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El Bourdain reimaginado de Matt Johnson en Tony

Especial para En Rojo 

En mi última reseña para Claridad, publicada el 26 de agosto, escribí sobre la representación de la juventud en la novela, Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño. Veo mi vida universitaria reflejada en el dinamismo de ese grupo de escritores jóvenes en los setenta que roba libros, que recorre los antros del DF y cuyos miembros experimentan con todo. La angustia romántica de los diferentes narradores, la mayoría en sus veintitantos años, es peligrosa por momentos y siempre fascinante.

El centro de mi reseña era la película colombiana, Un poeta (dir. Simón Mesa Soto; Colombia, Alemania y Suecia; 2025). El protagonista, Óscar Restrepo (Ubeimar Ríos) vivió una juventud de melancolía y poesía. Pero a sus 50 años solo le queda la tristeza profunda por la duda y la pérdida de su juventud. Sin embargo, la película Tony (dir. Matt Johnson, EE.UU. y Canadá, 2026) se resiste a la tristeza de la adultez de Un poeta. Conocemos el trágico futuro de Anthony Bourdain, el joven Tony de la película. El silencio de la voz de Bourdain todavía es duro para muchos de nosotros. Su voz maldita, cuyo timbre nos recuerda las delicias del cigarrillo, es idónea para narrarnos las rutinas y sacrificios en las cocinas de los restaurantes de Nueva York (sus libros en Audible están entre las mejores grabaciones) y contarnos sobre sus viajes por el mundo con curiosidad auténtica y suficiente cinismo.

Tanto como el personaje de Óscar Restrepo, Anthony Bourdain vivió una melancolía tan arraigada que lo llevó a la autodestrucción. Pero en Tony, Matt Johnson se concentra en el caos juvenil de Bourdain durante su estadía en Provincetown, Massachusetts. Aunque en la película es solo un verano, Bourdain pasó cuatro en el pueblo costero durante la primera mitad de la década de los setenta. Aquí Tony Bourdain saboreó la vida de los real visceralistas de la novela de Bolaño, pero como un escritor entre los piratas de la cocina del Flagship, un acogedor restaurante de pescado y mariscos cerca de los muelles.

En Tony, Matt Johnson reconstruye con una mezcla de ficción y con elementos de la vida real las experiencias del joven Tony Bourdain (Dominic Sessa). Este llega a Provincetown detrás de Nancy (Emilia Jones), una chica que le gusta, y después de haber perdido una beca para un programa de escritura en Vassar College. Para mantenerse en el área, Tony encuentra trabajo en la cocina del solitario Chef (Antonio Banderas). El jefe de la cocina y dueño del restaurante es uno de estos capitanes que habla en gruñidos que suenan más a sabiduría que a amenaza. Chef observa todo lo que ocurre a su alrededor y, a pesar de que es católico practicante, entiende y respeta sin juicios la intensidad de la vida de un empleado de cocina. Banderas actúa al personaje como un viejo marino abatido por el mar y que ha creado un espacio seguro para jóvenes perdidos como Sal (Leo Woodall), un cocinero algo patán que le enseña a Tony la delicia de las drogas.

A pesar de que la cocina tiene otros personajes interesantes como Stavros (en una participación bien limitada, pero muy divertida de Stavros Halkias), el enfoque de la película es Bourdain. Las prevalentes tomas en primer plano de la cara de Dominic Sessa develan el aislamiento de Tony y la intensidad con la que observa todo. Sessa refleja la impredecible inocencia que asociamos con la voz narrativa de Bourdain en los primeros tres capítulos de su primer libro, Kitchen Confidential, que cuentan sus vivencias en Massachusetts y sus comienzos en el Culinary Institute of America (CIA).

Tony no es una película perfecta. La visión juvenil de Matt Johnson, que brilla junto a su compañero Jay McCarrol en Nirvanna the Band the Show the Movie (dir. Matt Johnson, Canadá, 2025), le da a Tony una inocencia setentosa que recuerda las películas de Hal Ashby, como The Last Detail (EE.UU., 1974). La cámara de Michael Bauman retrata las arenas blancas de Provincetown y la energía de la pesca nocturna con Chef, dándole al lugar una resonancia mítica en la formación de Bourdain.

Sin embargo, muchos de los personajes de la cocina permanecen como tipos sin definición limitando el desarrollo del grupo de trabajo. No sabemos nada sobre Mary (Monica Raymund), la bartender con la mirada de que lo ha escuchado todo, o de Tyrone (Michael Jibrin), el cocinero veterano que agarra sartenes calientes sin quejido alguno. Inclusive, el personaje de Nancy, que lleva a Bourdain a Provincetown, demuestra las limitaciones más problemáticas en la escritura de Johnson. Nancy es un personaje sumamente acartonado y solo sirve de justificación para que Bourdain llegue a Provincetown, para que el joven se mantenga en el lugar y para ser la confidente de los planes futuros del protagonista.

No obstante, Tony es un interesante, aunque imperfecto, relato visual de un joven que encuentra su voz de escritor en la cocina, que descubre la calma junto a la disciplina de Chef y que se asoma a los demonios que lo perseguirán por décadas. La película se exhibe en la pantalla grande, el lugar idóneo para vivir el Provincetown imaginado que formó a Anthony Bourdain.

Justicia y libertad: las dos banderas de Willie Abreu Elías 

Filiberto Ojeda Ríos y Luis Abreu Elías. Foto Archivo CLARIDAD
Quienes conocieron al recién fallecido abogado y patriota isabelino y puertorriqueño, Luis F. Abreu Elías- Willie- saben de su incansable compromiso con la justicia y su intenso amor por la libertad de Puerto Rico, dos banderas que marcaron el camino de su vida con la tinta indeleble de la buena voluntad.
Fue un hombre de muchos y variados saberes, los cuales supo cultivar con insaciable curiosidad y con honestidad personal y patriótica a toda prueba. Como dice el verso de Antonio Machado, «nunca persiguió la gloria», y si obtuvo fama no fue en un ejercicio de vanidad, sino en su proceder valiente y en la firmeza de sus convicciones y acciones como luchador por nuestros derechos nacionales, y  como abogado defensor de los derechos civiles y humanos de cientos de personas en Puerto Rico por más de cincuenta años.
Independentista desde muy joven, se graduó de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico en 1968, y en 1969 se inició en la práctica de la abogacía. Desde ese primer momento, comenzó a representar a independentistas que eran perseguidos por sus ideas, en aquellos años de feroz represión del Estado contra organizaciones y militantes que denunciaban los males de la colonia  y luchaban por la independencia de Puerto Rico. Fue tan efectiva su labor que él mismo se convirtió en blanco de persecución y carpeteo por parte de las fuerzas de inteligencia del Estado, en Puerto Rico y Estados Unidos.
Fue el aguerrido abogado de Filiberto Ojeda Ríos,  líder de la organización armada independentista Ejército Popular Boricua ( Macheteros), al que defendió con audacia y brillantez en todos los foros pertinentes. El país aún recuerda su denuncia del Informe del Departamento de Justicia de Puerto Rico tras la muerte del líder Machetero, porque en el mismo no se concluyó que el Negociado Federal de Investigaciones ( FBI) fue responsable del asesinato del luchador y patriota. Por su trayectoria como abogado defensor de luchadores y perseguidos, en 2019 le fue otorgada la prestigiosa Medalla Gilberto Concepción de Gracia por el Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico.
En la introducción a su libro, Buscando justicia contra viento y marea, Abreu Elías escribe: «En cierto sentido, es un texto autobiográfico, pues hace acopio de estampas de lo que fue mi vida profesional. Algunos de los que estudiaron conmigo disfrutaron de estatus y de riqueza material. Ese no ha sido mi caso. No los condeno ni los critico, pero no cambio lo que he vivido por todo el oro que otros han acumulado.»
En su partida, Luis F. Abreu Elías se lleva un tesoro mayor: el  cariño y el respeto que nuestro pueblo reserva para quienes le sirven desinteresadamente y con dignidad. Arropado por sus dos banderas- la de la justicia y la de la libertad- se le reconoce su trayectoria ejemplar como patriota  comprometido y consecuente en conciencia y acción.
En CLARIDAD le recordaremos siempre con agradecimiento por su cercanía, colaboración y solidaridad.
Reciban su familia de sangre y la extendida nuestra más sentida condolencia y un abrazo solidario.
Junta Directiva y Colectivo de Trabajo de CLARIDAD, Periódico de la Nación Puertorriqueña 

“La década perdida” de la Junta de Control Fiscal en Puerto Rico

 

Los diez pasados años en Puerto Rico han sido el compendio de una nueva etapa en nuestra relación colonial con el gobierno de Estados Unidos de América, tras la aprobación en 2016 de la Ley PROMESA y la imposición de una Junta de Control Fiscal (JCF) por parte del Congreso y el presidente de Estados Unidos, con el mandato de reestructurar la deuda pública de Puerto Rico que, a ese momento, acumulaba más de $72 mil millones. Hoy, han pasado diez años desde entonces y las miradas se dirigen hacia dicho proceso y evalúan si el mismo ha sido o no de beneficio y avance para Puerto Rico. La ley PROMESA no tenía precedentes en Estados Unidos. Se creó para Puerto Rico, colonia/territorio que había quedado inexplicablemente descubierto de la protección de la ley de quiebra federal desde 1985.

Al cabo de estos diez años, la JCF solo reclamó logros en su gestión en Puerto Rico. Reflexión y autocrítica no hubo ninguna, al menos para consumo público. Pero no todos los sectores en Puerto Rico concuerdan con dicha perspectiva, especialmente, aquellos que han sufrido en su vida diaria el impacto negativo de las decisiones y medidas adoptadas por una ley de quiebras impuesta y antidemocrática, y una nueva capa de gobernanza abiertamente colonial y lejana de la gente y sus problemas. Su gestión ha tenido una sola prioridad: balancear el presupuesto para pagar la deuda, dejando intacto el modelo económico y el sistema político que provocaron la crisis, y a los responsables de la misma, muchos de los cuales siguen campantes, ejerciendo influencia en los procesos decisionales del gobierno y la opinión pública del país.

Bajo el título, Década perdida 2016-2026: La verdadera cara de la Junta en Puerto Rico, un informe preparado conjuntamente por la Comisión Ciudadana para la Auditoría Integral del Crédito Público y las organizaciones “Right to Democracy”, Sembrando Sentido y Liga de Ciudades de Puerto Rico ofrece, con análisis y datos verificables, una perspectiva desde las organizaciones de la sociedad civil, contraria y crítica de la Ley PROMESA y de la gestión de la JCF en Puerto Rico durante los pasados diez años. En su introducción, el informe nos advierte: “En este análisis se concluye que, si bien la Junta ha reestructurado la mayoría de la deuda pública, también han reinado la improvisación y los errores con impactos negativos por décadas en las finanzas públicas y calidad de vida en Puerto Rico. La Junta promovió acuerdos impagables con los fondos buitres, medidas de austeridad sin medir impacto, mayor dependencia de fondos federales, privatizaciones y aumentos en el costo de los servicios. Todo esto, sin atender las verdaderas raíces de la crisis, haciendo que su paso por Puerto Rico haya sido una década perdida”.

El informe ofrece cifras que demuestran contundentemente cuánto hemos perdido como resultado de la gestión de la JCF en Puerto Rico desde 2016 hasta 2026. He aquí algunos números: 438 escuelas cerradas, 58,608 estudiantes desplazados, 2,616 estudiantes que pasaron por más de un cierre de escuela, 47% de recorte presupuestario a la Universidad de Puerto Rico (UPR), 180% de aumento en el crédito subgraduado en la UPR, $900 millones menos al presupuesto de los Municipios y 43 municipios en insolvencia económica. Algunos municipios han perdido hasta 60% de su presupuesto, como Comerío, donde el 60% de la población vive bajo el umbral de pobreza.

En cuanto a la supervisión de la gobernanza pública, la gestión de la JCF deja mucho que desear. Ha rechazado solo 1% de los contratos gubernamentales que han sido sometidos a su evaluación, en un país donde el 59% del presupuesto del gobierno de Puerto Rico se asigna a contratos. En ese proceso, se han registrado pérdida de miles de millones de dólares anuales atribuibles a debilidades en los sistemas de contratación y supervisión del gobierno.

El impacto de las decisiones de la JCF en el costo de vida también es negativo. Se ha registrado un 60% de aumento en costos de peaje, 40% de aumento en la factura de energía eléctrica desde la privatización impulsada por la Junta, y 30% de aumento en la factura de agua potable, todos costos directos al bolsillo de la ciudadanía. Mientras, se destinan $1,500 millones en pagos a bonistas, y se sigue dilatando el proceso de restructuración de la Autoridad de Energía Eléctrica, cuyos bonistas buitres reclaman el pago de una deuda con intereses que asciende a $12,000 millones. La JCF ha incurrido, también, en gastos de operación y pagos a contratistas y asesores, ascendientes a más de $2.2 mil millones en 10 años, gastos que costea Puerto Rico, y cuyo monto es 5 veces mayor que el estimado por el propio Congreso de Estados Unidos.

Una de las consecuencias más nefastas de la gestión de la JCF en Puerto Rico ha sido el impacto de los recortes decretados a la UPR y los Municipios. La UPR es el principal productor de propiedad intelectual y conocimiento del País, y ahora su viabilidad está asediada por el recorte de 47% de su presupuesto. Los Municipios, proveedores principales de servicios esenciales, por su cercanía y acceso a la gente más necesitada, también están bajo asedio. En un país donde el 40 % de la población vive bajo el nivel de pobreza, recortes municipales tan extremos frenan la prestación de servicios que impactan la vida diaria de miles de familias. Pérdidas e injusticia son el saldo visible de la gestión de la Junta de Control Fiscal en Puerto Rico después de diez años.

 

Teología de la liberación y defensa de la Casa Común: voces cristianas frente al proyecto Esencia

“No al proyecto Esencia. No más daño ambiental. No más destrucción de nuestra patria. Defendamos la Casa Común”. Padre Pedro Ortiz Foto suministrada

 

Tradicionalmente, la narrativa latinoamericana vinculada a la teología de la liberación no concede espacio a los grupos cristianos puertorriqueños que han articulado un discurso y una praxis de fuerte raigambre sociopolítica. En este escrito no se profundizará en las razones por las cuales tal omisión persiste, pero conviene enfatizar que el archipiélago siempre ha contado con voces de cuño liberacionista, especialmente desde la década de 1960. De ahí que me inscriba en la corriente de pensamiento que observa los filos liberadores de las Iglesias como partes constituyentes y herramientas necesarias en la cristalización de proyectos acerca de la liberación de los pueblos y de las clases sociales oprimidas.[1]

Una de las más recientes acciones en las que sectores de vanguardia —dentro de las Iglesias en Puerto Rico— visibilizaron su rol profético ocurrió el pasado 22 de agosto de 2026, cuando figuras del movimiento religioso se posicionaron abiertamente contra Esencia en Cabo Rojo, un proyecto turístico y residencial de lujo que tendrá un impacto inevitable sobre los recursos naturales de la región. Al igual que en la lucha ambiental a favor de liberar al pueblo de Vieques de la Marina de Estados Unidos, estos actores eclesiales acompañaron al pueblo en la protesta y expresaron su oposición a este modelo de desarrollo turístico‑residencial. Además de sectores protestantes progresistas, entre los manifestantes se encontraban el obispo de Mayagüez, Ángel Luis Ríos Martínez; el sacerdote de la Diócesis de Caguas, padre Pedro Ortiz; varios diáconos de la región; numerosos laicos; y el presidente de la Universidad Católica, licenciado José A. Frontera Agenjo. Padre Pedro señaló en esa ocasión: “No al proyecto Esencia. No más daño ambiental. No más destrucción de nuestra patria. Defendamos la Casa Común”.

De una forma u otra, la defensa de la ecología se ha convertido en un componente histórico y estructural de la teología de la liberación. Aunque la reflexión ecológica cristiana comenzó a perfilarse en los años sesenta, su integración plena en las Iglesias se consolidó entre las décadas de 1980 y 2000. Es preciso destacar que la obra La dignidad de la Tierra. Ecología, mundialización, espiritualidad. La emergencia de un nuevo paradigma, del teólogo brasileño Leonardo Boff, se tradujo al español en el año 2000. A través de este trabajo, Boff colocó el tema de la tierra como eje central de la discusión teológica. El autor —cuyas obras se desarrollaron casi en paralelo al trabajo de Gustavo Gutiérrez— había ampliado su horizonte hacia una teología de la vida de carácter ecológico y humanista, por lo que pasó a ocupar un lugar destacado entre las voces cristianas contemporáneas comprometidas con la defensa del medioambiente.

Una coyuntura que reactivó el debate sobre la teología de la liberación en los albores del siglo XXI fue la creación del Foro Mundial de Teología y Liberación (FMTL), que se estableció en 2005 y se celebró simultáneamente al Foro Social Mundial. En su análisis sobre ese primer FMTL en 2005, en la ciudad de Porto Alegre en Brasil, el teólogo chileno Sergio Torres González, una de las figuras históricas de la teología de la liberación latinoamericana y uno de los principales propulsores de Cristianos por el Socialismo, destacó que uno de los aspectos medulares de ese evento fue la importancia teológica que le dieron las distintas ponencias presentadas al tema del entorno ecológico.[2]

Dos años más tarde, se llevó a cabo la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en el Santuario de Nuestra Señora Aparecida, en Brasil. Entre otros elementos positivos y negativos para la Iglesia latinoamericana, Aparecida recuperó la visión misionera de la Iglesia y, contra todo pronóstico, reasumió varios de los elementos esenciales de la teología de la liberación y abrió un nuevo horizonte para la misión y la pastoral en el continente.[3] Sin embargo, la cuestión ambiental parece no haber ocupado —en ese encuentro episcopal— un lugar relevante a juicio de la hermana dominica de Santo Tomás de Aquino, Antonieta Potente.

Antonieta Potente residió en Cochabamba, Bolivia, por varias décadas y forma parte de la generación de mujeres teólogas que han marcado profundamente la vida de la Iglesia. Desde su mirada liberadora, expuso algunos señalamientos de notable significación. Con base en la premisa de que los países pobres concentraban el 90% de las víctimas de los desastres naturales y asumían el 75% del daño económico, la religiosa concluyó que el acercamiento de Aparecida al tema ambiental fue tímido.  Del mismo modo, sostuvo que el ser humano no es el único en este universo “y que su historia de liberación no es verdadera sin la complicidad con la historia de la liberación de la biodiversidad universal”.[4]

En 2010, los religiosos Leonardo Boff y Miguel D’Escoto presentaron en la ONU la Declaración del Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad. Con ese fondo, el equipo de investigación interdisciplinario de la Pontificia Universidad Javeriana, ECOTEOLOGÍA, integrado por Alirio Cáceres Aguirre, John Jorge Castiblanco Palomino, Carlos Hernando Díaz Franky, Germán Roberto Mahecha Clavijo y Nohora Inés Pedraza, afirmó que la ecoteología de la liberación está presente en las comunidades y que asume dos valores fundamentales: la sostenibilidad y el cuidado. La primera se entiende como una herramienta necesaria y respetuosa de los límites de cada ecosistema y de la propia Tierra, lo que puede permitir la equidad y la justicia social mundial. Mientras que la segunda involucra una relación amorosa, responsable y no destructiva ni agresiva con la realidad de la naturaleza.[5]

El mayor punto de inflexión sobre este tema surgió con el pontificado del papa Francisco. La publicación en 2015 de Laudato si’ por el papa Francisco marcó el momento en que el cristianismo ecológico adquirió centralidad en la reflexión teológica contemporánea. El propio pontífice profundiza en este aspecto cuando afirma: “La cultura ecológica no se puede reducir a una serie de respuestas urgentes y parciales a los problemas que van apareciendo en torno a la degradación del ambiente, el agotamiento de las reservas naturales y a la contaminación. Debería ser una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance tecnocrático”.[6]

Su exhortación apostólica Querida Amazonia, de febrero de 2020, fue un aldabonazo a la conciencia ambiental y a la protección de este “bioma compartido por nueve países”. Con este documento no solo invitó al cuido de la naturaleza, sino que también hizo un llamado a un cambio profundo en la calidad de vida de los que allí habitan.  En cuanto a esto dijo: “Sueño con una Amazonia que luche por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos, donde su voz sea escuchada y su dignidad sea promovida”.[7] En efecto, como asegura Leonardo Boff, el papa Francisco convocaba a la pastoral de la ternura, del amor incondicional, de los inmigrantes y del respeto a la Madre Tierra, desde una ecología integral que profundizaba en el ambiente, la sociedad, la política, la cultura y el mundo del espíritu.[8]

Este escenario teológico, defendido con fuerza en el pontificado del papa Francisco, permite comprender con mayor claridad la trascendencia de las acciones pastorales en Puerto Rico. En suma, la marcha contra el proyecto Esencia en Cabo Rojo se enmarca en esa misma sensibilidad ecológica y liberadora que hoy atraviesa la reflexión cristiana. No solo la marcha de agosto de 2026, sino también la peregrinación que se realizó en 2025, donde diversos sectores protestantes organizaron un frente común para protestar contra Esencia. En esa ocasión, se congregaron la Iglesia Evangélica Unida de Puerto Rico, la Iglesia Cristiana Discípulos de Cristo, la Iglesia Metodista de Puerto Rico, la Iglesia Luterana de Puerto Rico y la Iglesia Episcopal. Uno de sus principios fue: “Hagamos caminar la justicia, no la esencia”. A ello sumaron la siguiente afirmación: “Atendiendo este llamado, nos uniremos como Iglesia para caminar juntos, elevando nuestras voces y pasos en favor de la justicia social, la defensa de nuestras comunidades y el cuidado de la creación”.[9]

A este clima de movilización cristiana se incorporó el comunicado emitido por la organización Red de Esperanza y Solidaridad (REDES) pocos días antes de la marcha de 2026, en el que se revalidaron las preocupaciones ambientales y el llamado a la defensa del territorio. REDES, organización históricamente comprometida con los pobres, de carácter fundamentalmente laico y católico, y presidida en la actualidad por Marilyn Valentín González, enumeró los daños que provocaría este megaproyecto en Cabo Rojo, entre ellos:

  1. Impacto directo sobre la Reserva Natural del Bosque Estatal de Boquerón.
  2. Aumento significativo en la demanda de agua para las instalaciones turísticas y de entretenimiento, incluidos los campos de golf.
  3. Destrucción del patrimonio cultural asociado a la zona.
  4. Incremento en el costo de vida y de las viviendas cercanas, con el consiguiente riesgo de desplazamiento de los residentes.
  5. Afectación de las actividades pesqueras y limitación del uso comunitario del litoral costero.
  6. Alteración y posible destrucción de los yacimientos arqueológicos identificados en el área.
  7. Transferencia al pueblo del costo de los incentivos industriales que el megaproyecto pretende utilizar.[10]

             

Estas voces del entramado religioso han interpretado el discurso ecológico cristiano como una vía para cuestionar los presupuestos epistemológicos y éticos que sustentan el paradigma científico‑técnico de la modernidad en su relación con la naturaleza, tal como ha señalado el teólogo Juan José Tamayo en su crítica a los modelos civilizatorios modernos.[11] En mayor o menor grado, estos agentes pastorales puertorriqueños se han hecho parte de las nuevas teologías de la liberación que enriquecen los proyectos evangélicos de la región latinoamericana y caribeña, con lo cual se inscriben en la dinámica de las corrientes religiosas que promueven una teología y una pastoral situadas, contextualizadas y orientadas a la protección de la Casa Común.

 

NOTAS

[1] Sobre esto, véase Michael Löwy, El marxismo en América Latina.  Antología desde 1909 hasta nuestros días (Chile: Lom Ediciones, 2007).

[2] Sergio Torres González, “Foro Mundial de Teología y Liberación (FMTL). Teología para otro mundo posible”, Testimonio, núm. 212 (noviembre-diciembre, 2005): 89.

[3] Francisco Aquino Júnior, entrevista telefónica, 23 de mayo de 2026.

[4] Antonieta Potente, OP, “¿Ecología en Aparecida? Todavía algo para aprender”, CRP, núm. 48 (septiembre, 2008): 40.

[5] ECOTEOLOGÍA, “Evolución de la cuestión ecológica en la Teología de la Liberación”, Vinculum, núm. 250 (enero-marzo, 2013): 56.

[6] Papa Francisco, Carta Encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común, Arquidiócesis de San Juan, núm. 111.

[7] Exhortación apostólica postsinodal Querida Amazonia del santo padre Francisco al pueblo de Dios y a todas las personas de buena voluntad, 2 de febrero de 2020, no. 7, https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20200202_querida-amazonia.html.

[8] Leonardo Boff, “Levanto mi voz en defensa del Papa Francisco”, Centro de Defensa de los Derechos Humanos de Petrópolis, 2 de febrero de 2024, https://leonardoboff.org/2024/02/02/levanto-mi-voz-en-defensa-del-papa-francisco/.

[9] Prensa sin censura, “Frente ecuménico contra el Proyecto Esencia en Cabo Rojo”, 25 de septiembre de 2025, https://prensasincensura.com/2025/09/25/frente-ecumenico-contra-el-proyecto-esencia-en-cabo-rojo/.

[10] Marilyn Valentín González, Pronunciamiento de REDES sobre el megaproyecto Esencia (comunicado), 20 de agosto de 2026.

[11] Véase Juan José Tamayo, Cristianismo radical (Madrid: Editorial Trotta, 2025), 78.

Siguen las protestas contra la Junta de Control Fiscal

 

 

En el día en que se cumplen diez años del nombramiento de los primeros siete integrantes a la Junta de Control Fiscal (JCF) bajo la ley PROMESA, diversos grupos de la sociedad civil se manifestaron en 14 puntos de 11 municipios de nuestro archipiélago para exigir su salida inmediata.

La llamada ley PROMESA, siglas en inglés de Puerto Rico Oversight Management and Economic Stability Act, fue impuesta por el Congreso de EE. UU. y firmada por el entonces presidente, Barack Obama, en el 2016.

Los grupos manifestantes incluyeron integrantes de la Comisión Ciudadana para la Auditoría del Crédito Público, la Central Puertorriqueña de Trabajadores, el Movimiento Solidario Sindical, Construyamos Otro Acuerdo, Movimiento Nacional Hostosiano, Amigxs del M.A.R y el Movimiento Victoria Ciudadana. Ocuparon  distintos puentes en Miramar, la Ave. Baldorioty de Castro, la Ave. Barbosa, la Ave. Américo Miranda y la intersección de la Ave. Roosevelt y Muñoz Rivera en la zona metropolitana. Mientras, la jornada continuaba a lo largo de la mañana y tarde en Aguas Buenas, Dorado, Caguas, Juana Díaz, Isabela, Ponce, Yauco, Humacao, Cidra, Corozal y Mayagüez, entre otros.

«Diez años son demasiados y estamos hartos de la Junta en cada esquina del país. Una década después, el pueblo paga más por la luz, más por el agua, más por todo; pero por el peor servicio, porque todo el dinero se va para los bonistas. Tenemos menos escuelas, menos pensiones, menos oportunidades de desarrollo y peores condiciones laborales. Nos niegan hasta nuestro derecho constitucional a la negociación colectiva. Mientras, el gobierno funciona cada vez menos porque no tiene ni personal suficiente ni capacidad para decidir sobre su propio presupuesto. La Junta fue impuesta para alegadamente resolver una crisis y lo que hizo fue agravarla mientras ellos y sus amigos se lucran. Estamos en la calle como un llamado para unirnos en pedir su salida», explicó Emilio Nieves, portavoz de la Central Puertorriqueña de Trabajadores

Fotos suministradas

El reclamo de los grupos se apoya en el análisis La Década Perdida: la verdadera cara de la Junta en Puerto Rico, un análisis conjunto de la Comisión Ciudadana para la Auditoría del Crédito Público, la Liga de Ciudades, Sembrando Sentido y Right to Democracy, que concluye que en estos diez años lo único que ha gobernado ha sido el autoritarismo colonial y la improvisación, con una cadena de errores que golpeó las finanzas públicas y la calidad de vida del país sin llegar nunca a la raíz de la crisis.

Julio López Varona, miembro de la Comisión Ciudadana para la Auditoría del Crédito Público, señaló que “nadie en Puerto Rico puede decir que estamos mejor que cuando la Junta llegó. Los datos demuestran lo contrario, la Junta fue un experimento colonial que en estos 10 años solo promovió recortes masivos al presupuesto público, sin medir el daño a la población que provocaba. Encarecieron el costo de vida y servicios esenciales, dejando al país en peores condiciones económicas, sin atender las verdaderas raíces de la crisis. La Junta no nos ahorra, nos cuesta”.

Por su parte, Cristian Martínez, director ejecutivo, de Construyamos Otro Acuerdo, quien contaba con personas pensionadas manifestándose en Aguas Buenas, Caguas, Juana Díaz, Isabela, Ponce, Yauco, Humacao, Cidra y Corozal, detalló que el efecto de 10 años bajo la imposición de la Junta se siente con particular dureza en la población pensionada del país.

“La Junta nos ha estrangulado por todo este tiempo, y la salida se tiene que dar ya. El experimento fracasó dejándonos a todos en peor estado. Un retiro digno no es un capricho ni una dádiva, es un derecho básico que las personas pensionadas se ganaron dedicando su vida al servicio público. Es hora de dar un primer paso hacia que la gente de Puerto Rico pueda gobernarse y luchar por un país que vela por nuestras vidas antes que porla deuda”, añadió.

Por su parte, Ángel Rodríguez León, copresidente del Movimiento Nacional Hostosiano, desde Mayagüez manifestó que la Junta representa una profundización de nuestra situación colonial.

“El colonialismo es incompatible con la democracia, por lo que estos diez años de dictadura colonial también implican el afianzamiento de mecanismos que le niegan al pueblo puertorriqueño la posibilidad de tomar decisiones sobre aspectos fundamentales de nuestra vida colectiva. Reafirmamos nuestro repudio tanto a la Junta como a nuestra situación colonial que la posibilita”, precisó.

Desde la mirada ecologista, la imposición de la JCF ha significado la destrucción de las agencias ambientales y el recrudecimiento de una visión de supuesto desarrollo económico basado en la destrucción de la naturaleza y el desplazamiento de comunidades enteras.

«La Junta llegó a allanar el camino para el saqueo de recursos, la explotación de nuestra naturaleza y crear las condiciones para un Puerto Rico sin puertorriqueños. Con la excusa de pagar una deuda ilegítima, han destruido las protecciones ambientales y se nos ha condenado a vivir con la incertidumbre de si tendremos las condiciones para quedarnos en nuestro país» concluyó por su parte Eric Albizu, integrante de Amigxs del M.A.R.