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Residentes de San Juan reclaman sus espacios públicos

 

 

Residentes de San Juan expresaron su malestar y preocupación ante el cierre prolongado de parques y plazas bajo la custodia del Municipio de San Juan. Según denunciaron, estos espacios públicos han permanecido cerrados por orden de la administración del alcalde Miguel Romero Lugo, bajo el argumento de que se realizarían remodelaciones a los mismos. Sin embargo, hasta la fecha son pocos en los que se han iniciado trabajos de rehabilitación mientras que la mayoría permanecen cerrados al público.

Ante esta situación, la delegación del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC) en la Legislatura Municipal de San Juan presentó una resolución requiriendo que se informe a la ciudadanía el estado actual, el cronograma de inicio y fecha estimada de culminación de los trabajos de mejoras en los parques y las plazas que han sido cerrados al público y que se identifique en específico el calendario de ejecución para cada instalación.

Los espacios públicos afectados incluyen lugares emblemáticos como la Placita de Roosevelt, el  Parque Dr. José Narciso Gándara Cartagena, el Parque Manolo Muñiz, la Plaza Antonia Quiñones, la Placita de Hostos y la Plaza de Armas. Los vecinos denunciaron que los cierres se han ejecutado sin planificación operativa ni comunicación clara, lo que ha generado sospechas sobre posibles motivaciones políticas.

“No vemos brigadas ni maquinaria, solo verjas cerradas y parques vacíos. Esto parece más una estrategia de imagen que una acción concreta”, expresó la portavoz de la delegación, Dra. Norma Devarie Díaz.

La portavoz alterna de MVC, Daisy Sánchez Collazo, agregó: “Invertir en parques es invertir en salud, cultura y cohesión social. Pero si la inversión se convierte en propaganda sin ejecución, el daño es profundo. Los parques de San Juan son mucho más que pulmones urbanos: son el alma de la ciudad. Silenciarlos sin acción es apagar esa voz colectiva que da vida a nuestra capital”.

 

 

 

Testimonio a la deriva

 

Especial para En Rojo

 

Ninguna gota de mí es lo que fue. Tampoco es lo que será. Muevo, elevo, sumerjo, ondeo, correteo, circulo, abulto, ruedo, desbordo, bailo, arraso, rodeo, inundo, acaricio, ahogo. Lo hago para mí y conmigo. Lo hago también con todo lo que encuentre a mi paso.

Ayer me mostré en las orillas de Gaza. Hoy, en las de Arroyo. Mañana, vuelvo a rodar en la franja bombardeada. Y pasado mañana, me arremolino en Vieques. Intoxicada de metales pesados, mareada por la sangre de las ballenas, arrasada por misiles, asfixiada de armas nucleares, atravesada por tanques de guerra, aplastada por vagones de carga, sumergida con cuerpos esclavizados de hace siglos, de hace décadas, de hace días, de hoy, sigo.

No me engaño ni te engaño. Los criminales de alto rango –todos de chaqueta, todos de presidencias, todos de democracia, todos de libertad, todos de alta tecnología, todos de yankis, todos de hacernos grandes de nuevo, todos de somos los escogidos de dios, todos de la verdad no existe, todos de si existe es lo que yo diga– despiertan cada día con sabor a sangre en la saliva. Una roja quebrada les sigue el rastro cada vez que abandonan sus jets, sus yates, sus habitaciones de lujo, sus limosinas, sus vitrinas blindadas. Esa también soy yo. No olvido. No les permito olvidar.

También inundo a los criminales de bajísimo rango, todos de alcaldías, todos de legislaturas, todos de gobernaciones, todos de capa amarilla cuando lluevo tormentas, todos de diminutivos que terminan en -ito, todos de apestosa colonia. Firman documentos con tinta rojiza en salmuera. Soy yo. No olvido. No les permito olvidar.

Trafican la muerte a mansalva, la guerra como “ejercicio” instagramable, el abierto y transmitido genocidio, la hambruna diseñada a gran escala, la expulsión descomunal de cuerpos desnudos, la extinción deliberada, y yo todo lo siento, todo lo cargo, todo lo escupo, todo lo vomito, todo lo recuerdo.

No me posiciono. No tengo redes sociales. No tomo ninguna foto. Por eso crees que no atestiguo. Por eso vociferas que otorgo. Por eso me acusas de cómplice. Las fotos de todo, los videos de todo, las declaraciones sobre todo, los posicionamientos públicos sobre todo, las transmisiones en vivo de todo, la instantaneidad de todo, ¿qué bien te han hecho? En contraste, es obvio que al capital, que cada vez me entuba más, me ahoga más, me seca más, me contamina más, le han hecho muchísimo. Para la “inteligencia” artificial, tus mandamases me chupan millares de galones por minuto. La nueva dimensión de sus impensables y cada vez más obscenas ganancias está en tus aparatitos, que también, siempre, van a parar en mí, ensangrentados.

Lo único que sé a mi edad sin edad de eras geológicas, viva como estoy desde tanto antes que los de chaqueta y alcaldía, viva como estaré mucho después de su desaparición, es que la vida pasa siempre sus facturas. No olvido. No les permito olvidar. Tengo la boca cosida con su plástico, pero rujo. La pregunta es si me escuchas.

A fuerza de recordar, continuaré. Me despojaré de toda la sangre. Aligeraré el paso y apartaré tierras para revelar nuevos caminos. Abriré capullos, inauguraré rumbos y dibujaré surcos de una vida que no cesa. Alimentaré nuevas especies más gentiles. Devoraré todas las ruinas del capital, sus misiles y sus vagones, que nunca han sido míos. En su lugar, pintaré todos los verdes de nuevo. Me ahondaré en inéditos planetas. Me derramaré de insospechados erotismos. Contemplaré, recostada en un lecho de mí misma, las más insólitas lluvias de estrellas. Para mí, no hay ni habrá “fin del mundo”.

La responsabilidad de redes sociales y la salud mental de los jóvenes

 

TikTok, Snapchat, Instagram y Facebook saben lo que sus productos están hacendo a jóvenes. Saben los niveles de adicción y suicidio. Desde el 2019 Arturo Béhar alertó a CEOs de las firmas sobre diseñar mecanismos de protección para niños y adolescentes.

La Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones es una ley de Estados Unidos que protege a las plataformas en línea de la responsabilidad legal por el contenido publicado por sus usuarios. En esencia, impide que las empresas de redes sociales sean tratadas como editoras del contenido generado por los usuarios, lo que significa que no son automáticamente responsables por difamación u otros contenidos ilegales compartidos por estos.

Su comportamiento impune ante el bienestar de niños, por la codicia y la ambición de lucro de accionistas y administrativos, tiene que ser tatuado en el cerebro de padres, pues desconocen el daño que están causando a sus hijos.

Las firmas de redes sociales saben que los niños y adolescentes están vulnerables, y lo justo es que se les asigne la responsabilidad de daños. Por esto, el Social Media Victims Law Center, quien representa a sobre 4,000 familias, reclama las firmas paguen por sus actos maliciosos y deliberados de las muertes de sus hijos y el sufrimiento de familiares, a sabienda del mecanismo dañino de sus algoritmos manejados por Inteligencia Artificial.

Argumentan los abogados Mathew Bergman, Laura Márquez-Garret y Glen Draper, que son las aplicaciones, las responsables de crear la adicción. Los niños pueden entrar buscando algo, pero el sistema les ata nuevos posteos basado en el tiempo empleado en la pantalla. Las firmas saben que los varones tienden a mirar violencia, y la aplicación le refuerza más violencia para mantenerlos dentro del Ap. Esto incluye suicidios y muertes reales.

“No es justo,” dice Bergman. “Por un lado tienes la plataforma con algoritmos creada por los más talentosos y sofisticados ingenieros y creativos, y por otro un cerebrito que todavía no se ha desarrollado.” El objetivo es retener a tu hijo en TikTok por ejemplo, donde estará expuesto a de 3 a 4 anuncios o promociones por minuto. Arturo Béjar y Frances Haugen, los denunciantes o whistleblowers de Instagram y Facebook recopilaron evidencia de la negligencia y conocimiento de las plataformas y como héroes han reportado el abusador comportamiento a las autoridades.

Lo trágico es que una vez adictos, ¿podrán los adolescentes parar el uso de redes sociales? Según Hubberman, de la Universidad de Stanford, difícilmente pues viven en contra de prominentes ingenieros que diseñan para mantenerte atrapado y cautivo. Saben si eres fémina, que te gusta tener un efecto social y emocional, y si eres varón, la violencia y el sexo son el magneto. Y las ganancias son priorizadas sobre la seguridad y bienestar de los usuarios. La competencia entre los medios sociales es feroz para mantener tu hijo en la aplicación, y como a la fecha subsisten impunemente, no hay motivación para genuinamente hacer lo máximo para proteger los usuarios. Para comprender esta competencia, hay que tener en cuenta qué es lo que venden: la atención de tu hijo. Y si la vida es tiempo, lo que pretenden hacer estas aplicaciones es robarle parte la vida a tu hijo, la que están viendo la pantalla. Y cuando fuera de la pantalla, la calidad dado el daño y consecuencias que hayan calado.

Entre los casos de sobredosis por droga, 90% son adjudicados a Snapchat. Su diseño facilitaba la conexión entre los traficantes de droga y niños. Esto lo facilita su propiedad de borrar toda comunicación a las 24 horas. Michael Brewer. sobreviviente de una sobredosis, e incapacitado en una silla de rueda, explicó cómo Snapchat lo llevó al menú de drogas y a dónde ir a buscarla. En este caso, fue a comprar Oxycodon, en la calle conocido como Percoset, y le suplieron Fentanilo. En un experimento, nuevos usuarios solicitando drogas por Snapchat, terminaron recibiendo 5 de 6 mensajes sobre el tema. La abogada Carrie Goldberg manifestó que “Snapchat sabía desde hace mucho tiempo que el producto está defectuoso.” Lo que reclama Goldberg es que Snap no es un intermediario pasivo, y que carga con una profunda responsabilidad.

Snapchat también tiene un gancho o trampa llamado Snapscore que motiva a aceptar e invitar amigos. Tenemos que empatizar con los niños y adolescentes, para quienes la popularidad es tan o más importante que efectivo o cash. Snap ha sido muy hábil en mantener los chicos dentro del Ap, y los sonidos y visuales reflejan su inversión en las mentes más competitivas para mantener tu hijo frente al celular.

Alegan los abogados que el daño de la aplicación ocurre cuando el mecanismo basado en algoritmos toma el volante de lo que ve el usuario. La heroína Frances Haugen lo describe claramente en su exposición cuando dice que los “Tweens” van como reses al matadero. Y en especial las chicas quienes se sienten peor, con ansiedad, depresión y soledad. La madre de Jordan DeMay, quien se suicidó a los 17 años, dice que darle un celular a un adolescente es como dejar a tu hijo por la noche en la zona más peligrosa de la ciudad.

Hoy todo padre debe estar aterrado por lo que su hijo pueda estar expuesto. Uno de los mogules de las redes sociales, Mark Zuckerberg, manifiestó ante el Senado de Estados Unidos, que sus procesos son protegidos por la Sección 203 y que sus procesos de algoritmos manipulados por Inteligencia Artificial son filtrados luego por humanos, doctores y expertos en seguridad que toman en consideración las idiosincrasias de las diferentes etapas de crecimiento de sus usuarios.

Los padres de víctimas y expertos te recomiendan a ti cuidador: habla con tu hijo.

 

El autor es educador e investigador de Bullying, Cyberbullying y Adicción a la Tecnología

 

 

 

La memeficación de la cultura puertorriqueña

 

Pablo Pantoja

Sí, voy a sonar como un viejo cascarrabias. Pues, como estamos hablando de la cultura puertorriqueña real, no podía faltar un viejo amargado criticando, pues aquí estoy representando a los viejos amargados que están en silencio, porque probablemente ni se enteraron de la residencia.

Que quede claro: el impacto que ha tenido la residencia es real y es económicamente positivo para Puerto Rico. También lleva el mensaje de que estamos aquí, estamos vivos y somos una cultura alegre, que nos gusta la música, el baile y pasarla bien. La residencia es una buena contraparte a la tiradera y la demonización que nos han querido impartir los graciosos, como el que salió en la campaña de Trump diciéndonos que somos un gran parcho de basura en el Atlántico. O sea, la residencia tenía que pasar; tenemos que darnos a conocer y tenemos que regar la voz a nivel mundial de lo que somos y que valemos.

Entonces, ¿cuál es mi problema? Mi preocupación es que hemos codificado y reducido la cultura y la historia puertorriqueña a unas estampas, memes, que no necesariamente nos representan ni llevan la realidad de la lucha que hemos vivido. Luchas las cuales algunas han sido sangrientas. Luchas en la cuales, como don Pedro Albizu Campos, tuvieron que ser sujetos a un abuso corporal que lo llevó a su muerte estando preso.

Sí, obviamente para un concierto que se va a disfrutar, no vamos a estar hablando de los pesares sangrientos, o de los que tuvieron que defender la cultura para el tiempo Cornelius Rhoads nos describió como “la escoria más sucia, más vaga y más degenerada que haya habitado la tierra”, ni de las dificultades y el discrimen que hemos vivido como país frente a los procesos cuasi-democráticos de Estados Unidos. La residencia debe tener un adendum para que nos recuerde que nosotros no somos solamente un meme de unas sillas plásticas. Si evaluamos lo que pasa por cultura en cada uno de los conceptos primitivos que se presentan en esta campaña de mercadeo, pudiera decir que llevan el peso de un comentario bajo un Facebook post. Y no hay problema con eso. Es una colección cómica de cosas como el sapo concho en muñequito y todo lo demás que ustedes ya saben. Pero que no se nos pase por desapercibido que la comercialización de la cultura la diluye.

La producción de la residencia a nivel técnico ha sido impresionante, probablemente es un concierto que va a quedar marcado en la historia popular de Puerto Rico y de la que dará tema para investigaciones futuras. Y llevaron a los pleneros y la salsa y trataron de dar un matiz de la lucha de los negros de Puerto Rico. Ese sabor tipo Loíza nunca puede faltar cuando se habla de Puerto Rico. Pero los guaynabichos también son de Puerto Rico. Incluso, tal vez pudiéramos decir que eso es lo que representa Bad Bunny en su forma de actuar, en su forma de vestir y su afinidad por las Kardashian-Jenner y los carritos F1. Y lo sé, me van a criticar, porque, ¿quién rayos quiere defender a un guaynabicho? Eso es prácticamente como defender a los que aman a Trump siendo puertorriqueños. Entiendo eso, pero lo que quiero decir es que tenemos que evaluar a Puerto Rico más allá del cliché comercial. Y sí hubo el espacio para poner lo otro, ¿por qué entonces no puede haber el espacio de las luchas nacionalistas del ayer? ¿Por qué no puede haber el espacio para presentar la afinidad, cooperativismo y lazos consanguíneos con los países latinoamericanos? ¿Y dónde está la representación de las personas de otros países, particularmente de Latinoamérica y el Caribe, que residen aquí con nosotros y, a causa de que residen aquí con nosotros, han tenido que sufrir a manos de la persecución del gobierno de Trump y ICE? Claro, menciona a NuevaYol tanto que hasta nombró una canción, pero pues tiene que vender en ese mercado estadounidense. Puedo seguir con la lista, pero tengo que pedir permiso primero a la Asociación de Viejos Amargados para que me permitan pasarme de la raya.

Lo que no quiero es que, en Puerto Rico, desperdiciemos esa chispa que ha desatado el interés por lo que somos y lo que nuestra cultura representa, y que luego de esta residencia y serie de conciertos quede todo en el olvido. Quiero que tomemos este espacio para reconectar con nuestro pasado y con nuestra actualidad para poder ampliar y profundizar en los temas que realmente nos afectan. No podemos dejar que el evangelio según San Puerto Rico quede rezagado. Tampoco podemos dejar que nuestra cultura se quede sin evolucionar, sin expandirse a plenitud en los que se conectan con ella por primera vez. Tenemos que llevar la cultura a que tenga impacto en situaciones reales más allá de la farándula. ¿Qué va a pasar cuando se acabe el concierto? ¿Dónde va a ser el after party de la cultura? Para que inviten…”