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Amanda será leyenda siempre

Amanda Serrano vs. Erika Cruz - New York, NY 02/04/2023 - Puertorrican boxer Amanda Serrano (rigth) defeated ERika Cruz from Mexicon theFeatherweigth Championship contest at the Madison Square Garden in New York. ©2023 Javier Gonzalez-Rivera

 

 

Especial para CLARIDAD

El boxeo ha sido uno de los deportes que más gloria le ha dado a nuestro País. Recordemos que las primeras seis medallas olímpicas de Puerto Rico fueron en este deporte. Hemos tenido sobre 60 campeones mundiales.  Sin embargo, sin restarle méritos a ninguno de ellos, la hazaña lograda, de unificar los cuatro campeonatos de todos los organismos que logró Amanda el pasado sábado, es una sin precedente en nuestra historia.  El boxeo femenino ha sido uno de los deportes más discriminados en la historia, pero eso no ha detenido a Amanda.  Su consagración el sábado, con su gran victoria por decisión unánime sobre Erika Cruz, añade aún más a un resumé que ya de por sí la debe llevar al Salón de la Fama pues recordemos que también es la única boricua en ganar campeonatos en 7 divisiones distintas.

Lista para Taylor

Sin querer restarle méritos a Cruz, quien fue una rival digna y dio tremendo combate, la victoria de Amanda prepara el escenario para una revancha el 20 de mayo en Dublín, Irlanda. De lo que fue la pelea del año el año pasado entre Amanda y la Irlandesa Katie Taylor (aunque la pelea fue una cerrada y uno puede argumentar que cualquiera de las dos pudo haber sido la ganadora) el hecho de que Amanda haya aceptado la revancha en territorio hostil (o sea Irlanda) habla de su legado. Ella mismo expresó:  «Taylor vino a a Nueva York, y ahora nos toca a nosotros ir allá;  y así lo haremos».   Eso solo habla del deseo de Amanda a ser considerada una de las grandes del boxeo boricua.  Amanda no tiene que vencer a Taylor para ser mencionada en la misma estratosfera de Tito, Cotto, Gómez y Benítez pero el hecho de que esté dispuesta a intentarlo es admirable. Amanda, vamos a ti y, pase lo que pase en mayo, siempre serás leyenda.  Las niñas que van creciendo en las escuelas de nuestro país pueden decir que cuando crezcan quieren ser boxeadoras como Amanda Serrano.

 

Editorial: El reto de avanzar hacia la energía de fuentes renovables

 

A raíz de la aprobación del contrato de Genera PR, que privatiza la generación eléctrica en Puerto Rico a través de una compañía subsidiaria de New Fortress Energy- que ya vende y suple gas natural a las unidades generatrices de San Juan de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE)- cobra fuerza el debate de por dónde va nuestro país en el objetivo de alcanzar un 100% de generación eléctrica de fuentes renovables para el año 2050. El proceso camina con mucho retraso. Según el itinerario del Negociado de Energía, en 2022 debimos haber alcanzado un 10% de generación de fuentes renovables. Nos quedamos muy por debajo con solo 2%. A ese ritmo, es cuestionable que podamos “cantar victoria” dentro de 27años cuando se venza el plazo.

El principal escollo para lograr dicho objetivo es el colonialismo. Recordemos que Puerto Rico no tiene soberanía. Que aquí manda el Congreso de Estados Unidos. Y ese cuerpo, tan distante y ajeno, tiene presencia y autoridad continua en nuestro país a través de la Junta de Control Fiscal (JCF), y así empuja privatizaciones y embelecos que satisfagan a los grandes intereses del capital a quienes se deben ellos y la mayoría de los políticos de Estados Unidos y Puerto Rico. Por eso, ninguno habla claro cuando se menciona el asunto de las energías renovables. La llamada “política pública” de renovables para el 2050 se ha convertido en un escudo para que los políticos y tecnócratas del gobierno de Puerto Rico eviten contestar las preguntas más incómodas sobre el tema de los proyectos de energía renovable, mientras se les da paso y contratos a compañías de gas natural.

A lo largo de nuestra historia colonial bajo Estados Unidos, han prevalecido siempre los intereses de las grandes industrias y capitales de allá, sean estos el armamentista, militar, azucarero, petrolero, farmacéutico, y ahora, el gran comercio, el real estate y la industria del gas natural. Tal contradicción la advierte la propia Secretaria de Energía de Estados Unidos, Jennifer Granholm. En sus comparecencias públicas durante su más reciente visita, Granholm aseguró que un estudio realizado por el Natural Renewal Lab del Departamento de Energía de Estados Unidos (DEEEUU) comprobó que Puerto Rico tiene la capacidad de generar energía renovable por los próximos 27 años, hasta el 2050, cuando se supone que estén dadas las condiciones para la transición completa a la producción eléctrica de energías renovables. “Puerto Rico puede ser un ejemplo desde cero de cómo una región, cómo una isla, cómo cualquier parte de los Estados Unidos o cualquier país puede depender al 100% de recursos renovables. Este es el momento para que Puerto Rico pueda levantarse de la tragedia de estos huracanes y construir un sistema que sea un modelo. Pero no va a suceder por sí solo”, dijo la secretaria, sin abundar.

Lo que Granholm no dijo es que los grandes saltos de los países ocurren cuando convergen las principales fuerzas sociales en el convencimiento común de la necesidad de lograr consenso para elevar su desarrollo económico y estándares de vida. Elaborar un consenso para dejar la dependencia de combustibles fósiles, y movernos hacia la producción eléctrica de fuentes renovables y limpias es urgente. Que Puerto Rico tenga acceso a energía propia, moderna, estable, asequible y no contaminante, sobre la cual apuntalar un nuevo modelo de desarrollo económico capaz de producir bienestar y progreso a nuestra gente, a la vez de contribuir a revertir los daños del cambio climático, debía unirnos a todos y todas en el país.

Ya muchos países han alcanzado un consenso para emprender esa ruta. Según datos de la agencia internacional de las energías renovables, IRENA, los emprendimientos en energía renovable a nivel internacional ya le dan empleo a 11 millones de personas, con un crecimiento de más del 50% en los últimos siete años. En nuestra región, el ejemplo de Costa Rica demuestra que la independencia energética de manera sostenible es posible. El país centroamericano lleva 8 años consecutivos produciendo más del 98% de su energía de fuentes renovables, lo cual ha aportado gran estabilidad a su economía y confiabilidad a la inversión extranjera.

Ese es un ejemplo exitoso y cercano que debería animarnos. Necesitamos una fuerte unión de voluntades que, por encima de intereses creados, contratos y privatización, acepte el reto de impulsar la energía de fuentes renovables, que es la mejor opción energética para el futuro de Puerto Rico.

 

 

“La música puertorriqueña carga la nostalgia de la patria”: entrevista a Fabiola Méndez

Esta es la primera parte de una larga entrevista a la virtuosa del cuatro Fabiola Méndez.

 Vianco Martínez

Especial para En Rojo

Lleva dentro las canciones de su tierra y cuando toca su instrumento hace que la luna duerma en sus tonadas. Se llama Fabiola Méndez y tiene una sonrisa que empieza en el mar de las Antillas y no termina en ninguna parte. Rotundamente puertorriqueña, lleva siempre su le lo lai adentro. Y, como el poeta Corretjer, sería boricua hasta en la luna.

Fabiola es hija de la libertad y nieta de la tradición. Toca el cuatro puertorriqueño desde los seis años y carga en su instrumento todas las canciones que le enseñó a cantar su tierra. Los rizos de su pelo se parecen a los rizos de su mar, y su alma de trovadora tiene mucho que ver con la identidad, nunca negociada, de su nación. Solo tiene veintiséis años y su música ya se está paseando por el futuro.

Fabiola Méndez nació en Caguas, una provincia musical situada al este de Puerto Rico. Allí aprendió a tocar el cuatro y a entenderse con la voz de las mañanas. Cada día, con su instrumento, rinde sus respetos a los viejos trovadores y a la tradición de su cultura. “Caguas es un pueblo de trovadores, uno de los más reconocidos en la música folclórica de Puerto Rico”, dice con un orgullo que enciende todas las luces que carga en sus ojos.

El cuatro es un hacedor de patria y está amarrado a la historia de Puerto Rico. Ella lo toca con el alma y nunca olvida que es, ante todo, una enseña de identidad, un símbolo que corre parejo con las lluvias de mayo, con las siembras de la esperanza y con los arrullos de la nacionalidad boricua.

En Puerto Rico la cultura es un santuario de la libertad, un gallo de pelea que se le plantó a un imperio. Su patria fue mancillada por la historia, pero su música nunca se rindió, y hoy, en gran medida, Puerto Rico es lo que es su música y lo que es su cultura.

Fabiola Méndez tiene varios discos, entre ellos Al otro lado del charco y Afrorriqueña;este último, un canto a la identidad que incluye canciones emblemáticas como Trigueña,un poema de Carmen Colón Pellot musicalizado con las tonadas de su tierra, y Dedicatoria, un texto libertario que encontró al leer Animal fiero, un poemario imprescindible de Angelamaría Dávila, que rinde homenaje a la mujer negra puertorriqueña y a poetas y luchadoras independentistas, entre ellas Julia de Burgos y Lolita Lebrón. En camino tiene una producción que explora el folclore puertorriqueño con armonías de jazz.

Fabiola impulsa el proyecto Afrorriqueña: la música puertorriqueña y su contexto sociocultural, una iniciativa que quiere llevar a todos lados la música tradicional de su tierra y, con el cuatro de fondo, reflexionar sobre temas asociados a la identidad, la raza, la música, la historia y el folclore. ¡Y quiere traerlo a la República Dominicana!

Fabiola Méndez ha compartido escenario con Eddie Palmieri, Pedro Capó, Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, El Gran Combo y la Filarmónica de Chicago. Y en todos lados va dejando un mensaje de luz y de amor a la patria, que son elementos de los que se ha nutrido históricamente la cultura puertorriqueña.

A Fabiola Méndez el futuro la encontró con un cuatro en la mano. Estudió en Berklee College of Music y hoy es artista residente en la Boston Landmarks Orchestra.

Fabiola tiene una relación sentimental con su cuatro. Fue fabricado con la madera que un luthier le tomó prestada a un árbol sembrado en su tierra. “Es como llevar un pedacito de mi tierra a donde quiera que voy porque, metafóricamente y literalmente, fue confeccionado a mano en Puerto Rico. Es como si yo estoy llevando un cantito de un árbol que creció en mi tierra.”

Fabiola Méndez, pequeña diosa trigueña con las manos paridas de luz, es un destello de innovación en la música tradicional de Borinquen. Como todos los boricuas, canta cuando habla y, como todos los boricuas, sueña con un Puerto Rico libre, independiente y dueño de su destino. Y eso lo hace constar cada vez que toca su instrumento.

¿Cómo entró el cuatro a su vida?

El cuatro entró a mi vida por mi familia; en el lado de mi papá, que tocaba el instrumento cuando era más joven, y por el lado de mi mamá, pues toda su familia ha sido bien pro cultura, y especialmente en las navidades, que es la época en que se escucha el cuatro en Puerto Rico. Así que empecé a los seis años.

¿Qué le concedió musicalmente Caguas, su tierra natal?

Caguas es un pueblo de trovadores, uno de los más reconocidos en la música folclórica de Puerto Rico. Allí había tres hermanos -Ramito, Moralito y Luisito- que vivían en Bairoa, el barrio de Caguas donde mis papás nacieron. Y allí, en Bairoa, ellos desarrollaban esa música.

Cuando yo nací ya ellos habían fallecido, pero se mantuvo esta tradición de trovadores. Todos los domingos en Caguas, en la Plaza del Mercado, había trovadores cantando y tocando.

En Caguas está una de las cinco escuelas especializadas en música que había en todo Puerto Rico, la Escuela Libre de Música de Caguas “Antonio Paoli”. Esta escuela fue el espacio donde yo me desarrollé. Casi todo lo que soy y lo que sé de música lo aprendí ahí. Ahí fue que cogí mis primeras clases, ahí aprendí a leer música, aprendí teoría musical.

Desde los diez años estuve con maestros privados, pero ya, cuando entro a la Escuela Libre de Caguas, recibo una educación más formal en la música, con maestros de cuatro que estaban super empapados del repertorio tradicional, de las técnicas del cuatro y todo eso, además de tener las clases privadas, pues había una rondalla en esa Escuela Libre de Música.

Así que tenía la oportunidad de tocar con otros jóvenes de mi edad canciones populares, aprender a tocar frente a un público, a tocar en grupo.

Y luego llego a la Escuela Superior, donde estuve desde mis diez años hasta mis dieciocho. Ahí me empiezan a enseñar unos conceptos más avanzados, como la improvisación, la composición, empiezo a coger clases básicas de cómo escribir una canción, armonía, todo eso.

Caguas fue y sigue siendo un espacio super importante para mí, pues tenía disponible todas esas herramientas. Yo soy super super orgullosa de ser cagüeña.

¿Musicalmente hablando, Caguas es diferente a otros pueblos o regiones de Puerto Rico?

Sí hay una diferencia geográfica de estilos musicales. Por ejemplo, la bomba. Hay varias regiones en la isla, pero es mayormente en la costa donde se desarrolla la bomba puertorriqueña, que es este ritmo percusivo de herencia africana.

Caguas queda en un valle en el centro de la isla, no super centro, más hacia el este; queda literalmente debajo de San Juan.

En Puerto Rico las expresiones musicales se dividían así: la costa versus la montaña. En la costa teníamos toda la percusión, todo el baile, y en el centro era más cuerda, más de cantar, los trovadores, la música campesina. Así que creo que Caguas va más por esa línea de la música de cuerdas y de trovadores.

¿Qué nombres en la trayectoria del cuatro a usted le sirven de referencia?

Varios nombres. Ladislao Martínez, que se conoce como El Maestro Ladí, fue uno de los pioneros del cuatro moderno y uno de los compositores que más música escribió para cuatro. Incluso, todavía hoy, en el 2022, se descubren piezas. Mira, esto lo escribió el maestro Ladí. ¡Ay, yo no sé ni cuantas! Tal vez los historiadores tendrán un número estimado de cuántas composiciones tiene, pero él ha sido muy importante en la historia del cuatro.

Maso Rivera, que es un poquito ya más cerquita del 1900; Pancho Ortiz Piñeiro, Archilla (Sarrail). Y ya más moderno yo diría Edwin Colón Zayas, Quique Domenech, Prodigio Claudio.

En la figura de la mujer, que como pasa en mucha de la música, no hubo tal vez muchas a las que se les dio el espacio en las épocas que el cuatro estaba desarrollándose. Pero en la música moderna tenemos a Maribel Delgado, Emma Colón Zayas.

¿El cuatro era un instrumento de hombres?

Si. Realmente no sé por qué, pues yo me imagino que tenía que haber mujeres cuatristas, solo que a lo mejor no se les daba el espacio para que tocaran en tarima o no se les daba la visibilidad en los medios, en los periódicos, en la radio de ese tiempo.

Las que conocemos, de las primeras, son de ahora, del 2000 para acá, que son las que mencioné, Emma Colón Zayas y Maribel Delgado, que fueron las primeras que hicieron un disco tocando el cuatro.

Antes de ellas no había, que yo sepa, una mujer que hubiera hecho un disco como cuatrista. Sí había mujeres que cantaban la música campesina. Creo que siempre en la música a la mujer se le dio ese rol, especialmente antes: tú eres mujer, canta, canta o baila.

¿Cuáles posibilidades ofrece el cuatro para enlazarse con otros géneros y otras músicas, más allá de las expresiones puertorriqueñas?

Tradicionalmente, el cuatro fue hecho para la música campesina y la música folclórica de Puerto Rico. No es hasta finales de los 90 que los cuatristas empiezan a experimentar con otros géneros musicales. Por ejemplo, Edwin Colón Zayas empieza a explorar con la música clásica, empieza a explorar un poquito con el jazz, empieza a explorar con otros géneros latinoamericanos.

El cuatro tiene un timbre bien parecido a muchísimos instrumentos autóctonos. Por ejemplo, si tú estás tocando en el registro agudo del cuatro, suena bien parecido a un cavaquinho o a un bandolín, que es un instrumento brasilero.

Si estás tocando en las cuerdas graves y estás tocando tipo montuno, suena bien parecido a un tres cubano. Si estás tocando finger star, como le dicen, con los dedos, puede sonar como una guitarra de doce cuerdas, una guitarra de cuerdas dobles. O sea, es versátil en ese sentido.

Como tiene un registro también tan amplio, como tiene unas notas graves, como tiene unas notas super agudas, porque tiene cinco cuerdas dobles, tiene todas esas posibilidades.

Dependiendo del lugar en el diapasón en el cual tú estés tocando, pues tiene una sonoridad que le da esa flexibilidad. Puedo tocar un choro brasilero, puedo tocar un bossa nova o puedo tocar un son cubano o puedo tocar una pieza de jazz.

Uno de los pioneros en eso de jazz también fue otro cuatrista que se llama Pedro Guzmán. El empezó a tocar el cuatro con el blues y a tocar el cuatro más con la música de Estados Unidos, el jazz y todo eso. Y lo tocaba un poco más como una guitarra, que es un poco también de lo que yo hago.

Cuando estoy cantando me acompaño con el cuatro tocando acordes, que tradicionalmente no es lo del cuatro. El cuatro es un instrumento de melodías, que es acompañado con una guitarra. Pero tiene cinco cuerdas dobles, se pueden tocar acordes cómodamente, entonces, por qué no hacerlo. Así que es parte de eso, de esa exploración, lo que yo siempre digo, es un instrumento como cualquier otro. Lo podemos comparar con una guitarra, se puede tocar acordes, se puede tocar melodías, puedo tocar cualquier tipo de género musical.

¿Qué papel juega el cuatro en una orquestación?

Foto: página de FB de Fabiola Méndez

El cuatro es el que establece la melodía, la tonalidad, la guitarra acompaña y, entonces, tenemos el bongó y el güiro. Ese es el conjunto típico: cuatro, guitarra, güiro -el güiro es el güícharo puertorriqueño- y el bongó y el trovador que canta. Esa sería la instrumentación tradicional.

En Puerto Rico hay muchas melodías tradicionales que se conocen como seises o aguinaldos. Hay más de ciento cincuenta seises dependiendo de la región de la isla. El cuatro es el que delinea las melodías y establece el estilo. Por ejemplo, si un trovador de la isla llega y dice yo quiero cantar un seis fajardeño, que es de la región de Fajardo, pues el cuatrista es el que establece la melodía del seis fajardeño: pam pa pam pam / pa pa pa pam / pam pa pam pam / pa pa pam. El trovador canta su letra, pero es el cuatro, por esta melodía, el que establece que este es el seis fajardeño.

O sea, que el cuatro siempre va adelante, siempre va a la vanguardia

Si. Incluso en los contextos tradicionales es el instrumento líder. El cuatro es el que hace el solo, el cuatro es el que acompaña, cuando la canción termina -o si es una canción instrumental es la misma cosa-, el cuatro es el que da como que el “qiu” para terminarla. O sea, es bien líder en la música, el cuatro.

 

Continuará…

 

 

Martí, génesis de la dignidad

 

 

Cristóbal León Campos

“Los derechos se toman, no se piden; se arrancan, no se mendigan”

José Martí

Un doble aniversario celebra el prócer cubano José Martí: se cumplen 170 años de su natalicio en La Habana, el 28 de enero de 1853, y se conmemora el 132 aniversario de la publicación de su magistral ensayo Nuestra América en las páginas mexicanas del periódico El Partido Liberal, el 30 de enero de 1891. Hoy, Martí sigue iluminando a nuestras culturas que reflejan la grandeza del ser latinoamericano y caribeño con una filosofía propia y universal, la semilla que sembró explica nuestra identidad y la ayuda florecer en el quehacer humilde y descalzo de los pueblos que luchan día a día por su libertad.

Nuestra América es la utopía que nos mueve al porvenir, la unidad e integración son sueños necesarios y es que estamos integrados con una identidad forjada en la diversidad; fortalecerla y protegerla es parte militante de la vida en las geografías nuestras, la esperanza sobrevive en estas tierras al perjurio y la soberbia imperial. La América nuestra vive en la memoria y en el presente de nuestros pueblos. Martí entregó su vida por ella, ahora nosotros honramos su legado defendiéndola con decoro. Nuestra América es la síntesis de nuestra historia escrita desde lo profundo del espíritu libertario que da forma a las miles de voces que reclamaban una segunda y definitiva independencia, voces que ahora demandan el establecimiento de otro orden social y continental, es sueño originario por el derecho a ser y grito rebelde de la mujer que se reconfigura a sí misma desde perspectivas autogestivas, es palabra que nombra al campesino despojado, al jornalero vilipendiado y al obrero explotado, es voz de los excluidos en los debates nacionales, de los niños hambrientos y de los ancianos olvidados sin importar cuánto dieron a las patrias presentes, es el reconocimiento de que existimos más allá de las concepciones eurocéntricas colonizadoras que han pretendido dictar nuestra identidad sin conocerla ni comprenderla.

La razón martiana encauza el grito de esperanza, es crítica y proposición, análisis y programa, el ensayo Nuestra América reúne lo significativo de la necesidad y proyecta lo urgente de nuestras obligaciones: “Hacer es la mejor manera de decir”, sentenciara Martí, palabras que resuenan en lo profundo de los corazones que laten empujando el deseo irrenunciable de construir nuevas realidades en libertad; la cultura latinoamericana es única porque retoma lo más universal y lo suscribe en forma originaria.

La luz del pensamiento de José Martí ilumina con intensidad en estas horas tan complejas para la humanidad, marca el derrotero del porvenir. Utopía nuestra es la unidad y la integración de nuestros pueblos en una sola congregación compuesta por la raíz compartida, la misma desde el río Bravo hasta la Patagonia; fronteras difusas de una identidad común, nuestras naciones latinoamericanas nacieron hermanadas en la tragedia de la historia, forjaron patria quienes con su vida y sus actos dieron rumbo a los ideales de próceres que soñaron con el mejoramiento humano.

Nuestra América tiene su génesis en la dignidad de las mujeres y hombres de piel multicolor, en el esfuerzo diario por ser como somos sin condicionamientos ni condicionantes, emancipados, porque las cadenas apresan los cuerpos, pero las ideas surcan sin presidio, la libertad y la independencia son la sangre que recorre nuestras venas, soñamos despiertos la utopía con los pies descalzos andando los senderos de la dignidad.

Reproducido de www.rebelion.org

 

 

La prosodia del ruiseñor

Foto del Instagram del artista

 

 

Toda producción centrada en hacer visibles las impresiones y respuestas emocionales de un artista frente a unos procesos sociales de carácter histórico, resulta inevitablemente heterogénea. Por esta razón, tras el evidente elemento físico unificador de esta muestra, el óleo sobre tela, la selección de piezas aparenta eludir cualquier otro hilo conductor; los temas son diversos, la paleta varía notablemente y se trata de piezas realizadas a lo largo de siete años. Y es que el establecer un estilo propio es una noción del arte moderno que a Roberto Silva Ortiz no le interesa continuar. En cambio, a su retorno a Puerto Rico luego de una serie de viajes que incluyeron cursos formales, residencias artísticas y estudios independientes en Cuba, Islas Canarias, Noruega, Cataluña y Estados Unidos, Silva Ortiz nos presenta sus reacciones al panorama ecléctico que encontró en su patria al retornar en un tiempo tan convulso como el que le siguió al año 2016. A pesar de ser un artista multifacético, Silva Ortiz decidió limitar la selección de piezas a un medio primordial, ese que comenzó a estudiar en su niñez en la Liga de Arte de San Juan, a donde regresa con “La prosodia del ruiseñor”. De este modo, la muestra completa un arco autobiográfico –aunque con inclinaciones universales–, ese de quien se va en busca de experiencias de mundo y retorna a su hogar habiendo convertido esas vivencias en autoconocimiento.

Habiéndose tomado prestada un vocablo propio de la lingüística, la prosodia, como eje central, no sorprende el que haya un propósito comunicativo en la muestra, aunque no establezca un discurso determinado. La intención del artista no es la de provocar una reacción particular, sino la de invitar al espectador a entablar un diálogo acerca de lo que ha significado para el artista su retorno a la isla. A través sus cuadros Silva Ortiz relaciona la historia del arte occidental relacionándola con nuestra actualidad, comenta recuerdos de las luchas de pueblo, y confía dudas existenciales y cavilaciones espirituales. Para lograrlo, el artista acude a referencias y estrategias propias del modernismo pictórico, en particular del cubismo, el futurismo y neoclasicismo, entre otras, mientras potencia sus composiciones controlando el color mediante la luminotécnica. Estrategias que además se alimenta del estudio de maestros de siglos anteriores como Diego Velázquez, Mariano Fortuny y en particular Joaquín Sorolla por su control de la luz.

Algunos temas que Silva Ortiz aborda son problemáticas en torno a la percepción fragmentada y reafirma la pertinencia de las técnicas manuales del arte en tiempos, ya no de la reproducción mecánica, si no de la hiper-proliferación de imágenes digitales. De estos intereses nacen espacios construidos a base de pedazos de imágenes, colores artificiales producidos por luces manipuladas y escenarios casi oníricos en los ubica mujeres que se presentan como apariciones en medio de la noche. Sin embargo, desde el título de la exhibición, Silva Ortiz propone una sinestesia poética que funciona como la clave en un pentagrama: en una paradoja, los múltiples cantos del ruiseñor se consolidan en el timbre familiar de una sola voz. Con esta metáfora sonora, las variaciones entre las piezas adquieren coherencia en su intencionalidad de mostrarnos las partes individuales que componen la personalidad de una misma persona. Como conjunto, entonces, las obras en esta exposición constituyen una especie de auto-retrato diacrónico del artista.

 

Sin intención de dividir la selección presente en dos cuerpos individuales de trabajo, la distinción entre pinturas de pequeño formato y aquellas más grandes es más que obvia. Las de menor tamaño vienen a ser apuntes y estudios minuciosos que nutren las composiciones de mayor escala. Sin embargo, esto no implica que cada pieza pequeña se convierta en un elemento de una obra mayor. Cada pintura aquí incluida es una obra terminada y, aunque en su mayoría las pequeñas son menos complejas a nivel visual por incluir menos elementos, la mayoría contiene en su escaso tamaño una gran fuerza vital. En económicos encuadres propios de la fotografía, Silva Ortiz logra transmitir aquella vastedad del paisaje que los romanticistas estudiaban; irónicamente es la pequeñez lo que resalta lo sublime del paisaje tropical. A su vez, los elementos vegetales y ese sentir de grandiosidad del paisaje empalman con la incorporación de componentes botánicos en las piezas de mayor tamaño. En este sentido el artista articula un espacio/tiempo en ambientes misterioso, auras místicas y escenas fantásticas que aparentan ser parte de una película que a los puertorriqueños nos resulta muy familiar, pero que no hemos visto en pantalla.

 

Como extensión de la metáfora sonora que conlleva el canto del ruiseñor, los tiempos a los que hace referencia la muestra, cada año vivido en Puerto Rico a su retorno, tiene también incluye “silencios”. Lo que en una pieza musical sería ausencia de sonido, en el caso de esta exposición se representan como ausencia de pinturas en momentos determinados, aquellos tiempos que le exigían al artista el soltar el pincel para unirse a su comunidad ya sea para reponerse tras un fenómeno atmosférico o para tomar las calles en protesta. Después de todo, el artista no únicamente hace arte; del viaje de estudios, la conversación con la vecina, la solidaridad comunitaria en tiempos de necesidad, la protesta o la taza de café es de donde nace la poesía tanto escrita como visual. Así es como, desde la polifonía, la multiplicidad, Silva Ortiz recurre a la poesía para aglutinar un lenguaje plástico, el cual nos propone como el ritmo propio de su voz visual, su prosodia pictórica.

 

Texto del opúsculo de la exposición de Roberto Silva, La prosodia del ruiseñor

El autor es Historiador del Arte