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La democracia liberal asesinada por los liberales

 

 

 

En julio de 2024, el partido republicano de Estados Unidos puso en la fórmula presidencial como vicepresidente de Donald Trump al joven libertario J. D. Vance (las iniciales y el apellido falso se deben a su prehistoria de escritor de un best-seller barato, promovido por corporaciones conservadores). El joven se había convertido en senador por Ohio un año antes, bendecido y promovido por el poderoso lobby israelí AIPAC y por sus amigos multimillonarios de las corporaciones tecnológicas de Silicon Valley.

No por casualidad, el pensador que articula la retórica y ordena las ideas de Vance es el bloguero Curtis Yarvin, uno de los impulsores del Dark Enlightenment (Iluminismo Oscuro), según el cual las democracias son experimentos fallidos y la idea de igualdad es perversa. Es decir, variaciones de la psicopatología de la autora admirada por la derecha del siglo XX, Ayn Rand, quien afirmaba que el egoísmo es altruismo y la solidaridad un crimen.

Este nuevo movimiento libertario, ahora de forma más explícita, pregona una dictadura de las corporaciones tecnológicas, “basadas en el mérito” y el resto de los nadies (los nuevos negros) deben obedecer por su propio bien y prosperidad. ¿Vieron que los libertarios del Sur siempre están hablando de crecimiento y nunca les crece nada?

Básicamente se trata de eso: la eliminación de la libertad política de los iguales de abajo y la conveniente y universal libertad de los CEOs de arribade los elegidos, de los exitosos. Yarvin y la ola de influencers postcapitalistas sostienen que la democracia estadounidense debe ser destruida. Como todos vienen del sector de la tecnología, piensan con esos parámetros: es necesario apretar el botón de reset o cambiar el harware de una forma violenta, no solo el sofware.

Mi crítica ha sido la misma desde hace un cuarto de siglo: el problema no es la democracia, sino la farsa de democracia. La democracia ya ha sido destruida por los lobbies y las corporaciones que compran y venden elecciones desde hace siglos, desde la East India Company, fundada en 1600, desde los piratas privatizadores (privateers) hasta Microsoft y CrowdStrike. Como decía el gran manipulador de la propaganda Edward Bernays, mantener a la población en desconocimiento de cómo funciona el poder es la mejor forma de administrar una democracia.

En un mitin con J.D. Vance, poco después de que fuera promovido a candidato a la vicepresidencia, el senador del estado de Ohio, George Lang, dijo que, si Trump perdía las elecciones, sería “necesaria una guerra civil para salvar al país” El lado humorístico lo agregó cuando afirmó que ganarían la guerra si tenían a grupos de fanáticos como “Motociclistas por Trump” de su lado. Típica brabuconada (bravado) de borracho listo para ser noqueado por alguien más sobrio. Una metáfora geopolítica actual y los mismos argumentos de los esclavistas del Sur en el siglo XIX ante la “idea inmoral” de liberar a los esclavos, porque era un inaceptable ataque al sagrado derecho a la “propiedad privada”. Antes de ser mano de obra asalariada, los negros no descalzados eran propiedad privada.

Todo esto confirma lo que en el libro Moscas en la telaraña analizamos como la continuidad de dos elementos alternos en las estructuras de poder a lo largo de distintos periodos y sistemas sociales, lo que podía resumirse tomando como ejemplo la Edad Media: por un lado, los sistemas centralizados y, por el otro, los sistemas nobiliarios. En términos económicos, podemos verlo como monopolios y oligopolios.

Esto último se define en economía, desde Adam Smith, como “una competencia imperfecta” ―ya que Smith y los liberales del Iluminismo creían (o al menos profesaban) la idea de que la igualdad era algo bueno, algo muy anti feudal. Idea que ahora comienza a ser abandonada por los libertarios del Norte próspero, rico, poderoso y decadente que deslumbra a los colonizados del Sur, desde adolescentes votantes hasta presidentes que no superaron los traumas de la adolescencia.

La “competencia imperfecta” es la observación desde una visión utópica del liberalismo y de liberales como Adam Smith: la aceptación de la igualdad básica como virtud social y de la competencia que premia a los individuos por sus méritos, pero sin destruir esa igualdad inicial, sin privilegios, como ser nacer en un hogar rico o en un país imperial. Dogmas cristalizados por la ingenuidad del siglo XVIII.

Estas contradicciones nunca fueron resueltas por el liberalismo sino todo lo contrario: fueron progresivamente agravadas (debido a la naturaleza acumulativa de poder del capitalismo) lo que lleva, irónicamente, a su opuesto ideal: al autoritarismo.

Por este Modelo de progresión inversa analizado antes, el surgimiento y maduración de uno de los sistemas conduce a su propia caída y reemplazo por el opuesto a través de continuidades de poderes y privilegios. Por ejemplo, el feudalismo se continuó con el liberalismo (los poderosos señores feudales se convirtieron en señores capitalistas) y continuaron su tradición de exigir “libertad de acción” de sus comarcas amenazadas por el poder absoluto del rey en Europa o del gobierno Federal en Estados Unidos. En la Era Moderna, le exigieron al poder centralizado (“autoritario”) que no limitase su poder de acción económica (“libertad―de empresa”), al tiempo que le exigían a esos mismos gobiernos centrales la protección del poder represivo y colonial de sus ejércitos. De ahí el amor de los liberales posmodernos por la fuerza represiva de la fuerza militar de los gobiernos que prefieren llamar “protección de un individuo ante la agresión de otro(s) individuo(s)”.

Este sistema se llamó “democracias liberales”. Como en la antigua Atenas, los demócratas tenían esclavos y colonias dominadas por dictaduras y se presentaban a sí mismos (ante los esclavos y sus colonizados) como modelos de progreso, prosperidad y libertad. De hecho, como ya vimos antes, los esclavistas se justificaban en la prensa y en los congresos “democráticos” como los campeones del orden y la libertad. La libertad de la raza libre…

El extremo utópico de los filósofos iluministas por la igualdad es lo que imaginamos como democracia, algo que nunca se desarrolló completamente pero que encontró en la Era Moderna algunos ejemplos, como el de las democracias liberales con representantes en los congresos. Esto fue siempre limitado por el poder liberal, concentrado en la acumulación del capital del sistema capitalista.

Las ideas por las dictaduras corporativas de James Vance y de Curtis Yarvin, como las del Tea Party libertario, llegarán a las colonias. Para entonces no estará Milei en Argentina ni en otros países de América latina y los libertarios se trasformarán en partidarios abiertos de una dictadura de las (exitosas) corporaciones. Es decir, apoyarán ideas conocidas por la historia de aquellas comarcas, más que en Estados Unidos. Revindicarán nuevas dictaduras colonialistas que solucionen los problemas de las fallidas democracias.

La duda radica en si este proceso repetitivo no se degastará a si mismo. Sospecho que una ola inversa terminará por removerlos del poder y del discurso popular. Sospecho, deseo, que una nueva ola popular en los 30s o en los 40s termine con la dictadura de señores feudales y vasallos funcionales.

Reproducido de www.pagina12.com.ar

Venezuela no esta  sola

 

 

El presidente del Consejo Nacional Electoral venezolano confirmó este viernes el triunfo de Nicolás Maduro en las elecciones del pasado 28 de julio mientras el Tribunal Superior de Justicia investiga lo sucedido a pedido del presidente electo, y citó a los nueve candidatos participantes en los comicios, los que concurrieron, salvo Edmundo González.

Mientras se conocen más datos sobre el plan elaborado en Washington, que iba a desatar extrema violencia utilizando mercenarios como sucedió en la madrugada del pasado 29 que produjeron daños millonarios incendiando incluso a sedes del organismo Electoral.

Se denunció la intervención masiva externa contra las estructuras del organismo electoral. Esto era más que previsible repitiendo un escenario criminal, que dejó, en otros momentos muertos y heridos, ante la feroz campaña mediática con una sincronización extraordinaria alentada, asesorada y financiada por Estados Unidos y sus más cercanos asociados.

Esto como parte de un plan preparado, a sabiendas de que lo único que no podían ni pudieron hacer es  intervenir el sistema electoral venezolano, reconocido como uno de los más seguros en todo el mundo y  que dejó en herencia el ex presidente y líder Hugo Chávez Frías.

El líder venezolano se adelantó a lo que está sucediendo ahora cuando el poder hegemónico necesita como nunca controlar colonialmente a su insubordinado “patrio trasero” y uno de los objetivos es socavar las elecciones, impidiendo el triunfo de gobiernos populares y destruir asimismo la unidad en diversidad de América Latina y el Caribe, que decidió en su momento que la región sea un territorio de paz.

Esta unidad de América latina era un obstáculo para el plan geoestratégico de recolonización en la región que intenta hacernos regresar a 1823, con la doctrina Monroe, la de “América (del sur) para los americanos (del norte)” con que comenzó la expansión colonial imperial en el siglo XIX.

 No ha pasado tanto tiempo como para que hayamos olvidado lo que somos, países dependientes que nos merecemos  la independencia definitiva en este siglo, después del genocidio a que fuimos sometidos a lo largo del pasado, mediante las dictaduras impuestas por Estados Unidos para proteger sus intereses y dominarnos colonialmente.

La Constitución de la nueva República Bolivariana de Venezuela permitió un cambio profundo en ese país ya que permitía avanzar en soberanía, recuperar el derecho sobre sus recursos naturales, detener el saqueo y esencialmente recuperar y ampliar los derechos de las mayorías de una población, mayoritariamente empobrecida e invisibilizada, que salió desde las oscuridades del olvido parea convertirse en un pueblo empoderado.

Que Estados Unidos y sus satélites estén al frente de los sucesos violentos y reconozcan en estos días a la oposición como ganadora, sin ninguna razón, sin cifras, sin nada, no sorprende porque Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo y otros valiosos recursos y una posición territorial estratégica, pero además un gobierno insumiso a sus mandantes, que debiera orgullecer a los nuestros.

Que algunos gobiernos y políticos de nuestra región no sepan nada de lo que es el sistema electoral venezolano es muy grave y si lo sabían es más peligroso porque fueron cooptados por la feroz campaña mediática, saliendo a pedir “las actas” y violando la autodeterminación de los pueblos.

 El pasado 28 de julio a las 16 horas, sin terminar el proceso electoral la opositora María Corina Machado, intentó que los comicios se cerraran anticipadamente y salió a decir que la oposición había triunfado. En su empeño disparó una cifra inadmisible e inconcebible de un 70 por ciento a su favor, para demandar las actas y proclamar un fraude que nunca existió.

De acuerdo al sistema en un primer conteo, cuando los resultados aparecen con cifras que son irreversibles, el Consejo  Nacional Electoral  da a conocer el triunfador y tiene entre 48 o 72 horas y hasta 30 días para dar los resultados definitivos, que pueden ser auditados abiertamente.

Las actas se iban a mostrar en su momento como siempre se hizo y el plan fue adelantarse a dar resultados falsos exigiendo justamente “mostrar” las actas. En tanto, como lo informó el presidente Maduro, si se demoró en dar los primeros resultados fue porque hackearon el sistema varias veces hasta que los técnicos lograron ubicar desde donde llegaba el ataque. Esto está bajo investigación del Supremo Tribunal de Justicia.

Lo que no podemos ni debemos olvidar es la posición que tomaron, partidos o sectores políticos que fueron muchas veces ayudados por la generosidad y solidaridad de los gobiernos del Partido Socialista Unidos (PSUV)de Venezuela.

Son los mismos que hubiéramos querido ver salir al ruedo a reclamar por el genocidio contra el pueblo palestino, que Israel continúa agravando día por día. Nunca habíamos asistido a un genocidio televisado día por día, donde podemos ver la crueldad que significa bombardear escuelas, hospitales, edificios habitados por miles que quedaron bajo los escombros, también refugios de Naciones Unidas, destrucción de ambulancias e impedimentos para llegar la ayuda humanitarias, en forma urgente. Escuchar que el Congreso israelí justifica la tortura a los prisioneros palestinos, entre los que hay niños, mujeres, ancianos es una afrenta a las víctimas del holocausto.

Lo sorprendente es lo que está sucediendo en Argentina, cuyo retroceso nos lleva hacia el siglo XIX y estamos bajo una dictadura encubierta que cada día da un paso más, como hoy cuando el gobierno de Javier Milei envía un proyecto al Congreso para que las Fuerzas Armadas participen en seguridad interior, cuando su papel es cuidar la soberanía cada vez más lejana de nuestra patria.

Milei está entregando la patria y todos sabemos quiénes son los verdaderos gobernantes detrás del trono, que siembran pobreza, indigencia, desempleo, dolor e injusticia, y que son responsable de la represión, las amenazas la persecución política que aumentará con el plan del Ministerio de Seguridad Nacional que dispone un “patrullaje cibernético” una autorización para espiar a todos los ciudadanos, intervenir sus teléfonos, computadoras etc.. como sólo puede ocurrir en dictadura. También permite los allanamientos por sospechas.

Pasamos todos a ser sospechosos “enemigos internos”, y nadie dice nada sobre la guerra que nos están imponiendo, contrainsurgente de Baja Intensidad, híbrida como quieran llamarla, lo que termina en persecución política, en represión ilegal. Una guerra por distintos medios con el mismo objetivo criminal.

En medio de la tragedia que está viviendo el pueblo argentino, sucedió lo imprevisible. El Bloque de diputados nacionales de Unión por la Patria (Peronismo) dio a conocer un comunicado sosteniendo que es “imprescindible” que el régimen ( así lo dicen ) de Nicolás Maduro publique las actas de las elecciones en Venezuela instando a las Fuerzas de Seguridad a “actuar de acuerdo a los estándares del derecho internacional”.

Es buenos recordarles lo que sucedió en Brasil cuando ganó el presidente Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, en diciembre de 2022 cuando los violentos ultraderechistas del candidato a la reelección Jair Bolsonaro, comenzaron un violento ataque al Congreso, a la casa presidencial, a edificios gubernamentales para provocar un golpe de Estado. Si no hubieran actuado las fuerzas de seguridad, se hubiera incendiado ese país.

La pregunta es ¿por qué el gobierno de Venezuela, debe cruzarse de brazos cuando están incendiando el país, a sabiendas que ya habían descubierto el plan de producir un enorme apagón en varias zonas del país, para impedir las elecciones?

Son los mismos que en 2017 rociaron con gasolina a quienes consideraban “chavista” y los quemaron vivos y han intentado decenas de intento de golpes y hasta un plan de invasión militar de Estados Unidos, lo que dejó muerte y destrucción.

También es necesario recordar que Venezuela es víctima de un bloqueo feroz dese hace una década, y bajo una implacable guerra económica.

Por todas estas razones es incomprensible que el bloque de diputados peronistas, reclamaron “la reconstrucción del diálogo político y la plena vigencia del Estado de derecho”, lo que en realidad debían reclamarle al gobierno ultraderechista de Milei.

Si bien el peronismo no reconoció que hubo fraude en los recientes comicios del pasado domingo, los diputados afirmaron que “el Presidente Maduro “es el responsable de garantizar que el escrutinio sea transparente”, y exhibición de las actas ante veedores de las fuerzas políticas nacionales e internacionales, como paso indispensable para disipar cualquier cuestionamiento sobre el resultado de la elección”, algo que nunca se negó a hacer el mandatario  y está previsto en el sistema electoral venezolano

Al parecer no se enteraron de los contundentes informes de los veedores entre ellos el Partido de los Trabajadores de Brasil, y los argentinos chilenos y de otros países que comprobaron la corrección del Consejo Electoral y la ejecución del sistema electoral venezolano, como ya dijimos uno de los más seguros del mundo.

El único medio televisivo que tiene noticias verdaderas sobre lo que estamos viviendo aquí se ha prestado para silenciar la voz del gobierno de Nicolás Maduro, y curiosamente quedaron pegados a lo actuado por el ultraderechista Milei con respecto a Venezuela, “alineado” con Estados Unidos e Israel. Nunca estuvo en peligro la embajada argentina, ni los seis asilados todos ellos parte del golpismo en Venezuela.

Y si hubo algún peligro en embajadas fue lo sucedido aquí en Buenos Aires, cuando la sede diplomática de Venezuela a fue rodeada por un centenar de venezolanos residentes aquí a cuya cabeza estaba nada menos que la Ministra de Seguridad Patricia Bulrich y otros funcionarios con la decisión confirmada por la funcionaria de ingresar al lugar cuando se anunciara el triunfo opositor.

¿Con que derecho se puede reclamar cuando ni siquiera se ha cerrado el escrutinio y además sin conocer siquiera el sistema electoral venezolano? ¿Era necesario semejante comunicado, como el que envió también el partido Renovador, contra un país y un gobierno hermano? Es necesaria una reflexión y una disculpa ante esta intervención indebida, cuando hay tanto silencio ante la dictadura aquí que avanza, hora por hora.

 

Reproducido de www. cubadebate.cu

Será Otra Cosa-Dos vueltas de tuerca: afectos fantasmales

Especial para En Rojo

«siempre se escribe para un fantasma
para una cuenta pendiente y oculta
para un fantasma íntimo y secreto
su presencia hace a los poetas»

―Juana Bignozzi

Nunca me gustaron demasiado las historias de fantasmas, al menos eso me dije a mí misma durante años. No obstante, con el tiempo, me di cuenta de que formo parte de una larga tradición que, aunque no cae bajo el sedoso género gótico con sus tenebrosas mansiones y enigmáticos personajes, bien podrían ser historias de miedo: terror al apego, terror a la transparencia, terror al compromiso, la retahíla de hombres indisponibles emocionalmente que ahora observo sobre un estante como soldaditos de plomo en mi apartamento de soltera. No pretendo cosificarlos como hacen algunos con nosotras, ni escribo desde el desdén: simplemente enebro un relato fantasmal, embelleciendo y atenebrando el local, como la institutriz de Otra vuelta de tuerca de Henry James [1898].

Empujo la puerta de cristal y salgo del establecimiento. Me adentro al vaho callejero. Sé que lloverá y al rato, en efecto, llega la cola del huracán veraniego, Beryl, primero con inocentes gotas y luego con vehemencia y viento. En el auto me voy haciendo camino, acelerando lento y divagando entre los miles de carriles de la de Diego con las luces dilucidando tímidamente el asfalto. No hay muchos otros carros en la calle, ni faroles funcionales. Me siento la heroína al principio de una obra de misterio, atravesando la neblina a solas, abriéndome paso en la oscuridad con curiosidad, inocencia y brío.

Abro la puerta de madera de mi apartamento y ella cruje al son de la tormenta que incrementa a nuestro alrededor. Sonrío a mi gato. Por fin perdí el miedo a los fantasmas al percatarme de que me he rodeado de algunos, no sólo como heredera por la línea paterna de ciertos conceptos del Evangelio según los espíritus de Allan Kardek, sino también de amigos inestables, muchas veces fuera de sí: espectros que parecen estar a mi lado, conmigo en el plano físico, pero que al final pululan su propio mundo. Esas relaciones sexoafectivas, esos apegos desapegados e inestables conforman una historia fantasmal que cuento, a pedazos, esta noche lluviosa, no al calor del fuego, sino bajo la tenue de una lámpara anaranjada; no rodeada de un público a la historia de fantasmas de la mansión Bly, sino de ejemplares, testigos silentes de una historia perfectamente anodina que comparto con centenares de predecesoras.

Contrario a los fantasmas que logramos espantar con rezos, con el poder de la mente y con mantras, estos otros se espantan con deseos de compromiso y ternura. Ahuyentados, desaparecen como los seres que de vez en cuando invaden nuestros hogares para abrir y cerrar gavetas, dejar símbolos y alusiones de quienes eran en otra vida sin mostrarse de frente, evitando la comunicación directa. Al soltar los tacones en el zapatero me pregunto si alguna vez los demás me vieron hablando sola en público en lugar de verme hablar con mis exparejas, como aquella otra escena en Otra vuelta de tuerca, donde la niña Flora aparenta hablar con quien resulta ser, en apariencia, el fantasma de la señorita Jessel. Recuerdo y rebobino diferentes salidas y encuentros: ¿qué habrá sido tacto? ¿Qué habrá sido sueño?

Pienso en esta cita del filósofo español Paul B. Preciado: «No me gusta pensar en la valentía, sino en la vulnerabilidad. Yo creo que lo que me ha salvado la vida es estar siempre del lado de mi fragilidad». Escribe la poeta Luna Miguel en su obra Caliente que «la vulnerabilidad es una postura legítima desde la que militar y desde la que generar belleza y pensamiento». Según ella, Preciado «escribe filosofía para los débiles, pues a su parecer la vulnerabilidad es sinónimo de disidencia, y la disidencia, de libertad». Tras pasarme gran parte del año llorando tanto de tristeza como de alegría y, ahora, tentando entender la modernidad, los vínculos y dinámicas de la izquierda actual puertorriqueña, me aferro más que nunca a esas palabras que descubrí al volver a la isla. Mi vulnerabilidad es mi escudo; mi militancia va en parte anclada en la transparencia, en mis anhelos emocionales: mis deseos de cuidados que van más allá del título de «marido» y el más detestable posesivo «mujer». Más allá de salidas al cine, de pasadías playeros y bailes cada vez menos comunes, la evidencia y experiencia de formar equipo equitativo de sana seducción.

Me distraigo de la escritura. Volteo la mirada hacia las rociadas puertas de cristal del balcón. Inhalo y piso el miedo con el pie y lo acerco donde mí. Trago la palabra que busco y sigo escribiendo: dos de mis examantes me llamaron «compañera» justo antes de yo dejarlos, sabiendo que el significado se había desligado del significante. Ahora, despojar «compañera» de su naturaleza premonitoria de ruptura es un ejercicio diario. Cuando me presentan a un «compañero», «compañera», «compañere», me percato que pienso: «Qué lástima. Igual se dejan pronto». Quizás en esto soy mujer rudimentaria: aún confío en la liturgia de las palabras. Dejé yo misma de ser fantasma hace un tiempo atrás. Cuando paseo, muchas veces a sola, me volteo e intento dar con mi reflejo: confirmo que soy de carne y hueso.

A pesar de la herida, elijo creer. Lo admito: quisiera volver a despertar con huellas ajenas y conocidas a mi lado aún luego de cerrar el cuento fantasmal. Quisiera tener quien me reciba a diario, curioso, atento. Un compañero de arte, risa, acción y marasmo en plena época de genocidio, cambio climático, inteligencia artificial ecocida y teorías de conspiración. Con quien comentar debates políticos entre neofascistas y racistas seniles; para aullar ante el alza en precio de la luz, la comida, la ineptitud de seres estériles de criterio y bienestar para el puertorriqueño. Siento en mis adentros la mística de mi soledad que no es loneliness, sino una condición labrada, llevadera. Empero sigo deseando la compañía como agente activo que observa y anhela intimidades que suman a la amistad. Como caudal de río que fluye hasta cierto punto, pero que no le molestaría cruzarse con otro tipo de agua: el deseo de un estuario santurcino.

Me detengo ante las puertas de cristal del balcón que dan hacia la calle e imagino que emana agua, mojándome los pies. Mi gato chapotea por el agua imaginaria hacia donde mí también, a rozarme. Se va la luz y permanezco de pie, de espaldas a las puertas del balcón. Al principio de la historia, uno de los personajes de Henry James acoge el término que da nombre a la pieza y, parafraseando, dice que si un niño, el primero, en ver los fantasmas es una vuelta de tuerca, ¿qué serán dos?

Dos vueltas de tuerca, me repito. Camino sigilosa y calmada a la cocina en busca de la linterna. Por supuesto, no tiene batería. Las busco y las enrosco hasta asegurarlas. Regresa la luz para la sorpresa de todos ―el vecino salta en celebración―, interrumpiendo lo místico y misterioso de la escena.  Conversar con fantasmas está bien; la espera atenta a que se hagan de carne y hueso sin acción activa, sin alquimia, sin responsabilidad afectiva, no. Pero las historias fantasmales no son sólo miedo, pérdida, soledad: son también luminosidad, curioseo, un baile íntimo que revela en nosotras, como un espejo, quiénes y cómo somos.

Los fantasmas permiten entrever futuros posibles, explorar miedos y apuntar recovecos vacíos desde donde aprender y vivir otras perspectivas. Con ambas manos sobre la encimera sé a ciencia cierta que de este hogar antiguamente embrujado ahora brota el estuario imaginario más hermoso jamás visto. Como escribió Juana Bignozzi en su poema, «los fantasmas hacen los poetas» y «sola, con él, cruzaré esa última plaza vacía». Todo para bien.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Polémicas de género en los Juegos Olímpicos del 2024

 

 

En la novela Hércules y yo, Robert Graves narra el incidente de la cacería infortunada del jabalí de Calidón. Este era un animal enviado por la diosa Artemis como castigo para el rey Eneas, por tanto, solo se le podría matar en una cacería ritual que precisaba el permiso de la misma diosa. Las sacerdotisas ordenaron que su representante, la virgen consagrada Atalanta, fuera una de las participantes. Según el mito, excepto uno de los cazadores, todos estaban en contra de su participación. Como rezaban las supersticiones de la época, toda empresa masculina donde estuviera una mujer sería marcada por la mala suerte y, en correspondencia, los participantes de la cacería no querían que Atalanta fuera con ellos.

Finalmente se logró matar al jabalí, azote de Calidón, pero el costo en vidas fue desproporcionado porque unos no tuvieron en cuenta las sugerencias de Atalanta, otros se burlaron de ella y otros trataron de violentarla y sufrieron las consecuencias. Robert Graves termina la narración razonando que así se confirmó el prejuicio que prohibía cazar en compañía de mujeres, porque ese día habían muerto cinco hombres. Pero a su vez subraya que también podrían atribuirse esas muertes al prejuicio, causa principal de los errores y violencias que llevaron a la fatalidad.

Los prejuicios sexistas han marcado la historia y la cotidianidad humanas. Han sido fuente de polémicas y freno del desarrollo, puesto que se expresan en actitudes e ideas fóbicas, misoginia, racismo, clasismo y violencias varias, y atraviesan los poderes que permiten o patrocinan dicho desarrollo. La ciencia, la educación, el arte, la política, la economía, la religión y también el deporte, han sufrido los embates del machismo y sus múltiples derivaciones, que han moldeado el devenir de estas áreas del desarrollo humano ralentizándolas o generando contradicciones que se traducen en cambios necesarios, ineludibles, verdaderas revoluciones. Una de las revoluciones más interesantes ha ocurrido en el deporte.

Desde la antigüedad, la práctica del deporte se asoció a los hombres y constituyó durante mucho tiempo un ámbito de acceso limitado a las mujeres. La participación femenina ha estado mediada por representaciones sociales que otorgan todo el control y poder a los hombres, lo que hace al deporte el espacio de socialización y realización de las masculinidades, mayoritariamente disfrutado, regulado y practicado por hombres en una manifestación más de hegemonía e inequidad de género.

Ideas como la debilidad de la mujer, su incapacidad de adherirse a la disciplina competitiva, la supuesta masculinización de su cuerpo por la práctica de la actividad física, su «necesidad de ser protegida» de la exposición pública y supuestos accidentes, y la tendencia a la infantilización han sido algunos de los prejuicios más acentuados que frenaron la incorporación femenina al deporte.

Esto ha resultado en una serie de aspectos que todavía en la actualidad caracterizan la actividad deportiva femenina. En primer lugar, el deporte femenino de alto rendimiento aún es practicado por una minoría de mujeres y aunque se ha incrementado en los últimos 50 años, esta incorporación sigue siendo mínima en comparación con los hombres. La representación femenina en los deportes de fuerza y de combate sigue siendo insuficiente, y cuando la mujer incursiona en estos deportes tradicionalmente masculinos, que moldean el cuerpo de una manera característica, se le califica de «masculinizada».

En la iniciación deportiva escolar se privilegia a los niños, mientras que a las niñas se les ofrecen otras opciones extracurriculares o se les exhorta a practicar deportes tenidos por más «femeninos», como la gimnasia artística o la rítmica, que, a su vez, suelen ser más selectivos y de menor tiempo de práctica activa que otras disciplinas. Esta brecha se refuerza a partir de los mandatos de roles culturalmente asignados que marcan la vida social y el ocio, la construcción familiar, la conciliación laboral y estudiantil, las necesidades económicas y las maternidades.

Otros aspectos relativos a la insuficiente visibilidad en medios, inequidad de representación en los cargos directivos de organizaciones y desigual asignación de recursos contribuyen a perpetuar la brecha de género en la participación deportiva. El deporte femenino continúa siendo estructural, cultural y simbólicamente más precario, una deuda que viene desde los primeros juegos celebrados en la ciudad de Olimpia.

Las Olimpiadas más femeninas de la historia

Los Juegos Olímpicos de París 2024 son los primeros juegos paritarios en relación al número de hombres y mujeres participantes. Más que un número curioso, esa perfecta proporción uno a una de 5250 atletas mujeres y 5250 atletas hombres, es el resultado de la lucha de siglos por la participación femenina en un área del desarrollo humano que nació siendo exclusivamente masculina.

En los Juegos Olímpicos de la antigüedad las mujeres solo podían participar como espectadoras, y aún estas no eran mujeres corrientes sino unas pocas seleccionadas por su carácter de sacerdotisas. Solo en los Juegos Hereos, dedicados a la diosa Hera, podían las féminas participar, en una suerte de competencias rituales menos severas que las de los juegos masculinos.

Aunque la primera edición moderna de los JJOO tuvo lugar en 1896, no fue hasta la segunda en 1900 y celebrada en París, cuando participaron por primera vez las mujeres. Según el Congreso Organizador de los Juegos Olímpicos liderado por el Barón Pierre de Coubertin, la participación femenina podría afectar su salud y sería «impráctica y poco interesante». Este pensamiento reflejaba la subestimación de las capacidades femeninas en el ámbito deportivo de aquel entonces. Se decía que en aquella época las mujeres apenas practicaban deporte, como si eso se debiera a un interés ínfimo por la actividad física y no a la política que defendía una rígida segregación entre hombres y mujeres jóvenes, y en la que el deporte desempeñó un papel central.

Es en 1900 cuando finalmente se presentan las mujeres a las olimpiadas. En esta edición fueron 22 las atletas que compitieron en cinco disciplinas: tenis, vela, crocket, hípica y golf.  Su presencia fue sobre todo testimonial y se limitó a estas disciplinas que eran consideradas «acordes a la naturaleza femenina».

La edición del 2012 en Londres marcó un hito. Esa edición fue conocida como «los juegos de las mujeres», porque por primera vez cada delegación por países tuvo al menos una mujer participante. En total, representaron el 44% de los atletas en esa ocasión, de acuerdo con ONU-Mujeres, la entidad de las Naciones Unidas dedicada a la igualdad de género y el empoderamiento femenino. Además, los Juegos de Londres fueron los primeros en los que las mujeres compitieron en todos los deportes del programa, incluido el boxeo femenino.

Con la paridad de género lograda en los juegos de París, el Comité Olímpico Internacional (COI) cumple así con la 11ª recomendación de la Agenda Olímpica 2020, que establecía el 50% de cuota participativa de las mujeres en los Juegos y promovía la introducción de pruebas con equipos mixtos, 20 de las 329 que componen las Olimpiadas.

El camino hacia la igualdad de género en los Juegos Olímpicos ha sido largo y a menudo arduo. El costo en energía, recursos, aceptación social y seguridad ha sido muy alto para las atletas y sus familias. Y como toda lucha social, política y cultural por subvertir las imposiciones del sistema patriarcal, no ha estado exenta de violentas polémicas.

Cuerpos femeninos en disputa

Desde la selección de algunas disciplinas deportivas, la inauguración, la calidad de los servicios de la villa, la composición de equipos, la participación de atletas embarazadas y refugiadas y las normas de elegibilidad, estos JJOO de París 2024 pugnan por ser los más controversiales de la historia del deporte.

Una de las polémicas más iracundas ha sido la de las boxeadoras Imane Khelif, de la división de peso welter (66 kg), y Lin Yu-Ting, de peso pluma (57 kg). Las atletas, de Argelia y Taiwan respectivamente, han enfrentado la arremetida de una parte de la opinión pública que las califica de «hombres infiltrados» y mujeres transgénero, lo que es información falsa. En los JJOO, de acuerdo al sitio Outsports participan al menos 193 atletas abiertamente LGBT+. De ese total solo hay un hombre trans y dos personas no binaries. Ninguna mujer trans compite en París 2024.

La controversia parte desde el Campeonato Mundial de Boxeo de 2023 cuando Khelif y Yu-Ting fueron descalificadas por la Asociación Internacional de Boxeo (IBA) que realizó tests a ambas, ya con la competencia en curso y cuando estaban presentando resultados prometedores en su desempeño.

Khelif y Yu-Ting / Foto: Imago

Según refiere la IBA en acta de la reunión técnica de la asociación, las boxeadoras no pasaron las pruebas de elegibilidad por género. Sin embargo, en dicha acta se revelan dos conjeturas interesantes: se cometieron irregularidades anteriores a la suspensión del 2023, permitiendo que dos atletas no elegibles contendieran durante varios años y lograran títulos en mundiales, o la medida se tomó intencionalmente y a raíz del cambio de dirección de la IBA en el 2019, cuando asumió la dirección el anterior Secretario General y Miembro del Comité Ejecutivo de la Federación Rusa de Boxeo, Umar Kremlev, quien ha declarado en varias ocasiones que está abiertamente en contra de políticas de inclusión para personas LGBTIQ+.

Ante la presión de los medios, el debate generado y las declaraciones de la directiva del COI, la asociación refirió en un comunicado reciente que ninguna de las dos atletas fue sometida a exámenes hormonales, sin embargo, después, en comparecencia vía zoom, Umar Kremlev insistió en los niveles elevados de testosterona y en que las atletas eran hombres, en franca contradicción con lo notificado por la asociación el 31 de julio del 2023. Según esta notificación, las atletas no se sometieron a un examen de testo, sino que pasaron una prueba separada y reconocida cuyos detalles permanecen confidenciales. Este test, al que fueron sometidas en respuesta a quejas de otros equipos, supuestamente indicó que ambas atletas no cumplían con los criterios de elegibilidad necesarios. En el momento de la suspensión, la dirección de la IBA insistió en que tenían «ventajas competitivas sobre otras competidoras femeninas» y en otros espacios se insinuó que podrían tener cromosomas XY.

El único modo de identificar qué cromosomas tiene una persona es la prueba de cariotipo, un tipo de examen genético que verifica el tamaño, la forma y el número de los cromosomas en una muestra de células del cuerpo. No se aclara en ninguna comunicación o acta de la IBA si se realizó un examen de cariotipo, quedando todo lo dicho por la asociación en un limbo de ambigüedad.

El informe del test fue desacreditado por el Comité Olímpico Internacional debido a que parecía defectuoso en su metodología, elección de vías para hacerla pública y formulación de resultados, y la directiva de la organización aventuró que todo es una campaña política para desacreditar al COI por no permitir la participación de atletas rusos en los JJOO. Los Comités Olímpicos de Argelia y Taiwan también respaldaron a sus atletas. Sin embargo, los informes de la IBA y un grupo de medios y personalidades que se han pronunciado al respecto han desatado una ola de violencia digital y mediática contra las atletas, dentro y fuera del mundo del deporte, colocándolas a ellas en un doble ring de combate y, por otro lado, poniendo en duda la veracidad y transparencia de la asociación.

El boxeo en los Juegos Olímpicos de París 2024 está regido por reglas establecidas por el Comité Olímpico Internacional (COI), las mismas que se aplicaron en los Juegos de Río 2016 y Tokyo 2020. Estas reglas se aseguran de que todas las atletas que compiten en categorías femeninas cumplan con los requisitos de elegibilidad. Mark Adams, portavoz del COI, ha defendido la participación de Khelif y Lin, afirmando que ellas cumplen con las normas de la competencia y llevan 6 años compitiendo como mujeres.

Sobre la polémica es interesante destacar que dos trabajos publicados en los últimos días por los medios Volcánicas y El País apuntan a una campaña que se inició casi desde que se tuvo conocimiento de la participación de las boxeadoras en los JJOO.

Imane Khelif es originaria de Tiaret, un pueblo rural pobre, a casi 300 kilómetros de Argel, y ha superado numerosos obstáculos y prejuicios en un país donde no solo no se incentiva que las mujeres practiquen esta clase de deportes, sino que cualquier sexodivergencia es duramente penada con la cárcel. Su carrera de años la ha traído hasta este punto decisivo, donde disputó el título olímpico después de dejar de lado los cuestionamientos sobre su género. Khelif, quien es embajadora de UNICEF, estaba determinada a cumplir lo que se prometió: «Mi sueño es ganar una medalla de oro. Si gano, las madres y los padres podrán ver hasta dónde pueden llegar sus hijos. Quiero inspirar a las niñas y a los niños en Argelia».

Se apreció en su último combate que dominó la pelea y al finalizar recibió un abrazo de su oponente, la campeona mundial china Yang Liu. Cuando el resultado fue confirmado por decisión unánime, Yang levantó el brazo de Khelif como gesto de triunfo y felicitación, en contraste con las escenas posteriores a la pelea inaugural de la argelina contra la italiana Angela Carini, y la campeona fue llevada por el estadio sobre los hombros de su entrenador, mientras la delegación argelina y sus seguidores celebraban el primer oro olímpico en boxeo femenino de Argelia.

En entrevista ofrecida a la BBC, Imane dice que ganar el oro olímpico fue solo el comienzo para ella, pero que sus próximos pasos son inciertos debido a la suspensión de la IBA.

«Descansaré unos meses y hablaré con mi equipo sobre lo que haré y si hay otro camino en el boxeo. Sé que ahora he ganado una gran base popular y espero contribuir a la felicidad y alegría de mi país». Luego añadió: «El pueblo argelino me apoyó, me defendió ferozmente y se enfrentó a las campañas que estaban en mi contra».

En su natal Tiaret, será recibida como heroína e inspirará a las niñas de su país a lograr lo que parece imposible.

En el caso de Lin Yu-Ting se aprecia un camino diferente pero marcado por ciertas similitudes relacionadas con un entorno nada favorecedor. Lin comenzó a practicar boxeo a los 13 años para ayudar económicamente a su familia. Ha referido que en su medio la violencia machista predominaba, y la decisión de hacerse boxeadora fue en parte motivada por ello. Cuando todavía no había cumplido la mayoría de edad, se convirtió en la primera taiwanesa en conseguir la medalla de oro del Mundial Juvenil Femenino, organizado por la Asociación Internacional de Boxeo (IBA), en 2013, y brilló en la categoría de 51 kilogramos.

Luego de la suspensión de la IBA, vio prácticamente rotas las posibilidades de seguir adelante con su carrera, sin embargo, el COI la dio como apta para presentarse a los juegos. La decisión del jurado en el último combate fue unánime, lo que reafirma el dominio de Lin de principio a fin. En octavos de final dejó en el camino a la uzbeka Sitora Turdibekova, en cuartos a la búlgara Svetlana Staneva, en semifinales a Esra Yildiz de Turquía y, en la definición del título, a la campeona polaca Julia Szeremeta. Así, luego de varios combates donde su estilo explosivo y rápido se impuso, lleva la medalla de oro para su república.

Las dos boxeadoras han recibido el respaldo solidario de sus gobiernos y países. La comisión de boxeo de Taiwán y Khelif, a título personal, estudian la posibilidad de interpelar a la IBA, medios y personas que han replicado la controversia, mediante demandas judiciales que podrían poner en tela de juicio la credibilidad de la asociación y la impunidad para los que practican linchamientos en redes.

Debido a esta polémica, muchos usuarios de RRSS y admiradores del boxeo femenino amateur han comenzado a seguir y apoyar a ambas boxeadoras, poniendo en el ojo del público las cuestiones relacionadas con la equidad de oportunidades y la percepción acerca de la diversidad en el deporte.

Sin embargo, persiste la querella sobre qué lugar tendrían las mujeres intersex y transgénero en las disciplinas deportivas, y qué se piensa a nivel popular acerca de cómo debe ser y lucir una mujer que practique deporte de alto rendimiento. También hasta qué punto son idóneas las pruebas de elegibilidad basadas en índices hormonales para garantizar a todas las deportistas su espacio en el deporte de élite.

Las reglas sobre los niveles de testosterona, aunque buscan nivelar el campo de juego, a menudo resultan en la exclusión de atletas, muchas de ellas racializadas o provenientes de países que no pertenecen al norte global, con condiciones naturales que elevan sus niveles de andrógenos, como fue el caso de Christine Mboma y Beatrice Masilingi de Namibia, y otras cuyos casos aún están en estudio.

De ambas atletas se dijo que «no lucen como mujeres» al no encajar en los estereotipos tradicionalmente femeninos, y se ha señalado que, al no ser «femeninas», deben ser «hombres». Se refuerza esta narrativa desde plataformas de redes como TikTok y X, y medios que replicaron y continúan replicando los comunicados e informes de la IBA. Además, han introducido subrepticiamente valoraciones y enlaces acerca de la participación de deportistas transgénero en competencias internacionales, informaciones no siempre fiables sobre el impacto de la testosterona y el cariotipo en el rendimiento deportivo, y otras cuestiones que han encauzado la opinión en redes generando una controversia interminable.

Las discusiones, interpretaciones sesgadas y fake news no solo han ensombrecido la visión de los parámetros de elegibilidad deportiva, sino que han recrudecido la larga disputa sobre el derecho a la participación de las personas trans e intersexuales en el deporte competitivo de élite, y hasta la visión de lo que debe ser un cuerpo femenino y qué deporte es o no deseable que practique una mujer.

Aún con la paridad de géneros, la mayor visibilidad de las disciplinas deportivas practicadas por féminas y el apoyo de organizaciones y países, el cuerpo de la mujer, su fuerza y el derecho que le asiste a desarrollar todo su potencial competitivo, sigue siendo un terreno en disputa, donde muchos todavía se atribuyen la autoridad de decirle a alguna de nosotras «Tú no».

*Tomado de Joven Cuba, 13 de agosto de 2024 (https://jovencuba.com/mujeres-juegos-olimpicos/). La autora es una escritora cubana y profesora de psicología, Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona.