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Instrucciones para convertir un párrafo de 6 líneas en las cuerdas de una guitarra 

 

 

0.0: Si quisiera salir del paso con gracia y chispa, respondería que escribo porque no sé pintar poemas de forma y color como Rafi Trelles o Cecilio Colón ni golpear las blancas y negras como Eddie Palmieri. Si quisiera devolver la bola a su cancha con el más raudo disparo, echaría mano del santoral de sabiduría popular china y repetiría: “El pájaro no canta porque tenga una respuesta; canta porque tiene una canción”. Entonces, yo escribo por lo mismo que Ud. fuma o juega Pega 3: porque es mi vicio, mi dulce e incurable pasión.

0.1: Escribo porque en la juguetería no me permiten oficiar de arúspice y abrir los juguetes para ver que guardan en su interior. Por puro goce y por conciencia. Para plantarme ante el universo y ser fiel testigo de mi tiempo. Para escuchar y comprender a ese otro que a solas siempre conmigo cabalga. Para respirar mi trozo de libertad. Para devolverle la magia al mundo. Para trascender y alejar mi alma del cieno y el muladar. Para eternizar lo efímero. Para denunciar tanta azúcar y sal mal repartidos. Para celebrar el regreso de las golondrinas, el canto de los ruiseñores y el vestido de novia del roble en flor.

0.0: Aunque no simpatizo con el castizo e insuficiente concepto “generación”, la distancia y madurez ganadas me llevan a aseverar que cada generación tiene que cargar con sus deberes y, al hacerlo, asume que a su vez la anterior cargó con los suyos y que lo que hagamos nosotros por los que vienen es justo balance por lo que hicieron por nosotros los que estuvieron antes.

0.1: Emprendo el viaje, no a la semilla, pero sí a tempranos años escolares en los que vinculé mis afectos con 2 educadoras de quienes aprendería a amar el sonido de las palabras: Monserrate Rivera y Rosalina García. Ya luego, una combinación de sobresalir académicamente, ser tímido y, en consecuencia de ambas cosas, marginado por los compañeros más atléticos, me llevó a refugiarme en la biblioteca. De este modo, “viajé al centro de la Tierra” y “3 mosqueteros” me abrieron los sentidos al maravilloso mundo alterno de la literatura. Así, fui inoculado con el benigno germen. Ya a punto de hacer la transición a estudiante universitario, vino a reforzar el vicio lector el que a mis manos llegara un álbum de Serrat. (La voz del autor de “Lucía” y “Mediterráneo” me dibuja en el oído un patio escolar alfombrado de cohitre y moriviví a la hora del recreo.)

1.0: A mediados de los 70, cuando corrían los días más silvestres, menos inciertos y contaminados, tocó ingresar a la Universidad del Estado. Descubrí que mis aptitudes y gustos no concordaban con los planes para mí trazados por la familia. El loco del clan dejaría atrás la pecera de aire climatizado, el bejuco estetoscópico y la cota blanca que conducen a la práctica de la medicina y con toda probabilidad a una vida vacía y llena de lujos y veleidades. Entonces, orienté mis mejores ganas hacia el estudio de las Humanidades.

1.2: Mi vida universitaria correría paralela a hechos que propiciaron el nacimiento de mi conciencia política. Tomé talleres de creación y me vinculé a otros que padecían idéntica calentura. De esa época me nacieron hermosos lazos fraternos que aún conservo y el cariñoso maestrazgo de Manuel de la Puebla. También me animé a participar en certámenes y revistas.

2.1: Uno de mis cursos me llevó a trabar amistad con José Luis Vega, a quien le compartí los textos mostrencos que por aquel entonces escribía. De esa relación podría repetir las palabras de Cesáreo Rosa Nieves acerca de su mentor Antonio S. Pedreira: “Me inició en la cultura moderna y orientó mis preocupaciones literarias hacia amplios y correctos derroteros”. Ello redundó en ampliar el estrecho mundo de signo modernista en el cual por entonces chapoteaba muy a gusto. Una reprimenda suya vino a resultar mi caída de Damasco, pues ya era tiempo de que zambullera mi espíritu en aguas más profundas. Advine en conocimiento de los grandes Maestros: Vallejo, el mejor Neruda, Miguel Hernández, Lorca, Rimbaud, Cavafis, Pessoa, Whitman. Éstos, a su vez, me llevarían al descubrimiento de Molina, Orozco, Parra, Cardenal, Sabines, Dalton, Hahn, Montejo y Juan Luis Panero, entre otros.

2.2: Paralelamente a mi quehacer literario, por entonces me destacaba como beisbolista. Una lastimadura troncharía mi prometedora carrera de lanzador y aunque allí saboreé glorias, apagado ya mi sueño y huérfano de ese mundo, torné a volcar mis ganas y energías en la creación literaria de un modo más intenso y comprometido.

2.3: Fui asiduo visitante de la sala Zenobia y Juan R. Jiménez. Allí recibí un invaluable tesoro de manos de la bibliotecaria Aida Bravo: la Nueva poesía cubana, antología compilada por José Agustín Goytisolo. Ello vendría a desplegar ante mis ávidos ojos todo un atlas de posibilidades por mí insospechadas. Entre sus páginas vibraban las espléndidas voces de poetas que habrían de resultar medulares en mi formación: Jamís, Padilla, Suardíaz, Fernández Retamar y Nogueras. Leer su refrescante poesía fue para mí el equivalente a lo experimentado por el coronel Aureliano Buendía cuando de niño su padre le llevó a conocer el hielo.

2.4: En fin, aconsejado por Cavafis, me embarqué en ese viaje de ida sin regreso en pos de mis personales ítacas y, al hacerlo, partí con la mochila repleta de entusiasmo y hambre de saberes.

3.0: Por esa época, la música de la fiebre de los sábados en la noche me formateaba el disco duro y yo me llevaba el mundo por delante. (“A los 20 uno escribe poesía como si fuera un reactor nuclear. / A los 30 uno escribe poesía como si fuera el operario del reactor nuclear.”) Todavía no se aventaban muchas de las execrables plagas que habrían de acompañarnos en la posmodernidad. Aun así, soplaban tiempos difíciles. La recién estrenada década siguiente trajo consigo en 1981 un agrio conflicto huelgario provocado por un alza en costo de matrícula.

3.1: Un curso de redacción y estilo con Luz Minerva Betancourt resultó ser una experiencia trascendental en el riguroso aprendizaje del oficio escritural y en el refinamiento de mis aptitudes. Más adelante, la estrecha y transparente amistad de Salvador Villanueva, el diálogo permanente y enriquecedor con él, vendrían a redondear el bagaje básico para asumir de cuerpo entero la búsqueda de mi voz, sus posibles alcances y enfilar el rumbo de la embarcación.

4.0: Debo deudas que mal se pagan con palabras: Ilka Esteva, Félix Franco Oppenheimer, Gustavo Agrait, Lili Urrutia, Ana Lydia Vega, Magali García Ramis, Roger Martínez Lockwood, Arsenio Suárez, Ramón Luis Acevedo. (Por respeto a la larga y entrañable hermandad que me une a Daniel Torres aún conservo la compacta y rudimentaria Brother Deluxe 800T, que tuvo a bien regalarme cuando se dañó mi primera maquinilla, quedándose él sin instrumento de trabajo.)

Y puestos a escoger, por sintonía y afinidad de carácter, me sigo sintiendo a mis anchas junto a los colegas que velaron sus primeras armas literarias en torno a las revistas Filo de Juego y Tríptico: Israel Ruiz Cumba, Mario Rosado, Rafael Acevedo, Zoé Jiménez Corretjer, Michele Dávila y Alberto Martínez Márquez.

5.0: Escribo, además, porque es una manera genial de divertirse. Para entenderme con la fealdad del mundo y transformarla. Para denunciar las injusticias y celebrar el pan, la amistad y la alegría. Para no perder la capacidad de maravillarme ante lo en apariencia más insignificante. Para reírme de mí mismo e iluminar el lado oscuro de mi corazón. Para sobrellevar el siniestro callejón salpicado de incertidumbre, vergüenza y espanto en que nos han metido los políticos que gobiernan el país. Para enriquecer mi espíritu, porque en primera y última instancia la escritura es un camino espiritual.

5.1: La poesía es el viaje; el poeta únicamente quien carga las maletas. Y como el texto cobra vida cuando sobre él desgasta sus ojos el lector, sólo aspiro a honrar la sentencia de Camus: “todo logro significa una servidumbre; obliga a otro más alto”, y que los exigentes visitantes de sus páginas puedan hallar en ellas eco de las palabras de Borges: “no ha envejecido; pudo haber sido escrito esta mañana”.

Después de todo, las artes son testimonio vivo de la imaginación y capacidad de sobrevivencia del ser humano ante la adversidad. Sólo así nuestras huellas podrían perdurar en la conciencia viva de la posteridad.

 

[13-21 marzo 2025]

Vida disca:Sueña con volver

Crónicas de la vida disca

 

Especial para En Rojo

Aquí mataron gente por sacar la bandera
Por eso es que ahora yo la llevo donde quiera

-Bad Bunny/Benito Antonio Martínez Ocasio,
“La mudanza”, Debí tirar más fotos-DtMF (2025)

 

5:00P.M. Río Piedras, Puerto Rico

No nos criamos juntas. Ella creció por California. Yo, en Puerto Rico. Rondando el medio siglo de vida, hemos hecho hogar en la diáspora, en dos puntas del continente americano. De allí hemos venido. Henos aquí, como dos adolescentes risueñas preparándonos para nuestra primera gran noche de concierto en la isla de nuestro padre. ¡Wepa!

Vestirse. Ropa fresca colorida para el calor de fin de verano, abrigos para proteger del aire acondicionado intenso. ¿Maquillarse? ¡Sí, como niñas culecas! Tapar con pintura color arena las ojeras de años de sobrevivencia de calamidades pandémicas. Pintarse los labios como si el sol los hubiera acompañado todos estos días en plena época de huracanes. Peinarse. Flor de maga en el pelo, Thespesia grandiflora, la flor nacional (¿una copia hecha en China?).

Hay juguetones tatuajes de agua con la bandera de azul celeste, que no es el azul turquí de la hermana bandera cubana ni el azul marino de la dominadora bandera estadounidense. Entre risas, nos los vamos poniendo una a otra frente al espejo del baño. Una bandera sol taíno sonríe en mi pecho como si colgara de mi collar de cuentas turquesas. Una bandera mariposa abre alas de franjas coloradas bajo la cadenita dorada de mi hermana mayor. Más banderas en los hombros como alas: un coquí bandera quiere saltar al mundo, una bandera de puños alzados en lucha, el mapa de una isla bandera en el mar Caribe, un corazón bandera con alba estrella al centro, soñando libertad. (Quienes crecen en países con fiestas patrias y días de independencia no comprenderán acaso el júbilo de forrarse con una bandera en resistencia, prohibida y perseguida por la Ley de la Mordaza de 1948 a 1957, cuando era ilegal desplegarla incluso en tu propia casa.)

Sesión de fotos mientras esperamos el transporte frente a la casa de nuestro hermano en Río Piedras, detrás de la Universidad de Puerto Rico, donde tuve la dicha de estudiar antes de que le quitaran los fondos. El hermanito menor ha salido a la competencia de natación del sobrino, así que desgraciadamente no hay fotos juntos. (Debimos tirar más fotos.) En la más bella foto de nosotras, una para enmarcar, brillamos dos floridas hermanas reencontradas frente a un jardín de flores cosmos anaranjadas en la luz dorada del atardecer. Grandes sonrisas de anticipación. Algunas arrugas incipientes y canas sin teñir. Cabezas y hombros unidos. Facciones que se reflejan. Gozo en las miradas.

Pasan tres vecinos haciendo caminata y la doña nos señala jocosa,

—¡Yo sé a dónde van, jaja!

Estábamos listas para el concierto de La Residencia de Bad Bunny.

Aquí nadie quiso irse
Quien se fue, sueña con volver

-Bad Bunny, “Lo que le pasó a Hawaii”, DtMF (2025)

 

6:00P.M. Hato Rey, Puerto Rico

Érase un tiempo inter-eclíptico. Decía una sabia que entre el eclipse lunar del 7 de septiembre y el eclipse solar del 21 de septiembre se abriría un portal desde el cual los ancestros nos llamarían a casa. ¡Quién lo diría! Nos habían llamado. A nosotras y a miles de boricuas de la diáspora que llegábamos en aviones cargados de una emoción palpable en los aplausos del aterrizaje. Había sido una serie de circunstancias inauditas la que se acumuló para que hubiéramos viajado de repente a Borinquen, isla de nuestros ancestros taínos, andaluces, mandingas, lucumíes, congos y canarios.

Se acercaba el octavo aniversario del huracán María. Entre apagones y un sistema tropical que trataba de convertirse en huracán, el sol brillaba con empeño hasta darle paso cortés a la luna. Llegamos en un taxi extragrande, un gasto adicional por la silla de ruedas (el impuesto disca o crip tax, como le dicen). Compartiendo nuestro alborozo, el chofer nos contaba con chispitas en los ojos lo grandioso que sería el concierto mientras subía el volumen a una contagiosa mezcla musical de Bad Bunny: “Dime si te va’ a montar / Pa’ la isla tengo el portal”. Había ambiente de festival y encontramos la rampa para cruzar al Choliseo.

Como soy cineasta de vocación, iba filmando con el celular una larga toma desde mi perspectiva rodante. Nalgas visibles tras un traslúcido encaje negro, nalgas de pantalón blanco apretado, nalgas de vibrantes faldas rojas de jibarita, nalgas azules de parejas andando al unísono, nalgas de todos los colores bailando al son de los jubilosos instrumentos de los estudiantes del Conservatorio de Música en la plaza afuera del coliseo. Cambié el enfoque hacia atrás para capturar a mi hermana empujando contenta mi silla de ruedas y, más arriba, flameaban multitud de flores de un encendido flamboyán ante el alunado cielo azul.

Mi hermana es pequeña y poderosa como nuestra abuela. La rampa de subida es larga y extenuante. Quien va por la rampa tiene que hacer en zigzag cinco veces el recorrido de quien sube por las escaleras. ¡Aquí hace falta un funicular! Quisiera hacerme más liviana pero después de tres años en cama con una terrible aflicción pandémica, no soy más que piel y huesos. Sólo exhalando me puedo hacer más ligera. Por si las dudas, exhalo. Llegamos a la cima.

Prestamente, nos escoltan al ascensor. Me preocupa si podremos llegar a nuestros asientos en lo más alto de las gradas. No hay problema porque nos invitan a un mostrador de taquillas para la sección de impedidos. Una rápida firma y, sin más, se nos otorgan los nuevos asientos 6 y 7 del balcón 222 que los arquitectos de SCF diseñaron para ofrecer completa visibilidad, ¡inclusive a personas discapacitadas! Estamos frente a la gran montaña con sus platanales, flamboyanes y hasta gallinitas vivas picando maíz, primer escenario del concierto; y sobre La Casita de campo rosada cuyo balcón y techo serán el segundo y el tercer escenario del concierto. Ninguno de los 18,000 danzantes de pie me tapa la vista, puedo ver el teatro completo desde mi asiento en la sección disca. Quiero llorar porque mi patria se siente accesible. ¡El espectáculo está por comenzar!

Y ahí soñamos con un futuro
Que estemos bien, no hace falta mucho

-Bad Bunny y Chuwi, “Weltita”, DtMF (2025)

11:00P.M. El Choliseo, Puerto Rico

Cuando quedas discapacitada a mediana edad, el mundo conocido se evapora como gota de agua en sartén caliente. Tu mejor amiga (la que te contagió) te ghostea. Tu colega deja de textearte. La escuela de tus hijos olvida tu existencia. Tus comunidades siguen adelante sin ti. Tu trabajo te recomienda que renuncies. Tus familiares formulan hipótesis sobre tu condición: “piensa demasiado” o “necesita fe” y “prueba este té”. Si estás en la diáspora, te ves completamente sola en un país que no te quiere y que, con su política de salud pública, te quiere matar. Atraviesas en soledad mil jornadas en el espacio cama. Tu vida social renace en comunidades virtuales, a partir de corazones conectados a la distancia, donde no se ven ni se tocan los cuerpos.

Por eso es una experiencia inefable estar en este coliseo con 18,000 seres vivientes que trinan y palpitan en carne y hueso. Cantar y salpicar mi mascarilla con saladas lágrimas de emoción al sentirme parte de un pueblo que ríe y que canta con tanto amor, con tanta hermandad, con tanto gozo en esta noche. “¡Puerto Rico está bien cabrón, ey, está bien cabrón!” Quisiera pararme a bailar, dejo que mi hermana lo haga por mí. Nos miramos y nos abrazamos sintiendo, acaso por primera vez, que ambas somos en esencia de aquí. Que nuestras raíces son hondas y nuestras ancestras nos bendicen y protegen. “Esta es mi playa/ Este es mi sol/ Esta es mi tierra/ Esta soy yo”. Aquí vibran el amor por la patria, por la vida, por el prójimo.

Es una noche utópica. Miles de personas saltando, pero no me siento en riesgo de ser arrasada por la multitud. Por el contrario, me siento cuidada. Por todas partes, miradas de ternura, nada de lástima, sólo gozo compartido. Y si en el mundo capacitista está prohibido que una mujer disca goce —porque una sola sonrisa en redes sociales puede descalificarte, como si el carnet de discapacidad requiriera vivir llorando y sufriendo 24 horas al día—, aquí no. Aquí toda la sección disca goza plenamente, nuestro corazón latiendo a ritmos que nacieron en las costas de África y en siglos de lucha y duelo han llegado hasta esta maravilla de Antilla musical: bomba, plena, reggaetón, trap latino, salsa, bolero, seis jíbaro, bachata.

Aquí no hay vigilancia. No hay que cuidarse de expresar emociones que puedan ser usadas en tu contra. Tampoco hay que cuidarse de expresar demasiado amor por tu tierra. No hay que esconder quién eres. Aquí, con Pedro Pietri, sintonizamos nuestra imaginación al poder de nuestra gente hermosa. Aquí, con Juan Antonio Corretjer, somos boricuas de la tierra a la luna. Aquí, con Lolita Lebrón, no pedimos perdón por ser nuestro mejor ser. Aquí, con Pedro Albizu Campos, no hay esclavitud personal ni nacional; se encausa la mentalidad de la isla por senderos de libertad y responsabilidad, sorprendiendo a la humanidad entera. Aquí, con Ramón Emeterio Betances, empezamos a ser libres, dueñes de nosotres mismes con felicidad suprema. Aquí, con Mariana Bracetti, bordamos banderas de libertad.

Una última foto al terminar el concierto. Millares de hermanes salimos transmutades por el mágico areyto. Nos miramos con ojos de mar. Nos amamos.

 

La autora es  escritora, cineasta, artista y educadora puertorriqueña graduada de la Universidad de Puerto Rico-Río Piedras con bachillerato en Estudios Latinoamericanos y de Harvard University con maestría y doctorado en Lenguas y Literaturas Romances. Imparte clases de cine y estudios culturales latinoamericanos en la Universidad West Chester de Pensilvania. Su libro Violencia invisible: Narrativas de la exclusión en América Latina (2025) aborda cómo la cultura latinoamericana responde ante sistemas de exclusión violentos. Iliana dirigió el cortometraje “Mulberry Tree” (Árbol de moras, 2025), sobre justicia disca y ambiental, que ganó Mejor Cortometraje Experimental Dirigido por una Mujer en Brasil.

 

 

Los fragmentos compartidos de un boricua

 

Especial para En Rojo

 

Exposición colectiva en Río Piedras transmite la esencia de comunidad puertorriqueña inspirándose en El Boricua

El pasado jueves 4 de septiembre, La Lineal Art Gallery en Río Piedras abrió sus puertas para presentar la exposición colectiva Fragmentos del aquí, un proyecto que toma como punto de partida un espacio de la vida del riopiedrense, la barra, El Boricua.

La colección, curada por la directora de la galería, Keira Hernández Ramos, estaba compuesta de 21 piezas de diferentes artistas que utilizaron diversas técnicas para crear representaciones del mismo espacio: la barra y el espacio de comunidad El Boricua, localizado en la Calle Saldaña de Río Piedras.

El espectador se topa primeramente con La Triada, instalación de tres piezas, cosidas con algodón y compuestas de papel rescatado, fotografías y alambre. La obra de Marsi Caraballo fue inspirada en tres generaciones de estudiantes de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y dividida por distancias iguales, pareciendo sincrónicas a la distancia, pero asincrónicas a la cercanía. Estas distinciones recalcan la diversidad generacional.

Casi replicando un proyecto arquitectónico, El Boricua de Rafosho se desconecta de las demás piezas que optan por la resistencia de un ambiente con pasado aculturado. Esta pieza, una impresión digital, parece alimentada del modernismo ajeno y plano que lleva intentando invadir y suavizar la cultura.

 

La obra Connections pinned, de la artista Christine Schröder, resalta por su forma de cabeza de maniquí. Esta cabeza humana estaba cubierta con césped falso con líneas arregladas como las de un “zen garden”. Con alfileres rojos que están enterrados en la cara forman la estrella de la República riopiedrense.

 

El espectador pasa de ver el semblante verde del riopiedrense que carga la estrella en la piel a ocho dibujos en monocromo. Dibujos en vivo en El Boricua de William Bass Morales capturan momentos innatos de personas interactuando entre el sondeo y la comunidad que ofrece El Boricua. Utilizando grafito sobre papel, Bass captura momentos naturales y compartidos. Ir al Bori y luego ver estos dibujos hace sentir como si cada captura de momento fuera tanto del artista como tuya.

Según Omar Cruz Colón, codueño de El Boricua desde 2004, la noche de la exposición fue “como estar en familia”, recalcando el ambiente cotidiano del evento.  Colón confirma que el ambiente actual de su barra es vivo y lleno de diversidad demográfica. Su trayectoria, marcada por su desarrollo en la industria del cine, le permitió, junto a su hermano, levantar el capital inicial para comprar el espacio que ahora es un epicentro para los boricuas.

Actualmente, entre Colón y otros negocios, como La Lineal Art Gallery, impulsan el proyecto El Boricua por las artes y la cultura, que “da más herramientas para poder seguir desarrollando el sector privado y poder seguir con proyectos de desarrollo cultural aquí en PR y también exportarlos fuera de PR, llevar nuestra cultura fuera de la isla”.

“Desde nuestra trinchera seguimos haciendo el mismo trabajo de siempre: sostener y compartir la cultura puertorriqueña”, afirmó Colón.

La exposición Fragmentos del aquí logra abrazar tanto los tonos, sondeos y movimientos de un espacio, como la carga simbólica de la diversidad puertorriqueña en comunidad. El Bori no se representó como una simple barra, sino como encarnación de generaciones de cultura. La exposición se ve nutrida por las mismas ondas de calor y ritmos pleneros, enfrascando memorias de habladurías y bailoteos en comunidad.

El copropietario de El Boricua terminó la entrevista agradeciendo a todas las personas involucradas en el desarrollo de la exposición, a los artistas y a los que ayudan a mantener el Bori en funcionamiento. Declarando al final: “De aquí no nos vamos”.

Lo conocido nos sorprende: Downton Abbey, Clemente, Elsa & Fred

 

 

En Rojo

Aproveché una corta estadía en Río Piedras para ver tres de las ofertas de cine del Fine Arts del Banco Popular con acceso fácil a través del tren, ese que no logra definir su uso en una zona muy limitada del área Metro. Downton Abbey: The Grand Finale se basa en la muy popular serie que duró del 2010 al 2015 con dos continuaciones fílmicas: Downton Abbey en 2019 y Downton Abbey: A New Era en 2022. Como todavía el público reclama otra extensión, llegamos a “The Grand Finale”. Clemente es otra mirada a una de las figuras gigantescas del béisbol a quien conocemos por múltiples otros documentales, programas televisivos y exhibiciones, pero aquí la mirada es otra. Elsa & Fred (2005), filme dirigido por Marcos Carnevale ha sido el filme que ha permanecido en cartelera por + tiempo en Puerto Rico y ahora vemos un hermosísimo montaje teatral adaptado a nuestra realidad.

Downton Abbey: The Grand Finale

Director: Simon Curtis; guionista y autor: Julian Fellowes; cinematógrafo: Ben Smithard; elenco: Hugh Bonneville, Michelle Dockery, Laura Carmichael, Elizabeth McGovern, Allen Leech, Penelope Wilton, Harry Haddon-Paton, Douglas Reith, Jim Carter, Paul Copley, Brendan Coyle, Kevin Doyle, Joanne Froggatt, Robert James-Collier, Phyllis Logan, Lesley Nicol, Sophie McShera, Dominic West, Paul Giamatti, Arty Froushan, Alessandro Nivola, Joely Richardson.

Sin duda, este, como los otros, “Downton Abbey” están hechos para sus seguidores y les prometo que, si empiezan a ver la serie que duró 5 años, se volverán seguidores de las historias personales de la familia Crawley, tanto su familia inmediata como la servidumbre que los acompaña durante sus crisis, logros y cambios. Los años pasan muy lentamente y eso permite que haya un excelente desarrollo de personajes. Hay legalidades de herencia (Robert tiene 3 hijas que no pueden heredar sus propiedades), celos y resentimientos entre hermanas, suspicacia porque Robert está casado con una estadounidense. Cada sirviente dentro de su jerarquía mide su lealtad y expresa su desagrado de diferente manera y cada vez que alguien nuevo se integra al clan familiar, surgen fricciones. Se retrata la sociedad del momento con sus prejuicios de clase, pertenencia de tierras, restricciones en los comportamientos de las mujeres, leyes de ‘moralidad’. En el “Grand Finale” (donde han podido reunir a casi todxs lxs integrantes del reparto y añadir a otros), la fecha es 1930 y tienen que lidiar con la pérdida del dinero familiar que los obliga a considerar la venta de sus propiedades y pasar el batón a una nueva generación. En el plano personal, Lady Mary tendrá que superar un escándalo (así determinado por la moralidad social impuesta) para ocupar el lugar que siempre le ha correspondido. Si no son ya seguidores de ”Downton Abbey”, les recomiendo comenzar con la serie y seguir el orden trazado de los filmes. Pero, también pueden adentrarse a este mundo, comenzando con el final que nunca es cerrado.

 

Clemente

Director: David Altrogge; guionistas: David Altrogge y Elise Andert; cinematógrafo: Michael J. Hartnett; productores: LeBron James y Richard Linklater; elenco: Steve Blass, Bob Costas, Michael Keaton, Francisco Lindor, Yadier Molina, Manny Sanguillén, Tom Morello, Rita Moreno, Vera Clemente, Roberto Clemente, Jr., Luis Clemente Zabala.

Puede que otrxs atletas tengan el mismo o + reconocimiento, pero para nosotrxs y lxs fanáticxs del béisbol, Roberto Clemente es una leyenda, un hombre que se destacó en un deporte reservado para “real Americans” (blancos no latinos, no judíos y no negros). No importa si nos referimos a la época en que Clemente es reclutado para las Grandes Ligas y todos los años que dio su máximo al equipo y la ciudad donde vivió su vida + productiva (1954-1972). Hay un sinnúmero de videos sobre Clemente y tanto en Pittsburgh como en Puerto Rico se le conmemora cada 15 de septiembre. PBS, bajo su programa de “American Experience”, tiene en sus archivos Roberto Clemente dirigido por Bernardo Ruiz que pueden acceder en su página. Entonces ¿qué aporta este nuevo documental, aparte de tener como productores ejecutivos a la estrella de baloncesto LeBron James y al cineasta de pulso realista Richard Linklater? Pues un impresionante pietaje, entrevistas de personas muy diferentes que lo conocieron o admiraron, el enfoque en su vida en Puerto Rico antes de trasladarse a EEUU y poner sus logros profesionales y personales frente a una realidad de racismo y prejuicio. El verlo enfrentar la agresividad de los comentaristas deportivos, el no permitir que nadie lo ninguneara, aunque sabía que estaba en un ambiente racista donde ser latino y negro serían impedimentos para avanzar en su carrera. Pero Clemente persiste y logra el respeto de sus compañeros jugadores y los fanáticos de Pittsburgh. Por supuesto, para nosotrxs la parte + dolorosa de su vida es ese 31 de diciembre de 1972 que pone fin a este ser humano que todavía tenía tanto que aportar como atleta, padre y marido, modelo para generaciones futuras.

Elsa y Fred

Directores: Marcos Carnevale y Kisha Tikina Burgos; guionista Marcos Carnevale; adaptación: Jacobo Morales; elenco: Johanna Rosaly, Jacobo Morales, Israel Lugo, Kisha Tikina Burgos, Carlos Esteban Fonseca, Alfredo de Quesada, Alfonsina Molinari.

¡Qué privilegio poder asistir a una función teatral en una sala de cine para confundir ambas puestas en escena! Cuando vi la versión fílmica de Marcos Carnevale en 2005 de Elsa y Fred, quedé fascinada con la actuación de China Zorrilla a quien tanto había admirado en Darse cuenta (1984) y Esperando la carroza (1985). Ahora, en este escenario de cortinas rojas, apenas poblado por utilería y con una apertura de violín visualizado con escenas de Anita Ekberg en la Fontana di Trevi, se presentan dos familias en dos apartamentos separados por puertas invisibles: Alfredo con su hija y yerno en uno y Elsa con su hijo en otro. Pero antes de poblar el escenario, el público recibe la bienvenida de su creador y codirector, Marcos Carnevale, cuya presencia une la versión fílmica de 2005 y su presencia en este escenario. ¡Qué comienzo!

La trama—que ya todxs conocemos—se puede resumir en el encuentro de dos viejxs/súper adultxs que ven la vida de manera diferente y, por lo tanto, sus conversaciones y encuentros parecen ser diametralmente opuestos. Elsa no se conforma con un no y, por eso, ejerce presión en todxs (Fred, su hijo, su x marido) para que el camino a seguir sea el de hacer sus sueños realidad. A Fred le atrae la energía de Elsa, pero se le hace difícil romper los patrones habituales de su vida. Poco a poco se convencen de que el cambio es lo mejor que les puede pasar en esta etapa de sus vidas.

La adaptación que hace Jacobo a la realidad nuestra es excepcional tanto en lenguaje como en situaciones que afectan el diario vivir de las dos familias. Ambos personajes—con excelentes actuaciones de Johanna y Jacobo y un reparto que mantiene el diálogo en continuo flujo—montan cada escena sin olvidar la realidad de los años y el sueño de revivir esa pasión de La dolce vita. Gracias a todxs los responsables de esta puesta en escena que brilla en la pantalla de una sala de cine.

 

 

Javier Santiago, baluarte de la cultura boricua

 

 

Hoy honramos a Javier Santiago, un investigador y periodista cuya pasión por la cultura puertorriqueña dejó huellas imborrables. Su vida fue un viaje de descubrimiento, conservación, un abrazo a las raíces y un canto a la identidad.

Su dedicación por preservar la historia de la música popular y las tradiciones, en un mundo que a menudo olvida, fue un acto de amor profundo hacia su tierra y su gente.

Con valentía enfrentó desafíos, luchando por la visibilidad y el reconocimiento de la rica herencia puertorriqueña.

Hoy, debemos asumir la fuerza de su legado. La cultura que defendió sigue viva, palpitante.

Recogemos algunas de las declaraciones que se han hecho en las redes, sobre el significado y la importancia de Javier Santiago para Puerto Rico y el mundo cultural.

¡Hasta siempre, compañero!

 

Hemos perdido un verdadero titán, que se entregó en cuerpo y alma a rescatar y difundir todo lo nuestro con la Fundación Nacional para la Cultura Popular. Recuerdo una vez que me llegó a hablar de lo difícil que era sostener la Fundación y su espacio en el Viejo San Juan, con todas las trabas administrativas y del gobierno, mantenerlo a flote económicamente y todo el sacrificio que le requería. Que incluso, en ese momento, había considerado si seguía con el proyecto. Pero no se quitó, con empeño y entrega absoluta se mantuvo, batallando siempre. Fue, y sigue siendo, un ejemplo.

Gracias Javier, por nunca quitarte.
Ricardo Alcaraz, fotógrafo

 

Hasta la música, Javier

Javier Santiago ha fallecido, su vida la dedicó a vivir como periodista de investigaciones y divulgación del mundo de la cultura popular.

Desde joven fue eterno entusiasta del mundo musical de su patria, Puerto Rico, fue un cronista entregado en cuerpo y alma a la vida de los artistas, cantantes, músicos, poetas, directores y actores que fue descubriendo desde niño y adolescente. Con su narrativa de periodista del arte popular, de la masa, del pueblo amante de sus ídolos, Javier sacó a muchos del anonimato y los trajo a la primera plana en revistas y periódicos de renombre nacional, pero también, en los de menos prestigio periodístico.

Su narrativa, sencilla pero llena de aciertos, fue calando hondo en una población que estaba y está todavía, ávida, deseosa de identificarse con los ídolos del momento. Javier Santiago los describió a su estilo y los criticó, con deseos de mostrar a sus artistas tal como ellos son, con defectos y virtudes, pero llenos de la gracia que Javier admiraba en todos ellos, el talento innato de la clase artística puertorriqueña, a la que jamás abandonó, socorriendo a sus ídolos en los mementos del final de la fama o cuando el olvido los marcó de soledad, ahí aparecía Javier Santiago a devolverles la fe y crearles un ambiente para que volvieran a sentir que siempre habrá alguien, como Javier que los mantenía en la memoria colectiva del pueblo. Le preparaba una velada musical, una nueva entrevista, para darle aplausos de bienvenida al artista olvidado por su público, pero reinventado por Javier.

Prohibido olvidar a Javier Santiago y su legado de amor por la clase artista de Puerto Rico, prohibido olvidar la Fundación Nacional para la Cultura Popular, no dejemos que Javier Santiago, el cronista más leal del arte popular de los artistas nacionales, se quede en el olvido, prohibido olvidar a Javier, el del balcón que canta en el viejo San Juan, prohibido olvidar a Javier Santiago, el protector, el cronista más inquieto y entregado a los artistas de la patria puertorriqueña.

Danny Rivera, cantante

 

Tu fuiste Javier Santiago
un ser tan excepcional
que hoy por tu obra cabal
se queda corto el halago
jamás exigiste un pago
defendiendo esta nación,
fundaste una institución
digna de nuestra cultura
y ante tu muerte tan dura
se nos rompe el corazón

Con profundo pesar y tristeza hemos recibido la noticia de la trascendencia de nuestro querido amigo y hermano, Javier Santiago; un incansable y apasionado defensor del arte y la cultura en Puerto Rico.

Javier dedicó su vida con desprendimiento y entrega absoluta a preservar el legado histórico de los obreros del arte de todos los géneros y expresiones artísticas. Con su compromiso abrió espacio de oportunidad donde pudieron desarrollar talleres y ganar la visibilidad que muchos merecen.

Como periodista y fundador de la Fundación Nacional para la Cultura Popular de Puerto Rico, Javier dejó una huella imborrable en nuestra comunidad entre el pasado y el presente cultural de nuestra isla.

Descansa en paz, Javier Santiago. Tu legado y tu espíritu seguirán inspirándonos por siempre.

Hasta siempre.
Eduardo Villanueva y Yezenia Cruz
cantautores