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Documentos de la Liga de Patriotas Puertorriqueños, fundada por Eugenio María De Hostos

 

 

Especial para En Rojo

 

El libro DOCUMENTOS DE LA LIGA DE PATRIOTAS PUERTORRIQUEÑOS FUNDADA POR EUGENIO MARÍA DE HOSTOS del doctor  Orlando José Hernández es un texto que reúne artículos diversos de gran importancia sobre esta entidad y la historia de Puerto Rico que fundara el educador, abogado y fundador de la sociología en América Latina, como ha dicho la argentina Adriana Arpini, conocido internacionalmente. Es uno de los puertorriqueños más destacados por su prolífica y significativa obra para el mundo de la educación y el de la política. Intelectual gransciano, como le he llamado  en mi libro Intelectuales y ensayo, se convirtió en abogado  e hizo destacadas aportaciones jurídicas al caso colonial de Puerto Rico, entre ellas poner en escena la ausencia de la personalidad jurídica de los puertorriqueñes en el proceso de cambio de gobierno y en las negociaciones del Tratado De París.

Su análisis de las causas de la Guerra Hispanoamericana es explícito en las entrevistas citadas por Hernández. Por ejemplo, sus palabras sobre los motivos del expansionismo norteamericano. Expresó Hostos que “el argumento de que necesitamos una estación carbonera en las Indias Occidentales en la posición aproximada que ocupa Puerto Rico no tiene validez en el foro de la moralidad. Ese ha sido un argumento de piratas desde tiempos inmemoriales. Todo ladrón quiere algo que su víctima posee” (30). Preludiaba con estas palabras el desarrollo del militarismo estadounidense en los siglos XX y XXI denunciado por Naomi Klein en La doctrina del shock.

Los documentos que  se reúnen en este libro tienen gran relevancia para el entendimiento de la necesidad de releer a Hostos y de que continúe la labor del Instituto de Estudios Hostosianos de la Universidad de Puerto Rico que fuera cerrado debido a políticas neoliberales gubernamentales. Entre ellos, a mi juicio, se destacan los siguientes: el Borrador de los Estatutos de la Asociación de la Liga de Patriotas Puertorriqueños, escrito por Hostos en Nueva York que confirma cuánto se debe a este la conceptualización de la Liga de Patriotas y que fue su fundador; A los puertorriqueños, discurso leído por Hostos en la misma ciudad el 1° de septiembre de 1898; Una anexión forzada, entrevista a Hostos publicada  en The Nation; y conferencias inéditas de este intelectual que se movió en distintos ámbitos en su largo viaje por América Latina donde elaboró el término el mestizaje de manera más democrática, como se aprecia en El cholo de 1870,  y que también fuera uno de los fundadores del ensayo latinoamericano junto a Bolívar, Sarmientos y Martí en el todavía androcéntrico mundo letrado, elemento ignorado en muchas historias del ensayo escrito en español.

El libro contiene un valioso estudio preliminar titulado La Liga de Patriotas Puertorriqueños: un proyecto descolonizador, autogestionario y de autodeterminación. En este su autor  ofrece un análisis histórico y crítico de la Liga de Patriotas en el que resalta que Hostos quería crear un movimiento sin ataduras con partidos políticos y que convocara a la sociedad civil puertorriqueña en torno a sus mayores desafíos sociales: la salud, la  educación, la participación ciudadana que eliminara la estratificación socio-económica semi-feudal que regía en la Isla durante el régimen imperial español y que seguía vigente.

No solo la invasión y el bloqueo naval de Estados Unidos sino también el ciclón San Ciriaco de 1899 y que representara el escritor y pintor  José Elías Levis en su novela Estercolero de la misma fecha, su contemporáneo, ahondaron la pobreza y crearon crisis económicas y de salud. Por eso Hostos asumió, apunta  Hernández,  una visión salubrista como la del médico Manuel Zeno Gandía, quien defendiera a los pequeños propietarios afectados por el huracán. Su propuesta social abarcaba distintos aspectos y cito del autor del estudio:

Hostos proponía políticas económicas que pudieran crear riqueza compartida: la redistribución de las tierras baldías o solariegas (siguiendo el modelo estadounidense del Homestead Act), la creación de cooperativas y la modernización de la economía mediante el desarrollo de un importante sector agrícola sobre bases científicas junto a la actualización de la infraestructura del país. (15)

Este planteamiento sigue siendo de gran relevancia en momentos en que las leyes de cabotaje han impuesto nuevas restricciones a la entrada de alimentos en Puerto Rico y cuando están desprotegidas nuestras tierras laborables agrícolamente, así como las zonas ecológicas, por lo que la lucha sigue siendo por la tierra.

Hostos fundó la Liga de Patriotas el 2 de agosto de 1898. Antes de esto había estado en los Estados Unidos en diversas gestiones dedicadas a liberar a Puerto Rico de España y a gestionar el retiro del estado militar establecido por este país.  Vivió allí de forma precaria, casi sin entradas económicas, pero logró el reconocimiento de la prensa y  fue entrevistado por distintos periódicos, entre ellos el New York Times y The Sun.

Estados Unidos había invadido a Puerto Rico violando los derechos jurídicos y humanos de los puertorriqueñes como acertadamente afirma Hernández, lo que antes señálaramos. Para Hostos la Liga de Patriotas proponía, y cito las palabras del mayagüezano, una

… política al revés de la enseñada por el coloniaje. En vez de encaminarla al poder político, se encamina al poder social; en vez de buscar el dominio de todos para uno, busca el dominio de cada uno por sí mismo; en vez de afanarse por fabricar partidos en el aire, se desvive por cimentar en la conciencia de la triste patria la noción de sus derechos, el conocimiento de sus deberes y el reconocimiento de sus responsabilidades (16)

Como ha declarado Baltasar Garzón, juez que logró  arrestar al dictador chileno Pinochet, el colonialismo es una violación a los derechos humanos.

El plan formulado por Hostos para mejorar la situación social y económica de la Isla era abarcador y retante. Planteaba la formación de Institutos Municipales en todos los pueblos de la Isla que consistían en escuelas diurnas, para la educación universal de niños y niñas en planteles mixtos, con un enfoque científico, escuelas nocturnas para obreros que también creó en República Dominicana y que fueran implantadas por José Vasconcelos en México años más tarde. Era un proyecto comunitario que contaba con la participación del pueblo.

Hostos proclamaba que “se debe luchar cuanto se pueda por temor a las tendencias absorbentes de los norteamericanos y en favor del desarrollo político y territorial de los latinoamericanos”. En ese sentido su visión era bolivariana.

Una de las mayores aportaciones de este libro es que el profesor Orlando Hernández ha aclarado importantes  incorrecciones de la edición de las obras de Eugenio María de Hostos en el 1939. “En la edición del Centenario de Hostos”, confirma, “se sustituye el propósito original por otro distinto, que claramente elude su  proposición de crear una república puertorriqueña bajo el protectorado de los Estados Unidos”. () Esto último lo entendemos a la luz de las bárbaras ejecutorias de los españoles en nuestro país, elemento que resalta José Luis González en El país de cuatro pisos.  Hernández discrepa  de  la omisión en esta edición de la propuesta de Hostos de crear una república puertorriqueña.

En la asamblea convocada por otros puertorriqueños de la diáspora, particularmente Henna, Hostos propuso la Liga de Patriotas  que decía lo siguiente en su primer artículo: ; “que el objeto político de la Liga sea favorecer el propósito de los que desean la constitución de la República de Puerto Rico, bajo el Protectorado temporal y con la alianza indefinida de los Estados Unidos”. Nótese que afirma temporal y no permanente por las circunstancias prevalecientes en la época. Con la Liga de Patriotas, apoyada igualmente por los dominicanos, Hostos inauguraba, una de las primeras organizaciones no gubernamentales y de Puerto Rico y posiblemente de América Latina. Para este educador, abogado y sociólogo la Liga era un proyecto civilizador (entendida la palabra sin la carga eurocentrista) y la independencia era su centro. Entendía que había que descolonizar al país y que sin la independencia no podía crearse una Confederación Antillana que impulsara los intereses de la región caribeña, también, añadimos, propulsada por Betances.

La Liga de Patriotas, propone Eugenio María de Hostos en su artículo “A los puertorriqueños” de 1898,  se constituyó con dos fines: “uno, inmediato, que es el poner a nuestra madre Isla en condiciones de derecho; otro, mediato, que es el poner en actividad los medios que se necesitan para educar a un pueblo en la práctica de las libertades que han de servir a su vida, privada y pública, industrial y colectiva, económica y política, moral y material” . Para eso, declaraba, regresaba a su patria. Nunca abandonó a Puerto Rico.

Orlando Hernández trabajó con diversas fuentes en Cuba, Puerto Rico, República Dominicana y Estados Unidos  para escribir este libro imprescindible para comprender el pensamiento hostosiano y aclarar varias polémicas en torno a sus posiciones políticas. Dejó claramente expuesto que Hostos fue anticolonialista y defensor de la independencia de Puerto Rico.

La autora es catedrática de la Universidad de Puerto Rico en Bayamón

 

 

 

 

 

 

 

En Reserva-El tiempo pasa lento, una reflexión de Año Nuevo

 

 

Especial para En Rojo

A temprana edad, Awni Eldous ya sabía qué quería ser cuando grande. Anhelaba ser comunicador por medio de plataformas sociales. Para alcanzar su sueño, había abierto un canal en YouTube y comenzaba a incursionar como pequeño reportero de su país.  En uno de sus videos, el niño de cabello negro y ojos grandes agradecía haber alcanzado la cifra de mil seguidores. Él sabía que, tarde o temprano, ese número de apoyo aumentaría.

Lamentablemente, no se equivocó, pues poco tiempo después de aquel video, le alcanzó la fama, pero no la que él buscaba. Awni Eldous, el niño palestino de tan solo 12 años, fue asesinado en Gaza, horas después del ataque de Hamás contra Israel, donde murieron más de 1200 personas. En respuesta, dos bombas israelitas cayeron sobre el edificio donde Eldous vivía con su familia. Su foto apareció en portadas y noticiarios internacionales. Pronto, el canal de Awni alcanzó la cifra récord de 1.55 millones de suscriptores. Los comentarios en el canal giran en torno a la lamentable pérdida de su vida. El cementerio de niños en Gaza sumaba un número más a las estadísticas.

Como Awni, han muerto casi cuatro mil niños en la guerra que actualmente libran el gobierno de Israel y el grupo Hamás, que reclama derechos para Palestina. Estos números dejan fuera la cantidad de mutilados, desaparecidos o secuestrados. Tampoco se cuentan los infantes que han quedado huérfanos. Son niños que no van a la escuela, que no tienen un hospital donde curarse; niños que hasta con una pequeña herida pueden morir por falta de los productos de limpieza y desinfección básicos. Son menores que no pueden abandonar el área de conflicto, pues no pueden salir debido a que su frontera está bloqueada.

Según cifras de Unicef, antes de esto, desde el siglo XXI, la cifra de asesinatos de niños, por conflictos internacionales, rondaba el ya alto número de 20 muertes al día. Actualmente, los números superan todo lo antes visto. Esos mismos datos nos dicen que, desde el 7 de octubre de 2023 hasta hoy, las muertes de menores sobrepasan las cifras por conflictos mundiales de los últimos tres años.

Sumado a esta trágica realidad, a los niños que sobreviven les quedarán las huellas indelebles de los daños psicológicos permanentes. Es el horror de la guerra en su versión más salvaje y cruel.

A 6600 millas de distancia, estamos nosotros. Es Navidad en Puerto Rico. El ambiente es festivo, hay música y excesos. Los niños juegan con sus regalos y disfrutan de momentos de ocio. El tiempo pasa rápido, exageradamente rápido. En un pestañeo, los días festivos terminan, como siempre ocurre cuando se pasa bien.

En otras latitudes, muy distantes del Caribe, se vive otra realidad. El tiempo pasa lento, exageradamente lento.  El ambiente es de guerra. Los ruidos ensordecen, se escuchan explosiones, gritos. Hay escasez. No hay regalos, sino huida, tristeza.

En Puerto Rico, disfrutamos de una Navidad en una realidad alterna, alejados y enajenados de aquellos niños que hoy padecen los resultados de una guerra que no acaba. En este lado de Borinquen, nos abruman, a unos más que a otros, los problemas de nuestra cotidianidad y toda la secuela que viene apareada con esta. Luchamos sí con dificultades y enfermedades para las que aún no hay cura. Tenemos preocupaciones continuas, pero nunca, ni remotamente, las que están viviendo ahora aquellos seres de cuyas circunstancias no tienen la menor culpa. Son niños sentenciados a muerte, solo por nacer.

Para estos contrastes que se dan en la vida, no tenemos respuestas. Algunos lo pensamos y se nos conmueve el espíritu, aunque no movamos ni un dedo para mitigar la situación. Otros, más poderosos, tienen todo el andamiaje para intervenir y alcanzar, al menos, el cese al fuego. Aun así, prefieren contribuir a la violencia y el genocidio. Contribuyen con armas, dinero, aviones y otros apoyos que perpetúan la guerra. Si la presión internacional les reclama, emiten expresiones frías, sin mucha mojada de pies y creen que con ellas están cumpliendo con su deber. “Creo que necesitamos una pausa”, dijo Biden sobre los eventos más recientes entre la guerra entre palestinos e israelitas, sin aclarar si por “pausa” se refería a un alto al fuego. Por decir lo menos, entre lo que pueden hacer se encuentra dejar de suplirle armas a Israel y así aportar al anhelado cese al fuego. Estados Unidos ha optado, sin embargo, por lamentar la muerte de inocentes mientras las posibilita.

En cada lugar del mundo en donde estalle una guerra, donde un civil tenga que luchar por su vida o por su libertad, aplicará el derecho internacional humanitario. Esta es la llamada “ley de la guerra”, que protege a los civiles que no participan en los conflictos. Esta ley convierte en crímenes de guerra asesinar inocentes, tomar rehenes o no proveer servicios básicos a víctimas. Cada país o estado que justifique estos crímenes los convierte en cómplices del genocidio. En la práctica, esta ley es extremadamente compleja de probar y no compensará jamás la vida de ningún ser humano.

Para los que estamos de este lado, no concebimos vivir bajo continuos bombardeos, aunque haya momentos de criminalidad que se nos parezcan. Sin embargo, no ha habido un solo periodo en la historia del mundo que haya estado libre de guerras. Desde que se constituyó la primera sociedad, los seres humanos han pretendido resolver todas sus diferencias a través de la violencia.

Ciertamente, es poco lo que podemos hacer desde nuestra alejada realidad. Aunque hay algunas organizaciones que recopilan recursos o dinero para proveer ayuda humanitaria a países en conflicto, muchos tendremos que conformarnos con ser solo un ente solidario.

Cada época navideña cierra con una lista personal de resoluciones para comenzar un nuevo año y tratar de enmendar, en lo posible, aquellas actitudes y acciones que necesitamos enmendar. Entre las que podemos cambiar para bien este 2024, está desarrollar empatía hacia aquellos cuya realidad no les ofrece muchas esperanzas. Y más allá de la empatía, agreguemos a nuestras resoluciones de año dosis de solidaridad, de hacer lo poco o mucho que podamos en cada situación. Si no es posible llevar un remedio que propicie un mejoramiento de esa situación, al menos, nos toca educarnos, asumir posturas y discutir temas como estos, como muestra de empatía y buena voluntad.

“Paz” fue la última palabra del niño palestino Awni Eldous en el último video que grabó. Que en 2024 llegue por fin esa paz, por él y para todos los niños del mundo que, mientras escribo estas líneas, siguen soñando, pero también muriendo.

 

 

encontrado en las Redes- 6 de enero (fragmento)

Francisco Félix

Contemplo un foto olvidada en mi casa. Estoy posando con mi abuela luego de mi graduación de sexto grado. Ella sostiene en sus manos un certificado de honor y un trofeo tan pesado que todavía puedo recordar su peso. Yo visto de gabán alquilado de la tienda Leonardo’s con una cinta azul marino de faja y un lazo del mismo color. Otra foto en la que tengo dificultades esbozando una sonrisa. Hay algo parecido a una expresión de complacencia, como regalándole algo a la fotógrafa (¿será mi madre?) luego de varias peticiones. Pero la sonrisa es genuina, lo confirman los ojos, seguros mirando al lente mientras poso mi mano izquierda sobre el hombro izquierdo de abuela. Ella está sentada en el sillón de metal que ahora adorna mi sucio balcón en desuso. Pero en la foto el sillón tiene el cojín original envuelto en un plástico durísimo que se calentaba con el calor de la época. Abuela sostiene firmemente ambos artículos, pruebas de que estoy siendo un buen estudiante; siempre lo hice por ella y por mamá; tener buenas notas era mi forma de decir “las amo gracias pero papá no dice te amo nunca por tanto yo tampoco lo sabré hacer hasta el día que faltes”. Ella gira su expresión hacia mi rostro; en la foto, el orgullo que siente por su nieto es obvio. Ese niño que mira mi abuela es el que quisiera ser. Pero esto es solo una foto y las cosas son diferentes, aunque permanezcan iguales.

Ahora pernocto en los interiores de este lugar, mirando fotos y escribiendo cosas sobre ellas. Hace mucho tiempo que mi abuela no está. Sin embargo, puedo recordar su casa desde esa marquesina. El flamboyán cuyas hojas cubrían la calle entera. El patio con columpios. Una casa de tres cuartos, dos baños, una cocina grande y una sala comedor con una mesa de mármol como centro. No he vuelto a ver una mesa tan imponente desde entonces en una casa.

Esa casa de abuela, junto a ciertos funerales, han sido los espacios dónde más he sentido presente la familia. En ciertas despedidas, curiosamente, es dónde se celebra la vida y se reseñan todas las historias en un solo lugar. Cuando era niño, soñaba estar presente durante mi muerte para escuchar las historias que todos iban a contar sobre mí, me preguntaba si compartirían ciertos secretos, o si llorarían o se acordarían de mí cuando el tiempo pasara.

Uno de los huracanes lo pasamos en la casa de abuela; estaban todos los primos y primas, tíos y tías. La pasamos a oscuras, en la biblioteca, con una mesa con velones de calcomanías de santos. Todos juntos como animales buscando el calor y el refugio de la tempestad. A veces permanezco en ese recuerdo, como suspendido en una hamaca mientras pasa el tiempo. Así voy sintiendo el paso de los días, sucesiones de deseos inconclusos y letras muertas. Ya son las 8:24 pm y otro día se ha esfumado entre los intentos de las olas. Esta inercia permanece. Y es que todo cambia, pero las cosas parecen seguir igual. Seguimos pasando noches oscuras. Pero ahora somos menos.

 

 

Cine de mujeres 2023-Parte 1

 

 

En Rojo

En los años que asistí al Festival de Films du Monde de Montreal, siempre destacaba una sección al cine de mujeres directoras porque su participación era numerosa en todas las categorías y me intrigaba lo que hacían en sus respectivos países. Así pude conocer en sus conferencias de prensa las propuestas de Margarethe von Trotta, Rakhshãn Banietemad, Sarah Polley, Deepa Mehta, Patricia Rozema, Icíar Bollaín, Isabel Coixet y muchas otras. En Puerto Rico, este año nos honró Glorimar Marrero en largometraje de ficción con La pesera y Sonia Fritz en documental con Voces de pasión. Los siguientes filmes vienen de diversas plataformas y de salas de cine.

Tótem: Directora y guionista: Lila Avilés; cinematógrafo: Diego Tenorio; elenco: Naíma Sentíes, Montserrat Marañón, Marisol Gasé, Saori Gurza, Mateo García, Teresa Sánchez, Iazua Larios

La directora y guionista ya nos había sorprendido con La camarista en 2018 y ahora, con un estilo muy similar al presentar sus personajes y los detalles que componen la vida diaria, nos adentra en la intimidad de una familia muy conocida por parecerse tanto a las nuestras. Tótem—con su simbolismo e historia—recoge el diario devenir de una familia que comparte espacios, sentimientos, preocupaciones, alegrías y celebra, a pesar de lo que pueda parecer demasiado difícil de aceptar, el lazo que los une y que puede a veces imponer y otras igualar. La protagonista y, sin saberlo, la observadora/narradora, es Sol (Naíma Sentíes) de siete años que va de la intimidad con su madre a acomodarse a la familia extendida que viene a celebrar el cumpleaños de su padre, Tonatiuh. En la casa familiar hay cabida para todxs, aunque a veces haya roces y las voces se alteren. La directora logra, a través de conversaciones que se cruzan, desarrollar cada uno de los miembros de la familia sin nadie tener que explicar por qué son como son: si gritan, lloran, regañan, se quejan o susurran. Sol y nosotrxs pasamos el día en la casa familiar, en espera de la gran celebración entre familia y amigxs y la aparición de Tonatiuh para cada unx expresar su afecto. La directora logra hacernos parte de las preocupaciones de la familia y, a la misma vez, asumir su actitud de que lo que es un problema ahora, puede tener una solución luego. Nunca hay que desesperarse porque tenemos que lidiar día a día con lo que nos rodea. Eso es vivir. Aunque descubrimos las historias de cada unx de lxs miembrxs de la familia, la intimidad, suavidad y humanidad de Tonatiuh (Mateo García) y su cuidadora, Cruz (Teresa Sánchez), son ejemplo de un acercamiento minimalista que revela tanto de ellxs y nosotrxs. Tótem está en la lista de semifinalistas para el Oscar en la categoría de Cine Internacional en representación de México. Ganó el Premio Ecuménico en el Festival de Berlín y participa en los premios del Independent Spirit.

Anatomy of a Fall : Directora: Justine Triet; autorxs: Justine Triet y Arthur Harari; cinematógrafo: Simon Beaufils; elenco: Sandra Hüller, Swann Arlaud, Milo Machado Maleski, Antoine Reinartz

Lo que en un principio parece ser un lugar encantado—casa de madera de varios niveles en el medio de un bosque que se aproxima a un río, todo cubierto de nieve y casi despoblado—se convierte en la escena de un crimen o accidente que no se logra esclarecer hasta casi un año después. Mientras tanto recibimos detalles, pertinentes o no—como resultado de los interrogatorios de la policía a los miembros de la familia y luego con el abogado de la defensa—que serán presentados y explicados en el juicio al que se somete a la acusada. Para encontrar una verdad aceptable para la esfera de la justicia y al público en general, ya que esta familia vivía aislada de la pequeña comunidad, se investiga las relaciones matrimoniales, la competencia académica entre la pareja, sus diferencias lingüísticas y culturales. Sin duda, para nosotrxs lxs espectadorxs, el público presente en la corte y la juez y el jurado que atiende el caso, lo que más tiene peso son los testimonios de Sandra Voyter (Sandra Hüller) y su hijo pequeño, Daniel (Milo Machado Maleski). Es a ellos que la cámara persigue y se detiene en cada uno de sus gestos, casi como para leer sus pensamientos. Así encontramos detalles de las dificultades de mantener una relación entre pareja que parece llena de resentimientos por no seguir siendo el imaginario de cuando se conocieron, de cómo lidiar con accidentes que afectan la vida de todxs, de no sobresalir demasiado para no crear celos profesionales, de aceptar vivir en un lugar apartado sin redes afectivas. Y, como en Tótem, son los ojos de un niñx los filtros de la verdad, la percepción y el amor incondicional. El filme ganó el Palm d’Or de dirección en Cannes, seis de los premios principales de los Premios Europeos, un Gotham Award, dos Golden Globes y el premio por Mejor Filme por y sobre una mujer del Women’s Film Critics Circle (WFCC).

A Thousand and One: Directora y guionista: A.V. Rockwell; cinematógrafo Eric Yue; elenco: Teyena Taylor, Aaron Kingsley Adetola, Aven Courtney, Josiah Cross, William Catlett, Terri Abney, Delissa Reynolds, Emmy Harrington

Lxs actorxs pueden ser cantantes, bailarinxs, performerxs, comediantes stand-up, modelxs, coreográfxs, pero cuando lxs veo en un filme, interpretando personajes, son solamente eso: intérpretes de una historia que contar. Cuando vi a David Bowie en The Hunger (1983), me fascinó su presencia dramática sin saber que su fama venía de la música. La actuación transforma a las personas y por eso la satisfacción de convertirse en tantos personajes. Teyena Taylor interpreta a Inez de la Paz, una mujer joven, conocedora de la calle, la cárcel y las leyes que insisten en mantenerla “en su lugar”.  Aunque luego compartirá el constante close-up de la cámara de Eric Yue con Terry, su hijo, en sus tres etapas de crecimiento (Aaron Kingsley Adetola, Aven Courtney, Josiah Cross), es a Inez a la que acompañamos a volver a acostumbrarse a su vecindario, conseguir empleo y vivienda y, por su cuenta, rescatar a su hijo de las casas de acogida del Departamento de Servicios Sociales de la ciudad. Inez no se doblega en su intento de normalizar su vida y si eso significa mentir y utilizar a otrxs, que así sea. Ningún trabajo es poca cosa para ella y asegurar una vivienda es su prioridad. Cuando se re encuentra con Lucky (William Catlett), ve la posibilidad de formar una familia y así darle más estabilidad a Terry. Durante todo el crecimiento de Terry, vemos a una mujer que no se da por vencida, que se mantiene firme en sus convicciones y que ama intensamente y nunca ve los ajustes y sacrificios que tiene que hacer como una imposición. Logra crecer, cuidar y proveer sin amargarse la vida ni culpar a nadie. El filme ganó el premio de drama en el Festival de Sundance y fue nominada para el WFCC como mejor filme de mujeres y mejor actora.

Saltburn: Directora y autora: Emerald Fennell; cinematógrafo: Linus Sandgren; elenco: Barry Keoghan, Jacob Elordi, Archie Madekwe, Sadie Soverall, Richard E. Grant, Rosamund Pike, Carey Mulligan, Alison Oliver

En el anterior filme de Emeral Fennell, A Promising Young Woman (2020), coincido con los críticos, que no se cansan de alabarlo, en que es un filme como un “thriller” de comedia oscura que significa que se darán situaciones al parecer absurdas y que la reacción de los espectadores se moverá de algo de carcajadas, sonrisas por lo inverosímil de algunas escenas, asombro de la posibilidad de llegar a la violación y el crimen y cuestionar la posibilidad de que lo presentado pueda suceder. Diferente a Promising, el personaje central de Saltburn es Oliver Quick (Barry Keoghan), estudiante becado de una universidad élite (Oxford) que al parecer, está dispuesto a humillarse para ser parte del grupo privilegiado. Diferente al personaje de Carey Mulligan en Promising, Oliver no se destaca por nada y no tenemos ninguna información de quién es o lo que quiere lograr. Eso hace que la trama casi se estanque en lo que llegamos a la 2nda parte de la historia: la invitación del hermoso y muy rico compañero de clase, Felix Catton (Jacob Elordi) a pasar sus vacaciones en Saltburn, su estancia. Allí tendremos que soportar los intercambios cínicos con aire de superioridad de la familia Catton y sus amistades. Al parecer, Oliver no se inmuta con los insultos y humillaciones que tiene que aguantar ya que tiene la seguridad falsa (por lo menos, así lo creemos) de que conquistará el respeto y afecto de la familia. De ahí en adelante, la historia se vuelve absurdamente “gótica” con sangrados, envenenamientos, puñaladas y desapariciones: “Not my cup of tea”. Pertenezco a esa minoría de críticos que no cree que este filme es una sensación y que las actuaciones son admirables.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Seguir hasta alcanzar nuestra estrella 

 

El inicio de un nuevo año siempre simboliza esperanza. Es una nueva oportunidad de aprender, crecer y contribuir a  enderezar lo que esté torcido, combatir lo que sea injusto y renovar nuestra lucha por mejorar nuestro entorno. Para los puertorriqueños y puertorriqueñas, nuestro entorno inmediato es Puerto Rico, pero como ciudadanos del mundo estamos convocados a ir más allá, y convertirnos también en reclamantes de justicia para los oprimidos y sufrientes en el mundo entero.

El 2024 llega en medio de una gran convulsión mundial, con guerras en Ucrania, Palestina y la región del Medio Oriente, una extendida polarización económica y social, y unos niveles de pobreza y marginación que han cancelado  muchos de los derechos y conquistas por los cuales la humanidad ha luchado y ha muerto por siglos y décadas. A esta altura de la historia, el mundo atraviesa por un momento de cambio radical, del cual seguramente nacerá el nuevo orden mundial que regirá sobre países y sociedades de aqui en adelante.

En este nuevo paradigma histórico, nos toca ubicar a Puerto Rico, y trazar la ruta de nuestro País hacia el futuro, en un mundo de países soberanos que hablan con voz propia y se sientan en igualdad de representación en los principales foros internacionales. Por diseño del gobierno de Estados Unidos, y de los gobiernos coloniales y el andamiaje mediático que les ha hecho el trabajo durante 125 años, Puerto Rico ha vivido de espaldas a ese mundo cambiante. Hemos estado suspendidos en una «burbuja de prosperidad» artificial, que comenzó a quebrarse en el año 2006, y ha desembocado en la más profunda crisis económica, social y de gobernanza pública que han vivido ya tres generaciones de puertorriqueños y puertorriqueñas. En Puerto Rico se ha enquistado un sistema anacrónico, reducto de un modelo colonial que ha fracasado en el mundo entero, por ser un sistema perpetuador de esclavitudes e injusticias.

Una de nuestras tareas urgentes como pueblo es utilizar el proceso electoral de este año 2024 para comenzar la construcción de un nuevo camino colectivo que sustituya el modelo colonial anquilosado, decadente y corrupto que nos traído a la actual crisis, y transformarlo en una nueva forma de organización política, y una nueva gobernanza, que comience a  enderezar la economía y establecer mecanismos de rendición de cuentas al país y de administración responsable de los recursos públicos. Paralelamente, hay que darle curso a un proceso de autodeterminación política que acabe con el tutelaje colonial. Este es el camino acordado por la comunidad internacional como remedio a la inferioridad y subordinación del coloniaje.

Por último, a los independentistas nos corresponde utilizar todos los medios posibles para continuar fortaleciendo  nuestras bases de apoyo y nuestras instituciones, y a nuestro periódico CLARIDAD, como vocero amplio del independentismo puertorriqueño, sobre todo en este año 2024 que CLARIDAD cumplirá 65 años de publicación ininterrumpida.

Al desearles a todos y todas un Feliz Día de Reyes y mucha  salud, renovada energía y nuevas alegrías y oportunidades en este año 2024, les invitamos a unirse en nuestro camino hacia lograr alcanzar nuestra estrella.