Introducción de Ramón López a sus escritos
Ahora que la gente puertorriqueña suma siete millones de personas, las distantes orillas de la Isla y el Continente -que son los espacios del Pueblo y la Diáspora- se acercan cada vez más. Las facilidades de la transportación aérea y la ciudadanía compartida, junto a los acelerados adelantos de las comunicaciones, colocan a los boricuas de Puerto Rico y Estados Unidos en nuevas situaciones de proximidad. Después de casi un siglo de nación dividida, el pueblo dividido se reúne en una voluntad de acercamiento.
Las recientes luchas por la excarcelación de los presos políticos y contra la presencia de la Marina en Vieques han puesto de manifiesto la necesaria interdependencia y complementariedad de la vida política de nuestra gente en ambos países. Simultáneamente, la exuberancia de un nacionalismo cultural efervescente – tan visible en la música, el deporte y la moda- ha precipitado la más intensa identificación con el imaginario del patriotismo que se haya dado en nuestra historia.
Sin embargo, hay otro consenso que limita las posibilidades del reencuentro y la apertura de una población en flujo hacia sí misma. Es la insatisfacción divisoria respecto a la vigencia del colonialismo como vínculo esencial de la relación entre Puerto Rico y Estados Unidos. Toda la gente puertorriqueña comparte una necesidad de transformar democráticamente esta situación actual, aunque no hay acuerdo sobre los mecanismos específicos que conduzcan a ese logro. Así, somos siete millones de personas con muchas ganas de unidad y muchos problemas de división. La energía contradictoria de este esfuerzo colectivo se expresa con toda intensidad en esa apasionada y arrolladora exhibición y agitación de la bandera puertorriqueña, convertidad en la presencia visual más ineludible de nuestra vida colectiva.
Hay otro espacio de convivencia que produce confusiones y divisiones entre la gente puertorriqueña. Se trata de la diferente cotidianidad de la vida en Puerto Rico y Estados Unidos. A pesar del contacto constante entre ambos territorios histórico-culturales, todavía queda mucho desconocimiento por conquistar, mucha diversidad por admitir y mucho estereotipo por superar. Ni los boricuas de Puerto Rico son tan “Isleños” ni los boricuas de Estados Unidos tan “Nuyoricans” como podría parecer a simple vista.
Este cuaderno trata sobre esta complejidad. Su propósito es doble. Por un lado, destaca la enorme resistencia y creatividad cultural de los sectores populares boricuas de la diáspora, en oposición a la visión desinformada y simplista que imagina y luego acusa a la gente puertorriqueña de Estados Unidos de echar a perder su identidad en desafortunados forcejeos asimilistas. Por otro lado, reclama atención a la diversidad y transformación de esa identidad, en oposición a la visión atrasada y folclorista que equipara y reduce la gestión cultural de la gente puertorriqueña de Estados Unidos a desesperados forcejeos tradicionalistas.
Aquí se recogen trabajos en torno a la cultura popular puertorriqueña en Estados Unidos. Es popular la cultura que hace la gente común como iniciativa propia en respuesta y relación con los demás sectores de la sociedad, especialmente con los sectores dominantes. Aquí el campo de estudio es la cultura que hace el pueblo mismo, no la cultura que el gobierno, las iglesias, las corporaciones, las academias, las agencias y otras instituciones hacen para el pueblo.
El fundamento de estas investigaciones es el trabajo etnográfico, realizado entre los años 1994 y 2001. Los temas de investigación se refieren a aspectos importantes de la vida de la gente puertorriqueña común que se manifiestan ante todo en las grandes ciudades de Estados Unidos en las que existen abundantes comunidades boricuas. A diferencia de la mayor parte de la literatura existente, el foco principal de estudio no es la vida de los puertorriqueños de Nueva York, aunque sí se toma en cuenta. Esto es de gran importancia pues existe una numerosa población en Estados Unidos que se considera puertorriqueña pero no “Nuyorican”. Esta gente se reconoce y afirma como puertorriqueña, boricua y latina; no “Puertorrican-American”. La identidad se comparte de manera inter-generacional: hasta los niños se identifican así, especialmente en los barrios populares. Para dar cuenta de todo lo anterior, se hizo mucho trabajo de fondo en los vecindarios de Chicago.
Aquí se recogen bregas puertorriqueñas que son culinarias, musicales, funerales, artesanales, festivas, visuales, espirituales, territoriales, educativas y poéticas, entre otras cosas. Hay olor de fritura y golpe de bomba, camisetas atrevidas y hip-hop de barrio, intimidades domésticas y escándalos callejeros, muñecas espiritistas y objetos de santería, banderas en el cuello y altares en las aceras, reciclados cajones de leche y formidables esculturas patrióticas, avenidas cuajadas de desfiles y callejones infestados de disparos, poesía popular de tarima y reyes magos de nuevo atuendo, tristes memorias de muertos y regocijos pentecostales, historia en tiempo de plena y vejigantes politizados, entonaciones municipales y contrapuntos de spanglish.
Todo se junta en un sabor inconfundible y una atmósfera inevitable: es vida de barrio boricua en Estados Unidos, vida llena de ganas de vivir. Se nos quedaron muchas cosas fuera de estas páginas pero entre y venga que siempre somos puertorros.
La visión del periódico «Boricua»
Suplemento Especial
Hay siete millones de puertorriqueñ@s que viven dentro y fuera de una isla, la mayoría de ell@s con una isla por dentro. B✰ricua es un periódico mensuario para esa gente. La gente puertorriqueña forma una nación que habita en el mundo. B✰ricua cubre nuestro espacio histórico en Puerto Rico y Estados Unidos desde esa perspectiva global. La misión de B✰ricua es fomentar la responsabilidad ética respecto a los asuntos de nuestra gente. Responsabilidad ética significa participación informada en el proceso de hacer la puertorriqueñidad, un proyecto plural y diverso basado en la afirmación de la aportación que hacemos al mundo. En esta gestión de diseminar información creadora, B✰ricua incorpora las aportaciones de organizadores, intelectuales, artistas, estudiantes, políticos, educadores y demás trabajadores de la cultura. Nuestro trabajo periodístico es una lucha contra la reducción divisoria de la puertorriqueñidad. Por eso B✰ricua representa la complejidad de un pueblo que lucha por la paz a pesar de sus divisiones políticas, espirituales, lingüísticas y geográficas. Por eso mismo B✰ricua no limita su punto de vista al de un sólo partido, una única religión, un exclusivo idioma o una inmóvil localización. Esta primera edición es prueba, en el sentido de evidencia, de nuestra seriedad profesional. También es prueba, en el sentido de experimento, de nuestra relación con los lectores. B✰ricua quiere recibir comentarios, críticas, sugerencias y, claro está, imágenes y textos para nuestra consideración y posible publicación. En este tiempo de fin de siglo, B✰ricua es reunión y agenda de siglo nuevo.
– Ramón López Director
El tribunal fue negligente con Roberto Viqueira
El PNP seleccionó para presidir la CEE al mismo juez que había despachado al biólogo cuando buscaba remediar la violación de intimidad en su hogar
CLARIDAD
El tribunal de Ponce despachó, en dos ocasiones, al biólogo independentista Roberto Viqueira Ríos cuando pidió un remedio para detener el hostigamiento y la presunta violación a la intimidad de su familia que estaba cometiendo su vecino Eduardo Meléndez Velázquez, quien le terminó asesinando con un rifle la semana pasada.
El juez Jorge Rafael Rivera Rueda, ahora presidente de la Comisión Estatal de Elecciones (CEE), despachó —en 2021 y 2023— las solicitudes que hiciera Viqueira Ríos para obtener protección inmediata de las presuntas grabaciones de audio y video que Meléndez Velázquez estaba tomando de su propiedad y familia.
“La petición no sólo era para que quitaran las cámaras, sino para que nos dieran acceso a las grabaciones y examinarlas. A los bullies que uno no para a tiempo, los envalentona; y el tribunal nunca emitió un injunction ni dio una orden para que se dejara de intervenir con la intimidad de la otra parte”, mencionó el abogado y amigo del difunto, Martín González Vélez, en entrevista con CLARIDAD.
Viqueira Ríos hizo esta solicitud, en septiembre de 2021, al cursar por medio de su representación legal una contrademanda y un interdicto prohibiendo la grabación de audio, video e imágenes de su familia. Sin embargo, el entonces juez superior de Ponce, Rivera Rueda, declaró «no ha lugar» sin celebración de vista.
“Habiéndose declarado ‘no ha lugar’ sin vista, ni fundamentos… nos preguntamos: ¿qué remedio le queda a los demandados? ¿Reclamar una legítima defensa? ¿Reclamar un estado de necesidad? ¿Reclamar el ejercicio de un Derecho? ¿Reclamar un temor insuperable? ¿Aparecer en una “primera plana” en los periódicos del país? La insensibilidad a los problemas diarios de nuestros conciudadanos no puede continuar”, planteó González Vélez al suplicar al Apelativo que revocara al foro de primera instancia.
En su certiorari del 22 de noviembre de 2021, González Vélez recalcó que los hijos de Viqueira Ríos y Moshayra Vicente Cruz —tres menores de 16, 12 y 11 años, respectivamente— “viven con profundo temor en su propia casa, lo que amenaza y pone en peligro la integridad mental y emocional de estos”.
Ya previamente le habían relatado al Tribunal de Primera Instancia que “se vieron obligados a quitar la piscina temporera, tienen que cerrar las cortinas de su casa y los niños ya no se sienten seguros en el patio”; que Vicente Cruz temía por su seguridad ya que el demandante suele treparse al techo a mirar hacia el interior de la casa; que se habían visto obligados a privarse de tener conversaciones privadas; y que Meléndez Velázquez se trepaba en las noches al techo a mirar a la casa de la familia Viqueira Vicente, “todo lo que atenta contra la paz y sosiego de los comparecientes”.
El Tribunal de Apelaciones revocó, el 24 de febrero de 2022, el dictamen de Rivera Rueda. El panel compuesto por las juezas Laura Ortiz Flores, Giselle Romero García y Noheliz Reyes Berríos recordó que el magistrado tenía la facultad de resolver provisionalmente esta controversia y que tenía que haber celebrado una vista para aquilatar la prueba.
Cuando bajó la determinación del Apelativo, Rivera Rueda celebró la vista, en julio de 2022, pero no tomó decisión alguna en ese momento. La continuación de la vista se pospuso, al punto que, en febrero de 2023, Viqueira Ríos volvió a solicitar remedio urgente recordando que su vecino no había provisto los videos que indicó tener, ni el tribunal había emitido las órdenes para que el demandante depositara “todos los videos que tenga en su poder…, los cuales ha ADMITIDO que tiene”.
Pese a que el tribunal había advertido a las partes que no podrían intervenir el uno con el otro, el abogado del biólogo le recordó al tribunal que Meléndez Velázquez lo había seguido haciendo reiteradamente “con total impunidad”.
En marzo de 2023, Rivera Rueda declaró “académica” esa moción para tener un remedio urgente. Esto significó que un año y medio después de la solicitud de interdicto, el tribunal no había concedido el remedio solicitado por Viqueira Ríos, pese a que su abogado había planteado la urgencia y seriedad del asunto.
El juez que tuvo ante su consideración este caso fue nominado por el Partido Nuevo Progresista a presidir la CEE. Ante la falta de consenso con los comisionados de otros partidos, la gobernadora Jenniffer González presentó su nombramiento en abril, que fue confirmado por la Asamblea Legislativa.
La “negación institucional”
En lo que respecta a la prevención de esta tragedia en Yauco, González Vélez lamentó, en entrevista con CLARIDAD, que “todo el mundo menospreció el argumento de Roberto”. ”O era un acto discriminatorio o era negligencia crasa en el cumplimiento del deber. La incompetencia no puede llegar a lo que llegó este caso”, puntualizó.

Las sospechas de discrimen de González Vélez surgen dentro del contexto de persecución política que sufrió Viqueira Ríos por parte del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) en el período cercano al asesinato de Filiberto Ojeda Ríos, líder del Ejército Popular Boricua – Los macheteros. “Roberto fue objeto de persecución por parte del Estado, y que raro que cuando él pide justicia, no le hacen caso”, indicó.
“La negación de lo que él pedía era como institucional por parte de la Policía primero y por parte del tribunal”, insistió González Vélez. “Si desde el primer día, no se hubiera menospreciado el planteamiento de violación a la intimidad de Roberto, esto no hubiera pasado. No pusieron el orden; dejaron que siguiera. La otra parte se siente impune y actúa con impunidad”, lamentó.
La familia del occiso también exigió, en declaraciones escritas, «que se investiguen exhaustivamente todos los ángulos posibles de este crimen — personales, políticos y profesionales».









