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Estados Unidos y el narcotráfico: Larga historia y el mismo cuento

 

Especial para CLARIDAD

 

Mar amigo y mar nuestro
de luna antigua
mirándonos muy clara,
¿quién le contó
tu victoria, pescador,
al sol que salió
en la mañana y te sonrió?

Canción para Vieques
Zoraida Santiago

 

En el momento que escribo esto el presidente de Estados Unidos ha alegado que ha hecho explotar en los últimos días hasta cinco lanchas cerca de las costas de Venezuela, acusando a los tripulantes que llevaban drogas. En uno de los últimos ataques presentó un video de cuarenta segundos sin prueba corroborativa y sin detallar el tipo de droga y mucho menos el destino de esa droga esparcida en el mar y su impacto ambiental. [1]Esta escasez de pruebas que ha caracterizado todos los anuncios de los supuestos ataques sugiere tres posibilidades: (1) Es una fabricación y los pietajes yacen en alguna bóveda junto con los del supuesto alunizaje de Estados Unidos en la década del 1960, (2) Se trataba de actividad de pesca, (3) Se trataba de transporte de drogas.

El Diccionario de la Real Academia Española indica que el narcotráfico es el comercio de drogas tóxicas a gran escala. Es interesante que no incluye el elemento de legalidad. Bajo esta definición cualifica obviamente el alcohol.  La historia de Estados Unidos en el uso de sustancias tóxicas es larga, contradictoria y no está exenta de elementos tragicómicos. Por ejemplo, en la década del 1890 el popular catálogo de Sears Roebuck publicó una oferta de una jeringuilla y una pequeña cantidad de cocaína por $1.50. Para esa fecha todavía no estaba prohibida.[2] Las ironías que carga la historia fundacional de lo que se conoce como Estados Unidos precisamente las aportaron los peregrinos que se asentaron en Jamestown.[3] Estos comenzaron a cultivar la marijuana o cannabis desde el 1600 para fines de elaboración de productos como ropa, sogas, velas que los obtenían del cáñamo o sea la fibra. Esta actividad se extendió de forma exitosa a muchos estados de Estados Unidos hasta después de la Guerra Civil cuando enfrentó oposición por la propagación del uso recreativo que se atribuye a los mexicanos.

La OPS/OMS clasifica los tipos de drogas en la siguiente lista: Cannabis, cocaína, estimulantes de tipo anfetamina, sedantes e hipnóticos, opioides, inhalantes/solventes volátiles y alucinógenos.  Si se toma cada tipo surge una historia propia de su desarrollo en Estados Unidos que puede resultar muy interesante. [4] Su origen, la cadena de producción y los grupos que impacta puede variar. Los usos pueden ser, médicos, de interés científico, recreacionales, industriales y también militares. El cannabis, por ejemplo, no solamente enfrentó el “estigma” de la asociación de los mexicanos y luego con otros grupos “marginales” ya que también representó una amenaza a intereses industriales. El Sr. William Randolph Hearst, dueño de una cadena de periódicos y ligado a la industria de la pulpa maderera utilizó sus medios para demonizar el uso recreativo del cannabis con el fin de acabar con el uso del cáñamo que era lo que le representaba amenaza como industrial.[5] Llegamos al cuento que no varia en la historia del imperio: te “salvo y me enriquezco. Y esa amenaza de la cual nos van a salvar no se va a permitir se discuta de forma racional

Los cuentos necesitan de cuentistas y Puerto Rico no es la excepción. Pero para entender tanto el cuento como a los cuentistas se necesita algo de trasfondo histórico. Para fortuna nuestra contamos con el excelente libro de Luis A. López Rojas.[6] Nuestra historia parece poder dividirse en lo que respecta al uso de drogas y el narcotráfico antes y después de la era “Muñocista”.  Durante las décadas del 1940 hasta cerca del 1960 hubo juegos ilícitos, como la bolita, prostitución y uso de drogas que para entonces no habían [7]tomado arraigo demasiado profundo en la población. No había un problema de criminalidad asociada a esas actividades, pero el hecho de que persistiera indicaba la debilidad y los desfaces de las disposiciones sobre nuestra economía de los administradores coloniales de entonces, las cuales todas debían contar con la aprobación de Estados Unidos. “La influencia que los exiliados cubanos ejercieron en Puerto Rico a partir de1960 fue determinante para un cambio en la orientación de la economía ilícita…  Estos exiliados entraron a Puerto Rico y su llegada coincide con el hecho de que el tráfico aumentase vertiginosamente.”

Es en el 1964 que la Oficina de Investigaciones adscrita al Departamento de Hacienda reconoce el aumento del trasiego de drogas entre Miami y San Juan. En el 1966 un estudio de la Universidad de Stanford sobre crimen organizado concluyó que este tenía control de actividades ilícitas a nivel mundial y utilizaba a Puerto Rico como el centro de lavado de dinero. Desde entonces comenzó un derramamiento de sangre que dura hasta nuestros días mayormente de varones jóvenes. Para inicios de 1960 el mentor del supuesto culpable, Hugo Chávez tenia seis años y el culpable designado por el presidente de Estados Unidos y su comparsa de monstruos, Nicolas Maduro, ni siquiera había nacido. De esta comparsa abundaremos.

En la década del 1960 se da en algunas partes de Estados Unidos un entusiasmo por el LSD (dietilamida del ácido lisérgico) que indica el doble rasero y la hipocresía que ha distinguido a las elites con respecto a las drogas. Este potente alucinógeno sintético originalmente se producía en Suiza, pero luego se establecieron laboratorios en Estados Unidos con ese fin.  En la década del 1950 los militares y la CIA experimentaron con este alucinógeno para propósitos de control mental. Para la década del 1960 son los psiquiatras y otros profesionales los que comienzan a utilizarlo y a circularlo. Es este parte del trasfondo que nos vamos a enfrentar como colonia en esa década.

La comparsa que acompaña al presidente de Estados Unidos en sus recientes ejecuciones cerca de la costa de Venezuela incluye, entre otros personajes al secretario de estado, Marco Rubio. La palabra cinismo se queda corta. El historial comienza con su cuñado, esposo de su hermana mayor, convicto por tráfico de drogas.[8] Se trataba de una operación bien grande que involucraba otros grandes capos. El individuo, Orlando Sicilia, junto a otros grandes capos, participaba activamente de las rutas del narcotráfico que conectaba el sur de la Florida con el cartel de Medellín de Pablo Escobar. No debe tomar por sorpresa que de una posible condena de 25 años cumplió solamente doce y que Rubio, entonces ya en ascenso, le gestionó una licencia de bienes raíces. Claro, para que se “rehabilitara”. Pero el historial se sigue acumulando con la financiación de sus campañas. En su campaña como senador recibió mucho dinero de un PAC vinculado a criminales que operaban un esquema Ponzi. Se ha cuestionado su alianza estrecha con David Rivera, acusado de múltiples casos de corrupción. Rubio tenia catorce años cuando arrestaron a su cuñado pero tenía mucho más edad para todo lo demás.

De las víctimas de los botes explotados ser reales no les espera oferta alguna de tratarse de actividad con drogas. Tampoco les espera una licencia de bienes raíces. El presidente de un país históricamente vinculado al consumo de drogas para múltiples fines y que también produce algunas de ellas cuenta con las armas para ejecuciones ilegales y monstruosas como monstruosos parecen ser sus pensamientos y buena parte de su comparsa. En esto no hay medias tintas. Se trata de actos abominables contra personas indefensas que de estar involucradas en este comercio siguen una línea de actividad remunerada y explotada por muchos países ricos empezando por Estados Unidos. De algunos o todos ser pescadores solamente las líneas que cito al inicio quisiera sirviera de trasfondo para que se cuente la historia. En cualquiera de los casos se necesita justicia.

Las acciones del presidente de Estados Unidos responden al endeudamiento descomunal del fisco, el empuje de China, India y Rusia y la incapacidad de revertir la pérdida de las líneas de producción que su plutocracia provocó. Para nada tiene que ver el narcotráfico sino Rubio no estaría de secretario de estado luego de premiar a su cuñado como lo hizo. Y haría caso a los documentos que le han citado repetidamente donde Venezuela no aparece como factor significativo. Quiere los recursos de Venezuela, Canadá, Groenlandia y el Canal de Panamá. La muerte la ha infligido miles de veces junto a Netanyahu así que explotar botes con seres humanos no es gran cosa. En eso no es muy diferente a otros presidentes y algunos todavía lo aventajan. La batida contra los inmigrantes, aunque revestida de un racismo crudo me parece es fundamentalmente económica y va dirigida a que los blancos pobres retomen trabajos domésticos y de cuello azul y dejen de lado el aventurar y el individualismo que los hace poco productivos para las elites. A nosotros nos toca hacer justicia.

Comentarios a: unasolalira22@gmail.com

 

Notas
[1] https://www.aljazeera.com/ news/2025/10/5/russia-expresses-full-support-of-venezuela-after-us-strikes-boat-near-coast
[2] https://www.history.com/articles/the-war-on-drugs
[3] https://www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/shows/drugs/buyers/socialhistory.html
[4] https://www.paho.org/es/temas/uso-sustancias
[5] https://historyofjournalism.onmason.com/2011/09/15/never-mind-why-hearsts-smear-campaign-on-hemp-changes-history/
[6] López Rojas, Luis A., La mafia en Puerto Rico: Las caras ocultas del desarrollo, Editorial Isla Negra, San Juan, 2004.
[7] López Rojas, Luis A., La mafia en Puerto Rico…p.68-74.
[8] https://revistaraya.com/marco-rubio-y-su-cunado-narco-la-doble-moral-de-ee-uu-en-la-lucha-contra-las-drogas.html

 

Chile al límite: el costo humano y estructural de recortar seis mil millones de dólares

 

Por Carlos Felipe Villa/Especial Inter News Service

 

Santiago de Chile-Reducir seis mil millones de dólares del presupuesto nacional de Chile no es solo una cifra contable. Es una decisión con rostro, con consecuencias en cada aula, hospital, carretera y barrio del país. Un recorte de esa magnitud —equivalente a más del 6% del gasto público anual— implicaría un reordenamiento profundo del Estado, y un shock político, social y económico de proporciones históricas.

El primer golpe se sentiría en la educación. Un recorte de esta magnitud podría congelar la expansión de programas de gratuidad, frenar la inversión en infraestructura escolar y disminuir los recursos para investigación universitaria y técnica.

El impacto no solo sería inmediato —menos becas, menos materiales, menos horas de apoyo— sino estructural: se ampliaría la brecha entre colegios públicos y privados, condenando a miles de jóvenes a un futuro más incierto y con menos movilidad social.

Reducir presupuesto en educación es siempre una herida que tarda décadas en cicatrizar.

En salud, los recortes podrían traducirse en listas de espera aún más largas, hospitales sin mantención adecuada y retrasos en programas de salud mental y atención primaria.

El sistema público, que atiende a más del 75% de los chilenos, quedaría expuesto a un deterioro visible y doloroso.

Mientras tanto, el gasto de bolsillo de las familias aumentaría, revirtiendo avances en equidad sanitaria y empujando a los sectores más vulnerables hacia la informalidad médica o el endeudamiento.

Un ajuste en el sector vivienda, afectaría directamente los programas de vivienda social y las obras de infraestructura.

Cada proyecto postergado no solo significa una familia que sigue esperando su casa, sino también empleos que se pierden, regiones que quedan aisladas y comunas que se estancan.

El sector construcción, clave en la generación de empleo, sería uno de los grandes perdedores, con consecuencias en cadena para proveedores, transportistas y trabajadores independientes.

En un contexto donde la seguridad es prioridad ciudadana, reducir recursos podría debilitar la capacidad operativa de Carabineros, la PDI y las fiscalías regionales.

La falta de inversión en tecnología, formación y personal afectaría directamente la sensación de control del Estado frente al crimen organizado y el narcotráfico.

Recortar aquí sería políticamente impopular, pero sobre todo socialmente peligroso: ningún ahorro justifica un país más inseguro.

En tiempos de ajuste, la cultura y el desarrollo regional suelen ser los primeros sacrificados. Teatros, museos, programas comunitarios y fondos culturales perderían sustento, afectando la identidad y cohesión social del país.

Las regiones, que ya enfrentan desigualdades estructurales frente a Santiago, verían postergados proyectos clave de conectividad y desarrollo local.

Desde el punto de vista macroeconómico, un recorte de seis mil millones de dólares puede mejorar las cuentas fiscales en el corto plazo y tranquilizar a los mercados.

Pero el costo político y social podría ser mayor: desempleo, menor consumo, pérdida de confianza en las instituciones y aumento de la conflictividad social.

El equilibrio entre austeridad y bienestar social es delicado. Chile ya vivió, en distintas etapas, los efectos de políticas que priorizaron la estabilidad fiscal sobre el desarrollo humano.

En este sentido, recortar seis mil millones de dólares puede parecer una medida técnica, pero es, en esencia, una decisión moral y política: ¿qué tipo de país queremos sostener?

Si el ahorro destruye oportunidades, debilita los servicios públicos y aumenta la desigualdad, el remedio será peor que la enfermedad.

La verdadera responsabilidad fiscal no es recortar por recortar, sino invertir con justicia, eficiencia y visión de futuro.

Porque un país no se mide solo por cuánto gasta, sino por dónde pone sus prioridades y a quién decide proteger cuando el presupuesto se estrecha.INS

 

Llamadas perdidas de Gaza

 

Especial para En Rojo

 

¿Cuánto puede un cuerpo?
Resulta que mucho.

 

~

 

Hoy es 7 de octubre de 2025 y un hombre en Grecia me espera. Luce una incipiente barba espartana y tiene los ojos almendrados color de olivos. Olivos como los de su país, Palestina, bajo casi ochenta años de asecho estadoisraelí y dos años de holocausto donde su hermano, Raed, y su hermana, Doaa, residen en diferentes puntos de la minúscula mas poderosa franja sufriendo los estragos de la guerra junto con sus hijos, cuyos nombres conozco y recito cual plegaria y oración: los de Raed, Mohammed, Jude, Hussam; los de Doaa: Tariq, Yasmina, Selina.

A veces envían vídeos y fotos, sobre todo el esposo de Doaa, mi querido amigo Bassem, y reconozco ya la cadencia de mi nombre en sus labios. Intento escribirlo «أريانا» en el aire, con el dedo. Me hablan en árabe y yo en inglés, a veces yo en español entrecortado y ellos en inglés, y nos entendemos con el gesto, la mirada y la traducción automatizada en redes. Con H., son más bien audios en WhatsApp a fuerza del huso horario entre Creta – San Juan.

~

«Si algún día Alá me regala una hija, le pondré tu nombre, Aryana».

De momento entra una llamada de trabajo, o alguien toca bocina fuerte y me espabilo y mi cuerpo regresa a San Juan, pero todos los días, desde hace año y medio, una parte de mí está difusa cual cirrocúmulo entre Gaza y Egipto con las familias que conforman el tejido de mi vida extraoficial. Nunca fui de familias grandes, ni de muchos primos conocidos. No obstante, y en tiempos recientes, cuento con una constelación de seres a quienes cuento visitar cuando se acabe esta pesadilla.

«No digas eso, H., que voy a llorar».

«Continuemos. ¿Qué podemos hacer hoy? ¿Cómo nos movemos?»

~

Empecé a notar su nombre en los diferentes enlaces GoFundMe a familias gazatíes y me decía a mí misma: «este tipo es un héroe». Recién me unía a esto de poner mi propio nombre, apellido y cuenta bancaria a los enlaces para aportar mi granito de arena con la recaudación directa a familias palestinas a lo largo y ancho de la Franja.

Nada de intermediarios; ningún lugar a dudas: con pruebas de órdenes médicas, fotos, vídeos, audios, números de teléfono, cuentas bancarias y videollamadas ―como si ello realmente hiciera falta a estas alturas― y a un año ya de recorrido hablando y siento testigo del genocidio desde este aparato y desde la cercanía-lejanía con algunas familias (como las de Mohamoud, Maryam y Rawan, a quien he mencionado en escritos anteriores en esta columna), sabía que debía hacer más. Cada vez más desde aquella primera protesta ante el Capitolio en 2023.

Lo que nunca supe es que se lo debería al engendro de aplicación de Instagram que me ha permitido fungir de puente, portavoz y escuchar de aquellos que padecen de la barbarie de bombas, desplazamiento, hambruna y desidia y que, a la vez, sigue siendo portal de risas, a veces, entre todos, fotografías del día a día, pero sobre todo puente para conocer, escuchar y recaudar fondos para familias de Gaza a pesar de la letanía e intentos de censura del algoritmo.

¿Cómo?

* Contestando los DM (mensajes directos) de las familias gazatíes con la misma dedicación con la que abría las cartas de mis penpals en sexto grado.

  • Compartiendo el contenido de las familias: fotos, vídeos, ocurrencias y súplicas junto con sus enlaces de recaudación.
  • Grabándome cual influencer recordando a diario, con o sin filtros, vía stories de que atestiguamos un genocidio en vivo y abogando cada día por donaciones (¿hasta el momento? $3 mil que van de $5, en $10, en $50, a veces más).
  • Creando enlaces vinculados con mis cuentas bancarias con destino directo a las familias (vía transferencia bancaria o vía PayPal). Hay muchas a las que le hace falta esta gente puente (¿ése, eres tú? Hazlo.)
  • Fungiendo de puente siempre: contando historias, inventando reels, y simplemente escuchando y leyéndoles a diario y al margen de las noticias, las columnas y el bullicio geopolítico.

Las palabras lo pueden todo; el dinero, sí, también, pero… las palabras. Las palabras siempre pueden.

Al principio, con mis dudas, y con síndrome de impostora, como casi toda mujer milenial, me abalancé y caí en sus brazos. Jamás lo sospeché, caer a tantos brazos. No toqué el suelo. No lo toqué. Cada día siento un peso terrible, y una esperanza.

~

  1. un día me pidió mi número de teléfono, y confié. De eso se trata en muchas ocasiones esto: de confiar en mí a pesar de lo insólito de la situación, posible gracias a la tecnología; de confiar en H. y de él confiar en mí. Que las familias cuenten con que las aportaciones y los mensajes llegarán siempre a buen puerto, desde el respeto y con las mejores intenciones.

Y llegan. Llevamos meses en ello; a cuentagotas, a veces muy lentamente, pero la ayuda llega desde los rincones más inhóspitos e inesperados. Los días pasan: los eventos, las reuniones de trabajo, los encuentros sociales, la vida simplemente. Siempre, entre tanto, envío y recibo mensajes, acompaño, escucho, aprendo, intento enseñar; lo intento, se le digo a H. casi todos los días. Intento ayudar a cuantas más familias posibles a diario. Y me preocupo por Raed, por Doaa, por Bassem, y mucho por él, por H., con sus dolores repentinos en el corazón, con la gran ancla que tiene sumergida en su pecho y que él arrastra e intenta elevar para seguir con su trabajo como cocinero de contrato temporero.

A veces lo imagino de espaldas con la humareda en la cocina y el olor de las especies rodeándolo. Ante sus ojos, y a nuestro alrededor, el caos, los gritos, el fuego a los que están sometidos los que siguen en la Franja. El fuego interno de quienes lo viven un poco más lejos, en exilio en Egipto, como es el caso de muchos. Conozco a cinco hermanas a quienes le he cogido un cariño especial (Samar, Afnan, Hanine, Ansam, Aseel, en orden de edad), cuyas historias merecen otro escrito y quienes aguardan la apertura de la frontera de Rafa para recibir a sus lánguidos y afectados maridos relegados en Gaza.

«Muchas veces, H., no sé cómo lo haces».

«Pensando, pensando, pensando…. Hasta reventar».

~

La joven esposa de H., Hala, sigue en Gaza. Se casaron antes de la guerra y no pudieron disfrutarse. Allí aguarda ella nerviosa y atenta noticias de su esposo, quien apoya a varias familias y a la vez es fuente de ingreso principal para los suyos desde la isla. Tiene una foto suya con su keffiyeh. Ella también tiene los ojos color de olivos y los labios redondos, perfectos.

«No puedo con todo, Ariana». «Por supuesto que no, H. No debes cargar todo esto solo».

Hay días de risas y otros de lágrimas en nuestros intentos de engendrar ideas, contenidos de redes y contactos para ayudar. Necesitamos dinero, mucho. Una nueva casa de campaña, por ejemplo, cuesta alrededor de $1.000 USD, y se avecina nuevamente el invierno en Gaza. El regreso a los hogares para los del sur de Gaza ya comenzó con el recién cese al fuego, ¿pero por dónde empezar cuando tu hogar es un montículo, o escombros, o cablería suelta, o una suerte de bloques que alguna vez te acogió y protegió de la tempestad?

Cruzar la frontera, encontrar auspicio, o visado, fuera de Gaza es asunto complejo y caro: son casi $10.000 – $12.000 por familiar, y la gran mayoría no ha logrado ejercer su oficio en estos pasados dos años de genocidio, sin contar el papeleo y ristra de requisitos burocráticos. En el Oeste, de momento, podemos aportar directo al asunto financiero.

Yo sobrellevo los fondos de cuatro familias, pero H. carga a sus espaldas a más de 10 miembros de su familia, los gastos de estudio de su esposa, y su propio quehacer y alquiler griego.

Como yo, también tiene la edad de Cristo, y la vida lo crucificó.

~

De vez en cuando se excusa para el rezo en regla, y luego retomamos la conversación; yo me excuso para lo anodino: y me quedo pensando en maneras de ayudar. Le insisto que soy una sola mujer, una sola persona. Que no sé muy bien qué estoy haciendo, pero que lo intento, lo intento. Lo repito, y lo repito.

~

Le cuento a H. que soy editora e intento escribir. Le prometo que mi próxima columna será dedicada a él. En una ocasión pensé simplemente en incluir los nombres de todos los hermanos y hermanas de Palestina que me acompañan casi a diario: Safaa, Tariq, Iman; Mohamed; Shahd; Saba, Tasneem, entre tantos otros, sin más. Con sólo eso ya bastaba.

Pero pensé en nosotros, los editores, las manos e hilos invisibles detrás de los libros. Y luego en nosotros, los varios facilitadores que, a través de las redes e internet, conformamos la humilde legión que acoge, apunta, recibe, distribuye y organiza para familias palestinas. Una, dos, tres familias a la vez. Las que hagan falta.

Hay días en que logro que toda una familia coma, compre medicamentos, ropa. Envío audios y pregunto quién está y quién no está bien. Embriagada por el alivio de ver resultados en un mundo descerebrado, continúo, continúo, continúo.

Hubiese sido mucho más fácil, quizá, anotar los nombres en una lista con sus respectivos enlaces, pero los escritores somos visores y cargamos este gran peso y responsabilidad de contar historias, las que importan. Y cada una de ellas importan.

A H. quise dibujarlo con lujo de detalle (dentro de lo que puedo en este humilde espacio): con dimensión, con sensualidad, y con respeto. Porque el Sino quiso que me encontrase con un héroe en la modernidad, porque me he hecho cada vez más humana de sangre y hueso a su lado. Porque cada día que le pregunto qué tal está, contesta tajante y honesto.

H., Raed, Lamis, Doaa y Bassem nos necesitan.

Antes pensaba en cómo era posible que ocurriesen los genocidios bajo nuestras propias narices. Durante mi primera juventud, hojeé varios libros de la Segunda Guerra Mundial. Hace poco, pensé en esos héroes, personas del día a día que no figuran en libros de texto ni en los anales más importantes. Cada día es una decisión, cada día una oportunidad para hacer algo. Cada cual en su trinchera.

H., sudoroso y a veces malhumorado, mantiene la suya trabajando para sus familias y distribuyendo fondos. Yo, en las redes, contesto, observo, grabo vídeos absurdos en búsqueda de donantes y donaciones. Y escribo.

Y tú, ¿qué harás?

Con un sólo dedo, puedes contestar las llamadas. Las llamadas perdidas de Gaza.

Para donaciones directas: @husamabujami (hossamjami8@gmail.com, PayPal).

Ariana Rosado Fernández (arosado@gm.slc.edu, PayPal). Correo de contacto: arianarosadofndz@gmail.com.

Osiris Delgado según la Niña de la Cuerda

 

 

Especial para en Rojo

Como si se desenredara el tiempo, abre con sus manos una ventana a la niñez, “Nosotros vivíamos en una casa grande en la urbanización Pérez Morris. Había un pasillo largo que en un punto se usó como la sala de la casa.” La Niña de la Cuerda se ilumina, como si aprendiera en ese preciso instante el olor a trementina, al aceite de linaza, a Osiris Delgado frente al lienzo. Circulaba por la casa, – no podían acercarse a él si estaba pintando. “De momento, miraba, y había un nuevo personaje, se había materializado en la casa… mi papá siempre trabajaba esos lienzos grandes.”

Gianina Delgado busca por el apartamento su abanico de mano. Es energética, vivaz, su cabello castaño enmarca su rostro y sus ojos expresivos y claros. Me pareció curioso su nombre, “Me salvé, porque mi mamá me hubiera puesto María de los Dolores o algo así. En casa me decían Coca.” El espacio es cálido, vivo, movido por el “horror vacui”. Las paredes se llenan de obras, de libros. Hay unas estatuillas egipcias en el estante, instantes que atestiguan el tiempo. En una pequeña repisa, se posan dos santos de la colección de su padre. “Hay, también, un crucifijo español en la biblioteca, y otro en el cuarto. El que está en el cuarto era el que mis papás también tenían en su cuarto.” nos dice. Al entrar, a la izquierda, hay un óleo sobre masonite: es un retrato de su madre, frente a su escritorio. “Cuando ella murió, mi papá lo arregló y me lo dio.”

Gianina fue profesora de Literatura en la Universidad de Puerto Rico, y es allí donde, como invitado a una clase, lleva a su padre a relatar el mito egipcio de Osiris, de quien obtiene su nombre. Osiris, dios nacido de Nut, el cielo, encarna el bien, las tierras del Nilo, la enseñanza de la ley, el uso del trigo. Su hermano, Seth, polariza el otro espectro: el mal, la furia, la destrucción. Es este quien, en un gran banquete, engaña a su hermano y comete el fratricidio sagrado, para luego desmembrar a Osiris y esparcir su cuerpo por las tierras de Egipto. Isis, su esposa, busca sus fragmentos, recomponiéndolos, momificándolos, devolviéndole el soplo de vida. Osiris resucita, renace. Está vivo, pero ha muerto. Ya no pertenece a este mundo cotidiano, sino que reinara el inframundo, la vida después de la muerte, el señor del corazón detenido. Un día, Gianina llegó a la casa, destruida por una relación fallida. El día siguiente, su padre tocó a la puerta de su cuarto: «Recuerda,» le dijo «que nosotros venimos de una estirpe que se rehace cada cinco años.»

Mientras fungía como profesora, hubo una reunión de facultad en la que, al llegar al aula, comenzaron a sentarse, acomodando los asientos en un círculo. Quien se encontraba frente a ella levantó la mano, le apunto y gritó: “¡La niña de la cuerda!”. “Es hermosamente fuerte.” Ella medita “Estoy convencida de que nací para ser la musa de mi padre.”

Es ella en Cántico a Santiago de las Mujeres (1966), en Cosiendo (1966), en La suerte de la cuerda (1965), en Antígona (1990). “Ya nosotros sabíamos: cuando había un día libre, y venía papi a mirarnos desde lejos, haciendo un cuadradito con las manos, – encuadrándonos-. De momento nos llamaba, y siéntate ahí.” Así surge La suerte de la cuerda. Una de las obras más emblemáticas y representativas del arte puertorriqueño. “Me senté frente a él, las manos enredadas en la cuerda, – Levanta la mano izquierda, no, la otra, la derecha, La cabeza un poco más hacia arriba. No, más abajo.” Ya de edad avanzada, Osiris vivió junto a ella sus últimos cuatro años de vida. “Nunca dejó de guiar. Esa era su independencia. Recuerdo que una vez, yo iba guiando, por poco paso una entrada, y me dijo: Tu siempre has tenido problemas con eso de la izquierda y la derecha.”

Fotos suministradas por el autor

Lo recuerda en sus facetas más íntimas, en su curiosidad, su ser “como un niño”, su profunda espiritualidad. El guardaba todos los dibujos de sus hijos, pues pensaba que los niños venían con un conocimiento superior. En la escuela, le asignaron a Gianina traer un libro de colorear. “Nunca me enteré, me lo dijo mi mamá mucho después,” que Osiris envió una carta en la que se rehusaba rotundamente a enviarle el libro de colorear “no creo que les haya explicado a las monjas (de la escuela) lo del conocimiento Alfa de los niños.” Se ríe mientras se abanica rápidamente.

En la pared central, a la derecha en la sala, está ella, con sus manos enredadas en la cuerda. Es una obra de gran tamaño, un gliceé trabajado en el 2016, retocado por la mano de Osiris casi por completo. El trazo del rostro, los ojos, son los suyos. “Él me decía: ya le tengo título a esta, esta es La niña no está cuerda.” Jugando con las palabras mientras reía.

Al salir, noto en la entrada del apartamento, fijada a la pared junto a una gran bandera monoestrellada, Cosiendo. Gianina apunta a la mano que tiene la aguja, que va bordando, su mano, “Y esa aguja, eso fue otra cosa. Súbela,- bájala,- al lado,- no,- ahí.”

 

 

«ihuman» de Roberto Ramos-Perea

 

 

Especial para En Rojo

 

El teatro es intimidad colectiva. Es sentir lo propio a través del otro. Existimos a partir de una representación “temporal” que nos interpela. Aunque esa representación temporal propia de la dramaturgia, sin duda, permanece en el espectador a la vez que lo trasciende. Esas imágenes o ideas incluso penetran en otros espacios. La permanencia y trascendencia son características propias del arte. Y si lo son de las artes, pues, también de la humanidad. En escritos previos he reflexionado al respecto y ahora tiene su continuidad en el ámbito de la dramaturgia puertorriqueña.

La trascendencia del teatro puertorriqueño permanece; es perenne. Pienso en el teatro decimonónico y su capacidad de problematizar su entorno. La pertinencia del teatro en Puerto Rico es precisamente su capacidad de interpelar. Ha sido así desde figuras como Alejandro Tapia y Rivera y Eleuterio Derkes Martinó. Una interpelación tan personal como colectiva. Hay obras que desde su inicio nos cautiva y en el transcurso de su puesta en escena nos transforma.  ihuman  de Roberto Ramos-Perea transforma desde el cuestionamiento. Se cuestiona a la humanidad a partir de su natural “capacidad dialéctica”. Nuestras más grandes contradicciones humanas se exponen por medio de ocho personajes –magistralmente interpretados– y un escenario suntuosamente simple de tres planos que recrea a una sociedad del futuro.

En  ihuman,  el derkiano Ramos-Perea crea un espacio distópico de apertura en el que nuestras decisiones y acciones del pasado trascienden la “tangibilidad” del recuerdo –a la vez que su ambigüedad– y se proponen otras realidades que podrían transformar el presente e incluso el futuro. La historicidad del ser humano –a través de la memoria– se muestra de manera excepcional. El talento dramático demostrado por este grupo de actores y actrices del Instituto Alejandro Tapia y Rivera y su Compañía Nacional de Teatro enmarcados en un escenario dinámico donde se alternan los espacios del escenario casi simultáneamente –recuerden los tres planos mencionados y ello a modo de una composición pictórica o fotográfica– muy bien retratan esa excepcionalidad. Los actores Willie Denton y Ugoh se complementan magistralmente precisamente para recrear las contradicciones humanas a las que nos remite Ramos-Perea. Este binomio actoral  Willie–Ugoh  encarnan a Mario Casanova y a Bruno respectivamente y es preciso ver cómo humano y androide se desplazan por todo el escenario con total seguridad y contundencia para plasmar en la conciencia del público la necesidad de pensar y repensar el propósito de nuestra existencia y cómo nuestras decisiones y acciones influyen en las experiencias y expectativas de otros. Conviene destacar que el androide interpretado por Ugoh nos convence de su naturaleza mecánica. Una actuación refrescante y persuasiva.

Un filósofo Roberto Ramos-Perea expone en su trabajo una infinidad de temas que son parte de la historicidad humana aludida. La dramaturgia es su método infalible. ¿Qué es la belleza? ¿Existe tal belleza? ¿Es justo lo correcto o correcto lo justo? ¿Cómo ser lógicos? ¿Nos rige alguna ética? ¿Cómo permanecemos a pesar de la muerte? En  ihuman  se honra a nuestros ancestros africanos esclavizados a la vez que se denuncia el genocidio del que hemos sido testigos todos desde este presente. Se medita en torno a la paternidad y la maternidad al igual que se argumenta con relación a la existencia o no existencia de Dios. Las ideas políticas se cuestionan mientras se dilucida el sentido de la cultura. Todo a la vez acontece en  ihuman.  Mientras se escucha un fragmento de la Sinfonía Novena de Beethoven, Ramos-Perea apela a la «sensibilidad suprema». A todo ello y más nos remite esta puesta en escena. Cada espectador se sentirá aludido. La introspección ocupará su lugar como es debido. Es una obra que debe contemplarse y vivirse una y otra vez.

En palabras del dramaturgo artífice de esta pieza maestra:

«Nuestra historia ha demostrado que carecemos de lógica y de ética en muchos de nuestros actos, y que hemos descargado sobre nuestra humanidad errores que debieron haberse evitado con algo de inteligencia. Se hace urgente un llamado al equilibrio, un ajuste de cuentas entre nuestra inteligencia y nuestra madurez emocional. Ya es tiempo de terminar con la sobrevaloración de nuestra inteligencia incultivada, y aplacar la amplificación viciosa de nuestro individualismo fogoso».

Gracias, Maestro Roberto Ramos Perea, por la belleza del teatro que nos recuerda la «sensibilidad suprema» y la «inevitable humanidad» a la que todos hemos sido convidados desde nuestra propia historicidad. La significación de la cultura en la sociedad puertorriqueña está más que documentada y validada.

ihuman  estrenó el pasado fin de semana en el Teatro Victoria Espinosa de Santurce. Sus funciones se extienden hasta el próximo fin de semana: viernes 17 y sábado 18 a las 8:00 p.m. y domingo 19 a las 4:00 p.m. Para ser partícipe de esta puesta en escena no se requiere pagar boleto. Es importante llegar temprano para asegurar su “intimidad colectiva”.