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Donald Trump al poder: hay que enfrentarlo en las calles

Miguel Angel Hernández

En medio de una ola de frío ártico, cruda manifestación del cambio climático que niega el ultraderechista Donald Trump, éste asumió como cuadragésimo séptimo presidente de Estados Unidos, el pasado 20 de enero.

Lugar privilegiado en la ceremonia tuvieron Elon Musk el CEO de Tesla y SpaceX, Jeff Bezos, fundador de Amazon y propietario de The Washington Post, Mark Zuckerberg, el CEO de Meta y cofundador de Facebook, Sundar Pichai, CEO de Alphabet, empresa matriz de Google y Tim Cook, CEO de Apple. Reflejando que el de Trump será un gobierno de los CEO de las grandes transnacionales. Así como gobernantes y líderes ultraderechistas de otros países como Javier Milei, Nayib Bukele, Giorgia Meloni y Santiago Abascal de Vox en el Estado español.

Su discurso de media hora se caracterizó por la arrogancia, la prepotencia y el ultranacionalismo. «Estados Unidos recuperará el lugar que le corresponde como la nación más grande, más poderosa y más respetada de la Tierra, inspirando temor y admiración en todo el mundo». Refiriéndose al canal de Panamá, afirmó amenazante: “y lo vamos a recuperar”.

Tildó de criminales a los inmigrantes: “muchos de ellos provenientes de prisiones e instituciones psiquiátricas que han ingresado ilegalmente a nuestro país desde todas partes del mundo”. Amenazó con una guerra comercial: “aplicaremos aranceles y gravámenes a países extranjeros para enriquecer a nuestros ciudadanos”, y ratificó su carácter misógino y antiderechos al afirmar que “será política oficial del gobierno de Estados Unidos que sólo haya dos géneros, masculino y femenino”. El acto además se cerró con el discurso de un rabino sionista.

En su primer día como presidente de la principal potencia imperialista del mundo, Trump firmó una batería de decretos, que ya prefiguran el carácter profundamente antipopular de su gobierno, y que marcan una ofensiva de ataques contra los derechos del pueblo norteamericano y los pueblos del mundo.

Algunas de esas medidas son eliminar directrices previas que apuntaban a reducir el precio de medicinas; congelar contrataciones de empleados públicos y enviar a sus casas, con el objetivo de despedirlos posteriormente, a empleados federales que ingresaron al gobierno en el marco de un programa por la diversidad, la equidad y la inclusión; la ciudadanía por nacimiento; medidas que favorecían la protección del medio ambiente, lo que Trump denomina “el ambientalismo radical”; decretos para eliminar los programas en favor de la diversidad sexual. Anunció también la retirada de Estados Unidos del acuerdo climático de París, por segunda ocasión, también de la Organización Mundial de la Salud. Declaró la «emergencia energética nacional», para ampliar significativamente y sin controles ambientales, la extracción de petróleo y gas. Igualmente indultó a los 1500 ultraderechistas que tomaron violentamente el capitolio estadounidense en el 2021, entre muchas otras medidas.

El regreso del ultraderechista Donald Trump a la presidencia es la manifestación en Estados Unidos de la crisis y decadencia social, económica y política que atraviesa desde hace años el sistema capitalista-imperialista.

Su nuevo gobierno no traerá ningún tipo de mejora para el pueblo trabajador, para las mujeres, la juventud estadounidense ni para los inmigrantes. Nada se puede esperar en beneficio de los pueblos del mundo, para los palestinos, para el pueblo ucraniano y demás pueblos explotados y oprimidos del mundo.

Será un gobierno que se apoyará en las grandes transnacionales, como ya se evidenció en el acto de juramentación, con la presencia de los CEO de varias empresas tecnológicas. Trump continuará la explotación del pueblo trabajador norteamericano y la expoliación de los pueblos del mundo. Estados Unidos seguirá siendo el gendarme del mundo, expresado en el eufemismo de “la paz a través de la fuerza”, que refleja su peligroso carácter fascistoide y agresivo, que no podemos minimizar y al cual debemos enfrentar, y que además puede envalentonar a otros lideres y gobernantes de la extrema derecha en el mundo.

Desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI), seguiremos llamando a la clase trabajadora, a la juventud, a las mujeres, a las disidencias y a los sectores populares de los Estados Unidos a movilizarse por sus reivindicaciones. En ese sentido es importante destacar las grandes marchas y concentraciones que se realizaron en todo Estados Unidos, el día antes de la toma de posesión de Trump. Miles marcharon en New York, Washington y otras 350 ciudades    reiterando sus demandas por los derechos y libertades de las mujeres, en defensa de los inmigrantes, por la diversidad sexual, en apoyo al pueblo palestino, entre otros reclamos. Se manifestó así la disposición del pueblo estadounidense de enfrentar en las calles al ultraderechista Donald Trump. Como dijo uno de los manifestantes en la capital norteamericana: “No nos vamos a quedar quietos mientras los multimillonarios se enriquecen aún más y otros padecen hambre en las calles”.

El autor es dirigente del PSL, sección venezolana de la UIT-CI

 

 

Encontrado en las redes – Sobre nuestro amor por el autoritarismo

 

Bajo el COVID hubo una campaña de censura histórica. Una de las razones por las que gana Trump es porque prometió eliminarla (spoiler alert: la va a maquillar, no eliminar). Todes estuvimos de acuerdo porque “había que hacer algo” y porque confiamos profundamente en las acciones autoritarias del gobierno estadounidense, con tal de que no fuese el del Bad Hombre Trump.

En esta campaña de censura, una de las propuestas principales —que afortunadamente no llegaron a término— fue un “Disinformation Board” orwelliano, compuesto por “disinformation specialists” o censores que teóricamente iban a estar encargados de escoger cuál es la verdad y qué tipo de información los adultos deben consumir. Esto es de un autoritarismo horrendo. Parece sacado de película de ciencia ficción distópica, pero la vasta mayoría de los burgueses liberales de “izquierda” que conozco lo asumieron como una tabla de salvación y al día de hoy adelantan este tipo de censura “con tal de detener a Elon Musk” o alguna mierda por el estilo.

Desde malas palabras racistas a misgenderings, desde “desinformación rusa” (como que los ucranianos están cogiendo una paliza hace más de un año o que la degeneración cognitiva de Biden era evidente) hasta “desinformación médica” (como que eran innecesarias las vacunas de Covid obligatorias para niños o que Covid escapó de un laboratorio bajo la supervisión de Fauci), nuestra respuesta acéfala fue “sí, que se censure el Internet para poder luchar contra el fascismo”. Yo veo un caminito (un treadmill) entre unas y otras (entre las desagradables expresiones anti-fóbicas hasta las relacionadas con guerra y salud pública), pero como los izquierdistas (y los burgueses liberales que “se identifican” con la izquierda) son razonables hasta cierto punto, propongo una distinción entre el primer y el segundo par.

Hoy día existe muy poca duda de que COVID escapó de un laboratorio en el que, bajo Fauci (a quien Biden perdonó de cualquier crimen que “haya” cometido), se experimentaba con modificaciones genéticas (gain of function) de coronavirus; hubo una filtración accidental, lo que equivale a un acto épico de negligencia criminal. Señalar esto era 100% una teoría de conspiración censurable y objeto de burla hace 3 años; de más está decir que el evento desencadenó una pandemia que descabronó varios sistemas sociales (el educativo, por ejemplo), que empobreció a la población y que se llevó enredadas varias vidas.

El NYT reporta que ahora hasta la CIA asume la explicación “conspiranoica” como cierta, sumándose al FBI y al Departamento de Energía. Lo mismo sucede con el desastre de Ucrania, que tantas banderitas americanas puso a ondear entre mis amigos más pitiyanquis y morones. Me ahorro describir la situación militar y social de ese país porque ya lo he hecho varias veces.

Entonces, entra Trump en el panorama, con una victoria avasalladora que le entrega la clase trabajadora, incluidos la mitad de los hombres latinos y un cuarto de los afroestadounidenses. Una de sus promesas de campaña fue liberar el Internet de la campaña de censura y totalitarismo (que Chomsky catalogó como “inédita” y peor que la que se vivió en la Unión Soviética). Claras patrañas de parte de la Bestia: Trump promete respetar la Libertad de Expresión, pero también deportar estudiantes que protesten contra la limpieza étnica de Palestina; promete combatir la censura, pero controlar autoritariamente lo que se enseñe en un salón de clases universitario y cerrar programas académicos woke o que sencillamente no le gusten. Propone también controlar lo que los consumidores compren: ¿alguien desea un carro eléctrico? Pues Trump dice que no te lo puedes comprar porque no le gustan. La clase media está on board en parte por culpa de la sarta de morones de la mal llamada izquierda (liberales burgueses con bachillerato, gay-friendly y proaborto) que llevan los últimos años rogando por que se formalice el estado autoritario y censor, que venga como un padre supermasculino a explicarnos qué información debemos consumir y cuál no. Pues ahora hay que bregar con la Bestia y sus salvajadas. ¿Qué propone la izquierda? Momentitos Kodak como el de la obispa “dejándosela caer” a Trump y “diciéndole dos o tres”, siempre delante de las cámaras y siempre provocando un pequeño sentimiento de catarsis en la clase burguesa y la intelectualidad, maniatada en esta ocasión como en otras, pero “en pie de lucha” contra “les fascistes”.

Esta semana en la historia

30 de enero de 1841

La ciudad de Mayagüez es destruida por un incendio.
Para esa época, según apuntes históricos, Mayagüez tenía unas 700 casas y edificios, de los que menos del 10 por ciento se salvaron de las llamas. Un total de 40 casas quedó en pie y apenas la mitad de estas 40, estaba habitable.

El fuego comenzó al mediodía del 30 de enero y el fuerte viento hizo que las llamas se propagaran rápidamente. La construcción de muchas de ellas era de “madera de pino, con pintura de alquitrán y techadas de tejamaní”.

30 de enero de 1968
Comienza la Ofensiva Tet
En vísperas del año nuevo vietnamienta y en el marco de la guerra yanki contra Vietnam, da inicio la primera etapa de la gran ofensiva militar que se considera como el punto de inflexión contra una invasión que duró unos 20 años sin nunca haber mediado una declaración de guerra oficial de los EUA. (Ver: www.ieee.es)

31 de enero de 1876
EUA segrega pueblos originarios
Gobierno de EUA segrega a nativos forzándolos a vivir en reservaciones. El presidente Grant -acusado de corrupción en los “negocios” entre el gobierno federal y la población nativa- envía tropas a arrestar a rebeldes. En respuesta al crimen, en junio, tropas lakota (sioux), cheyennes y arapajó derrotan al ejército yanki y ejecutan al general genocida G. A. Custer en la batalla de Greasy Grass

31 de enero de 1908
Nace Atahualpa Yupanqui
Atahualpa Yupanqui, en quechua “el que viene de lejanas tierras para decir algo”, es el seudónimo de Héctor Roberto Chavero Haram, nacido en Pergamino, 31 de enero de 1908 y muerto en Francia, el 23 de mayo de 1992. Fue cantautor, guitarrista, poeta y escritor. Se le considera el más importante músico argentino de folclore.

31 de enero de 2019
Escuela es rescatada por la comunidad
Gracias a las luchas surgidas contra la política del gobierno de cerrar unas 400 escuelas en Puerto Rico, el Departamento de Educación entregó las llaves de la escuela que habían cerrado, Lorencita Ramírez de Arellano de Toa Baja, al grupo Al Rescate de mi escuela.

31 de enero de 1980
Dictadura quema a 37 civiles
Fuerzas de seguridad guatemaltecas asaltaron la embajada española para expulsar a un grupo de campesinos indígenas y estudiantes que habían ocupado pacíficamente la sede en Ciudad de Guatemala, con el objetivo de denunciar la represión que sufrían sus comunidades. Violando el principio de la soberanía de la representación diplomática, el Gobierno del general Lucas García optó por asaltar la embajada y quemar vivas a las 37 personas refugiadas en ella. NO olvidar que desde el derrocamiento de Jacobo Arbenz en 1954, la United Fruit colocaba los líderes en la república centroamericana.

1 de febrero de 2024
Sobre 100 periodistas asesinados en Palestina
Según los expertos, el asesinato de los profesionales de la comunicación podría ser una “estrategia deliberada” para silenciar la información crítica en el enclave acosado desde octubre del 2023. Por otro lado, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina advierte que, si no se restauran los fondos suspendidos, la agencia podría verse obligada a terminar sus operaciones a finales de febrero (Noticias ONU).

1 de febrero de 2021
Comienza huelga general en Haití
El reclamo principal era la renuncia del presidente Jovenel Moise. A pesar de las exigencias, al momento Moise contaba con el apoyo de la OEA y los Estados Unidos. Eventualmente el presidente fue asesinado en julio de ese año por una banda de mercenarios colombianos relacionada con elementos de las derechas latinoamericanas.

2 de febrero de 1848
Se firma el Tratado de Guadalupe Hidalgo.
El Gobierno de México -en el marco de la Guerra de intervención estadounidense- cede a Estados Unidos más de la mitad de su territorio: la totalidad de lo que hoy son los estados de California, Arizona, Nevada y Utah; así como parte de Colorado, Nuevo México y Wyoming; se establece el Río Bravo del Norte como la línea divisoria entre Texas y México.

2 de febrero de 1900
Imperialismo sigue expansión
Tras la invasión en 1898, la autoridades yankis dan a conocer sus planes para la administración de las Filipinas, destacando que una retirada del archipiélago no es posible porque los filipinos “no están preparados para la independencia”.

3 de febrero de 1795
Natalicio de Antonio José de Sucre
El venezolano dirigió la victoria militar independentista en la Batalla de Ayacucho, la que consolidó la emancipación de Perú y la parte sur de América Latina.

4 de febrero de 1913
Nacimiento de Rosa Louise McCauley
Fue activista de derechos de la población negra desde 1931. Con el apellido de su esposo, Parks, es reconocida por el incidente de 1955 no aceptar dejarle su asiento a un hombre blanco en una guagua.

4 de febrero de 1888
Rebelión y masacres
En Huelva, España, se organizan dos marchas pacíficas con reclamos a una minera inglesa que incluían desde reducción de jornada hasta protección del ambiente. El ejército español terminó disparando y matando a por lo menos 45 personas, pero la cantidad total nunca pudo ser determinada, la tradición del pueblo dice que fueron 300 víctimas mortales.

4 de febrero de 1945
Ceilán logra independencia
Fundada desde el siglo 4 antes de nuestra era (o tal vez antes) la isla estuvo invadida y controlada por India, Portugal y luego Inglaterra. En 1972 se consolida su independencia y cambia su nombre a Sri Lanka con el nombre oficial de hoy día de República Democrática Socialista de Sri Lanka. A pesar de problemas recientes, mantiene un estándar de vida de los más altos de la zona, con un nivel de desigualdad de ingreso por el coeficiente de Gini de 37 -cercano al promedio mundial- mientras que el de Puerto Rico es el segundo más alto del planeta con 55.

4 de febrero de 1992
Operación Zamora
Hugo Chávez Frías, en compañía de otros militares activos, se alzaron contra el paquete de medidas económicas neoliberales del Fondo Monetario Internacional implementadas por el presidente venezolano, Carlos Andrés Pérez. La operación, contó con la participación de sobre dos mil hombres en armas, bajo el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200. Los líderes fueron arrestados y liberados en 1994.
A pesar de no haber cumplido sus fines inmediatos, marcó la sentencia de muerte al modelo político de la Cuarta República. El MBR-200 deviene en el Movimiento V República (MVR) en 1997 para poder participar en las elecciones presidenciales del 1998, en la que Chávez resulta electo presidente, iniciando un proceso de transformación revolucionaria.

Fuentes principales: https://www.hoyenlahistoria.com/, facebook.com/dariow.ortizseda; historia.nationalgeographic.com; canalhistoria.es/hoy-en-la-historia; Calendario 2022 Latinoamérica y El Caribe del CSC de Puerto Rico; Calendario Histórico Nuestros Mártires 2024; https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-62616853, rumboalterno.net, calendarz.com/ y otros calendarios consultados por José M. Escoda.

 

 

 

Introducción a Nilita Vientós Gastón, de Efraín Barradas

 

 

 

Miguel Ángel Náter

Especial para En Rojo

Acabado de recibir, este hermoso libro de Efraín Barradas, Introducción a Nilita Vientós Gastón (San Juan, Ediciones Callejón, 2024), tiene el sabor de la vivencia, de la experiencia inolvidable que merece el nombre romántico de «remembranza». Alguna vez escuché a Luis Rafael Sánchez referirse a Petronila, con el amor entrañable del discípulo; nombre transformado, por piedad, en Nila y, luego, por cariño, en Nilita. Es nombre que se aunó a la intelectualidad de Puerto Rico y traspasó sus playas; luchadora siempre, buscadora de talentos y madrina de los mejores. Al rememorar la vida de la poeta española Aurora de Albornoz, y en el fondo de aquella vida el patriotismo que llevó a Albornoz a seleccionar San Juan como última morada, Ricardo Gullón describía a Nilita con justa imagen al tratarse de la lucha por la independencia para la Isla: «sólo Nilita Vientós, ya le digo, podía, no ya igualarla, sino llegar más lejos, subiéndose por las paredes cuando se hablaba de la independencia de Puerto Rico» («Aurora con Puerto Rico al fondo», en Aurora de Albornoz, Hacia la realidad creada, Barcelona, Ediciones Península, 1979, 10). Desde la secretaría de la Asociación de Mujeres Graduadas de Puerto Rico y su revista, que en su momento dirigió otra mujer de calibre (Margot Arce de Vázquez), luego de que aquella publicación asumiera ─por consejos del poeta español Pedro Salinas─ el título Asomante, pasando por las luchas intestinas con aquella misma asociación hasta desembocar en el surgimiento súbito y espontáneo del título singular para su revista ─Sin Nombre─, Nilita gestó espacios donde la intelectualidad del mundo pudo exponer sus opiniones, pero, también, donde acogía a los escritores jóvenes del País, como es el caso de René Marqués y su obra dramática La Carreta, por ofrecer un ejemplo cimero. Así comienza Barradas la justa apreciación de su «mentora», como la considera. El título de su libro es, evidentemente, eco del que Nilita dedicó al escritor estadounidense Henry James (1843-1916), Introducción a Henry James, que publicó Ediciones La Torre de la Universidad de Puerto Rico en 1956. Fue parte de sus intereses en la literatura extranjera y gesto que le valió el apelativo de «snob». Quizás se afiliaba a la vertiente opuesta a la búsqueda de las raíces que impulsó la ya trillada generación del treinta, la cual consideraba «desarraigado» todo aquello que no tratara sobre Puerto Rico. Ahí está la crítica de Rubén del Rosario, Enrique A. Laguerre y Angelina Morfi, por tomar algunos ejemplos. Sin embargo, Nilita como «lectora» ─característica que la define y da unidad a su obra, según Barradas─ como todo intelectual que se precie de serlo ─Antonio S. Pedreira, Josefina Lube, Monelisa Pérez Marchán, Esteban Tollinchi, Mercedes López-Baralt─, tenía interés por lo puertorriqueño y por los más altos valores de la cultura universal. Mujer librepensadora: «Nilita se define a sí misma como una lectora que escribe sobre lo que lee y lo que le interesa» (Barradas 13).

En el primer capítulo del libro de Barradas, Nilita se nos aparece como la esencia de sus revistas, Asomante y Sin Nombre, a las cuales se podría unir Índice cultural, su famosa columna periodística. Nilita se inserta con renombre en la tradición de revistas en Puerto Rico, desde La Guirnalda Puertorriqueña ─Ignacio Guasp─, La Azucena ─Alejandro Tapia y Rivera─, Revista Puertorriqueña ─Manuel Fernández Juncos─, La Revista Blanca ─José González Quiara─, El Carnaval ─Joaquín Barreiro─, Cervantes ─Pedro de Angelis─, Puerto Rico Ilustrado ─Romualdo Real─, Revista de las Antillas y Juan Bobo─Luis Lloréns Torres─, Revista de Estudios Hispánicos ─Federico de Onís─, Índice ─Antonio S. Pedreira─, Gráfico de Puerto Rico ─José Pérez Losada─, Alma Latina ─Graciani Miranda Archilla─, etc., hasta La Torre ─Francisco Ayala y Jaime Benítez─, Artes y Letras ─Bolívar Pagán─ y Zona de Carga y Descarga ─Rosario Ferré─, entre otras. Cada revista, cada nombre que la impulsa con su personalidad y su proyecto. Nilita ─la «inmoderada moderadora»─ se proyectaba, además, a través de la televisión, medio por el cual comenzó a captar la mirada y el oído del joven llamado Efraín Barradas, quien fue dejando atrás su «provincianismo insularista» en el contacto con aquello extranjero que la «snob» de Nilita le transmitía, desde Ionesco a René Marqués, José Luis González y Pedro Juan Soto. El crítico ya experimentado afirma: «ella, maestra intelectual arquetípica, sabía que ni la novela inglesa, ni el teatro francés ni la crítica norteamericana ─como nada humano─ está en oposición a la cultura puertorriqueña» (20). Con la remembranza de sus años universitarios, Barradas no sólo expone lo que fue Nilita, sino lo que fue la Universidad de Puerto Rico y dentro de ella la Facultad de Humanidades ─que tanto ha sido atacada recientemente por la presidencia─ y dentro de ella el famoso pasillo frente al Seminario Federico de Onís del Departamento de Estudios Hispánicos, donde militaba el estudiantado guerrillero de aquellos años. ¿Investigación? ¿Crónica? ¿Biografía? Barradas goza su recuerdo y roza la novela: «Se mezclan los recuerdos y me parece llegar a un mundo de ficción» (24). El mundo intelectual real en el mundo ficticio, aquel que se nutría de luchas políticas que transformaron la revista Asomante en la revista Sin Nombre. Cuando los enemigos lograron quitarle el título, ella hizo de ese gesto su mayor logro: un título más emblemático. Otros personajes se unen a la historia narrada: Ana Lydia Vega, Wenceslao Serra Deliz ─acerca de quien Barradas escribe su primera reseña─, el caricaturista Carmelo Filardi como posible gestor de las letras de Asomante, Lorenzo Homar y Susan Homar ─su crítica más severa y quien lo impulsa a llevar su reseña a Nilita─. La crítica soberbia de Nilita sobre la reseña, el «menospreciado género» que exalta Barradas, sería el gesto que sustentaría la cúspide de uno de los críticos literarios más importantes de Puerto Rico: «Nilita ni sospechaba que, para bien o para mal, su generosa aceptación de mi primer texto crítico determinaría mi vocación» (25). Vocación de reseñista cruel ─como Pedreira en sus «Aclaraciones y crítica»─, Barradas afirma que se hizo de muchos enemigos y de una imagen negativa: es lo que le espera al crítico severo. Aboga por la reseña, tildada como género menor o como producto de quienes no son capaces de escribir algo más extenso y profundo. La reseña, como el soneto y como el cuento, tiene sus secretos y sus mañas. Afirma Barradas: «creo en las reseñas como género hermoso, útil y necesario» (27). Nilita, entre otros, fue su maestra en ese difícil género de la reseña y en la conjunción de lo patrio y lo universal.

La tristeza no se hace esperar en la biografía de Nilita. En el segundo capítulo, Barradas da cuenta del estado en que se encuentra actualmente su casa y herencia material e intelectual: «desgraciadamente […] su hermosa casa, su magnífica biblioteca y sus ricos archivos casi han desaparecido» […] Hoy la hermosa casa de la calle Cordero, la inmensa biblioteca y los muy valiosos archivos están en ruinas» (30). En esto se asemeja a la casa y herencia de Concha Meléndez, donada al Instituto de Cultura Puertorriqueña y abandonada, como pocos saben. En el capítulo tercero, Barradas se encarga de leer los signos del atuendo de Nilita, siguiendo el ya famoso ensayo de Josefina Ludmer, «Las tretas del débil» (Puerto Rico, 1984). La vestimenta puede ser arma contra las injusticias del sistema opresor. Nilita lo sabía y esgrimía bien esas armas. Barradas recurre, sobre todo, al texto de Nilita, titulado El mundo de la infancia (1984), para exponer el sentido de la moda y llega a figurársela como un Brummel femenino: «El dandi y el dandismo son conceptos problemáticos pero útiles para entender a Nilita y su relación con la moda» (39).

En el capítulo tercero, Barradas expone el significado de la foto en la aportación de Ruth Vasallo a través de Nilita Vientós Gastón: una vida en imágenes (1989), donde se ofrecen pistas para acercarnos a un retrato de esa extraña vida. De las fotos se desprende, a su vez, el vínculo de Nilita con la extraordinaria bailarina cubana Alicia Alonso, en el capítulo cuarto. En el capítulo quinto, la semblanza de Nilita sobre la argentina Victoria Ocampo, cuando esta muere, podría servir como autorretrato de la puertorriqueña. Tal como Ocampo fue una de las mujeres más importantes de la intelectualidad hispanoamericana a través de su revista Sur, Nilita lo sería a través de las suyas. De hecho, había un vínculo estrecho entre ambas mujeres: «Para comprobarlo sólo hay que sustituir Asomante / Sin Nombre por Sur e Índice cultural por Testimonios y se verá a la argentina convertida en la puertorriqueña» (63-64).

Como buen investigador, Barradas sustenta sus lecturas solventemente con la ayuda de Luis Nieves Falcón ─Los pasos de Nilita (2000)─, Luis de Arrigoitia, Marithelma Costa, Arcadio Díaz Quiñones, Alicia Finchietti, Juan Martínez Capó y María Solá, entre otros. En el capítulo séptimo ─posiblemente el trabajo más profundo del libro─ dedicado al análisis del libro titulado Introducción a Henry James, ensayo que se había publicado en la Revista de Estudios Hispánicos en 2022, puede evidenciarse la aportación de la crítica local e internacional acerca de aquel libro y la valoración sobre la valoración de uno de los novelistas más importantes de la lengua inglesa, visto por primera vez desde Puerto Rico y en español. La trayectoria vital del desarrollo familiar de Nilita la lleva por La Habana (Cuba), New Jersey; luego en estudios viaja a Ohio (Kenyon College), y en 1978 a Barcelona para participar en el congreso internacional del PEN Club. Antes había viajado a Nueva York, pero el viaje supremo de su aprendizaje fue en 1955 con un grupo estudiantil de la UPR: Francia, España e Italia: «De ese viaje de seis semanas a Europa surgió un pequeño libro, Impresiones de un viaje (1957)» (80). Había sido publicado en nueve columnas de «Índice cultural» en el periódico El Mundo. Según Barradas, es libro imprescindible para conocer la trayectoria vital de Nilita: «En estas páginas hallaremos claves para […] apreciar mejor sus ideas sobre el estado de la cultura puertorriqueña» (80).

Junto con el libro sobre Henry James, la aportación más significativa de Nilita fue su labor como reseñista, principalmente expuesta en la columna «Índice cultural», que la Universidad de Puerto Rico recogió en seis tomos (1962-2003) y que, según Barradas, debería unirse al volumen de reseñas sobre teatro que publicó en 1989 el Instituto de Cultura Puertorriqueña. Se refiere al volumen titulado Apuntes sobre teatro (1955-1961), que consta de veintiocho artículos publicados en el periódico El Mundo, tal como lo explicó esa otra mujer valiosa, Victoria Espinoza, en las páginas preliminares.

De especial interés para Barradas es la lectura que Nilita realiza del político Pedro Albizu Campos, en el penúltimo de los textos que componen su libro. Con esas reseñas que aparecieron en diversos periódicos y revistas de Puerto Rico e Hispanoamérica, Barradas señala que Nilita se convirtió en «una de las cultivadoras más importantes del ensayo en Puerto Rico» (114). Es posible que aquellos Comentarios a un ensayo sobre Puerto Rico ─«Puerto Rico, 1964. Un pueblo en la encrucijada», de Roberto F. Rexach Benítez y Celeste Benítez, publicado en El Mundo en 1964─ que salieron bajo Ediciones Ateneo Puertorriqueño en 1964 tuvieran importancia para resumir las ideas políticas de Nilita. Se habían publicado, también, en «Índice cultural», en el mismo periódico. Fueron nueve columnas divulgadas entre el 11 de julio y el 5 de septiembre de 1964, en las cuales llegaba a una nefasta situación que parecería ser profecía de nuestro presente:

No puede ser más aterradora la imagen de la sociedad ideal puertorriqueña que favorece el trabajo. Una sociedad formada por hombres desarraigados de lo propio e imposibilitados, por lo tanto, para comprender lo propio y lo ajeno y laborar por los dos; que sólo aspira al goce de los bienes materiales, que mira como sospechosos a los inconformes y los disidentes y tiene temor al cambio. En otras palabras: una sociedad que sería no sólo la negación de lo puertorriqueño ─que es un modo de ser particular dentro de la cultura occidental─ sino también la negación de una verdadera sociedad con sentido de lo universal, de un organismo vivo en continuo proceso de formación. (Comentarios a un ensayo sobre Puerto Rico, Ediciones Ateneo Puertorriqueño, San Juan, 1964; p. 45)

El texto que cierra el volumen Introducción a Nilita Vientós Gastón había sido solicitado por la revista En Rojo del semanario Claridad, cuando la muerte de Nilita. Clausura con lo que nos hace falta: la esperanza en la remembranza y en el reconocimiento de esta Dama de la Cultura puertorriqueña. Esperanza que se extiende a la Facultad de Humanidades, hoy amenazada por la administración universitaria, como extensión de la amenaza que confronta la Universidad de Puerto Rico frente al gobierno y la Junta de Control Fiscal. Agradezco a Efraín Barradas este valioso y hermoso libro que nos entrega su Nilita Vientós Gastón y su necesaria remembranza.

El autor es Director del Seminario Federico de Onís

 

Cuando aprendí a limpiarme el culo civilizadamente, regresé al salvaje Oeste

 

 

Especial para En Rojo

 

Me despedí del chorrito de agua para sanitizar el ano en el Aeropuerto de Estambul. Elegí descargarme en cuclillas en la incómoda taza turca horizontal, pero dotada de la manguerita-bidé, y desdeñé los inodoros occidentales con papeles raspadores-recolectores.

Estaba deseando llegar a Boston para abrazar a mis hijos y contarles estas cosas. Que en el Medio Oriente son más civilizados que en el Oeste, entre otras cosas, como en el comer saludable, en la higiene personal. Quería compartir con mis hijos la apasionante historia de la región y las cientos de fotos que tomé tratando de capturar una arquitectura y una humanidad inabarcables.

Quería contarles que por encima de la ignominia de las guerras impulsadas por el veneno de las élites de todas las religiones, de los sátrapas de todas las etnias, y los tiranos de todas las procedencias, siempre acaban venciendo la vida y la bonhomía de la gente humilde de todas partes y todas las creencias.

A mí me costó varias semanas acostumbrarme a no pensar que la manguerita la acaba de tocar alguien, mucha gente antes que yo, para limpiarse el trasero. Tocar la manguerita me parecía una guarrada mientras que pensaba que el papel higiénico era ideal a pesar de las asperezas de algunas marcas.

Cuando me acostumbré a ver las mangueritas junto al inodoro cogí confianza y empecé a intentarlo, pero acababa empapándome y salpicando todo el cuarto de baño.

Pregunté a varios colegas españoles si usaban la manguerita. El unánime y orgulloso “claro, ¿tú no?, ¿todavía?”, me hacían sentir un poco idiota y muy intruso, como los periodistas que han trabajado décadas en la región y no saben más palabras en árabe que “salam aleikum” (el civilizado saludo árabe que significa “la paz sea contigo”) y “shukram” (gracias).

Pero yo no aprendí a usar el chorrito hasta que le pregunté al corresponsal de La Voz de Galicia, Pablo Medina, cómo se hacía. Me contestó con un serio y rotundo “apunta”.

De primeras, a mí no me pareció un consejo tan obvio como pudiera parecer. “¿Qué quieres, que apunte con el ojo del culo al ojo del culo?”.

Pero una vez aprendes a limpiarte con el chorrito, que acaba dándote gustirrinín y te hace sentir limpio y fresco como en el anuncio de televisión de un spa, el papel higiénico te parece una herramienta medieval.

A esta aparente tontería dedicaba mis neuronas cuando aterricé en el aeropuerto Logan de Boston. Como sabía que me iban a pasar a interrogatorio tan pronto vieran los sellos en mi pasaporte de Líbano y Siria, fantaseaba con decirle al agente de la Seguridad Nacional: esa gente está alante, señor, se limpian el culo con un chorrito, como los japoneses. Se alimentan con la mejor cocina mediterránea. Son una gente acogedora que ahora tiene alguna esperanza de prosperar, en Líbano con un nuevo presidente, y en Siria con un gobierno de transición que hasta ahora se está portando bien tras una dictadura familiar de medio siglo y 14 años de guerra civil. No como aquí, ignorantes, que habéis elegido a un troglodita como presidente.

Claro que no iba a contar nada de eso, pero siempre me ha gustado soñar despierto.

En agosto del año pasado, cuando llegué desde Beirut tras pasar dos semanas reportando sobre el sur de Líbano, Biblos y la capital, vino a recogerme al control de pasaportes un agente de paisano, que sabía español y árabe, pero que se comunicó conmigo en inglés. Era un experto en el Medio Oriente que me dijo con cordialidad buscando complicidad: “perdone que lo molestemos un momento después de un largo viaje, pero la Intel que puedas compartir con nosotros nos puede ser de ayuda valiosa, ustedes los periodistas pueden llegar a sitios donde nosotros no”.

En aquella ocasión, no me sentí intimidado porque yo no tenía nada que ocultar y hablando con él no iba a traicionar a nadie ni a mí mismo. Todo lo que había hecho, los sitios donde había estado y las personas con quienes había hablado lo había escrito y publicado en mis redes o en CLARIDAD. Así que no estaba ni siquiera un poco intranquilo. De hecho, me hicieron sentir importante.

La experiencia esta vez, cuando regresé pocos días después de la toma de posesión del presidente Donald Trump, fue totalmente diferente.

La joven agente del control de pasaportes que me tocó no tenía idea de dónde estaban Líbano o Siria ni lo que estaba pasando por allí. Pero en mi pasaporte se mostraban entradas y salidas de Líbano que no tenían sellos de Siria. Le mostré el papelajo en el que estaba el sello de entrada a Siria. Por alguna razón, los sirios no estaban estampando su sello de entrada en los pasaportes, si no en un salvoconducto aparte. La agente escribió una “P” en una cartulina naranja que introdujo en mi libro de visados y me hizo esperar a su lado.

Una señora muy desagradable en uniforme de Seguridad Nacional me recogió y me guió con gestos, no recuerdo palabras, a la sala de espera común para casos sospechosos. Me ofendí como rockero al que no reconocen por la calle. Me habían desprendido de todo mi glamour de reportero internacional de conflictos.

Cuatro jóvenes agentes uniformados e inexpresivos revisaban documentos en un salón impersonal.

Una señora dominicana lloraba.

Un agente uniformado con más experiencia que el resto salió de una oficina a exigirle a la señora que le recordara qué medicinas tomaba. “Para la presión alta de la sangre”, tradujo un agente latino que hablaba un lamentable y robótico español pero al que se le veía orgulloso de sus pistolas y el innecesario chaleco antibalas de nivel 4. “¿Y cuándo se la tiene que tomar?”.

En un primer momento pensé que qué bien que se preocuparan por la salud de la señora, pero pronto me quedó claro que a los agentes les preocupaba poco la mujer, que mientras lloraba murmuraba algo inteligible. Los agentes lo que no querían es que a la señora le diera un yuyu y lo acusaran a ellos por negligencia.

Una agente veinteañera con facciones del extremo Oriente revisaba mi pasaporte, mis permisos locales, mis credenciales como periodista y las cartas de Claridad.

La señora no dejaba de llorar y cada vez iba diciendo a un volumen más fuerte y articulado lo que había empezado a barruntar: yo me quiero morir, yo me quiero morir, mi madre allí, mi hija aquí fuera, me quiero morir, me quiero morir.

Quería preguntarle por qué estaba allí, por qué la habían retenido, si había viajado sin documentos, si su madre estaba en República Dominicana, si su hija era menor y estaba sola en Boston. Quería escribir su historia. Quería ayudarla como pudiera. Quería avisar a un ejército de abogados amigos.

Me quiero morir, me quiero morir, me quiero morir…

Y yo solo había alcanzado a decirle “no diga eso, señora, no diga eso, por favor”, cuando me puse en pie con la intención de sentarme a su lado y consolarla de algún modo.

Pero entonces escuché “¿sisar?”, que es como pronuncian mi nombre formal, César. Agarré mi mochila y me dirigí al mostrador acristalado de la oficial del Homeland Segurity.

La joven de ascendencia china o coreana me hizo las preguntas más extrañas.

¿Qué es CLARIDAD?

Un periódico de Puerto Rico.

¿Usted vive en Puerto Rico?

No, vivo aquí, en Cambridge.

¿Pero cómo es eso? ¿Vive aquí pero trabaja para un periódico en Puerto Rico?

Ajá (me ahorré explicaciones que la habrían hecho sentir estúpida).

¿Cuánto tiempo ha trabajado para CLARIDAD?

Yo no trabajo como empleado a tiempo completo para CLARIDAD, pero he colaborado con CLARIDAD por casi 25 años. Soy su principal colaborador internacional en zonas de conflicto, presumí.

Ah, exclamó como si entendiera algo de la vida.

La amable joven, oriental de ascendencia, me extendió mis documentos con humildad étnica, casi abochornada por estar haciendo un trabajo para el que no ha sido preparada, y me dijo que podía irme mientras bajaba los ojos.

Por la costumbre reciente, le dije “shukram”, palabra árabe que no entendió y que por ello no activó ninguna luz roja en su sistema de seguridad.

“Thank you”, le dije, ahora en inglés, mientras salía de aquel espantoso lugar en el que una mujer dominicana lloraba y decía que se quería morir