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Hay que informar responsablemente

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

Aunque, según el gobierno de Jenniffer González, en días recientes se han promovido 37 proyectos bajo el programa de Zonas de Oportunidad (ZO), con una inversión de más de $1,340 millones y 1,775 empleos, una investigación del planificador David Carrasquillo Medrano sobre los beneficios otorgados en dicho programa ligados a los beneficios contributivos de la Ley 60 concluye que hay un patrón sistemático de opacidad y debilidad institucional en torno a su diseño, implementación y evaluación.

La gobernadora ha declarado que no objeta que se reduzca el programa ZO en Puerto Rico. A la vez, su Legislatura aprobó extender los beneficios de la Ley 60 -2019 (antes Ley 22)  hasta el 2055 con una tasa contributiva de 4 % para los nuevos residentes extranjeros que soliciten el decreto a partir de enero del próximo año.

La investigación de Carrasquillo Medrano, reveló que el gobierno carece de mecanismos básicos para asegurar el tracto, cumplimiento y justificación de la implementación del programa ante el interés público, a pesar del impacto fiscal considerable que conllevan estos incentivos.

En su investigación compartida con este semanario, el director ejecutivo de la organización Planifiquemos, hace una serie de recomendaciones al Departamento de Hacienda (DH) y al Departamento de Desarrollo Económico y Comercio (DDEC) dirigidas a transformar esta situación y alinear el uso de incentivos fiscales con los principios de justicia, transparencia y planificación responsable.

En primera instancia propone que se cree una base de datos pública de decretos, que sea una  plataforma accesible donde se identifiquen todos los decretos otorgados bajo la Ley 60 y otras leyes de incentivos. La página debe de incluir el nombre del beneficiario, el nombre del proyecto, tipo de incentivo, año otorgado, duración y compromisos asumidos.

Se recomienda, además la publicación obligatoria de informes anuales de cumplimiento por decreto; realizar auditorías periódicas y hacerlas públicas y sancionar o revocar decretos que incumplan sus obligaciones; incluir los gastos tributarios en los presupuestos anuales, lo que permitiría visibilizar el costo real del Estado; priorizar recursos de forma estratégica y comparar beneficios fiscales con otras formas de inversión pública. Por último, evaluar el impacto tanto económico, social y territorial de cada incentivo, la utilización de indicadores de desempeño y retorno social de inversión y realizar estudios comparativos por región, sector y población beneficiada.

Carrasquillo Medrano hizo también un llamado a la Legislatura para que impulse reformas legales que garanticen el que se pueda trazar la evaluación y rendición de cuentas de estos incentivos fiscales; a las y los periodistas continuar investigando estos  temas con rigurosidad y vocación democrática; a sus colegas y otros profesionales del desarrollo incorporar estos temas en su análisis de territorio, sostenibilidad y justicia social; a la ciudadanía a exigir transparencia y a que los recursos públicos sirvan a los interese colectivos y no a privilegios opacos.

A la luz de la investigación de la organización Planifiquemos,  el Gobierno de Puerto Rico o no exige esta información o es que  la tiene y no la quiere hacer pública.

A nueve años de PROMESA, ¿qué tenemos? Es tiempo de levantar la voz.

Foto Archivo CLARIDAD.

 

 

Especial para CLARIDAD

Este julio de 2025 se cumplió nueve años de la aprobación de la Ley PROMESA y la imposición de la Junta de Control Fiscal (JCF) sobre Puerto Rico. ¿Qué ha cambiado desde entonces? ¿Ha mejorado la situación económica de la isla? ¿Se ha resuelto la crisis fiscal? O, por el contrario, ¿estamos atrapados en una nueva forma de dependencia que impide el desarrollo real? La Junta de Control Fiscal, la institución que sigue siendo un tema de debate y controversia, fue creada para ayudar a Puerto Rico a gestionar su deuda, pero su existencia y sus acciones han sido objeto de críticas por parte de diferentes sectores. La razón: nos ha llevado a la trampa de la dependencia y de la deuda, dos trampas que impiden el desarrollo y el crecimiento económico.

Lo cierto es que Puerto Rico sigue en crisis. La restructuración de la deuda pública se ha hecho a un alto costo social, sin resolver los problemas estructurales que originaron la bancarrota, y, lo peor, seguiremos en crisis de la deuda. La austeridad, recortes y ajustes impuestos ha debilitado los servicios públicos, ha profundizado la desigualdad y ha consolidado una economía controlada desde fuera. La Junta se equivocó al establecer como objetivo para su plan de desarrollo el depender de fondos federales. No pudo desarrollar un plan de desarrollo o crecimiento que nos alejara de los problemas estructurales de Puerto Rico.

La Ley para la Supervisión, Administración y Estabilidad Económica de Puerto Rico, conocida como PROMESA, fue aprobada por el Congreso de EE. UU. en 2016 para responder a una deuda pública impagable que superaba los $70 mil millones y $55 mil millones en pasivos de pensiones no financiados. ¿Qué prometía PROMESA? Reestructurar la deuda de manera ordenada, restaurar el acceso a los mercados financieros, estabilizar las finanzas públicas y fomentar el crecimiento económico. Los logros son cuestionables, el control político y económico sobre la colonia cada día es mayor.

La Junta de Control Fiscal, un ente no electo que impone planes fiscales, presupuestos y reformas por encima del gobierno local, es un gobierno colonial no electo que manda sobre el gobierno colonial.

Sus logros, la reestructuración parcial de la deuda que redujo la deuda a unos $37 mil millones, son cuestionables y no hemos visto beneficios. El proceso ha sido criticado por beneficiar principalmente a los bonistas y acreedores, mientras el pueblo ha cargado con el peso del ajuste. La Junta ha llevado a Puerto Rico a la “trampa de la deuda” con esta negociación y reestructuración y a la “trampa de la dependencia” al limitar su crecimiento económico al uso de fondos federales. La trampa de la deuda condena al país a un ciclo de endeudamiento, donde no puede pagar sus deudas existentes al no tener crecimiento económico, por lo que necesita tomar nuevos préstamos para cubrirlas, lo que a su vez aumenta su deuda, y cae en un ciclo donde se imponen recortes y ajustes continuamente afectando el desarrollo y crecimiento económico.

Otro de sus logros es que se recortaron pensiones, se cerraron más de 600 escuelas, se impusieron recortes severos a la Universidad de Puerto Rico y se privatizaron servicios esenciales como el sistema eléctrico. Todo en nombre de la “disciplina fiscal”. Esto ha llevado a Puerto Rico a estar peor, al desviar los fondos necesarios para la reconstrucción a rescatar empresas privadas fracasadas, facturando al pueblo con aumentos continuos y apagones. La Junta destruye los activos que tenemos para el crecimiento.

La Junta se ha empeñado en destruir la Universidad de Puerto Rico ,el activo que promueve el desarrollo con sus investigaciones, generación de conocimiento y la gente preparada en diversas áreas que se crean Ese ha sido uno de sus logros perversos en su cáncer de corrupción que va sembrando: atacar la UPR. Es urgente exigir el reintegro de fondos recortados a la Universidad de Puerto Rico. Es urgente que exista un modelo de desarrollo para Puerto Rico, otro modelo económico y social.

Otros de sus logros perversos es destruir los derechos de los trabajadores, y ahora se empeña en destruir el sistema de los permisos, en especial los ambientales y culturales. Además, desestabiliza el sistema de salud, de educación y los municipios. Quiere a su vez destruir el cooperativismo. Su secuela de destrucción es amplia y el Gobierno es cómplice al aprobar las leyes que facilitan la destrucción.

Y lo que se presenta como «superávit» o «estabilidad» es, en realidad, el resultado de una austeridad y recortes que sacrifica derechos básicos. Mientras, la corrupción sigue creciendo y hasta la Junta es parte de ese problema.

El déficit democrático es evidente, donde la Junta actúa sin ser electa, sin responder ante el pueblo y con poderes que sobrepasan a los de la Asamblea Legislativa y el Ejecutivo. Los planes fiscales se aprueban sin consulta real, y las prioridades del pueblo —como salud, educación, seguridad alimentaria, cultura o protección ambiental— quedan relegadas frente al pago de deuda. El Gobierno dice que negocia, pero la realidad es que obedece.

La Junta de Control Fiscal es una forma moderna de colonialismo fiscal, donde continúan las estructuras y prácticas económicas que perpetúan la explotación de la colonia por parte de EE.UU. Puerto Rico está bajo ese control político, en que las relaciones económicas, financieras y tributarias están dominadas por los intereses de EE.UU., creando una dependencia continua. Ello implica la extracción de recursos, la imposición de sistemas fiscales que no benefician a la población local y perpetuación de las desigualdades económicas.

Entre tanto, Puerto Rico sigue enfrentando emigración masiva (más puertorriqueños viven fuera que dentro de la isla), pobreza persistente, falta de viviendas y creciente inseguridad alimentaria; una economía estancada, dependiente de fondos federales (que van a recortar), un sistema educativo debilitado, sin visión de futuro, y la Infraestructura colapsada, sin planificación sostenible. La Junta nos ha llevado a la trampa de la deuda y la dependencia, a vivir eternamente pagando la deuda sin posibilidad de salir de la misma y a más crisis.

Todo esto demuestra que PROMESA no ha resuelto la crisis, solo la ha administrado desde una lógica contable, ajena a la justicia social y al desarrollo humano.

Como pueblo es urgente y legítimo exigir:

La auditoría ciudadana de la deuda, de manera que podamos identificar qué parte es ilegítima, odiosa o producto de corrupción o malas prácticas financieras, entendiendo que toda la deuda hoy es odiosa, al ser negociada por la Junta, un ente que responde al Congreso de EE. UU. y los buitres.

Que la Junta se vaya y se elimine la ley PROMESA. Exigir que su poder sea revocado y sustituido por mecanismos democráticos de gobernanza fiscal. Que todo lo negociado de la deuda le corresponde financieramente a EE.UU. que impuso la Ley PROMESA.

Reconocer que en la colonia no basta con reducir la deuda: se necesita invertir en salud, educación, infraestructura verde, energía renovable, vivienda, agricultura local y economía solidaria. Necesitamos un plan de desarrollo, con inversión social y productividad. Y un Gobierno que gobierne para el pueblo y con el pueblo.

Entender que la raíz del problema es la colonia y que de ahí surgen las crisis. Pero un país sin soberanía política y fiscal no puede aspirar a un desarrollo justo. Así que la pregunta ya no es si PROMESA “funcionó”. Es, si como pueblo estamos dispuestos a aceptar una recuperación sin justicia o si vamos a exigir un modelo de país centrado en la dignidad, la participación democrática y el bien común.

Eso solo se logra con poderes soberanos, y el camino es la independencia y plena soberanía.

 

 

Zonas de oportunidad en Puerto Rico

CLARIDAD

cotto@claridadpuertorico.com

¿Zonas de oportunidad para quiénes? A seis años de que todo Puerto Rico fuese declarado ‘zona de oportunidad’, no se sabe exactamente dónde se invirtió ni quiénes invirtieron,según lo evidencia una investigación llevada a cabo por el planificador David Carrasquillo Medrano, del proyecto Planifiquemos.

La investigación plasmada en el informe Zonas de Oportunidad en Puerto Rico: Acceso, transparencia y evaluación de sus implicaciones fiscales y de gobernanza fue con el objetivo de conocer detalles del uso, alcance y fiscalización bajo el programa Zonas de Oportunidad (ZO) en Puerto Rico, en particular en el marco de la Ley 60- 2019 (Código de Incentivos de Puerto Rico). Pero la información suministrada por el Departamento de Hacienda, tanto como la del Departamento de Desarrollo Económico y Comercio, no permiten identificar dichos detalles, y la firma contratada por el gobierno, DLA Piper, nunca contestó la solicitud de información.

La declaración de Puerto Rico como una ZO se dio mediante la Sección 1400Z-1 (b) (3) del Código de Rentas Internas Federal (Gobierno de EE. UU.). En entrevista, Carrasquillo Medrano contrastó la diferencia en que dicha legislación se implementó en los 50 estados versus en Puerto Rico. La forma en que se hizo en los 50 estados fue que se identificaba a base del censo cuáles eran las zonas más pobres con menor poder adquisitivo y se elegía el 30 % de esa zona para fomentar que esos lugares sirvieran de ganchos en donde se concentrase la inversión.

“Hubo mucho debate en aquel momento en cuánto a qué representaba esa inversión, ya que simplemente una transacción de una propiedad no era suficiente y hubo mucho debate en torno a cómo garantizar que esas inversiones generaran empleos locales; ese fue el debate que tuvieron en los estados”, indicó.

En un principio, el 95 % de la isla fue declarado ZO, pero la hoy gobernadora, Jenniffer González, entonces comisionada residente introdujo la excepción de que todo el país fuese declarado ZO. No obstante, la manera en que se adoptó en Puerto Rico el programa fue de una forma laxa, dado a que se tomaron los tractos del censo de las zonas pobres y sus colindantes, por lo que el 98 % de la isla terminó siendo declarado ZO, apuntó Carrasquillo Medrano.

Señaló que, el entonces gobierno de Ricardo Rosselló contrató a la compañía privada DLA Piper, representada por Manuel López Zambrana, para que asistiera al DH en implementar el programa de ZO. Denunció que le solicitó información a DLA, pero nunca le contestaron. “Se supone que esta agencia tenga las cifras al nivel más detallado posible, también es súper preocupante que Hacienda, que es la que remite los decretos, me refiera a Desarrollo Económico. Es decir, que el proceso de transparencia es una falta de respeto al pueblo en el sentido de que se está disponiendo de créditos contributivos y se están dando beneficios a costa de las contribuciones que nosotros pagamos, propiedades que tenemos, y todo el carácter comunitario de esos espacios donde esas inversiones se están dando, y que aun, ni siquiera investigando, seamos capaces de encontrar la información”, manifestó.

Hay que tener en cuenta que la declaración del 98 % de la isla como ZO se da en el contexto de que Puerto Rico recibió la asignación de $1,500 millones de los llamados fondos de recuperación de desastre para el desarrollo comunitario, los CDBG-DR.

Las revelaciones de la investigación

A la solicitud de información al Departamento de Hacienda de un listado de los decretos otorgados, el estado de cumplimientos y los datos fiscales vinculados, la agencia entregó un tabla que presenta proyecciones del costo fiscal de ciertos beneficios vinculados a las ZO, pero no se identifican beneficiarios individuales o corporativos, la localización geográfica de los proyectos ni los compromisos asumidos. Tampoco se incluyen informes de cumplimiento, auditorías ni evidencia de fiscalización o cancelación de decretos y, en muchos casos, carecen de cifras concretas. Varios aparecen marcados como no calculados o datos no disponibles.

En cuanto al costo fiscal estimado, se identificó que el crédito individual (TEB-120) representa $2.5 anuales, aumentado a $2.8 millones anuales en ingresos dejados de percibir. Mientras, el crédito corporativo (TEB-211) representa un aproximado de $200,000 anuales durante el periodo 2025-2030. Esta cifra, apuntó el investigador, le parece poca.

Carrasquillo Medrano expuso que el análisis técnico de la información recibida evidencia una falta significativa de trazabilidad (rastrear) tanto en términos de transparencia como en la capacidad del Estado de medir el impacto y cumplimiento. Aunque se proveen modelos de proyección de gasto tributario, no existe forma de verificar si los beneficios otorgados están cumpliendo con su propósito en términos de creación de empleos, desarrollo económico local o retorno fiscal.

“Los informes provistos dejan claro que los gastos tributarios no pueden sumarse entre sí (non-additive), lo que complica aun más la evaluación del impacto agregado del programa. Esta limitación metodológica, sumada a la falta de datos desglosados verificables, impide realizar un análisis riguroso de costo-beneficio o de justicia distributiva”, señaló.

Destacó que es importante para el país conocer el dinero que representan los beneficios contributivos bajo el programa de ZO, ya que estos son recursos —dinero— públicos dejados de recaudar. A diferencia de los gastos ordinarios del presupuesto, estos beneficios no están sujetos al mismo nivel de fiscalización ni aparecen detallados en el presupuesto general. “Esto limita la capacidad del Estado y de la ciudadanía para evaluar si se están usando de manera eficiente, justa y conforme al interés público”, recalcó.

Agregó que la opacidad en estos decretos abre la puerta a posibles distorsiones, uso indebido de fondos públicos, concentración de beneficios y desplazamientos sociales no documentados. En esa línea, el planificador indicó que las ZO, más allá de lo físico, si no hay un diálogo entre las diferentes agencias que están manejando los incentivos versus los usos de suelo, muchas de estas transacciones se pueden dar al margen de la ilegalidad. Esto, por ejemplo, si una compraventa se da como una simple transacción y después de adquirida la propiedad se empieza a operar para algo que no es adecuada, hay que cuestionar si en algún momento se le notificó al municipio lo que se iba a opera o para qué se iba a utilizar. No hay ningún tracto de eso.

Resaltó que con esto no solo se le está dando una ventaja competitiva a un extraño porque el 99 % de los beneficiados son extranjeros y se les está dando un proceso expedito, libre de contribuciones. También queda muy oscuro cuál es el proceso de permisología para el uso que están proponiendo, todo queda a oscuras de la comunidad y los municipios.

El planificador afirmó que hay un choque gigantesco entre la política pública vigente de que todos los planes territoriales en el país son para proteger el interés residencial. Sin embargo, el Gobierno estatal está empujando la explosión del uso comercial-industrial porque le puede sacar más dinero. Todo el mundo puede hacer el ejercicio de identificar qué calles que antes eran residenciales ahora son comerciales, espacios en sus comunidades que ahora tienen tres y cuatros casas de alquiler a corto plazo.

A la luz de su investigación y a la coincidencia de que en el Congreso hace unos días el Partido Republicano propuso terminar con el programa de ZO en Puerto Rico, Carrasquillo Medrano explicó que la legislación como se aprobó aquí carecía de criterios o métricas que dejaran ver claro cómo eso era un beneficio para la comunidad. Al final, ni siquiera queda claro en qué manos queda el dinero que se invierte. Una vez más lo comparó con otros estados en donde la legislación local fue una muy responsable, en donde se llevó la legislación federal a un nivel de especificidad en que claramente se beneficiaba a las comunidades, incluso con procesos participativos de la comunidad para determinar cuáles eran las zonas y cuáles los municipios que se iban a impactar, unos parámetros de cómo se debe invertir, en qué tipos de negocios. “Todo eso se discutió; nada de eso figuraba aquí en Puerto Rico”.

Carrasquillo Medrano manifestó que de haber una revisión, en el sentido de que se tienen unos recursos que se pueden utilizar en beneficio para la sociedad, sería bienvenida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sin tregua las redadas migratorias

 

CLARIDAD

 Las recientes detenciones han infundido un ambiente de incertidumbre y tensión en muchas comunidades

 Caguas– La calle Eugenio María de Hostos en el barrio Savarona de este pueblo está muda. Salvo por unas señoras charlando frente a sus apartamentos y unos vecinos lavando sus carros, ni una persona anda por esta u otras callejas del sector. Mucho menos los obreros que se apeaban diariamente del mismo carro, en la misma esquina, a la misma hora, al regresar de sus trabajos.

La razón es consabida: desde que el presidente de los Estados Unidos (EE. UU.), Donald J. Trump, asumió el mando del ejecutivo federal, las personas migrantes viven con la preocupación constante de enfrentarse a la oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI, en inglés) u otras autoridades fronterizas. Savarona, compuesta mayormente por gente de nacionalidad dominicana, no es la excepción. Desde hace unos meses, se han ejecutado numerosas intervenciones para deportar a personas indocumentadas y perfiladas como migrantes. Para lograrlo, agentes disfrazados y uniformados aguardan desde la esquina para patrullar la zona  y “llevarse” a los trabajadores.

“La vez que se llevaron a dos, ellos (los agentes) estaban con chalecos como si trabajaran en construcción o algo así. Vienen en una van blanca, y han venido como tres veces en menos de un mes. Y eso acá, porque sé de otras áreas donde se han llevado un montón. Por donde está la (lavandería) Burbujita, hay un negocio cerrado porque se llevaron a una empleada y a dos o tres que vivían en la casa”, compartió, bajo el seudónimo Alanis, una vecina de la zona.

Pero la lavandería no es el único negocio impactado por estas redadas. Por donde converge la Hostos con la calle Monseñor Berríos, hay un colmado que filtra retazos de bachatas pesadas. Adentro, dos hombres reñían en una mesa de billar mientras tres los miraban y bebían. En la barra, otros seis más vaciaban y llenaban sus vasos con licores de todo tipo. La barista pendía de lado a lado como un metrónomo que servía alcohol. CLARIDAD intentó recopilar declaraciones de los concurrentes, pero ninguno– ni los contendientes del billar, ni sus observadores, ni ningún componente de la barra– quiso compartir. Al salir, uno de los espectadores del juego trancó la puerta.

“Todo el mundo recogido”, expresó Juan, seudónimo de un vecino dominicano, sobre la respuesta de la comunidad a las detenciones. Además, el residente de Savarona coincidió con Alanis al señalar la esquina donde pasan los agentes.

“Ellos se han tirado par de veces y se han llevado a varios. A veces tienen uniforme y a veces no. Esto siempre ha sido tranquilo, pero ahora casi no se ve a nadie”, ha dicho Juan mientras lustra la carrocería de su Ford F-150.

De pronto, la puerta del negocio se abre otra vez. Sale una dama a atender una llamada a la vez que echa un vistazo por las dos calles. Mira arriba de la Berríos, mira abajo. Repite el patrón con la Hostos. Termina su llamada y entra de nuevo. De nuevo se tranca la puerta. La calle, entretanto, sigue muda. Tan muda que se oyen los pájaros trinar por los árboles y el agua fluir por las cunetas. Apenas se oye, ininteligible, un noticiero lejano desde un balcón.

“A veces, ellos se sentaban allá en la esquina a coger fresquito. Ahora lo hacen muy poco y, si lo hacen, están como ariscos. Pero imagínate, se asustan. Yo no los he visto, pero a ellos los golpean. Aquí se dice que a muchos los golpean. Y déjame decirte que están buscando a los trabajadores, a los que se bajan en esa esquina. Allí se bajaban como tres o cuatro y se dividían pa’ las casas”, agregó Alanis.

Estas dinámicas crean un ambiente de incertidumbre en la comunidad, tanto para personas sin estado migratorio regulado como para sus vecinos de toda la vida, de acuerdo con Luis Santiago. Retirado del Departamento de Corrección y Rehabilitación (DCR), el residente de Savarona opinó que las medidas del gobierno — tanto el de Trump como el de la gobernadora Jenniffer González— carecen de empatía.

“La forma en que se ha llevado no es la mejor. De acuerdo con la política del presidente de los Estados Unidos, solo iban a coger criminales, pero lamentablemente se ha llevado gente con papeles, gente trabajadora. Y él cambia mucho de postura. Ahora se quiere llevar a los que trabajan en la agricultura. No hay justicia social”, sostuvo Santiago.

Igualmente, el exoficial del DCR desconoce de intervenciones en la zona. No obstante, admitió sospechar de ciertos vehículos y personas en el área que aparentan ser agentes de alguna autoridad policial. “Después de tantos años, uno sabe de eso”, añadió. El vecino de Savarona entiende que el gobierno local tiene el deber y la capacidad de hacerle frente a las políticas del mandatario.

Por su parte, el Municipio de Caguas se desvinculó de toda redada o arresto que se expida en el ayuntamiento. En un comunicado dirigido a este medio, el asesor en Seguridad Luis Miranda Morales expresó el rechazo de la administración.

“En nuestra ciudad viven extranjeros que han llegado en busca de mejores oportunidades. Entiendo que la migración no debe ser vista como un problema, sino como una oportunidad para construir comunidades más ricas en diversidad, solidaridad y progreso”, reza el mensaje. Del mismo modo, el funcionario anunció que el Municipio dialoga con organizaciones sin fines de lucro para apoyar a las familias afectadas en Caguas.

“Hacemos un llamado a la ciudadanía a mantenerse bien informada sobre este asunto y a conocer la forma adecuada de reaccionar ante estos procedimientos, los cuales, según ha trascendido públicamente, continuarán. Es importante destacar que, aunque nuestra Policía Municipal tiene como función principal velar por la seguridad y el orden público a nivel local, no participa en operativos migratorios”, concluyó la misiva del pueblo.

“Se han expandido, no solamente están en el área metropolitana”

 En entrevista telefónica, la directora ejecutiva del Centro de la Mujer Dominicana, Romelina Grullón, reconoció que las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, en inglés) se dan en todo el país. Aunque “gran parte” se da en Santurce y Río Piedras, nos cuenta Grullón, la incertidumbre está presente en todos lados.

“No se sabe exactamente cuándo van a estar. A veces sabemos porque la gente dice ‘mira, acaba de irse ICE, que estaba por ahí’ o lo mandan por las redes, pero no sabe exactamente cuándo van a atacar. Tampoco la cantidad de veces que atacan, y hay muchas redadas y muchos arrestos que uno ni siquiera se entera”, explicó la directora ejecutiva.

En ese ambiente, Grullón adujo que la solidaridad de la comunidad puertorriqueña es clave en momentos como ahora. Y a pesar de las iniciativas y campañas que se han emprendido      — como la declaración de hospitales y farmacias como santuarios—, la activista entiende que “la mayoría” continúa refractaria al buscar servicios.

“Nosotras tenemos los servicios abajo por eso mismo, porque no queremos exponer a algunas personas. No sabemos, no se sabe exactamente cómo serán las detenciones. Pueden estar en el Tren Urbano, en la estación de la guagua… No se saben los métodos con que van a hacer las redadas y los arrestos”, indicó Grullón.

La tarde transcurre sin mayores aspavientos. Los carros pasan por la Hostos para salir del casco urbano hacia otras partes de la Ciudad Criolla. La bachata del negocio continúa tenuemente sonando, como una voz amortiguada, por la calle vaciada. La puerta, por si acaso, sigue con seguro.

 

 

 

 

 

 

Una campaña desenfocada

 

CLARIDAD

ccotto@clarridadpuertorico.com

 

Ni es una campaña de prevención, ni atiende el asunto de la desigualdad por sexo, la campaña estrenada por la Oficina de la Procuradora de la Mujer (OMP), “El maltrato se castiga”, dirigida a los hombres agresores, es más una campaña como la de “la mano dura contra el crimen”, cuyos resultados fueron y aun son cuestionables.

En entrevista con este medio sobre su parecer respecto a la campaña, la licenciada Amárilis Pagán, experta en temas feministas, apuntó a que la campaña está del todo desenfocada de lo que son las prácticas basadas en evidencia que han recomendado organizaciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ha dicho cómo atajar la violencia hacia las mujeres. Expuso que la campaña no es una de prevención, tampoco atiende el asunto de la desigualdad por sexo, ni el machismo como la raíz de la violencia que sufren las mujeres, lo que hace es despolitizar el acercamiento hacia el problema y lo convierte en un asunto superficial como decir que es uno de salud mental y un mal manejo de emociones. “Eso es lo que se está diciendo en esa campaña”.

Apuntó a que eso no es lo que es violencia hacia las mujeres y expuso que la violencia hacia las mujeres se desprende de una situación de desigualdad estructural, y de machismo. Más aún, la campaña está pasando por alto que se ha demostrado que la amenaza de castigo no es suficiente para detener a una persona agresora precisamente por las razones que están detrás de ese tipo de violencia. La persona agresora no está pendiente ni le importan las consecuencias de sus acciones.

En esa dirección señaló, que se ha visto un aumento en los feminicidios, en donde el feminicida se suicida, lo que quiere decir que esa campaña para el agresor no dice en absoluto nada. Por otra parte hizo la observación de que la Procuradora está también enviando un mensaje que es confuso y distorsionado debido a que la OPM no da servicios, no controla la Policía, no controla, los fiscales, no controla los tribunales, a lo que cuestionó, “cómo está prometiendo que va a ir detrás de los agresores. Si no tiene control sobre el sistema de justicia, es una campaña que por donde quiera que se mira pareciera ser que quien único sale ganando es la compañía de publicidad que se ha hecho cargo y que está cobrando por ella”.

¿Entonces qué medidas se deberían tomar para atajar la violencia contra la mujer?.

La experta en el tema de feminismo indicó que lo primero que hay que hacer para atajar la violencia en contra de las mujeres es reconocer sus raíces, que surge del pensamiento machista que considera a las mujeres un objeto de cuya vida puede disponer la persona como quiera y cuando quiera. Lo segundo que habría que hacer es un esfuerzo comunitario y a nivel gubernamental para generar una conciencia sobre esa desigualdad y permitir que todos los pensamientos machistas que generan la violencia comiencen a erradicarse. Reclamó que la mejor solución para eso está planteada en Puerto Rico desde el 2006 cuando se propuso la educación con perspectiva de género en nuestro sistema de educación pública, cosa que no se ha logrado, pero -reiteró- es lo que se debería de hacer.

Pagán comentó el hecho de que la Procuradora ha dicho que se darán talleres en las escuelas públicas pero objetó que esos talleres no se van a dar desde una perspectiva de género, sino del mal manejo de emociones, por lo que adelantó que esos talleres no van a ser para nada efectivos.

Lo otro que dijo debería de hacer el gobierno es mejorar las condiciones de vida de las mujeres en Puerto Rico, es decir garantizar el acceso a vivienda, educación, desarrollo económico y salud. “En la medida en que las mujeres vivan en pobreza y desigualdad no solo por su situación de mujer, sino por un asunto de clase no va haber campaña publicitaria educativa  que valga, las mujeres van a seguir en una situación de violencia en las que van a estar solas frente a una estructura que son sus raíces. Y claro hay que dejar de lado la politiquería”, manifestó.

Un aspecto importante en la prevención indicó es la restricción en el acceso a las armas. En el informe de las organizaciones  Matria y Kilómetro 0 del 2019, se hizo una recomendación al gobierno para que se restringiera el acceso a las armas, porque la mayor parte de los feminicidios ocurren con armas de fuego. De acuerdo a los datos del Observatorio de Equidad de Género (OEG) muchos de los feminicidios se producen con armas de fuego con licencia.

“Ahí se pueden ver las consecuencias de tener en la gobernación a una mujer que es republicana y como parte de la política republicana está el derecho a las armas, por eso lo que parece ser la política pública en este gobierno en cuanto a las mujeres es hablar del derecho a las armas”, denunció en referencia a sectores que promulgan la idea de que las mujeres posean armas de fuego como defensa.

Pagán objetó al respecto a que no se ha demostrado que poseer un arma de fuego sea una estrategia eficaz para prevenir la violencia machista.

En tanto la directora ejecutiva del OEG, Estafani Figueroa, en entrevista por separado, subrayó que en el Observatorio recogen una serie de variables que ayuden a comprender el fenómeno del feminicidio y poder proponer soluciones basadas en evidencia. “Basada en datos entendemos que la campaña no es efectiva porque el agresor de violencia de género, en la gran mayoría de los casos no le tiene miedo a las consecuencias, no le tiene miedo al supuesto castigo”.

Los datos revelan que en el 2024 el 57% de los feminicidas íntimos tenían expediente criminal. De estos 6 perpetradores tenían antecedentes de violencia de género y otros crímenes como drogas, agresiones, restricción de la libertad, intento de asesinato, incendio, carjaking, robo, ley de armas, cuatro tenían expediente criminal solo por violencia de género, y dos por otros crímenes.

“Lo que nos están diciendo los datos es que el feminicida íntimo, el que le quita la vida a una pareja o ex pareja, la mayor parte de ellos son personas que han entrado y salido del sistema así que han experimentado estar dentro del sistema y las supuestas consecuencias que hay detrás de un evento de violencia. Mas sin embargo eso no les ha ayudado a comprender las consecuencias, ni a medir sus actos, y hacer un cambio real que les permita romper con esos patrones de poder y control de machismo y poder aspirar a tener una vida diferente”, expuso la directora ejecutiva del OEG.

Otro dato que puntualizó fue que en el 2024 el 53% de los feminicidas íntimos se suicidaron luego de cometer el crimen, eso es más de la mitad, por lo que fueron personas que no enfrentaron las consecuencias. Figueroa señaló que en efecto cuando se identifican esos patrones es importante desarrollar programas de prevención y crear campañas y políticas públicas formadas en evidencia, por lo que la evidencia nos está diciendo que el castigo no funciona para detener la violencia de género.

Figueroa hizo la anotación a que en el OEG entienden que el castigo es una consecuencia necesaria, ya que cada acto tiene su consecuencia y avalan a que cualquier persona que incumpla la ley en términos de ley 54 debe enfrentar las consecuencias por ley, pero el que eso vaya a detener o eliminar el problema para nada lo va a hacer.

Otro elemento que dijo les preocupa de la campaña es la revictimización, al mostrar imágenes violentas que pueden ser perjudiciales para una sobreviviente de violencia de género, al verse reflejada en ellas y revivir otra vez la experiencia del trauma que puede estar fresca o parcialmente trabajada, por lo que la campaña en su origen preocupa, por los elementos que puede generar a la salud emocional de la víctima sobreviviente que la vea.

La directora ejecutiva del OEG señaló y cuestionó la inversión económica en la campaña de cientos de miles de dólares, los cuales dijo se pudieran utilizar para muchas otras cosas. “Yo estoy a favor de las campañas de prevención e inclusive ha sido uno de los planteamientos del Observatorio de que en Puerto Rico no se ha dado una campaña de prevención de país, la recomendación es que una campaña debe ser gestionada desde las organizaciones de base”.

Ambas entrevistadas coincidieron en que la campaña se asemeja a la campaña de miedo de “Mano dura contra el crimen”, del ex gobernador de Pedro Rosselló, que en lugar de prevenir sus resultados lo que hizo fue exacerbar la criminalidad.