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Dialécticas del dialogo entre marxismo y nacionalismo en Borinquen

 

Reseña del libro Marxismo y nación Puerto Rico Siglo XX de la autoría de Carlos Rojas Osorio

 

Maximiliano Dueñas Guzmán

Especial para En Rojo

 

Este libro es de una nostalgia esperanzadora. Nos evoca un pasado—particularmente de esas décadas en que el independentismo intentó fusionarse con el nacionalismo—para alimentar nuestro pensar/hacer justo en este momento en que vivimos un profundo desconcierto producto de la acentuación del ecocidio, la consolidación planetaria de la ideología neoliberal, el genocidio del pueblo palestino, el endeudamiento como principal forma de acumulación del capitalismo y el recrudecimiento del imperialismo canibalista. Con este libro, Marxismo y Nación Puerto Rico Siglo XX, Carlos Rojas Osorio, parece unirse a ese coro de voces que nos están convocando a explorar el caudal de lecciones que nos ofrecen las indocilidades de las décadas del 1960 y 1970.  Otras voces en ese coro son Carlos Pabón con su libro Ilusión y ruinas. Imaginarios de izquierda en Puerto Rico desde los sesenta (2025), Félix Ojeda Reyes con su libro La protesta armada (2025) y Federico Cintrón Fiallo con su ensayo, “La nueva lucha en Puerto Rico: independencia y socialismo (1960-1980)” también del 2025.  Pero la nostalgia esperanzadora, el ánimo utópico, de Carlos Rojas Osorio tiene mayor longevidad. Él nos propone que justipreciemos no solo las luchas emancipadoras de esas décadas, sino las de todo el siglo XX borinqueño.

La vinculación teórica y práctica con la efervescencia emancipadora de las décadas del 1960 y 1970 es entonces uno de los contextos del libro Marxismo y Nación Puerto Rico Siglo XX. Obviamente, otro contexto fundamental de esta publicación es la amplia obra del autor, gestión que sobrepasa la producción de más de cuarenta libros y un centenar de artículos en revistas académicas en Puerto Rico, el Caribe, América Latina y Europa.  Entre los temas de su vasta obra que podemos ver reflejados en este libro están los vínculos o ecos filosóficos de las posturas de representantes del pensamiento borinqueño contestatario, particularmente aquellas que se pueden emparentar con las aportaciones de Foucault, y las puntuales reflexiones en torno al postmodernismo.

La lectura de este texto me motivó a identificar una serie de dialécticas (interacciones de oposición e interdependencia entre elementos) que Carlos Rojas Osorio usa para explorar el desarrollo del marxismo a través de las luchas emancipadoras borinqueñas del siglo XX. Hay dos de mayor preponderancia y son las que conforman los objetivos explícitos del libro:

  1. Marxismo y el hacer/pensar independentista puertorriqueño;
    1. Como parte de éste, las controversias en torno al marxismo y la cuestión nacional.
  2. El desarrollo de legitimidad del marxismo en varias disciplinas del saber humano en Puerto Rico: sociología, antropología, ciencias políticas, las humanidades, historiografía y filosofía.

Pero en el resto de la trama que conforma este libro, Carlos Rojas Osorio teje nueve dialécticas adicionales en interacción, en estrecho entrelazamiento, con las primeras dialécticas: 1. Marxismo y literatura; 2. Marxismo y feminismo; 3. Marxismo y sindicalismo; 4. Marxismo académico y marxismo organizativo; 5. Marxismo y raza; 6. Marxismo y ecología; 7. Nacionalismo y diáspora; 8. Marxismo y decolonialidad; y 9. Marxismo y postmodernismo. El libro, entonces, se lee como una serie de diálogos entre estas once dialécticas.  Una reseña del libro que aborde las once dialécticas sería muy extensa, y por lo tanto en este texto sólo hago referencia a algunas de ellas.

Para iniciar este recorrido de las dialécticas dialógicas del marxismo y nacionalismo en Borinquen, Carlos Rojas Osorio nos ofrece un resumen del debate que se suscitó en Europa desde mediados del siglo XIX hasta principios del XX en torno a cómo los comunistas debían afrontar los anhelos de nacionalidad por parte de diferentes sectores sociales, particularmente los de la clase obrera.  Dada la coincidencia de intereses de los proletariados de todo el mundo en abolir las burguesías nacionales, el dilema era y sigue siendo si los intereses de la clase obrera incluyen el lograr que las nacionalidades tengan su propio gobierno/estado. En otras palabras, el dilema era/es si deben prevalecer los intereses de clase o los de nación, si se debe dar prioridad al ser obrero o al ser patriota. Para Carlos Rojas Osorio el punto de partida de ese debate fue el Manifiesto Comunista, texto del 1848 que incluye la paradójica afirmación (y la cual capta en forma sucinta la dialéctica o antagonismo entre clase y nación): “Se acusa también a los comunistas de querer abolir la patria, la nacionalidad” (Marx & Engels, p. 46, 1848/2004).

Ya en la exposición de Carlos Rojas Osorio sobre el marxismo borinqueño de principios de siglo XX, se comienzan a divisar algunas de las once dialécticas mencionadas anteriormente. Y en el resto del libro, él nos provee análisis de estudios realizados sobre personas, organizaciones y textos relacionados con las tensiones entre nacionalismo y socialismo en Borinquen, durante todo el siglo XX (hasta el 1993). En este recorrido histórico y temático es que nos podemos compenetrar con los diálogos suscitados entre las once dialécticas.

Con su valoración de personas y organizaciones socialistas e independentistas de inicios del siglo XX, Carlos Rojas Osorio nos incita a ver las otras dialécticas en dialogo con las tensiones entre clase y nación. Así, por ejemplo, tanto Ramón Romero Rosa como Nemesio Canales defendieron los derechos de la mujer y el primero fue consistente crítico del racismo, aún dentro de las organizaciones obreras (p. 28). En el 1912, se fundó el Partido de la Independencia—entidad basada, según nuestro autor, en el socialismo cooperativista—y que contó entre sus fundadores a Luis Llorens Torres, Manuel Zeno Gandía y Rosendo Matienzo Cintrón. En el programa de este partido se reclamaban “los mismos derechos económicos y políticos para ambos sexos” y se afirmaba que “el trabajador es más importante que el capital” (p. 43). Para Rafael López Landrón, otro de los fundadores del Partido de la Independencia, había coincidencia entre las luchas de la mujer, la sindical y la anticolonial (p. 46).

Carlos Rojas Osorio nos reseña con precisión que la lucha feminista en Puerto Rico se inicia con el quehacer de Luisa Capetillo. El libro de Luisa Capetillo, Mi opinión sobre las libertades, derechos y deberes de la mujer, publicado en el 1911, se considera el “primer libro puertorriqueño del discurso feminista” (p. 69). Pero en su quehacer feminista, Luisa Capetillo encarnó muchas de las otras dialécticas propuestas por Carlos Rojas Osorio: fue digna representante de la tradición de obrerismo intelectual pues fue lectora en fábricas de tabaco, práctica que la familiarizó con el anarquismo, el marxismo y obras destacadas de la literatura mundial; y a través de sus textos propulsó la oposición al capitalismo, al patriarquismo y al racismo. Otras representantes de la dialéctica marxismo y feminismo— particularmente en la tensión por legitimar al marxismo en la academia—que Carlos Rojas Osorio examina del siglo XX borinqueño son: Marcia Rivera, especialmente su enfoque sobre la mujer en la historia del Caribe; Margarita Ostolaza quien fusiona ideas de Foucault con marxismo para avalar dos perspectivas interrelacionadas: la primera es que las crisis de la lucha independentista se superarán con la incorporación de la lucha feminista y, la segunda, que la opresión de la mujer es más fundamental que las de clase y raza en el sostenimiento del capitalismo; y Norma Valle Ferrer quien contribuye a superar la falsedad de la inexistencia de la mujer en la historia de Puerto Rico con sus dos libros, Luisa Capetillo. Historia de una mujer proscrita y Las Mujeres en la Historia de Puerto Rico, textos en que se entrelazan las opresiones de raza, sexo, clase social y colonialismo.

Con su estudio de las figuras más reconocidas de las insubordinaciones boricuas del siglo XX, Carlos Rojas Osorio continúa hilvanado las once dialécticas.  Así, por ejemplo, en su apreciación de Julia de Burgos, destaca las contribuciones de la poeta al nacionalismo, a las reivindicaciones proletarias y a la lucha feminista. En su consideración de Juan Antonio Corretjer, asiente la afirmación del poeta nacional cuando dice: “La unidad nacional es hija de una contradicción; se origina en una sociedad dividida en clases, cuya lucha misma ha hecho nacer la nación” (p. 95).

Con su análisis de las historias del Partido Comunista, el Movimiento Pro Independencia (MPI) y el Partido Socialista Puertorriqueño (PSP) y otras organizaciones marxistas, Carlos Rojas Osorio llega a una de las dialécticas centrales del libro: “la gran polémica acerca del marxismo y la cuestión nacional” (p. 10).  En el desarrollo de estas organizaciones y sus relaciones entre sí que el autor detalla, se evidencian repetidos momentos de confluencia entre lucha obrera y lucha independentista, pero también experiencias de antagonismo entre las dos aspiraciones. Una de las manifestaciones más contundentes de las confluencias está en el hecho que para la policía y otras agencias represivas no existía gran diferencia entre nacionalistas y socialistas/comunistas (p. 325).  A modo de ejemplo, César Andreu Iglesias y otros líderes del Partido Comunista fueron arrestados tanto en el 1950 como en el 1954 después de acciones armadas del Partido Nacionalista. Pero la cruenta oposición entre ambas corrientes se observa particularmente en el seno de las organizaciones que buscaron fusionar socialismo e independentismo. La disolución del PSP es posiblemente el ejemplo más notorio de esta contradicción. En su examinación de los documentos de la debacle del PSP, Carlos Rojas Osorio evalúa las razones del conflicto entre las dos tendencias para concluir que según los teóricos por él citados las diferencias no tenían “que conducir a un enfrentamiento irreconciliable” (p. 355).

En la introducción del libro, el autor nos confiesa que, inspirado por la labor del filósofo cubano—Pablo Guadarrama González—, su objetivo original era “estudiar la presencia de la filosofía marxista en Puerto Rico” (p. 15) pero que en el proceso de su investigación se percató de la riqueza multidisciplinaria de esta perspectiva y de su fecundo vínculo con la praxis política. Por estas razones, la mayor parte del libro está dedicado a las dialécticas de legitimación del marxismo en la academia borinqueña, particularmente en las disciplinas de las ciencias sociales, las humanidades, la historiografía y, lógicamente, la filosofía. Así Carlos Rojas Osorio nos presenta una exégesis de las aportaciones académicas de marxistas tal como: Manuel Maldonado Denis en ciencia política; Ángel Quintero Rivera , Juan Manuel Carrión y José Luis Méndez en sociología, Carlos Buitrago Ortiz en antropología; Félix Córdova Iturregui y José Luis González en las humanidades; Gervasio García, Francisco Moscoso, José Manuel García Leduc, Rafael Bernabe y Antonio Gaztambide Géigel en historiografía; George Fromm, Ángel Villarini Jusino, Virgilio Colón León, Eliseo Cruz Vergara, José Echeverría Yañez, Samuel Silva Gotay, Miriam Muñiz Varela, Francisco José Ramos, Rafael Aragunde y Joserramon Mélendes en filosofía.

En varias ocasiones a través del texto, Carlos Rojas Osorio analiza con entusiasmo perspectivas que abogan por articular las resistencias a las opresiones de raza, clase y nación. Yo entiendo que es imperativo amalgamar estas luchas con la defensa sistemática del ambiente. ¿Cómo se da esta amalgamación en diferentes coyunturas? Esto es el reto tanto de las/os teóricos que buscan fusionar el marxismo con teorías de decolonialidad y de la praxis política del movimiento anti-capitalista borinqueño y global en el siglo XXI.

Aunque la mirada de Carlos Rojas Osorio al siglo XX borinqueño pueda inspirar nostalgia por tiempos pasados, es evidente a través de todo el libro que él está particularmente interesado en rescatar el valor del marxismo para nutrir las insubordinaciones de la actualidad. En este sentido, este libro puede ser leído como una extensión de sus aportaciones en torno al postmodernismo y sus efectos desmovilizadores. En repetidas ocasiones en el texto, el autor nos recuerda la famosa frase de Foucault en la que este autor, en los momentos más álgidos del postmodernismo, reconoció que Marx—la influencia subversiva de su pensamiento—había desaparecido, pero que este valor contestatario del marxismo “reaparecerá un día” (p. 527). Ciertamente, las aportaciones del libro, Marxismo y Nación Puerto Rico siglo XX, contribuyen a subvertir esa actualidad desconcertante que mencioné al principio de esta reseña. En palabras de César Andreu Iglesias, líder comunista borinqueño durante varias décadas del siglo XX:

“Las victorias están llenas de pasadas derrotas. Y, además, nunca es derrota completa la que nos ayuda a descubrir el camino a seguir”. César Andreu Iglesias, (Los derrotados, 1956)

 

 

 

La guerra siempre presente: Pressure

 

En Rojo

Pressure

Director:Anthony Maras; guionistas: David Haig y Anthony Maras; autor: David Haig; cinematógrafo: Jamie Ramsay; elenco: Andrew Scott, Brendan Fraser, Kerry Condon, Chris Messina, Damian Lewis, Jojo Macari

Filmes sobre guerras pasadas debieran servir para recordarnos y alertarnos de lo que significó antes y hoy cuando grupos y naciones deciden poner todos sus recursos en la destrucción del otro. Cuando rebuscamos la historia de los países, todos parecen tener este ímpetu para afianzar su poderío, su capacidad de decidir los destinos ajenos. Cuando lxs historiadorxs detallan las incidencias de batallas, por + equipadxs que estén los grupos en pugna, sobresale el número de muertos, soldados o civiles. Puede haber planificación grandiosa, pero eso no salva vidas, son estrategias para ganar o avanzar en un plan nacional, territorial, fronterizo ideado por los dirigentes que miran a distancia. Una de las batallas + celebradas en la historia militar de la 2nda guerra mundial es D-Day/Operation Overlord que comenzó el 6 de junio y duró hasta el 21 de agosto y fue decisivo para reconquistar Francia y virar el avance alemán. Aunque no se menciona porque el foco de toda discusión y decisión en el filme es Normandía, la estocada principal la había dado la Unión Soviética durante el “Eastern Front”, en la batalla de Stalingrado con un saldo humano nunca visto.

El personaje principal de este drama es James Stagg (interpretado como solo sabe hacerlo Andrew Scott), el meteorólogo principal en el centro de mando de los estrategas de esta operación militar que requiere una confidencialidad absoluta para que los alemanes no tengan el lugar exacto de la invasión. Para eso se necesita total confidencialidad de todos los que componen el equipo y tomar la decisión lo antes posible para que la información no se filtre. El otro punto neurálgico para el grupo es no repetir el accidentado ensayo, “Exercise Tiger” de abril 19, 1944 donde 749 soldados estadounidenses murieron en fuego amigo y por ataques alemanes. El filme incluye pietaje dramatizado de este fracaso militar tanto para reafirmarse que esto no puede volver a suceder como para visualizar el impacto en las jóvenes tropas que participaron.

La historia de Pressure comienza 72 horas antes y en ese espacio de tiempo tienen que decidir que la fecha del 5 de junio es la correcta para la invasión de Normandía. Aunque la decisión está tomada por la “alta gerencia Militar”, Dwight D. Eisenhower y Bernard Montgomery (lo siento, pero rehúso usar todas las escalas militares) utilizan el análisis meteorológico de Irving Krick para asegurar que el oleaje y vientos no van a entorpecer los miles de soldados preparados para la invasión. Traer a James Stagg como el consultor óptimo era, según ellos, la manera de asegurarse que su decisión era la correcta. El conflicto comienza precisamente cuando Stagg rehúsa dar el visto bueno a lo que todos los otros daban por sentado. Mientras Krick era un estudioso de los patrones del comportamiento atmosférico, Stagg estudiaba la data de la presión barométrica en tiempo real. No importaba la decisión a tomar, sabían que las muertes y heridas en combate iban a ser enormes, pero trataban de evitar que no se pudiera abrir ese camino para reconquistar el territorio ya afianzado por los alemanes. Los recelos, rivalidades, roces de poder se dan en medio de las sesiones de análisis y acción.

El título, pressure/presión, es un verdadero resumen del corazón del filme: presión atmosférica bajo análisis (algo que puede cambiar su rumbo en cualquier momento), ordenar una invasión a sabiendas del gran número de bajas que causará, saber que uno es el responsable de tantas vidas perdidas, tomar decisiones que pueden resultar en + muertes, fracasos o un revés en la avanzada de la guerra. Estos son los dilemas de los personajes principales: Eisenhower (Brendan Fraser) y Stagg. Andrew Scott como Stagg ocupa el centro de la historia con su extrema seriedad, callada actitud y capacidad de tomar todo en serio como si cada palabra suya pudiera causar una catástrofe (lo que era cierto). Mucho se ha escrito de Normandía y ha sido recreado en varios filmes y series, pero específicamente de ese 1er día de la invasión, lxs refiero a The Longest Day (Gerd Oswald y Darryl F. Zanuck 1962) y por supuesto al + impactante, Saving Private Ryan (Steven Spielberg 1998) que sigue siendo el + realista. Mientras en Pressure la planificación del evento es el centro, en Private Ryan es el evento de principio a fin; es el diario/testimonio de los que enfrentaron el poder militar de los alemanes y murieron en las playas o siguieron adelante marchando sobre los cuerpos dejados atrás por el momento.

El conde de Montecristo

 

 

 

Dicen que los muchachos ahora no leen porque dedican su atención a los celulares y la vida digital. Apenas pueden, se dice, seguir una trama o un tren de pensamiento. También ha habido una degradación de la escuela en tiempos recientes. En cualquier caso, ofrezco a grandes y chicos esta idea: leer El conde de Montecristo, una de las grandes novelas de la literatura occidental y universal, de Alejandro Dumas, mulato de ascendencia haitiana y francesa (también autor de Los tres mosqueteros). Fue publicada hace 180 años –1846– como volumen completo, al cabo de año y medio de publicarse en serie, o sea, un capítulo tras otro separadamente, en el Journal des Débats en París.

La publicación en serie era a menudo la primera forma en que salían las novelas. La serialización, o publicación de cada capítulo en un folleto insertado en un periódico o revista, fue precursora de las actuales telenovelas y series en internet. Como ocurre con éstas, los autores alargaban la novela según se vendiera, lo cual a veces producía obras, como ésta, de más de mil páginas. Las novelas reclamaban tanto trabajo que era común que dos o más colaboraran en escribirlas. Augusto Maquet fue coautor de esta novela, o tal vez ayudante de Dumas.

La historia debía ser tan interesante que los lectores no pudieran despegarse de su lectura, como sentirá quien lea El conde de Montecristo. Se le describe como una novela de aventuras, pero se engañará quien crea que es solamente eso, o, peor aún, quien la confunda con las versiones que se han hecho para la televisión y el cine, en que es tergiversada, despedazada y reducida. El poder de Hollywood ha generalizado una banalización y simplificación en que se repite la misma estructura narrativa una y otra vez.

Muchas de las incidencias y tramas de El conde de Montecristo se han reproducido en incontables novelas, cuentos, películas y programas de televisión que han venido después. Pero en la obra de Dumas las historias personales y el amor romántico se entrelazan con la historia social y política y con las cuestiones de justicia, moralidad, lealtad, relación del individuo con los otros y con la sociedad, y del poder financiero.

Un humilde, honesto y joven marinero de Marsella, Edmundo Dantés, sufre catorce años en prisión, injusta y viciosamente. Supuestos amigos hacen que se le acuse falsamente de pertenecer al movimiento subversivo que en Francia representaba Napoleón Bonaparte. El procurador del Rey, o fiscal general en nuestro lenguaje, lo envía ilegal e inmoralmente a prisión –sin juicio– en el tenebroso Castillo de If, una fortaleza de calabozos inmundos en una isleta cerca de la costa sur francesa (recuerda a Alcatraz en las afueras de California). Lo arrestan y encierran justo cuando iba a casarse con su amada novia Mercedes.

Después Dantés sabrá que en esos catorce años falleció su padre, su único familiar, sumido en miseria y hambre, y que, suponiendo a Edmundo muerto, su prometida se casó. No sólo es encarcelado injustamente en un instante, de forma inesperada, sino que brutalmente lo arrancan de sus seres más queridos y le arruinan la vida. Quien haya sido acusado falsamente, difamado e ido preso injustamente aunque haya sido por un solo día, y alejado de sus seres queridos, podrá identificarse con este personaje.

Dantés está incomunicado en una mazmorra, sin derechos ni las facilidades mínimas de nuestro tiempo. En la soledad, la oscuridad, la mugre y la desesperación se agrede a sí mismo, incluso trata de matarse. Se le va el sentido de la vida.

Pero varios años después ponen en la mazmorra del lado un preso con el cual logra comunicarse. Eventualmente hacen un pasadizo secreto. Es un abate, un funcionario de la religión, pero además profundo conocedor de las ciencias naturales, la tecnología y la sociedad. Este inolvidable amigo le sirve a Edmundo de profesor –de ciencias, matemáticas, filosofía, mecánica– y psicólogo. Es mediante el intelecto que Edmundo se salva. El conocimiento y la educación le proporcionarán gran vigor y potencia.

Aprovechando la muerte del excepcional sabio, Dantés escapa y nada hacia su libertad. En adelante descubrirá un fabuloso tesoro que sólo el abate conocía, en la pequeña isla rocosa de Montecristo, al oeste de la costa italiana. En esta novela estamos en el mundo multicultural del Mediterráneo. La trama sugiere sus numerosas costas: España, Grecia, Turquía, Túnez, Argelia, Libia, Egipto, Líbano, Siria, Córcega, Cerdeña, Sicilia, Francia, Italia. Es un mundo ancestral de marineros, puertos, comercio, contrabando e intercambios políticos y pandillescos.

Convertido en millonario, Dantés viaja, aprecia el Oriente e inspirado en las enseñanzas del abate, se entrena durante años en diversos conocimientos: ciencia militar, finanzas, medicina, minerología, literatura, arte, química. Ocultando su identidad, se proclama “conde de Montecristo” y traza un plan meticuloso para vengarse de quienes perversamente lo condenaron a la muerte en vida de la prisión. Uno se hizo general del ejército colonialista francés y se casó con Mercedes; otro es un poderoso y cínico banquero; el fiscal general ha consolidado su posición en la alta burocracia judicial gracias a sus conexiones con la aristocracia y los grupos políticamente poderosos. Estos sujetos han hecho mal como individuos, pero también representan intereses de poder y riqueza en nuestra sociedad de egoísmo.

El héroe asume identidades diferentes y comanda una organización con empleados, sirvientes y bandidos que le son absolutamente fieles. Opera al margen del estado y la ley, y dirige su organización con precisión de ciencia exacta. Quizá en parte la obra domine la atención del lector por el gusto que da generalmente la venganza “bien merecida”, y que la ejecute un héroe hábil y valiente. En la tradición cultural la voz que pone orden suele asociarse a la figura masculina.

Veamos el ambiente histórico. La Revolución Francesa ha entrado en crisis diez años después de iniciar en 1789. No se ha estabilizado un nuevo estado. En medio de un caótico vacío de poder, el militar Bonaparte da un golpe de estado en 1799, y se hace dictador. Es despótico, colonialista y militarista, y por otro lado empeñado en exportar por Europa conceptos e instituciones republicanas que la Revolución ha propulsado, atacando la monarquía y el feudalismo. Es un fenómeno reaccionario y a la vez progresista.

Por haber experimentado una revolución social, Francia quedó retrasada en el progreso industrial capitalista en relación a Inglaterra, que emerge como la vanguardia. Bonaparte busca hacer avanzar la capacidad productiva francesa y modernizar el estado. En las primeras décadas del siglo XIX Francia verá una expansión enorme de la educación, las ciencias, la tecnología y la maquinaria. Se difunde por ejemplo la teoría de Saint-Simon, quien aboga por las clases productivas (empresarios, campesinos, intelectuales, científicos, ingenieros, obreros, artesanos) en lugar de las “ociosas” u holgazanas (aristócratas, grandes banqueros y ricos que se lucran con la renta de inmuebles, tierras y deudas que generan pobreza y oprimen a empresas y fincas que podrían ser productivas). Algo de esto se trasluce en El conde de Montecristo.

Ahora bien, Napoleón, a pesar de su modernización de la guerra –desarrollo de la artillería, ofensivas audaces, batallas de cientos de miles de muertos–, es acosado por la alianza monárquica europea que encabeza Gran Bretaña. Sufre un revés duro y decisivo en 1812 con el fracaso de su invasión a Rusia. Es derrotado en 1814. Sus vencedores evitan meterlo en prisión o ejecutarlo, dado el gran seguimiento popular que tiene, y lo recluyen en la pequeña isla de Elba, cerca de Italia, como una caricatura de reyecito en un reino diminuto. Pero desde Elba Napoleón organiza otra vez un ejército. En esta gestión se involucran muchos franceses e italianos. A ese torbellino es arrastrado, sin saberlo, el pobre Edmundo en la novela.

Bonaparte volvió a dar guerra a los ingleses y sus aliados por más de tres meses –entre marzo y julio de 1815– hasta ser derrotado en un pueblito de los Países Bajos, Waterloo, esta vez para siempre. Por tanto, la monarquía francesa ha regresado en 1814 (en una restauración pos-revolución, pos-Napoleón, y contrarrevolucionaria), para ser amenazada de nuevo en 1815 por Bonaparte. Se instala otra vez tras la derrota final de Napoleón. En estos cambios de gobierno la parte antes perseguida se hace después dominante. En este contexto empieza la novela.

El fiscal general ha metido a Edmundo cruelmente en prisión tildándolo de supuesto bonapartista peligroso (después dice que ha muerto en la cárcel, otra mentira). Persigue congraciarse con la aristocracia y mostrar que es fiel a la monarquía; también quiere distanciarse de su propio papá, quien ha sido bonapartista y militante de las ideas de la Revolución Francesa.

Montecristo se vengará de quienes le destruyeron la vida. Aquí venganza es justicia, podría decirse, puesto que el estado, que debería velar porque las leyes sean justas y se aplique el derecho, es corrupto y está comprometido con intereses políticos particulares y clases reaccionarias indiferentes. No habrá perdón. Eventualmente, sin embargo, nuestro héroe parece cuestionar los extremos de sus castigos a los truhanes.

La opresión social se dramatiza en el horrible régimen carcelario y la disfuncionalidad del sistema de tribunales. La cuestión carcelaria y el tema del estado, como estructura que determina la vida de la gente, producirán literaturas y teorías sociológicas y filosóficas en Francia y muchos otros sitios. La prisión y el estado como perpetuo vigilante y represor serán temas elaborados en otra gran novela, Los miserables, de Víctor Hugo, de 1862.

El protagonista de El conde de Montecristo parece una metáfora de un partido o bando social que, armado con el conocimiento, la ciencia y el intelecto, se opone a las clases financieras, imperialistas, corruptas, ociosas y rentistas. A la vez sostiene que la riqueza monetaria no es en sí misma dañina, ya que, dice, podría servir para hacer mucho bien.

A menudo Dantés se remite a Dios como guía y testigo de su propia conciencia, su venganza, su justicia, su amor y su sinceridad. Discretamente Dumas diferencia a Dios de la iglesia. Es incuestionable la gran religiosidad de aquella época, como también de la actual, pero podría leerse a “Dios” como metáfora del bien común, de las cosas que hacen humana a la humanidad: la necesidad de bienestar, la dignidad, amar y ser amado, formar familia, reproducir la sociedad en comunidad con los demás; la libertad, felicidad y salud de la persona.

La riqueza del texto de Dumas es extraordinaria, como son sus ironías y su conocimiento de la literatura antigua, la pintura, la música y el teatro. El autor moviliza nuestro sentimiento y nuestra ética movilizando nuestro intelecto. Busca que el lector construya con su propia imaginación lo que pasará en la novela; o sea, que se haga también autor y aprenda a relacionar las cosas. Hace alusiones que en algunos casos no entendemos, como si persiguiera que busquemos la información y así nos eduquemos más, espoleados por el placer de la lectura. Dumas escribe con elegancia y delicadeza. Evita forzar opiniones en los lectores; propicia el criterio propio.

La novela asesta golpes demoledores a la aristocracia y la sociedad ricachona y derrochadora de París, que juega frívolamente en los mercados de bonos de Haití o España, se sirve de jugosas deudas e hipotecas, se somete cobardemente a Inglaterra e invierte en las Américas. Sugiere sutilmente que el despotismo que Occidente atribuye a los gobiernos de Oriente existe también en Occidente de otras formas, incluso peores. Repudia la esclavitud y la servidumbre sin decirlo directamente, al relatar la historia de Dantés y muchas otras historias que se cuentan dentro de esa historia –como hace Cervantes en Don Quijote, que incluye una y otra vez cuentos dentro de los cuentos que habitan la novela–, infundiendo así “subjetividad” a distintos personajes, incluyendo los aparentemente poco importantes.

Los terribles acontecimientos que provoca la venganza de Montecristo en los tres criminales incluyen que Mercedes –junto a su hijo– abandone a su marido. Ya ella ha adivinado que Montecristo es Edmundo. Hay gran emotividad en el momento en que los amantes, que ya no podrán volverlo a ser, están frente a frente con su inmenso amor frustrado, o transformado, en la amarga realidad de la finitud de la vida. Han pasado muchos años.

Dantés muestra una y otra vez su decencia y generosidad. Al final, los buenos, por así decir, quedan en situación favorable, y los malos son destruidos. Pero no es un cuento religioso donde la justicia haya llegado milagrosamente. Es una historia humana, y su resultado ha requerido mucho trabajo, destreza, recursos materiales, y premeditación para hacer mal en función del bien. Es un relato asombroso y fantástico, por la fabulación libre y rica de Dumas. El final no es exactamente feliz. Quedan la tragedia y la destrucción de los castigos, y el sabor incierto que dejan.

La intensidad y el dramatismo atrapan al lector de El conde de Montecristo. El drama psicológico se agita entre los personajes así como en el lector, insertado en los conflictos históricos de la sociedad y el mundo. El relato es divertido y espectacular, y las reflexiones ilustradas e ingeniosas de Dumas parecen insistir en que la diversión, la belleza y el intelecto pueden producir fuerza moral.

Publicado el 7 de junio de 2026 en el periódico digital Verdad y democracia, de Barrio Obrero, Santurce

 

La Junta de Control Fiscal: una década de dictadura

 

En junio de 2026 se cumplen diez años de vida de la Ley PROMESA. En junio de 2025, el gobierno de Alejandro García Padilla declaró que la deuda pública era impagable. La Ley PROMESA tuvo como objetivo abordar y buscarle solución a la crisis fiscal del gobierno de Puerto Rico. Como criatura de esta ley del Congreso de los Estados Unidos, firmada por el presidente Obama, la Junta de Supervisión Fiscal se constituyó con poderes por encima del gobierno electo de Puerto Rico. Debido a su carácter dictatorial la opinión pública cambió su nombre a Junta de Control Fiscal (JCF).

Desde su creación, la composición de los siete miembros de la Junta fue muy reveladora. Debían ser personas con peritaje en finanzas, en mercados de bonos municipales y en gerencia, aun cuando la Junta tenía el poder de contratar expertos y consultores. Cuando fueron conocidos sus primeros siete miembros, la sorpresa comenzó a preocupar a la opinión pública. Entre ellos se encontraban tres personas estrechamente vinculadas con gobiernos anteriores de Puerto Rico: José Carrión III, Carlos García y José Ramón González. Dos de estos individuos, Carlos García y José Ramón González, habían estado en la dirección del Banco Gubernamental de Fomento y fueron protagonistas en el endeudamiento del gobierno. Ambos, además, tenían estrechos vínculos financieros como funcionarios del Banco de Santander. El otro, José Carrión III estuvo vinculado con el gobierno de Luis Fortuño. ¿Cómo era posible que para abordar y buscarle solución al problema fiscal del gobierno local fuesen nombrados individuos que habían participado en la creación del problema que venían a resolver?

Pronto se hizo visible hacia dónde se inclinaban los intereses de la Junta. Comenzó a definirse en sus primeros pasos por lo que no quiso hacer, aunque tuvo todo el poder para hacerlo. Dos asuntos principales no atendidos caracterizaron desde sus primeras acciones: a) no hacer una auditoría forense de la deuda; b) no definir los servicios esenciales brindados por el gobierno a la población.

La auditoría de la deuda se había convertido ya en un reclamo con fuertes raíces en importantes sectores de la población. Ante la crisis fiscal existente y ante la magnitud de la deuda pública, era urgente conocer a fondo quiénes emitieron la deuda, cómo lo hicieron y con qué objetivo. La urgencia respondía a la necesidad de establecer si existían partes de la deuda que eran ilegítimas. La JCF no solo no hizo el trabajo, sino que gastó $16 millones en un estudio sobre la deuda realizado por Kobre & Kim, de 600 páginas, estableciendo desde su inicio que no tenía el propósito de responsabilizar a nadie por las acciones realizadas. Un gasto de $26, 666 de fondos públicos por cada página sin ninguna consecuencia para los que pudieron haber actuado irresponsablemente, incluyendo personajes de la Junta como Carlos García y José Ramón González.

El segundo asunto que la Junta se negó a atender fue todavía más escandaloso. La importancia de definir los servicios esenciales provistos por el gobierno fue también un reclamo a viva voz de muchos sectores de nuestra población. ¿Por qué era imprescindible definirlos? Si la JCF venía a corregir el déficit fiscal y los efectos destructivos de una deuda fuera de control, primero se hacía necesario definir los servicios esenciales para asegurar su cumplimiento antes de establecer cuánto de la deuda existente era viable pagar. Al no hacerlo, la JCF dejó saber que su interés principal era el pago de la deuda a los bonistas y no el bienestar de la población.

Con estos dos asuntos, la JCF mostró su verdadera figura. Hizo visible que su función dictatorial, era continuar la misma política neoliberal adoptada por el bipartidismo existente. Por un lado, la auditoría de la deuda hubiese permitido identificar los responsables y entender la dinámica del endeudamiento. El poder dictatorial de la Junta hubiese podido enfrentar uno de los principales problemas vinculados con la deuda: la corrupción. Por otro lado, al definir los servicios esenciales hubiese proyectado la imagen de que colocaba en primer lugar el bienestar de una población ajena a los motivos del endeudamiento.

Pero la JCF no hizo ninguna de las dos cosas. Además, algo que no debe olvidarse, no recibió ninguna presión del gobierno para que llevara a cabo la auditoria de la deuda o definiera los servicios esenciales. Esta complicidad requeriría una extensa explicación para la que no tenemos espacio. Ahora basta mencionar que con la política neoliberal ocurrió un asalto combinado al dinero público de parte de empresarios privados y políticos ambiciosos. Con esta política neoliberal se degradaron los servicios esenciales provistos por el gobierno en la medida en que abundantes recursos públicos pasaron a manos privadas en múltiples formas de corrupción. Lejos de controlar la corrupción, la JCF se convirtió en un mecanismo que la patrocinó en el interior del marco de los planes fiscales que fue imponiendo. Con sus contratos y consultorías sobrepasó los $2,000 millones en gastos de dinero público en el trascurso de esta vergonzosa década, incluyendo contratos millonarios escandalosos con empresas como McKinsey, en situaciones plagadas de conflictos de interés.  Como la historia depara inesperadas sorpresas, con el paso del Huracán María en septiembre de 2017, los terremotos del sur en 2020 y con la pandemia que le siguió, miles de millones de dólares en fondos federales han sido asignados a Puerto Rico, aumentando el botín político- empresarial de la corrupción.

Pero hay otro asunto en que la JCF también fracasó. Siendo la cuestión fiscal el síntoma más visible de una crisis mucho más profunda, la urgencia por formular reformas estructurales tenía una importancia cardinal parta atender la necesidad de ampliar la base económica de la isla. La JCF no solamente no atendió este problema, sino que las reformas propuestas no se orientaban en la dirección señalada y fracasaron. Solamente en una de ellas, la privatización de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), apoyada en la Sección 205 (a) de la Ley PROMESA, logró avanzar. Sin embargo, la privatización, defendida tanto por el gobierno como por el sector privado, desembocó en un estruendoso fracaso. Los tres motivos para impulsarla – abaratar los costos, garantizar la eficiencia y asegurar la estabilidad del sistema eléctrico – han tenido resultados contrarios: el sistema es hoy mucho más caro, ineficiente e inestable. La privatización del sistema eléctrico, impulsada por la JCF y el gobierno probablemente pase a la historia como uno de los actos de mayor irresponsabilidad propiciado por los inescrupulosos intereses neoliberales.

Podemos añadir, antes de terminar, que los planes de ajuste de la deuda acordados por la JCF no han respondido a los mejores intereses de nuestra población. El acuerdo de la Corporación del Fondo de Interés Apremiante (COFINA), por ejemplo, aprobado por la jueza Taylor Swayne el 4 de febrero de 2018, fue muy revelador. De una deuda de $17,637 millones – de los cuales más de $12,000 millones fueron emitidos por el gobierno de Luis Fortuño -, los Bonos Senior constituían 44% del total de la deuda, los conocidos fondos buitres recibieron 93 centavos por cada dólar, habiendo adquirido dicha deuda a precios mucho más bajos, obteniendo ganancias de miles de millones de dólares. Pero lo más “ejemplar” de dicha negociación fue que el bufete de los fondos buitres, Emmanuel Urquart & Sullivan LLP, contrató a Politank, propiedad de Francisco Domenech, acompañado de Kenneth McClintock, por 55,000 dólares mensuales para asegurar una buena negociación. Nada menos que un cabildero local, que hoy es Secretario de la Gobernación, con un ex presidente del Senado y ex Secretario de Estado, fueron figuras claves para una negociación nefasta para el pueblo de Puerto Rico. Antonio Weiss, una persona destacada en la formulación de PROMESA, criticó el Plan de ajuste de la Deuda de COFINA.

Hoy nos encontramos ante una amplia protesta estudiantil en la Universidad de Puerto Rico, con reclamos compartidos por toda la comunidad universitaria. En gran medida se trata de una crisis creada por la JCF y sus irresponsables recortes al presupuesto de la universidad pública y sus aumentos en el costo de los créditos y servicios universitarios. Una institución que estaba cumpliendo efectivamente con sus compromisos de deuda recibió los recortes más agudos y el ataque más feroz de la Junta y del gobierno. Con su menosprecio de la universidad pública y con sus intentos de reducir las pensiones de hombres y mujeres que cumplieron con sus deberes laborales, la JCF levantó su perfil ante el pueblo de Puerto Rico: expropiarle el futuro a la juventud y expropiarles el pasado a los adultos mayores. Mientras tanto, poco le han importado los efectos visibles del cambio climático, la seguridad alimentaria del país y el bienestar de la población empobrecida de Puerto Rico. Con razón las ilusiones que tuvo el país cuando se anunció su llegada quedaron convertidas en humo. Hoy el desprestigio de sus funcionarios solo es superado por la soledad que los rodea. Sería un acto de justicia que su salida fuese el resultado del empujón de una enorme fuerza social en movimiento.

Este articulo se publicó originalmente en la edición impresa de CLARIDAD del mes de abril.