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Editorial     En manos del pueblo el freno a la corrupción

 

Hace unas semanas la prensa de Puerto Rico publicó acerca de la gran cantidad de fondos con que cuenta el gobernador Pedro Pierluisi para su campaña de reelección por el Partido Nuevo Progresista (PNP) en 2024. Decía la noticia que, entre todos los actuales y potenciales candidatos políticos, ninguno se acerca  a Pierluisi en dinero disponible para su campaña. También se ha sabido que las arcas de fondos por donativos políticos de la comisionada residente, Jennifer González, están muy bien surtidas, lo mismo si decide aspirar nuevamente al cargo que ocupa que si reta en primarias a Pierluisi por la principal candidatura del PNP, como se especula fuertemente que ocurrirá en los corillos políticos y mediáticos del País.

No se divulgó información, sin embargo, sobre nombres de donantes, ni cantidad de donativos, ni nada específico respecto a los mismos. Sólo se ha dicho que ambos candidatos cuentan con cantidades considerables de dinero para sus campañas.  Esta es una información que el País debe conocer en su totalidad y con todo detalle porque va a la raíz de la corrupción pública y privada, el peor mal que nos ha dejado la trayectoria política mediocre y decadente del binomio PNP-PPD, los partidos coloniales que se han turnado la administración del gobierno en Puerto Rico con un saldo tenebroso de cientos de casos de corrupción, que han escalado de manera vertiginosa particularmente durante los últimos treinta años.

La raíz de esa corrupción está en el modelo de financiamiento de las campañas políticas de los partidos en Puerto Rico- copiado del de Estados Unidos- mediante el cual las campañas de los partidos y sus candidatos se nutren de donativos de fuentes privadas. Individuos, corporaciones y entidades que, a cambio de sus donativos, pueden compra el acceso a los candidatos y candidatas con potencial de prevalecer para beneficiarse de alguna manera individualmente, o adelantar alguna meta de sus negocios actuales o futuros. La corrupción pública y privada en Puerto Rico florece a través del nepotismo, el amiguismo y el desarrollo de claques partidistas, que se reparten los empleos de confianza y los privilegios y prebendas que estos conllevan. Otra vía para la corrupción son los contratos a individuos o entidades privadas, que figuran entre los donantes de dichos políticos, para que desarrollen proyectos u ofrezcan servicios que serán pagados con fondos públicos. La llamada “obra pública” que tan importante es para los políticos, viene de manos de empresas o firmas privadas de donantes bien colocados.  El entramado de la corrupción incluye la compra y venta de permisos, que se  detengan o inicien investigaciones, que se violenten procesos, reglamentos y leyes, todo en aras de prevalecer en la carrera desenfrenada por el poder que les permitirá enriquecerse y enriquecer a los suyos.  El veredicto unánime de culpabilidad emitido por un jurado contra  Sixto George la semana pasada es solo el desenlace del caso más reciente, el cual  pone en evidencia el alcance de la corrupción pública y privada en Puerto Rico, en una situación donde, mediante soborno y extorsión, se pretendió mantener en el puesto a un gobernador cuyos días estaban contados.

Esa corrupción es la que permite proyectos sin rendición de cuentas, como el puente Atirantado relleno de cartón, o las escuelas de “columna corta” que se desplomaron con los terremotos del suroeste, o el gasoducto subterráneo que no se construyó, pero que se pagó con decenas de millones de dólares al “contratista”, o las escuelas públicas que se cerraron para venderse al mejor postor o para ser objetos de trueque, como ya una vez había ocurrido con los hospitales públicos y el desmantelamiento de nuestro sistema de salud, o la vergonzosa lista de alcaldes y altos oficiales municipales acusados por aceptar sobornos de contratistas privados para el asfaltado de calles, o el recogido de basura y escombros, entre decenas de situaciones que se suceden una tras otra, año tras año.

Esa corrupción es la que ha permitido también el asalto y destrucción de nuestro medio ambiente, recursos naturales y patrimonio edificado, como las construcciones ilegales en zonas  marítimo- terrestres de nuestros cuatro puntos cardinales, Vieques y Culebra, como la piscina del Condominio Sol y Playa en Rincón, o la ocupación ilegal y destrucción de lugares protegidos de alto valor ecológico, como  Bahía de Jobos en Salinas o la Cueva de las Golondrinas, en Aguadilla. O como la construcción sobre un humedal en Luquillo, o los intentos de impedir el acceso a las playas públicas de Ocean Park y Dorado, o la proyectada venta del histórico parque Sixto Escobar para que el nuevo dueño del Hotel Normandie construya un estacionamiento de huéspedes, o la destrucción y desalojo de  vecindarios y comunidades históricas, como Puerta de Tierra, en la codiciada isleta de San Juan.

Mientras Puerto Rico siga gobernado por el binomio PNP-PPD, será imposible conocer el alcance real de la corrupción pública y privada,  y mucho menos comenzar a detenerla. Por eso, hay que seguir protestando y denunciando cada situación. Además, ya el 2024 se acerca y los puertorriqueños y puertorriqueñas indignados con la corrupción, que decidan votar, tendrán en sus votos la herramienta para comenzar la limpieza que saque la corrupción de la política puertorriqueña.

 

Los permisos y las violaciones de Aguadilla Pier

 

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

La organización Salva Aguadilla, una de las que participa del Campamento Pelícano, movimiento que ha denunciado de la construcción sobre la cueva Las Golondrinas y de  la pretensión de demoler las estructuras históricas del Puerto de Azúcar de Aguadilla, compartió con CLARIDAD el trasfondo  del proceso de permisos para la construcción del proyecto Cliff Hotel& County Club.Este colectivo fue el que logró que el litoral costero conocido como Las Piedras y Crashboat fuese designado como la Reserva Natural Pelícano y la Reserva Marina Crash Boat.

La pruebas presentadas confirman que en agosto del 2018 el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE. UU. (USCI) y el DRNA le aprobaron un permiso de emergencia a Aguadilla Pier Corporation para reemplazar algunos de los pilotes destruidos por el huracán María en el Muelle de Azúcar. Luego, en junio del 2019, una Evaluación Ambiental (EA) del DRNA identificó que el desarrollador violó la Ley 241 de Vida Silvestre con la destrucción del mogote.

Un mes después, en otra EA presentada por el desarrollador, este no identificó los mogotes, las cuevas ni presentó estudio de suelo o geológico. En septiembre se identifica que el proponente no siguió las recomendaciones de la Oficina de Gerencia y Presupuesto para el deslinde de la zona marítimo terrestre, por lo que ese deslinde también está siendo impugnado

En el 2021, específicamente en marzo, Román González solicitó al Banco de Desarrollo Económico un incentivo económico para la construcción del condo hotel.  Según Salva Aguadilla, esta solicitud no aplica debido a que los terrenos están clasificados como ‘Residencial de alta intensidad’ en el Plan de Uso de Terrenos del 2011.

En el 2022, la Agencia Federal de Protección Ambiental (EPA) también emitió una orden de paralización a la remoción de terreno, por no contar con el permiso para el control de sedimentación y escorrentías, que son violaciones a Ley de Agua Limpia.

El mismo modus operandi

 “En este caso lo que ocurre es que estamos viendo cómo el sistema de permisos está roto y cómo el haberle retirado poderes al Departamento de Recursos Naturales  y al Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), entre otros,  lo que ha hecho es dificultarle el trabajo a esas agencias”, reaccionó la representante Mariana Nogales Molinelli al planteamiento de CLARIDAD de que el desarrollo del caso de Aguadilla es uno similar a la controversia de la construcción en la playa Los Almendros en Rincón. Esta confirmó que en el caso del  DRNA  se le ha  impedido la entrada a los vigilantes para que puedan revisar el estado del plan de manejo del control de erosión y sedimentación y que desde el año pasado existe una orden de cese y desista contra  la construcción por no tener el citado plan.

Sobre la orden de demolición de las estructuras encima de la Cueva las Golondrinas, censuró que  el desarrollador Román González lo que hizo fue meter dentro de esa orden de demolición, de manera intencional para retrasar los procedimientos, las estructuras del muelle de azúcar, las cuales el ICP  dijo que no se debían demoler. Nogales Molinelli dio crédito a que en el memorial explicativo del DRNA figura la posición del ICP.  “Recursos Naturales,  dijo que no,  que las estructuras que dijo que se demolieran son el potrero y el salón de actividades. En ningún momento el DRNA ha solicitado, ni  exigido ni ordenado que se demuela el almacén ni el tanque de azúcar. Él lo metió porque es parte de su proceso de destrucción”.

Además de la orden de demolición del DRNA, ante esta agencia hay también la  impugnación del deslinde de la ZMT y hay un referido  de los profesionales autorizados que presentaron la documentación que indujo a error al Gobierno. Por parte de la Oficina de Gerencia y Permisos (OGP), no se atiende la situación de manera acelerada alegando que  hace falta un permiso de demolición, denunció.

Nogales Molinelli explicó que se supone que hasta tanto no se atiendan todos los señalamientos anteriores la construcción se encuentre detenida por completo. No obstante, denunció en tono crítico que  la parte de fiscalización del sistema de permisos tiene los huecos para que el interesado tenga la capacidad de continuar la construcción.

“Hay otro factor que creo se ha hecho con toda la intención: es que hay dos permisos para el mismo espacio de Cliff Corp., uno presentado en el 2021 y otro en el 2022”. Esto también lo denunció Salva Aguadilla. Precisó que así sale en el portal de la OGP, “y esa persona sigue la destrucción sin una evaluación de suelo ni una evaluación ambiental, solo con una evaluación ambiental del 2021, que es defectuosa, un deslinde defectuoso. Todas las personas que han intervenido, el ingeniero, el personal autorizado, han inducido a error al Gobierno, tienen que responder y enfrentar consecuencias”.

La representante por el Movimiento Victoria Ciudadana (MVC) señaló que se supone que la agencia de gobierno que tiene la supremacía para actuar en todo este asunto es la OGP.  “Pero no lo ha hecho en este caso ni lo va hacer en ninguno otro. La OGP, como sabemos, hay un disloque en esa dependencia, porque está debajo del Desarrollo Económico  y la Junta de Planificación.  Igual es otra de las que ha perdido facultades en el proceso”.

En esa dirección, destacó que el proceso que se ha seguido tanto por OGP como por parte del desarrollador es  el mismo modus operandi de otros casos para lograr permisos. “Ya sabemos cuáles son las causas y qué documentos  buscar en la OGP”. Indicó que antes, en el portal de OGP, los documentos presentados por los desarrolladores estaban disponibles, pero desde que empezó a trabajar los casos de Salinas en enero del 2022, ocultaron los documentos y ahora hay que pedirlos. Esto se lo han confirmado otras personas.

Nogales Molinelli afirmó que el meollo, el origen, del asunto está en la Oficina de Permisos de Aguadilla como  municipio autónomo. Relató  que bajo la administración municipal anterior el director de la Oficina de Permisos le emitió órdenes de cese y desista y detuvo los permisos en contra del proyecto presentado por Román González. Con el cambio de administración, el nuevo alcalde, Julio Roldán Concepción,  votó al director de la OP, y al mes y medio se le volvieron a otorgar los permisos municipales a Román González.

Por su parte, en una acción que es evidente se hizo para lidiar con la oposición ciudadana, en  septiembre del 2022, el acalde Roldán Concepción  radicó una acción en el tribunal demandando  que se demolieran  las estructuras sobre la cueva. A juicio de Nogales Molinelli, el documento que  radicó el alcalde es uno mal trabajado: “Ha arrastrado los pies y modificado sus reclamos al tribunal”. Tanto así, que en  la última vista que se celebró el 4 de octubre del 2022, el  alcalde ya estaba hablando de requerirle a la corporación que presentara los permisos para la construcción, lo que se acordó se haría  en una vista este próximo 10 de febrero. Estas denuncias de la representante, que es una de las iniciadoras del campamento Pelícano, también  circularon en comunicado de prensa el pasado 30 de enero tras el ataque a manifestantes por parte de la empresa de guardia privada SJ Security Police, en el área de la cueva.

La vista de este 10 de febrero es una final y es la única acción sobre la controversia de la construcción que se encuentra en los tribunales. El resto son procesos administrativos en las agencias ya citadas.

A la EPA (Agencia Federal de Protección del Ambiente) se le envió una carta solicitando que vuelvan a inspeccionar para ver si están cumpliendo con la ley de Agua Limpia.

Legislatura se niega a investigar

Nogales Molinelli denunció que la Legislatura se niega a atender una resolución (RC 830) que ella presentó en septiembre. Según dijo, en diciembre preguntó por el curso de la resolución y le dijeron que no tenía prioridad. “Han dicho que es político y no lo van atender”.  El alcalde Roldán Concepción pertenece al partido que domina la Cámara, PPD.

“Vamos a seguir, estamos atacando este caso por todos los frentes. No solo desde mi oficina, sino desde  Salva Aguadilla y otras organizaciones, sabemos que el caso ya ha sobrepasado las fronteras y que la congresista Nydia Velázquez  ha estado al tanto de la situación y ha hecho gestiones con las agencias federales. Yo creo que el Gobierno tiene que meterle mano a este caso y atender la situación. La Cámara de Representantes, si tiene algo de respeto por sí misma, debería atender esta investigación”.

Campamento Pelícano firme contra la privatización de nuestros recursos

"Tiene una mentalidad de hacendado, y la parte de la construcción de las casas está en proceso"Foto: Alina Luciano/ CLARIDAD

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

Desde el 2018, diversos grupos de ciudadanos de Aguadilla han estado denunciando la construcción ilegal y la apropiación de bienes de dominio público en el litoral costero de Aguadilla que alberga el antiguo muelle de azúcar y la Cueva las Golondrinas. Esta apropiación ilegal es obra del “desarrollador” Carlos Román González con su proyecto Cliff Hotel & Country Club.

No fue hasta el reciente mes de enero que los activistas decidieron levantar el campamento Pelícano al ver que los trabajos de la construcción continúan a pesar de la orden del Departamento de Recursos Naturales. “Hace meses, el Departamento de Recursos Naturales emitió una orden de demolición y de paralización de la construcción en general porque no se hizo un manejo de escorrentías adecuado y porque  no se supone que los permisos abarquen para un proyecto tan grande como este”, expone el joven Alvin Alejandro Ortiz, uno de los activistas del campamento.

El  campamento Pelícano se encuentra en los límites que la empresa de Román González, Aguadilla Pier Corporation,  ha impuesto a pasos del antiguo muelle de azúcar en lo que antes era la vía franca que llegaba hasta el muelle y permitía recorrer toda la costa de la playa hasta Crash Boat. En otra acción cuestionable, apostados antes de ese portón, hay Policías Municipales que no permiten que los carros pasen y hay lo que aparenta ser otro campamento de Policías Municipales frente al portón. Estos tienen la clara encomienda de que nadie que no tenga que ver con Aguadilla Pier acceda al sector. En la visita de CLARIDAD se contaron aproximadamente 15 guardias.

“El hombre hizo lo que le dio la gana. Se apropió de un camino vecinal que está registrado hace más de 100 años y que la gente lo utilizaba para correr bicicleta y llegar hasta la playa, tapó lo que era el camino del tren, el camino vecinal, y se apropió incluso de una parte de la servidumbre de paso del alcantarillado de Acueductos”, describió Alejandro Ortiz.

El proyecto de construcción de 86 apartamentos de Román González sí constituye la privatización de la playa y de todo el sector de la cueva. De hecho, ya no se puede pasar a esa parte de la costa de Aguadilla, entre el almacén de azúcar al área de Crash Boat ni a la cueva, a no ser que sea por mar.

Alejandro Ortiz explicó que es irónico porque el “desarrollador” pidió unos permisos para una construcción de un complejo de vivienda; sin embargo, se ha enfocado en crear algo parecido a una hacienda sobre la cueva. “Tiene una mentalidad de hacendado, y la parte de la construcción de las casas está en proceso. Ahora mismo, continúa la destrucción de lo que queda del mogote para hacer las casas. Hay partes en que uno ve de la diferencia del terreno, unos 30 o 40 pies de altitud.  Lo que están trabajando ahora mismo es eso,  aun teniendo una orden de paralización. Se supone que no estén haciendo nada”, reiteró.

La orden de demolición que emitió el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) en mayo del 2022 se refiere a la construcción del gazebo y el potrero sobre la cueva. Agregó que con la construcción se instaló grama, por lo que la  cueva se ha visto afectada al no percolar el agua. La falta de agua en la cueva tiene repercusiones en el ecosistema y daña, no solo los  nidos de las aves,  sino también los de arañas y a la boa puertorriqueña, que se trepa en las estalactitas en el techo para cazar y buscar presas.

Se supone que sobre una caverna no se construya por el peligro de que el peso de las personas y los vehículos pueda provocar que colapse. Además de la construcción ilegal del gazebo y el potrero, el desarrollador removió terreno de la zona cársica para rellenar el terreno de la construcción, que incluye  un campo de golf. “Ahora está coqueteando con la idea de hacer una zona de carga y descarga de combustible para aviones y hacer un tipo de muelle para cruceros”, denunció.

El joven historiador e investigador, quien estuvo presente el día de las agresiones a los manifestantes por parte de la guardia privada SJA Security Police, también ha presenciado cuando funcionarios, ingenieros y agrimensores del DRNA en más de tres ocasiones, así como arqueólogos del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) han intentado visitar la zona para  verificar las colindancias de la ZMT y del resto de los colindantes.  La guardia de seguridad privada no le permitió el acceso a ninguno de estos funcionarios gubernamentales y les exigió una orden judicial para el acceso.

“Al proyectista Carlos Román le permitieron hacer unas reparaciones luego de los huracanes Irma y María y luego comenzó hacer movimientos y terminó apropiándose de la ZMT, de terrenos públicos, la parte del camino vecinal, y tomó parte de la colindancia de algunos vecinos. Si se permite el proyecto,  se privatiza el acceso a la playa pública y el otro sector de la cueva. Aquí tenemos mariposas, aves endémicas del área, algunos animales en peligro de extinción, como el pelícano pardo, cuya población ha disminuido de 300 a 50 ahora tras el inicio de la construcción”.

Mientras, el Campamento Pelícano continúa firme. “Ya hemos hecho varias actividades  educativas y culturales para llevar el mensaje de la necesidad de preservar, además de los recursos naturales, la economía local y el ambiente”, concluyó.

 

Mirada al País: Encuentro entre latinos; solidaridad y microagresión

 

Especial para CLARIDAD

Era un día rutinario. Me encontraba entrando a la estación de Subway en la esquina de la calle 149 y la Avenida Grand Concourse en el Bronx. La estación queda casi debajo del Hostos Community College, uno de los recintos de CUNY y el recinto protagonista de una revuelta de estudiantes que lo tomaron rehén hasta que lograron que se aceptaran algunas medidas antirracistas y antipobreza.

Justo al pasar el punto de pago, se me acercan dos señores, uno alto y negro, otro más bajo que pensé pudiera ser mexicano le acompañaba. “Do you speak Spanish? Sí, le contesté. “que bueno, yo sé inglés pero prefiero hablar en Español, confío más.” Yo también prefiero hablar en Español, le contesté. ¿Eres de Puerto Rico verdad? Sí le dije, y ustedes de donde son? Yo soy Cubano, ya sabes lo que dicen somos las dos alas del pájaro, me contestó mientras juntaba ambos brazos en un esfuerzo por hacerles parecer alas de pájaro. Así mimo dicen, le dije. “Y este es venezolano.” Les dije el consabido, mucho gusto y nos estrechamos las manos.

Quería preguntarle que tren puedo coger para la 125 para cambiar al 6, es aquí.” Sí, en esta misma plataforma coges el 4 y en dos paradas estás en la 125. Al cruzar la misma plataforma está el 6, es mi ruta, nos podemos ir juntos, invité. “A que bueno, mira ahí llega el tren.” Abordamos el tren, que estaba lleno, así que íbamos los 3 de pie, agarrados del tubo que ponen para eso mismo. Miré a mi alrededor, 40% teníamos máscara, el 60% no, incluyendo mis  dos interlocutores. Recuerdo que al principio asumí que iban hacia Manhattan y les pregunto, ¿Ustedes van a Manhattan o regresan para el Bronx? No, regresamos es que vamos para Westchester y es mejor ir a la 125 y ahí coger el 6.  Ahh, pues no lo pueden coger en la misma plataforma tienen que subir las escaleras a la plataforma de arriba. En eso el tren se detiene en la 138 y Grand Concourse, y recobramos la señal de teléfonos por el tiempo que tome que pasajeros salgan y entren al tren. El teléfono del cubano (no voy a poner los nombres) suena y lo contesta, “dime rápido que cuando el tren arranque se pierde la señal de nuevo” le escucho decir. Mientras habla el cubano al teléfono, el venezolano lo señala y con voz y mirada burlona me dice para que el cubano escuche, “ese es el marido que lo está llamando.” Me quedé serio. El cubano engancha y el venezolano le dice, “le dije que ese era tu marido llamándote.” Sigo serio. El cubano le contesta “que carajos te pasa, de que hablas, yo no tengo nada de maricón” mientras se pasa la mano a lo largo del cuerpo, imagino que pensando que su ropa y cuerpo son incompatibles con la palabra maricón. El venezolano se ríe, yo me quedo serio, he hablado ya de esa búsqueda de ratificación masculina en el chiste homofóbico, que utilizan tan bien los Latinos y que no es inocente porque fuerza al interlocutor a reírse e identificarse con el chiste so pena de que le digan maricón a él también. Me dio tristeza. El cubano exclama, “viste, ahora asustaste al hombre y está callado, no habla.” Bueno, lo que pasa es que el marido lo puedo tener yo contesto. El venezolano se queda serio, el cubano abre la boca “¿en serio, nos estás jodiendo.? Lo miro a los ojos sin hablar. Entonces se disculpa y dice, “nosotros no somos así, no juzgamos a nadie” el venezolano dice “yo lo dije en broma.” Entonces el cubano dice, yo te respeto y te admiro por decirlo (si, un poco condescendiente.)

En ese justo momento el tren reduce la velocidad y el cubano me dice “en serio no quería decir nada malo.” Le digo, realmente no hay problema mano. Recuerda que tienen que subir a la plataforma de arriba. El cubano se sentía más mal que el venezolano, inexplicablemente eso me hacía sentir mal a mi. Al comenzar a entrar al tren local, siento una mano en mi hombro, miro atrás, y es el cubano, diciéndome “dedicate a ser feliz, tú te lo mereces, y no dejes que nadie te diga lo contrario.” Me pareció tan paternalista como genuino. La lectora a lo mejor no entiende lo que digo, pero no sé como mejor describirlo. Le sonreí y le dije, gracias.

Entro al 6 y me siento, está casi vacío, al menos hay más gente con máscara que sin máscara. No sé si chequeo el uso de máscaras en el tren por curiosidad, costumbre, o preocupación real. Me siento en una fila que está toda vacía. Entonces comienzo a procesar el encuentro con dos Latinos, iguales que yo, que comenzó con un acto de encuentro y solidaridad, pudimos hablarnos y conversar en nuestro propio idioma. Decir de donde somos, hablar del frío, de direcciones, nada trascendental, y despedirnos todos con una sonrisa amplia, a continuar el día un poco recargados de energía, en una ciudad, muy fría, a veces inhóspita, siempre racista. En vez de eso, las sonrisas de despedida no fueron plenas. No hablo solo de mí, no quiero ser injusto, ellos dos, sobre todo el cubano, se sintieron mal también. Las palabras del cubano, aunque sumamente paternalistas y condescendientes, fueron genuinas, él quería hacerme sentir mejor, y claro sentirse mejor el también. Me hubiera gustado que el viaje hubiera sido más largo, que hubiéramos conversado más lo que pasó. A lo mejor le hubiera podido decir que vivo orgulloso y nadie me dice como vivir, que la homofobia como el patriarcado son terribles, pero que debemos apreciar los puntos de encuentro, y que aun cuando fueran homofóbicos podíamos conversar y extrañar nuestros países, y darnos la mano y hablar en Español. Pero que no toleraría ser chiste o burla de ellos y que deben reconocer que existimos muchísimas hermanas y hermanos Latinos de todas las orientaciones sexuales e identidades de géneros, y que no somos el enemigo, que es mucho más lo que nos une que nos separa. Y posiblemente ellos también hubieran compartido su parecer y explicado mejor cuan buen intencionado era el “chiste,” o que se yo, pero los trenes, el trabajo, en direcciones opuestas nos separaron.

Pienso también que en otro tiempo yo hubiera insultado al contestar y les hubiera retado. Trato de entender por qué no lo hice esta vez. Pienso que estoy viejo, cansado, y hay que escoger las peleas y que todas estas diferencias no deben ser excusa para que no haya solidaridad, que nosotres no somos el enemigo, pero que tampoco tienen que ser ellos, que los enemigos son la homofobia y el patriarcado, no necesariamente Juana y Juan del pueblo. Es mucho más fácil escribirlo que practicarlo, y posiblemente no sea una receta para toda la munda. Pero ahí estoy yo, sorpresivamente, esta no fue una respuesta habitual mía. Les dejé saber que su chiste no me daba gracia, pero no quise cerrar la puerta. Ya veremos cómo me va.

Un jurado implacable

CLARIDAD

Ahora mismo, tras el último desarrollo en el tribunal de la calle Chardón, los imputados por corrupción que estaban decididos a enfrentar las acusaciones en un juicio plenario deben estar reevaluando su estrategia legal. En ese grupo están la exlegisladora Milagros Charbonier, el exalcalde guaynabeño Ángel Pérez y la exgobernadora Wanda Vázquez, quien todavía se canta inocente y continúa con poses de madre protectora desde las redes sociales.

La reevaluación se les impone tras el veredicto de culpabilidad que un jurado dictó contra el tal “Sixto George”, un productor de los medios vinculado a la administración de Ricardo Rosselló. Previo al dictamen, casi la totalidad de los abogados que opinaron en la prensa o en las redes sociales coincidían en la poca solidez de la evidencia que desfiló durante el juicio, que podía dejar dudas sobre alguno de los elementos del delito. Además de esas lagunas en cuanto al requisito probatorio, estaba la pobre imagen que proyecta la alegada “víctima” de la extorsión, Anthony Maceira, miembro destacado de aquel chat de horrores que provocó el colapso del gobierno. Junto a todo eso estaba el hecho de que durante la alegada extorsión, el jefe de Maceira, Rosselló, utilizó los servicios del extorsionador y, más adelante, hasta firmó un nuevo contrato con él. En medio de ese pantano no era descabellado pensar que el jurado podía negarse a condenar a uno solo de los que allí chapoteaban.

A pesar de todas esas consideraciones, al jurado le tomó muy poco tiempo llegar a un veredicto unánime de culpabilidad en todos los cargos. Contrario a los “expertos” el jurado tan solo vio a un corrupto más sentado en el banquillo y se apresuró a mandarlo a la cárcel.  Las sutilezas legales las dejaron para que se diluciden en un futuro proceso apelativo.

Sobre los jurados que se seleccionan en el tribunal federal que opera en Puerto Rico se ha escrito mucho y casi todos los estudios apuntan hacia su limitada semejanza con la sociedad puertorriqueña. El elemento que sobresale en los análisis es el requisito de dominio del inglés para poder ser seleccionado como miembro del jurado, algo que, de entrada, excluye a la mayoría de los boricuas.

Independientemente de esa realidad hay otro hecho que repercute en las consideraciones de un jurado y explican sus veredictos: el hartazgo de todo el pueblo con la corrupción pública. Aun cuando la inmensa mayoría de la corrupción que se produce en el gobierno colonial queda impune, los actos que se han descubierto en las últimas décadas han sido lo suficientemente escandalosos para colmar la paciencia de la mayoría de la gente. Muchos de los funcionarios públicos electos prometen “cero tolerancia a la corrupción” y nunca cumplen, pero el pueblo puertorriqueño ya llegó a ese nivel cero desde hace mucho tiempo. Por eso, no importa cuál sea el grupo social que quede representado en un jurado, entre los seleccionados siempre prevalecerá un rechazo visceral a la corrupción en el gobierno.

Tal vez en un procedimiento apelativo, los jueces que se sientan en Boston -que con excepción de uno no son puertorriqueños, y no sienten el calvario del pueblo ante el robo perpetuo- cambien lo que decidió el jurado recurriendo a algún tecnicismo legal. Eso está fuera del alcance de los doce boricuas que se expresaron, quienes se limitaron a actuar según sus conciencias.

En los últimos años, la única excepción a esa implacabilidad del jurado ocurrió en el caso del exgobernador Aníbal Acevedo Vilá, hace poco más de una década. En esa ocasión la unanimidad del jurado fue para decretar la absolución. Hay, sin embargo, una gran diferencia entre el proceso que enfrentó Acevedo y los que se dieron antes o vinieron después. En primer lugar, las imputaciones de aquel caso no se relacionaban con las actuaciones del acusado como gobernador ni con el uso de fondos públicos. Lo que estaba en disputa era el uso de fondos de campaña cuando Acevedo fue candidato a Comisionado Residente. En segundo lugar, aquel caso fue ejemplo de la extrema politización de la fiscalía federal durante los años en que estuvo dirigida por Rosa Emilia Rodríguez, quien siempre fue cercana al Partido Nuevo Progresista. Era un caso muy débil que la fiscalía presentó porque se trataba de un gobernante vinculado a otro partido.

El caso recién concluido era muy distinto al de Acevedo y muy parecido a los otros que se han dilucidado en el tribunal de la Chardón. Allí estaban presentes contratos pagados con fondos públicos de hasta $23 mil mensuales que el acusado quería mantener a cambio de tratar de limpiarle la podrida imagen de un gobernador en problemas. En casos como ese el jurado no perdona.

Los que están fila son de la misma calaña. La representante Charbonier robaba dinero de la Cámara de Representantes por conducto de empleados, el exalcalde de Guaynabo se quedaba con una comisión de los contratos municipales y la exgobernadora Vázquez no tuvo reparo en poner una agencia reguladora al servicio de un mafioso. Todos ellos tal vez siguen soñando con que algún tecnicismo o la maestría de ciertos abogados los salve. Ahora la reevaluación se les impone.