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Manifiesto para la fundación de una Sociedad de la Reflexión

 

 

Jorge Lefevre Tavárez

[Las siguientes palabras sirvieron para dar inicio a la presentación de los tres tomos de Desfleques y desafíos el jueves, 23 de febrero de 2023, en Casa Norberto. Desfleques y desafíos es un proyecto de crítica literaria centrada, aunque no exclusivamente, a la literatura puertorriqueña del siglo XIX. Las presentaciones de cada tomo estuvieron a cargo de Roberto Echevarría, Ramón Luis Acevedo e Idalia Morell.]

El conjunto de personas que eventualmente formaron parte del grupo editor de Desfleques y desafíos nos veníamos reuniendo varios años antes de la primera publicación de esta colección de ensayos, y en un contexto informal. Nos encontrábamos periódicamente para, sencillamente, conversar. El diálogo es el gran iniciador de este proyecto. Félix Córdova Iturregui, Manolo Núñez Negrón, Roberto Vela y varias personas más que iban y venían celebrábamos estos encuentros en los que comentábamos y analizábamos un poco de todo, aunque con dos temas principales: la situación actual de Puerto Rico y las manifestaciones culturales del país.

Estos encuentros, por tener como base la amistad, tenían un importante carácter lúdico. Del juego y de la broma, incluso, surgió un nombre. A inicios del 2016, el entonces gobernador Alejandro García Padilla se encontró sumido en una extraña controversia. Una asociación, la Sociedad Económica de Amigos del País, liderada por Richard Carrión, Antonio García Padilla y Dennis Rivera, parecía recibir fondos de distintos intereses patronales y tenía como único empleado al gobernador, con un suelo de $70 anuales.

Es difícil imaginarse una situación tan curiosa o tan literaria como esta: una asociación patronal con nombre de sociedad decimonónica tenía a sueldo al gobernador de la colonia. Le dejo al público oyente el interpretar esta escena, o esta metáfora.

Nosotros, como contrapropuesta, y encantados con el nombre que hacía recordar aquellas asociaciones del siglo XIX, comenzamos a llamarnos la Sociedad de la Reflexión. Y así, coloquialmente, nos referíamos a nuestros encuentros. “¿Cuándo volvemos a reunir la Sociedad?”

Más allá de la broma, el nombre decimonónico que nos pusimos iba acorde con uno de los hilos conductores de las conversaciones: la historia y la literatura puertorriqueña del siglo XIX. Nuestros encuentros se fueron dando en el momento en el que los ataques a la Universidad de Puerto Rico se hacían más violentos: en el 2015, el gobierno de García Padilla congeló la fórmula presupuestaria de la UPR; en el 2016, se aprobó la Ley PROMESA y, con ella, la creación de la Junta de Control Fiscal, que, desde el 2017, busca desmantelar el proyecto más importante de la sociedad puertorriqueña, en términos de la apuesta por el pensamiento, la cultura, la rebeldía y la creación. La crisis, en ese sentido, es el contexto en el que se dieron los diálogos iniciadores de este proyecto.

Bajo este panorama, volvimos al siglo XIX. Muchos de nosotros lo veníamos investigando desde antes. Pero no era este interés en el pasado el único atractivo que le veíamos. En un siglo en el que los espacios democráticos eran prácticamente inexistentes, en el que las fuerzas del imperio eran omnímodas, en el que no existía una universidad nacional (y no se confundan, con todo esto hago referencia al siglo XIX, no al XXI), en un siglo como este, Puerto Rico vio nacer a muchas de sus plumas y mentes más brillantes. No es necesario nombrarlas; ocuparía demasiado espacio nombrar a todos estos hombres y mujeres. Que baste con decir que pusimos nuestra atención en esta época sin universidad, sin intelectuales asalariados, apenas con esfera pública, apenas con instituciones culturales; pusimos nuestra atención en ese siglo en el momento preciso en el que la universidad se intentaba desmantelar, como manera de pensar la cultura de Puerto Rico, de buscar preservar y profundizar lo mejor de este legado intelectual de camino hacia el futuro.

Era necesario, además, preservar un espacio riguroso de discusión e investigación, independiente del espacio académico, al que no necesariamente se le augura un gran futuro. (Este desmantelamiento del proyecto universitario, por supuesto, no es una predicción automática, y dependerá de la correlación de fuerzas que veamos en los próximos años entre las fuerzas neoliberales destructivas y los intereses amplios del pueblo trabajador puertorriqueño. Pero, en lo inmediato, la universidad pública, cada vez más, promueve la pobreza de los investigadores jóvenes que no tuvieron el privilegio de adquirir un puesto permanente, y la universidad privada está plagada por la autocensura como mecanismo para preservar el trabajo asalariado. Ante esto, la creación de espacios autónomos.)

La insistencia en el siglo XIX y en tener encuentros de discusión necesariamente desembocó en un proyecto, en este caso, el proyecto de publicaciones periódicas Desfleques y desafíos. Ya, en este momento, Juan Berríos, quien Félix conocía y con quien conversaba de estos mismos temas, se unió como parte del núcleo editor. Y así, de la broma a la seriedad, comenzamos.

El proyecto se fue configurando en el camino. Cada publicación de Desfleques y desafíos es más amplio que el núcleo editor, ya que participa cualquier persona interesada en reflexionar seriamente sobre el siglo XIX en Puerto Rico. Hemos intentado darle a esta iniciativa un sentido colectivo: en la medida de lo posible, cada ensayo no solo es revisado por el grupo editor, sino que es discutido por todas las personas interesadas en formar parte del volumen en cuestión.

Por otro lado, no toda publicación de Desfleques y desafíos incluye al conjunto completo de estos encuentros reflexivos. No trabajamos con prisa, y no la imponemos: algunos ensayos discutidos para volúmenes previos aparecerán en el futuro, y, cuando sencillamente no hay tiempo para producir, no penalizamos a nadie. Hemos superado el afán de carrera y el método carcelario de lo peor de la academia, y lo peor de la academia es lo que la burocracia administrativa busca imponer. Nuestra velocidad y nuestras escrituras van por otro camino.

Ese es el sentido actual del proyecto, y aprovecho para invitar a cualquier persona interesada a participar del próximo número de Desfleques, que dedicaremos a la poesía puertorriqueña del siglo XIX, en particular aquella escrita por mujeres.

Debo decir, para ir concluyendo, que en la medida en que ha progresado este proyecto, se ha ido profundizando el carácter colectivo de la discusión de los textos. Es cada vez más difícil definir cuál es el grupo editor fijo y quiénes son los colaboradores ocasionales o invitados. En ese sentido, si la tendencia al diálogo colectivo se mantiene, no descartemos que de este proyecto empiecen a nacer, no ya investigaciones individuales discutidas ampliamente, sino investigaciones colectivas, proyectos de colaboración estrecha. Quizás, incluso, algo así sea lo que necesita la crítica literaria en este país, cuya lógica apuesta por la fragmentación, por los cliques, por atomizar el trabajo intelectual. Quizás terminemos pareciendo, en efecto, una de aquellas sociedades decimonónicas que, en el intento de preservar y estudiar la cultura, marcaron hitos y escuelas.

Tiempo, vacío, tu cuerpo

 

 

Especial para En Rojo

Para Carlos

 

¿Cuándo es esa hora, esa hora espesa cuando te encuentro?

Sesenta minutos hay en cada una de ellas, y trillones de attosegundos en cada uno de ellos. Sí, en sólo un segundo hay más attosegundos que segundos en toda la edad del universo, dice Anne L´Huillier, física francesa recién ganadora del Nóbel. El corrector me subraya el término attosegundo cuando aparece en la pantalla porque todavía no conoce el término para la escala de tiempo más breve captada por la humanidad. También nos recuerda Anne que tenemos 23,000 cuatrillones de los electrones que, gracias a sus investigaciones, acaba por fin de retratar, y que nosotros, compuestos mayormente de hidrógeno, materia tan vacía al parecer, somos, de hecho, más vacío que materia. Más vacío que materia, y cómo pesan los cuerpos, este cuerpo, tu cuerpo, mi cuerpo sobre el que se sienta, en ocasiones, la criatura de las madrugadas.

A esa hora, pues, la hora espesa, plena de segundos y attosegundos, más de los segundos en toda la edad del universo, a esa hora, duermo profundamente.  Es la hora en que estas cosas se me ocurren. Sólo se escucha la noche, los pájaros matutinos todavía no cantan, y por suerte ningún perro ladra, ni suenan alarmas, ni motoras, ni ametralladoras, sólo se escucha la noche, y me doy cuenta de que, en efecto, es el momento en que todo sucede simultáneamente. Es cuando el alma, libre de este cuerpo, se pone a jugar.

  1. Allá

Yo hubiera querido poner aquí la imagen de una casa reconocible, pero mi casa, como tantas por ahí, no se parece en nada a las casas que soñamos.

Sucede que la casa de esta pesadilla es una casa cerrada, pero iluminada. La luz entra por una ventana alta del baño, a media mañana ilumina el tragaluz cuadrado sobre la escalera, e intenta durante todo el resto del día atravesar las pesadas cortinas de la sala. Cuando la luz entra, mi imaginación escapa. Es la imaginación de una niña de ocho años, porque esa es la edad que tengo siempre en esa casa, hasta que tengo catorce y unas ganas tremendas de huir, huir hacia un futuro que siempre se aproxima como un perro amenazante. Ladra el futuro. El futuro es de temer y está lleno de vacíos.

A la hora de la siesta hay que mirar el techo. Imagino que mis pies se desplazan sobre las grietas, rodeo la lámpara que cuelga en el medio de la habitación, llego hasta las ventanas, podría inclinarme desde allí a mirar afuera, pero no me atrevo a asomarme porque no sabría dónde pisar. La posibilidad alegórica casi me despierta, pero sigo soñando.

Las puertas del clóset deben estar siempre herméticamente cerradas para que no salga nada de allí. No sé si llamarlos monstruos, espíritus, terrores. Las puertas tienen celosías y a través de ellas se ven las amenazantes siluetas de la ropa enganchada. A veces mi madre entra furiosa porque hemos dejado algo desordenado, y entonces la criatura de temer es ella.

Ahora que vivo este futuro y mi madre no está, habito con un gato. No estoy ya en esa casa, y esa casa la sueño, iluminada desde la ventana alta, a través del tragaluz, entre las pesadas cortinas de la sala. Sueño esa casa porque ya no puedo entrar en ella.

  1. Aquello

Tres horas quieta, tres horas pendiente de una cita médica, acorralada en el grupo de pacientes, todas mujeres, todas solas, posiblemente enfermas, pendientes de los teléfonos, tratando de distinguir lo que tienen delante, en la mano que le habla a cada una de ellas, del sonido del televisor que domina la sala. ¿Acaso hay una entre nosotras que agradece esta tensión entre el interés en lo propio y el balbuceo de lo ajeno? Atención dispersa, tonterías, datos sueltos sin análisis, acceso a algún comentario inteligente o conmovedor, alguna frase o ruido que hace levantar todas las miradas al unísono. Ha pasado algo. Todas nos enteramos, todas salimos de nuestras pantallas individuales y somos una mirando el mismo punto, escuchando aquello que viene desde arriba.

Miro y miro algo que no recuerdo. Entonces me vuelvo, y estoy sola. No hay nadie más ni hay más tiempo de espera. Es mi turno. Aquella noticia tremenda es para mí.

  1. Aquí

Sueño con este mismo cuarto.

El techo es alto, como en toda la casa, y la habitación es amplia porque el balcón ya no existe. Trato de recordar cómo era antes. Hago un esfuerzo por recordar los detalles y la habitación se transforma en un lugar familiar, pero irreconocible.

En la esquina está la butaca en la que suelo sentarme a escribir. Me queda grande y me pierdo en ella, pero insisto en situarme allí. Es el mejor lugar de la habitación, de espaldas al ruido, hacia el interior, buscando mi propio centro. La butaca es de cuero. El vendedor me convenció de las maravillas de la piel animal. Es como la nuestra, me dijo, y el contacto siempre es como el que necesitamos en el momento: fresco si hace calor, tibio si hace frío. Maravilloso. Tiene su propio termostato; me la llevo, le respondí.

La butaca ha sido maltratada. No ha sido el tiempo solamente. El tiempo, ¿cómo hace para maltratar las cosas? Nada. No es él quien desvanece las fibras, el color, la textura. Es la luz, la humedad, los elementos. El tiempo no hace nada. Se lleva el crédito o la fama, el prestigio de los trabajos de otros. La luz que entra por la ventana es suficiente para empalidecer el brillo que tenía el cuero nuevo. El aire, mi cuerpo sobre esa piel, ha ido dejando marcas en algunos sitios. Detrás de mí, casi a la altura de mi cabeza, está marcada la silueta de otro habitante que solía sentarse aquí, como si dejara a su fantasma. La gata que vive en esta casa lo conoció, y por eso, a veces, se sienta en su falda, es decir, sobre la butaca, y se hace un nudo, recoge con sus patitas delanteras, la cola, se convierte toda ella en un cojín mullido para la silla, en el centro del asiento. Reposa, desvanecida, ausente, entregada a un sueño feliz. La butaca, entonces, duerme.

Al lado de la butaca hay una mesa. La mesa tiene su historia. Es una mesa rescatada. Estuvo muy rota por muchos años, y me negué a botarla. Es una mesa de madera clara, muy bonita, una madera de esas que sí recuerda que había un árbol. La superficie tiene líneas, muchas, muy finas, y algunos nudos esparcidos como planetas, en un patrón desigual, difícil de memorizar a simple vista. Ahora que ha sido restaurada, no tiene más manchas que las propias, y a veces parece que respirara. Me gusta que sea una mesa redonda. A veces la mesa aparece en sueños como éste.

Abajo, el suelo de este cuarto es de terrazo criollo, como el de la casa de mi infancia. No hay lindos diseños ni maravillas evidentes como en las muy admiradas losas criollas de nuestros museos y galerías. El terrazo es ordinario, franco, común, nadie lo mira como nadie debe mirar al piso. Ninguna de las losas es igual a otra. El piso de este cuarto, además, está pulido, y eso causa cierta inquietud. Parece como si camináramos sobre un suelo lleno de pequeñas piedras, pero la sensación al tacto, al caminar descalza, es el de una superficie lisa, fresca, que te recibe generosa en horizontal. Si me dejo llevar, las piedritas desaparecen en una superficie uniformemente gris claro, un suelo líquido que levanta a partir del zócalo las paredes, que se elevan, se elevan hasta perderse a la altura del techo donde podría caminar hasta la lámpara si lo viera desde allá abajo, acostada en el suelo.

  1. Esto

A veces las cosas son queridas y adquieren un peso irreal, transparente o sólido. Pueden atravesar la piel o quedar sobre esa pelusa que reverbera con la luz.  Las cosas siempre están, y tú, desapareces.

O bien, ante ellas, te incorporas acá dentro, en lo que podría ser la memoria o el polvo del aire que gira y no acaba de caer, suspendido: una cosa que levita, como la memoria de tu cuerpo enfermo – esponjosa transfiguración.

*  *  *

Anne, la física francesa que acaba de ganar el Nóbel, ya ha dicho que estamos hechos mayormente de vacío, así que al sentir nuevamente el ruido de la noche – un pájaro, un motor, el bip bip del camión de la basura, al recordar que soy yo y estoy aquí y es este día, me esfuerzo por continuar la maravilla, por anotar acá lo que he soñado anoche sin ti a mi lado, como si fuera el ruido que me toca hacer a mí para que el vacío que soy yo ocupe su lugar en esta página.

 

“un mundo frágil, hecho de pólvora y excrementos”: Sobre Mandamás de Manolo Núñez Negrón

 

Especial para En Rojo

Hace siete años Manolo Núñez Negrón publicó una colección de cuentos titulada Comida de peces (San Juan, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2016).  Leí y comenté con entusiasmo este libro.  (Véase: https://www.80grados.net/volver-a-esa-ciudad-llamada-san-juan/).  En mi comentario recalcaba cómo Núñez Negrón huía “del coquí y toda esa ñoña”.  En su nueva novela, Mandamás (San Juan, Riel, 2023), el autor vuelve a afirmar lo mismo y a explicar lo que esconde esta frase: su distanciamiento de una estética de tonos nostálgicos, costumbristas y hasta folklorista.  Por ello uno de los personajes de la novela afirma algo muy parecido:

Uno ama el terruño y toda esa vaina del coquí y las palmeras.  Lo que sucede es que el coquí no paga las cuentas, ni hace fila en el banco, ni tiene que pasar tres pensiones alimenticias, ni comprar el cartón de leche a dos cincuenta.  (139)

Es que tanto en su colección de cuentos de 2016 como en esta nueva novela Núñez Negrón no se interesa por ese mundo nostálgico del pasado ni por visiones idealizadas del país, aunque hay páginas donde se describe con evidente afecto, aunque muy breve y pasajeramente, el paisaje del interior de la Isla.  Pero jamás se cae en la añoranza costumbrista que queda caricaturizada en sus dos textos a través del coquí.  Por el contrario, tanto en su colección de cuentos como en su novela Núñez Negrón pone su atención en nuestro mundo urbano, desquiciado y frenético, mundo que en ambos textos aparece dominado por el negocio de las drogas.

En mi comentario de Comida de peces me concentré en ver cómo estos cuentos cabían en el contexto de nuestra narrativa.  Los veía como una relectura de En una ciudad llamada San Juan (1962) de René Marqués.  Ese acercamiento no proponía que la obra de Núñez Negrón era dependiente de la de Marqués ni inferior a esta.  Detrás de mi comentario se hallaban ideas colindantes al concepto de intertextualidad que ve la cultura, particularmente la literatura, como una red de referencias y reinterpretaciones.  Estas ideas no se emplean para quitarle mérito al texto nuevo que vuelve al anterior, a su precedente.  Tampoco se ve en el nuevo texto una vuelta al anterior para superarlo.  Estas ideas no presentan una pugna entre escritores sino que crea una gran red de lecturas que a su vez propone un amplio contexto.  Estas ideas sirven, en cambio, para crear un extenso campo literario en el cual se puede colocar el nuevo texto.

Ahora, tras leer Mandamás y pensando en esas ideas, me atrevo a decir que esta novela de Núñez Negrón es la relectura de su propia colección de cuentos.  Pero no cabe duda de que esta es una obra mucho más madura.  En esta, un texto mucho más complejo en cuanto a sus estructuras narrativas, vemos como el autor amplía sus miras y sus objetivos, aunque siempre se mantiene dentro del contexto del tema del narcotráfico y la corrupción; siempre sostiene esa mirada nada nostálgica ni costumbrista, aunque frecuentemente emplea técnicas que son típicas de textos que siguen esa estética.

En primer lugar hay que apuntar que si en Comida de peces se presentaba la ciudad, especialmente la parte antigua de esta, en Mandamás la mirada se expande y se presenta una imagen de Puerto Rico mucho más amplia.  Sigue presente la vieja ciudad, el viejo casco sanjuanero, pero gran parte de la trama se centra en el Oeste de la Isla.  Muchas veces, como ocurre en los cuentos, las voces narrativas de la novela – son múltiples – dejan caer en su discurso nombres de lugares que hacen claro, aunque lo hacen indirectamente, que la trama se desarrolla en un punto específico de la Isla.  (El Residencial Ducós, la Cuesta Vieja, Farmacia El Edén, el Parterre: ¡Aguadilla!)  Muchas veces las voces narrativas no apuntan a nombres concretos de lugares, pero el lector intuye que la trama se desarrolla en el Oeste de la Isla: en Rincón, en Mayagüez, en San Sebastián.  Esta técnica viene a confirmar que el autor quiere presentar una imagen mucho más amplia de nuestro país y que esa mirada no se limita a la creación de una ambientación concreta sino que intenta establecer que los problemas no son de un lugar específico de la Isla sino de la Isla entera, de toda nuestra sociedad.

Apuntaba que la novela está narradas por múltiples personajes, por múltiples voces.  La mayor parte de estos son personas no educadas y por ello su discurso tiene que reflejar ese hecho y así lo refleja.  Muchas veces en vez de para se dice “pa” y en vez de todo, “to”.  El texto se lleva de palabras comunes en el lenguaje urbano, especialmente del ámbito de la criminalidad.  Pero el autor tiene gran cuidado en la presentación de esos parlamentos y controla el discurso de sus personajes que nunca cae en el argot.  Por ello cualquiera puede entender perfectamente bien lo narrado.  Lejos estamos del costumbrismo de escritores que intentan copiar miméticamente el discurso de sus personajes, lo que obstaculiza la comprensión y a veces hasta hace necesario un glosario.

También es importante señalar como el autor juega con la cronología de la trama.  Así, por ejemplo, la última sección de la novela vuelve atrás en el tiempo ya que la voz que narra la misma presenta como presente un incidente de su vida pasada.  Es una voz narrativa de un personaje ya muerto que presenta la acción como actual.  Pero estos juegos temporales son limitados y discretos – esta novela no es un Pedro Páramo –, pero algunas de las voces que narran la acción hasta nos adelantan lo que ocurrirá.  Por ejemplo, muy temprano en el texto sabemos cuál será el destino de Nenuco, el protagonista: “Pero eso eran en la época de las vacas gordas, antes de que le cayera la macacoa y lo trancaran.” (21)  Pero estos juegos con las voces narrativas y con las rupturas de una cronología lineal no hacen que Mandamás sea un texto de lectura difícil.  Al contrario, es uno que cautiva al lector desde principio y los cambios de voces narrativas lo que hacen es enriquecer el texto, lo mismo que ocurre con las no muy frecuentes quiebras de la secuencia cronológica.

Para mí el logro mayor de esta novela es la creación de personajes que no sólo son verosímiles sino hasta simpáticos, atractivos.  Estos se mueven en un mundo violento y grotesco, pero Núñez Negrón logra que nos atraigan por su complejidad: “¡Quién lo hubiera dicho!  Los asesinos también tienen sentimientos.” (142)

Esta complejidad se presenta a través las acciones de los personajes que pueden ir de la violencia extrema a la ternura por los niños y el aprecio por su pueblo: “A la gente le gusta imaginar que somos individuos sangrientos, pero es mentira” (29), declara uno de los personajes.  Nenuco es un cruel criminal, pero también es un ser humano con un complejo mundo interior, especialmente un complicado mundo afectivo.  Las tramas sexuales y amorosas abundan en la novela y no son exclusivamente heteronormativas.  Puruco, un amigo gay de la infancia de Nenuco y quien no es parte del mundo de la criminalidad, caracteriza directamente al protagonista: “…fue mi primer amor, mi compinche, mi cuate.  Con decirte que me hizo la primera paja…” (50).  Y las relaciones con personajes trasvestidos (“más hembra que cualquier hembra de verdad” [113]) son también parte del mundo afectivo de estos personajes del llamado bajo mundo quienes los aceptan con naturalidad: “Digan lo que digan por ahí, no me avergüenzo.” (113)  Pero las relaciones amorosas en la novela no excluyen la traición.  El final de la obra está construido a partir del gran y problemático amor de Nenuco por Tita.

La complejidad de los personajes, lo que los hace verosímiles y hasta atractivos, se construye de manera indirecta.  Recordemos que son múltiples las voces narrativas que estructuran el texto.  Una forma de construir los personajes que se emplea es por la enumeración de objetos que componen su mundo.  Esas enumeraciones sirven para caracterizarlos de forma efectiva sin tener que presentar de manera directa sus rasgos personales:

Él abrió la puerta de la cocina y, al mostrarme la escalera de caracol que daba a la bodega, disipó mi curiosidad.  Apena pude fijarme en el hermoso filtro de porcelana adosado al fogón, en la vajilla Caribe China, en la guagua Chevrolet 3100 de 1957… (79)

La enumeración de estos objetos le sirven al lector para entender al personaje y apreciar mejor su mundo.  Pero hay otros momentos en que estas enumeraciones parecen no tener ningún propósito narrativo sino el de meramente llenar espacio en la narración.   Por ejemplo, las enumeraciones se pueden convertir en listados inútiles: Valium, Ativan, Xanax (77), Post, Herald, Tribune, Times (51).  Pero en general las enumeraciones de objetos que forman el mundo de los personajes son efectivas y sirven para construirlos.

Aunque la mayor parte de las voces que narran en la novela no son educadas, el autor juega con los lectores y en los discursos de estos esconde referencias cultas, aunque así no lo parece.  Tómese este ejemplo – hay otros en el texto – donde se reescribe uno de los más famosos monólogos de Calderón en La vida es sueño:

Eso es para que entiendas las reglas del juego, macho: chupa lo mismo el esmayao en su miseria que el rico en su opulencia, chupa el político y el cura, el viejo en su camilla, la rata en la alcantarilla y el niño en su cuna.  (91)

Recordemos el texto de Calderón:

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que agravia y ofende…

El soñar y el medrar de Calderón en la lengua del personaje de Núñez Negrón se convierte en chupar.  Pero el texto, que no deja de tener tonos poéticos y hasta rima, es una clara reescritura del clásico del Siglo de Oro.  Recordemos que el autor tiene título de doctor en letras de una prestigiosa universidad y conoce muy bien el amplio campo de las letras, no sólo las españolas.

Pero estos no son meramente juegos cultos del autor con sus lectores.  Núñez Negrón quiere que nos demos cuenta que ese mundo violento y grotesco – “… un mundo frágil, hecho de pólvora y excrementos, de cadenas de oro y de carros de lujo, en el que cualquiera te satura el cráneo a balazos y después se mete al estómago una lasaña de berenjena…” (91) – es mucho más complejo de lo que nos tratan de hacer ver.  Es por ello y especialmente por la maestría con que el autor nos hace ver la complejidad de sus personajes y las contradicciones de su mundo, que es también nuestro, que asevero con confianza que estamos ante una novela importante.  Eso lo dirá el tiempo.  Pero ahora aseguro que estamos ante una novela que importa, que nos debe importar.

 

 

 

 

Perversos Radicales

 

 

The Museum of Sex, El Museo del Sexo en Nueva York presentará la gran colectiva RADICAL PERVERTS: Ecstasy and Activism in Queer Public Space, 1975-2000.

La muestra abrirá sus puertas el jueves 12 de octubre, del 2023

La exposición revelará obras contemporáneas y objetos efímeros de archivo, comisariados por Alexis Heller. La muestra documenta la cultura sexual transformadora, los debates políticos y la ayuda mutua que surgió en los espacios públicos LGBTQ seminales, antes y en medio del apogeo de la crisis del VIH/SIDA.

RADICAL PERVERTS hace visibles las historias conectoras del placer, el poder comunitario, el dolor, la pérdida y la salud pública en estos lugares de comunión y cuidado revolucionarios, ahora en su mayoría desaparecidos.

Entre los artistas destacados se encuentran el puertorriqueño José Luis Cortés, Nayland Blake, Tom Burr, Phyllis Christopher, The Fairoaks Project, Danny Jauregui, Derrick Woods-Morrow, The Pussy Palace Oral History Project, Viva Ruiz, Dean Sameshima, Christian Walker y Jimmy Wright, con objetos efímeros de archivo del Leather Archives & Museum.

Durante el período crítico de 25 años entre 1975 y 2000, los bares, casas de baños, teatros porno, parques y salones de té BDSM fueron sitios altamente cargados de libertad sexual para la comunidad LGBT.

Estos espacios también sirvieron como bases importantes para la organización temprana, la educación sexual más segura y la acción pública en torno al VIH/SIDA. RADICAL PERVERTS presenta obras de arte y artefactos de un grupo intergeneracional de artistas que reflejan tanto el erotismo como la urgencia de este tiempo, así como conmemoran el parentesco queer y la pérdida inherente a estos lugares

«La protesta y la acción política son inseparables incluso de los lugares LGBTQ más pervertidos», dice la curadora Alexis Heller «Promover la supervivencia de los demás con placer y alegría descarados, desafiando la discriminación y el dolor, es radical. Y ese espíritu heroico es lo que me inspira a minar y reverenciar estas historias y archivos una y otra vez».

El museo organizará una exclusiva recepción de apertura en la noche del jueves 12 de octubre y la exposición se abrirá al público el viernes 13 de octubre.

La misión del Museo del Sexo es preservar y presentar la historia, la evolución y el significado cultural de la sexualidad humana. El Museo produce exposiciones, publicaciones y programas que llevan lo mejor de la erudición actual a las audiencias más amplias posibles y se compromete a fomentar la ilustración, el discurso y la participación del público.

El Museo del Sexo se encuentra en el 233 calle 27 y Quinta avenida, en Nueva York, NY 10016

Website: https://www.museumofsex.com/

Museum Hours: https://www.museumofsex.com/museum/about/visit/.

Instagram: @museumofsex
Twitter: @museumofsex
Facebook: @mosex
TikTok: @superfunlandnyc
About Alexis Heller

For more than a decade, Alexis Heller worked to empower LGBTQIA+ young people in
settings such as foster care, homeless shelters, drop-in centers and schools. She
began an independent curatorial practice in 2012 centering marginalized LGBTQIA+
and feminist histories. Heller has organized exhibitions for institutions including the
Leslie-Lohman Museum of Art, Smack Mellon, The 8th Floor, The Handwerker Gallery
at Ithaca College, as well as several alternative art spaces. She currently lives between New York and Costa Rica.

 

Cuba buscará un récord Guinness bailando salsa casino

Foto: Luis De Jesús

 

Corresponsal de CLARIDAD

 

La Habana, Cuba-En 2022, Venezuela obtuvo el récord Guinness al lograr la rueda de Salsa Casino más grande del mundo durante una presentación en Caracas que contó con la participación de 1,595 personas.

Dos años después, Cuba, país donde nació este popular estilo de baile, intentará arrebatar el récord al país suramericano cuando ponga a bailar a cerca de 2,000 personas en varias ciudades del país al mismo tiempo.

La iniciativa forma parte del Proyecto Internacional “Retomando el Son, Bailando Casino”, que lidera el cubano Luis Llamo Castillo, quien estuvo detrás del galardón obtenido por Venezuela.

“Esto es un trabajo que venimos realizando con lo que es la salvaguarda del Son cubano, tratando de llevar a nuestros jóvenes todo este movimiento que tiene que ver con la cultura autóctona de nuestro país”, explicó Llamo Castillo en entrevista para CLARIDAD.

El Casino es una modalidad del baile de Salsa nacido en La Habana a finales de la década del 50. Su arraigo a las clases populares, ayudado por lo excéntrico de sus movimientos y su dinamismo, hicieron que el baile se propagara rápidamente por el resto del país.

En los ´70 y ´80, con el auge mundial que vivió el género musical de la Salsa, el Casino tuvo el empuje que le faltaba para convertirse en uno de los bailes de salón más extendidos en el mundo.

Antes que Venezuela, el primer país en lograr este récord Guinness fue Grecia en 2014. Posteriormente, España alcanzó el reconocimiento internacional con un masivo evento en la ciudad de Tenerife en 2019.

“El baile del Casino, como hemos podido apreciar en el mundo entero, se ha convertido en una tendencia”, subrayó al respecto el líder de la hazaña.

Esta no es, sin embargo, la primera vez que Cuba intentará establecer la marca mundial de más “casineros” bailando al mismo tiempo. Desde 2015, la isla lo ha intentado varias veces sin lograrlo.

El nuevo intento tendrá lugar el 7 de mayo de 2024, coincidiendo con la semana en que se celebra en Cuba el Día Nacional del Son. Para asegurar el éxito en esta oportunidad, los organizadores del evento están sumando esfuerzos en “todos los 168 municipios del país”, aunque el punto principal tendrá lugar en la Plaza de la Revolución de la capital cubana.

Para los cubanos, poder reclamar el récord Guinness sería un reconocimiento a su historia y a su origen.

“Significaría mucho para nosotros romper el récord, ya que el Casino nació aquí, las ruedas de Casino nacieron aquí. Y significaría mucho porque así retomamos de nuevo el baile de nosotros, un baile popular, un baile de barrio, un baile de pasión, como dicen los viejos. Y lo vamos a romper, vamos a romper el récord”, sostuvo Jesús Iznaga Peña, uno de los coreógrafos y cantantes de la rueda de Casino.

Desde ya, decenas de academias de baile y cientos de personas se han inscrito para participar. En los próximos meses, tendrán lugar en La Habana varios ensayos con miras a lograr la coordinación y sincronía que requieren los jueces para homologar el récord Guinness.

Por el momento, los cubanos dicen estar preparados para traer la marca a casa. Aseguran que el Casino es mucho más que una modalidad de baile, es sinónimo de identidad y cultura cubanas.

“Aquí nosotros somos más bailadores de Casino que en cualquier parte del mundo. Aquí es la casa y nadie puede venir a bailar a la casa del trompo. Nosotros somos los coreógrafos de la Salsa Casino. Somos nosotros, Cuba”, acusó uno de los bailarines durante uno de los ensayos de la rueda Casino en La Habana.