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Crece cifra de muertos y heridos en Gaza por ataques de Israel

 Decenas de palestinos, incluidos niños y mujeres, murieron o resultaron heridos en las últimas horas como resultado de los ataques de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) contra la Franja de Gaza, reportaron hoy fuentes oficiales.

 La Sociedad de la Media Luna Roja Palestina anunció cuatro decesos esta madrugada tras un bombardeo contra un apartamento en el barrio de Al-Tuffah, ubicado en la norteña ciudad de Gaza.

Los equipos médicos y de defensa civil también recuperaron seis cadáveres, entre ellos los de una niña y tres mujeres, luego de un incidente similar en la calle Yarmouk, en la misma urbe.

La agencia oficial de noticias Wafa destacó que siete fallecieron en una incursión de la aviación israelí contra el campamento de refugiados de Maghazi y cuatro más en la ciudad de Khan Yunis.

Por su parte, la artillería disparó en reiteradas ocasiones contra Khan Yunis y la vecina ciudad de Deir al-Balah, blanco en los últimos días de una ofensiva terrestre lanzada por las FDI, que forzó el desplazamiento de cientos de miles de palestinos.

Mientras, la televisora Al Jazeera reportó violentos enfrentamientos entre los soldados y milicianos palestinos en Deir al-Balah y en el barrio de al-Zaytoun, en Gaza.

En días recientes el Ejército israelí sufrió bajas en ambos ejes, precisó el canal noticioso qatarí.

Tanto las Brigadas Al Qassan, brazo armado de Hamas, como las Brigadas Abu Ali Mustafá, del Frente Popular para la Liberación de Palestina, publicaron imágenes y videos en las últimas horas de emboscadas a los uniformados en el enclave costero.

Según datos oficiales, más de 42 mil palestinos murieron en la Franja desde el inicio de la nueva ola de violencia, en octubre del pasado año, en tanto otros 92 mil resultaron heridos.

Reproducido de www.pagina12.com

El Consejo Ecuménico de Iglesias

En todo el mundo, la ONU y organismos internacionales intentan establecer relaciones de diálogo y cooperación entre los pueblos, mientras grandes potencias quieren sacar más provecho de la venta de armas y de la guerra, preferentemente contra pueblos pobres de África y Asia. Apoyan dictaduras asesinas y corruptas siempre que estén aliadas con el imperio norteamericano, mientras invocan defensa de la democracia y derechos humanos, cuando se trata de gobiernos que no aceptan el servilismo a los intereses estadounidenses, como es el caso de Cuba y Venezuela.

Recientemente, el Papa Francisco ha propuesto à las Iglesias, pero también al mundo, un caminar juntos, que, en la tradición eclesial, se llama sinodalidad. Hasta ahora, esa propuesta ha encontrado muchas dificultades para arraigar en una institución que todavía tiende a considerar la jerarquía y el poder como elementos sagrados e irrenunciables. A muchos obispos y sacerdotes les cuesta entender que la sinodalidad no niega ni entra en conflicto con los ministerios, pero supone que se renuncie à la jerarquía como poder sagrado.

Como siempre aprendemos unos de otros, es bueno recordar que hace 76 años, el 23 de agosto de 1948, se creó el Consejo Mundial de Iglesias, con sede en Ginebra (Suiza). El Consejo es una comunidad de Iglesias cristianas que caminan juntas en diálogo y cooperación al servicio de la Justicia y la Paz en el mundo, así como del cuidado de la Tierra y la naturaleza. El CMI agrupa actualmente a más de 340 iglesias y diversas organizaciones ecuménicas cristianas, presentes en más de 120 países. Participan numerosas iglesias ortodoxas, anglicanas, bautistas, luteranas, metodistas, calvinistas y otras. Aunque la Iglesia Católica no forma parte de esta organización, mantiene un diálogo permanente y participa en diversas comisiones y órganos vinculados al Consejo Mundial de Iglesias.

En décadas pasadas, hubo asambleas ecuménicas que parecían avanzar en dirección a un Concilio o Sínodo de las diversas Iglesias que acordan caminar juntas. Hoy, hay propuestas para un Foro Cristiano Mundial, cuyo objetivo no es uniformidad institucional, sino la unidad en la diversidad y a través del servicio à la humanidad.

En estos días, el movimiento ecuménico ha visto partir para Dios a un gran trabajador por la unidad, el pastor valdense italiano Paolo Ricca. El insistía que ya no podemos vivir en una cultura, en la que preguntas a alguien de qué religión eres y la persona te responde: católico o protestante. Católico o protestante es la forma de ser cristiano. Católica o evangélica es la Iglesia à la cual alguien pertenece, pero la religión es el cristianismo.

Paolo Ricca nos enseñó que si seguimos siendo sólo cristianos confesionales, seremos cristianos a medias. Jesús nos llama a ir más allá de la identidad confesional y superar la autosuficiencia de cada Iglesia para vivir el testimonio de la unidad. Jesús nos enseñó que Dios siempre nos habla a través de los demás.

En las recientes sesiones sinodales en el Vaticano, diversas personas tienen acentuado la importancia del diálogo espiritual como camino permanente de la Iglesia cristiana. Por eso debemos abrirnos cada vez más a la ecumenicidad de la fe y al pluralismo de las culturas y religiones para construir la fraternidad que es la comunidad de la Vida en el planeta Tierra.

 

Poesía

La magia de así

 Más solo que solo,

con cuatro tragos dados

y el Niño de Linares

cantándome 50 Años Después,

hablando conmigo mismo

como frente a un espejo

y preguntándome

– Viejo puñetero, ¿qué

te hizo vivir sin ilusiones?

 

Ocaso

Decir viejo es decir poca cosa.

Además, en cierto modo,

me enorgullece ser viejo.

Decir más es reconocer

la torpeza de las manos,

la inhabilidad de las piernas

para mantener mi cuerpo en equilibrio

y un dolor punzante en los glúteos

que llega a los extremos

de ocasionalmente impedirme caminar.

Decir adiós es una fecha

cada vez más próxima.

Y, por si acaso, no creo en Dios.

 

Sin ripios

En el traspatio de la casa

de unos de ellos, dos galleros

viejos conversan sobre

sus afanes y sobre sus miserias.

Ya presienten el final, pero todavía

hacen uno que otro gesto.

Hablan de gallos

y se cuentan peleas

con el mismo manido

repertorio de todas las ofrendas.

Uno, exalta la casta de sus gallos.

El otro, ya no exalta nada.

 

Degustación al filo de una pesadilla

Claro que el dulce de batata es bueno;

lo que no es bueno

son las muchas batatas políticas

que el gobierno de turno siembra

en la administración pública del país

cada cuatro años.

 

La fiesta del comején

Mi mujer, algo ansiosa y descompuesta,

me deja saber sobre la existencia

de comején en la biblioteca

de nuestro hogar.

Advierte que espera que yo

atienda rápido a el problema.

Entre días, vuelve sobre el asunto

y así durante meses

urde un rosario de requerimientos

que llegan a abrumarme.

Viendo que no hago nada

se dispone a sacar libros y discos

de los estantes.

Descubre que el comején

ha dañado o se ha comido

colecciones de discos originales

que durante muchos años

guardamos como si fueran un tesoro.

Me pregunta, aún más ansiosa que antes,

que haremos ahora.

Le indico que sólo resta botar

todo aquello que ya no sirva.

Después de todo, a mis 67 años,

las pérdidas no son causa

de fuertes emociones.

 

Dios no sabe

Dios no sabe que yo también fui un ángel

hasta que se me estilló el cristal

y me quedé atrapado entre fragmentos

de vidrio cortantes que Dios tampoco sabe.

Dios no sabe lo tormentoso que es vivir

en una colonia a las alturas del siglo XXI

con sus personeros típicos meciéndonos

al son de un discurso maliciosamente en babia.

(A los personeros, no los menciono

porque no valen la pena)

Dios no sabe lo que es la fibromialgia

y las noches sin gota de descanso

que pasa mi esposa sin otra esperanza

que seguir empeorando.

Dios no sabe que hoy a las 6:00 de la mañana

le he pasado suave y tiernamente

la mano por su cabellera

y me ha dicho que no la toque

porque le duele hasta el pelo.

Dios no sabe y si lo sabe

es un gran indiferente,

un cómplice impiadoso y engreído,

un truhán que se complace

acariciándose las bolas.

salvador villanueva

Beirut: con el genocidio en los talones Terrorismo sónico

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Por Iñaki Estívaliz
Especial para En Rojo

Beirut, 20 ago.- Israel ha incrementado las últimas semanas los vuelos supersónicos sobre Beirut. Los cazas del Ejército sionista, violando impunemente el espacio aéreo libanés, se acercan hasta la capital, descienden hasta una altitud insánamente cercana a la tierra y, cuando llegan a la ciudad, rompen deliberadamente la barrera del sonido causando un aterrador estruendo de fin del mundo que hace vibrar cristales y puertas.

El gobierno libanés anunció este lunes que ha presentado una queja ante el Consejo de Seguridad de la ONU contra estos vuelos que «aterrorizan a todos los civiles».

«En la queja, el Líbano condena estas transgresiones que constituyen una flagrante violación de la soberanía del Líbano y de su espacio aéreo, y de la resolución 1701 del Consejo de Seguridad», que puso fin a la guerra de 2006, indicó en un comunicado el Ministerio de Exteriores libanés.

En la comunicación del Ministerio se añade que estos vuelos «también violan varias disposiciones de la ley humanitaria internacional, que prohíbe cualquier forma de castigo colectivo, y la intimidación moral que practica Israel aterrorizando a todos los civiles y desatando el pánico entre ellos», especialmente “los más vulnerables” como los niños.

Estos vuelos de guerra sicológica eran usuales en la región sur del Líbano desde que el pasado octubre Israel comenzó sus agresiones contra el grupo chií libanés Hezbolá, pero desde las últimas semanas se están produciendo también sobre Beirut y cada vez más frecuentemente.

Unos adolescentes pasando el tiempo entre risas en una de las arterias comerciales de la ciudad, la calle Hamra, aseguran que están deseando ser reclutados para luchar “sin miedo” al “invasor sionista”.

Muchos transeúntes rechazan hacer comentarios, la mayoría con una sonrisa, algunos, con enfado.

Ibrahim, tomándose un café en una terraza, desdeña la situación actual afirmando que “la guerra ahora es más mediática que real”, y que han pasado por situaciones “mucho más malas, horribles”, en los últimos años.

Tras haber sido largamente el principal centro financiero y turístico del Medio Oriente, el Líbano no ha levantado cabeza desde la guerra civil que destruyó el país entre 1975 y 1990.

Luego ha pasado por una sucesión sin descanso de crisis económicas y sociales internas y diferentes conflictos con Israel y Siria.

El pasado lejano y reciente del Líbano ha cincelado el aspecto urbano de Beirut, donde sorprende la mezcla de grandes hoteles y edificios de apartamentos de súper lujo con inmuebles abandonados, monumentos y hasta palmeras acribillados por impactos de proyectiles.

Las calles son un hervidero de gente a lo suyo, de tiendas donde trabaja una persona y sus amigos fuman hooka en la acera.

Los contrastes en Beirut no dejan de sorprender ya que, por ejemplo, siendo un país mayoritariamente musulman, se vende alcohol en licorerías, restaurantes y bares por todas partes y las mujeres conducen todo tipo de vehículos, fuman, miran a los ojos, mantienen la mirada y sonríen.

Probablemente, Beirut sea uno de los lugares donde se conduce más descontroladamente, sin embargo, los conductores no se gritan ni hacen aspavientos. Si suenan mucho las bocinas, son los taxis ilegales tratando de llamar la atención de potenciales clientes. Los motoristas piden paso guiñando un ojo.

Muy pocos semáforos funcionan y se supone que solo hay suministro eléctrico seis horas al día, pero tras 50 años de tragedias compartidas, la sociedad ha aprendido a no depender del Gobierno, descabezado desde 2022.

Por su puesto, los hoteles y negocios tienen sus propios generadores, pero también muchos edificios de apartamentos.

Paseando por la calle se ven a cada pocos metros camiones cisterna de gasoil descargando. Los camiones grandes suministran a los hoteles y edificios altos. Pero hay camiones de todos los tamaños para atender los pequeños negocios subidos a las aceras, y se ven algunos construidos a mano con chapas de metal soldadas.

Desde la última crisis energética de 2019, el país depende de préstamos de petróleo de Qatar e Irak y, desde la próxima semana, de Algeria, según se anunció el domingo.

Así que los cortes afectan más que nada a los más pobres y al Gobierno. El pasado fin de semana se quedaron sin electricidad el aeropuerto y las prisiones. En el Ministerio de Información, donde se acredita a los periodistas, no funcionan los elevadores y se atraviesan pasillos y se suben y bajan escaleras en la oscuridad.

En Beirut no se ven policías y prácticamente no existe la delincuencia común. Sí se ven soldados apostados junto a tanquetas y barricadas urbanas en puntos estratégicos.

En el Centro de Libertad de Prensa de Beirut me han prestado un chaleco antibalas de esos que pone PRESS, por si quiero viajar al sur, donde está la frontera con Israel.

Estados Unidos y Australia han pedido a sus ciudadanos que se monten en el primer vuelo que puedan para abandonar Beirut antes de que una escalada de la violencia sionista colapse el aeropuerto, la única vía para salir del país, ya que los ferries a Chipre dejaron de funcionar hace tiempo y los países fronterizos son los prohibidos Siria e Israel.

A mí me maravillan los cedros que crecen entre los edificios por todo Beirut. Un cedro es el símbolo que aparece en la bandera del país. He visto trinitarias tan altas como cipreses adornando vestigios fenicios, griegos, romanos y otomanos.

Hay un McDonald’s y un KFC frente a la Universidad Americana.

Veo un pueblo de comerciantes milenarios acogedores, que no te engañan demasiado a pesar de la confusión con la doble moneda dólar-libra libanesa, y que si no tienen lo que estás buscando llaman por teléfono a un amigo y te lo traen.

El genocídio sionista continúa sin descanso en Palestina mientras se desarrollan supuestas conversaciones de paz en El Cairo que suenan más a tambores de guerra que a trompetas de alabanza.

En la frontera sur libanesa no hay día sin intercambio de agresiones entre Hezbolá y los sionistas y en cualquier momento la muerte puede llegar a Beirut, donde la gente vive sin miedo, disfrutando de la amistad, los cafés y la comida mediterranea callejera.

 

Iñaki Estívaliz

Retrato de la abuela

Ahí en la terraza que cuidaba con esmero, tijera en mano, señalaba las pelotitas verde y blanco del mejor abono en sacos cercanos. Mi abuela vertía una suerte de avidez rabiosa en las matas, que respondían a su empeño floreciendo todo el año, inclinadas las trinitarias hacia el borde de la baranda del balcón, las bromelias y las isabel segunda más calladas, las orquídeas, sus “agradecidas”, siempre despiertas. Yo la miraba embelesada en medio del calor que a esas alturas de un piso 14 no amainaba. El papel toalla doblado en la nuca para agarrar un sudor terco, los brazos de fuerza preternatural, el timbre de voz que anunciaba el “ah, mira, le ha dado queresa”, labios retirados en corcovo, la consonante sibilante que golpeaba contra dientes: ahí, con mi abuela, una temprana alegría.

De lo que me contaba de su año y medio en la universidad se me antoja rellenar la imagen quieta con la fuerza de su andar. Un día de abril habría hecho caminata por las veredas de sus queridos dogwoods; poco después de que empezara a caer la última nieve de la temporada se habría apurado hacia el comedor del Main House, sacudiéndose la escarcha de los penny loafers y colgando su abrigo de Best & Co. frente a la mesa que ya tenía mantel y cubiertos puestos. Hasta aquí el retrato de la nena bien de Ponce que hacía su grand tour de rigor en esta finishing school del noreste americano, gracias a la cual asistiría a dos o tres bailes donde conocería a un nene bien de San Juan que sacaba sus gentleman C’s y remaba en el Charles en un college un poco más al noreste. Hasta aquí, porque ese 7 de diciembre se cae el mundo y nos tiran a los leones y hay que traerse a la nena de vuelta antes de que los U-boats alemanes le bloqueen el paso, o peor.

Hasta aquí también porque mi abuela nunca encajó bien en el marco de ese retrato. Había llegado a Vassar en barco, febril y pronta a una cuarentena por varicela que terminó antes de que el control aun más febril de la madre se relajara un poco y le permitiera pasar lo que acabó siendo la única estación de libertad que tuvo en sus 95 años.

En ese año y medio rompió con las expectativas para ponerse a estudiar ciencias botánicas. Las plantas eran lo suyo: su idioma lo conocía casi de raíz y, ante todo, en la rabia del cortar rama para salvar tronco. El regreso forzoso a la isla no pareció coartarle los planes al principio, pues se matriculó en la Poli de San Germán, pero el estudio perdió impulso cuando conoció a mi abuelo, figura desde ya imponente que acaparó el ser y estar de todo lo que le rodeaba por casi todo el resto de la vida de Marinín. Ella, la constante, la que cuidó naranjo y trinitaria sin pausa, y que me enseñó que los rasguños de espinas se aguantan, y que hay que plantarse duro frente a toda queresa.