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Fredric Jameson, o un marxista necesario del capitalismo tardío

 

Especial para En Rojo

0.

“Es perfectamente consistente con el espíritu del marxismo”, dice Fredric Jameson, “con el principio de que el pensamiento refleja la situación social concreta, el que haya  diferentes marxismos en el mundo hoy día, cada uno respondiendo a las necesidades específicas de su propio sistema socioeconómico” (Marxism and form, p. xviii). Quizás por eso sea útil hacer referencia a la atmósfera intelectual en la que se inserta su obra.

1.

Cuando, en el 1971, publica Marxism and form, un libro de ensayos sobre distintos pensadores de la teoría literaria marxista, intencionado para el público y la academia estadounidense, se refiere en su prefacio a un ambiente que no ha permitido conocer las grandes obras de la teoría literaria marxista por el anticomunismo que ha caracterizado los intentos de difundir estas ideas y por “la ausencia de una cultura marxista genuina en los círculos académicos”. A eso se le añade, en el mundo anglosajón, una tradición filosófica y de pensamiento alejada de la dialéctica, dominada por “una mezcla de liberalismo político, empirismo y lógica positivista” (p. x). “Totalidad” era casi una palabra vulgar en ese contexto.

Quizás, por eso, el carácter tan obstinadamente hegeliano de Fredric Jameson. Probablemente desde György Lukács no surgía un marxista que insistiera continuamente y explícitamente en la lógica hegeliana para llevar a cabo sus aproximaciones marxistas a un fenómeno dado. Dicho en sus propias palabras: “He asumido la posición de que, en realidad, Marx incluye a Hegel” (Marxism and form p. xv).  Y, quizás, haya algo que explique esta obstinación hegeliana en ambos pensadores: la necesidad de cada uno, en su propio contexto, de puntualizar la dialéctica como una exigencia del pensamiento, y, más todavía, del pensamiento marxista. En el caso de Lukács, ante el materialismo vulgar del marxismo de su época; en el caso de Jameson, ante el desconocimiento de la dialéctica, o incluso del ataque hacia la dialéctica, en los círculos académicos anglosajones. No hay marxismo sin dialéctica, sin método dialéctico, y en ella, diría Lukács, estriba la ortodoxia marxista.

Jameson insistirá en que “mayormente, y con particular fuerza en los Estados Unidos, el desarrollo del capitalismo monopólico posindustrial ha conllevado un ocultamiento en aumento de la estructura de clase a través de técnicas de mistificación practicadas por los medios y particularmente por la publicidad. En términos existenciales, esto quiere decir que nuestra experiencia ya no es plena [whole]…” (Marxism and form p. xvii). Por eso, la necesidad de desarrollar una práctica teórica marxista en la literatura. “De alguna forma, y es tarea de la teoría marxista determinarlo de manera más precisa, la literatura juega un papel central en el proceso dialéctico. Añado que el terreno cerrado de la literatura, la situación experimental o de laboratorio que presenta, con sus problemas característicos sobre la forma y el contenido y de la relación entre la superestructura e infraestructura, permite un microcosmos privilegiado en el que observar el pensamiento dialéctico” (p. xi).

Se trataba, como explica Terry Eagleton, de una tradición marxista “ideológica”, en el sentido en que analiza “la ideología de la forma”, es decir, “la apuesta de que es posible encontrar la historia material que produce una obra de arte” y de que esta historia material se encuentra “de alguna manera inscrita en el propio tejido y estructura [de la obra], en la forma de sus oraciones o sus juegos desde las perspectivas narrativas, en su selección de esquema métrico o sus prácticas retóricas” (Marxism Literary Theory, p. 10-11). O, siguiendo las palabras de Manuel Samaja, refiriéndose a Lukács, se trata de “la comprensión del arte como una forma de la autoconsciencia del ser social, como un modo del reflejo intelectual de la historia humana en el cual el ser humano se comprende a sí mismo, y por tanto como un momento ideal de su emancipación” (“Lukács, la alienación y los problemas de la sociedad capitalista”, Jacobin).

Por eso, su insistencia en el estilo, y su defensa de él: “cualquier descripción de un fenómeno literario o filosófico – si fuese a ser verdaderamente completa – tiene como obligación última lidiar con la forma de la oración independiente, dar cuenta de su origen y formación” (Marxism and form p. xii). Pues, para Jameson, la dificultad de cierta escritura, sobre todo aquella asociada con el método dialéctico, pudiera dar fe de la seriedad que se le debiera dar a pensar; por otro lado, la escritura fácil pudiese ser parte de una ideología, a su vez, fácil, en que cosas complejas se simplifican, de manera oportunista. “¿Y qué si, en un periodo de sobreproducción de material impreso y de proliferación de los métodos de lectura rápida, se quisiera que el lector leyera rápido a través de una oración de tal manera que saludara una idea prefabricada, sin esfuerzo alguno, sin sospechar que el verdadero pensamiento exige el descenso hacia la materialidad del lenguaje y un consentimiento con el tiempo mismo en la forma de una oración?”. La dificultad de la manera de escribir “pudiera ser una advertencia para el lector, sobre el precio a pagar para pensar genuinamente” (p. xiii).

“Siento”, dice, “que el método dialéctico se adquiere únicamente a través del trabajo concreto sobre el detalle, a través de una experiencia interna de construcción gradual de un sistema de acuerdo a su necesidad interna” (Marxism and form p. xiii). ¿Qué implica este posicionamiento en un contexto en el que la escritura académica y la exposición de ideas haya asumido como modelo el discurso científico-positivista? Uno de abierta confrontación.

“Parte de las tareas de la intelectualidad socialista”, dice Eagleton, “consiste en preservar preciadas tradiciones, que en gran medida es más un trabajo de reflexión que de acción” (Marxism Literary Theory p.12). Jameson desarrolló su pensamiento en un momento de reflujo del socialismo en los Estados Unidos, muy distinto a lo que ocurrió luego de la Revolución cubana en América Latina, luego del cisma que produjo el 1968 y que representó un resurgimiento del marxismo en Europa y luego de la victoria de Vietnam en Asia. Si bien se le ha criticado a Jameson su identificación abstracta del sujeto colectivo y revolucionario, también es cierto que su contexto, en el momento, no le daba mucha salida, más allá de apoyar esfuerzos externos, sobre todo en el llamado Tercer Mundo, y, por supuesto, pensar. “No es culpa de la izquierda”, dice Eagleton, “que se la haya desprovisto de un espacio político, y es preferible que ideas radicales sobrevivan en un sillón a que se entierren totalmente” (p. 12).

Si en este momento de depresión del pensamiento marxista y dialéctico en los Estados Unidos, Jameson se hubiese limitado a preservar esta tradición, igual habría tenido un espacio importante para la izquierda, pero nos encontramos lejos de eso. Desarrolló la teoría literaria marxista, primero, y luego la teoría cultural marxista, en general, en una producción de pensamiento que abarca más de cinco décadas de obras. Se hizo un pensador imprescindible, incluso en un contexto dominado, consciente o inconscientemente, por el anticomunismo, si bien la crisis mundial del capitalismo en el 2008 haya roto con el ensordecedor conservadurismo del fin de la historia.

2.

En dos escritos posteriores, abordaremos las aportaciones metodológicas de Jameson, en The Political Unconscious. Narrative as a Socially Symbolic Act, por un lado, y en su magno proyecto de múltiples volúmenes, The Poetics of Social Forms. Sin embargo, algunas palabras se deberían traer sobre la manera en la que Jameson, sin caer en eclecticismos, incluye en su metodología las aportaciones teóricas de otras tradiciones, proponiendo el marxismo como una totalidad dialéctica englobante y que a la vez las trasciende.

En The Political Unconscious, propone una aproximación teórica hacia la literatura que permite “medir el rendimiento y la densidad del acto interpretativo marxista a contrapelo con otros métodos interpretativos – el ético, el psicoanalítico, el mítico-crítico, el semiótico, el estructural, el teológico – contra quienes tiene que competir en el ‘pluralismo’ del mercado intelectual de hoy”. Sin embargo, el marxismo no es sencillamente una mercancía intelectual más, siguiendo su metáfora, sino una que, por su método, acoge las mejores aportaciones suyas y las trasciende. Una característica de Jameson es que nunca rechaza del todo manifestaciones teóricas o culturales, sino que busca entenderlas y rescatar lo mejor de ellas. Dice: “Yo argumento aquí la prioridad del marco interpretativo marxiano en términos de su riqueza semántica. El marxismo no puede defenderse como mero substituto de otros métodos, que entonces se consignarían de manera triunfal al cenicero de la historia; la autoridad de estos métodos surge de su consonancia fidedigna con esta o aquella ley local de una vida social fragmentada, este o aquel subsistema de una superestructura compleja. En el espíritu de una tradición más auténticamente dialéctica, el marxismo aquí se concibe como un ‘horizonte trascendental’ que subsume estas operaciones críticas aparentemente antagónicas e inconmensurables, asignándoles sin lugar a duda un valor sectorial en sí mismas, y a la vez cancelándolas y preservándolas” (10).

Más adelante, concluye, en modo similar, sobre otro cisma de los estudios literarios: “Estas dos tendencias – teoría e historia literaria – tan a menudo se han entendido en el pensamiento académico occidental como rigurosamente incompatibles que es importante recordarle al lector, en conclusión, de la existencia de una tercera posición que trasciende a ambas. Esa posición es, por supuesto, el marxismo, que, en la forma de la dialéctica, afirma una primacía de la teoría que es a la vez el reconocimiento de la primacía de la Historia misma” (14).

3.

Señalar el carácter específico de la atmósfera intelectual en la que Jameson se insertó, no por eso le resta “universalidad” a su trabajo teórico. Sobre todo sus aportaciones metodológica en los dos proyectos mencionados anteriormente (The Political Unconscious y The Poetics of Social Forms) han sido de una influencia decisiva en el campo cultural más allá del espacio anglosajón.

Sin embargo, hay que señalar que, por el desafortunado carácter mimético (colonizado) de una parte importante de la academia puertorriqueña, la obra de Jameson nos es más cercana de lo usual, pues fue, también, un arsenal contra ese propio pensamiento fragmentario y antidialéctico de Estados Unidos que se importó en nuestros círculos. Esto se evidenció de manera más clara en su crítica al postmodernismo, en Postmodernism or the Cultural Logic of Late Capitalism. Siguiendo la tradición hegeliania y marxista, Jameson busca hacer una crítica, no desde afuera, sino desde el interior de las propias producciones culturales postmodernas: decía Hegel en la Introducción a La fenomenología del espíritu que, para refutar un concepto, no se le ataca, sino se le expande en su propia lógica hasta que él mismo quiebre.

Lo que predominaba en la época en que redactó los ensayos que se incluyen en su libro publicado en el 1991 era el entendimiento de que una nueva era, llamada muchas veces “postindustrial”, implicaba una ruptura con la era “moderna” anterior. Jameson, sin embargo, hace, explícitamente, un ejercicio similar al que llevó a cabo Ernest Mandel en El capitalismo tardío. Mandel no niega las transformaciones ocurridas en la economía y en la sociedad en el siglo XX; sin embargo, las analizaba, más que como una ruptura con el capitalismo, como una nueva “fase”, la tercera fase de este sistema de producción, siguiendo a la fase del capitalismo de mercado y la del capitalismo monopólico (o imperialismo). A esta le llamaría, a falta de mejor nombre, “capitalismo tardío”. La lógica del capital, en lugar de perder vigencia, se hace todavía más pura en esta fase.

Lejos de la arrogancia que caracterizó el afán de los movimientos con etiquetas como “neo” o “post”, que presuponen una superación histórica y teórica de estructuras previas, Jameson señala que el postmodernismo es la lógica cultural del capitalismo tardío y, desde enfoque, puede analizarse, a pesar de su heterogeneidad. Así, la pérdida de historicidad, la absorción de la producción cultural al mercado y al híper fetichismo, el paso de la parodia al pastiche, la permanencia en lo superficial, más que rupturas, son la expresión de la profundización del capitalismo en nuestra sociedad. Por otro lado, no es el único camino, sino solo el que mejor se adecúa al sistema actual: “La concepción del postmodernismo que bosquejo aquí”, dirá Jameson, “es histórico más que estilístico”. En ese sentido, el postmodernismo “es un estilo entre muchos posibles, y uno que parece acoger la cultura dominante de la lógica del capitalismo tardío” (45,46). El marxismo, por tanto, no dejó de ser una herramienta para analizar las producciones culturales. Por el contrario: se hace más necesaria.

Como buen dialéctico que es, además, el estudio profundo de la producción cultural posmoderna implica, también, no un rechazo total, sino una búsqueda para trascenderla. La crítica moral, dice Jameson, no ayuda mucho – la celebración de lo que implica “es, seguramente, inaceptable”, dice (p. 46). Pero el capitalismo es un sistema económico moralmente deplorable, también, y es el creador de la zapata de donde pudiera producirse el socialismo. Así, hay que ver a la cultura posmoderna simultáneamente “de manera positiva y de manera negativa” (p. 47). Si es cierto que la cultura ha sido absorbida por completo por el mercado, ¿no querrá decir esto, también, que la cultura ahora atraviesa nuestra vida como nunca antes? ¿No abre una nueva manera de relacionar el arte con la pedagogía? Si bien tantea algunas propuestas culturales más bien abstractas, no deja de ser un pensamiento provocador, que nos fuerza, como mínimo, a pensar seriamente si fuésemos a refutarlo.

Jameson llegó a venir a Puerto Rico. Dio una conferencia en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, durante la década del 1990, posterior a la caída del Muro de Berlín y en el momento en el que el posmodernismo en la academia puertorriqueña estaba en su auge (las modas suelen llegar tarde acá). La conferencia, dicen, tenía que ver precisamente con la insistencia de Jameson en que el marxismo se enfrentara al posmodernismo y sus posiciones, en la medida en que se buscara entenderlas. En una sala abarrotada de personas, y con la intelectualidad de la ideología contraria presente, que arrojó al marxismo al zafacón de la historia, la conferencia, en lugar de abrir espacio al debate, fue respondida con la nada. Sencillamente, los portadores de las ideas que combatía Jameson mantuvieron silencio.

Poco después, Perry Anderson vendría a la isla. Su posición fue algo distinta a la de Jameson: el posmodernismo es una teoría muerta; ya en Europa, donde se originó, ha decaído, por lo que no vale la pena dedicarle  tiempo y hay que seguir adelante. Cuál de las dos conferencias irritó más a la intelectualidad académica, difícil saber.

4.

A diferencia de muchxs, nunca conocí ni vi en persona a Jameson. Era muy joven para haber asistido a su conferencia en la UPR, y tuve la mala suerte de no poder coincidir con él cuando yo estudiaba en la Universidad de Chicago y fue a dar una conferencia sobre Pride and Prejudice de Jane Austen. Confieso, incluso, que ni me había dado cuenta de su legado en mí, hasta su muerte, el pasado 22 de septiembre. Resulta que Jameson, como fantasma que recorre la tradición intelectual y política a la que me adhiero, formaba parte ya de mi pensar, un tipo de inconsciente político con el que no tengo problemas para convivir. Ese domingo, mi mañana y mi tarde se paralizaron ante la noticia, y me ha conducido a regresar a sus páginas, tarea no concluida y que espero rendirá frutos en los escritos ya anunciados.

Solo un pensamiento me consuela: que no murió a destiempo. “¡Siempre historiza!”, mandató Jameson al inicio de The Political Unconscious, y eso mismo debemos, como él, hacer, sin mirada nostálgica ni moralizante. Por eso, el título de este artículo. Jameson fue una figura necesaria, urgente, en un momento de enorme refluida del pensamiento dialéctico, revolucionario, en el mundo anglosajón. La crisis mundial del 2008, por otro lado, ha provocado una ruptura en la hegemonía neoliberal, ha producido grandes polarizaciones. Si bien no ha habido, como en otras épocas de crisis, un resurgir del pensamiento marxista, la crisis en sí necesariamente le abre paso a este resurgir, en la medida en que el análisis marxista se hará cada vez más urgente, también, para enfrentar los grandes retos económicos (recesiones) y políticos (la nueva derecha y el ascenso del fascismo) de nuestra época histórica. La muerte de Jameson marca, sí, el fin de una época, pero también hace evidente la necesidad de nuevos pensadores, con praxis distintas pero partiendo de la misma tradición y con una misma insistencia en la viabilidad de las utopías y de la transformación social.

“Bienvenido” sea el gatopardismo

 

 

Especial para En Rojo

A menos de 60 días, para las elecciones generales, le damos la cordial bienvenida a los gatopardistas. Son poco conocidos por este gatuno apelativo, pero con gran bagaje de mete miedos. Siempre han existido en la política y otras disciplinas humanas. Cautelosos al extremo, rayando en cobardía, detestan el cambio porque medran en la inmovilidad. Son conservadores con ribetes de reaccionarios. Se presentan como objetivos, pero son artistas del discurso sesgado. Malabaristas de las dos aguas, fieles maestros de las zonas grises. Practicantes del no atreverse, de ”mejor es pájaro en mano que cien volando”. Les presentamos a los equilibristas del punto medio. Estamos seguros que ustedes conocen a un(a) honorable de ese pelaje.

En este año atípico, medio amorfo, asimétrico y lleno de incertidumbres políticas; es el escenario donde han comenzado a desfilar los profesionales del inmovilismo. Muchos de ellos llevan agendas personales, hachas que amolar con no sé qué ente del inframundo y otros y otras que son meros instrumentos del sistema colonial. En este catálogo encontraremos los políticos de oficio, los gatilleros ideológicos (léase Rivera Schatz) que se encargan de destruir y manchar reputaciones, los analistas bien pagados, los opinólogos de radio y televisión, los seudoperiodistas sin un átomo de ética profesional, los expertos en encuestas a la carta, los académicos oscuros y una matrícula amplia de vividores del bipartidismo rojiazul. Estos hermanastros coyunturales tienen la custodia absoluta de la teta gubernamental y el maná de los contratos con la administración de turno.

Son muchas las décadas en que este país caribeño y latinoamericano ha estado en continuo deterioro. No hay ámbito sociocultural y económico que no esté golpeado por la corrupción, la desidia y la mediocridad institucional. Países de nuestro entorno geopolítico que envidiaban nuestros logros en la economía y el desarrollo de nuestras instituciones hoy nos han rebasado en productividad y competitividad. El descaro con que la clase política ha usufructuado el erario nos llevó a esta bancarrota nuestra de cada día. El desaliento y el desánimo de nuestra gente ha llegado a cuotas insoportables. La precariedad existencial (para usar un término mediático) se a hecho viral.

Jamás imaginó el escritor siciliano, Giuseppe Tomasi que su novela, El gatopardo, cobraría vida en este archipiélago caribeño. La filosofía, planteada en la novela, de ejecutar cambios superficiales para que en esencia todo se quede igual es la doctrina que ha sustentado el Estado Libre Asociado y que el binomio PPD-PNP se ha encargado de perfeccionar hasta niveles de inmoralidad sociológica.

Una nueva organización política con el nombre de Alianza Patriótica ha tomado el escenario electoral en este 2024. Un grupo de buenas y buenos puertorriqueños han dicho basta y han hecho suya la encomienda de crear patria construyendo el país que merecemos. Son compatriotas que se han comprometido con hacer lo dignamente posible, por este pueblo castigado por los usurpadores. Preparémonos para dar el salto, no al vacío de la desintegración nacional, sino a la utopía del camino por recorrer, al verdadero propósito que es el de construir, de hacer haciendo nuestro futuro con decencia y eficiencia. Hagámoslo.

El autor es poeta.

 

 

El sector religioso entre cruces políticos

 

Frederick X. Rodríguez-Castro

Especial para En Rojo

El sector religioso en Puerto Rico, igual que gran parte de la sociedad manifiesta profundas tiesuras políticas y sociales. Este sector, no es inmune a los embates de la política. Históricamente ha tenido una fuerte influencia en la vida publica (fundación de partidos, movimientos e intervenciones vinculadas en política). No obstante, se encuentra dividido entre dos posturas que se cruzan con visiones ideológicas y valores que, aunque nacen del cristianismo, conducen a caminos cismáticos.

En cada ciclo electoral, una parte llama abiertamente a votar por candidatos que defienden los valores “cristianos”. Estos lideres, mayormente vinculados a iglesias de corte conservador y dominados por sectores pentecostales, hacen énfasis en temas como el rechazo al aborto y en la cláusula separación de Iglesia-Estado en temas de diversidad. La política para este sector debe testificar una moral “cristiana” estricta, y los candidatos que no compartan tales principios son excomulgados políticamente, independiente de su capacidad para dirigir un gobierno.

El sector religioso más liberal mira hacia las necesidades sociales y económicas de la comunidad. Defiende una postura inclusiva, reconoce la diversidad religiosa y cultural de Puerto Rico, y promueve políticas públicas que atienden las necesidades de los más vulnerables (pobreza, salud, educación). Para ellos, los valores cristianos se traducen en una preocupación por la justicia social. A menudo apoyan candidatos que, aunque no comparten una visión conservadora de la moral, convergen en los valores al servicio al prójimo y la defensa de los derechos humanos.

El cisma en el sector religioso revela una batalla no solo ideológica, sino también teológica que representa un desafío para la sociedad puertorriqueña, que debe enfrentar las consecuencias de crecientes divisiones. Al estar “entre cruces”, el sector religioso se encuentra en una encrucijada; seguir aferrándose a una moral conservadora o abrirse a una visión inclusiva. Resta esperar si el telón político que divide al sector, como velo religioso puede ser rasgado por un ecumenismo que abarque las complejidades sociales y económicas de nuestra Isla.

El autor es teólogo y miembro Mesa de Diálogo Martin Luther King Jr.

 

“Entre el grito y la celda: Una historia sobre Lolita Lebrón”, una película puertorriqueña

 

Tras once años y más de sesenta funciones teatrales en cinco países, la historia contada en la pieza “Lolita: un monólogo sobre la vida de Lolita Lebrón” hace un salto a la pantalla grande con la película “Entre el grito y la celda”. Se presentará en las salas selectas desde el 10 de octubre 2024.

Este filme, dirigido por Efraín Rosa y producido por Viviana Torres-Mestey para Enfocarte, Inc., explora el pensamiento de la destacada líder nacionalista puertorriqueña Lolita Lebrón, quien fue encarcelada en 1954, tras liderar el atentado histórico en el Congreso de los Estados Unidos.

Según Torres-Mestey, quien también protagoniza el filme, la película es una propuesta de cine experimental que hace una fusión artística entre el teatro, el cine y la poesía para entrelazar los aspectos más significativos de la vida de Lolita Lebrón, específicamente antes y después de los actos de 1954.

La película explora su fervor religioso, su lucha por la justicia desde la perspectiva de una joven madre, y su valentía al arriesgar su libertad por las causas en las que creía firmemente. “Aunque es una historia basada en hechos reales, no pretendemos hacer un recorrido documental, sino que exploramos a un nivel más íntimo lo que pudo haber sido el pensamiento de Lolita. Para acercarnos a ello desdoblamos la historia entre su cuerpo encerrado en una celda, que era su realidad en los 50’ y su mente libre siempre pensando, gritando y luchando por la libertad de su Patria. Por eso llamamos la película, ‘Entre el grito y la celda’”, abundó Torres-Mestey.

Este relato ha resonado durante más de una década en escenarios de Puerto Rico, Estados Unidos y América Latina, y ahora, a través de esta adaptación cinematográfica, que fue posible gracias a un incentivo del Instituto de Cultura Puertorriqueña, se busca seguir impactando a nuevas generaciones con nuestras figuras históricas, como lo fue Lolita. “La película no solo resalta la importancia histórica de Lolita Lebrón como figura política, sino que también invita a reflexionar sobre la identidad nacional y el papel de la mujer en la lucha por la justicia y la libertad”, añadió Efraín Rosa, director del filme.

El largometraje cuenta con un talentoso equipo de trabajo que incluye a los actores puertorriqueños Giomar Cruz, Oné Colón, Alberto Mateo, Jianna Pagán, Orlando Rodríguez, Jorge Alexander, Gian Lucas Rivera, Irmaris Rodríguez, Efraín Rosa, Héctor Sánchez, Berna Torres, Géigel Torres y Viviana Torres-Mestey. La cinematografía está a cargo de Reynaldo Torres-Casas y la adaptación está basada en un libreto original del Dr. Waldo Torres-Vázquez. Completan el equipo Luis Daniel Cartagena y Vivian Mestey en el Departamento de Arte; Nathanael Morales, Darline Lozada y Harrison Haley en el Departamento Técnico, junto a otros artistas y cineastas del país.

 

 

Breves de septiembre: In the Summers, A Bend in the River, El comensal

 

 

En Rojo

 

Hoy en día las fechas que adjudicamos a los filmes son muy movibles. Su rodaje puede ser dos o tres años antes, su presentación en festivales poco después de terminada y su exhibición varía de acuerdo a las redes de distribución. Incluyo un filme independiente estrenado en el Festival Internacional de Cine de Puerto Rico a principios de mes y exhibiéndose ahora en Fine Arts, In the Summers, una introspección muy irlandesa, A Bend in the River, que nos recuerda las novelas de Sally Rooney y El comensal, una historia de tragedias personales y externas de una familia en el país Vasco. Pude ver dos en salas de cine y otro en streaming.

In the Summers

Directora y guionista: Alessandra Lacorazza Samudio; cinematógrafo:Alejandro Mejía; música: Eduardo Cabra; elenco René Pérez Joglar (Residente), Sasha Calle, Lio Mehiel, Dreya Castillo, Luciana Elisa Quiñonez, Kimaya Thais, Allison Salinas, Emma Ramos, Leslie Grace, Sharlene Cruz, Gabriella Surodjawan, Indigo Montez

Lo sorprendente de este filme independiente, ganador de la sección de drama del Festival de Sundance 2024, es ante todo su cinematografía. A través de los cuatro episodios que avanzan el tiempo pero que mantiene estático el lugar, la cámara sirve tanto de conocer lugar y personajes como de reflexión de los años pasados. Construye una escenografía que enmarca el drama personal de un padre y sus dos hijas a quien miran al principio como a un extraño y luego como alguien que reconocen, aunque el acercamiento afectivo es casi imposible. Sabemos desde el principio que Violeta y Eva tienen lazos afectivos con su padre por la manera en que confían en él a pesar de que nosotrxs como espectadorxs percibimos la inestabilidad y peligro de la estadía de verano fuera de su localidad familiar, esa en la que una vez participó la familia. Se ve desde que conocemos a Vicente, que ha preparado la bienvenida de sus hijas con lujo de detalles para que se sientan cómodas en este nuevo lugar, aunque su estadía será algunas semanas de verano hasta el próximo año. En ese 1er encuentro, Vicente es el centro de la historia y sus hijas se van adaptando al nuevo ambiente mientras el encuentra maneras de divertirlas. Según pasan los veranos, las visitas parecen ser + cortas y el centro es una u otra de las hijas, mientras Vicente ya no sabe cómo divertirlas y parece + interesado en su grupo de amistades y sus propios intereses. Es el proceso de crecer y forjar su propia personalidad mientras el padre queda rezagado en la ilusión de lo que una vez fueron de niñas.

Y aunque es la cámara la que sustituye los diálogos y avanza el tiempo, hay unos vacíos importantes que se necesitan llenar para que las historias fluyan. Entendemos que el resultado del divorcio/separación de Vicente con la madre de sus hijas es la razón por la que los veranos le pertenecen al padre, pero ¿cómo es posible que con veranos tan seriamente accidentados, la madre todavía confíe en Vicente para enviarle sus hijas a pasar tiempo con él? Vicente tiene casa bien cuidada y piscina que va decayendo con el desuso, tiene auto y no le falta dinero, pero no tenemos ni idea de dónde provienen sus ingresos. Aún en la 1era escena cuando se prepara a recibir a sus hijas se le nota nervioso y tembloroso, algo que mantiene a través de todas sus intervenciones.

Aparte de la acertada cinematografía de Alejandro Mejía bajo la dirección de la cineasta colombiana/americana, Alessandra Lacorazza Samudio y de la música de Eduardo Cabra, las actuaciones de las jóvenes actoras sobresalen. Destaco (como lo hace también la reseña del NYTimes y de Rogerebert.com) el papel del padre, Vicente, René Pérez Joglar/Residente que puede revolucionar el espacio con su sola presencia, movimientos y voz. Y así lo hace.

A Bend in the River

Director y guionista: Colin Broderick; cinematógrafo: Shane F. Kelly; elenco: John Duddy, Kathy Kiera Clarke, John McConnell, Brendan Broderick, John Connors

La trama es sencilla e íntimamente profunda a la vez. Matt Donnelly ha sido un afamado escritor en Estados Unidos, con sede en Nueva York, pero según ha pasado el tiempo desde que “escapó” del encerramiento de su pueblo Tyrone en Irlanda del Norte, menos productivo y creativo. Con un matrimonio algo tumultuoso (no hay detalles ni son necesarios), decide que es hora de reconectar con ese pueblo y comunidad del que fue parte hace + de 25 años. Como su empeño es escribir, se establece en una casa apartada y medio abandonada que le consigue el Padre Donnelly, su hermano, muy respetado por la comunidad, pero con un estilo imponente y riesgoso (le encanta correr a velocidad extrema en las carreteritas del pueblo, por ej). En el momento en que Matt sale de su enclaustramiento, se topa con personas que lo conocieron bien, pero que solamente saben ventilar su resentimiento. Lsx + jóvenes han formado su opinión del “autor ausente que lxs abandonó”, pueden recurrir a las bromas pesadas para participar del rechazo de la comunidad.

Escribiendo de los recuerdos de su niñez y adolescencia aquí, Matt despierta fantasmas de su pasado. No solamente los recuerdos de su madre y los bosques que tanto significaron para su imaginación, pero además la vivencia y relato de los que vivieron los años llamados “The Troubles” (1968-1998) con una violencia y enemistad que nunca han curado esas heridas. En el plano personal, otros fantasmas traerán los recuerdos ya distorsionados de un colegio con maestro disciplinario, compañeros de clase que sirvieron o no de amigos y ese 1er amor que quedó atrás.

El comensal

Directora: Angeles González Sinde; guionistas: Angeles González Sinde y Gabriela Ybarra; autora: Gabriela Ybarra; cinematógrafo: Juan Carlos Gómez; elenco: Susana Abaitua, Ginés García Millán, Adriana Azores, Fernando Oyagüez, Iñaki Miramón, Ane Gabarain, Estrella Alonso, Tasio Bilbao, Peio Bilbao, Ramiro Alonso, Ala Kruse.

Dos tiempos, dos historias, un lugar y situación política compartida de experiencias dolorosas que nunca se borran. Todo esto contenido en una mesa con el comensal ausente, pero nunca olvidado. El presente es 2011 y lo protagoniza Icíar, joven universitaria y maestra que vive en Navarra y tiene una relación muy cercana con su madre, Amalia, y una algo distante con su padre, Fernando. Lo que notamos es la nerviosidad del padre cada vez que confronta algo fuera de su rutina: lo rehúye y no explica. Por eso pasa muchas veces como insensible y poco afectuoso con su esposa e hija. El pasado es 1977 en Bilbao cuando una mañana ETA (Euskadi Ta Askatasuna/País Vasco y Libertad) invade la casa del empresario Javier Arraiga y frente a sus hijxs y ama de llaves es secuestrado sin saber que ocurrirá después. Fernando es el hijo mayor que recibirá las llamadas que establecen el rescate del padre, gestionará un préstamo para poderlo pagar y quedará a la merced de ETA cuando no pueda entregar esa cantidad de dinero.

En el presente, la rutina familiar se verá alterada cuando Amalia, la madre, se le diagnostica un cáncer tan agresivo que apenas tienen tiempo de prepararse para la pérdida de esta vida. Poco a poco, Icíar y su padre indagarán en el pasado para descubrir lo los une y el miedo a la pérdida que comparten. Es un filme muy hermoso y doloroso donde la violencia política se iguala a la destrucción del cuerpo por una enfermedad.