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56 años después, Roy Brown sigue protestando

Foto José Manuel Huertas

En Rojo

Últimamente, a Roy Brown Ramírez le sucede algo interesante: jóvenes reinterpretan canciones de Yo Protesto, su primer álbum. Como Tapaboka, una banda de mujeres que toca “heavy metal”, y también interpreta en vivo “Mr. Con Macana” a ese estilo. El grupo Verdugos publicó un vídeo de ese mismo tema con un giro roquero; y Yarimir Cabán Reyes “MIMA” lanzará este mes una versión de “Monón” que ha agradado mucho al cantautor. Son piezas de una época álgida, rebelde, y de un disco emblemático que se renueva de dos formas: con el próximo concierto A los 80 Yo Protesto, el 30 de mayo, y con la reciente remasterización del álbum. En entrevista con En Rojo, Brown conversó sobre estos proyectos, su trayectoria musical y aquellos detalles que han marcado su carrera.

“Regresar al Teatro de la Universidad tiene cierto significado emocional porque, si voy a cumplir los ochenta y los voy a celebrar, pues celebrarlos allí es como mágico. Es como regresar al pasado de una forma vital… Lo que me comentan muchos jóvenes cuando me hablan, que han oído mi disco, es que realmente las cosas no han cambiado tanto. Pienso que sí, que las cosas han cambiado, pero muchas de las cosas negativas de la sociedad en que vivimos, del día a día, es lo mismo. Quizás hasta peor”, compartió la voz de “No me sulfuro más”.

Para Brown Ramírez, la actualización de estos temas en otros ritmos, presentados con la misma urgencia, le advierten la “penosa” verdad de que, a 56 años de su lanzamiento, el disco sigue vigente. No obstante, el músico distinguió cómo, durante los años en que produjo, la Universidad de Puerto Rico (UPR) era “el centro de la vida cultural, política” y sede de una serie de organizaciones políticas “muy poderosas”. Del mismo modo, Brown calificó las entonces represiones de la institución como “más dramáticas por aquellas confrontaciones”, y entiende que los movimientos estudiantiles y comunitarios han crecido.

“Éramos una minoría esforzada, que nos esforzábamos y nos movilizábamos. Ahora, el pueblo, reaccionando en contra del mal gobierno que tenemos, es mayor. Una de las cosas parecidas (a los tiempos de Yo Protesto) es que los abusos en contra de las comunidades continúan, porque las violaciones ambientales no son otra cosa que abusos contra las comunidades. Eso sigue todavía… Quizás hay una espontaneidad mayor de la movilización. Hay una serie de gente que está muy capacitada para dirigir la oposición”, continuó el poeta.

Asimismo, Brown Ramírez reconoció que, en el caso de ambas épocas, muchos músicos, artistas y profesionales migran por mejores oportunidades en los Estados Unidos, sobre todo aquellos que buscan emprender y vivir de sus talentos. Empero, el autor de Yo no sé cuál es la verdad aseguró que la migración de estos tiempos también es “más dramática”. Sin embargo, la ventaja de esta generación estriba en el acceso a nuevos medios de comunicación para difundir artes y mensajes que reten las narrativas dominantes, resaltó.

Comienzos complicados

“Cuando nosotros empezamos, no se podía hacer canción-protesta. Era en la calle y con la represión de la Policía y el FBI directamente sobre nosotros. Luego, con el Movimiento Estudiantil, se creó un público nuevo, la cuestión cultural, el movimiento cultural. Que siempre lo ha habido; ha habido un desarrollo de nuestra cultura antes de la década del setenta, pero en esa década, de tanto luchar en la calle, se le dio un reconocimiento a un movimiento cultural”, aclaró el exestudiante del Recinto de Río Piedras.

Desde luego, varias agrupaciones como Haciendo Punto en Otro Son, Moliendo Vidrio, Antonio Cabán Vale “El Topo” y Andrés Jiménez se unieron a ese “despertar de nuestra cultura” y de la música-protesta que integró ritmos de la montaña. Pero en 1978, ya padre de dos hijas y a falta de oportunidades, arrancó del país con fe en su trabajo. La decisión marcó el inicio de una campaña internacional y solidaria en lugares como El Salvador y México.

“Ahora, si quieres colocar tu canción en el Internet, la colocas. René Pérez (Residente) coloca la música que él quiere. La gente acude, la baja, la oye de gratis o la compra. La gente como René Pérez ha dominado esa área de la música, y no ha necesitado de una grande compañía porque va por el mundo y tiene público”, explicó Brown.

En esa línea, el veterano de la Nueva Trova amplió la noción de canción-protesta a géneros como la salsa y el reguetón, que tienen “notas de música-protesta”. Aludiendo a los ejemplos de Bad Bunny o Eddie Palmieri, el músico esbozó las diversas formas en que se ha producido música con un contenido afirmativo para la identidad. La ventaja del presente, salvó, es que ahora los artistas pueden fundar compañías como RIMAS– propiedad de Bad Bunny– para despegarse de otras como FANIA– que son dueñas de la mayoría de sus producciones. De ejemplo, Brown mencionó la banda Fiel a la Vega, que comenzó bajo un sello disquero, pero que ahora es “dueña de todo su trabajo”.

“Todo eso cambió, para bien de nosotros”, aseveró.

Un concierto entre amistades fieles

Desde los mismos tiempos de Yo Protesto, hay figuras claves en la carrera de Brown. Los hermanos Santiago han formado parte del grupo de Roy Brown desde antes de 1978, cuando Zoraida cantaba junto al piano de Carlos “Tato” Santiago. Para la década de 1980, se sumaron Manny Ojeda y Tony Asencio al grupo que hoy permanece. En 1990, cuando Brown se muda para Mayagüez, el conjunto actual se completa con José Flores y Benito Carrillo, no sin antes contar con la ayuda de grandes intérpretes del género como Silvio Rodríguez o productores como Frank Ferrer. Gente que se ha sumado a una carrera que, el próximo 30 de mayo, reafirmará su compromiso con las letras que empuña.

“A finales de los ochenta, surge Fiel a la Vega. No me puedo llevar la banda entera, pero siempre me ha acompañado desde esa época, desde que grabaron ‘Boricua en la luna’, yo hice la amistad específicamente con Tito Auger. Hicimos un disco juntos que se llama ‘Vaya bien’, y Tito ha sido un hermano desde todo ese tiempo. Siempre ha dicho que sí… Yo invitaría a un montón de gente, porque por ahí anda un montón de gente que ha colaborado conmigo”, dijo el exponente de la Nueva Canción.

A modo de broma, Brown Ramírez expresó su interés por realizar un concierto que “dure cuatro días”, para que todos sus colaboradores y seguidores puedan disfrutar de la carrera que han conformado, pero “no todo lo que uno quiere se da”, dice Brown. Con un aproximado de 200 canciones y 13 álbumes de larga duración, hay muchos temas, amigos y músicos que el evento no podrá integrar por “complicado”. Sin embargo, el cantautor se cercioró de incluir lo más que pudo para la presentación del Teatro UPR, el 30 de mayo, a las 8:00 p.m.

“Hay una nueva juventud, y eso se reflejó en el reciente Festival de CLARIDAD. La noche que yo canté, de las personas que estaban al frente, diría que el sesenta por ciento era gente joven, y cuando digo joven me refiero a que están en la universidad o la escuela superior… Yo diría que nadie me hubiese conocido si no hubiese sido miembro de CLARIDAD. El principio de todo fue la Universidad de Puerto Rico y el Periódico CLARIDAD”, concluyó el maestro a pocas semanas del concierto.

*Yo Protesto Remasterizado está disponible en CLARITIENDA

La excavadora destructiva de un país

 

Especial para En Rojo

“El poder más peligroso es el del que manda, pero no gobierna”.
Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999), escritor español

—¿Qué hace una gobernadora al mando de una excavadora?
—Lo que mejor sabe hacer: destruir, irónicamente.

Aunque la pregunta anterior podría sonar como una adivinanza teñida de sarcasmo, en realidad describe un hecho muy concreto. Hace unos días, en Guánica, Jenniffer González, con casco de construcción y una sonrisa orgullosa, se trepó en una excavadora. ¿Qué intentaba destruir? Un hermoso edificio de dos pisos, utilizado durante años como escuela pública. La intención fue proyectar acción y progreso, pero el resultado fue una imagen poderosa de cómo se convierte en espectáculo político la destrucción de espacios que alguna vez albergaron aprendizaje.

La escena fue tan surrealista como reveladora, y tal vez la mejor analogía de los gobiernos que nos han tocado por décadas. Con un sarcasmo pasmoso, nos mostró todo lo que esta administración parece dispuesta a destruir. En un país donde la educación ha sido prioridad para muy pocos, este acto, lejos de representar reconstrucción, se siente como un símbolo más de las agresiones contra maestros y estudiantes que hemos soportado cuatrienio tras cuatrienio.

Pero claro, la excavadora en Guánica fue apenas uno de muchos distractores en la trayectoria de su gestión. El verdadero espectáculo ya venía tomando forma mucho antes. Comenzó con la cuestionable forma en que se archivó la investigación contra sus suegros en La Parguera. Continuó con la tibia defensa a favor de inmigrantes indocumentados en la Isla. Siguió con la falta de planificación ante los inminentes recortes federales que enfrentan el Departamento de Educación, FEMA y otras agencias. Y remató con la propuesta de una estatua de Donald Trump en el área sur del Capitolio.

Los datos solo confirman que ha sido ella misma quien ha construido esa imagen en la memoria colectiva: la de una gobernadora al mando de la demolición, con una visión de país que ignora la conservación ambiental y social. Al comienzo de su campaña, la vimos al mando de otra pala mecánica, arremetiendo contra un mogote. En aquel entonces destrozó aquel pedazo de tierra del mismo modo en que hoy trata a Puerto Rico: como un obstáculo que debe aplanarse para que encaje en su proyecto de poder.

Uno de sus primeros tres proyectos de gobierno fue atender el marco jurídico sobre estructuras y residencias en La Parguera, un tema en el que presenta un alto conflicto de interés debido a la residencia de sus suegros en la zona. También propuso eliminar metas intermedias hacia la energía renovable, como reportó El Nuevo Día el 22 de enero de 2025. Más recientemente, el Gobierno tomó otra decisión cuestionable al retirar la demanda que reclamaba cerca de 1000 millones de dólares a empresas multinacionales de energía y a nueve petroquímicas por daños ambientales. Una noticia que, lejos de ser portada local, fue publicada primero por un periódico británico.

Mientras el país se deshace entre apagones, criminalidad y promesas incumplidas, la gobernadora parece más interesada en viajar que en gobernar. Su equipo de trabajo aún no está completo ni en funciones, pero su maleta —y la de su esposo— está siempre lista. Da la impresión de que acumular millas le importa más que atender la responsabilidad para la cual fue electa.

Como si el espectáculo no fuera suficiente, nos lanza, sin aviso, un pódcast tan incómodo como innecesario, en el que conversa sobre temas que nadie pidió, en un tono que raya en la autoparodia. Una puesta en escena que provoca vergüenza colectiva, como si la publicación se hiciera con toda la intención de luego victimizarse ante los comentarios de la gente.

En el marco de sus primeros cien días de gestión, ha mostrado enajenación y autoelogio. Rechaza errores con una soltura preocupante. En una entrevista con El Nuevo Día, afirmó no recordar ningún desacierto. Ya lo dijo Tiresias en Antígona, de Sófocles: “El error más grave es el orgullo del poder que no escucha”. Yo añado: “y el de quien no reconoce sus incapacidades”.

Pero ¿quién admite errores cuando sus verdaderas prioridades nunca fueron ocultas? Desde el primer día, sus acciones revelan exactamente lo que venía a hacer.

Por eso, la imagen de González destruyendo una escuela no es un gesto aislado: es la más honesta representación de su gestión. En lugar de gobernar, se opta por imponer. En vez de planificar, se improvisa con maquinaria pesada, pódcasts vulgares y respuestas sarcásticas. Mientras el país sigue buscando cómo levantarse, ella prefiere posar entre escombros, como si realmente estuviera construyendo algo.

Mientras Puerto Rico se hunde entre apagones, ella premia con puestos a personas sin preparación, inventa cargos para secretarios colgados en el Senado, viaja en luna de miel por Europa y nos tortura con un pódcast desvergonzado. Mientras la Legislatura espera por proyectos de impacto, hay algo que sí avanza con eficacia demoledora: la pala mecánica de Jenniffer González contra todo aquel que le lleve la contraria. Varios senadores han asegurado que, desde oficinas que deberían velar por la justicia, se les ha presionado para entregar grabaciones de los visitantes del Capitolio. Las acciones que se toman son burdas, sin siquiera disimular una apariencia mínima de ética pública.

En ese contexto tan sombrío, resulta inevitable recordar a Mark Twain cuando dijo: “La historia no se repite, pero rima”. Y en este caso, la rima de este gobierno suena peligrosamente a demolición disfrazada de progreso, con Jenniffer González como su más entusiasta poeta.

Sonríe ante las cámaras mientras destruye una escuela y debilita al país que juró mejorar. Mientras juega a construir, el país se reduce a escombros.

No es una metáfora: es el nuevo símbolo del poder. Ya no se gobierna: se manda, se aplasta, se humilla. Y encima, se espera aplausos. Un país que se aplasta, simbólica y literalmente, termina acostumbrándose al peso de su propia indiferencia, hasta que ya no distingue entre autoridad y abuso, entre fuerza y justicia.
¿Ese es el país que queremos?

 

Series nuevas y maduras 2

En Rojo

En esta 2nda. parte de series de casos por resolver que afectan en el plano personal, comunitario, nacional y gubernamental, presento tres que finalizaron su ciclo, a menos que alguien intente revivirlos—por haber sido tan exitosas—en un futuro cercano. Así sucedió con “Shedland” (2013-) que parecía que con el traslado de DI Jimmy Perez (Douglas Henshall) todo terminaba (7 temporadas), pero revivió en 2023 con una nueva oficial de policía, DI Ruth Calder (Ashley Jensen), oriunda del lugar y con una relación de amor y odio con su pasado familiar y vecinal. Muy sabiamente, los creadores dejaron intacto el resto de los componentes de la oficina, Tosh, Sandy, Billy y Alex. Si quieren adentrarse en series largas y excelentes que pueden ver una y otra vez, “MI-5” (2002-2011) y “Line of Duty” (2016-2021) siempre están disponibles en BBC, BRITBOX, Prime. Los productores de este último, prometen nuevos episodios en 2026.

“Archangel” (2005; 3 episodios, BBC)

Esta breve serie protagonizada por el que muy pronto sería James Bond, Daniel Craig, nos lleva al periodo del poststalinismo en la URSS desde la perspectiva de un estudioso y profesor de historia soviética. Es una búsqueda de un manuscrito/diario de Stalin donde encierra la verdad de su relación con una muy joven Anna Gerasimova y un supuesto hijo y heredero al “trono” de poder y represión que dejó el dictador. El profesor Fluke Kelso encuentra suficientes pistas para no solamente cambiar sus planes de salir de la URSS, sino de unirse al periodista de prensa sensacionalista, R.J. O’Brian, y a la hija del rescatador del diario, Zinaida Rapava en su búsqueda de la verdad. Escucharemos los análisis de Kelso y sus conclusiones algo peligrosas aun en este periodo poststalinista, el choque entre la nueva agencia central de inteligencia que intenta ser + “democrática” y los defensores de la política represiva de Stalin ahora semi-retirados y todavía muy influyentes en los nuevos gobiernos que buscan apertura al régimen de casi 40 años de Stalin.

“Secret State” (2012, Reino Unido; 4 episodios, Acorn)

Nuevamente con un elenco de ensueño (Gabriel, Byrne, Charles Dance, Rupert Graves, Stephen Dillane, Gina McKee, Ruth Negga), este drama se sumerge en la política interna del Reino Unido con sus posiciones diversas dentro de cada partido y grupo electoral y sus relaciones internacionales con su historial de imperio colonizador a través de los años. La imagen pública del gobierno vigente es la de asegurar a la población afectada por un accidente en una planta petroquímica, que se les ofrecerá toda la ayuda necesaria para recomponer las vidas de los sobrevivientes y los que han perdido su hogar, empleo y comunidad. Pero la interna es continuar la relación económica con la empresa para traer ingresos al país y a los empresarios. Habrá juegos políticos para las próximas elecciones, MI-5 investigará sucesos, pero escogerá qué versión dar a conocer y una periodista independiente y una empleada clerical de vigilancia de bajo nivel harán todo a su alcance por alertar al público sobre la verdad de los manejos internos del gobierno.

“Murder in Sweden/Maria Wern” (Suecia, 2008-2023; 9 temporadas, Prime)

El personaje que interpreta Eva Röse, Maria Wern, es una mujer en apariencia muy segura de sí misma que tiene toda la preparación e instintos para adelantar situaciones de peligro, seguir el protocolo de interrogatorio, investigación y descubrir pistas en el camino. Pero, también es muy rápida en reaccionar a una situación de peligro para otra persona vulnerable y actuar precipitadamente y de paso ponerse en gran riesgo. Todo esto es casi por instinto porque si piensa su situación presente—viuda hace + de cinco años con una niña de 10 años y un hijo adolescente—no tomaría riesgos y preferiría un puesto de oficina para no estar continuamente en peligro. Como la serie se extendió 5 años, muchas cosas fueron desarrollándose: lxs hijxs crecen y se enfrentan a los problemas conocidos de pre y pos adolescencia, lo que comenzó como un coqueteo y luego una atracción muy sufrida, se convierte en una relación bastante estable, pero que siempre tiene que enfrentar sus propios “demonios”. Todo esto mientras resuelven casos, que al principio parecen faltos de suficiente información para ser resueltos, pero que con pasos muy precisos, Maria y su equipo nos van encaminando a posibles testigos y sospechosos. Las historias individuales de su equipo son pinceladas muy intensas como Arvidsson (Peter Perski), el amigo de confianza de Maria, quien estuvo a punto de perder la vida y su recuperación ha sido lenta y dolorosa. Y, por supuesto, Sebastian (Jerka Johansson), el romance que casi desestabiliza los trazos de vida que Maria tanto había cuidado.

 

El evolucionismo del porno-consumo contemporáneo

 

Especial para En Rojo

Para iniciar con dicho recorrido social e histórico acerca de la pornografía, comenzaré definiendo su conceptualización etimológica la cual alude a “porne” que significa prostituta y “graphein” o grafito que es grabar e ilustrar, descripción que se podría traducir como la ilustración de la prostitución. Debo agregar, que siguiendo la línea de pensamiento, que trae autores como Malamuth (2014) señalan que esta terminología deconstructiva se tiene que acuñar y atemperar a nuestra época moderna tardía, puesto que en la antigua Grecia jamás se elaboró tal noción. Destaco esto, puesto que en la Grecia clásica no se era represivo siguiendo la línea de pensamiento que nos presenta Longford (1975) en lo que corresponde sobre el sexo. Una forma de cómo se puede ilustrar tal hecho más a tenor con nuestro planteamiento son las mismas prácticas y diversas representaciones de los cuerpos como esculturas, pinturas, simbologías genitálicas, etc. las cuales constituyen toda una batería conceptual sobre la cuestión sexual y pornográfica desde la era clásica. Tan grande fue este impacto, que inclusive se desarrolló en pleno apogeo de la época moderna, siglos XVIII y XIX el primer texto de historia de las tecnologías sexuales como contraparte del tratado de sexología médica clásica de Sinibaldi llamado “Geneanthropeia[1]” (Preciado, 2002).

Así que, este planteamiento ayuda a esclarecer cómo eso que se definimos como pornografía bajo nuestra sociedad de hiperconsumo hoy cobra otra óptica a la que se ilustraba hace cinco o seis lustros atrás, puesto que la brutalidad, bestialismo, sadismo BDSM (Bondage, Dominatriz, Sado/Masoquismo) hicieron aflorar una nueva fase dentro del porno-consumo. Desde el “establishment” de la pornografía moderna que se cuajó en el siglo XIV con el texto de “El Decameron de Boccacio” logra instalarse una nueva mirada sobre los cuerpos y el mismo erotismo, que no existía en épocas ulteriores. Tanto fue así, que según Longford (1975) no fue prohibido por la Iglesia ortodoxa hasta el advenimiento de las reformas y contra-reformas cuando se implanta en el Index[2]. Cabe señalar, que “El Decameron” aún hoy continúa siendo tema de debate en diversas latitudes del mundo.

Entretantos vaivenes y embestiduras institucionales el problema de la pornografía se revistió durante varios siglos, tanto a nivel psicosocial como económico- políticamente. Subrayo el factor psicológico y económico, porque aun habiéndose desatado el fenómeno de la secularización post-revolución francesa persistía una mentalidad de carácter puritana, que buscaba suprimir y castigar a todos los comerciantes y editores que vendieran este tipo de contenido “hard-core”. El detalle de lo hard-core, soft-core y hard varía de acuerdo a ciertos contextos, pero si seguimos la línea cronológica de los distintos historiadores de la pornografía, en el 1802 se fraguó “La Sociedad Contra el Vicio” debido a que el contenido sexual que se mercantilizaba era uno fortísimo, cosa que era muy distinta en los pasados siglos (Longford, 1975).

Fue a partir de estos destellos de carácter “hard-cores” que se desplegaron un sinnúmero de matices en el campo del porno-consumo, justamente como lo fue la primera traducción inglesa en el 1875 del manual hindú el “Kamasutra[3]” la cual tuvo una notoria acogida sobre todo Occidente. También, es menester mencionar, que uno de los grandes Big Bang’s que tuvo la misma industria del sexo, fue durante esta época victoriana, ya que durante este mismo siglo se realiza la primera película pornográfica de origen francesa “Le Coucher de la Mariee” en el 1896. Esta fue dirigida por Léar y producida por Eugène Pirou en la cual se ve a Louise Willy, una actriz de cabaret, haciendo un striptease y teniendo relaciones sexuales con un hombre[4].  Sin embargo, dentro de los múltiples cambios y giros técnicos que se han dado en el campo sexual, descansa el verdadero malestar de la cultura que se encarna sobre el uso de los placeres y acerca de cómo estos podrían ser utilizados sobre cada cuerpo.

Trazando una línea genealógica desde la óptica foucaultiana, el “dispositivo sexualidad” puede ser vislumbrado desde la misma antigua instalación clásica como un instrumento de control biopolítico el cual está totalmente dotado de condicionamientos y estrategias instruccionales. Es importante delinear, que estrategias como la histerización del cuerpo, pedagogización del sexo para el niño, socialización de conductas y roles sociales y la misma psiquiatrización del placer en todas sus dimensiones han hecho del cuerpo y el mismo sexo una práctica normativa e incluso psicopatológica (Muñiz, 2005). Al observar cómo estas prácticas han sido implantas sobre nuestro andamiaje social, notamos que tales maniobras biopolíticas y psicosociales gestionan nuestro aparato psíquico y corpus en general. Por ende, hoy la industria del sexo ha buscado adentrarse sobre las capas más finas de la estructura psicológica/sociológica eficazmente a partir de las nuevas tecnologías como medio interventor e incluso constructor de modos de subjetivación contemporáneo.

En ese sentido, la pornografía que hoy se consume por doquier ha retransformado el imaginario social, la estética de los cuerpos, el dispositivo sexualidad, el deseo y el mismo decoro, provocando a su vez la destrucción anímica de ese otro y faltante. Según Chul- Han (2017): “es pornográfica la falta de tacto, y de encuentro con el otro”. Así que, en otras palabras, la pornografía más allá de llevarnos a un estado de goce y gratificación inmediata, es otra forma alterna de exacerbar nuestra relación “yoica”. Es decir, que al aliarse la pornografía con las nuevas tecnologías y dispositivos sociotécnicos como la informática se le busca asignar un valor uso, cambio y goce a los objetos con el fin de cederle nuestra subjetividad idealizándolos.

Y, ¿Cómo se ha establecido dicho enlace con nuestra psiquis, tanto a nivel técnico como práctico? A través del dispositivo electrónico (dildos, ciber-dolls, smartphones, laptops, reconstrucciones biotecnológicas, etc.) se ha ido construyendo este estadío intersubjetivo y coaccionado, dado a que hoy todo está mediado por lo digital, cualidad que a su vez configura la psique humana mediante su uso cotidiano. De este hecho sociocultural, es que se desprende la intrínseca relación que coexiste entre el consumo/conducta humana y deseo/fantasía en el mundo pornográfico. Quiérase decir, que en la medida que la cultura de consumo reajusta sus condiciones materiales (socioeconómicas) la misma psicología de masas va creando nuevas necesidades, imaginarios y deseos recurrentemente.  Ante este advenimiento de nuevas tecnologías y desarrollos de técnicas sociales emerge consigo un cambio crucial y radical sobre la subjetividad humana contemporánea, dado que estos mismos hechos han generado otros tipos de prácticas sociales y dominios del saber sobre la estructura psicosociológica.

Un pertinente ejemplo sobre cómo los dominios del porno-consumo han ido avasallando las capas más finas del cerebro humano neuropsicológicamente hablando es mediante las interconexiones que se efectúan entre las zonas subcorticales, lóbulos funcionales como el temporal y frontal al igual que en la memoria de goce.

Traigo a colación este hecho y dato empírico, ya que estudios recientes dentro y fuera del campo de las neurociencias se ha demostrado cómo el cerebro humano a partir de sus esquemas mentales y mecanismos de defensa los cuales descansan en la plasticidad neurológica logran condicionarse a diestra y siniestra del refuerzo conductual de goce que ofrece el porno-consumo. A raíz de este despliegue interconexo que juega el mismo conexionismo cibernético con nuestro aparato psíquico ponemos en relieve también cómo la memoria del goce ha logrado estructurarse en nuestros funcionamientos más básicos como lo es de registrar, codificar y recuperar información. Tan contundente ha sido dicho embate a nivel intersubjetivo y neuronal que nuestras funciones más básicas de memoria y aprendizaje están prácticamente entorpecidas por la demanda ganancial de excitación que genera la pornografía.  Es gracias a estos señalamientos que la memoria del goce busca fragmentar todo tipo de contenido y esquema mental que diseñamos porque tiende a agruparse o desagruparse sobre las falencias que no podemos acceder al instante. (Arias, 2016). Por tal razón es que esa excesividad de consumo pornográfico acarrea una irresolución circulatoria y eficaz que su estado sublime ofrece por encima del contacto interpersonal, cualidad que la imagen y movimiento hiperreal impulsa sobre nuestra subjetividad[5].

La problemática hoy bajo era digitalizada y post-Covid-19 es tan crítica y autodegenerativa, que carga con la consecuencia de sutileza destructiva de la flexible simulación de la alteridad. El mejor ejemplo es el fomento de las políticas de autocuidado y ética del bien común desde el distanciamiento social, cualidad que ha hecho más agresivo este embate. De ahí, que estas cualidades fenoménicas incidan sobre nuestra vida anímica virtual logrando perforar y redefinir las nociones imaginarias, y de posibilidad para encaminar a nuestro deseo. Así va desplegándose el verdadero malestar en la cultura contemporáneo interconexamente entre la relación maquínica vs. ser social más estratégicamente con los dispositivos para la búsqueda de placer inmediatos concebidos como aparatos fármaco- pornográficos y gadgets electrónicos.

Sin duda alguna, la constitución de otros conceptos, objetos, axiologías y técnicas mismas dentro de la industria del sexo ha hecho valer la construcción de un nuevo sujeto o ser social moderno. Por esta razón es que este proceso de construcción más allá de ser uno psicosociológico es uno subjetivo, ya que el deseo como dice Deleuze (1981) es siempre revolucionario, porque es como el devenir que no cesa de agenciar e interconectar cuerpos heterogéneos.

La mejor manera de cómo exponer tal ejemplo interrelacional entre el ser social moderno y su significante privilegiado son las propias producciones de cintas VHS, celuloides, cine para adultos, fotografías ilustrativas, DVD’S, dildo-mercados, magazines, teleoperadoras sexuales, muñecos inflables, strap-ons, traseros de plástico (twerking butts), ciber-burdeles, etc. que antes se consideraban lo último de la avenida del consumo homo-erótico. Con el devenir de los tiempos, estos artefactos sexuales han dado otro viraje a nivel psicológico, neurológico y cultural cuyo significado y entendidos sociales en la actualidad incentivan nuevas formas de socialización e interrelación. Sin embargo, ¿Cómo estos dispositivos técnicos forman parte de nuestra cotidianidad biopolítica y sexual identitaria? Gracias a las invenciones cibernéticas y biotecnologías todo lo que se nos hacía imposible de producir o realizar psicológica y sociológicamente hablando se ha visto posibilitado por el mundo ciborg biosocial. Algunos ejemplos que ilustran más tenor dicha exposición contractualista lo es el dildo[6], las hormonas o feromonas, las personas transgénicas, drogas, cibersexo, el cuerpo transexual, prótesis cibernéticas y robóticas, entre otros (Preciado, 2011).

Hoy día, muchas industrias para el entretenimiento para adultos han apostado e incluso abogado por la inclusión de estos dispositivos sociotécnicos, ya que son objetos de carácter heterogéneos y a su vez alternativos dentro del terreno de lo sexual/biopolítico/identitario e intersubjetivo. Esto se debe a que más allá de haberse considerado la pornografía como un dispositivo reproductible del mundo de la fotografía y la misma imagen desde los tiempos prehistóricos, en plena contemporaneidad se le ha dado otro giro significativo, tanto en el aspecto psicosociológico como en el entorno geo y ciberespacial. De ahí, la mandatoria exigencia de reflexionar y accionar, si realmente estamos solucionando una necesidad ilusoria pasajeramente o más bien recrudeciendo la interminable debacle entre ser humano versus máquinas inteligentes.

 

Referencias
Baudrillard, J. (1970). La sociedad de consumo. Buenos Aires, Argentina. Siglo XXI.
Baudrillard, J. (1981). Simulación y simulacro. Buenos Aires, Argentina. Paidós.
Braunstein, N. (2012). El inconsciente, la técnica y el discurso capitalista. Buenos Aires, Argentina. Siglo XXI.
Chul-Han. (2018). Hiperculturalidad. Madrid, España. Herder.
Chul-Han, B. (2014). La agonía de Eros. Madrid, España. Herder.
Deleuze, G. & Guattari, F. (1972). El Anti-Edipo. Vol. I: Esquizofrenia y Capitalismo. Buenos Aires, Argentina. Paidos.
Freud, S. (1990). Tres ensayos sobre teoría sexual. Barcelona, España. Alianza.
Longford, L. (1972). Pornografía. Buenos Aires, Argentina. Grijalbo.
Malamuth, N. (1986).  Sex Violence & Values: Changing Images (T.V. Movie). UCLA Publications Journal. California University.

Notas

[1] Vern. L Bullough muestra el primer estudio descriptivo y exploratorio de la historia de las múltiples técnicas sexuales que se utilizaron en la época moderna como gran monopolio para la producción de aparatos e instrumentos dedicados al uso y prevención de la masturbación. Ver: Sexual Variance in Society and History, Nueva York, Wiley. (1997).
[2] Este fue un catálogo de libros prohibidos por la autoridad de la Iglesia ortodoxa: Index Librorum Prohibitorum. Instruido por el concilio V en el 1515.
[3] Es uno de los textos hindús más antiguos de la historia, que trabajan a nivel general los temas sobre el comportamiento sexual humano desarrollado entre el 240 y 550 D.C.
[4] Ver: http://www.uneac.org.cu/columnas/emilio-comas-paret/breve-historia-de-la-pornografia
[5]   Cabe mencionar que cuando utilizo el concepto de subjetividad es partiendo de la mirada postestructuralista de los pensadores Delueze & Guattari los cuales rompen con la mirada cartesiana tradicional y darle a éste otra óptica de la diferencia a la que transitan los elementos de la fluidez, molecularización y pluralidad.
[6]     Dentro de las fuentes que nos presenta Beatriz Preciado (2011) logré hallar que la genealogía del concepto dildo se remonta al siglo III A.C en Mileto, ciudad floreciente de Asia Menor. Dicha ciudad era famosísima entre los griegos por la fabricación y exportación de “olisbos”. Éste, era en la época clásica considerado como un facsímil razonable del miembro viril el cual era realizado en madera o en cuerno relleno, que a su vez era utilizado con aceite de oliva para lograr masturbarse con el mismo. (Ver: “El manifiesto contrasexual”. p-185.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El feminismo y Gaza

 

Nadine Quomsieh.

 

El feminismo que no habla cuando las mujeres de Gaza mueren de hambre bajo el asedio no es feminismo.

Esto no es un llamado a la acción sino a la participación. Un llamado a un feminismo que no le teme la incomodidad, que no aparta la mirada de la sangre en el suelo porque no encaja en una campaña desinfectada.

Soy feminista. Creo profundamente en el poder, la valentía y la necesidad de la liberación femenina. Pero también escribo como palestina, observando un movimiento feminista global que a menudo se eleva hacia las estrellas mientras camina sobre los escombros que hay bajo sus pies.

En Gaza, las mujeres no piden puestos en las juntas directivas ni participar en misiones a Marte. Piden pan, agua, jabón. Una compresa. Que sus hijos se despierten por la mañana. Si nuestro feminismo no puede dar cabida a esa realidad, si no se detiene a escuchar las voces bajo los escombros, entonces ¿qué estamos construyendo y para quién es realmente?

En un refugio, una madre arrancó tiras del vestido de su hija para usarlas como paños menstruales. Otra forró sus zapatos con cartón, sangrando en silencio para no manchar el suelo. Estas no son metáforas, ocurrieron un martes por la mañana en Gaza. Y, sin embargo, con demasiada frecuencia, no se mencionan en los pasillos de la solidaridad feminista internacional.

Las mujeres palestinas no esperan ser salvadas. Son maestras, médicas, periodistas, poetas, cuidadoras y protectoras de la vida. Incluso, mientras sus hogares se derrumban, organizan filas para conseguir comida, cuentan historias y reconstruyen cualquier retazo de normalidad que puedan encontrar. Su resistencia no siempre es ruidosa, pero sí implacable. Ser testigos de eso y seguir hablando de “empoderamiento femenino” sin incluirlas, no es empoderamiento. Eso es supresión.

Nos dicen que el feminismo se trata de elección. Pero a muchas mujeres en Palestina se les ha arrebatado la libertad de elegir: no solo por el patriarcado, sino también por la ocupación, la guerra y la negativa del mundo a verlas, a vernos. ¿Qué es la libertad de elección cuando no puedes elegir bañar a tu hijo, que vaya a la escuela o que pueda vivir sin miedo?

Esto no es un llamado a la acción. Es un llamado a la participación. Un llamado a un feminismo que no le teme la incomodidad. Que no aparta la mirada de la sangre en el suelo porque no encaja en una campaña desinfectada. Un feminismo que recuerda sus raíces: resistencia, solidaridad, justicia, no solo representación.

Porque el feminismo que no habla cuando las mujeres mueren de hambre bajo el asedio no es feminismo. El feminismo que no llora cuando las niñas son sacadas de debajo de los escombros no es feminismo. Y un feminismo que no puede nombrar Gaza no es feminismo. Es un teatro.

Así que pregunto, con amor, no con reproche: ¿puede nuestro movimiento global extenderse lo suficiente para albergar el dolor, la fuerza y la verdad de las mujeres palestinas? ¿Puede arrodillarse junto a nosotras, escucharnos, apoyarnos, no porque seamos perfectas, sino porque somos humanas?

Porque aquí también es donde vive la lucha. Aquí también es donde comienza la liberación»

La autora es Codirectora de The Parents Circle – Foro de Familias.

5 de mayo 2025