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“Evelina vuelve a golpear,” ahora en una obra de teatro

 

 

Especial para CLARIDAD

 

La obra de base de la organizadora comunitaria en el Sur del Bronx, Evelina Antonetti, ha sido llevada a las tablas en una obra de teatro para todas las edades, “Titi Strikes Back, Evelina’s Return” (“Titi vuelve a golpear: El retorno de Evelina), estelarizada por la actriz, declamadora y escritora Sandra Nia Rodríguez, actualmente residente en Puerto Rico, Sonia Mera y Ana García, bajo la dirección Alejandra Ramos Riera y producida por Yvette Martínez.

Sobre las tablas Evelina regresa desde el cielo para celebrar el centenario de su nacimiento. En el cielo había sido cuestionada sobre los métodos que empleó para hacer justicia para su gente y aprovecha su retorno para aclarar a los incrédulos sus métodos y lo que lograron. En el proceso concientiza a una joven inocente en cuestiones de lucha que trabaja de conserje en una escuela que Evelina organiza. En la obra, Ana “Rokafela” García asume el papel de la conserje incauta con maestría y de manera comiquísima.

Evelina Antonetti fue una gran dirigente comunitaria en el Sur del Bronx de Nueva York admirada y venerada ampliamente en la diáspora desde 1965 cuando fundó la organización Padres Unidos del Bronx que dirigió con gran impacto cuando el Sur del Bronx ardía. Como testifica el nombre de la organización la misma concentraba en los derechos de los niños(as), en particular su educación bilingüe, a través de la organización de sus padres y madres.

Era el momento en que esa comunidad estaba entre las más pobres en Estados Unidos, y Evelina, independentista además, luchaba por la justicia social con arrojo y verticalidad. Se ganó de las estructuras de poder de la ciudad de Nueva York el nombre “Hell Lady” (La Señora Endemoniada) porque era una batalladora literalmente temida por las jerarquías que dispensaban fondos para los programas comunitarios en un momento en que caseros inescrupulosos descuidaban sus destartalados edificios de apartamentos y hasta dejaban que ardieran para cobrar seguros.

Como resultado el Sur del Bronx se convirtió en un lugar que asemejaba una zona de guerra cuando crecía y advenía a la adolescencia una generación de boricuas nacidos(as) de la gran migración puertorriqueña a Nueva York de los años 50. Se había declarado la llamada Guerra contra la Pobreza durante el gobierno del entonces presidente de Estados Unidos, Lyndon B Johnson, quien hizo llover sobre las llamadas comunidades minoritarias, incluyendo la puertorriqueña. Masivas cantidades de fondos federales eran aprovechadas mayormente por los que se solía llamar “chulos de la pobreza”, políticos buscones que montaban programas en locales en la comunidad y lo que hacían mayormente era darle vueltas a la noria, como se dice en el argot popular, sin dar solución a los grandes problemas que enfrentaba la comunidad como el retraso en la educación, la vivienda, la salud, y empleos.

En ese ambiente trabajaron Evelina Antonetti y el Padres Unidos del Bronx, en particular Evelina, de madrugada al anochecer asegurando su relación con la comunidad y sus pesares, y la efectividad de los programas de la organización.

Toda la historia de esta luchadora ha sido recogida con gran veracidad, pasión, chispa, humor y colorido en la obra presentada en numerosos recintos incluyendo recientemente a casa llena en el Hostos Community College. Fue una feliz coincidencia, o quizás no tanto, la presentación de la obra en el Hostos Community College, una institución de educación superior bilingüe, la primera en Estados Unidos, que fue producto de la acción de la comunidad boricua de esos años. Esa institución al igual que otras forjadas por los boricuas de entonces al presente abren camino al arcoíris de migrantes a Estados Unidos de toda América Latina y el Caribe.

En ese proceso Evelina, y el United Bronx Parents, tuvo una gran participación y dejó la huella recogida en esta obra teatral que al presente sigue presentándose. Tiene a su haber también que recoge la enorme contribución a las artes que han hecho y siguen haciendo las comunidades puertorriqueña y latina en Estados Unidos.

Alineamiento prosionista e intolerancia pro-Palestina

 

 

 La Ley de Concientización sobre el Antisemitismo afirma que es antisemita llamar racista a Israel o protestar contra el genocidio que comete contra el pueblo palestino. Autor: Juventud Rebelde Publicado: 11/05/2024 | 08:32 pm

A la par que se intensifica la represión al levantamiento estudiantil opuesto al apoyo de Washington al genocidio israelí contra Palestina y que exige la suspensión de los vínculos de sus universidades con entidades sionistas, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó este 1ro. de mayo, y por amplia mayoría bipartidista, un proyecto de ley para ampliar la definición federal de antisemitismo.

La Ley de Concientización sobre el Antisemitismo (Anti-Semitism Awareness Act) afirma que es antisemita llamar racista a Israel o protestar contra el genocidio que comete contra el pueblo palestino.

Son muchos los que en Estados Unidos señalan que dicha ley, pendiente aún de consideración senatorial y de la aprobación del Presidente, es violatoria de la primera enmienda constitucional que protege el derecho a la libre expresión.

Esa pieza legislativa está siendo impulsada apenas semanas después de que fuera reautorizada otra ley violatoria de los derechos constitucionales que da luz verde y visos legales a la intromisión en la vida de las personas y sirve de instrumento para los controles sociales y represivos que aplican los órganos de espionaje estadounidenses.

Resulta impresionante cuán entronizado está en el discurso político y mediático en Estados Unidos la narrativa sionista acerca del Estado de Israel como un afable y acogedor hogar para el disperso pueblo hebreo y cómo han tergiversado y manipulado, para propósitos viles, el significado del holocausto que se cometió contra el pueblo judío por la Alemania nazi hace 80 años.

Hace unos días, la conocida escritora y activista canadiense Naomi Klein decía: «No necesitamos ni queremos el falso ídolo del sionismo. Queremos liberarnos del proyecto que comete genocidio en nuestro nombre… El sionismo es un ídolo falso que ha tomado la idea de la tierra prometida y la ha convertido en un acto para vendernos un etno-estado militarista».

Se aprovecha la enraizada existencia de un legítimo sentimiento de rechazo al racismo y a cualquier expresión antisemita, así como la simpatía hacia las víctimas del nazismo, y ahora se les instrumentalizan para desacreditar y envilecer a manifestantes y a todo aquel que se atreva a criticar las políticas del Estado de Israel o se exprese contra los horrores e injusticias que enfrentan los palestinos.

Al propio tiempo, muchos estudiantes han sido blanco de correos de odio y amenazas en las redes sociales, mientras que la masacre en Gaza, como tal, pierde cobertura ante el discurso histérico sobre el antisemitismo.

En ese contexto tildar a alguien de antisemita deviene un instrumento con el que se pretende descalificarlo y paralizar sus acciones. Se pervierte el significado de término referido a «discriminación, prejuicio, hostilidad o violencia contra los judíos como tales». Se llega hasta el punto de etiquetar expresiones en pro de Palestina como «discurso de odio antijudío», y de catalogar como «antisemitas» hasta los diversos sectores judíos que ahora, en el mundo entero, protestan contra los crímenes de Israel. Es una manera de promover su impunidad ante todo lo que hagan.

Eso es lo que está detrás de esta «Ley de Concientización sobre el Antisemitismo» que avanza en el ámbito legislativo en Washington, precisamente en el contexto de la agresión brutal contra el pueblo palestino y del repudio generado en todo el mundo.

Detrás de la mano dura y represiva contra los estudiantes están también, y fundamentalmente, el poder que tiene el lobby proisraelí en la política interna de Estados Unidos, sus vínculos con el complejo militar industrial, así como la utilidad y el papel geopolítico y estratégico que para Estados Unidos tiene su alianza con ese enclave en el Medio Oriente.

Un aspecto cardinal de la protesta estudiantil es el reclamo del cese de las inversiones y relaciones de las universidades con empresas militares estadounidenses vinculadas y proveedoras de la maquinaria de guerra industrial israelí.

Es un asunto sensible, pues el dinero opera silenciosamente y son lazos protegidos y casi impenetrables. Exigir la desinversión de industrias específicas es una tarea complicada por la opacidad de los acuerdos de financiación e inversión del sector universitario, así como asignaciones federales para investigaciones y proyectos militares.

Desde su surgimiento el Estado de Israel requirió del robo de tierras coloniales, hojas de ruta para la limpieza étnica, produjo la expulsión masiva de palestinos de sus tierras ancestrales, y consideró a los niños palestinos como amenazas demográficas.

El genocidio que ahora se produce en Gaza le ha abierto los ojos a buena parte del estudiantado y del pueblo estadounidense. Ante ello algunas autoridades universitarias llaman a la policía y se atrincheran contra la amenaza que representan sus propios estudiantes y sus incómodos emplazamientos.

No son solo los cada vez más militarizados departamentos de policía los que utilizan las porras contra los estudiantes, sino que se hace evidente que la mano dura y la intolerancia tienen respaldo y son incentivadas por gobernadores estaduales y desde el Gobierno federal.

La administración y el Congreso se enfrentan a un mayor escrutinio público, mientras que el presidente Biden puja por calmar a la opinión pública y trata de evitar, con incoherencias, que las manifestaciones contra su contubernio con la masacre israelí en Gaza impacten sobre el electorado demócrata y afecten sus pretensiones reeleccionistas.

Las manifestaciones y los arrestos se han extendido a los campus universitarios de todo el país en un grado que recuerda las protestas contra la guerra de Vietnam. Ya son más de 40 los centros universitarios donde son masivas las protestas y se estiman en más de 2 000 los arrestos.

En California, la policía antidisturbios invadió el campamento de solidaridad con Gaza en el campus de UCLA, realizó arrestos y desmanteló violentamente el lugar de la protesta pacífica. Los estudiantes informaron de heridas graves cuando los agentes dispararon balas de goma y granadas aturdidoras.  La policía también realizó decenas de arrestos en los campamentos de solidaridad con Gaza en Dartmouth College, la Universidad de Wisconsin, la Universidad de Arizona y en muchas otras.

El alcalde demócrata de la ciudad de Nueva York, Eric Adams, defendió las redadas policiales y aludió al manido argumento de supuestos «agitadores externos» que, según él, tratan de «radicalizar a los jóvenes». En algunos lugares, las falsas narrativas de los políticos atraen a turbas enojadas de extrema derecha a las puertas de los recintos.

Por otra parte, asambleas administrativas de varias ciudades han votado a favor de resoluciones que piden un alto el fuego.

Tal fue el caso, entre otros, de los ayuntamientos de Boston en Massachusetts, y de Tacoma, en la costa oeste, y el de Bloomington, Indiana. En California, el Ayuntamiento de Richmond votó a favor de desinvertir en Israel.

Internamente se extienden las expresiones de apoyo al estudiantado, como es el caso de los sindicatos de la industria automotriz (UAW), y de la educación (SEIU), dos de los más grandes del país. Este último afirmó que «la supresión de la libertad de expresión sienta un precedente peligroso para todos los que buscan justicia, ya sean estudiantes que exigen responsabilidad institucional o trabajadores que se organizan para obtener mejores condiciones laborales».

Desde Europa, especialmente Francia y Alemania, llegan las mismas imágenes de dura represión policial contra campamentos estudiantiles, detenciones y expulsión de estudiantes y profesores.

Al respecto, la relatora de derechos civiles de la ONU recientemente expresó: «La crisis de Gaza se está convirtiendo en una crisis mundial de la libertad de expresión, especialmente en Occidente».

Independientemente de la firmeza con que EE. UU. y la mayoría de los gobiernos europeos respaldan el sionismo israelí y de la tibieza de algunos gobiernos árabes sunitas para definir sus posiciones, los acontecimientos en Gaza, y las fuertes protestas que han generado, debilitan considerablemente la imagen y la situación internacional e interna del Gobierno de Israel, y se han convertido en un hueso atravesado en la garganta del presidente Biden en sus aspiraciones de reelección este próximo noviembre.

Reproducido de www.juventudrebelde.com

La célula maravillosa

 

 

Especial para En Rojo

 

(1) La imagen asombrosa

De dónde viene todo esto, me digo, abrumada por lo que he visto agolpándose en la pantalla a lo largo del día. ¿En dónde parará todo lo que se precipita, a veces como cascada, golpe de agua o bombardeo? ¿Cuál es el fondo del abismo? En eso pensaba cuando apareció la imagen de la célula: «Aquí la impresionante imagen de una célula humana.»

La miro. La miro bien. Es una maravilla interplanetaria, nada de los modelos tiesos y concéntricos de mis tediosas clases de ciencias en séptimo grado. Ésta es una pieza enigmática, llena de recovecos y siluetas semejantes a monstruos marinos, seres mitológicos, entrantes y salientes de un laberinto maravilloso. Invita más a la duda que a la certeza, más a la sorpresa del caos que a la previsibilidad científica.

Se convierte inmediatamente en mi célula favorita. Las otras, las de mi recuerdo escolar, parecían un bombón extraño, una dura esfera de juguete o una nuez rellena de gomitas. Esta no, ésta parece blanda y flexible. El corte transversal le da un aire de aparición magnífica, cueva o vagina milagrosa, origen del mundo; invita a pasar adelante, ven, piérdete en sus recovecos, ven a asomarte al asombro.

Asomada ya, descubro, en una imagen de acercamiento, más cositas y cositos, esferas, caminitos, autopistas, cables o cuerdas tensadas, infinitas poblaciones de criaturitas igualmente misteriosas, algún planeta mallado, circuitos o jardines en confusa cartografía. ¿Qué es esto?

No conforme con esta ilustración dominguera, me instalo frente a la caja mágica, tecleteo y al rato tropiezo con varias animaciones en tres dimensiones: una hermosa célula cancerosa que parece una rama florecida, otra que parece un brócoli sicodélico, y un campo sembrado de torres amarillas que representa las células de la piel.

Sospecho que los colores son falsos, que, aunque me parezcan tan armoniosos, posiblemente sirvan para definir mejor sus contornos o respondan a alguna clave como en las cartografías. ¿De qué color son las células? le pregunto al espejito mágico, y Jesica Cortés y Daniel Hernández, de la Universidad Veracruzana, me responden: las células son transparentes y en su mayor parte incoloras. Como son transparentes, se usan colorantes que «tiñen los componentes celulares en forma diferencial». Aquí los causantes del aspecto psicodélico: hematoxilina, eosina, azul de metileno, cristal violeta o la safranina, dicen. A mí todo me suena a farmacopea y quimioterapia, pero me doy por enterada.

(2) La verdad de aquella imagen

Tiempo más adelante leo en un artículo de AFP Factual, la verdad sobre aquella imagen fascinante. Durante la pandemia, cuando pasábamos más tiempo sentadas como yo hoy aquí frente a la pantalla, navegó esta imagen por las mentirosas redes como «la representación más detallada de una célula humana», cuando en realidad era la interpretación artística de una célula animal. El embuste encantador era más elaborado, pues el calce decía: «La representación más detallada de una célula humana hasta la fecha, obtenida por radiografía, resonancia magnética nuclear y microscopía crioelectrónica». Los términos eran lo suficientemente crípticos para ser verosímiles, pero resultó ser un engaño. El artista era Russell Kightley, un ilustrador australiano que publicó en 1981 la imagen de esa «célula animal típica dibujada a 50,000x tamaño natural» para BioCam. AFP informa en su página que, en su respuesta del 12 de mayo de 2022, Kightley les explica que es «una imagen pintada originalmente y hecha con fines educativos hace más de veinte años». Nada de radiografías, resonancias magnéticas nucleares y microscopía crioelectrónica, aunque suene tan elegante.

Su aspecto de objeto mágico es, según cuenta el propio artista, intencional: «Quería que tuviera el aspecto de un joyero abierto, con brillo y dramatismo. Los colores son arbitrarios, pero durante muchos años he pintado las membranas plasmáticas con un verde azulado y el ADN en rojo o violeta», declara. A mí, sin embargo, me conmovieron más las formas de la célula magnífica que los colores, sobre todo su falta de simetría que empalidece los aburridos modelitos con los que representaban las primitivas células de mis clases de biología. Por otro lado, resultó ser que nuestras células, según la ciencia, no son muy distintas a las de otros animales, al menos en tamaño y composición de la información genética, así que el mentiroso dibujo de Kightley no está tan lejos de la verdad, y bien merece nuestro asombro.

(3) La danza de la célula

Semanas después de la maravillosa imagen que me recordaba más un templo maya perdido en la selva que la catedral de Chartres, aparecía la noticia de las dos mujeres en una, la prueba fehaciente de que no era el ADN, como pensábamos, la responsable de nuestra huella única, sino la Maravillosa Célula, la que encierra en uno de sus muchos laberintos, el secreto de cómo se distingue un ojo de un riñón y hasta dónde llega la mano. El caso era el de Karen Keegan, una mujer de Boston que llegó a pensar que dos de sus hijos no eran suyos durante su desesperada búsqueda de un riñón sustituto. Resultó que Karen tenía dos secuencias distintas de dos genomas diferentes, dependiendo de la célula que se analizara. ¡Dos personas en una! Ésta es la prueba, según Alfonso Martínez Arias, de que el ADN no es el que define nuestra identidad como se había establecido a finales de siglo pasado. El investigador afirma que los genes no son los que definen la singularidad de una persona, sino la célula. No hay instrucciones en el ADN para la especialización de las células, esa que distingue el hígado del pie derecho. Dice Martínez Arias: «la auténtica maravilla es cómo un mismo genoma puede construir estructuras tan diferentes como un ojo y un pulmón en el mismo organismo. Demos a las células el crédito que les corresponde». Este descubrimiento es el que explica, posiblemente, y según el artículo, el fracaso del primer gato clonado en el 2001, el rayado Copy Cat, que frustró el deseo de aquellos que deseaban la inmortalidad de sus mascotas.

Ese día descubrí la maravilla de la gastrulación, qué hermosura, que Martínez Arias describe como «una danza celular con una coreografía perfecta», y ocurre a los catorce días de la concepción, «un baile que dura seis días y termina con la diminuta esfera convertida en el primer boceto del individuo. En esa nueva estructura de 20 días ya son distinguibles los tres ejes de la futura persona: izquierda y derecha, arriba y abajo, vientre y espalda.» A las dos semanas, cuando se llega a las cuatrocientas células, se inicia la danza de la gastrulación, y las células, todas con exactamente los mismos materiales de ADN, van especializándose y transformándose en cerebro, hígado, corazón, pie derecho. Todavía no se sabe cómo lo hacen, pero por ahí van.

Vuelvo a mirar la ilustración de la célula. Me perdería por ahí, por cada uno de esos pequeños laberintos. ¿Qué eres? ¿Sapo, becerro, muchacha? ¿Y esto, qué será? ¿Un ojo, un riñón, una espuela?  Y un poco más allá o un poco más adentro: ¿serás ingeniosa, alegre, víctima, victimario? Es difícil todavía adivinar, a partir de esta maravilla, quién o qué y cómo, la vida, el devenir, la emoción se distribuirán en esa danza.

 

(4) Ironías de la vida

Por esa maravilla, esa perfección inexplicable, es que me parece tan abominable la violencia, toda. Y pienso no sólo en los bombardeos de Gaza, sino también en el odio de los hombres mujericidas, esos que tratan el cuerpo de la muchacha como una cosa, que después de acuchillarla son capaces de decirle al cómplice que hace amagos de vomitar: no te preocupes, esa cosa no te va a hacer nada. Una cosa no fue nunca, siempre fue una hija de la misteriosa coreografía de las células; cómo es posible que tú también, hermano cruel y monstruoso, te hayas compuesto del mismo polvo de oro, en la misma danza de esos maravillosos veinte días.

Ante ese perturbador pensamiento, marco la hora del reloj: 4:40 y tomo nota. Es la hora del asombro, de lo tremendo y tenebroso, cuando se escucha trinar el pájaro que canta, tuit arriba, tuit abajo, cuando sólo un ladrido lo acompasa, y se escucha el rumor de la avenida, que a esta hora suena como el agua. ¿A dónde van tan rápido y temprano? ¿Quiénes serán hoy ustedes, breves conjuntos de células prodigiosas?

Un presente hambriento que crece

 

 

Especial para En Rojo

 

Hablar de hambruna sin establecer de entrada la crasa desigualdad en la que vivimos los seres humanos es un error. Pero omitir que la responsabilidad es compartida en una perversa cadena entre los estados que rigen los casi 200 países y los ínfimos líderes de élites transnacionales es una hipocresía. Vivimos en un espacio radicalmente dividido en el que coexisten un mundo opulento y un mundo pobre. Siendo una parte más responsable que la otra, pero ambas compartiendo la misión de ignorar a las 2,000 millones de personas hambrientas (dato hasta 2023).

El mundo, radicalmente dividido, tiene que prestarle oído y corazón a la cifra anterior. Aunque entre la barahúnda de intrascendencias que se amontonan en los medios el dato es muy impactante, en el fondo es solo una pieza suelta de información. Solo una más, lamentablemente. Que una mayoría –poderosa y cruel mayoría–  elija usar las redes globales de comunicaciones no para involucrarnos y concertar aceleradamente el desbalance de la desigualdad, sino para distraerse y olvidar los datos de nuestro derredor es asqueante.

Si bien, como nos ilustra el cuerpo investigativo del historiador y periodista Martín Caparrós, la pobreza es un concepto preocupante y relativo a la media de ingresos de cada sociedad, sabemos que existen hace más de tres décadas –y progresivamente– mil millones de personas que no siempre pueden comer. Que tras su último bocado viven en la incertidumbre de si volverán hacerlo. Miles de millones de personas no tienen agua potable ni acceso a la electricidad. “Que esas personas suelen ser las mismas, pero a veces no”[1].

Pues además de la hambruna o inanición –que en mayor o menor grado sabemos que existe– y que equipara en cifras a la cantidad de personas que componían la humanidad hace dos siglos, se suma otro grupo creciente de personas que sufren emaciación grave, una desnutrición tan aguda que los coloca en una etapa muy cercana a la muerte. Según cifras recientes del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) esta crisis humanitaria afecta a 13, 6 millones en etapa de niñez, menores de 5 años en todo el mundo.

Desde el 2016 la emaciación va en aumento y no solo en el mundo pobre sino en países relativamente estables, que debido a conflictos geopolíticos o por el mero cinismo del espíritu de los tiempos (me permito enfatizar) quedan del lado vulnerable e injusto. La mayoría de los hambrientos sigue perteneciendo al sur de Asia, los indios y bengalíes; a los países de África, que no paran de aumentar, se estima que son unos 240 millones; y en América Latina son 50 millones.

 Lo que más frustra es que con redistribuciones modestas en sus presupuestos, todos los estados con voluntad pueden disminuir y hasta revertir este ataque a la humanidad. No existe ningún argumento, que no sea de óptica perversa, para que con todos los avances técnicos en la producción de alimentos en este presente sucio la humanidad coma adecuadamente lo que necesita.

Un infante que sufre emaciación tiene 11 veces más probabilidades de morir porque este déficit transforma enfermedades comunes infantiles (catarros, bacterias) en enfermedades mortales. Asimismo aumenta el desarrollo de condiciones severas de salud –que les afectará de por vida. Razón por la cual un grupo creciente de personas tendrá dificultades en su desarrollo y alfabetización. Cifras palpables que, en su mayoría, tiene relación a largo plazo con casos de rezago académico o deficiencia en habilidades básicas.

A pesar de ello, la idea de que los estados son incapaces de gestionar empresas eficientes ha sido utilizada complacientemente para que entren –con apenas limitaciones legales, y cada día más– corporaciones y empresas privadas que “puedan proveer servicios mejores”. Este panfleto de agenda clara para perpetuar la desigualdad ha convencido a millones de personas.

Las andanadas de los movimientos obreros del siglo pasado, los reclamos e insultos a la burguesía, primero; décadas más tarde a los intereses del capital logrados, y por supuesto las distintas etapas del activismo de las mujeres consiguieron bienestar colectivo no visto antes, muy significativo (vivienda, educación, seguridad social, entre otros). Pero también una hendidura profunda y paralela a estos procesos se instaló entre las sociedades ricas y las pobres; en las sociedades insertadas en políticas ex coloniales y coloniales, que perviven extorsionados con la economía del visitante o la del desastre, por mencionar solo dos. De manera que el panfleto  neoliberal glorificado en torno a que “las riquezas del poder se derramarán sobre los más desaventajados” sabemos dónde y cómo anda.

Claramente sabemos que el hambre y/o la malnutrición son producto de la desigualdad no ocurre porque es un problema técnico o que no hay tierras ni gente que las cultive, como reza otro de los panfletos preferidos, es un asunto de intereses políticos y económicos. No es la gente pobre que no puede acceder a los alimentos sino que la producción y distribución con todos sus fases lucrativas “está pensada para que no todas las personas  pudieran comer y algunos pocos ganen más dinero”[2].

Se calcula que con los 100 mil millones de dólares de impuestos que evaden las empresas norteamericanas cada año se avanzaría a acabar con el hambre por toda una década. Pero la desigualdad es un esquema, no es un origen, sino una desgraciada meta.

 

[1] Caparrós (2024) El mundo entonces una historia del presente, Random House p. 46.
[2] Caparrós (2024)

Vanesa vino  a castigarnos las ganas.

Fotos: Johanna Emmanuelli

 

 

Especial para  En Rojo

 

Conocí sobre Vanesa Martín como ella dice que desea dejarse conocer, de boca de una fan. Acudí a su primer concierto en el 2022, que me pareció un espectáculo puntillosamente artístico, desde el diseño de luces hasta el de la programación de canciones y la performática de la cantautora. Martín es una cantante muy popular, como lo demuestra la acogida de sus últimos 4 discos que han llegado a primer lugar en la primera semana de ventas en España. Sin duda mucho de su proyección se debe a su participación constante en los medios televisivos españoles y su diaria presencia en las redes, a las que sube videos no solo de sus recientes creaciones, sino de su vida personal. Es, sin duda, la estrella millenial par excellance. También sospecho que sus manejadores han desarrollado una estrategia de mercadeo que dispone, sobre todo, no permitir vacíos y proyectarla accesible.

Vanesa Martín CBA 2024

Esta vez llegó a Puerto Rico con un concierto que, se nos dice, abre su Gira Exclusiva 2024, meses después de terminar en diciembre su gira Placeres y Pecados, su álbum más reciente. Ella misma indicó para la prensa del país que el concierto en Puerto Rico era un concierto puntal, y que sería un recorrido por su carrera. Ante eso, acudí con muchas interrogantes. Efectivamente, este concierto no fue la presentación usual que se espera de un concierto de una diva. Sospecho que esta gira fue un invento de Warner, su casa disquera, o de su equipo de producción, para mantener su presencia más allá de los mares. En este concierto no hubo un diseño artístico de luces, los músicos se perdían en el escenario, no hubo el usual cambio de vestimenta; tampoco estuvo acompañada de sus músicos, excepto dos. El listado de canciones que recibió la prensa lo cambiaron unos minutos antes de comenzar, como si todavía estuvieran en ensayo. El concierto abrió y cerró con la misma canción, He sido, que se ha convertido en un himno gay, desde que ella la escribiera y cantara para las celebraciones de Orgullo del 2023. Esta canción era evidentemente central en este concierto porque el público recibió unos agitadores lumínicos con luces arcoíris junto a una hoja con instrucciones de que se prendieran durante el coro de He sido. Confieso que, como lesbiana, disfruto la canción y me enternece que Martín haya finalmente sobrellevado miedos y logrado sentirse fuerte y libre para exigir públicamente reconocimiento de su vida. Pero todo esto solo abonó más interrogantes sobre el evento.

Sin embargo, y a pesar del evidente propósito excesivamente comercial de este concierto, el dominio de la presencia escénica de Vanesa Martín logra excusar cualquier tropiezo. Su voz, aunque no estuvo a la par de su anterior presentación, quizá por los aires acondicionados puertorriqueños que le habían afectado la garganta, es siempre una delicia. Si alguien dudaba de su presencia en este archipiélago, solo tenía que escuchar a un público eufórico cantar cada una de las canciones, lo que en ocasiones provocaba silencios de la cantautora. Martín tiene una fanaticada fiel y exhuberante, en ocasiones impertinente.

Vanesa Martín CBA 2024

El concierto fue, como anunciado, un recorrido por su carrera:  Y vuelo, Punto y coma, Polvo de mariposas, Inventas, hasta dos popurrís en los que incluyó, entre otras,  Hábito, Tiempo, Trampas, Arráncame. Por casi dos horas nos sumergimos en lo que una amiga apalabró “imágenes imposibles”. La poética de Martín, que se concentra en el desamor, me produjo momentos de verdadera introspección como durante Después de soltarnos y No te pude retener, y no deja de sorprenderme con sus construcciones de contrasentido. Por primera vez cantó en vivo El nudo, lo que arrebató a la audiencia. Junto a  Elisanij, interpretó Mi amante amigo, de su autoría pero éxito de Rocío Jurado, en lo que pareció más una imposición para dar a conocer la capacidad vocal de la joven que una participación con una invitada especial.

Vanesa Martín habló, bromeó, confesó en un espacio de camaradería de una velada entre amistades. Abonó a la informalidad el que el CBA se haya convertido en una plaza de espectáculos que no parecieran requerir de una atención sostenida, por lo que la gente entra y sale continuamente para reabastecerse de alcohol. Me gustaría que su equipo de trabajo lograra desarrollar estrategias más efectivas para que las butacas se ocupen. El talento de Vanesa Martín lo merece.