Inicio Blog Página 230

Muchas gracias, Papa León XIV

 

 

Especial para En Rojo

 

Muchas gracias por su hermosa y oportuna exhortación, Dilexi te, sobre el cuidado de los pobres. Su exhortación cobra especial importancia en el mundo actual, donde el Capitalismo ha perdido cualquiera pretensión de ser un sistema mínimamente humanitario. Multitudes de migrantes y continentes enteros como África se han vuelto desechables.

Esta exhortación también es urgente en una Iglesia donde muchos grupos considerados católicos y la mayoría de la jerarquía y el clero mantienen posturas conservadoras, poco dialogantes, atrapados en una concepción de Iglesia clerical, autorreferencial y nostálgica de los viejos tiempos de la Cristianidad colonial. Quizás obispos y sacerdotes que no se han molestado en leer las encíclicas del Papa Francisco, tomen en serio sus exhortaciones.

La exhortación también beneficiará a otras Iglesias hermanas. Es un útil resumen de todo lo que una buena enciclopedia podría ofrecer sobre la ayuda a los pobres en los textos bíblicos, en documentos de Patrología y en toda la tradición de los institutos de vida religiosa en la Iglesia.

Uno de los fundamentos del argumento de esta exhortación viene de las palabras de Jesús: «Siempre tendréis pobres entre vosotros» (Mateo 26:11). En la cena en Betania (nombre que significa casa de los pobres), Jesús cita el capítulo 15 del Deuteronomio, que legisla sobre el año sabático, la amnistía de las deudas y la liberación de los esclavos, para que ya no haya pobres en la comunidad. Sin embargo, como la sociedad siempre encuentra maneras de mantener desigualdades injustas, es necesario ayudar a los pobres, porque entre ustedes (el acusa), siempre habrá pobres (Dt 15:11).

Eso significa que lo que Dios quiere, más aun que ayudemos a los pobres, es que organicemos el mundo de manera que no exista pobreza, o al menos la pobreza jamás sea algo naturalizado como si fuera una enfermedad inevitable.

De hecho, el vocabulario bíblico contiene tres términos hebreos para designar pobre. En la mayoría de los textos, como en el libro del Éxodo, los términos anaw o anawin se traducen mejor como empobrecido que como pobre. Los libros sapienciales hablan de los anawin de Yahvé. Esta es la categoría social y política del pueblo oprimido. El término ebion significa necesitado, mientras que dal designa a una persona que, estructuralmente, necesita cuidados especiales.

De hecho, en el mundo actual hay personas pobres, pero hay pueblos enteros de personas empobrecidas. Por eso, más que a personas pobres aisladas, la solidaridad tiene de ser organizada a las comunidades de familias víctimas de la agroindustria en el campo de nuestros países. Necesita ser dirigida a las comunidades indígenas que siguen sofriendo amenazas de exterminio físico y cultural. Debe denunciar a las políticas genocidas en contra el pueblo palestino y en contra la multitud de migrantes que el Capitalismo y las políticas neocoloniales producen en el mundo. Los empobrecidos por las estructuras de esta sociedad no necesitan de limosna y si de justicia. Pedir ayuda à los pobres sin priorizar esas cuestiones estructurales que provocan la pobreza sería como dejar que enfermedades mortales se propaguen por el mundo y después proponer: vamos dar alguna cosa à las víctimas para aliviar sus dolores. Y sin dejar claro que lo más urgente es una política de sanación de la enfermedad que provoca los dolores.

Esta exhortación papal me recordó las palabras de Helder Camara,  obispo brasileño profeta de los pobres. Una de sus afirmaciones más conocidas fue: «Cuando ayudo a los pobres, me llaman santo. Cuando pregunto por qué son pobres, dicen que soy comunista».

Una vez, en una de sus entrevistas, el Papa Francisco citó esas palabras. Desde la época de Helder Camara hasta hoy, el mundo ha empeorado tanto que quizás incluso esta exhortación papal, que se centra más en la atención a los pobres y solo alude a las causas estructurales de la pobreza, podría ser acusada de comunista.

Gracias, Papa León, por la mención honorífica de los movimientos populares y por haber manifestado el deseo de que la Iglesia se comprometa en la solidaridad concreta y en la lucha pacífica para superar las causas estructurales de la pobreza.

A propósito, su carta contiene una larga lista de las buenas obras que la Iglesia Católica ha hecho por los pobres a lo largo de la historia. Recordó la propuesta evangélica y franciscana de una Iglesia de los pobres y para los pobres. Sin embargo, todos sabemos que, si bien todos esos textos están correctos y dicen la verdad, lamentablemente, en la práctica, la jerarquía eclesiástica no siempre ha actuado conforme a esos principios. A lo largo de la historia, los representantes de la Iglesia, casi en su totalidad, se han aliado con imperios colonizadores y han legitimado la violencia de la conquista, la organización de la esclavitud y, por ende, el origen de la pobreza estructural de la mayoría de los pueblos de América Latina y África.

En 1992, al celebrar el 5º centenario de la conquista, el Papa Juan Pablo II pidió perdón por los pecados de algunos hijos de la Iglesia en relación à los pueblos indígenas y a las comunidades afrodescendientes. Sin embargo, todos sabemos que esos clérigos actuaron como representantes de la Iglesia y respaldados por documentos oficiales que, hasta la época del Papa León XIII, condenaban todos los movimientos sociales, sindicatos y organizaciones obreras.

Sería bueno reconocer que, por desgracia, esta indiferencia social y política ante la manifestación del reino de Dios en el mundo aún permanece en el ADN de muchos clérigos. Por eso, espero que esa exhortación papal provoque verdadera conversión estructural y comunitaria.

Ruego a Dios para que superemos la época en que un Papa necesite escribir una exhortación sobre la necesaria solidaridad con los pobres, porque tengamos logrado organizar el mundo de forma que la pobreza sea una enfermedad erradicada por la sociedad. Al mismo tiempo que, en nuestra Iglesia, cartas como esas, cuando necesarias, puedan venir de los obispos, curas y pastores, non de áreas territoriales como si estuviéramos en la Edad Media y si de cuidadores y curadoras que se dedican a situaciones humanas de emergencia que ya ocurren en todos los continentes.

Que las Iglesias locales puedan tener más autonomía y, como pidieron los obispos católicos en la Conferencia de Medellín (1968): «en América Latina, la Iglesia asuma cada vez más el rostro de una Iglesia pobre, despojada de los medios del poder, comprometida con la liberación de toda la humanidad y de todo ser humano en su totalidad» (Med 5,15).

Para mí, Papá León, esa su exhortación me interpela a intensificar la solidaridad con los más pobres, pero también a denunciar las causas estructurales de la pobreza y luchar contra el sistema que la produce y, cotidianamente la multiplica.

Robert Redford: actor, director y activista

 

 

En Rojo

Su porte, su voz, su mirada asustadiza, su timidez al enfrentar públicos y su valentía para defender los derechos humanos y denunciar las leyes y la gente que no entienden que a la naturaleza le debemos la vida. Este es el Robert Redford que conocí a través de su cine como protagonista o coprotagonista y director de historias íntimas (Ordinary People, A River Runs Through It, The Horse Whisperer), comunitarias (The Milagro Beanfield War), históricas (The Legend of Bagger Vance, The Conspirator), realistas (The Quiz Show) y políticas (Lions for Lambs, The Company You Keep). Después de hacer mucha televisión (1960-64), llega al cine como el hombre guapo que cautiva a las mujeres y desafía las leyes y el decoro (Inside Daisy Clover, The Chase, This Property Is Condemned, Tell Them Willie Boy Is Here) y desarrolla una amistad y trabajo colectivo con Jane Fonda desde Tall Story (en un papel casi de trasfondo), Barefoot in the Park, The Chase, en los 1970 con The Electric Horseman y en 2017 Our Souls at Night. La popularidad casi mitológica de Butch Cassidy and the Sundance Kid (1969) junto a Paul Newman lo convierte en un actor taquillero que ya podía escoger las historias que quería contar. En los 1980 resplandeció y rompió corazones junto a Barbra Streisand (The Way We Were), Mia Farrow (The Great Gastby), Glenn Close (The Natural), Meryl Streep (Out of Africa). Dos joyas que siguen siendo un deleite ver cada tantas veces (aparte de The Way We Were, por supuesto) son Three Days of the Condor (1975) y All the President’s Men (1976). Y filmes importantes por su crítica al aparato militar/gubernamental: Spy Game (2001) con Brad Pitt y The Candidate (1972).

Con su proyecto del Sundance Institute fundado en 1981y la celebración de su Festival de cine, Redford estableció un espacio para cine independiente tanto dentro de los Estados Unidos como en el plano internacional. En enero de 1995, se presentó Fresa y chocolate (ganador de los premios Coral en el Festival Internacional de cine latinoamericano de La Habana de 1993) que ya en Berlín había conquistado los 1eros premios.  Con su nombre como productor (en escritos, pero no en el filme), Redford y Miramax facilitaron la exhibición de este filme cubano que fue nominado a Mejor Filme Extranjero de los Oscares en 1995. Y a pesar de cartas amenazantes y presiones de todo tipo, Fresa y chocolate estuvo presente la noche de los Oscares con la presencia de Tomás Gutiérrez Alea, Juan Carlos Tabío y Mirta Ibarra. Aunque no ganó, fue la 1era vez que un filme cubano era escogido para este premio. En cubanartnewsarchive.org pueden leer todos estos y + detalles redactados por Juan Antonio García Borrero en “Fresa y chocolate y el Oscar”.

 Rescate del pasado

Incluyo en esta sección dos filmes muy importantes en la carrera de Redford como director (Lions for Lambs) y un proyecto unipersonal de 2013 (All Is Lost).

ROBERT REDFORD in LIONS FOR LAMBS, 2007, directed by ROBERT REDFORD.

Lions for Lambs (Robert Redford 2007)

Robert Redford, en este punto de su vida– después de haber tenido una carrera exitosa como actor, director, productor y creador de un festival de cine independiente– tiene la plena libertad (y, por supuesto, el dinero) de ir a los medios y oponerse abiertamente a la política irracional del gobierno en el poder y de hacer el filme que quiera. Y eso es precisamente lo que Redford ha hecho: un filme que pone la política de la guerra sobre la mesa de discusión. Para atraer a un público amplio tiene la colaboración de Meryl Streep y Tom Cruise aparte de los jóvenes talentosos Michael Peña y Derek Luke. La guerra entonces se convierte en una experiencia percibida desde varios puntos de vista: el político que busca maneras– las que sean– de “ganar” la guerra dentro de una política conservadora; la veterana periodista que quiere seguir indagando en los grandes planes de los políticos de supuestamente encontrar una solución a la guerra; el profesor que busca formas de acercarse a sus estudiantes jóvenes para que piensen y se involucren en los problemas actuales de su sociedad; el joven inteligente y privilegiado que ve la educación universitaria como una transición y continuidad de su vida cómoda, privada y extremadamente individualista; los jóvenes cuyas opciones son menos cada día por ser negros, hispanos, de comunidades pobres donde la educación y los servicios de salud parecen ser privilegios con que ellos no cuentan. Y a través de todos los pensamientos, preocupaciones y decisiones de estos personajes, la guerra es la presencia virtual, imaginada y presencial.

Cada personaje se acerca a la guerra desde esa perspectiva muy particular; cada forma de pensar tiene su espacio; cada uno asume la responsabilidad de sus decisiones. Lo importante es nunca caer en el cinismo porque eso significa inacción; lo importante es nunca aceptar las mentiras de los políticos cuyo único fin en la vida parece ser mantenerse en el poder no importa el costo de las vidas en su camino; lo importante es dialogar, indagar, no quedarse callado, manifestarse públicamente, ejercer el poder que cada persona pensante tiene en esta supuesta democracia llamada Estados Unidos de América. Eso es lo que Redford hace en este excelente filme.

All Is Lost (J.C. Chandor 2013)

Como estamos acostumbrados a contemplar una pantalla llena de actores, extras, escenografía variada, sonidos de voces y música es difícil aceptar que nuestros sentidos pueden llenarse con solo dos personas—y luego una sola—flotando en el espacio como en Gravity (Alfonso Cuarón, 2013). El caso de All Is Lost es más radical porque de principio a fin hay una sola persona en pantalla en altamar donde nunca se ve tierra excepto la inmensidad de ese cuerpo de agua que no tiene fronteras ni orillas. “Our Man/Nuestro hombre” (Robert Redford)—de quien sabemos muy poco pero que tampoco hace falta y resultaría en una distracción—es un excelente navegante con un bote/yate de 39 pies, equipado con todo lo necesario para navegar por buen tiempo y estar preparado para afrontar y resolver cualquier percance. Aunque lo primero que escuchamos es su voz (en voiceover) en el presente, apenas emite palabras en los ocho días anteriores de su travesía: una comunicación fallida por radio, gritos de ayuda a una embarcación que pasa cerca pero no puede verlo y el “fuck” de la frustración de no poder hacer nada más.

El resto del tiempo la cámara nos obliga a movernos y a pensar como él al buscar maneras de salvar su embarcación averiada, recoger o soltar las velas, sacar agua para poder secar su radio, mapas, cojines, ropa y así poder seguir su travesía adonde sea. Seguimos su meticulosidad para volver a la normalidad de vivir en altamar sin depender de nadie. Subimos y bajamos a cubierta todas las veces necesarias para poder proteger los abastecimientos y objetos cuando la embarcación se enfrenta a una tormenta. El mar no perdona y casi parece que se enfurece contra cualquier objeto extraño que navegue en sus aguas. Estas escenas son tan aterradoras como fascinantes para unxs espectadorxs que ya son parte de esta aventura no-heroica.

Al centro de todo está este hombre de 70 y pico de años que por tener destrezas, conocimiento y equipo de navegación puede sobrevivir donde otros ya hubieran sucumbido. Por ser la única persona en pantalla que la cámara acompaña en cada momento se establece un eslabón muy particular con lxs espectadorxs que observan y a veces sienten que pueden ayudarlo, aunque solamente sea siendo testigos de lo que sucede. Robert Redford carga todo el peso del filme con la naturalidad de un gran actor.

 

 

Presentación de DTMF

 

Un gobierno en suspenso y sin soluciones 

Hay cosas tan y tan torcidas que nada puede hacerlas lucir derechas. Algo así está pasando con los intentos de la Gobernadora Jenniffer González Colón y su gobierno de convencer al pueblo de que en Puerto Rico los asuntos públicos marchan a buen paso, cuando la realidad lo niega.  Estamos ante un gobierno en suspenso, solo sostenido por el cada vez más pequeño grupo de empleados de carrera que, a fuerza de costumbre y disciplina, hacen funcionar a medias el engranaje gubernamental, a pesar de la improvisación, la politiquería y las  malas prácticas de una administración pública  caótica y despótica.

A falta de logros, este gobierno vive de mitos. Sin visión ni propósito, la Gobernadora se empeña en mantenerse a flote como si estuviera en campaña política activa, con anuncios pagados que no informan aciertos pero sí propagan mentiras. Acaba de celebrar también una convención política insulsa que pensó que le serviría para tirar puentes y relanzar su imagen, y sólo le  sirvió para poner de manifiesto las profundas divisiones que existen al interior de su gobierno y de su Partido Nuevo Progresista (PNP), y de cuán disminuidas y flojas están sus huestes. Fue un cónclave forzado, sin chispa, ni brillo, ni renovación. Un más de lo mismo para los mismos de siempre.

Por eso, nada nuevo ni exitoso se anunció allí, más allá de los clichés y consignas acostumbrados y de los falsos elogios, aplausos y vítores de los alzacolas a sueldo. La realidad sobre el terreno apunta hacia un gobierno que después de diez meses aún no «cuaja». Es un rejuego de sillas políticas que se intercambian,  un intento de reavivar el consenso a cambio de llenar huecos con candidatos derrotados,  o con hijos, sobrinos o ahijados de las familias del «corazón del rollo». Un partido y un gobierno que, cada vez más se encierran en sí mismos y se apartan para no enfrentar la realidad de los problemas que confronta el pueblo al que le piden el voto.

El Secretario de la Gobernación ( y principal cabildero) proclama que en Puerto Rico no existe una crisis energética. LUMA y Genera PR se empeñan en hacerlo quedar mal. A diario siguen los apagones, interrupciones y los llamados «relevos de carga» que dejan sin servicio de luz eléctrica a decenas y centenares de miles de abonados residenciales y comerciales. Mientras la semana pasada se estrenaba la nueva factura agrandada de LUMA, que incluye aumentos significativos en el costo del servicio eléctrico, cientos de miles de abonados se quedaron sin luz- algunos hasta por 18 horas consecutivas- sin que siquiera se informara las causas y posible duración de dichos eventos. LUMA y GeneraPR están tan engreídos que ya ni siquiera se sienten obligados a dar explicaciones por su ineptitud y mal servicio. En esta edición de CLARIDAD, se publica un análisis de la nueva y más costosa factura eléctrica y su impacto hacia el futuro energético de Puerto Rico.

La Gobernadora, que basó su triunfo electoral en la promesa de que cancelaría el contrato de LUMA, ahora vacila y calla cada vez que se le toca el tema. Quizás es casualidad, pero la presencia en Puerto Rico hace unas semanas de «Duke» Austin, CEO de Quantas, la matriz de LUMA Energy,  puede tener algo que ver con el silencio de la Gobernadora y las expresiones enajenadas del Secretario de la Gobernación, a las que nadie serio les da credibilidad.

Hablando de energía, ya se perfila también que el contrato de exclusividad por siete años para el suplido de gas metano,  que firmó el gobierno de Jenniffer González con la gasífera New Fortress Energy, para el terminal en la Bahía de San Juan saldrá más caro y pagaremos más por el gas que en Europa y Estados Unidos, según proyecciones del Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero ( IEEFA). En todo este proceso de la privatización energética en Puerto Rico, los análisis y proyecciones de IEEFA se han cumplido como si fueran profecía.

Por otro lado, abona a la incertidumbre que pende sobre el gobierno de Jenniffer González y el PNP,  la fracturada mirada del gobierno del Presidente Donald Trump hacia Puerto Rico y hacia éste y demás gobiernos coloniales del bipartidismo PNP-PPD. A pesar de ser Republicana y de haber apoyado y votado por Donald Trump, ni Jenniffer González ni nadie de su gobierno ni del  PNP parecen gozar de la confianza y los buenos oficios del círculo «trumpista». Esto se nota a leguas en la actitud de fastidio y distancia del Presidente Imperial y sus principales oficiales hacia nuestro país. Como objetivo militar en su cacería de agresión contra gobiernos de nuestra región latinoamericana y del Caribe, Puerto Rico tiene todavía uso como  trinchera de entrenamiento y lanzamiento. Pero es simplemente eso, un uso indiscriminado e irrespetuoso, y no como parte de alguna visión estratégica, ni de algún acuerdo mutuo donde al gobierno de Puerto Rico se le consulte, o figure, opine o decida. Nuevamente, Puerto Rico es relegado a un rol subordinado de «carne de cañón» en las aventuras guerreristas imperiales.

Otro ejemplo, es el caso del Presidente, Donald Trump, y los despidos que hizo de los miembros  de la Junta de Control Fiscal (JCF), y  la contrademanda de tres de estos miembros para permanecer en sus puestos. En este caso,  el gobierno y el pueblo de Puerto Rico somos  meramente observadores silentes, no empece a que las consecuencias de las acciones y decisiones tomadas pesarán sobre nosotros como un baldón. Este es un diferendo que deja en carne viva la herida colonial que nos excluye de ser parte de lo que está en juego: el reto a los límites de cada uno de los poderes constitucionales del sistema estadounidense, (Presidencia, Congreso y  Tribunales). A juzgar por el récord de victorias judiciales obtenidas por Trump en este primer año de su segundo mandato presidencial,  puede apostarse, con cierto grado de certeza, a cuál de los dos lados se inclinará la balanza en este caso.

A diez meses desde que asumió el cargo, la Gobernadora Jenniffer González y su gobierno se encuentran en una encerrona. Ya se agotaros los chistes, los bailes y el faranduleo como herramientas de ganar el favor popular o de hacer gobernanza. Puerto Rico confronta problemas serios, que requieren soluciones serias, por parte de líderes y lideresas serios, competentes y comprometidos con nuestro pueblo. Un gobierno en suspenso, y falto de ideas y soluciones, no puede ser la respuesta para el momento crucial que vivimos.