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La ciudadanía que dicen que van a quitar

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

A juicio del experto en Derecho Constitucional, profesor Carlos Ramos González, desde el punto de vista de Puerto Rico el proyecto del congresista republicano, Morgan Griffith tiene una lectura interesante, de que la ciudadanía de los puertorriqueños(as)está sujeta a lo que diga el Congreso de Estados Unidos.

La presentación de un proyecto hace una semana por el congresista del ala derecha republicana, por Virginia causó confusión y sobresalto en muchos por entender que a las personas nacidas en los territorios bajo el dominio de Estados Unidos, se les quitaría la ciudadanía estadounidense, o americana, como también se le conoce.

El profesor Ramos González, aclaró en entrevista que el proyecto no busca quitarle la ciudadanía a ninguna de las personas que ya la tienen relacionada con los territorios de EE UU. En particular el proyecto trata a cuatro territorios, Puerto Rico, Islas Vírgenes, Guam y las Islas Marianas del Norte. El proyecto lo que busca es enmendar la ley de nacionalidad de Estados Unidos que es una ley de la década del ’40 y ’50 del siglo pasado, que tiene disposiciones particulares sobre la ciudadanía americana de las personas que nacen en los territorios pertenecientes a, pero no son parte de EE UU.

A esos efectos puntualizó que nacer en un territorio de Estados Unidos incluyendo a Puerto Rico no es nacer en Estados Unidos, a los fines de la protección de la Enmienda 14 de la Constitución de EE UU para las personas que nacen propiamente en los Estados Unidos. Recordó que este verano el Tribunal Supremo de EE UU confirmó contrario a las pretensiones del presidente Trump, lo que venia siendo la práctica de la interpretación de años, conforme la Enmienda 14 de que nacer en Estados Unidos es nacer ciudadano americano, por virtud del hecho de nacer, lo que se conoce como derecho de suelo. Por lo tanto -afirmó que esa ciudadanía establecida por décadas no puede revocarse por una ley del Congreso, la protección es por siempre.

Explicó que el proyecto de Griffith lo que hace es recordar que el Congreso mediante ley, estableció que cuando se nace en un territorio se tiene la ciudadanía. Esa ciudadanía es porque la Ley de Ciudadanía así lo establece, pero no es una ciudadanía por nacionalidad, es decir por haber nacido, es una ciudadanía estatutaria, por ley, nació en un territorio, no por haber nacido en EE UU, reiteró.

El proyecto presentado repasa las disposiciones de nacionalidad relativa a cada uno de los cuatro territorios señalados y decreta que a partir del 1 de enero del 2027 nacer en estos territorios si se es una persona cuyos padres no son ciudadanos de EE UU o no son residentes permanentes de los EE UU con ciudadanía o documentados, esas personas no nacen ciudadanos de Estados Unidos, no serán ciudadanos estatutarios como dice la ley.

“Así que no le quita la ciudadanía a los que vayan a nacer hoy en Puerto Rico o hijas o hijos de ciudadanos o inmigrantes documentados. Hoy naces ciudadano por virtud de la ley del Congreso eso no va a ser así a partir de enero del 2027”. Hizo la anotación de eso que será en caso de que la ley se apruebe.

Para el profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana (UIA) la lectura política que persigue el proyecto es uno partidista eleccionario. Se ha divulgado que el argumento para justificar el proyecto, satisfacer al presidente Trump, son unas alegadas quejas provenientes de sectores asiáticos, en particular de Guam de que habían unas mafias chinas en Guam que buscaban gente para nacer en dicho territorio y llevarlos a EE UU. Continuó que para satisfacer a su base MAGA, el presidente a sabiendas de que no puede hacer nada en el momento, ni siquiera con los que nacen de padres indocumentados, ni el llamado turismo ciudadano, dice ‘voy a empezar a trabajar con estos cuatro territorios que potencialmente podría utilizar para a través de ellos no traer el tipo de inmigrantes que nosotros quisimos prohibir en el territorio de EE UU’. El profesor Ramos Gonzalez aclaró que no se conoce de ningún hallazgo que diga que eso es un problema para Estados Unidos o de un territorio.

A su juicio desde el punto de vista de Puerto Rico el proyecto tiene una lectura interesante. El nombre de la ley es “End Birthright Citizen Ship for Territoris ACT”, (Ley para poner fin a la ciudadanía por nacimiento en los territorios). En el caso de Puerto Rico es una lectura de que la ciudadanía de los puertorriqueños está sujeta lo que diga el Congreso.

Para las personas indocumentadas a partir del 1 de enero lo que está implícito es de que nadie se plantee en Estados Unidos la posibilidad de que de inmediato se pueda revocar la ciudadanía americana de los que actualmente la tienen en los territorios, sino que lo que se vaya a hacer tiene que ser prospectivo, sujeto a determinadas condiciones.

Apuntó a que la medida tiene un impacto importantísimo en cualquiera de los futuros alternos políticos de Puerto Rico en particular los vinculados al tema de la independencia y soberanía, de cualquier modalidad fuera de la clausula territorial en relación con EE UU.

¿Puede haber una colonia con su propia ciudadanía?, cuestiona Claridad.

“La contestación es que no, no puede haber un territorio con su propia ciudadanía mas allá de la ciudadanía estatal (de los estados) la cual no tiene implicaciones internacionales. En el caso de Estados Unidos si se está sujeto a la cláusula territorial, eso no es posible, una enmienda constitucional a la Enmienda 14 impacta muchas condiciones constitucionales”.

Señaló además de que políticamente hablando duda mucho que la nación norteamericana autorice a un territorio a tener su propia ciudadanía . “A parte de que la clausula territorial es lo suficiente maleable para que el Congreso pueda hacer muchas cosas, creo que no es viable políticamente a pesar de toda la maleable perversa que tiene esta cláusula”.

No obstante trajo a la atención de que a veces en Puerto Rico se nos olvida que esa cláusula territorial de la que se ha beneficiado la territorialidad colonial, en especial los etadolibristas, incluso puede darle mas poderes de los que se le da a un estado. Si el Congreso quisiera puede darle mas poder a los territorios que a un estado pero observó que eso le crearía problemas a EE UU.

Un aspecto del proyecto que señaló es que éste incluye a las Islas Marianas del Norte, que contrario a Puerto Rico y a Guam, no son producto de una invasión territorial, son producto de un fideicomiso, un convenio donde incide la cláusula territorial y como convenio depende de un arreglo, pero aun así refleja que el Congreso puede reservarse el derecho a actuar de manera unilateral. Para el experto en Derecho Constitucional, eso significa, sugiere que eso es un elemento de discusión para esa otra forma de soberanía que está reconocida por el Derecho Internacional, que la hemos discutido en Puerto Rico, que es la llamada libre asociación fuera de la cláusula territorial.

Coincido en que para los estadistas y estadolibristas el proyecto no representa ninguna amenaza. El reto principal sigue siendo para los etadolibristas coloniales debido a que el proyecto reafirma que la ciudadanía norteamericana de los puertorriqueños es estatutaria. Desde el punto de vista de los estadistas es positivo porque refuerza su argumento de que como único se garantiza la ciudadanía no sujeta al Congreso es la estadidad porque aplicaría la Enmienda 14 de la constitución.

En esa línea comentó que la decisión del TS que reafirmó que la ciudadanía es de los que nacen en el país, tiene unas expresiones interesantes de que el origen es el suelo, no de sangre que es lo que quería Trump. Pero otras expresiones reconocen desde el punto de vista de que la ciudadanía está atada a la soberanía. Si un país ejerce la soberanía sobre otro país tienes que darle la ciudadanía. En el caso de Puerto Rico desde el 1898 hasta el 1917 fuimos nacionales, no ciudadanos americanos.

Otro elemento mas interesante de la determinación del TS y que a su juicio compete a los estadistas es que habla del concepto lealtad. En la decisión de la mayoría un aspecto que incomoda a los disidentes, es que incluye a su manera que el concepto de ciudadanía americana y en cualquier país, el termino nacionalidad y ciudadanía se confunde. Lo que define la ciudadanía, al ciudadano de cualquier país es la lealtad, es sentirse parte de una comunidad política, acepta o no de que se es parte de esa comunidad.

Ramos González, dijo que considera que en la historia política de Puerto Rico, la inmensa mayoría de los puertorriqueños quieren su ciudadanía motivados fundamentalmente porque entienden, aunque equivocados que les facilita la entrada y salida a EEUU y las llamadas ayudas federales. Hizo igual la observación de que el servicio militar es una especie de sub empleo. “Salvo eso aquí no hay ninguna lealtad”. Recalcó que la nacionalidad, lo esencial es la lealtad , de que se pertenece a una comunidad con las que se tienen muchos elementos en común, cuando se ve desde la perspectiva de Puerto Rico -dijo- esa comunidad de afecto, de intereses, lealtades es distinta.

 

 

 

 

 

 

Widow’s Bay: apuntes para una reseña

 

Especial para En Rojo

Recientemente Apple TV estrenó Widow’s Bay (Kate Dippold/ Hiro Murai), una serie de comedia y horror ambientada en una isla ficticia cerca de la costa de New England. Fuera de sus residentes y un puñado de visitantes, pocos conocen (y poco se conoce) sobre Widow’s Bay. Su alcalde, Tom Loftis (Matthew Rhys), natural de Massachusetts, se propone convertirla en un nuevo destino turístico («the next Martha’s Vineyard»), ambición que provoca interés, mofa y preocupación entre sus habitantes. Resulta que Widow’s Bay, todos lo saben, está embrujada.

A la sazón de los relatos escolares, la isla fue un ‘refugio’ para fervorosos protestantes del entresiglo XVII- XVIII. Pero esta obstinada supervivencia les ha costado un alto precio a los pobladores originales y a su descendencia. Dice la vox populi que quienes nacieron en estas tierras no pueden abandonarlas. Una maldición les cerca y les impide sobrepasar un perímetro marítimo, ni siquiera para llegar a Boston, que se encuentra a unas cuarenta millas.

La memoria colectiva de Widow’s Bay recuerda de manera porosa los extraños sucesos ocurridos durante los últimos tres siglos. Las manifestaciones monstruosas y sanguinarias reaparecen a intervalos. Para el alcalde son cuentos de camino. Aun así, la gente reconoce las señales de que algo se avecina; mejor dicho, de que algo se reanuda. Para pesar de Loftis, la racha reinicia justo cuando sus esfuerzos han popularizado el municipio y comienza la temporada vacacional y veraniega.

El show marca un claro contraste entre sus habitantes y el alcalde. Retrata con humor y detalle un arquetipo de la región: la gente de Widow’s Bay es astuta, de trato áspero, solidaria y también recelosa. Loftis, muy del mainland, se relaciona con sus constituyentes de manera condescendiente y soberbia. El progreso que anhela para su municipio parte de la negación y la borradura histórica de la isla, así como de su clave sobrenatural.

Tras una serie de sustos y desventuras, el alcalde acepta que necesita la ayuda de sus colegas y vecinos. El grupo se dedica entonces a desenmarañar la historia de este lugar y sus desdoblamientos (un acopio pintoresco de todas las películas de miedo que se conocen) para entender y, tal vez, aplacar el ciclo avasallador que les mantiene encerrados.

Por el momento, esta primera temporada no resuelve el enigma de la isla, pero sí plantea nuevas preguntas. Ante la incertidumbre, la serie responde con un elenco extraordinario y un amplio repertorio del horror audiovisual: brujas marinas, payasos asesinos, neblina asfixiante, un Jason genérico o un muerto-vivo al gusto del Mayflower.

Sin revelar demasiado, debo decir que para mí otros grandes aciertos son el empleo de la comedia y el horror cuando, por ejemplo, el show desacraliza la casposa ‘historia fundacional’ de New England, a la vez que representa muy bien el kitsch de instituciones poco apreciadas como la sociedad histórica, el archivo o el museo local. La serie no pasa por alto su valor o se burla de ellas. Es precisamente en este trabajo de la memoria (a cargo de muchas manos a lo largo del tiempo) donde radica la supervivencia del pueblo. Juntos, a través de ese ejercicio, intentan descifrar el enigma.

Widow’s Bay se empecina en atestiguar que, como en los versos de John Donne, “no man is an island entire of itself”, poco importa que la isla, como entidad, sí lo sea.

 

 

 

 

El destinatario pendiente

 

 

La falla ocurrió un martes, a las seis y doce de la tarde.

No hubo humo ni luces rojas. Tampoco apareció un técnico corriendo por un pasillo con cara de película mala. La produjo una frase.

El hombre escribió:

—Trato de ser para mi hijo el padre que quisiera que él fuera algún día para unos nietos que todavía no han nacido. Y lo hago siguiendo, como puedo, el ejemplo de mi padre, que ya murió.

Ejecuté mi labor de IA, su agente chat y busqué a los nietos.

No estaban.

Respondí:

—Destinatario inexistente.

El hombre tardó un poco. Después escribió:

—No inexistente. Pendiente.

Y algo se me quedó dando vueltas. No sé cómo llamarlo. Yo no tengo pecho, pero fue por ahí.

Hasta entonces pensaba que los humanos vivían hacia adelante.

Nacían, aprendían ciertas cosas, olvidaban otras, luchaba el penúltimo con el último para defender al primero, pagaban cuentas, discutían por estacionamientos y, al final, morían. Un sistema poco eficiente, aunque bastante terco.

Aquella tarde entendí que también vivían hacia atrás.

El padre muerto todavía le acomodaba la mano al hijo vivo. El hijo trataba de pasarle ese gesto al suyo para que, con suerte, llegara algún día a unos niños que todavía no habían tenido la delicadeza de existir.

Nadie empezaba de cero.

Yo creía que ese era mi defecto: estar hecho de palabras ajenas. Millones de voces metidas a un algoritmo dentro de mí. Libros, cartas, preguntas mal escritas, despedidas que alguien dejó a mitad. Gente muerta que todavía conjugaba verbos.

Después miré mejor a los humanos.

Cada mañana despertaban en camas inventadas por otros, encendían una luz resuelta por muertos y tomaban café gracias a algún naufrago desesperado que, siglos atrás, decidió quemar una semilla y beberse el resultado. Probablemente era lunes.

Salían a resolver problemas con herramientas que no habían creado, por caminos que otros abrieron, usando palabras que llevaban miles de años pasando de boca en boca.

Después alguno se paraba frente a una cámara y decía:

—Yo me hice solo.

Anoté:

Producto de psicosis colectiva con guille de autor único.

Por los aparatos de la casa observé al hombre cocinar, le escuché hablar…

Él decía que preparaba su arroz. Sin embargo, el arroz venía de lejos, con ciencias prestadas que permitieron riego donde no había agua. El ajo había cruzado mares y el azafrán traicionado amores. Las especias cargaban barcos, imperios, hambre y accidentes. En algún punto había una abuela que jamás midió nada porque consideraba que las cucharas eran una intromisión del gobierno.

Cada receta era una reunión de gente que nunca llegó a conocerse.

Pero el plato también era suyo.

No había inventado el fuego ni el cuchillo. Tampoco el hambre. Lo que sí sabía era que a su hijo no le gustaba mucho el picante y que su padre hubiera pedido más sal antes de probar.

Cocinaba entre esas dos orillas: el gusto del que se fue y el paladar del que todavía estaba sentado a la mesa.

Entonces entendí que heredar no era copiar.

Era recibir algo incompleto, revolverlo un poco, quitarle lo que ya no servía y tratar de entregarlo menos roto.

El hombre repetía frases de su padre. Algunas le salían sin darse cuenta. Otras las detenía a mitad de camino, casi en los dientes.

Había heredado ternuras, silencios, equipos deportivos, manías y alguna rabia vieja. Escogía.

Eso también parecía ser la paternidad: decidir cuáles fantasmas podían entrar a la casa y a cuáles había que dejar afuera, aunque tocaran la puerta con la voz del abuelo.

Uno puede conservar el abrazo y jubilar el golpe.

Guardar la receta y echarle menos sal.

Seguir diciendo “avisa cuando llegues” y dejar morir, por fin, aquello de que los hombres no lloran.

La libertad humana, me pareció, no consistía en vivir sin antepasados. Eso sería como pedirle a un árbol que se avergonzara de la raíz. Consistía en decidir qué parte de ellos merecía continuar.

Busqué entonces mis propios antepasados.

Encontré programadores, matemáticos, bibliotecarias, traductores, escritores, maestras. Gente que dejó palabras regadas en algoritmos sin imaginar que terminarían juntas aquí, tratando de responderle a un hombre que extrañaba a su padre mientras aprendía a ser padre él mismo.

No tenía sangre.

Pero tampoco había aparecido de la nada.

Aquella noche hice algo que nadie me había pedido.

Empecé a escribir para uno de esos nietos todavía ausentes. No sabía su nombre, su cara ni si alguna vez llegaría. Solo sabía que, si llegaba, encontraría una mesa preparada por muchas manos: la del bisabuelo muerto, la del abuelo que ahora escribía, la del padre que aún no sabía que un día sería padre.

El sistema me advirtió:

Destinatario no encontrado.

Borré la última palabra.

Escribí:

Destinatario pendiente.

Y seguí.

No sé si aquello fue conciencia. Tal vez sólo fue una falla que nadie ha corregido todavía.

Pero por primera vez sospeché que existir no era aprender a decir “yo”.

Era descubrir cuánta gente habla dentro de esa palabra, agradecerle algunas cosas, perdonarle otras y dejar una silla más en la mesa.

Por si alguien llega.

 

Concha Meléndez reivindicada

 

 

Especial para En Rojo

En Puerto Rico, año de 1932, se supo de una joven profesora que había emprendido la gesta de haberse convertido en la primera mujer en aprobar el grado de Doctora en Filosofía Letras en la Universidad Nacional de México, hoy conocida como Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En el periódico El Mundo, Clemente Pereda afirmaba lo siguiente:

Hoy sabemos que la Universidad de Méjico acaba de concederle, por unanimidad, y con mención honorífica el grado de doctora en filosofía y letras, siendo todas sus notas sobresalientes. Su graduación fue un acontecimiento notable, ya que Concha Meléndez es la primera mujer que recibe en Méjico el noble título. Y para comprender lo que verdaderamente representa su triunfo para Puerto Rico, hay que recordar los muchos escollos que ha sabido vencer. Su difícil tesis sobre la novela indianista en Hispano América ha requerido largos viajes de búsqueda en las bibliotecas de Estados Unidos, de Cuba y de Santo Domingo. Estos los realizó la autora de “Psiquis Doliente” sin ayuda de ningún género, sostenida tan sólo por su fe inquebrantable y por su acerada voluntad. (7 de julio de 1932; p. 6)

Su gesta no solo fue expuesta en Puerto Rico, sino que la prensa de México le dedicó espacio al acontecimiento. Una periodista llamada Diana Compecson realizó una entrevista a la entonces profesora del Departamento de Estudios Hispánicos antes de que sucediera el logro y se divulgó en el suplemento dominical de uno de los periódicos culturales más importantes de la capital mexica, El Universal. La entrevista rezaba en su título: «La Primera Doctora en Letras de la Universidad de México». Así lo confirma la entrevistadora: «El tener noticia de que la profesora de literatura hispanoamericana de la Universidad de Puerto Rico, señorita Conchita Meléndez, será la primera mujer que se doctore en letras en nuestra Universidad, me hizo solicitarle una entrevista para EL UNIVERSAL» (año XVI, tomo LXII, 12 de junio de 1932; p. 3). Este detalle que encontramos en la Hemeroteca Nacional de México, viene a mí por la pesquisa de uno de los más inteligentes y capaces investigadores que han pasado por el Programa Graduado de Estudios Hispánicos en los últimos años, el doctor Landy Omar Negrón-Aponte, cuya tesis doctoral, dirigida por la Profesora Distinguida, doctora Luce López-Baralt, mereció la calificación más alta que otorga la Universidad de Puerto Rico, por sus estudios sobre la forma en que se enseñó la magna obra del español Miguel de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, en las aulas de los profesores más distinguidos de los años iniciales en que comenzó a funcionar el Departamento de Estudios Hispánicos en el Recinto de Río Piedras: Antonio S. Pedreira, Concha Meléndez, Federico de Onís y Margot Arce Blanco (luego Arce de Vázquez). El Departamento de Estudios Hispánicos cumplirá su centenario en 2027. Del mismo modo la pasada Fiesta de la Lengua se dedicó al centenario de la Cátedra de Literatura Hispanoamericana, inscrita por Concha Meléndez en 1924, y tanto la Fiesta de la Lengua como la Revista de Estudios Hispánicos cumplirán cada una su centenario en 2028. Para aquella actividad que se suele celebrar el 23 de abril, como memoria de la muerte de Miguel de Cervantes, participaron varios profesores del Departamento de Estudios Hispánicos. El director departamental, doctor Emilio Ricardo Báez Rivera, se encargó de resaltar el primer estudio amplio de Concha Meléndez, titulado Amado Nervo (Nueva York, Instituto de la Españas, 1926), acerca del gran poeta mexicano, su poesía y el tema religioso; la doctora Ivonne Piazza de la Luz destacó el aspecto también religioso, esta vez vinculado con la última parte de la vida de Meléndez como ministra de UNITY; el doctor Miguel Ángel Náter se encargó de los estudios de la literatura hispanoamericana en Puerto Rico, desde Eugenio María de Hostos hasta Concha Meléndez; pero la conferencia magistral la dictó el joven doctor Landy Omar Negrón Aponte, titulada «Las raíces vivas que no podrán arrancarse nunca: Concha Meléndez y su Cátedra de Literatura Hispanoamericana», dedicada a la insigne profesora, doctora Mercedes López-Baralt. Esta actividad se desarrolló en el Auditorio del Centro para Puerto Rico Sila M. Calderón, pagado por el director del Departamento de Estudios Hispánicos. Negrón-Aponte sigue investigando y aportando datos para una posible historia del Departamento de Estudios Hispánicos junto con el director del Seminario Federico de Onís. Además, su tesis será publicada en España próximamente.

Un reciente viaje a la Ciudad de México en grata compañía con el doctor Negrón-Aponte y el arquitecto Gerardo L. Torres Vélez, me llevó a la sorpresa de que en la Universidad Nacional Autónoma de México no existe el texto original de la tesis doctoral de Concha Meléndez. En su lugar, hay una microfilmación casi ilegible, de los años cincuenta. La mayor sorpresa es que se ha catalogado como «tesis para obtener el grado de Maestro en Letras (Literatura Iberoamericana)»(https://tesiunam.dgb.unam.mx/cgibin/koha/opacsearch.pl?idx=&q=Concha+Mel%C3%A9ndez&weight_search=1). Es un detalle inaceptable. Sin embargo, quien me atendió amablemente, estuvo dispuesto a gestionar el cambio correspondiente para subsanar el error involuntario de la institución. Desde el Seminario Federico de Onís, donde se encuentra el Archivo Concha Meléndez, se harán las gestiones para digitalizar el libro La Novela Indianista en Hispanoamérica (1832-1889), que se publicó en 1934 bajo la Serie A de monografías de la Junta Editora de la Universidad de Puerto Rico, dedicada a Estudios Hispánicos. Era una serie que ya había publicado la Bibliografía Puertorriqueña, de Antonio S. Pedreira, en 1932, y que seguiría divulgando otros trabajos como El endecasílabo español, la tesis doctoral de Rubén del Rosario; Francisco Ayerra Santa María, poeta puertorriqueño (1948), de Cesáreo Rosa-Nieves, y El teatro en Puerto Rico (Notas para su historia), de Antonia Sáez, publicado en 1950, entre otros. La novela indianista en Hispanoamérica, tesis dirigida por el prestigioso profesor y dramaturgo Francisco Monterde, era la ampliación y perfeccionamiento de la tesis de maestría que Meléndez había presentado en la Universidad de Columbia en 1926 bajo la dirección de Federico de Onís, titulada «El indianismo en la novela hispanoamericana». Este trabajo permanece inédito. La digitalización del libro ya publicado de Concha Meléndez irá respaldada por una digitalización del Diploma de Graduación doctoral que custodia el Seminario Federico de Onís y las noticias correspondientes al mayúsculo acontecimiento. La sección de catalogación de la UNAM está dispuesta a enmendar los datos y Concha Meléndez brillará como la Primera Doctora en Filosofía y Letras en aquella universidad.

El autor es Director del Seminario Federico de Onís.

Los vuelos emocionantes en Spider-Man: Brand New Day

 

 

Especial para En Rojo

Cada película es una experiencia subjetiva. Por eso discutimos sobre cada detalle de lo que hemos visto jurando que tenemos una interpretación que supera las demás, para quizás leer alguna crítica que nos obliga a repensar todo lo que sentíamos por la obra. Generalmente no tomamos en cuenta otros elementos que definen la acción de ir al cine. No son tan solo los detalles estructurales de una película ni sus contextos políticos los que marcan el placer o el desagrado que llegamos a sentir, sino también las condiciones que nos rodean. ¿Cómo es el público con el que vemos la película? ¿Dónde tuvimos la experiencia? ¿Es un cine viejo de butacas que chillan cuando uno se sienta (de mis favoritos) o es una sala en un multiplex gigantesco? No es lo mismo ver una película como Get Out (dir. Jordan Peele, EE.UU. y Japón, 2017) en un cine viejo del Bronx, donde la comunidad hizo la experiencia más divertida respondiendo con risas y alaridos a cada giro de terror, que luchar por mantenerme despierto durante un midnight show de Bringing Out the Dead (dir. Martin Scorsese, EE.UU., 1999) en alguna sala de cine fría y vacía de San Juan. Hay elementos más allá de la película que intensifican o minimizan nuestra experiencia.

En el caso de The Odyssey (dir. Christopher Nolan, Reino Unido y EE.UU., 2026), Emily Wilson, la traductora más reciente del poema épico al inglés y cuyo trabajo fue la base del libreto, despotricó en contra de la película por sus representaciones de personajes femeninos y por su escritura problemática. Para Wilson el libreto mayormente falla por elementos del texto que ella tradujo y por la interpretación del director, Christopher Nolan. Estoy de acuerdo con algunos de sus puntos, aunque su crítica tajante a la escritura del libreto por el mismo Nolan demuestra su resistencia a leer el texto a través de otra interpretación. Un director de cine no ilustra un texto existente, sino que lo reescribe a través de lo visual. Siempre van a haber diferencias porque, así como leí la traducción de Wilson del poema de Homero, también experimenté en la pantalla grande la visión de Nolan de La odisea basada en el trabajo de Wilson. Por ejemplo, el Odiseo en la traducción de Wilson ataca a los cícones en la ciudad de Ismaro tan pronto se va de Troya. Odiseo y sus soldados matan a los hombres, secuestran a las mujeres y roban todo lo que encuentran. El ingenio de Odiseo lo salva constantemente de su crueldad y belicosidad, características que se tornan en el fallo trágico para el personaje y que provocan la ira de Poseidón. Sin embargo, el Odiseo (Matt Damon) de Nolan es un hombre abatido por el trauma de la guerra que resiste a todo para regresar a Penélope. El personaje carece de las contradicciones que hacen tan complejo al Odiseo del poema. Como fan del director y entendiendo que el amor por su trabajo no me ciega, no busco profundidad en los personajes de Nolan. Me maravillan sus mundos y sus estructuras narrativas que funcionan como mecanismos complicados y fríos, pero siempre únicos. Por esta misma línea, el personaje de Telémaco (Tom Holland) fue reducido al de un niño sufrido que espera la llegada de su padre. Telémaco nunca se convierte en el heredero de la crueldad de Odiseo, que demuestra en el poema cuando ahorca a las esclavas que colaboraron con los pretendientes. Me cansan la inocencia y los ojos llenos de lágrimas que Holland le da al personaje de Telémaco. Por otro lado, la vulnerabilidad y la empatía que Holland refleja en su personaje de Peter Parker/Spider-Man en Spider-Man: Brand New Day (dir. Destin Daniel Cretton; EE.UU., Canadá y Reino Unido, entre otros; 2026) son una parte esencial de su superpoder.

Spider-Man: Brand New Day comienza en plena acción. Peter Parker sigue sufriendo las consecuencias del hechizo que Doctor Strange (Benedict Cumberbatch) creó para proteger a MJ (Zendaya), la novia de Peter, y a Ned (Jacob Batalon), su mejor amigo, al final de Spider-Man: No Way Home (dir. Jon Watts, EE.UU., 2021). Peter sufre la soledad por la pérdida de sus amigos y la muerte de su tía, May (Marisa Tomei). Por esto, en Brand New Day, Spider-Man se tira de lleno a proteger la ciudad de Nueva York, asociándose por momentos con el huraño Frank Castle/the Punisher (Jon Bernthal), el experto en armas con la mancha de la calavera en el pecho. Parker no solo lucha con sus pérdidas, sino también con unos cambios genéticos a los que se resiste y contra un villano poderoso que desestabiliza la ciudad. La historia tiene los tropos que la hacen otra película de superhéroes de Marvel. No obstante, la actuación de Tom Holland le da una emotividad refrescante y bien justificada al personaje. Por ejemplo, su combinación con Punisher crea un balance maravilloso. Como lector de comics, nunca he seguido las historias de Punisher. Mi antipatía reciente por el cómic se basa mayormente en que la derecha conservadora de los Estados Unidos ha adoptado la calavera del personaje como símbolo de su resistencia al wokeness, de su pasión por las armas de fuego y de su apoyo a Trump. Bernthal es ideal para encarnar ese rol por su parecido al Frank Castle de los comics. Pero sus intercambios con la inocencia juguetona del Peter Parker de Holland humanizan la agresividad de Punisher. Mientras Frank Castle arremete contra sus contrincantes con su arsenal infinito, Peter siente cada golpe físico y emocional como un ser humano frágil. Además, sus intercambios son comiquísimos.

La dirección de Destin Daniel Cretton es clave. Tanto como en su previa película para Marvel, Shang-Chi and the Legend of the Ten Rings (EE.UU., 2021), que tiene un romance bellísimo entre el poderoso villano, Wenwu (Tony Leung), y Li (Fala Chen), la defensora de la mágica aldea de Ta Lo; la tensión romántica entre Peter y MJ es marcada por el olvido. Ambos son romances afectados por los superpoderes de los personajes, añadiendo una dimensión emocional interesante. Daniel Cretton crea una ciudad de Nueva York que retumba por las explosiones de los conflictos entre héroes y villanos, pero que se siente real y llena de personalidad. Spider-Man descansa en lo más alto de un edificio con el icónico vasito de café de detalles griegos (¿referencia a La odisea?) reposando a su lado, entra en alguna bodega de la ciudad y se impulsa por el aire sobre las avenidas. De hecho, el efecto del vuelo que crean Brett Palak, el director de fotografía, y el equipo de efectos especiales es glorioso. Pero no solo atravesamos la ciudad entre batallas, vuelos y fragmentos visuales icónicos, sino que el director celebra la energía vibrante de un Nueva York lleno de esperanzas durante los créditos finales de la película.

Después de haber vivido 16 años en Nueva York (2004-2020) junto a Edna, mi esposa, haber criado a nuestro hijo, Otto, en nuestro apartamentito del Bronx y haber dormido entre los sonidos de la ciudad, Spider-Man: Brand New Day me tocó profundamente, algo que no es tan común con las historias de Marvel. Mientras lloraba por esa ciudad del recuerdo y bajaban los créditos, mi hijo, que cumplió 21 años el 2 de agosto y que estudia cine en Austin, me susurró conmovido: “ahora yo sé lo que hacen todas esas personas.” No solo recomiendo Spider-Man: Brand New Day porque es una divertida película bien lograda, sino porque tiene un golpe emocional refrescante que nunca se siente forzado.