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Gobierno de Colombia y ELN extienden por seis meses el cese del fuego bilateral

 

 Corresponsal de CLARIDAD

 

La Habana, Cuba-Con la inclusión de nuevos compromisos para garantizar la durabilidad de los acuerdos, el gobierno de Colombia y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) han pactado en La Habana prorrogar por seis meses más el cese el fuego bilateral que rige desde mediados del año pasado.

El acuerdo fue ratificado durante la clausura del sexto ciclo de conversaciones que se celebraron en La Habana, la misma ciudad en la que ambas delegaciones firmaron el histórico cese bilateral de hostilidades el pasado 3 de agosto.

En una rueda de prensa conjunta, Vera Grabe, jefa de la delegación del gobierno de Colombia, se mostró optimista con este acuerdo que prolonga por 180 días el cese el fuego y dijo confiar en el avance del proceso de paz.

“[Esta] renovada la confianza, confiamos en nosotros, confiamos en la paz, confiamos en las delegaciones, en quienes nos apoyan y confiamos en nuestra decisión de hacer de esto un proceso cada vez más sólido”, sostuvo Grabe.

Esta prórroga llega además con nuevas obligaciones entre las partes, una de ellas –y quizás la más importante–, el fin de la práctica del secuestro por parte del ELN, punto neurálgico de este recién culminado encuentro en la capital cubana. El documento rubricado establece que la guerrilla colombiana se compromete formalmente durante este período a “suspender de manera unilateral y temporal las retenciones de carácter económico”.

 “El gobierno y el ELN tienen un mandato común”, dijo por su parte Carlos Beltrán, comandante del ELN y jefe de esa delegación, en referencia a la necesidad de cumplir con lo que catalogó como “exigencias de cambio” por parte del pueblo colombiano.

“El avance de este compromiso está articulado al progreso del conjunto de los acuerdos y a la resolución de los factores que afectan la tregua”, añade el documento. El avance de este pacto se volverá a evaluar en el próximo ciclo de negociaciones, que debería celebrarse el venidero mes de abril en una sede aún no establecida.

Sobre la mesa estuvieron también otros aspectos como la liberación de los secuestrados que aún están en poder del ELN, el debate sobre la financiación de la guerrilla, así como la necesaria participación de la sociedad colombiana en el proceso de construcción de paz.

 En referencia a este último punto, Beltrán subrayó que “esta mesa ha llamado a que se construya una visión común de paz, a que nadie se quede afuera; generar un modelo de participación de toda la sociedad, diciendo cómo vamos a arreglar a Colombia”.

CUBA GARANTE DE PAZ

Durante la clausura de este ciclo de encuentros, las partes coincidieron en el papel protagónico que ha jugado Cuba, primero como uno de los países garantes de los actuales diálogos, pero también por su continua colaboración con la paz en Colombia y en la región.

Cuba ya fue sede en 2016 de los históricos Acuerdos de Paz firmados por el entonces Gobierno de Colombia y la extinta guerrilla de las FARC-EP y, previo a eso, fue sede principal de los diálogos que condujeron al fin de la guerra entre ambas partes.

Además de Cuba, Noruega, Brasil, México y Venezuela han fungido como países garantes de este proceso desde el inicio del mismo. La Misión de las Naciones Unidas en Colombia y la Conferencia Episcopal de Colombia son también acompañantes permanentes, en conjunto con Alemania, Suiza, Suecia y España.

Llamado a las mujeres del Mundo a detener el genocidio de Israel en Palestina

 

 

 

La Red Internacional Antiimperialista de Articulación de Organizaciones de Mujeres, Movimientos Sociales y Mujeres de Partidos Políticos de Izquierda (RIAOMPI), ha circulado un llamado a nivel internacional para que organizaciones de mujeres y mujeres de todo el mundo firmen una declaración en reclamo de que se detenga el genocidio del pueblo palestino en la Franja de Gaza. Más de un centenar de organizaciones de todo el mundo han firmado la declaración.

A continuación el texto íntegro de la declaración.Confiamos en la solidaridad de las mujeres puertorriqueñas. Las adhesiones deben dirigirse a riaompi.europ@gmail.com

La Red Internacional Antiimperialista de Articulación de Organizaciones de Mujeres, Movimientos Sociales y Mujeres de Partidos Políticos de Izquierda (RIAOMPI) hacemos un llamamiento a todas las organizaciones de mujeres, y a todas las mujeres del mundo para detener el Genocidio que sufre el pueblo palestino en Gaza, y para llevar ante la justicia los crímenes de guerra cometidos contra al pueblo palestino.

Urge el alto al fuego permanente para parar el exterminio sistemático llevado a cabo por el gobierno sionista de Israel en Palestina contra mujeres, niños y niñas indefensas, con la complicidad del imperialismo de Estados Unidos y sus satélites europeos.

El exterminio tiene rostro de mujer y de infancia. A fecha del 4 de enero de 2024 se han asesinado 9730 niños y niñas mártires y 6830 mujeres mártires. De las 7000 personas desaparecidas, el 70% son mujeres, niños y niñas.

Después de haber bombardeado las ambulancias, los centros del Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas (OOPS), las escuelas, las panaderías, los lugares de culto, los tanques de agua y los paneles de energía, y luego de haber aislado a Gaza del mundo exterior cortando Internet y los medios de comunicación, 30 hospitales han quedado fuera de servicio por la Ocupación, 53 centros de salud quedaron fuera de servicio, 150 instituciones de salud fueron parcialmente atacadas por Israel, hoy en día los vemos bombardeando cualquier recurso de vida en Gaza.

El sionismo israelí ha provocado el desplazamiento de cientos de miles de familias palestinas cuyas viviendas fueron destruidas por las bombas y los tanques de las topadoras. Y aún en los precarios refugios fueron también bombardeados, no existe ninguna zona segura en toda Palestina hacia dónde dirigirse.

La hambruna que padecen más de 2 millones de palestinos en el crudo invierno, bajo el frío y la lluvia, ha sido criminalmente calculada por Israel, al impedir la producción de alimentos, el normal desarrollo de la vida en  Gaza por estar bajo fuego, y la destrucción de carreteras y vías para impedir la entrada de ayuda humanitaria. Quieren provocar la muerte por inanición de cientos de miles de niños y mujeres lactantes. Las enfermedades se han multiplicado en niños, mujeres y ancianos por las infrahumanas condiciones de vida.

En Palestina, 50.000 mujeres están embarazadas, 5.000 mujeres deben dar a luz en enero, ¿en qué condiciones podrán hacerlo? Se han tenido que practicar cesáreas sin anestesia, curar heridas con vinagre doméstico, realizar operaciones con la luz de los celulares. Los niños nacen prematuros y con bajo peso, las parturientas contraen infecciones por complicaciones en el parto asistidas por sus propios familiares sin poder llegar a un Hospital por estar sitiados por el ejército israelí o por falta de combustible para las ambulancias, que también son atacadas. Muchas han muerto a consecuencia de ello. ¿Qué esperanza de vida podrán tener los bebés?

El ocupante Israel ha destruido Registros Nacionales de Datos, otro cálculo aterrador junto al exterminio de familias completas, para que no quede registro alguno de ellos.

Mujeres periodistas, poetas, escritoras, artistas, médicas, deportistas, mujeres trabajadoras y amas de casa de cuatro generaciones han sido asesinadas junto a sus hijas e hijos. Yacen bajo los escombros miles de ellas.

Mujeres embarazadas que buscaban los cuerpos de sus esposos fueron asesinadas frente al Hospital de Obstetricia y Ginecología Al-Awda, cuyo director fue secuestrado por el ejército de Israel por negarse a abandonar a los pacientes.

Desde el 7 de octubre, el ejército israelí y el Servicio de Prisiones de Israel han aplicado una política de terrorismo y represión sin precedentes contra las presas palestinas. La opresión va más allá de las 7000 personas detenidas. Durante su detención e interrogatorio han sido sometidas a violencia, tortura y vejaciones, lo que ha provocado hasta la muerte de algunas de ellas.

Desde la RIAOMPI Exigimos la libertad de la parlamentaria palestina Khalida Jarrar, activista feminista de izquierdas y defensora de los derechos humanos. Exigimos la libertad de todas las prisioneras políticas, de los niños y adolescentes y todas las mujeres de Gaza y de toda Palestina Ocupada.

Exigimos el fin de la masacre y el exterminio. Exigimos el fin de la Ocupación. Exigimos el Alto al Fuego Permanente. En vista de ello, hacemos un llamamiento a todas las organizaciones feministas y mujeres del mundo a sumarse a nuestras demandas y a firmar la carta para apoyar la iniciativa de la República de Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia (CIJJ, contra Israel por Genocidio, basada en la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio cuya demanda comenzó en La Haya este 11 de enero de 2024

Y decimos alto y claro:

¡ALTO AL FUEGO PERMANENTE AHORA!

¡NO A LA OCUPACIÓN!

¡NO AL GENOCIDIO DE ISRAEL EN PALESTINA!

 

La deriva pirata en la conformación de identidad nacional de Puerto Rico

 

 

Especial para En Rojo

 

Desde el origen mismo de la humanidad, las islas han representado un punto geográfico polisémico. Desde ser los puentes naturales que permitieron a los primeros seres humanos ir de salto en salto hacia todas las regiones del planeta, hasta significar los lugares de la utopía. No en vano los pueblos originarios del caribe situaron el paraíso en la mítica isla de Pipiripao y Gauguín, en las antípodas, describía la isla Noa Noa como el centro mítico de su sueño plástico en Tahití.

Al nivel del imaginario político, la fantasía y la necesidad de asentar imaginarios también se entremezcla con la crudeza a la hora de abordar la idea espacial-territorial de una isla, como son ejemplo la isla de Barataria prometida a Sancho Panza por el Quijote (donde se revela que Sancho es muy mal gobernador) y la utópica isla pirata Libertalia, isla que soñara el pirata Bartolomé Missón, epítome de todos los tránsfugas que soñaron retirarse para disfrutar sus botines en una isla gobernada por ingobernables.

Se puede seguir desgranando el significado de toda isla, especie de oasis en el océano o larga condena para los Robinson Crusoe de la historia (exiliados, asilados de tierra firme), punto donde se apoya el compás imperial (punto de fuga de Grenwich en las islas británicas), o simple lugar de reabastecimiento de agua, siempre territorio de paso hacia otras tierras entre los sedientos marinos, y aún así, al encontrarle todas sus posibilidades dentro de las capacidades sociales humanas, la isla es un absoluto para quienes la habitan, sin importar de donde lleguen a ella o la idea que tengan para su futuro. Se vive y se sobrevive ante la inmensidad del mar, se regla la cotidianeidad con el fin de romper el aislamiento geográfico y mantenerse cerca de las tradiciones de los países continentales. Una vez que la isla aparece en el mapamundi, por muy pequeña que sea, ya no está sola, le pertenece (en brevedad o dilatadamente) a la ambición de todos.

Y esta es la propuesta que ofrezco en esta monografía: la posible creación de una nacionalidad puertorriqueña a partir de la mentalidad polisémica y tránsfuga de los hombres y mujeres inmersos en la cultura pirata que vieron en Puerto Rico el espacio político ideal para crear una comunidad/nación muy particular y consciente de sus propios valores de transacción con el poder.

Taínos (arahuacos) junto a caribes: la primera chispa de un destino común.

Henry Kamen, historiador inglés, nos recuerda en Imperio, su afamado recuento del ascenso del imperio español, que las posesiones españolas durante casi un siglo después de la invasión no fueron más que precarios puntos de asentamientos dispersos a lo largo de todas las costas de América. Esta frágil presencia tuvo poco impacto en los territorios interiores hasta bien entrado el siglo XVIII y apenas alcanzó a tener conciencia global en los inicios de las repúblicas independientes del siglo XIX. La historia se fue desarrollando entonces alrededor de fortificaciones en la medida en que franceses, ingleses y holandeses creaban y armaban la disputa del continente a través de los corsarios y derivados piratas y bucaneros.

Pero, desde el punto de vista de los pueblos originarios ¿no fueron acaso los mismos españoles los primeros piratas en llegar a saquear y a someter? Entre los arahuacos ya se tenía una idea bien clara de la modalidad de incursiones que los caribes realizaban, y sabían esperar cualquier sorpresa del mar. Los habitantes de Borinquen sufrieron durante décadas las correrías caribes, con la diferencia que los españoles llegaron para quedarse, no solo para saquear, matar, quemar y luego huir hacia barlovento con sus mujeres, así que esta forma de violencia que llegaba desde el mar les era completamente desconocida. Quizá por ello se sorprendieron al corroborar que para los españoles la consigna de esclavización no distinguía entre caribes y arahuacos de Borinquen. Esa primera advertencia de destino común, en medio del shock, muy probablemente fue la primera chispa de conciencia de humillación compartida en todas las Antillas, y se dio en ese rebautizado territorio nombrado por los “nuevos piratas” como Isla de San Juan Bautista.

Hugh Thomas nos dice que en la rebelión del cacique Agueybana del año 1511, el esfuerzo bélico contó con tres mil guerreros de entre los cuales muchos eran caribes provenientes de la isla de Santa Cruz, esclavizados por Cristóbal Sotomayor y traídos a Puerto Rico[1]. Podemos imaginar los tensos acuerdos de rebelión entre aquellos acérrimos enemigos taíno-caribes ¿qué promesas se habrán hecho entre sí una vez que lograran exterminar o expulsar a los españoles? ¿Se habrán dado arengas como las que Cuahutemoc diera a los tlatelolcos en los últimos momentos del asedio a Tenochtitlan, instándoles a defender la tierra porque eran “mexicanos todos”? Lo que en México se considera el primer indicio concreto de la nacionalidad mexicana expresada como un conglomerado intentando sobrevivir, en Puerto Rico queda aún en el terreno de la especulación, y sin embargo por los hechos ocurridos, signados con sangre y fuego, no hay forma de soslayar la primera gran contradicción enfrentada y superada a lo interno de la psiquis colectiva indígena taína-caribe y, sobre todo,  lo que fue evolucionando hasta el Puerto Rico de hoy en las formas de asumir la negociación por la vida.

Faro pirata

En la isla de Mona, en el estrecho del mismo nombre que divide República Dominicana de Puerto Rico, se alza el único faro de hierro y acero que existe en este archipiélago borincano. Durante algún tiempo se mal informó que el diseñador había sido Gustav Eiffel, pero las fechas de su construcción no coincidían con el anhelo romántico y la realidad es que fue diseñado y construido en 1885 por el ingeniero español Rafael Ravena. Lo mismo pasa con los particulares adoquines azules del Viejo San Juan: durante años se dijo que eran de hechura colonial del siglo XVIII, pero realmente fueron comprados a finales del siglo XIX a una fábrica metalúrgica inglesa que los ofertó a buen precio. Los adoquines formaban parte del revestimiento interno de los grandes hornos de fundición, y de ahí su color, impregnado de azufre.

Doy pie a esta observación de auténticas identidades reveladas para hacer un guiño histórico: quizá Caparra no sea el núcleo fundacional en la que Ponce de León cimentara el futuro Puerto Rico, porque simplemente Caparra no tuvo la movilidad polinizadora de identidad como sí lo fue la Isla de Mona al ser el santuario de los primeros corsarios franceses que inauguraron el ataque a las posesiones españolas desde el mismo inicio del siglo XVI. A partir de la llegada de estos corsarios, con su contrato directo por la corona francesa a través de la “patente de corso”, la corona española entendió que de ser piratas feroces a los ojos de los taínos-caribes, les tocaba ahora recurrir a todos sus recursos humanos para defender lo precariamente conquistado. El faro dizque de Eiffel, entonces, tiene remembranzas de presencia francesa tanto como en Mayagüez (ciudad que colinda con la Isla de Mona) se asentaron, durante varios siglos, familias francesas que dejaron su marca en la fuerte pronunciación de la r glotal boricua.

La Isla de Mona, en aquellos tiempos sin faro, llamaba a todos los corsarios que se lanzaban contra las naos y galeones españoles que cruzaban el estrecho, y que muy pronto ampliarían su radio de acción por todo el caribe junto a corsarios y piratas ingleses (1559, Francis Drake) y holandeses (1624, Balduino Enrico). En 1528, San Germán sufriría el feroz ataque de los nada románticos corsarios franceses y los habitantes comenzaron a entender que tendrían que vérselas con esta amenaza casi de manera permanente.

Durante estas primeras décadas, tanto corsarios como pobladores asentados en la isla de San Juan Bautista, no tenían la menor idea de la escala real del imperio español, y se podría decir que se mantenía solo el entendimiento de la presencia costera imperial, tal como señalé anteriormente. “Los comerciantes y financieros extranjeros continuaron financiando las economías regionales del imperio incluso aunque trataran de recortar el alcance del poder de Madrid’’[2], nos dice Henry Kamen, y es más que seguro que, de entre esos “financieros extranjeros” se encontraban muchos beneficiarios de piratas que se encargaban de saquear los galeones contratados por las élites locales aún sin arraigo. Estas élites, paradójicamente, eran mimadas como administradoras de la colonia por la misma corona saqueada, y sin duda era un secreto a voces que los libertos y esclavos entendieron como cultura de poder galvanizada en el nuevo mundo. Al fin y al cabo, como es sabido, cada sector lleva al poder sus propios intereses económicos.

Mar abierto, mar cerrado

La conformación del poder colonial español estuvo en todo momento relacionado a la administración de los recursos que iban siendo extraídos, en la medida de las limitadas o enormes capacidades territoriales. La mayoría de peninsulares que venían a América se dirigían a la Nueva España (México) o a al Virreinato de Perú, donde se encontraba el oro y la plata. Los pocos peninsulares que se quedaban en Puerto Rico, lo hacían para tener una base de acción para sus comercios desde donde trataban de sumarse, lo más pronto posible, a las rutas que pasaban de largo de la isla. Desde muy temprano, entonces, tanto los peninsulares, criollos, esclavos y libertos, estuvieron siempre a la espera del barco que llegara con provisiones, independientemente de qué nacionalidad tuviera, y así lo dice Sebastián Robiou Lamarche: “Las relaciones entre los isleños y el mundo no-hispánico se caracterizaron por este curioso patrón de inevitables contactos furtivos y agresión abierta, por aceptar al contrabandista en el nivel económico, pero rechazarlo violentamente por ser un competidor peligroso y un enemigo de la fe”(Morales Carrión, 2003)[3].

Sometidos a la exclusividad que la corona española imponía en el Mar Caribe, la ostentación de “siervos de la corona española” no les servía de mucho a los habitantes de la Isla de San Juan cuando se les prohibía recibir o ser beneficiarios de un comercio abierto dentro del mar cerrado[4]. Sin embargo, el contrabando creó una dualidad y acomodo a las circunstancias que con mucha seguridad influyó en la forma cultural de ver las oportunidades hasta el día de hoy. Desde esta raíz histórica, que busca sedienta el agua en terreno yermo, el Jones Act de 1920[5], impuesta 22 años después de la invasión estadounidense a Puerto Rico (1898), no representaba nada nuevo respecto a los tres siglos anteriores de colonia española, sobre todo en estos puntos:

  • Se impide a los buques de pabellón extranjero transportar mercancías entre las zonas contiguas de Estados Unidos y determinadas zonas no contiguas, como Puerto Rico, Hawai, Alaska y Guam.
  • Si bien en un principio el objetivo de la Ley Jones era proteger la industria marítima de los Estados Unidos, también codificó ciertas tradiciones y prácticas marítimas antiguas que contemplan la recuperación económica en caso de que un tripulante sufra lesiones en el mar.
  • Establece que las embarcaciones que naveguen bajo la bandera de Estados Unidos deberán ser propiedad de tripulaciones y compañías estadounidenses y estar registradas y tripuladas por éstas. Esas estipulaciones están presentes en la legislación federal de cabotaje, la cual destaca que la transportación marítima entre Puerto Rico y el resto de los Estados Unidos tiene que llevarse a cabo solamente en barcos construidos, con bandera, propietarios y de tripulación estadounidense.
  • La Ley Jones protege los intereses de los estados costeros en el territorio continental de Estados Unidos y además aplica a los ríos navegables, como el río Mississippi y el Missouri.

Aquí cabe preguntarse si durante el huracán María (septiembre 2017), el condicionamiento de esta ley mezclada con la prepotencia política internacional de Washington sirvió para revelar, en la negativa de aceptar donativos directos por parte de la solidaridad internacional, el deseo atávico-corsario de Mare liberum que luego se expresaría en la incontenible diáspora y la expulsión del gobernador Ricardo Roselló. ¿El pueblo puertorriqueño habrá visto en sus grandes artistas del trap y el regguetón, completamente comprometidos en la solidaridad -y más rápidos que FEMA[6]-, una resonancia atávica de los antiguos bucaneros, corsarios y piratas, todos ellos amorales y contrabandistas, no solo de mercancías, sino también de valores culturales heterodoxos?

El prócer atávico: Cofresí

“El conocimiento pasa por el conocimiento de las lenguas”, escribió Umberto Eco para señalar el hecho de que la circunscripción a un solo imaginario lingüístico aísla e impide el desarrollo cultural y la expansión de la libertad humana basada, por supuesto, en el libre intercambio de información. El Mare clausum, a pesar de datar del siglo XVI, se mantuvo en la idea moral de la iglesia católica hispanofílica y colonial del siglo XIX ya casi convertido en un mare intus… o mar de dudas y recelos xenofóbicos interiorizado por la élite criolla puertorriqueña. Sin embargo, esto no fue para nada replicado por el pueblo llano, ese que, bajo códigos de apertura bien definidos, entendió que sólo en el recibimiento de la globalidad ilegal, de transgresiones morales y lenguas liberales que no se reglaban por lo que intentara decir el español hecho ley (ley escrita), podría acceder a productos que jamás se le vendería en los colmados de los ricos hacendados. El negro cimarrón le compraba al negro pirata, el pirata blanco le vendía al mestizo funcionario de aduanas, el negro aún esclavo se escapaba y se sumaba a cualquier barco pirata que lo aceptara como grumete, Puerto Rico iba ebullendo en una realidad cosmopolita abrumadora y en esa vitalidad social nació, desde todas partes, Cofresí, el que sigue representando la picaresca heroíca del Robin Hood boricua sin estatua ni ateneo.

“Las personas que rodeaban a la familia Kupferschein demuestra que el mundo social de esa familia era un caleidoscopio de todos los colores del arco iris: hacendados, asentados por décadas o más, pequeños agricultores, inmigrantes de muchos países de Europa y del Caribe, esclavos y marinos que pasaban por el puerto. El español pudo ser su lengua franca, pero no dudamos que se mezclara con el italiano y el holandés y quién sabe con qué otro idioma”[7].

La romantización del pirata Roberto Cofresí (1795-1825) no ha pasado por la vía del cuento, sino que su historia personal inicia dentro de una familia adinerada proveniente de Trieste, Austria. De muy alta educación y venida a menos en Puerto Rico donde tuvieron que casi iniciar de cero con tan solo la ayuda de su bagaje cosmopolita. Así pues, una vez lograda su bonanza, resulta conmovedor para el pueblo pobre que Roberto Cofresí haya decidido convertirse en pirata y que mantuviera sentido de conmiseración con la pobrería a la hora de compartirles el botín. De igual forma, su asombrosa vida de antihéroe concluye con un apoteósico enredo, memorable en su absurdo y tragedia: el 6 de marzo de 1825, navegando en una balandra robada en Boca de Infierno, atacó al barco que lo perseguía creyendo que era un barco comercial que no tenía armas. Un círculo perfecto para cerrar una historia que se clave como parábola de la accidentada conformación de la identidad nacional puertorriqueña, cuatro veces frustrada su búsqueda de libertad absoluta en Lares, Washington y en la insurrección de 1950: en la primera, con todo preparado, no llegan las armas, en la segunda, Griselio Torresola y Óscar Collazo fracasan en su atentado al presidente Truman en la misma puerta de la Casa Blair, en la tercera Lolita Lebrón -anti heroína por excelencia- fracasa junto a su comando al irrumpir en el Capitolio, y la cuarta,  Santiago Vidal, desde El Salón Boricua, su barbería, termina siendo el último en resistir… y todavía resucita ante sus captores:

“Los soldados completaron el reconocimiento del lugar y se miraron unos a otros con incredulidad. Era una escena demasiado embarazosa: el diminuto barbero del Salón Boricua, completamente solo, había mantenido a cuarenta militares armados. Pero justo en ese momento, al sacar el cadáver de Vidal hasta la calle, las cosas se pusieron peor. El cadáver abrió los ojos. Del susto los soldados lo dejaron caer al suelo. Uno de ellos gritó: ‘oh, Jesús’. Y otro gritó: ‘Pero ¡creí que lo habías matado! Un tercero se escondió detrás de un auto y comenzó a rezar. Los reporteros corrieron por todos lados, tomando fotos, hablando por los micrófonos, diciéndole a dos millones de puertorriqueños que Vidal Santiago todavía estaba vivo”[8].

Todos ellos reúnen lo que un mito que se respete debe tener para serlo: distintas versiones de su osadía y de su búsqueda del fracaso descrito en la doctrina cristiana asimilada: “la paga del pecado es la muerte”, que bien puede estar hablando del ámbito de la ley y el orden moral, como también del pecado secular de sobresalir demasiado inter pares, algo muy arraigado en los juramentos de lealtad dentro de los barcos piratas y que permitió la creación del espacio de tregua intocable: el parley o el Charte partie  acta firmada entre filibusteros para fijar normas y castigos a ser implantados  en un barco para mantener la convivencia a bordo[9].

Visto de esta forma ¿acaso toda isla nunca se desliga de la metáfora de un barco de tierra, así como Saramago poetizó en su novela La balsa de piedra? ¿No es ese Portugal, desprendido de la península ibérica, una isla-barco a la deriva en la historia, fiel a su pasado de incansable vocación marina? Puerto Rico no se ha conformado entonces en la guagua aérea, en esa determinista y muy reciente diáspora que sólo apunta a Estados Unidos, sino que es la balandra, la patache, la urca, la pinaza, el merchatman o el galeón[10]llegado con las mareas de todo un variopinto conglomerado de hombres y mujeres globales que trastocaron la irrisoriamente pequeña visión colonial de los criollos españoles, así como el trap y el reguetón hoy en día, con todos sus ídolos solidarios y tatuados hasta en la lengua procaz.

Cuando en 1947, Pedro Albizu Campos, a su retorno de prisión en Estados Unidos dice “yo confío en no venir a pronunciar muchos discursos en Puerto Rico. No he venido a entretener a mi pueblo. No. Yo no soy un artista. No quiero aplausos…” está entroncando no sólo con su esencia mulata irredenta, sino que por igual está señalando lo que desde siglos el pueblo llano identificó como la falsa ética de las élites políticas coloniales, una especie de escenificación teatral que por siempre fue puesta en escena en los carnavales o fiestas bufas de más baja condición popular. Y en esas representaciones, las élites blancas siempre fueron el blanco de las sátiras. Albizu Campos supo, entonces, reconocer y expresar la vena burlesca de una nación sin patria definida, el mismo espíritu que movía a las tripulaciones piratas través del Caribe en busca de su Isla Tortuga definitiva, ese sistema de autogobierno que se basó en la solidaridad directa y no mediada, como así lo constan las únicas leyes que rigieron en la Isla Tortuga, precisamente, santuario de la piratería libertaria:

  • Se prohibía todo ejercicio de patria o religión.
  • La cofradía no podía inmiscuirse en las decisiones personales.
  • Se podía abandonar la Cofradía en cualquier momento.
  • Existían indemnizaciones en caso de quedar inválidos.

Estas ideas y ejercicios de poder autónomo debieron prender como fuego en pasto seco por todos los mayorales y fincas empobrecidas de Puerto Rico, mucho antes que Hostos o Betances lo reflexionaran desde su intelectualidad, gracias a la polinización que el contrabando pirata dinamizaba. El efecto que debió tener la realidad política de los piratas en la Isla Tortuga tuvo que resonar entre los esclavos y resto de la población pauperizada con la fuerza con que Albizu Campos evocaba en 1947: “He venido aquí porque yo no creo en el exilio voluntario. He venido porque mi patria, esclava, como está hoy, es donde está mi deber y nadie debe rehuír de la madre enferma y lisiada, porque es entonces cuando más necesita del amor de sus hijos.”

Conclusiones

La conformación de nacionalidad puertorriqueña ha sido abordada desde un planteamiento colonizado. Puerto Rico nunca estuvo “constituida por creencias en común y obligaciones mútuas” (Miller, 1995), ni tampoco estuvo contenida, a pesar de los infructuosos intentos de cerrar su espacio vital, por un origen étnico único[11]. Eso sí, la población de Puerto Rico, en su rocambolesca conformación, se ha concebido a sí misma en una camaradería profunda, horizontal (Anderson, Benedict), algo que las ideas cortesanas, aristocráticas, clasistas y republicanas han querido imponer desde la distinción, la división de poderes o la participación protocolar-electoral basado en virtudes ciudadanas probas y “respetables”. Ni lo “probo” ni lo “respetable” supo nunca darle los recursos de supervivencia al pueblo puertorriqueño, obligado, por inercia, a depender del contrabando y la negociación bajo la mesa.

El limbo del ELA, con raíces en el también límbico “autonomismo”, creó un territorio de afinidades o acatamientos duales respecto al poder. Tu me das, yo te doy, pero nunca aceptando la “sociedad jerárquica en donde los estratos estén rígidamente separados por ley y costumbres” (Weber). La caracterización de la dignidad en el Estado-Nación reconocido pasa por la idea de soberanía, pero para ello debe existir una Constitución. Los diseñadores de la colonia en Washington sabían que Puerto Rico prácticamente se mantuvo a la deriva durante toda la colonia española, sobreviviendo gracias a su ingenio y a las tripulaciones -o promiscuidades oficiales- que su población ofreció a los barcos piratas, corsarios o bucaneros. Esto fue razonado en un determinismo crudo, revelado en las palabras de el congresista Fred Crawford en 1917, año de la Act Jones: “En ningún momento he pensado siquiera que Puerto Rico pudiera jamás sustentar la condición de Estado. Sin duda, Puerto Rico no puede sustentar ningún tipo de independencia. Tendría que ser un títere de algún otro país. Pero Puerto Rico puede ser una posesión colonial y tener mucho que decir sobre su propio gobierno bajo el cual viven los puertorriqueños”[12].

Este cinismo en la metrópoli falló hasta ahora en lo esencial: el titiritero siempre fue el sentido de oportunidad incrustado por la herencia corsaria -aguda conocedora de cuál vulnerabilidad imperial trastocar a su favor- , la capacidad amoral de moverse entre mundos con sus respectivas lenguas, el reconocimiento de que Estados Unidos es otra nación pirata y que todo pirata puede pedir su parley cuando lo ameriten las circunstancias. Esta nación-balandra continúa en su deriva, pero nadie podrá negar que sus auténticos capitanes han hablado claro desde su mástil mayor, como bien lo hizo Albizu Campos. La Isla Tortuga o la isla Libertalia siguen siendo extremos del sueño compartido. Algunas veces significa libertad, y la mayoría de las veces significa cofradía cantando en medio del mar.

Que es mi barco mi tesoro,
Que es mi Dios la libertad,
Mi ley, la fuerza y el viento,
Mi única patria, la mar.

Canción del pirata, José de Espronceda (1808-1842)

[1] “Estos indios incendiaron el enclave de Aguadilla y la hacienda de Sotomayor, y lo mataron a él y a su hermano Diego, un episodio que condujo a una cruel “pacificación”, llevada a cabo por el capitán Juan Gil, en nombre de Ponce. Los españoles se vieron empujados a la guerra contra los nativos y los caribes, en gran parte debido al deseo de los colonos de contar con esclavos de las Pequeñas Antillas y, por lo tanto, Puerto Rico se vio en grave peligro”. Thomas, Hugh (2003). El imperio español, de Colón a Magallanes. Editorial Booket, Barcelona. Cap. 19, pp. 314
[2] Kamen, Henry (2003). Imperio, La forja de España como potencia mundial. Punto de lectura- Santillana Ediciones Generales, S. L., Madrid, España, Cap. XI, pp. 792
[3] Robiou Lamarche, Sebastián. (2019). Piratas y corsarios en Puerto Rico y el Caribe. Editorial Punto y Coma/ Fundación Cultural Educativa, Inc. Primera edición, Cap. 2, pp. 28
[4] Mare clausum o Mar cerrado fue la denominación de legitimidad surgida del Tratado de Tordesillas (1594) para delimitar el área de exclusividad de la corona española. Las otras potencias europeas que se disputaron el derecho de comerciar proponían el Mare liberum, o mar libre o abierto.
[5] No confundir con la Ley Jones de 1917. La Ley Jones fue la segunda ley orgánica de Puerto Rico bajo la colonización estadounidense, y sustituyó a la Ley Foraker del año 1900.
[6] Agencia Federal para el Manejo de Emergencias.
[7] Acosta, Úrsula. (1991). Cofresí y Ducoudray: hombres al margen de la historia. Editorial Edil, pp. 44
[8] Denis, Nelson A. (2015). Guerra contra todos los puertorriqueños. Revolución y terror en la colonia americana. Nation Books, Cap. 19, pp. 244-245
[9] https://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%B3digo_de_conducta_pirata
[10] Tipología de los barcos usados por los piratas, corsarios y bucaneros https://www.pirataslaexposicion.com/los-barcos/
[11] “Las naciones modernas tienen un origen étnico” (Smith).
[12] Gallisá, Carlos (2010). Desde Lares. CG Editores, cap. 8, pp. 80-81

Será Otra Cosa-Segunda carta de la más pequeña al Dr. Alonso

Especial para En Rojo

Dr. Alonso
Psiquiatra.

Estimado doctor: Han pasado varios meses desde la primera carta que le escribí buscando su consejo… el que fuera. Ya vio usted la situación de desesperación en la que me encontraba. Cualquier cosa que me dijera, valdría. Y, fíjese, eso de que me animara a seguir practicando los trazos y haciendo sobres de papel para calmar la ansiedad, no me ha venido mal. Al contrario, he mantenido la mente ocupada, como usted me recomendó, tratando de que la «a» no parezca una «u»; y ya no sólo hago sobres, sino que ahora practico la papiroflexia, o sea, hago origami. A esto, en particular, me ha animado, más que sus consejos, la señora que le escribió después de mí, la a-sombrada, que en su desahogo aprovechó para dar a entender la poca cosa que le parecían mis terapias ocupacionales. Pero si usted los viera, doctor… hago todo tipo de figuritas en papel; tengo el cuarto repleto de ellas, sobre todo de pájaros que me recuerdan el poema de Vicente Aleixandre, ese que empieza: // Un pájaro de papel en el pecho / dice que el tiempo de los besos no ha llegado //. En fin, la a-sombrada debería saber que me ha hecho un bien, que me he superado, por lo menos en esto. Para eso deben servir las críticas, ¿no? Y ahora que lo pienso, quizá sea esa la raíz del porqué recurro nuevamente a usted. Más que nada, se debe a que, a ratos, todos mis pensamientos aleatorios se me juntan en retahíla, haciéndoseme en la cabeza como un nudo gordiano que me impide concentrarme lo suficiente en alguno. Eso me pone tensa y me apesadumbra, sobre todo en la noche, que es cuando más vulnerable me encuentro porque a las once ya he puesto el noticiario y eso mete miedo. Me ayudo con el vodka, si no, aquí no se duerme. Pero anoche traté algo distinto. Estuve leyendo una novela (El libro vacío, de la mexicana Josefina Vicens) en la que el personaje, Luis García, es un escritor que lucha por serlo y por no serlo, paradójicamente, escribiendo, entre otras, las cosas que le atormentan y obstaculizan su escritura: el trabajo, la pobreza, la mujer y los hijos. Queriendo y no queriendo, se pasa todo el tiempo libre tomando notas en su cuaderno, con la esperanza de algún día escribir su libro. Igual que otros tantos escritores sobre los que he leído, García confiesa tener un mundo interior inmenso, extraordinario, con mucha imaginación como su hijo pequeño; tanta, según él, que le lleva a sentir una gran necesidad de transformar las cosas y a sí mismo. En ocasiones, olvidará que es un empleado que tiene que llegar a hora fija, y cuando se mete a bañar «se sustituye» en la ducha por un «intrépido capitán», hasta que de pronto «el juego queda roto por la voz de la mujer» que lo llama, devolviéndolo a su insulsa realidad. Y aquí es, doctor, donde me pongo mal. Como que se me olvida la literatura o a esta se le cuela la vida y empiezo a recordar las noticias de última hora, el nudo que le dije se me aprieta y ya no distingo realidad de ficción. Todo se mezcla en un aparente caos que, poco a poco, intento organizar, otorgarle sentido procurando conectar pensamientos inconexos, espacios, tiempos contrapuestos, encontrando similitudes entre lo disímil, ensayando una otra manera de entender lo que se me presenta en la cabeza. A la sazón, para sosegarme, doblo papeles compulsivamente hasta que se me acaba la resma. Cisnes, palomas, golondrinas, barcos, aviones casi me entierran viva en este cuarto (que, a decir verdad, no es muy grande, sino de mi tamaño, pequeño) cuando dan las doce. Es que, Luis García, el personaje de Vicens, me hizo pensar en el empeño que tenemos algunos humanos de querer ser siempre otros, de a veces querer la vida que vivimos y además otra, sin conseguir nunca estar a la altura de ninguna. Y eso, a mí, que ya me ha pasado, me parece de una vulgaridad tremenda, porque creo, no sé si estará usted de acuerdo conmigo, que llega un momento en que se debe aceptar y honrar la propia medida de nuestra persona y actuar lo mejor que se pueda conforme a ella y a nuestras decisiones, dejar un poco el titubeo que pueda poner en peligro el bienestar de quienes cuentan con uno. Para eso hace falta crecerse una espina, andar verticales y no a rastras como culebras. Yo sé que hay realidades insoportables, lo sabrá usted mejor que yo, doc., ¿verdad? Realidades que para cambiarlas o al menos aliviarlas no bastan los caprichos de la fantasía. Por ejemplo, el destinado a ayudar a cambiar la realidad de un paciente mental profundamente adolorido del alma no puede darse el lujo de olvidar, como hace Luis bajo la ducha, el juramento de fidelidad profesional que hizo. ¿Recuerda el suyo, doctor? Frente al vulnerable, frente al que vive una realidad atormentada por la enfermedad y le necesita, usted no puede ‘sustituirse’ o transformarse en otra cosa que no sea su mejor versión como médico. Y para ello debe asumir también una especial responsabilidad con usted mismo. Lo dice la nueva cláusula de la última versión moderna del Juramento Hipocrático (2006) llamado Promesa del Médico: «Cuidar mi propia salud, bienestar y capacidades para prestar atención médica del más alto nivel». Los tiempos cambian, y con ello, la vida de ustedes también. No crea que, porque le hablo desde esta pequeñez que me caracteriza, y rodeada de un zoológico de animales de papel creados por mi propia mano, no sé lo difícil que puede ser, que muchos de ustedes sufren. Pero hoy, en esta carta, en este reclamo, en esta crítica, soy la voz de la mujer abnegada de Luis, la que le rompe el juego para devolverlo a su realidad, para que no nos falle (yo también tengo profundamente adolorida el alma), para que recuerde ser, doctor, no otro, sino la mejor versión de sí, para que me lea y me atienda con la dignidad y el respeto que merecemos, que merezco.

Corto el juego, corto el nudo.

Salud, doctor, por usted, y por el tiempo de los besos que -aún- no ha llegado.

Yo, la más pequeña.

(Copia de la carta enviada el 31 de enero del 2024 al Dr. Alonso).

 

“Mascarita, Mascarón”

Davida Santiago Torres .Foto suministrada por el autor

 

 

 ENTREVISTA A DAVID SANTIAGO

 

Me llamaron el pasado domingo 26 de enero para informar que el artista y poeta ponceño David Santiago Torres – “el declamador nacional” para muchos – había muerto en Filadelfia. Ayer domingo 4 y el sábado 3 de febrero lo velaron en Juana Díaz y Ponce y ya David es parte inolvidable de la historia cultural puertorriqueña. En paz descanse.

Poeta popular, declamador, tamborero, cantante, narrador e incansable artista plástico y “hacedor” de máscaras, David Santiago vivió sus últimos años en Filadelfia. Allí recibía diálisis y otros tratamientos para diabetes mientras esperaba un trasplante de riñón. A pesar de problemas de visión y movilidad, entre otros, durante ese tiempo siguió muy activo. Organizaba actividades en la comunidad boricua, continuaba su programa de radio, hizo por lo menos un viaje a Puerto Rico, publicó el cuento infantil El Nacimiento de un Tambor, que recibía funciones en escuelas y centros comunitarios a través de la isla, en 2022 (asistí a una función en un campamento en las afueras de Yabucoa en esa época). Además, él tenía planes de llegar a Puerto Rico en estos mismos días para presentar un nuevo libro de poemas.

Sin conocerme personalmente, David se comunicó conmigo en 2013. Había leído lo que yo escribía en Claridad sobre máscaras y quería que yo reseñara una exposición de su trabajo en Caguas. Lo que encontré en ese espacio ex iglesia fue una maravilla explosiva de creatividad. Máscaras de candungos plásticos reformados con calor y pintados en colores brillantes; máscaras de plástico envuelto en arpillera y reformado casi como caras y tocados de cacicas y caciques; y máscaras formadas de decenas de corchos de botella integrados con utensilios de casa, brochas de pintar, cepillos, tapas de pailas y muchos otros deshechos útiles. Una energía cinestética asombrosa circundaba las piezas, como si estas máscaras dieran su propia performance sin moverse. Entre 2014 y 2019, colaboramos en dos exposiciones de máscaras en Ponce y otras en Mayagüez, Manatí y finalmente Vieques. Pero ya su salud estaba afectada y se preparaba para mudarse a filadelfia.

A continuación reproduzco  la entrevista de David Santiago Torres que apareció en EN ROJO, Claridad, el 8 marzo de 2017.

La exposición “Mascarita, Mascarón”, organizada por el artista plástico, mascarero, poeta, locutor y activista cultural ponceño, David Santiago, abrió en el Centro Cultural Carmen Solá de Pereira en Ponce el 2 de febrero [2017]. Desde su concepción hubo un sentido de inclusión de estilos y tipos de máscaras para borrar la distinción entre el arte y la artesanía, lo experimental y lo tradicional, lo profesional y lo popular. Dieciséis artistas participaron y varios de ellos (incluso este servidor) había participado en otra exposición organizada por Santiago hace dos años en el Museo de Música en Ponce. De variedad, brillo, innovación, reflejo de y nueva creatividad dentro de estilos ya establecidos e históricos, fue el montaje de máscaras más comprensivo y representativo que yo he visto en mucho tiempo.

El 29 de enero, durante el montaje de “Mascarita, Mascaron” grabé esta entrevista del organizador de la exposición. David Santiago Torres nacido en 1962 en Ponce. Es poeta, declamador, actor, artista plástico y periodista-activista cultural. Obtuvo su Bachillerato en Estudios Hispánicos en la Pontificia Universidad Católica en Ponce. Ha realizado cinco exposiciones individuales y en 2014 recibió el Primer Premio de arte reciclado en la Feria de Artesanías en Plaza Las Américas. Mantiene un programa de lunes a viernes a través de Radio Leo 1170am en Ponce.

Lowell Fiet: ¿Hablamos y grabamos un rato?
David Santiago: Dime, ¿de qué vamos a hablar?  Porque yo puedo hablar de muchas cosas.

 Vamos a hablar de David. Principalmente de ti, de Ponce, de máscaras, de esta exposición.
 David: Ok, tu pregúntame.

¿Eres natural de Ponce?
David: Sí, yo nací en el hospital Tricoche en el 1962 aquí en Ponce.

 ¿Y cuándo empezaste a crear máscaras?
David: Comencé a crear máscaras hace como unos 20 años atrás. Esas máscaras que yo creaba las creaba como parte de mi arte plástico porque yo comencé pintando.

Siempre mi lenguaje ha sido máscaras y ojos. Los ojos como ventanas del alma y las máscaras más o menos con esa simbología de que son como esas ventanas, que son cambiantes de nuestras emociones. Eventualmente comencé a tener contacto con el artesano tradicional, con el costumbrista; y, me di a la tarea, también, en evolucionar la máscara más teatrera porque también hice teatro como unos 20 años: construyamos máscaras para hacer teatro.

 ¿Has hecho máscaras tradicionales de Ponce? ¿De Vejigantes?
David: Si he construido este tipo de máscaras. De hecho, comencé una pieza para aquí que no la pude terminar. Es una pieza muy especial que tiene tres máscaras de vejigante, pero es una vasija con tres máscaras en cada lado. En la artesanía amo mucho la vasija; la construí de papel y le agregué esas tres máscaras. Por la cuestión de la vista [problema ocular] no pude terminarla. Pero imagino que a mitad de exposición podré agregar ese trabajo.

He logrado hacer máscaras de papel maché, máscaras también de higuera, he construido máscaras de lo que tu no te imaginas: de plástico, de candungo, de todo.

 Yo también uso por ejemplo galones de agua para hacer máscaras.
 David: Donde la gente no se imagina máscaras yo veo máscaras [ríen ambos].

¿También usas cosas de ferretería?
David: Uso muchos objetos de ferretería, desechos. Yo trabajé un año en una ferretería cuando recién llegué de Colombia de un intercambio cultural y vi unas máscaras mortuorias que se me parecían, ¡eran unos lavamanos! Y yo decía: mira estas son las máscaras mortuorias que yo vi allá en Colombia y comencé a hacer esas máscaras que fueron las primeras que expuse en Ballajá en el Museo de las Américas. Allí expuse doce de esas máscaras.

 Y das talleres también, ¿no?
David: Damos talleres también de papel, con plástico, con lo que sea.

 ¿Y a los jóvenes les gusta eso, se comprometen bien en el proceso de hacer máscaras?
David: Ahora mismo estamos trabajando un taller que va a ser para ancianos en el pueblo de Villalba, lo está auspiciando el Instituto de Cultura, es un taller de reciclaje. Lo vamos a hacer con papel y con plástico donde ellos pueden hacer ese tipo de máscaras más contemporáneas.

 Esta exhibición abre el dos de febrero. ¿Entonces es la misma noche que comienza el Carnaval de Playa de Ponce?
David: Coincide con la apertura del Carnaval de Playa de Ponce que lleva celebrándose 27 años. Pero en realidad el Carnaval de Playa de Ponce es el más antiguo de todo Puerto Rico porque por ahí es que entra la tradición del Carnaval de Ponce. La playa de Ponce es la que tiene la mayor cantidad de artesanos de máscaras. Podríamos mencionar Miguel Pérez, Miguel Caraballo, Freddy Soto, Jaime Zayas, cuantos mascareros que viven allí, Juan Alindato, el hijo y también el padre. Algunos de esos artesanos cuando llegan por primera vez a Ponce se localizan en dos barrios que quedaban en el muelle de Ponce. Un barrio se llamaba Haití y otro barrio quedaba en Santo Domingo. Esos dos barrios para las personas que quieran saber dónde estaban localizados, hace una semana yo me enteré donde estaban localizados. Usted puede ir hasta a la fábrica de chatarra” [ríen ambos].

Ahí estaba el barrio y la comunidad de Haití y al lado estaba la de Santo Domingo. Por ahí, en esta comunidad los mascareros, porque son personas que venían desde Haití y desde Santo Domingo a trabajar en el muelle, son los que introducen la costumbre de celebrar un carnaval en Ponce.

 ¿Y de veras que no había carnaval con la Iglesia ni nada antes de la llegada de esos trabajadores?
David: Antes de la llegada de esos trabajadores no, pero si había una celebración del carnaval en Santo Domingo. El carnaval donde primero llega es a Santo Domingo hace como 500 años atrás. Con la iglesia católica las costumbres llegan. De Santo Domingo empieza a mudarse ese tipo de festividad a Cuba y a Puerto Rico

Y tú tienes idea de la fecha en que llegó la gente para empezar a celebrar carnaval aquí en Ponce. Fue en el siglo XVIII, XIX, pero en qué punto: ¿temprano, mediano, finales de siglo?
David: La población de Ponce se funda en el 1692, podríamos decir que ya hacia el 1598 ya había indicios de que esa población estaba creciendo y ya habían personas trabajando en el muelle de la playa de Ponce. Por ahí entraban lo que se llamaba el mostrenco (lo que es el comercio) tanto clandestino como legal, estaba entrando en ese momento.

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 ¿Mostrenco…?
David: Se le llamaba mostrenco a esa gente que estaban desarrollando un comercio tanto legal como ilegal. Más o menos esa fecha es la que comienza a traer a indicios de ese carnaval. En un momento primero comienza en las comunidades; por ejemplo, en la comunidad de la playa se celebraba esa fiesta en Cantera aquí en Ponce, también había unos lugares donde la gente iba a bailar con los vejigantes, pero la sociedad de Ponce siempre ha estado bien dividida, siempre ha estado en diferentes niveles. Los Wirshing, los Serrallés, la gente de alta alcurnia celebraba aquí en el casino con lo que se llamaba el antifaz. Ellos eran los que se encargaban de los reinados, las reinas, de esos tipos de carnavales mas estilizados porque en la calle se celebraba una cosa, una fiesta desorganizada y ellos en el casino tenían otra cosa organizada. Eso con el tiempo comenzó a unirse, la comunidad con la alta alcurnia, y lograron formar un carnaval que ya va 151 años.

Entonces, vamos a regresar a David por un momento. Lo que está pasando con los ojos ¿es una operación que has tenido ya?
David: Yo tengo una condición de los riñones que me ha afectado los ojos, también tuve un accidente de un golpe bien fuerte que me desprendieron la retina, me han creado cataratas y he perdido la visión durante dos años.

Oye, quería añadir que nosotros hemos hecho unas investigaciones bien interesantes sobre, por ejemplo, los estribillos. El estribillo es como la música, la canción, el lenguaje que tiene el vejigante: “vejigante a la boya, pan y cebolla”; pero la gente no sabe por qué decía “vejigante a la boya”, pues mira, se utilizaban unas vejigas, esas vejigas en el principio los pescadores las utilizaban para marcar los chinchorros. Ellos las ponían para buscar la carnada, utilizaban esas vejigas porque ellas flotan (eran las boyas). Entonces ese pescador cuando iba a buscar esa carnada se tiraba y tenía que ir a la boya, pero da la casualidad que el pescador era sinónimo de vejigante por eso “vejigante a la boya”. Era un tiempo de mucha hambre y cuando el pescador llegaba a la orilla ya había gente con pan y cebolla esperando las sardinas para freír inmediatamente y comer.

Los lerenes (que se llama [la canción] “vamos muchacho a buscar lerenes palos van y palos vienen”). El lerén es un tubérculo muy parecido a la papa que se daba más en el campo, en el monte. Y los muchachos con su hambre iban a robarse los lerenes y ¿qué recibían? Pues palo de parte de los dueños” [ríen ambos]. Recibían palo “vamos muchachos a buscar lerenes palos van y palos vienen”.

“Vamos muchachos a la marina pa’ buscar pan y sardina” “a comer pan y sardina”. O sea que este tipo de hambre y de arte culinario está bien ligado a lo que es el vejigante de Ponce. El vejigante de Ponce come mangó porque toda el área donde el residencial Pámpanos y Lirios del Sur, todos esos eran árboles de mangó. Cuando ellos [los vejigantes] venían para el carnaval en el pueblo, cuando regresaban con hambre se trepaban a los árboles, vestidos de vejigantes, y la gente al pasar decía “mira los vejigantes comen mangó, y hasta las uñas se las lambio” [ríen ambos].

Ahora el vejigante de Loiza ¿qué come? Coco. Ó sea el vejigante de Ponce no come coco, come mangó, ó sea que todo tiene un por qué y los estribillos tienen su sabiduría, su sabiduría de pueblo. Nosotros nos hemos dado a la tarea de investigar de porqué nosotros mencionamos y cantamos todo eso que también está ligado a unos personajes como “Maximina ‘La loca’, loca es”; “ese brujo es negro, mírale los ojos color café”.

 Qué bueno que tú estás haciéndome esta entrevista porque tú también has hecho una gran aportación: el único carnaval ‘carnaval’ [énfasis en la palabra carnaval] por las fechas religiosas es el de Ponce porque  La fiesta de Loíza es una fiesta teológica, religiosa; el festival de Hatillo es una fiesta religiosa, teológica, basada en unos textos de la biblia; el carnaval de Ponce es un carnaval donde todo se vira al revés y termina exactamente con el día de la cuaresma, y ese día de la cuaresma todo entra en la paz y la gente empieza a prepararse ya para asistir a la iglesia, para la semana santa, después de haber hecho todo ese desorden. Eso tiene que ver mucho con esa máscara que nosotros tenemos, con esos sentimientos, que tenemos los ángeles adentro pero también tenemos a los demonios, pero tenemos que saber controlarlos. Tenemos que darle apertura a la luz y controlar también esa oscuridad que nosotros tenemos. Todo tiene una razón, un porqué.

Aparte de que los carnavales en el mundo también están ligados a la política. Fíjate que en Francia el rey podía disfrazarse de hombre en octubre durante uno o dos días y la gente pobre podía disfrazarse de rey durante uno o dos días, o sea, que podían confundirse y por ahí comenzó la revolución de la libertad. Así que ahí hay muchas cosas entretejidas que no podemos perder en la historia.

 Pues muy bien. Un millón de gracias.

 

[Transcripción de la entrevista por Nilo Mahatma Caituiro Monge. Esta entrevista también está disponible en YouTube.com]