

En Adjuntas, grupos de la diáspora como ISER Caribe han canalizado su ayuda facilitando a través de Casa Pueblo sistemas de filtración y potabilización de agua. Esta gestión  es fundamental y enfrenta la cultura de esperar por lo dado. Si en lugar de recibir un galón de agua, a usted le dan la herramienta para potabilizar hasta 2,000 galones al día, usted, su familia y su comunidad está resuelta. Pero, claro, tiene que estar dispuesto a aprender a usarlo, custodiarlo y compartir el agua que se potabiliza con su comunidad. De lo contrario sufrirá una dependencia innecesaria pues lo que más abunda en Adjuntas y muchas otras partes de la Isla es el agua.

Agua tenemos y, sin duda, también riesgos en este periodo. Hay que tener precaución y estar atentos. Estas enfermedades son prevenibles pero, en la eventualidad de infección, también son curables. El problema no es María sino la incapacidad del gobierno a responder y asegurar servicios básicos a tres semanas del paso del huracán. La semana entrante podremos decir igual, que a cuatro semanas no hay garantías. Pero mi mensaje es a educarse, activarse y organizarse para enfrentar sus problemas. Lo he visto en Adjuntas y en muchas partes de Puerto Rico, entre individuos y organizaciones hermanas donde la ayuda local y externa pueda canalizarse para los verdaderamente vulnerables.

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Sera otra cosa: Cantaleta del huracán

¿Hablar más del huracán? ¿No está harta la gente de contar la aventura del huracán? ¿De quejarse de lo que ha venido después del huracán, de lo que había y pasaba desde antes del huracán?

¿Cómo hablar de esto? ¿Como nos consuelan en los medios los mismos que nos atosigan con las campañas electorales, con los gerentes de la chapucería, el amiguismo y el despilfarro? ¿Necesita la gente más de este sospechoso optimismo? ¿No será amargo para mucha gente ese echepalantismo, el notequiteo ése? Por otro lado, ¿necesita la gente más malas noticias? ¿Más desazón? ¿No tienen suficiente con este estado de mortificación constante que ya está empezando a crear hábito?

De veras, ¿hace falta hablar más del huracán? ¿Debemos olvidar el terror de aquella noche? ¿Cómo describir ese momento en el que leíamos en las pantallas sobrevivientes que lo peor estaba por venir? ¿Cómo puede ser, Dios mío, quien aguanta esto? Habremos olvidado el alivio de esa tarde, al salir de los pasillos, sentir el viento de tormenta aún y encontrarnos vivos a pesar de los destrozos?

Y aquel calor del otro día, y aquellas filas, y la conversación constante, ay, todo el mundo hablando de lo mismo, pero estamos bien, estamos bien al menos, y consolar a los de lejos, estamos bien, saldremos de ésta, no se preocupen. ¿Como hablar del huracán? Otra vez hacerle el cuento a la hermana que nos llama desde el norte, volver a la anécdota repetida, a quién le mando chavos, qué necesitas, qué indignidad, cómo ayudarte, qué coraje. ¿Quiere la gente escuchar más del huracán?

¿Quiere la gente comentar todavía más la angustia y la desesperanza de los otros, de esos que están peor, siempre peor, y que ahora están irremediablemente, visiblemente, peor? ¿Pecamos de mesianismo, de indiferencia, de ineptitud, de condescendencia? ¿Necesitamos hablar más de esto?

¿Hablar más de los ruegos, dios, que al menos le llegue la luz a mi vecino para no tragar más diesel, para no escuchar más ese rugido, que caiga al menos un aguacero para que refresque, que no llueva esta tarde para que no se inunde, que al menos esté nublado para que no me achicharre por el camino, si el colmado estuviera colmado, ay, si se pudiera llegar de aquí a un colmado, si encontrara agua, que no sea dengue lo de mi hijo, que termine esto pronto, hablar más de esto?

Puede que no, que esto no necesite decirse otra vez, de esta manera, puede que esté perdiendo el tiempo, que no valga la pena el esfuerzo, puede que no, pero acá ha llegado la luz, acaso por un rato, no se sabe, y tengo tiempo para escribirte, así que hablo del huracán, que es de lo único de lo que puedo hablar en estos días. Aquí va. Espero que sirva de algo, para calmar los ánimos, para mantenerlos, para entretenerte de la espera o de la angustia, para recordarnos, acaso, que estamos vivos y coleando, para constar que estamos aquí o allí, pero que estamos, y estamos mortificados y rabiosos, y seremos, mientras nos obstinemos en ser: gente, tribu, familia, nación, reguerete, lo que inventemos, lo que podamos, para ayudarnos a pasar, siempre, el huracán.

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Acciones que despejan la mentira

CLARIDAD

Decir una mentira sin ser descubierto es algo bastante común. Pero es imposible que una mentira continua, o en cadena, no termine siendo descubierta. Ese es el problema que tiene ahora el gobierno de Puerto Rico. Ni siquiera el sistema de “manejo de información” que con tanto esmero diseñaron – que tiene a los ayudantes y a algunos jefes de agencia corriendo de radioemisora en radioemisora repitiendo el mismo libreto – ha sido capaz de mantener el encubrimiento por mucho tiempo.

Empecemos por la difícil noticia de los muertos que dejó el huracán. Hasta la segunda semana post tormenta el libreto decía que había que enfatizar en la poca cantidad de fatalidades. Ahí estaba una excelente medida de eficiencia. A pesar de lo devastador de evento, la “buena gestión preventiva” se traducía en una exigua cantidad de personas muertas. “Apenas 16”, repetían los portavoces de emisora en emisora.

Muchos, incluyendo CLARIDAD, decían que la cifra repetida por los portavoces era engañosa, que había muchas más muertes escondidas tras clasificaciones falsas o simplemente no reportadas. En el Instituto de Medicina Forense ya no cabían los cadáveres. El Gobierno, sin embargo, mantenía su libreto y las fatalidades estaban ancladas en el número 16.

Entonces llegó el energúmeno Donald Trump a exhibir sus groserías y a repartir humillaciones. Con lo primero que se topó fue con la cifra de muertos. “¡Dieciséis nada más!”, exclamó el troglodita, y añadió: “Esto no es una verdadera catástrofe como fue Katrina”.  Entre risas burlonas y exabruptos quiso “felicitar” al gobierno de Puerto Rico, advirtiéndoles que no podían quejarse por la falta de ayuda ya que no estaban ante una tragedia “real”.

La advertencia burlona del troglodita Trump dejó en evidencia que la manipulación de la cifra de muertos era una navaja de doble filo. No fue correcto esconderlos, más bien lo contrario. Había que, a la carrera, cambiar el libreto y casi de la noche a la mañana la cifra de personas fallecidas como resultado del huracán se triplicó. Todos sabemos que, desgraciadamente, el dato seguirá en aumento por varias razones. En primer lugar, porque fue un evento terrible, catastrófico. En segundo lugar, y eso es lo que pretendía esconder el libreto redactado en la Fortaleza, porque la respuesta ha sido torpe y lenta.

A un mes del huracán casi todo el País sigue sin electricidad y la mitad sin agua potable. Las áreas rurales, en particular los municipios del área central, permanecen aisladas y desabastecidas a pesar de su relativa proximidad. (¿Cuántas veces se ha repetido que nuestro país “es pequeño”? Pues ahora resulta que no sólo es inmenso, sino que muchos de sus sectores son inaccesibles hasta para el todopoderoso ejército de Estados Unidos.)

Esas carencias, traen una secuela de otros eventos que agravan el estado de la sanidad pública. Los sistemas de disposición de aguas usadas se han paralizado y éstas comienzan a filtrarse en los cuerpos de agua de los que la gente se ve forzada a suplirse. Los hospitales y servicios de salud están operando con enormes dificultades y, por tanto, no pueden atender bien los enfermos. La mala alimentación, por otro lado, reduce las defensas del cuerpo.

Todo lo anterior se ha agravado debido a la pobre gestión del Departamento de Salud cuyo Secretario, Rafael Rodríguez, cuando en el libreto se decía que había que esconder los muertos, se defendió de sus detractores diciendo que en nuestros hospitales “todo los días muere gente”. Su incompetencia ha aumentado una cifra que, a fin de cuentas, ahora le resulta conveniente al Gobierno.

LA AEE

De entre el aluvión de mentiras hay unas que irritan más que otras. El pueblo las identifica todo el tiempo y deja pasar la mayoría. Entre las que se quedan alimentando la ira son las relacionadas con la Autoridad de Energía Eléctrica, ahora dirigida por un embustero patológico llamado Ricardo Ramos. Al otro día del huracán este señor dijo urbi et orbi que ya mismo llegaría desde Estados Unidos un torrente de brigadas de técnicos diestros a ayudarnos a reparar el sistema eléctrico. Luego resultó que era falso, que ni siquiera había solicitado tal ayuda. Ahora sabemos que estábamos y estamos solos, que la AEE no estaba ni mínimamente preparada y que no tenía los materiales necesarios para reemplazar lo que el viento se llevó.

A pesar de la evidente incompetencia de este señor y de las mentiras  en que anda enredado, a casi un mes de la tormenta sigue a cargo de la entidad pública de la que depende todo Puerto Rico.

Finalmente, y volviendo a la “difícil topografía” que según un general del ejército de Estados Unidos, les impide llevar ayuda a los campos, debemos aplaudir a quienes han vencido esas limitaciones para llevar suministros. Entre muchos quiero destacar a René Pérez Joglar, mejor conocido como Residente, que pagando la ayuda de su bolsillo ha llegado hasta Utuado y otros municipios. También debe destacarse la labor que realiza el Centro para la Nueva Economía (CNE) que tuvo la iniciativa de crear un fondo para recibir donaciones con las que adquieren artículos de primera necesidad, que luego trasportan a las zonas más aisladas.

Esas acciones ayudan a paliar los problemas y a superar la mentira

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