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“Sacrificios extremos” en Comerío a medio año de María

Através de la larga carretera que conduce al centro del pueblo de Comerío compite el ruido de las plantas eléctricas que, para la gran mayoría de los(as) comerieños(as) y alcanzados los seis meses del paso del huracán María por la Isla, continúan siendo los generadores diarios de ese servicio esencial.

Y es que al día de hoy, sólo están parcialmente energizados Piñas, Vega Redonda y Doña Elena, tres barrios de los nueve que componen ese municipio montañoso. Conmueve a quien visita el municipio una carta escrita sobre una cartulina y pegada en la pared de una de las casas que da la bienvenida a la comunidad Vuelta del dos, a la entrada del casco del pueblo. “A Energía Eléctrica: Por favor, ayúdennos con esta falta. Vuelta del dos adentro y Palomas abajo no tienen luz hace seis meses. Tenemos personas encamadas y persona impedidas. Por favor, no más martirio”, reza la carta.

El problema se acrecienta porque la mayoría de esos sectores sin energizar tampoco cuentan con el servicio continuo de agua potable porque las bombas que impulsan el líquido hasta las casas dependen de la energía eléctrica, además de que han carecido de mantenimiento y están sobrecargadas, como también ocurre en otros municipios de este país, que más que con una política de prevención funciona con una remediadora.

CLARIDAD llegó hasta Comerío para conversar con tres líderes comunitarios de ese pueblo –Ada y Elba Alicea Ortiz, y Antonio Fernández López– además con padre Pedro Ortiz y padre David Díaz, ambos de la Parroquia Santo Cristo de la Salud. Hablaríamos sobre la situación en este municipio, que se perfila entre los cinco pueblos más pobres de la isla y con mayor tasa de desempleo desde antes del paso del huracán.

“Aquí, los barrios son periferia, pero además tienen sus propios bolsillos de pobreza que no poseen transporte público y mucha de la gente no tiene transporte privado. Con las visitas que hemos estado haciendo, nos damos cuenta de que las personas tienen que caminar a la avenida principal para esperar el pon de alguien e ir a comprar hielo”, comentó padre Pedro antes de describir el día a día de los comerieños tras María como uno de “sacrificios extremos”.

La situación particular de pobreza que vive Comerío se debe en parte a que los terrenos son muy accidentados, por lo que casi se imposibilitan los accesos al municipio –ya sea por Bayamón, Cidra, Aguas Buenas o Barranquitas– y la movilidad del casco del pueblo a los nueve barrios: Piñas, Río Hondo 1, La Juncia, Sabana, Vega Redonda, El Naranjo, Doña Elena, Cedrito y Palomas.

A pesar de esa limitación, según padre Pedro, lo valioso es que cada institución ha asumido la parte que le corresponde. “El municipio ha asumido su tarea con honradez, mucha verticalidad y seriedad independientemente de la cuestión político partidista. La Iglesia Católica ha hecho lo propio dando apoyo a la gente desde el primer día y organizando un trabajo interinstitucional, al cual iglesias de varias denominaciones y distintas organizaciones de la sociedad civil se han sumado”.

Sin embargo, para la líder Elba Alicea, la iglesia está haciendo más trabajo que el Municipio, que sigue dándole suministros a los mismos sectores y no se mueve directamente a las casas de las personas más necesitadas. Padre Pedro, no obstante, dirigió su crítica a la gobernanza estatal. “No pedimos que nos haga el trabajo, pero sí que se nos apoye económicamente y con materiales para que podamos adelantar”, dijo.

“El Gobierno, desde el primer momento, ha estado desfasado de las comunidades. Cuando ocurrió el temporal, éste comenzó a funcionar desde un palacio a todo lujo en el Centro de Convenciones y eran los alcaldes quienes tenían que llegar hasta allá”, continuó el sacerdote.

Para él, ese abismo entre el sistema de servicios del Gobierno y las comunidades ha “atropellado y arrinconado cada vez más a los empobrecidos”, fatal situación para el crecimiento y la sobrevivencia de Puerto Rico. “El gobierno central tiene una responsabilidad social comunitaria que no está poniendo en función; tiene suficientes recursos materiales, y si no los tiene, que los compre con el dinero que se están robando muchos políticos”, denunció quien ha dedicado décadas al servicio comunitario y religioso.

La líder comunitaria y maestra retirada del Departamento de Educación, Ada Alicea Ortiz, comentó que “cuando se privaticen los servicios, será peor porque qué agencia privada va ir a resolver a los lugares más alejados del país. Con la privatización la gente se va a empobrecer más”.

Acto seguido Alicea Ortiz indicó que la gestión de ir educando y concientizando al pueblo de Comerío a través de foros y conversatorios auspiciados por el junte interinstitucional que comentó padre Pedro irá erradicando lo que ha notado en el transporte colectivo: que las personas abogan a favor de la privatización porque “ese chorro de vagos no hace nada”, refiriéndose a los empleados públicos.

El aspecto positivo de que al día de hoy el Gobierno no haya llegado a los lugares más recónditos de este país es que las comunidades “han asumido aspectos de solidaridad con lo poco que tienen”, expresaron.

“Esta situación alarmante de pobreza lo que ha generado es una solidaridad maravillosa que emana de la misma gente. La solidaridad no viene del Gobierno porque ésa está comprada con dinero. Si el Gobierno quiere solidarizarse dando valores en Puerto Rico, pues le paga a una agencia para que le enseñen honradez a los puertorriqueños. Sin embargo, la solidaridad que está resurgiendo en nuestro pueblo es gratuita, es una donación de vida…Nuestros barrios subsisten, aun en los peores casos de empobrecimiento, gracias a que los pobres comparten lo poco que tienen”, finalizó padre Pedro.

Todos los entrevistados coincidieron en que esa solidaridad, que vale más porque es puro sacrificio, responde a un valor que es inherente a los puertorriqueños y puertorriqueñas, pero es más evidente en los pueblos de la montaña, como lo es Comerío.

Sobreviviendo a los Weinsteins

Soy fanática del cine, de ese mundo increíble del que se aprende, se sufre y se goza. Y me viene en la sangre; por mis abuelitos, mi madre y mis tías, quienes también son cinéfilas.

No obstante, todo ha cambiado desde que el pasado octubre comenzó el feroz destape de productores, directores, actores y demás hombres de la industria involucrados en escándalos de abusos sexuales. Sabemos que los abusos sexuales, violaciones, comportamientos inapropiados y hostigamiento es cosa de todos los días y en todas las profesiones. Sin embargo, no es lo mismo saber que hay sexismo que escuchar los detallados testimonios de las mujeres (y algunos varones) que han sido vejadas y maltratadas por hombres poderosos.

Cuando en la década de los 90 se dio a conocer que el famoso director Woody Allen se divorciaría de su musa, la actriz Mia Farrow, porque clamaba estar enamorado de su hijastra Soon-Yi, le pregunté a mi mamá cómo y por qué había tanta gente que seguía apoyando a este señor que, a mis ojos, era obviamente un pederasta. Conversamos largo y tendido sobre la situación. En ese momento no conocía la maestría y las grandes obras de Allen y aunque luego vi algunas, nunca me ha caído bien. De hecho, no sé si es casualidad pero las películas que me gustan de este señor son protagonizadas por otras personas y no por él, como es su costumbre. Tal vez desarrollé una aversión a su rostro o a que interprete al tonto cómico que enamora a la hermosa protagonista con sus ocurrencias.

Pero el caso de Allen es diferente a lo de ahora. Sí, el tipo es un misógino, prepotente y arrogante, pero la realidad es que lleva más de 20 años casado con Sun Yi, y hasta el momento no se ha divulgado ninguna alegación de conducta inapropiada o de abusos de su parte hacia sus colegas.

No es lo mismo escuchar a queridas y excelentes actrices como Salma Hayek, Ashley Judd, Mira Sorvino, Uma Thurman, Lupita Nyong’o, Rose McGowan, entre muchas otras, relatar sus experiencias de horror, de violaciones, masajes inapropiados, amenazas, y mucho más, con el renombrado productor Harvey Weinstein.

Desde ese momento, impulsado por un movimiento de mujeres organizado, activo y combativo, nos hemos ido enterando de más abusadores, tanto en Hollywood como en otras industrias. La lista de todos estos ídolos y estrellas que han caído de su pedestal crece casi a diario y la prensa ya cuenta a más de 100 hombres –casi todos blancos– que desde posiciones de poder han realizado algún tipo de conducta sexual inapropiada. Desde Kevin Spacey (actor), James Franco (actor), Paul Haggis (director), Louis C.K. (comediante), Jeffrey Tambor (actor), Casey Affleck (actor), hasta Matt Lauer (periodista), Charlie Rose (periodista), Mario Batali (chef), Mario Testino (fotógrafo), y sin olvidarnos jamás de Bill Cosby (comediante), para mencionar algunos.

Después de la acusación, apoyamos a las sobrevivientes del abuso, denunciamos el sexismo rampante, conversamos en el hogar y en el trabajo sobre el consentimiento, y seguimos en alerta.

Además, indiscutiblemente retiramos el apoyo a los abusadores. Pero ¿cómo hacemos esto? Lo más obvio es dejar de consumir sus productos. Entonces, ¿lo hacemos eternamente o por un tiempo indefinido? Y de ser la segunda, ¿cuánto tiempo es suficiente?

Cuando en 1996 vi con mi familia Surviving Picasso, una película que pinta a un Pablo Picasso bastante sexista y maltratante hubo una discusión familiar sobre si se puede separar al genio del ser humano, si se puede apreciar lo asombroso de la obra de este artista a sabiendas de que no necesariamente fue una buena persona. ¿Cómo leer a Pablo Neruda después de conocer de su propia pluma, en Confieso que he vivido, que fue un infiel empedernido, que hizo sufrir a todas sus parejas?

¿Cómo ver a mi director favorito Quentin Tarantino después de que admitió que sabía que Weinstein era un abusador y aun así no lo denunció y permitió que financiara y produjera todas sus extraordinarias películas? ¿Tendré que quitar mi póster de ‘Vincent’ y ‘Jules’ (Pulp Fiction, 1994) para siempre?

Cuando leí Cien Años de Soledad por primera vez me pareció tan y tan machista. Se lo comenté a mi madre y me dijo que la había leído tres veces; que la primera vez fue maravillosa, que la segunda le pareció horriblemente sexista y que la tercera pudo congraciarse con “Gabo” y apreciar su genialidad. A mí se me hizo difícil. Cuando la leí ya tenía mi consciencia feminista muy definida.

Y podemos comprender que algunos de estos hombres son producto de su época, de un machismo y paternalismo internalizado socialmente en el cual era normal y casi esperado ser sexista, echar piropos aunque no fueran bien recibidos, hacer chistes ‘coloraos’ y de mal gusto y agarrar nalgas a lo loco, para mencionar algunos comportamientos. Igual que cuando se discute si se deben eliminar todas las estatuas de los considerados ‘héroes de la patria’ porque eran dueños de esclavos, como era la usanza de la época, ahora estamos ante la disyuntiva de qué hacer con las obras de estos seres.

Parafraseando al mismo Gabriel García Márquez “cuando era feliz e indocumentada” una podía ver estas películas o fotografías o leer estas novelas y disfrutarlas desde la ignorancia. ¿Y ahora se puede hacer esto? ¿Cómo ver Manchester by the Sea y apreciar la actuación de Casey Affleck, por la cual ganó un premio Oscar, de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas? O, ¿cómo olvidar la emoción sentida cuando conocí a Kevin Spacey en aquel conversatorio cuando era estudiante universitaria?

No tengo las respuestas en estos momentos, ni siquiera pretendo tenerlas a largo plazo. Es algo que tenemos que decidir sobre la marcha, ¿condenarlo o salvar su obra?

Por ahora, dejaré a Vincent y a Jules tranquilos y no veré ‘The Cosby Show’ nunca más.

El zarpazo más reciente del neoliberalismo

No es raro oír en la calle comentarios sobre la incompetencia o incapacidad del gobierno de Ricardo Rosselló. Los dos huracanes, Irma y María, al principio ayudaron a disfrazar un poco lo que muchos han considerado la inexperiencia del joven gobernador. Al fin y al cabo, dicen, es su primer trabajo. Basta recordar que lo mismo se decía del gobierno de Alejandro García Padilla. La realidad es otra: llevamos treinta años de política neoliberal, expresión de un fundamentalismo de mercado más o menos agresivo. El gobierno actual, como todos los anteriores, desde 1989, actúa con una estrategia muy clara y eficaz. El objetivo de dicha estrategia es enriquecer a una claque pequeña de empresarios estrechamente vinculados con la política, mientras grandes sectores del pueblo se empobrecen.

Dicho de otra forma, el ascenso económico de una minoría va acompañado del descenso de la mayoría. La política neoliberal ha utilizado armas muy concretas para avanzar: diferentes formas de privatización, la eliminación o el cambio de las leyes que salvaguardan conquistas históricas de los trabajadores y la desreglamentación o eliminación de medidas que limitan las transacciones mercantiles. El resultado más dramático de esta política estratégicamente elaborada ha sido una polarización de la riqueza. Cada vez en menos bolsillos se concentra más riqueza social y más bolsillos quedan vacíos o en estado de acentuada precariedad. La economía política que responde a esta estrategia ha sido muy bien pensada y articulada. Lleva tres décadas de funcionamiento, con evidentes contradicciones internas, por vía de dos partidos que cada día se asemejan más.

¿Por qué, entonces, los dos partidos parecen cada día más incompetentes? La razón principal podría resumirse así: porque con esta estrategia política al servicio de una ínfima minoría, el gobierno inevitablemente agrede y se separa de la mayoría de la población. Peor aún, actúa sin sensibilidad alguna ante el dolor del pueblo. Cualquiera, con un poco de razonabilidad, puede argumentar que después de treinta años con esta política neoliberal, nuestra sociedad camina por una crisis que se acentúa con los años. ¿Por qué insistir en una política fracasada? Porque el fracaso es colectivo, mientras el éxito es individual, como atributo de una minoría. En la época de oro del Estado Libre Asociado, Luis Muñoz Marín decía que la economía tenía la función de crear empleos para la población trabajadora. Esta forma de reducir la complejidad de lo económico tenía la virtud de vincular el proceso de creación de la riqueza con los asalariados. Dicha concepción, limitada como era, desapareció al cobrar forma la estrategia económica neoliberal. Una vez se puso en marcha la ideología sobre el gigantismo gubernamental, la forma del enriquecimiento fácil por medio de privatizaciones y de contratos, consistió en eliminar puestos de trabajo, sacar el dinero de los bolsillos de trabajadoras y trabajadores y desplazarlos a los bolsillos empresariales.

La estrategia neoliberal, por consiguiente, ha creado un vínculo perverso entre unos empresario rapaces y el Estado. Han surgido así agentes económico-políticos cada día mejor delineados: el empresario-político y el político empresario. No se trata de un personaje con dos caras, sino de dos personajes cada día más descarados y semejantes, el empresario y el político, en novedoso maridaje. Incluso la tragedia, como el reciente huracán que destrozó una sociedad ya precarizada, se convirtió en un escenario de inversión. Impulsado por los fondos federales y del gobierno local, produjo el espejismo de la industrialización de la miseria. No es exagerado definir esta política como un asalto permanente a los fondos públicos, un asedio implacable a todas las agencias y corporaciones que componen la riqueza pública. Los capítulos se repiten: la Telefónica, las autopistas, los hospitales, el Aeropuerto Luis Muñoz Marín, etc. Son las grandes piezas de la política de entrega. Pero el festival continúa y en la actualidad el objetivo tiene tres nuevas víctimas: la escuela pública, la universidad pública, y la energía eléctrica.

Desmembrar el sistema público de educación con la llamada reforma y la modalidad de la escuela charter, no va a crear un mejor sistema educativo al alcance de toda la población. La polarización de la riqueza que ya hemos señalado, como resultado de la acción del mercado, se manifestará con igual fuerza en la educación. Lo mismo sucederá con la privatización de la producción de energía eléctrica. Se pretende lanzar a la determinación del mercado dos servicios imprescindibles para la vida social: luz y educación. Si la burocracia bipartidista y la corrupción descontrolada que existe en Puerto Rico han desvirtuado estos dos servicios, al privatizarlos se pierde la oportunidad de transformarlos y proveerles un contenido democrático efectivo. Lejos de resolver los problemas, se empeoran, desde el punto de vista de los intereses de la población.

Con respecto a la Universidad de Puerto Rico, el problema adquiere otras vertientes. El gobierno, así como la Junta de Control Fiscal (JCF), tienen un interés especial en domesticar la institución. Sobre todo la fuerza que ha sacudido con mayor vigor la política neoliberal desde 2010: los estudiantes. La universidad pública ha adquirido una dimensión nacional muy poderosa a través de su historia y el partido retóricamente anexionista que ocupa el gobierno se ha propuesto reducirla. El objetivo es liquidar el más complejo espacio de pensamiento crítico en nuestra sociedad. José Martí decía que la sociedad debe ejercer la crítica continuamente porque con la crítica se fortalece y se enriquece. Pues el gobierno actual pretende acallar la crítica, debilitar el tejido de lo social, porque entorpece la estrategia política en función del enriquecimiento rápido de una minoría carente de un amplio proyecto social para el país.

En resumidas cuentas, la batalla unitaria que exige la defensa de la educación pública, en todos sus niveles, y la defensa por mantener la producción de energía eléctrica en su forma de corporación pública, sujeta a la mejoras que necesita, será la manifestación más viva de nuestra agonizante democracia. Sin democracia, sin la articulación efectiva del debate público y la participación de la población en sus diferentes lugares de vida y trabajo, nuestra vida social se seguirá empobreciendo.

La JCF no necesita la democracia. Su misma función es antidemocrática, dictatorial y una fea manifestación colonial. El gobierno tampoco necesita la democracia. Habla todo el tiempo de ser transparente porque sabe que no lo es: su vida interna se organiza a través de la trampa y la corrupción. Sin embargo, la democracia es, hoy más que nunca, una necesidad para todos los sectores asalariados, para la pequeña producción y los pequeños comerciantes, para amplios sectores profesionales y para las comunidades. Cuando hoy una maestra lucha, encarna todo un pueblo, cuando un estudiante se moviliza, en el respira la democracia, cuando una profesora defiende la universidad, fortalece el derecho a disentir, y cuando un celador sube a un poste en la montaña, sabe que la luz que llegó a todos los rincones del país, lo hizo motivado por el servicio y no por la ganancia. Fortalecer una lucha de amplia convergencia es mantener vivo un sentido colectivo de pueblo. Además, se ve claro que el gobierno no representa al pueblo y el pueblo puede y tiene que derrotarlo.

Lucha, asesinato y racismo estructural

Por Darío Aranda

El asesinato de Marielle Franco, militante feminista y activista por los derechos de la población negra, impactó en el Foro Social Mundial y en todo Brasil. Se cancelaron la mayor parte de las actividades y se realizó una marcha de reclamo dentro de la Universidad Federal (sede del encuentro) y luego por las calles de Bahía. El reclamo tiene múltiples dimensiones: justicia por el asesinato, repudio a la militarización de Río de Janeiro, la responsabilidad del Gobierno y el racismo histórico en Brasil.

Marielle Franco era una referente de la lucha por los derechos de la mujeres y una férrea opositora a la militarización de Río de Janeiro (realizada por el gobierno nacional de Michel Temer). Nació, se crió y aún vivía en la favela Maré, la más grande la ciudad. Obtuvo una beca y logró alga muy difícil para la población negra de Brasil: ir a la universidad, donde se graduó de socióloga.

MarielleSiempre militó por la causa de los derechos humanos y denunció el racismo estructural de Brasil. Era concejal desde 2016 y en febrero pasado fue nombrada al frente de la comisión especial de concejales para investigar el acción de los militares en la cuidad. El miércoles por la noche fue asesinada desde otro auto que hizo al menos nueve disparos. Tenía 38 años.

El Foro Social Mundial, donde también hay referentes del PSOL (Partido Socialismo y Libertad, espacio político de Franco) y  organizaciones sociales aliadas, modificó su agenda por completo. A las 9.30 hubo una conferencia de prensa en la llamada “Tienda Pueblo sin Miedo” (una gran carpa blanca en un extremo de campus universitario). Cientos de personas se congregaron. Muchos se abrazaban y lloraban (la escena se repitió a la lo largo de la marcha).

Habló Guilherme Boulos, militante social y precandidato a presidente por el PSOL. “Exigimos una investigación independiente. Hoy es un día de luto, pero no vamos a descansar un minuto hasta que se haga justicia. Es momento de resistencia y movilizar todos los que queremos que paguen los criminales”, señaló. Y propuso una pregunta que se transforme en bandera: “¿Quién mató a Marielle?”

Cinco mujeres hablaron desde el palco. El discurso fue coincidente: fue un crimen político, fue un femicidio y se exigirá justicia hasta que se castigue a los autores materiales e intelectuales del asesinato. Aunque con mucha tristeza y llantos, también se exhibía fortaleza y se advirtió que “sólo estando en la calle lograremos justicia”.

Otros conceptos de la conferencia de prensa:

-Estamos shockeados.

-Fue asesinada por defender a los jóvenes negros.

-La intervención militar en Río de Janeiro es propia de la dictadura militar.

-Marielle es un símbolo de la lucha de las mujeres y por los derechos humanos.

-Debemos dejar diferencias de lado y unirnos todos para detener a los asesinos.

-Este es un mensaje de las élites y del poder contra los que luchan.

-Fuera Temer.

Se repetía el grito conmovedor: “Marielle, presente. Marielle, presente. Marielle, presente. Ahora, y siempre”.

A las 10 de la mañana comenzó la marcha, bajo un sol que quemaba. El grito hecho canto fue “aquí está un pueblo sin miedo, sin miedo de luchar”.

A poco de andar en la marcha, desde un altoparlante se pidió que sólo hablen mujeres negras. Aplausos de aprobación. Desde otro megáfono, de un partido de izquierda, enmarca el asesinato en la lucha de clases. Metros atrás, una joven negra lleva un cartel escrito a mano: “El problema de Brasil no es de clase, es racial”

Carmen Moraes, de Río Grande do Sul, resumió: “Fue ejecutada porque luchaba por los derechos humanos y contra la intervención militar”.

Catia Mai, joven de 23 años de Río de Janeiro, afirmó que el “pueblo está de luto”. Tiene una remera del Movimiento Negro Unificado y afirmó que “es recurrente que maten a las mujeres negras”. Pidió que los sectores de izquierda hagan una autocrítica y otorguen protagonismo a los mujeres negras. Señaló que desde el Movimiento Negro se luchó por el cupo en la universidad y su objetivo principal es la equidad socio-racial.

“Es común que maten a nuestros hijos. El racismo está en la estructura, sin educación, sin salud, con los peores hogares”, denunció. Sostuvo que durante los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) hubo mejoras, pero no fueron suficiente. Precisó que el 50 por ciento de la población es negra en Brasil, y el 70 por ciento de ellos son pobres. “Somos la base de la base de las pirámide social, estamos abajo en todo”, resumió.

Edison Rodrigues tiene una gorra del Movimiento Nacional de Lucha por la Morada (vivienda) y apuntó a los presuntos asesinos: “Fue la policía. Los policías militares son unos cobardes. Asesinan a mujeres y jóvenes. Cobardes”. Se muestra enojado pero aclara: “Estoy triste, muy triste, un dolor muy profundo”.

“Marielle presente, ejemplo de lucha”, se lee en otro cartel hecho con cartulina y marcador. “Fue asesinada por el poder económico y por el crimen organizado. Y la responsabilidad total es del gobierno nacional y del estadual”, destacó María Foucar, docente del estado de Paraná.

Una mujer blanca, de unos 50 años, camina bajo el sol. Tiene los ojos llorosos. “Estamos desbastados, muy tristes, Brasil llora. Es un golpe fuerte, fue hecho por cobardes, pero no nos detendrán. Marielle vive en millones”. La mujer se llama Denise Acevedo, es de Río de Janeiro y conoce la favela donde nació y vivió siempre Marielle (Complejo da Maré).

Fabiana Queiroz tiene una remera blanca con letras negras escritas a mano: “No nos van a callar. Marielle presente”. Exige que haya una comisión independiente que investigue el asesinato. “No puede investigar el mismo Gobierno que la asesinó”.

Charlotte da Silva es de Brasilia y llegó hasta Bahía para participar del Foro Social Mundial. “Fue racismo y fue femicidio”, afirmó. Y recordó que Marielle era una madre soltera, militante popular, que cuestionaba al poder y que sólo podía ser silenciada con la muerte. “Era una mujer valiente que luchaba por el pueblo pobre”, afirmó

Bárbara Piñeyro es docente y apunta al fondo: “El asesinato de Marielle es parte del genocidio negro que lleva 400 años, de un racismo estructural que es parte del proyecto del estado nación de Brasil”.

Precisó con cifras: un joven negro es asesinado en Brasil cada 23 minutos y la población negra tiene los peores empleos, la peor salud y la peor educación. Ejemplificó con la Universidad Federal de Bahía (donde ella es docente): sobre un total de 3000 docentes, sólo el dos por ciento es negro.

“Fue un crimen político, pero el trasfondo es el racismo estructural histórico que hoy se expresa en los partidos políticos mayoritarios y como posibilitan que la policía mate y humille a los negros”, afirmó la mujer de 30 años. Y lamentó: “¿Sabe dónde somos mayoría los negros… en las favelas, en las cárceles , en los cementerios. Por eso decimos que es un genocidio”.

Fundación Rosa Luxemburgo. Reproducido de www.rebelion.org.

Las ciudades-estado como propuesta independentista: De Salzburgo a Buen Consejo

Hace casi medio siglo la Editorial de la Universidad de Puerto Rico publicó, The City of Man (The Duke of Buen Consejo) de Leopold Kohr. En 1976 generó bastante debate. Sin embargo, este profesor nacido en Salzburgo, afincado en Puerto Rico desde 1955 hasta 1973, llevaba décadas proponiendo que “lo pequeño es hermoso”. La frase fue utilizada por uno de sus discípulos E.M. Schumacher para su libro Small is Beautiful: A Study of Economics As If People Matters.

Kohr, por supuesto, publicó los suyos y son grandes aportaciones a la discusión teórica, filosófica y política. Su libro más discutido es The Breakdown of Nations,  junto a The overdeveloped nations y a finales de los años 60 fue escribiendo Development without aid.

Cerca del final de su vida recibió el Right Livelihood Award, llamado el Premio Nobel Alternativo, “por su temprana inspiración del movimiento por una escala humana”.

Esa escala humana a la que se refiere se explicita en el libro que mencionamos al inicio de esta nota. En The City of Man hace propuestas fundadas en los habitantes de las ciudades como la prioridad. Belleza descentralizada y no la industria; soluciones polinucleares a la congestión mononuclear; metrópolis como federación de ciudades; autonomía política de las municipalidades; la nación como federación de ciudades estado; el tabú de la belleza en el debate utilitario; medidas arquetípicas; belleza, funcionalidad y proporción, son algunos de los temas y conceptos discutidos en apenas 75 páginas.

Llama la atención que el libro incluye además una ponencia del profesor Kohr ante la Comisión de los Estados Unidos y Puerto Rico sobre el status de Puerto Rico. Para la creación de esa Comisión se había aprobado legislación en el Congreso y en la asamblea legislativa  del ELA. El origen de aquel proceso fue un intercambio de cartas entre John F. Kennedy y el gobernador de Puerto Rico, Luis Muñoz Marín, que se habría dado a la publicidad el 25 de julio de 1962 cuando se conmemoraba el décimo aniversario del ELA.  La muerte de Kennedy en 1963 no fue obstáculo para que se continuara con aquel asunto.

Se celebraron vistas públicas en San Juan desde mayo a diciembre de 1965 con testimonios que se dividieron en tres categorías: jurídicas y constitucionales; sociales y culturales y, por último, las económicas. Presidió la comisión James H. Rowe Jr. quien había lidereado la organización de la Rama Ejecutiva del Gobierno norteamericano en a administración de Hoover y que también fue asesor legal de Lyndon B. Johnson y Hubert Humphrey. Kohr, profesor de economía y planificación, presentó su ponencia Federation of Puerto Rican City-States (Federación Puertorriqueña de ciudades-estado) que no eran otra cosa que una ramificación y desarrollo de las ideas expuestas en The City of Man.

La propuesta de Leopold Kohr suponía cambiar la pregunta de si Puerto Rico podría independizarse de los EEUU por cómo debería funcionar la economía de una isla independiente. Para el economista, la dependencia con respecto al mercado norteamericano empobrecía al país. Sin embargo, tampoco veía como una panacea un mercado caribeño, o panamericano, “puesto que la dependencia, obviamente, no disminuye aumentando el número de sus columnas de apoyo, del mismo modo que la deuda no disminuye repartiéndola entre un mayor número de  acreedores, o la subordinación se hace más dulce al tener un número mayor de amos”.

El libro, y la ponencia, son perfectamente válidos como argumentos en el día de hoy. Uno de los planteamientos de Kohr es que Puerto Rico, para su supervivencia, necesita el control sobre el transporte y un arreglo estructural de toda la parafernalia costosa que la dependencia exterior supone. Además, dice Kohr, la autosostenibilidad podría conseguirse disolviendo la estructura política centralizada a cambio de una federación de quizás “20 o 30 ciudades autónomas entre la montaña y la costa”.

Por supuesto, el libro del distinguido profesor austriaco es mucho más hermoso y lúcido que lo que estas notas puedan argüir. Solo señalo el interés histórico de esa ponencia ante una (otra) comisión de status. Es un deleite leer las preguntas que le hiciera a Kohr el fundador del PIP, Gilberto Concepción de Gracia. Un interesante diálogo sobre la necesidad económica y humana de la independencia. También son reveladoras las dos palabras de Luis A. Ferré: “No questions” o las de García Méndez para quien el testimonio de Kohr fue “refrescante como el rocío” y le recordó “la Arcadia de Longfellow”.

En fin, es un pequeño libro hermoso, The City of Man (The Duke of Buen Consejo). Cualquiera que piense en la democracia, en las bondades de la vida a escala humana y en el desarrollo sustentable debería leerlo. La obra completa de este sabio que trabajó por casi dos décadas en la isla, y que es inspiración de muchos economistas y filósofos contemporáneos, es una lectura obligada. Sobre todo hoy, cuando nuestra precariedad como isla dependiente se hace evidente y los desastres naturales nos señalan en dirección a los desastres de intentar el desarrollo sin tomar en consideración la escala humana.