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Reunión de Alto Nivel: “OpeRAcióN Salva la EcoNoMía”

Especial para En Rojo

Escena: Una sala de conferencias con banderas multi-estrelladas y gráficos sin números en las paredes, y una fuente de nachos sobre la mesa.

Líder Supremo: [frunciendo el ceño con la intensidad de (imagina) un genio de la política] Bueno, el pueblo me adora, puedo hasta pegarles un tiro y ni se ofended, ja ja ja…Pero tienen inquietudes. Que si la gasolina, que si la compra, bla bla bla…¡Que los huevos están más caros que nunca, dicen! ¡Que la economía está mala! [pausa dramáticamente] Pero yo tengo la solución:  ¡Deportación masiva! ¡Vamos a deportar a todos los inmigrantes!

Asesor 1: [asintiendo rápidamente, con una sonrisa tensa] Brillante, señor. Una idea… ¡única, original, revolucionaria!

Asesor 2: [con cautela, eligiendo sus palabras como si su vida dependiera de ello… porque quizás sí] Eh… disculpe, señor. Los libros de historia dicen que eso nunca ha funcionado. De hecho, aparentemente, digo, según los expertos, no yo, las deportaciones masivas suelen empeorar la economía, así que quizá…

Líder Supremo: [lo interrumpe con un gesto dramático, como si estuviera a punto de descubrir la fórmula del éxito… otra vez] Mmm… ¡ya sé! ¡Prohibimos los libros de historia!

Asesor 3: [aplaudiendo con entusiasmo forzado] ¡Por supuesto, señor! Un golpe maestro contra… eh… 

Asesor 2: [intentando no parecer demasiado listo] Sí, aunque… algunos profesores podrían seguir hablando del tema.

Líder Supremo: [riendo con desdén] ¿Profesores? ¡Esos sabelotodos arrogantes que creen que saber cosas los hace mejores! ¡Pues botemos a los profesores también! Es más, ¡los deportamos!

Asesor 1: [tomando notas frenéticamente] ¡Brillante, señor! Sin libros ni profesores, nadie podrá contradecirlo jamás!

Asesor 3: [murmurando en voz baja] …ni entender por qué la economía colapsó.

(Pausa incómoda mientras el Líder Supremo reflexiona «profundamente” e intenta poner cara de «Maquiavelo» sin saber a ciencia cierta quién es.)

Líder Supremo: Esperen… Qué expertos ni expertos…Si la economía sigue empeorando, es porque seguimos pensando demasiado en el problema. ¡El pensamiento es el enemigo de la economía!!

Asesor 2: [parpadeando rápidamente] ¿Señor… quiere decir que deberíamos… prohibir el pensamiento?

Líder Supremo: [asintindo con una sonrisa mánica] ¡Y mejor aún! ¡Prohibimos la academia también! ¿Todo ese revolú de gente que lee, pregunta y jeringa? ¡Fuera! De todos modos no harán falta, Elon dice que ya tenemos un IA que puede hacer toda esa vaina, y también el nuevo y mejorado TikTok, con eso resolvemos dos problemas, los profesores y los maestros, de un plumazo! ¡Eficiencia!

Asesor 1: [aplaudiendo con devoción] ¡Usted es un genio! ¡Un genio! Señor, debería nombrarse Ministro de Educación de usted mismo.

Líder Supremo: ¡Y además! Vamos a cerrar relaciones comerciales con cualquier país que insista en pensar o que tenga el descaro de enseñarle a la gente común cosas como historia, o cómo funciona la economía.

Asesor 1: [parando la mano] ¡Sí, eso, eso, eso!

Líder Supremo: [sonriendo satisfecho] Tú. [lo señala] Tú eres el nuevo Ministro de Política Exterior.

Asesor 1: [con la mano en el pecho y lágrimas en los ojos] Gracias, señor. Es un honor representar su infalible IQ y talento ante el mundo.

Asesor 2: [con un hilo de voz] Señor, pero si cerramos relaciones comerciales, podríamos enfrentar…no sé, ¿escasez de algunos productos básicos, por ejemplo?

Líder Supremo: ¡Perfecto! Así la gente dejará de quejarse por los precios de los huevos porque… ¡no habrá huevos! ¡Já!

Asesor 3: [murmurando y tomando notas rápidamente] «Solución final: deportar, cerrar, cortar.» Anotado.

Líder Supremo: Y para asegurar el orden, reduciremos el presupuesto de las escuelas y lo pasaremos a la policía y al ejército. O mejor aún: ¡los juntamos! Las dos en un solo ejército. Ya saben lo que dice Elon de las burocracias. 

Asesor 1: [con una sonrisa deslumbrante] Un plan perfecto, señor. ¿Quién necesita una economía cuando tenemos su liderazgo? [lee sus notas, carraspea con ceremonia] Órdenes ejecutivas salen hoy…..ya está: No inmigrantes, No libros, No historia, No profesores, No pensamiento, No comercio con países rebeldes…

Asesor 2: [murmurando en voz baja] …y pronto, NO comida.

(Corte final dramático.)

Epílogo: “Dónde están ahora”

Líder Supremo: Sigue convencido de que salvó la economía, aunque el país está en ruinas. Se dedica a discursos triunfales frente a audiencias hambrientas obligadas a aplaudir y lucir gorros colorados en público.

Asesor 1: Ahora Ministro de Política Exterior y Embajador Mundial, actualmente tiene un cuarto de juguetes en el Kremlin, una hamaca exclusiva con su nombre bordado en las Filipinas, Happy Meals ilimitadas y un pasaporte diplomático que solo funciona con un visor de realidad virtual marca Tesla.

Asesor 2: Desaparecido misteriosamente tras sugerir que «quizás pensar no es tan malo si se hace en moderación.»

Asesor 3: Escribió un libro titulado «Crónica de un Colapso Anunciado», pero fue inmediatamente prohibido. Ahora está en el clandestinaje full, enseña historia y literatura en la dark web, y cría gallinas en un patio sin jaulas.

La Economía: No sobrevivió.

Los Huevos: Convertidos en artefactos de lujo y delicatessen exóticas, ahora se exhiben en museos flotando en inexplicables jarros de agua y vinagre con una etiqueta misteriosa y raída: #DtMF. Su valor en el mercado negro de lujo, bajo el nombre “HuEVOs de ElOn” es incalculable.

El jíbaro, campesinado puertorriqueño[1]

 

 

El jíbaro y su pava ha irrumpido recientemente en nuestro entorno de la mano de Benito Martínez Ocasio/Bad Bunny, con el lanzamiento de su producción Tenía que haber sacado más fotos. Llama la atención lo viva que está en la siquis isleña la afirmación de la puertorriqueñidad, especialmente entre los más jóvenes: una muestra más de la fortaleza y resiliencia de nuestra identidad como pueblo. El uso por parte de Bad Bunny de elementos culturalmente definitorios como el cuatro, panderos y el güicharo, música campesina y ritmos autóctonos como la plena y la bomba, han sido tierra fértil para la eclosión reciente de nuestra cultura jíbara. Benito y su equipo creativo y de producción también han sabido tocar las teclas de lo intergeneracional, la memoria y la naturaleza, resortes poderosos de lo identitario boricua.

Llevo tiempo estudiando y reflexionando sobre lo jíbaro, más allá del legado cultural cuajado en folklore por parte del Instituto de Cultura y muchas otras instituciones puertorriqueñas como museos, y expresiones en la música, el baile, la literatura, las artesanías y las artes plásticas. Mientras tanto, durante mis años de trabajo internacional en temas de agricultura, ecología y desarrollo, con frecuencia me preguntaba cual era el campesinado puertorriqueño, algo que en casi todos los países forma parte del ethos nacional. Estoy convencido de que los jíbaros, esas puertorriqueñas y puertorriqueños campesinos -aquellos que se dedican a la agricultura familiar- que nos han alimentado durante un proceso formativo durante siglos, son la expresión de un campesinado en nuestro país. La agricultura en pequeña y mediana escala que produce para la familia, la comunidad y el mercado local.

La existencia y relevancia del campesinado puertorriqueño están profundamente enraizados en la historia del archipiélago y en su evolución cultural, social y ecológica. Los habitantes originarios del archipiélago, durante milenios establecieron sistemas agrícolas resilientes, que integraban prácticas sostenibles y una visión holística de la naturaleza. Aquella agricultura fue llevada por los taínos a niveles superiores en eficiencia, diversidad y uso inteligente de los recursos. Sembraban en los conucos, usaban los montones de tierra para el cultivo, integraban y rotaban las siembras, como la yuca, el maíz y otros tubérculos, vegetales, plantas medicinales y frutales. Demostraron una profunda comprensión de los ecosistemas locales. Estas técnicas no solo garantizaban la seguridad alimentaria, sino que también fomentaban la regeneración del suelo y la biodiversidad.

Los españoles sobrevivieron durante la temprana colonización gracias a la agricultura taína y la esclavitud de los indios.[3] El casabe hecho de yuca sustituyó al pan de trigo y permitió continuar para la conquista de tierra firme. Con el tiempo, las prácticas taínas, con influencias europeas y africanas, dieron lugar a una agricultura campesina autóctona. Pero los que tenían las semillas, conocimientos sobre los suelos y técnicas para sembrar en los llanos y laderas de una isla tropical lluviosa fueron los taínos, pobladores originales.

Contrario al relato dominante de que, una vez agotado el oro y supuestamente exterminados los taínos, Puerto Rico entró en un largo periodo de abandono y aislamiento, los estudios recientes describen a un archipiélago boricua integrado en los intercambios comerciales entre Europa y el Caribe.[4] Pasamos a formar parte de la producción y comercio, muchas veces ilegal para la oficialidad española, de cueros, jengibre, azúcar, tabaco, tinturas, sal y plantas medicinales. En las costas se reparaban las naves y hasta se construían algunas, en astilleros informales al margen de las autoridades españolas. La capacidad de reponer de alimentos las bodegas de los barcos, además de alimentar a la población que vivía en Puerto Rico, evidencia la existencia de una robusta actividad agrícola y ganadera, así como de campesinos dedicados a las tareas productivas del campo.

Se documenta que para los taínos la palabra jíbaro, vocablo arahuaco, quería decir gente del bosque y que así se llamaban a si mismos. Se utilizó para designar a las poblaciones indígenas que se adentraron a las montañas de la Isla en defensa ante el genocidio español. Con el tiempo, se fue cuajando un campesinado: los jíbaros serían los descendientes de los taínos en un mestizaje con españoles escapados de la oficialidad metropolitana y esclavos africanos cimarrones. Son los tiempos de las guácaras (cuevas) en el interior de la Isla. El nombre jíbaro se utilizó para designar en Puerto Rico a los habitantes de las montañas y su cultura, diferenciada de los españoles.

Las familias jíbaras supieron ocupar y abrir fincas en los montes. Junto a la pesca, caza y recolección, producían para el autoabastecimiento y, en muchos casos, vendían o intercambiaban productos en sus comunidades. Sin embargo, en la medida en que durante el s.19 avanza la colonización de la Cordillera Central, aquellos campesinos son desplazados y obligados a convertirse en mano de obra empobrecida. En nuestra Isla, tanto los hacendados en las montañas como los ingenios azucareros en las costas, mantuvieron a las familias de peones agrícolas en servidumbre semi feudal hasta entrado el s.20. Esas familias, condenadas a malvivir como arrimados en los peores terrenos, sufrieron hambre, enfermedad, ausencia de educación y maltrato.

 

Desde el s.19 conviven en nuestro entorno dos tendencias sobre lo jíbaro: por un lado muchos sectores de las montañas adoptan con orgullo ese gentilicio para reafirmar su identidad criolla y distinguirse de los españoles y europeos; por el otro, desde una intelectualidad costera y urbana se le ridiculiza y menosprecia. Sin embargo, ese campesinado jíbaro supo alimentar a nuestro pueblo desde los montes y conucos. Aún a finales de los años cuarenta del s.20, mientras Puerto Rico exportaba azúcar, café y tabaco producidos en las mejores tierras, nuestro campesinado produce la mayor parte de los alimentos para una población de casi dos millones.

Durante el proceso de rápida industrialización a partir de los años cincuenta se generaliza el uso de la palabra jíbaro como sinónimo de persona culturalmente rezagada o ignorante. Mientras se construye la estatua que idealiza al jíbaro en la autopista que cruza las montañas, en aquellos montes aún vivían comunidades jíbaras campesinas.

El auge de la industrialización a mediados del s.20 trajo consigo una desvalorización de la agricultura tradicional, un cambio de modelo urbanístico y una migración masiva hacia las ciudades y Estados Unidos. No tengo duda de lo que llamo la Gran Traición Jíbara: aquel electorado campesino, explotado por diversas oligarquías en las décadas de los cuarenta y cincuenta, creyó en las consignas de pan tierra libertad y apoyó con su voto al Partido Popular Democrático y el Estado Libre Asociado.

Cuando, en un giro estratégico que aún se está estudiando, se decidió industrializar la economía fue necesario desprestigiar al campesino jíbaro y su cultura, para fomentar en nuestra gente campesina el abandono de los montes y suplir mano de obra a las nuevas fábricas norteamericanas del programa Manos a la obra de Fomento. Sospecho que el giro radical dejando atrás a la agricultura como eje estratégico para el desarrollo de Puerto Rico tuvo que ver con las negociaciones durante la creación del Estado Libre Asociado (1952), pues coincide con la adopción de un modelo de desarrollo tipo suburbial norteamericano, basado en la construcción horizontal de urbanizaciones sobre terrenos agrícolas, el uso intensivo del automóvil como transportación y los nuevos supermercados para vender comida mayormente importada, distinta a nuestras dieta histórica, procesada y con frecuencia de mala calidad.[5]

Se rechaza, por un lado, al conocimiento tradicional y manejo a nivel familiar de la producción de alimentos para dar paso al entramado agroalimentario industrial nacional y mundial. Mientras, el ser humano, en la medida que se aleja de la naturaleza y sus ciclos, pierde sensibilidad ante los desastres que en la actualidad destrozan los recursos naturales y alteran los ciclos esenciales para sostener nuestra vida en este planeta, como venimos viviendo el cambio climático

El campesinado jíbaro puertorriqueño es más que un vestigio del pasado; es un componente vivo de la identidad y sostenibilidad del archipiélago. Históricamente ha sido el principal sector agrícola productor de la alimentación en el archipiélago puertorriqueño. Al valorar y fortalecer las comunidades campesinas aún existentes, Puerto Rico puede construir un futuro que honre su historia, conserve su biodiversidad y garantice el bienestar de sus habitantes. Los nuevos agricultores, con frecuencia jóvenes, son hoy los nuevos campesinos jíbaros. Rescatan conocimientos, tecnologías y cultura del pasado, los integran en prácticas modernas agroecológicas,[6] y abren paso a un futuro de seguridad y soberanía alimentaria. La supervivencia y prosperidad de nuestro campesinado jíbaro es una cuestión de justicia social y resiliencia ecológica.

Notas

[1] Este artículo se nutre de una investigación en curso: Taínos, jíbaros y agroecología: un campesinado en el imaginario social puertorriqueño.
[2] El autor es ecólogo social, especializado en agroecología. alvareznelson@hotmail.com
[3]  Nelson Alvarez Febles. 2018. Los españoles esclavizaron a los taínos para su producción agrícola.  https://www.80grados.net/los-espanoles-esclavizaron-a-los-tainos-para-su-produccion-agricola/
[4] Jeniffer Wolf. 2022. “Isla Atlántica: Puerto Rico. Circuitos antillanos de contrabando y la formación del mundo antillano, 1580-1636.” Doce Calles.
[5] Cruz Miguel Ortiz Cuadra. 2020. De los plátanos de Oller a los Food Trucks: comida, alimentación y cocina puertorriqueña en ensayos y textos. Isla Negra Editores.
[6] Nelson Alvarez Febles. 2014. https://www.80grados.net/lo-jibaro-como-metafora-del-futuro-agroecologico/

Breves comentarios 2024 (mujeres directoras)-Parte 2

 

En Rojo

En esta 2nda parte comento los + recientes filmes de tres directoras que proclaman tener una nueva “mirada” de la mujer en el cine. Próximamente (#3), destaco tres filmes puertorriqueños estrenados en 2024 y hago un breve resumen de algunos filmes que, sin ostentación, contaron historias conmovedoras.

Filmes exhibidos en 2024 por mujeres directoras/escritoras/guionistas han tenido una gran acogida con público y críticxs. Han sabido escoger muy bien a sus protagonistas e intérpretes y se han arriesgado a contar historias que mezclan el ‘soft porno’ con el ‘body horror’ y la violencia desenfrenada. Esto hace que estos filmes apelen a un público diverso en género y edad. Mi pregunta al ver cada filme es si ¿verdaderamente estas directoras presentan una mirada diferente donde la mujer no es objeto de deseo según lo concibe la mirada masculina con todo lo que esto todavía implica? En 1973, la inglesa Laura Mulvey, en su ensayo “Visual Pleasure and Narrative Cinema” trajo a la discusión teórica el aspecto + relevante de la imagen en el cine: ¿Quién mira? ¿Cómo se construye esa mirada? ¿Se puede cambiar esa mirada? Y ¿Cómo cambiarla?

Su análisis explora el rol de la cámara como ojo observador del/a espectador/a y la imagen proyectada que refuerza esa mirada. Tanto Halina Reijn como Coralie Fargeat aseguran con sus proyectos, Babygirl y The Substance, respectivamente, que han logrado cambiar esa mirada de contemplación masculina al cambiar los roles asignados a la mujer. Desde mi mirilla, lo veo diferente. Ambos filmes, y anteriormente Emerald Fennell en Promising Young Woman (2020) y Saltburn (2023), utilizan el cuerpo de la mujer como un instrumento de venganza hacia las restricciones sociales impuestas, pero ese cuerpo sigue viéndose estático y objeto de observación de ella y los hombres que la rodean. En todos estos filmes, se impone la mirada masculina para satisfacción del/a espectador/a que puede verlo como un acto erótico (Babygirl), o de crítica social (The Substance). ¿Pero dónde está la mirada que cambia esta objetivación? Mientras el personaje de Harvey (Dennis Quaid) es una sátira de la imposición y defensa de esa mirada en el cine, los medios televisivos y anuncios—“lo que se vende es el cuerpo joven y sexual”—los personajes de Elisabeth (Demi Moore) y Sue (Margaret Qualley) presentan una sola dimensión que sostiene esa premisa. El destruir ese cuerpo con “body horror” en escenas que parecen interminables, no resulta en un cambio de mirada. En el caso de Babygirl, la mirada presentada es todavía + masculina cuando hasta en la discusión entre el marido de Romy (Nicole Kidman), Jacob (Antonio Banderas), y el joven amante, Samuel (Harris Dickinson), son ellos los que “disertan” el por qué a ella le atrae tanto ser un objeto dominado. No niego que en la intimidad de cuerpos todos estos juegos, serios o no, causen orgasmos verdaderos y no los que supuestamente simulan las mujeres que parece nunca estar satisfechas con el libreto conocido. Pero, nuevamente, ¿dónde está la mirada desafiante que le indica al/a espectador/a que es la mujer la que establece aperturas para su propio beneficio/satisfacción?

Todos estos filmes contrastan con proyectos de otras mujeres directoras como Jane Campion, Chloé Zhao, Sofia Coppola, Ava Du Vernay, Greta Gerwig, Celine Song, Sarah Polley, Dee Rees—por mencionar tan solo las de habla inglesa—entre otras que han tenido la oportunidad, negada a la gran mayoría de las mujeres, de poder contar con guiones que atraen el presupuesto necesario para hacer el filme y distribuirlo.

Lo que nos trae al último filme que comento en esta sección: The Last Showgirl de Gia Coppola. Es precisamente en este filme donde sí se desafía la mirada establecida al forzar al espectador/a mirar un cuerpo en movimiento que no es joven ni ‘sexy’, como señala el director que recluta para un nuevo ‘show’ en Las Vegas. En ningún momento Shelly (Pamela Anderson) cuestiona su papel de objeto en movimiento en un show donde ha sido aplaudida—aunque en el presente apenas hay público en las funciones—por mover su cuerpo y ‘bailar’ eróticamente. Es la mayor del grupo de mujeres y le encanta contar cómo el público la ama, cuán importante es el vestuario y el maquillaje, y cómo se puede mover el cuerpo sin tener que ser ‘gross’ y rebajarse ante un público que posiblemente no puede apreciar el aspecto artístico de su “número”. Las bailarinas + jóvenes la escuchan, pero saben que ella vive en un pasado inexistente y cuando se anuncia que estas serán las últimas funciones, Jodie (Kiernan Shipka) y Mary-Anne (Brenda Song) van a cualquier audición que les pague una nueva temporada. La generación de Shelly se compone de Eddie (Dave Bautista), el director/manager/encargado del show y Annette (Jamie Lee Curtis), un poco mayor que ella y que en Las Vegas, como xshowgirl, solamente puede conseguir trabajo de mesera. Hannah (Billie Lourd) es la hija que Shelly le cedió a su hermana para poder alcanzar su sueño de ser una showgirl y esto se cuestiona desde la visión de la hija abandonada/rechazada y la madre que nunca se vio interpretando ese papel. Todas las miradas de lxs personajes desafían lo que se ve y se dice, sin volver a cosificar a esas mujeres que buscan un espejo de un sueño inexistente.

 

 

Lo extraño en el regreso

En Rojo

 

0.Imaginen el escenario: todos los líderes del mundo imitan a Donald – Rey de Estulticia- y ordenan a los migrantes a regresar a sus lugares de origen. Se llenan todos los azules del cielo de vuelos sobre todas las cordilleras a través de las cuales se llega al regreso. Visualicen la cantidad de barcos flotando sobre todas las aguas, las arenas blancas de la desidia y la vocación de naufragio de los navegantes. Escuchen como estalla algún cohete de Elon -Príncipe de Marte- dejando estela de fuegos artificiales en las rutas de vuelos comerciales. Piensen en el abandono de los trabajos y las vegetaciones. Oigan como no hay ningún perdón por tanta lejanía.

Imaginen la escena:  todas las personas alrededor del mundo regresarán a sus lugares de origen obligados por decretos y órdenes presidenciales. Las consecuencias serían dignas de literatura postapocalíptica. Digamos que el desplazamiento masivo de población crearía una crisis logística y de transporte a nivel global. Las infraestructuras actuales tendrían que adaptarse para manejar el retorno de millones de personas. Las naciones receptoras de inmigrantes enfrentarían desafíos económicos al perder mano de obra y contribuyentes, mientras que los lugares de origen podrían experimentar un aumento en la demanda de servicios y recursos.

  1. ¿Que significa volver? Miren el regreso de los palestinos a Gaza. ¿A dónde se regresa? Las ruinas parecen ser el lugar en el que se originan los viajes. La partida o la vuelta se hermanan de manera siniestra. Y las ruinas no solo son recordatorios tangibles del paso del tiempo y la transitoriedad de las civilizaciones. Son evidencia de la orden de arrasar que puede tener un estado sobre una población humana.

Por otro lado ¿qué pasa con las culturas locales cuando retornen personas que traen consigo diversas experiencias y perspectivas para las que no hay posibilidad de desarrollo?Las comunidades de origen podrían enfrentar dificultades para reintegrar a las personas que regresan, especialmente si han cambiado significativamente durante su tiempo fuera. Esto podría generar conflictos sociales y tensiones en la convivencia.

La geopolítica mundial cambiaría, ya que muchas naciones tendrían que adaptarse a nuevas realidades demográficas. La influencia de ciertas culturas y economías podría verse alterada y ni hablar de los efectos ambientales. Los lugares de origen podrían enfrentar presiones adicionales en sus ecosistemas debido al aumento de la población. Imaginen a Puerto Rico con siete u ocho millones de habitantes.

¿Qué pasaría con el rápido reajuste del mercado laboral? ¿Cómo se alterarían los servicios públicos -ya en crisis con las políticas neoliberales-? ¿La atención médica, la educación, el transporte? ¿Qué pasaría en esas metrópolis con la diversidad, con la vida comunitaria, la gastronomía? ¿O es que nunca aprendimos que la interacción de diferentes culturas y experiencias son las que general innovación? ¿Y las tensiones y el resentimiento?

¿Cómo se comportará este ejército de extraños?

  1. Me remito a unas lecturas de un cierto filósofo alemán, George Simmel. El concepto de «el extraño» en su obra, se refiere a una figura social que presenta una dualidad interesante: es alguien que, aunque es parte de un grupo o comunidad, también se identifica como diferente y distante. Simmel analiza las dinámicas de inclusión y exclusión en las relaciones sociales. Describe al extraño como alguien que ha llegado a una comunidad desde afuera, lo que le otorga una perspectiva única. Este individuo puede observar y analizar la vida social desde un punto de vista que los miembros nativos no pueden, debido a su familiaridad. Sin embargo, al mismo tiempo, su diferencia le impide ser completamente aceptado o integrado en la comunidad. Entonces, cuando se regresa al lugar de origen, como si el tiempo no hubiera pasado, no pasamos todos a ser alguien que está presente en la comunidad, pero no completamente integrado. Claro, Simmel argumenta que el extraño puede desempeñar un papel crucial en la dinámica social, sirviendo como mediador, innovador o agente de cambio, ya que puede introducir nuevas ideas y perspectivas. Eso si se le acepta. Como en el caso de Elon o Melania, esos extraños extranjeros que dejan de serlo porque se integran a los proyectos de la oligarquía. Los ricos, esos verdaderamente extranjeros en cualquier lugar porque su patria es el dólar.
  2. Esto se parece mucho al horror y a la repetición e la historia. Por no dejar de evocar, recuerdo “El ángel de la historia” de Paul Klee, y el análisis que de él hace el lúcido Walter Benjamin. En esta página lo reproduzco. Benjamin describe al ángel como una figura que mira hacia el pasado, observando los eventos históricos que se despliegan ante él. Sin embargo, en lugar de avanzar, el ángel es empujado hacia atrás por una tempestad: el progreso incontrolable y destructivo de la historia. Critica la noción lineal y optimista del progreso histórico. En su visión, la historia no avanza de manera continua hacia un futuro mejor; por el contrario, está llena de rupturas, violencias y retrocesos. El ángel se convierte en un testigo impotente de este proceso, incapaz de cambiar el rumbo de los acontecimientos.

No sé si se ha recalcado demasiado la importancia de recordar el pasado y de reconocer los sufrimientos que han sido olvidados o silenciados en el relato oficial de la historia. El ángel de Klee, al mirar hacia atrás, representa la necesidad de rescatar las historias de aquellos que han sido marginados y oprimidos. ¿Cómo se construirá el relato de los desplazados de este siglo?

  1. Quizás, y en esto peco de optimista, esa fábrica de extraños que es la expulsión de las metrópolis, planteará preguntas radicales sobre la identidad y el sentido de pertenencia, ya que su existencia desafía las fronteras de lo que se considera «nacional» o «comunitario». Es decir, los que regresan van a resaltar las complejidades de las relaciones sociales, el sentido de pertenencia y la dinámica entre lo familiar y lo desconocido, y podrían ofrecer una visión más profunda de la interacción humana en contextos comunitarios.

Seamos realistas. Para que ocurran cambios trascendentales de paradigmas vamos a sufrir mucho. Y el sufrimiento no es garantía de nada.

 

Política exterior: sumisión

 

Norberto Barreto Velázquez

Históricamente, los EE.UU. han dado por sentada a América Latina. Solo le han dado importancia en momentos que han sentido la necesidad de reafirmar el apoyo y amistad latinoamericana, o cuando han sentido amenazada su «hegemonía» regional. De ahí la Política del Buen Vecino y la Alianza para el Progreso.

La primera fue todo un éxito, la segunda un fracaso. En ambos casos se buscó mejorar la imagen de EEUU en la región, promover las relaciones económicas, el intercambio cultural y tecnológico, etc. Se dejó un lado el garrote y se optó por la zanahoria. Durante ese desastre que fue la guerra contra el terrorismo, América Latina estuvo fuera del radar de los EE.UU..

Esto fue aprovechado por China para penetrar con fuerza en la región, donde ya es el primer socio comercial de varios países latinoamericanos. Las reacciones estadounidenses ante esta situación han sido muy débiles y poco efectivas. La reacción desmedida de la administración Trump contra el reclamo de respeto del gobierno colombiano marcan un punto de quiebre histórico, pues dejan claro que la relación con la región latinoamericana va a estar basada en el miedo y la intimidación abierta. El objetivo es claro: la sumisión.