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En Reserva – A Palestina, via Mosab Abu Toha

 

¡Viva Palestina! – Estefanía Rivera Cortés

 

Ha pasado demasiado tiempo. Me queda una deuda y la amargura de solo cargar con una moneda devaluada. A fuerza de invasiones, genocidios y censura, la palabra se vacía y adquiere un carácter ruinoso: como un esqueleto o caparazón, sirve como representación irónica de la impotencia de una cosa que ya no está aquí. Me he sentido incapaz de honrar apropiadamente la catástrofe y la belleza del pueblo palestino. Sin embargo, ¿qué código es más eficiente que aquel que carga con la historia críptica de los vencidos? ¿Qué mejor lenguaje de amor que aquel que no tiene el poder de ordenar el mundo?

Se ha dicho que en la guerra, la efectividad de las armas no depende únicamente de su capacidad de destrucción física, sino que deben rendir un efecto multiplicador mediante el ataque a la psicología de las víctimas. Así, la destrucción de un pueblo depende también del triunfo sobre la percepción. Supongo que en la era en que las imágenes se consumen como fósforos, esta carta tiene el poder de un avión de papel. A pesar de todo, apuesto a ese vuelo precario sobre el embelesamiento de lo que se arrasa. Así me han llegado los versos de Mosab Abu Toha, poeta palestino sobreviviente. Estoy convencido de que aún están aquí por ser frágiles, como si cada estallido y viento de la ofensiva sionista los impulsara más lejos. Con ellos ensayo una traducción y mi pobre homenaje.

COSAS QUE PUEDE QUE ENCUENTRE ESCONDIDAS EN MI OÍDO

A Alicia M. Quesnel, MD

 

I

Cuando me abra el oído, sea gentil.

La voz de mi madre perdura en algún resquicio.

Su voz es el eco que me permite recuperar el equilibrio

cuando me mareo prestando atención.

 

Puede que encuentre canciones en árabe,

poemas en inglés que me recito a mí mismo,

o alguna canción que le canto a los pajaritos que pían en el patio.

 

Cuando cosa la herida, no se olvide de volver a ponerlos todos de nuevo en mi oído.

Devuélvalos en orden, como si estuviera guardando sus libros en el anaquel.

 

II

El zumbido del dron

el rugido del F-16,

los gritos de las bombas cayendo sobre las casas,

sobre los campos y sobre cuerpos,

de cohetes que vuelan–

sáqueme del canal de todo eso.

 

Rocíele el perfume de sus sonrisas a la incisión.

Inyécteme la canción de la vida para despertarme.

Repiquetee suave el tímpano para que baile mi alma,

con la suya,

mi doctora, día y noche.

 

¿Y qué puedo lograr yo con la traducción? Mucho más se ha dicho de la insuficiencia del oficio de la traducción poética. Walter Benjamin, por ejemplo, asemeja la relación entre el lenguaje y contenido del original a una fruta con su cáscara. La traducción, en cambio, envuelve el contenido con un manto monárquico de mil pliegues, ya que busca indicar la superioridad del original y el lenguaje queda desproporcionado y violentamente separado de su contenido. No se trata pues, de transmitir en forma libre el significado del original, ni de ser fiel a él verso a verso, sino de intentar expresar la relación secreta que guarda el poema con su lenguaje. ¿Puedo yo, un puertorriqueño con vasto desconocimiento de las condiciones de vida del pueblo palestino, traducir a mi léxico una experiencia que me es ajena? Es precisamente esa transposición absurda la que crea tensiones y es capaz de apuntar a un tercer lenguaje puro, abstracto, en el que nuestras respectivas condiciones históricas encuentren una voluntad en común. Ese lenguaje puro no está aquí ni está cerca. No, Puerto Rico y Palestina no comparten historias similares, ni son víctimas de lo mismo. Solamente podemos apuntar insuficientemente hacia un espacio abstracto en que los ecos de nuestros respectivos lenguajes se encuentren.

MI ABUELO ERA TERRORISTA

Mi abuelo era terrorista–

Cuidaba su tala,

les echaba agua a las rosas del patio,

fumaba cigarrillos con abuela

tirado en la playita amarillenta

como una alfombra de oración.

 

Mi abuelo era terrorista–

recogía chinas y limones,

pescaba con los hermanos hasta el mediodía,

se consolaba cantando de camino

al herrero en su caballo pinto.

 

Mi abuelo era terrorista–

Se hacía su tacita de té con leche,

sentado en su monte verde seda.

 

Mi abuelo era terrorista–

Dejó la casa puesta para la visita,

les puso agua en la mesa, de la mejor que tenía,

no fueran a morirse de sed cuando terminaran su conquista.

 

Mi abuelo era terrorista–

Caminó al pueblo seguro más cercano,

lúgubre como un cielo encancaranublado,

o una caseta abandonada,

o un anochecer sin estrellas.

 

Mi abuelo era terrorista–

Mi abuelo fue un hombre

que le dio de comer a diez,

un hombre cuyo lujo más grande fue tener un toldo

con una banderita azul de las Naciones Unidas

que ondeaba en un poste mohoso, en la playa, al lado de un cementerio.

No tengo, pues, otra cosa que dar que palabras insuficientes. Esa distancia e incongruencia acentúa la verdadera esencia de esta faena. Ya lo muestra en nuestra cultura una traducción similarmente imposible: el “Villancico yaucano” deduce elegantemente que, en nuestra pobreza, hacer equivalencias con los regalos más preciosos de la tierra no nos enaltece. No hay mejor muestra de amor que la humilde ofrenda de nuestros corazones. Ahí, quizás, apuntamos a un lenguaje común con Palestina. En la fragilidad, en la incertidumbre, una palabra como profecía mesiánica de algo extraviado.

DESPLAZADX

A la memoria de Edward Said

No estoy ni adentro ni afuera.

Estoy en un entremedio.

No soy parte de nada.

Soy como la sombra de algo.

En el mejor de los casos,

soy una cosa que

realmente no existe.

Floto en el espacio,

una chispa en el tiempo

en Gaza.

Pero me voy a quedar

donde estoy.

 

 

 

El traductor de Zagajewski

 

Especial para En Rojo

Nació en L’Espluga de Francolí, en 1971, pero lo que se podría llamar revelación la tuvo en una librería de Reus, posiblemente a principios de los 90. Desde esa primera lectura de Czesław Miłosz, una antología publicada en 1984 titulada simplemente Poemas, nada fue igual: dejó atrás su ciudad y en parte su(s) idioma(s), el catalán y el español, para instalarse primero en Poznań y luego en Cracovia; en la lengua polaca. Una lengua que aprendió por su cuenta a través de libros de gramática, inmerso en la ciudad y, por supuesto, traduciendo. Esos primeros instantes de verter un poema de una lengua a otra no respondían a un contrato editorial, sino a la curiosidad y la admiración. Años después, en L’auditori de Görlitz, un libro fragmentario sobre su experiencia y sus lecturas, o sobre su concepción poética, escribió:

Y ya, desde entonces, desde ese primer viaje, te das cuenta de que tú ya no eres sin esa lengua, ya no eres sin esos autores, ya no eres sin un mundo que no has llegado nunca a conocer realmente y que ha quedado allí, antes de que tú llegaras, en la esfera de la mitificación. Porque tú no has crecido allí, no tienes unos recuerdos, una manera de ver la realidad, todo es como un trasplante, trasladas todas tus experiencias de otro lugar y las intentas acomodar en el nuevo, creas tu propia historia a partir de los retazos que has ido acumulando, es una especie de patchwork cuando lo que ves a tu alrededor son más bien colchas sin remedos, algún añadido, pero no estos cortes que intentan encajar unos con otros aunque sean de naturaleza muy dispar.

Aunque ha traducido a la ganadora del Nobel polaca Olga Tokarczuk, al también Nobel Czesław Miłosz, a escritores eslovenos y ha colaborado en antologías de poesía polaca, tal vez sea más reconocido (si es que se menciona) como el traductor de Adam Zagajewski, cuyos libros publica Acantilado. Fue Jaume Vallcorba, el fallecido editor y fundador de la editorial, quien tras recibir algunas de sus traducciones de Zagajewski, del libro Ziemia Ognista (en catalán Terra del foc y en español Tierra del fuego), le dio el primer encargo. Esa apuesta nos permitió descubrir a uno de los poetas más extraordinarios de Polonia con la publicación de toda su obra poética posterior.

Paralela a su labor traductora están sus poemas. En varias ocasiones ha mencionado que van de la mano. Desde Cracovia, sus versos los escribe en catalán. En ellos están presentes el desarraigo, la búsqueda de lo propio en lo extranjero, el sentimiento de extrañeza. Leerlo como poeta sabiendo que también es traductor de poesía polaca es a veces caer en la tentación de buscar ahí sus fuentes; lo difícil en estos casos no es ver las influencias polacas en su poesía, sino no verlas. Sin embargo, su voz parte desde lo personal hasta llegar a lo histórico en un tono reflexivo, intercalando escenas de lo que podría considerarse esa idea de alma europea en el mejor de los sentidos. Las tradiciones propias se dan la mano con las extranjeras, no como mera copia o esnobismo, sino anudando en una voz personal sus lecturas. Dan cuenta de esto títulos como “Iglesia Ortodoxa”, “Sí, Celan, sí”, “San Marcos”, “Florencia”, “Istria”, “Marco Polo”, una serie titulada “Frontera” y un libro de poemas, o breves cartas en verso, que preguntan a Lucio sobre la envidia, la comunicación, el amor, la distancia, o el propio cuestionamiento sobre desde dónde nos posicionamos: “Y cuando muera nadie sabrá qué hacer / dónde ir a buscar a los familiares / con qué lengua dirigirse”.

Alejado de los círculos literarios de Catalunya, ocupa un lugar periférico, no solo por razones geográficas, sino también su poética, muy distinta a las corrientes contemporáneas. Aunque parezca obvio decirlo, tampoco es un poeta polaco. En español apenas se encuentran traducciones de sus poemas (hechas por él mismo). Tampoco parece haber editoriales interesadas por publicar L’auditori de Görlitz en nuestro idioma, si bien ya se ha publicado en italiano y en polaco, además del original en catalán. Ese gesto involuntario de siempre estar fuera, de no pertenecer y aun así seguir escribiendo, sin seguir modas ni buscar más lectores, parece ser una lección y una ética de trabajo admirable sobre su quehacer poético.

Entre sus amistades y personas cercanas lo conocen como Xavi.

Verde Aguacate y su labor cultural

En Rojo

El 25 de junio tuvimos la oportunidad de asistir a la presentación del hermoso documental Parce qu’on vient de loin/Because We Come from Afar/Porque venimos de lejos de Cédric-Isham Calvados en el restaurante/galería Cundeamor en Vieques. Esta actividad nocturna fue organizada por Diana Ramos y el Festival de Cine y Derechos Humanos de Vieques (FCDHV) y contó con la presencia del director del documental y la directora del grupo auspiciador y coordinador, “Verde Aguacate”, Rocío Tejada. En el documental se explora las vivencias y recuerdos de cinco ciudadanos franceses nacidos en el Caribe (Martinique, Guadeloupe, Guyana) y el océano Indico (Réunion) y que viven en L’Hexagone, la parte metropolitana francesa. Hablan mayormente de sus recuerdos, algunos muy vagos por su lejanía, de esa isla donde su madre y padre nacieron o ellxs mismos para después ser desplazados a Francia continental. La metáfora visual y constante es el/la mar, ese océano que nos separa de las islas lejanas y de Africa como el origen de la historia por escribir.

Tanto en persona como por correo electrónico establecí una conversación abierta con Rocío Tejada sobre una organización relativamente joven que tiene como propósito abrir espacios de diálogo—ya sea visual audio, pictórico, literario—en una geografía flexible y cambiante. Sus proyectos anteriores y en agenda establecen lazos comunes con geografías tan distantes como Tokio (10mo Seminario de Juventud de la UNESCO), Programa de inmersión cultural en Jerez, Sevilla y París (Fundación Arana), Universidad de Dhaka en Bangladesh, en Santiago de Cuba y Santiniketan, India. Estos encuentros del programa de inmersión “continúan nutriendo nuestra visión ecológica multicultural, articulando un Caribe en diálogo con el Sur Global” (R. Tejeda).

La Fundación Verde Aguacate se establece en 2019 “con el compromiso de fomentar el pensamiento crítico, la educación multicultural y la creación artística en el Caribe. Surge de la necesidad de visibilizar las voces diversas que configuran nuestra región y de ofrecer espacios que promuevan el diálogo entre saberes ancestrales, prácticas contemporáneas y expresiones comunitarias” (R. Tejeda). A través de sus residencias, talleres y programas formativos “fortalece el intercambio cultural en Puerto Rico y el Caribe, conectando artistas, estudiantes e investigadores con comunidades que trabajan desde perspectivas interseccionales, decoloniales y humanísticas” (R. Tejeda). A la pregunta de si la Fundación buscaba lazos comunes entre el Caribe y sus conexiones entre islas y con las diásporas establecidas en ciudades/regiones europeas, canadienses y estadounidenses, Tejera señala que “La fundación promueve la colaboración cultural no solo entre las islas del Caribe, sino también con sus diásporas, enlazando la educación multicultural mediante intercambios con diversas regiones del mundo. Algunas de las conexiones ya establecidas incluyen Europa, India, Cuba, Bangladesh y, en nuestro próximo encuentro, Japón. Nuestra visión es fomentar un diálogo multicultural que fortalezca la identidad caribeña en escenarios internacionales.”

Entre las organizaciones con quien han tejido una red de colaboraciones se encuentran Taller la Playa en Ponce, Centro Paz para Ti de Adjuntas, La Casa de los Contrafuertes en el Viejo San Juan, Comuna Caribe en Río Piedras, Huerto comunitario callejón Trujillo en Ponce, Corredor Afro en Loíza y el FCDHV donde conocimos a Tejada.

Sin duda los conceptos de red, colaboración, esfuerzo colectivo, trabajo comunitario, intercambio de saberes establecen el camino a seguir para una organización como Verde Aguacate que parte de la fe y confianza que tiene de nuestro desarrollo a corto, mediano y largo alcance. Este es el trabajo silencioso que no titubea al encontrar algún obstáculo en el camino que se han trazado. Apuestan y alientan a nuestro pueblo al crear un abrazo gigante que nos proteja y estimule a todxs.

Lxs lectorxs deben estar pendiente a dos próximas actividades en el mes de septiembre, ambas en la Escuela de Artes plásticas y Diseño de Puerto Rico en los predios de El Morro con quien sostienen una colaboración continua: la presentación del documental que vimos en Vieques en julio, Parce qu’on vient de loin el jueves 4 de septiembre a las 11am y la presentación de la performera japonesa Reiko Shimizu el miércoles 10 de septiembre también a las 11am.

 

Las maravillas familiares y estéticas de The Fantastic Four: First Steps

 

Especial para En Rojo

Los Cuatro Fantásticos, que fueron creados por Stan Lee y Jack Kirby, siempre han representado las dinámicas de una familia. Aunque los roles dentro del círculo de los cuatro tienden a ser sumamente convencionales, los escritores continúan reinventándolos para acomodarse a sensibilidades más modernas. En los comics originales, el padre de familia, Mr. Fantastic/Reed Richards, es la voz de la razón. Su visión científica solidifica su autoridad intelectual sobre los demás integrantes. Su esposa, Invisible Girl (o Woman, según la época en la que se publica la historia) /Sue Storm, también tiene conocimiento científico, aunque su rol definitivo es el de la típica esposa pasiva que disciplina amorosamente a los muchachos. Aunque la pareja no tiene hijos, The Human Torch/Johnny Storm, que es hermano de Sue, actúa como un adolescente irresponsable que constantemente pelea con su “hermano mayor,” The Thing/Ben Grimm. Este último no es parte de la familia directamente, pero es miembro esencial del grupo. Su conflicto interior por la pérdida de su físico humano hace de su fuerza de piedra una condena para Grimm. En los Cuatro Fantásticos, Lee y Kirby buscaban reflejar la sociedad estadounidense de la época con una familia cuyos poderes y exploraciones científicas los tornaron en los defensores del planeta. Esta combinación resulta en un contraste genial entre la cotidianidad del hogar y la fantasía de los mundos en los que los cuatro personajes aventuran.

La más reciente película del Marvel Cinematic Universe (MCU), The Fantastic Four: First Steps (dir. Matt Shakman; Reino Unido, EE.UU. y Canada, entre otros; 2025), innova sobre esta fórmula, a pesar de que no pierde sus elementos esenciales. En una edición especial del cómic que sirve de introducción a la nueva película y que fue publicada recientemente (The Fantastic Four: First Steps #1, escrito por Matt Fraction con arte de Mark Buckingham) los Cuatro Fantásticos son dibujados con las características físicas de los actores. En esta aventura previa, Mr. Fantastic (Pedro Pascal), Invisible Woman (Vanessa Kirby), The Human Torch (Joseph Quinn) y The Thing (Ebon Moss-Bachrach) se enfrentan a la nación de Subterránea, presidida por Mole Man/Harry Elder (Paul Walter Hauser). En un giro interesante, Sue Storm establece relaciones diplomáticas con Subterránea evitando así una guerra. La genialidad científica de Reed y las habilidades de liderazgo de Sue como embajadora extraoficial de los Estados Unidos en el conflicto demuestran un cuestionamiento a la concepción original del personaje. De hecho, en la película, el Reed Richards de Pedro Pascal pierde bastante de la arrogancia del personaje original para tornarse en un hombre sensible cuya dependencia en la ciencia no siempre le permite comunicarse efectivamente con la gente que le rodea. Inclusive, el Ben Grimm de Ebon Moss-Bachrach no es el simpático bocón de los comics, sino un hombre que, aunque algo incómodo con su nueva forma de piedra, insiste en explorar su profunda sensibilidad. La Sue Storm de Vanessa Kirby es una fuerza que ni el inmenso y terrible Galactus (Ralph Ineson) podría doblegar.

La película funciona precisamente porque nos cuenta las historias sobre estos héroes que piensan más allá de la lucha, que usan la ciencia para considerar posibilidades, que establecen vínculos con diversas naciones de los múltiples mundos de Marvel y que defienden a los suyos con todas sus fuerzas. Esto se lleva a cabo en un mundo bellísimo que demuestra los valores de la producción, la visión de Matt Shakman, el director, y el trabajo del equipo de diseño de arte. El mundo de los Cuatro fantásticos es retro-futurista, donde los diseños de interiores mid-century moderno coexisten con carros voladores y modas de vestir sesentosas. Su mundo es tan único como el afro-futurismo de Wakanda en Black Panther (dir. Ryan Coogler, EE.UU., 2018) y los extraños planetas de la trilogía de Guardians of the Galaxy, dirigida por James Gunn. Al final de la película, quise continuar deambulando por las calles del Nueva York de los Cuatro Fantásticos acompañado por la maravillosa música de Michael Giacchino.

A pesar de que recomiendo altamente la película y que espero que la puedan ver en la pantalla más grande que encuentren, me parece que la historia no profundizó lo suficiente en el personaje de Silver Surfer/Shalla-Bal (Julia Garner). Su liberación de Galactus, un ente que devora mundos y que ha esclavizado al Surfer, es una de las historias de redención más significativas de los comics de Marvel. Puede que esto se explore en otra producción para cine o televisión, pero los giros en el personaje del Silver Surfer hacen sentir su desarrollo algo superficial en esta película. Otro elemento que impacta los proyectos de Marvel es que estos siempre forman parte de una fase más grande del MCU. Como consecuencia, la individualidad de cada película se afecta. ¿Qué elementos de la estética de The Fantastic Four: First Steps sobrevivirán en el gran evento final de esta fase de Marvel? Espero que la Tierra 828, la versión de nuestro planeta en el Multiverso y donde vive esta versión de los Cuatro Fantásticos, nunca pierda su encanto.

Editorial-25 de julio: 127 años en la noria colonial

 

El 25 de julio es una fecha ignominiosa en la historia de Puerto Rico. Marca el momento en que, por medio de una invasión militar, el gobierno imperial de Estados Unidos, impuso su poder absoluto sobre el pueblo puertorriqueño en 1898, iniciando un nuevo ciclo de subordinación colonial para nuestro país que dura hasta el presente.

Por eso, es un ejercicio inútil intentar encontrar y explicar diversos significados de esta fecha para el pueblo puertorriqueño. No sería así si Puerto Rico hubiera alcanzado su independencia un 25 de julio. Porque el día del nacimiento de una nación no necesita explicación, como tampoco la necesita el día del cumpleaños de una persona. Si la mera alusión al 25 de julio aún levanta ronchas entre nosotros es precisamente porque la fecha resalta lo obvio: la naturaleza colonial y subordinada  de Puerto Rico al Congreso de Estados Unidos de América, subordinación que nos tiene aún dándole vueltas a la noria colonial después de 127 años.

No ha habido un solo momento en nuestra historia en que Puerto Rico haya gozado de soberanía política. Lo más cercano fue la Carta Autonómica y el Gabinete Autonómico de 1897, autorizados tardíamente por el gobierno de España cuando ya se advertían los cañonazos  de la Marina de Guerra de Estados Unidos en El Caribe.

La firma del Tratado de París para poner fin a la Guerra entre España y Estados Unidos, y la cesión y ocupación de Puerto Rico por las milicias estadounidenses, dieron al traste con el sueño soberanista. A partir de entonces, Estados Unidos ha retenido para sí la soberanía de Puerto Rico, bajo la Cláusula Territorial de su Congreso, y cualquier asunto relativo a la relación de Estados Unidos y Puerto Rico corresponde al sub comité de Asuntos Indígenas y Territoriales del Comité de Recursos Naturales del Congreso. Desde allí se legisló para Puerto Rico las Leyes Foraker y Jones, bajo las cuales se ordenó el gobierno colonial de la Isla durante la primera mitad del siglo veinte, y se nos impuso la ciudadanía estadounidense y el servicio militar en las Fuerzas Armadas imperiales.

En 1952, y bajo presión de la comunidad internacional representada en la Organización de Naciones Unidas (ONU), Estados Unidos se sintió obligado a dar un nuevo paso en su relación con Puerto Rico. Ahí vino el engaño de la Ley 600 y la llamada Constitución del Estado Libre Asociado ( ELA) con una apariencia de «gobierno propio» que le permitió a Estados Unidos zafarse de su obligación de someter informes sobre sus colonias/ territorios a la ONU.

En su libro, La farsa del Estado Libre Asociado, el procurador general de Puerto Rico de 1949 a 1951, bajo el primer gobierno del Partido Popular,  y uno de los más prominentes juristas de su época, Vicente Geigel Polanco, denunció la naturaleza colonial de la Ley 600:

» La Ley 600 del Congreso no reconoce ni confiere soberanía al pueblo de Puerto Rico para hacer su constitución. El Congreso conserva la plena soberanía sobre Puerto Rico que adquirió en virtud del Tratado de París; mantiene el status de posesión territorial que tiene la Isla bajo la sección 1 de la Ley Jones- que quedará subsistente en la Ley de Relaciones Federales de Puerto Rico- y lo único que hace la Ley 600 es delegar facultad en el pueblo de Puerto Rico para redactar un proyecto de gobierno interno, de régimen local, dentro del mismo marco orgánico de la vigente Ley Jones, sujeto ese proyecto a la aprobación final del Congreso de Estados Unidos , que es donde reside la verdadera soberanía sobre Puerto Rico».

Por eso, lejos de morir tras la inauguración del ELA aquel 25 de julio de 1952, la lucha y el debate en torno al estatus político de Puerto Rico, así como las posturas de los electores y los partidos políticos respecto a las distintas opciones de estatus – Independencia, Estadidad o ELA- han sido un punto principal de contención y división en el pueblo puertorriqueño. Precisamente, la polarización en torno al estatus político fue el caldo de cultivo para los asesinatos de dos jóvenes independentistas en el Cerro Maravilla,  a manos de policías de Puerto Rico transformados en esbirros aquel infame 25 de julio de 1978.

A pesar de decenas de consultas, plebiscitos y comisiones de estatus, la resolución del destino político final de Puerto Rico está tan detenida y estéril hoy como lo ha estado desde 1898. El Congreso y los gobiernos de Estados Unidos no han tenido la voluntad política para moverse a resolver de forma permanente el estatus de Puerto Rico, y los partidos coloniales que se han turnado el gobierno en Puerto Rico desde la segunda mitad del siglo veinte hacia acá, están cada vez más cuestionados y desprestigiados como interlocutores ante el Congreso.

La denuncia del embeleco de la Ley 600 y el ELA le costó el puesto y muchas angustias a Vicente Geigel Polanco. Sin embargo, su verdad  prevaleció y se comprobó, más allá de toda duda y análisis, tras la aprobación de la Ley PROMESA y todas las instancias recientes  en que el Congreso y los Tribunales de Estados Unidos han reiterado la relación de subordinación política de Puerto Rico a la Cláusula Territorial del Congreso de Estados Unidos. Una subordinación política que ha amarrado las manos y el espíritu del pueblo puertorriqueño y lo ha hecho vivir de crisis en crisis, y cada vez más sumido en la pobreza y la dependencia.

Las elecciones de 2024 demostraron que la mitad de nuestro pueblo elector quiere cambios profundos en nuestra relación con Estados Unidos, no para anexarnos ni seguir en el limbo colonial, sino para explorar un camino nuevo de amistad con un Puerto Rico soberano y verdaderamente democrático, y en cooperación y respeto mutuo con Estados Unidos y el mundo.

En Puerto Rico la colonia ha fracasado. No funciona para las mayorías de nuestro pueblo. Tras 127 años no es opción seguir dándole vueltas a la noria de la colonia perpetua, ya sea por miedo o por ventajería electorera o personal.