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Mirada al País-Somos Viejos

 

Hace unos días me sorprendí tarareando – exageraría si dijera cantando – una vieja canción de Armando Manzanero titulada “Somos Novios”. Lo curioso es que en mi desafortunada versión confundí la letra y en lugar de “somos novios” dije “somos viejos”. Ignoro que interpretación podrían darle los psicoanalistas al error o “acto fallido”, pero sinceramente creo que no responde a nada de carácter personal sino a la lectura de una noticia reciente en la que se señala que Puerto Rico es uno de los países más envejecidos del mundo.

Según la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL) se proyecta que para el año 2035 – dentro de doce (12) años – Puerto Rico será el primer país de esta región en el que el estrato de las personas de 60 años o más excederá el 35% de su población. Otro informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) destaca que en el año 2021 Puerto Rico quedó en séptimo  lugar con la mayor proporción de habitantes de 65 años o más al comparársele con todos los países del mundo.

Definitivamente, el gazapo de “somos viejos” en mi tarareo está justificado. Se está experimentando un acelerado proceso de envejecimiento demográfico. Esta rapidez no resulta sorprendente a la luz del masivo flujo emigratorio traducido en una extraordinaria reducción del total de la población: de cerca de 3.8 millones de habitantes hace apenas unos trece (13) años a alrededor de 3.2 millones en la actualidad. Puesto que los emigrantes son eminentemente   jóvenes – en edad no solo productiva laboralmente sino reproductiva biológicamente – y entre los que se quedan abundan los “adultos mayores”, como se estila decir ahora, se tiene como resultado descensos en las tasas de natalidad e incrementos en las de mortalidad. De hecho, durante los últimos seis años en Puerto Rico  han nacido menos personas de las que han muerto.

La emigración no solo acelera la inversión de la pirámide poblacional – aumentan los estratos que corresponden a los “adultos mayores” y se reducen los de los “adultos jóvenes” y los de los niños –; también crea vacíos en el mercado laboral. Por ejemplo, continuamente se cita la reducción de los trabajadores de la salud, empezando por médicos y personal de enfermería, a la misma vez que se hace patente la necesidad de sus servicios para una población crecientemente envejecida. ¿Qué se hace? Justo lo que no se debe hacer: pasar por alto las innumerables quejas de proveedores y pacientes relacionadas con los explotadores planes médicos, cuya propaganda manipuladora llega a extremos grotescos, e ignorar el imperativo de instituir un seguro nacional de salud.

Otro “fenómeno” dramático – en este caso ubicado en el otro extremo de la pirámide – lo revela la alteración de la población estudiantil. La matrícula en las escuelas públicas, que hasta no hace mucho superaba los 700,000 estudiantes, es hoy poco más de 200,000. Lo peor es que, aparte de los bolsillos de excelencia de rigor – que deberían servir de modelos a imitar –, no parece haber mejoría en los indicadores académicos. ¿Cómo se ha respondido ante tal cuadro? Que se sepa la única política que se ha llevado a cabo es el cierre desordenado de escuelas o, más bien, su abandono, puesto que ni siquiera se han planificado usos alternos. Y claro, los abultados presupuestos del Departamento de Educación se usan como evidencia del compromiso con la enseñanza  cuando en realidad las prioridades han sido otras: alimentar a una burocracia politizada y beneficiar al enjambre de contratistas privados, locales y extranjeros, que como buitres medran en torno a los fondos públicos. Por eso las transferencias federales desaparecen, se cuelan como agua entre los dedos… Ni hay una política educativa efectiva ni, mucho menos, una filosofía coherente que la inspire. Pero valga retornar al tema de los “adultos mayores”.

Puerto Rico se caracteriza por una baja participación laboral, es decir, el grueso de su población no participa en el trabajo de la economía formal. Hay mucha dependencia, mucha gente “en Babia” y en la economía informal o, dejando a un lado a la actividad criminal, en lo que suele denominarse “chiripeo”.  El hecho es que todos, independientemente de a qué clasificación pertenezcan, envejecen. Por lo tanto, se está acumulando un problema mayúsculo de carencia de seguridad social. ¿Qué se está haciendo al respecto? ¿Existe una política para incentivar la formalización de las actividades socialmente beneficiosas de la economía informal? La gran paradoja es que de lo único que se habla es de la liquidación de los sistemas de retiro de los empleados públicos, sumando así más inseguridad a la ya existente.

Tal vez lo peor de todo es que cuando los jóvenes se van y los viejos se quedan se amplía  la distancia entre unos y otros. Aumentan los hogares aislados, unipersonales. Esto significa soledad, el convencimiento de estar alejado de la interacción social regular. Abundan, cuando disponen de los medios,, los abuelos y las abuelas “en línea”.

Durante los años primaverales se atisba el futuro, se forjan promesas; en los años otoñales el horizonte luce muy cercano, cobran vida las visiones retrospectivas. Esto es natural. Pero si la alteración drástica de la estructura demográfica llegara al extremo  de evaporar promesas, de desquiciar la interacción social y de oscurecer la visión de futuro de forma generalizada, entonces el país correría el riesgo de desdibujarse.

¿Qué se puede hacer? Al menos en parte ya está dicho. Y lo que se ha dicho, y tanto más,  es justo lo que no se ha estado haciendo… No se le pueden pedir peras al olmo. ¿Qué se puede esperar de administraciones gubernamentales – una tras otra — que se ahogan en una piscina de Rincón, que no saben manejar un zoológico en Mayagüez, que quiebran a un monopolio de energía eléctrica, que por razones ideológicas prefieren la individualización del riesgo en lugar de la seguridad colectiva de los planes de pensiones de beneficio definido, que ahogan al gobierno en una crisis fiscal, que saquean las arcas públicas en aras de beneficios privados,  que corrompen todo lo que tocan, que alegremente se someten al dictamen imperial…?  No está mal tararear las canciones de Manzanero – se lo recomiendo –, pero, además, hay que liberarse del manto de política podrida que cobija al país para así poder iniciar el necesario cambio de rumbo.

 

 

 

 

 

Recuerdan al líder viequense Robert Rabin

 

Por la Redacción

La Universidad de Puerto Rico en Humacao (UPRH) invita al público en general al evento “Justicia, amor y paz: Celebración de la vida de Robert Rabin Siegal” en reconocimiento a quien fuera uno de los líderes de la lucha antimilitarista y por la paz de Vieques en los años 1990. El evento se celebrará el próximo martes 28 de marzo a las 10:30 am en el Teatro de la institución. La actividad conmemora también los 20 años del cese del bombardeo en Vieques.

“Rabin fue un amigo entrañable de la UPR Humacao y su partida aún nos duele. Tenía un don especial para convocar y juntar personas diversas a participar en los proyectos que le apasionaban: promover el desarrollo sustentable de Vieques y la documentación histórica”, compartió Ivelisse Rivera Bonilla, catedrática del Departamento de Ciencias Sociales.

Rabin vivió por más de 40 años en Vieques, a donde llegó en 1980 a realizar una investigación sobre el impacto de la presencia militar en la Isla Nena. Fue maestro de historia, activista anti militar, gestor del Festival Cultural de Vieques y director del Museo del Fuerte Conde de Mirasol. A lo largo de cuatro décadas sus colaboraciones con profesores y estudiantes del Sistema UPR incluyeron temas diversos: desde investigaciones arqueológicas, humanísticas, científicas y sociológicas, exhibiciones de arte y presentaciones musicales, de teatro y cine, hasta la creación de la emisora comunitaria Radio Vieques, el proyecto de digitalización del Archivo Histórico de Vieques y la elaboración de propuestas de transformación social junto al Grupo de Apoyo Técnico y Profesional para el Desarrollo Sustentable de Vieques.

En “Justicia, amor y paz” un grupo de amigos y colaboradores compartirá sus reflexiones sobre las aportaciones de Rabin al quehacer cultural, político y social de Puerto Rico. El diálogo contará con la participación de Myrna Pagán de Vieques Vidas Valen, Pedro Adorno de Agua, Sol y Sereno, Ivelisse Rivera Bonilla del Programa de Investigación-Acción Social de la UPRH, Nadjah Ríos Villarini de la Facultad de Estudios Generales de la UPR Río Piedras y Diana Ramos Gutiérrez, gestora del Festival de Cine y Derechos Humanos de Vieques.

“Rabin tocó muchos corazones a lo largo y ancho del archipiélago y la diáspora puertorriqueña. Nuestro humilde homenaje busca re conectarnos con ese espíritu de lucha incansable que fue inspiración para tantos”, explicó Maximiliano Dueñas, catedrático del Departamento de Comunicación de la UPRH y miembro del equipo organizador de estos eventos, junto a Rivera Bonilla y Ramos Gutiérrez.

También colaboran en la organización de esta actividad el Instituto Transdisciplinario de Investigación-Acción Social (ITIAS), Radio Web y los departamentos de Ciencias Sociales y Comunicación, de la UPR en Humacao; el Archivo Histórico de Vieques; la Asociación de Estudiantes Universitarios de Vieques y el Festival de Cine y Derechos Humanos de Vieques. Para más información puede comunicarse al correo fcdhvieques@gmail.com

 

 

Brasil vuelve al mundo

 

Por Eric Nepomuceno

El domingo 26 de marzo Lula da Silva, un nutrido grupo de ministros y 88 empresarios, muchos de ellos firmes seguidores del ultraderechista ex mandatario Jair Bolsonaro, vuelan a China.

El viaje será largo, la permanencia no tanto: son unas 22 horas cruzando aires para una estancia de cinco días en territorio chino.

Además de aspectos políticos de las relaciones entre ambos países –Lula se insinúa, de manera aún contenida, como candidato a interlocutor para el conflicto entre Rusia y Ucrania, por ejemplo–, el viaje girará alrededor el eje comercial.

Socio principal

China es, desde hace ya una década, el principal socio brasileño en el mundo, superando el tradicional liderazgo ejercido (o impuesto) por Washington a lo largo de un larguísimo tiempo.

Es el principal importador de soya brasileña, y también compra mucho mineral de hierro y petróleo. En 2020, por ejemplo, el mercado chino recibió casi 35% de todo que Brasil exportó al mundo.

Desde que asumió por tercera vez la presidencia de Brasil, el pasado primero de enero, Lula viajó a Argentina, Uruguay y Estados Unidos. En cada viaje se reunió no solo con mandatarios de los países visitados, sino también con políticos y empresarios.

En Montevideo, durante la asamblea anual de CELAC –Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeños– realizada en enero, Lula mantuvo encuentros con el presidente cubano Miguel Díaz-Canel, con el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, y con el director-general de la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para Alimentación y Agricultura, Qu Dongyu. Y de paso también con la primera ministra de Barbados, Mia Motley.

La agenda internacional

Hay más viajes en la agenda del presidente brasileño. Ahora en abril, Portugal. A partir de mayo, África (la fecha y los países que serán visitados se negocia intensamente, pero la agenda sigue indefinida).

En septiembre, India y Nueva York, para la Asamblea General de la ONU, escenario de actitudes ridículas de su antecesor, el desequilibrado y mentiroso compulsivo Jair Bolsonaro.

La verdad es que tan pronto asumió su tercer mandato presidencial, el primer día del año, Lula se vio bajo una robusta avalancha de invitaciones para visitas alrededor del mundo.

Uno de sus compromisos más sólidos es precisamente devolver Brasil al escenario internacional, buscando el mismo espacio que empezó a ser conquistado por el entonces presidente Fernando Henrique Cardoso en sus dos mandatos (1995-2002) y se consolidó con él.

Desde la deposición de la presidenta Dilma Rousseff a raíz de un golpe institucional, en 2016, ese espacio empezó a menguar hasta desaparecer con Bolsonaro.

Temas pendientes

La lista de temas pendientes incluye desde la cuestión ambiental y los cambios climáticos, arrollada por el antecesor ultraderechista, hasta el rol de interlocutor importante para dirimir conflictos regionales en América Latina.

La compleja situación enfrentada en Argentina por el gobierno de Alberto Fernández, por ejemplo, preocupa no solo a los diplomáticos brasileños sino también a empresarios.

Otro punto de alta tensión, Nicaragua, es foco de cuidadosos estudios de parte de asesores e interlocutores directos de Lula.

El gobierno brasileño tardó a reaccionar frente a los desmandes cada vez más graves de Daniel Ortega. Y cuando lo hizo fue a través del ministerio de Relaciones Exteriores: al contrario de los presidentes de Chile, Colombia y Argentina, Lula no se manifestó directamente.

Como respuesta a las duras críticas que recibió de interlocutores y asesores, Lula contestó, siempre de manera privada, que optó por preservarse porque presiente que llegará la hora en que la situación nicaragüense alcanzará tal gravedad que será necesaria una intervención conjunta de mandatarios de relieve en la región. Y que él pretende poner el peso brasileño sin haberse involucrado personalmente en críticas anteriores a Daniel Ortega y su actuación cada vez más criminal.

Sí, sí: internamente, Brasil vive una secuencia de problemas de difícil solución. Pero ya volvió al escenario mundial.

Algo es algo, y en ese caso, de gran importancia.

Reproducido de www.pagina12.com.ar

 

La compasión difícil

 

Especial para En Rojo

 

Abrí los ojos esta mañana en la silla reclinable de una habitación de hospital. Desde hace un mes duermo allí la mayor parte de las noches, cuidando y acompañando, por amor y por responsabilidad. El resplandor dorado del sol, que se cuela por los visillos de la ventana que mira al Expreso Las Américas, me anuncia la llegada del nuevo día, aunque allí todos los días parezcan ser el mismo. Lo primero que hago con esos destellos del amanecer, es buscar a mi hermano con la mirada, para darme cuenta de que ya él me está mirando y me sonríe. Es un momento importante, el más importante diría yo. El momento del reconocimiento y de la constatación. Allí estoy con él, allí estamos los dos, juntos.

Hace unos años, otra persona a la que también cuidé y acompañé, me decía que, a veces, cuando abría los ojos y no me veía a su lado, se pellizcaba los brazos como para confirmar que seguía viva. Entonces, pienso en la duda. Esa, que dicen que es como un gusano que se siembra, debería tener siempre protagonismo en nuestras vidas. Porque si bien es cierto que nos impulsa, que nos mueve hacia la constatación de ‘verdades’ reconfortantes lo mismo que a otras terribles, no es menos cierto que además nos brinda la oportunidad de despojarnos de muchas de esas que, bien miradas, no son tan ‘verdaderas’. Para quienes aspiramos a ser mejores seres humanos, la duda puede y debería ser siempre el inicio de una nueva revelación, la que nos permita no tanto confirmar nuestras certezas sino cuestionarlas.

Esta mañana, después de que mi hermano reconociera, con su mirada y el gesto de su sonrisa, mi presencia, mi estar allí con él por el estar suyo en mí (es mi semejante), se me ocurrió la pregunta que siempre me hago ante algunas personas: ¿qué espacio hay para la vida en aquellos que sólo tienen certezas? Decir vida humana es decir contingencia, desamparo, intemperie, vulnerabilidad. Pero más allá de lo irrefutable de esta realidad, hay algo más. Eso que hacemos nosotros para contrarrestar esa condición, la casa que construimos para ampararnos. Ese lugar no se construye con la precisión lógico-matemática, ni en él el esquema causal podría brindar siempre explicación ni consuelo. En ese lugar la suma de dos más dos importa poco si da o no da a cuatro, tampoco el tan famoso «sentido común» del que tanto nos jactamos o el supuesto conocimiento general sirven allí sino para obstaculizar, porque como respuestas prácticas terminan por fijar un sinnúmero de creencias e ideas sin justificación válida en pensamiento crítico alguno. Hasta cierto punto anulan la singularidad del pensamiento propio, la posibilidad de reflexión, porque apelan más a lo que supuestamente es, y no a lo que podría ser.

Cuando hablamos de vida humana, del vivir humano, hablamos de devenir. La vida es un proceso; cambio, transformación. Nacemos, crecemos y morimos. Ante esta realidad de finitud, confiar en el «sentido común» puede que limite nuestras posibilidades, que nos aleje un poco más de nuestro objetivo de ser mejores. La suya no es la lógica de la heterogénea vida humana sino la del orden de las certezas (en su mayoría seudocientíficas) y de las verdades absolutas. Desde esa supuesta lógica común validamos como cierto, sin mayor análisis, lo predeterminado, corriéndonos el riesgo de cometer graves errores de juicio. Sin embargo, dudar no sólo de las falsas verdades sino hasta de lo que se ha probado con evidencia ser verdadero, nos brinda la posibilidad de cambiar lo que domina (el egoísmo y la maldad del mundo). No se trata de ser pendejos sino de dejar de creernos tan listos y comenzar a dudar de nosotros, de nuestra supuesta superioridad moral que nos paraliza bajo la idea de que no tenemos más por hacer. A fin de cuentas, no debemos olvidar que sin reflexión muchas de las certezas que al común de los mortales nos sirven para validar nuestro conocimiento acerca del mundo son un montón de refranes, como esos que dicen que «el ladrón juzga por su condición», «el río suena porque agua trae», y «al pájaro se le conoce por la pluma», etc. De este tipo de ‘verdades’ se alimentan otras creencias muy arraigadas en nuestra sociedad, que impiden u obstaculizan los gestos de bondad y compasión, que reconozcamos al otro como nuestro semejante, la condición que compartimos. Etiquetas, juicios trasnochados, prejuicios infundados, binarismos y dicotomías antagónicas no sirven para aclarar nada, sólo separan; los ‘buenos’ queremos acabar con el mal a partir de la lógica vengativa del ojo por ojo, perpetuando la maldad. Y así es que vamos decidiendo quien merece o no compasión y amparo, quien merece o no atenciones y cuidados, quien merece o no preservar su dignidad, como si no estuviéramos todos a la intemperie.

Hay que dudar de «la moral del mundo» por tullida. «La compasión por la víctima no expresa sino el cumplimiento de la mitad del deber; la otra mitad consiste en compadecer también al delincuente, que cuando no es un loco furioso es un desdichado que negó a su madre y quedó perdido para siempre, en el momento, después del de nacer, más culminantemente fatal de su triste destino humano…», diría el escritor bohemio español Alejandro Sawa en su libro Iluminaciones en la sombra. Es esta «la compasión difícil» de la que habla la poeta y filósofa Chantal Maillard en el libro que tituló de la misma manera. Es la bondad radical, la compasión del que comprende y actúa conforme a las exigencias de la condición humana, del que se reconoce no necesariamente en los actos del otro sino en su igual condición de precariedad.

«Los que aman a sus hermanos son los que han dado el paso atrás respecto a la evidencia de lo que domina. Son los que viven comprometidos con algo que está por encima de las ideas de progreso, socialismo, democracia… Son los que vitalmente han comprendido que estas palabras sólo tienen sentido a partir de ese compromiso» (Josep Maria Esquirol. La penúltima bondad).

Ser bondadosa con mi hermano me es fácil. En las mañanas abrir los ojos a su lado, con la duda de si seguirá con vida es comprensible. Lo difícil y poco común es dudar de la dominante maldad del mundo para que se nos revele que la compasión de algunos es aún mayor.

Sirva esta reflexión como agradecimiento a todas las/los cuidadores. Muy en especial a los capaces de acompañar, amparar y amar a aquellos que conforme a «la moral del mundo» no lo merecerían.

 

 

 

Una mirada a la Sociedad Recolectora de Documentos Históricos de Puerto Rico: a 172 años de su fundación

 

Especial para En Rojo

La Sociedad Recolectora de Documentos Históricos de la isla de San Juan Bautista de Puerto Rico  se constituyó el 20 de marzo de 1851, en Madrid, por un grupo de estudiantes puertorriqueños. Esta es la fecha –el punto preciso en las líneas cronológicas del tiempo histórico– compartida por algunos de sus socios. No obstante, su trabajo investigativo y de colección inició años antes. Para lograr una imagen más clara al respecto, es necesario remitirnos a la figura de Román Baldorioty de Castro. En el 1849, este intelectual puertorriqueño ya se encontraba realizando anotaciones acerca de sus hallazgos en lo que a textos y documentos de Puerto Rico se refiere. Y conviene señalar que, si estaba Baldorioty de Castro, también se encontraba, como parte de este escenario, José Julián de Acosta y Calbo. Ambos se encontraban en la península desde el 1846. Eventualmente se les uniría Alejandro Tapia y Rivera en el año 1850. Estudiar a estos tres puertorriqueños es profundizar en los inicios de una historiografía puertorriqueña desde una perspectiva “regional” y de identidad.

¿Por qué una sociedad “recolectora”? En la primera mitad del siglo XIX la historia de Puerto Rico aún era desconocida. Los estudiantes puertorriqueños que viajaban a Europa a estudiar en el decenio de 1840 no contaban con alguna información “estructurada” acerca del pasado de su país. Alrededor del 1846, el mismo José Julián de Acosta expresaría en su “Diario de viaje”: <<yo me consagraría gustoso, muy gustoso, a esta investigación. Intentaría escribir la historia de mi patria, que no existe, probándole así mi amor y haciendo un servicio a mis conciudadanos>>. La investigación a la que se refiere Acosta es a la investigación en archivos, y su patria en este contexto es Puerto Rico. Baldorioty y Acosta compartían este interés por estudiar la historia de su territorio natal. La consciencia histórica era parte de su pensamiento. Ambos estuvieron en Europa desde el 1846 hasta el 1853 y aprovecharon ese tiempo para investigar, coleccionar y transcribir documentos a pesar de la cargada agenda académica que tenían como estudiantes de “Ciencias Físico Matemáticas”. Ellos lograron entrada a una red de intelectuales españoles y antillanos en la metrópolis. Uno de los espacios de reunión era la residencia del cubano Domingo del Monte –venezolano de nacimiento– quien contaba con su propia biblioteca y había iniciado con el trabajo de reunir documentos sobre Cuba. Entre estos documentos de Del Monte también se podían encontrar acerca de Puerto Rico, y el antillano no dudó en facilitarle esta documentación a los dos estudiantes puertorriqueños. Fue en esta biblioteca particular que se encontró la obra del 1788 de Agustín Íñigo Abbad y Lasierra, religioso español que escribió  Historia geográfica, civil y natural [política] de la isla de San Juan Bautista de Puerto Rico.

El trabajo acometido por este colectivo de estudiantes puertorriqueños fue muy significativo. Baldorioty, Acosta y Tapia no estaban solos en esta encomienda que ellos mismos se impusieron por el compromiso social e intelectual y la consciencia histórica que les caracterizaba. También fueron parte de este grupo Ramón Emeterio Betances y Segundo Ruiz Belvis, entre otros. Estos intelectuales puertorriqueños iniciaron un trabajo de colección, traducción y transcripción en el mismo territorio del conquistador. La conquista era “omnipresente”, trascendió los territorios mismos e invadió la voz y la escritura de la historia que representaría a las nuevas sociedades coloniales. El trabajo que iniciaron los intelectuales –los denominados como “historiadores coloniales” por Christopher Schmidt-Nowara– de estas nuevas sociedades implicó interpretar y deconstruir desde la colección misma. A Román Baldorioty de Castro se le identifica o reconoce como <<el que mayor parte tuvo en la concepción del pensamiento y el que mayores servicios prestó en su ejecución>>, a decir de Acosta en el 1866, refiriéndose a la  Sociedad Recolectora. Baldorioty de Castro entrega un informe en julio de 1851, cuatro meses después de ser fundado el grupo formalmente, en el que da cuenta y razón de sus investigaciones.  A partir de esa fecha, Alejandro Tapia y Rivera sería el sucesor de Baldorioty, y es quien logra la entrada a la Biblioteca de la Academia de la Historia en Madrid. Tapia entraría a uno de los recintos “sagrados” de la conquista. Acosta y Baldorioty ya debían partir hacia otras regiones de Europa por compromisos académicos ineludibles.

A ello se dedicó la  Sociedad Recolectora,  a investigar y a reunir toda la documentación referente a Puerto Rico de los siglos XVI hasta principios del XIX. En esta literatura histórica primaban las voces de los representantes de la conquista y la colonización española, es decir, de los viajeros, funcionarios, militares y religiosos europeos. Luego de fundarse la Sociedad  a la que aludimos, por iniciativa de Baldorioty, la [“nueva”] historiografía puertorriqueña integraría las voces de los intelectuales decimonónicos que ya hemos mencionado en el desarrollo del presente texto. Iniciaría entonces el discurso histórico “regional” de una Generación historiográfica de puertorriqueños. La Biblioteca Histórica de Tapia (1854), Las “Notas” de Acosta (1866) –a la  Historia  de Abbad– son parte de este discurso histórico regional. Proponemos también que  La palma del cacique  (1852) de Tapia y  Los dos indios  (ca. 1855) de Betances deben estudiarse como parte de este contexto de una Generación historiográfica del 1850.

Con todo ello, conocer acerca de la Sociedad Recolectora es esencial para comprender el pensamiento y la escritura de esta generación de historiadores decimonónicos. Esta generación surge de la denominada “vanguardia universitaria” –fórmula conceptual utilizada por Francisco Moscoso–, fundadora de esta  Sociedad  en Madrid. Y es menester mencionar que esta Sociedad Recolectora  y la  Generación historiográfica  tuvieron como espacio “originario” de ideas al Seminario Conciliar de San Ildefonso. Por ello insistimos en que el Seminario Conciliar, situado en la ciudad murada de San Juan de Puerto Rico, debe permanecer accesible y público. Este edificio es un símbolo de nuestra identidad. Le pertenece a los puertorriqueños y a las puertorriqueñas.

 La autora es Doctoranda en Historia en la UPR-Río Piedras.