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La vejez en Puerto Rico: pobreza, dependencia y vulnerabilidad

Según los datos censales más recientes, cerca de 960,000 personas en Puerto Rico son adultos mayores. En otras palabras, casi un 30 porciento de nuestra población de 3.2 millones de habitantes. Somos el país más envejecido en toda la región del Caribe y el 40 por ciento de nuestros  adultos mayores vive bajo el nivel de pobreza, cifra que asciende a un 52 por ciento entre la población de ancianos y ancianas que viven solos. Se trata de una enorme masa del pueblo puertorriqueño que presenta entre sus principales características una alta dependencia económica, una numerosa proporción de mujeres y una particular vulnerabilidad ante los desastres.

El envejecimiento de nuestra población empezó desde hace años, pero durante las últimas décadas se ha acelerado por la reciente oleada de emigración masiva  de jóvenes que han sido empujados fuera de nuestro país por diversas circunstancias: desastres naturales de gran destructividad, una pandemia con efecto paralizante y las sucesivas crisis económica, fiscal y de gobernanza política y administrativa de los malos gobiernos del bipartidismo que tienen a nuestro país al borde del colapso.

La ilusión de «prosperidad» con la que se encandiló a nuestro pueblo por tantos años se ha disipado como humo en el cielo, dejando al descubierto la vitrina destrozada  de esta colonia de Estados Unidos que, como dice el refrán, se ha quedado «sin la soga y sin la cabra» y no acierta a recoger los pedazos de un pasado que nunca le perteneció, ni tampoco a levantarse y tomar control de su presente y su futuro. Por eso, los jóvenes se van en oleadas en busca de lo que no se les ofrece aquí, y la balanza poblacional se inclina marcadamente hacia el envejecimiento y las vulnerabilidades que lo acompañan.

En esta edición de CLARIDAD, y mediante entrevista con el director ejecutivo de la oficina de Puerto Rico de la Asociación Estadounidense de Personas Jubiladas  (AARP, por sus siglas en inglés) se aborda la realidad de nuestra población envejecida y las circunstancias críticas que esta confronta ante un gobierno y una sociedad que no parecen preparados para afrontar su responsabilidad de proveerles servicios eficientes y atender sus necesidades urgentes.

Aunque en Puerto Rico existe un marco legal y una carta de derechos que protegen a los adultos mayores y  ordenan y reglamentan los servicios que les presta el  estado y las entidades privadas especializadas, la maquinaria burocrática del gobierno y  los retrasos, inconsistencias, lapsos e inestabilidad en la administración y  toma de decisiones a nivel de las agencias encargadas,  se han convertido en grandes obstáculos para la atención adecuada de esta población. Por eso, nuestro entrevistado de AARP considera «desprovistos» a los adultos mayores en Puerto Rico. Las cifras y datos le dan la razón.

El Departamento de la Familia y la Oficina de la Procuradora de Personas de Edad Avanzada son las agencias encargadas de garantizar los servicios y atender los reclamos y necesidades de esa población. Por ejemplo, la atención a las querellas de maltrato de adultos mayores, problema que ha crecido de forma alarmante en Puerto Rico. Entre el 2023 y 2025 las querellas por maltrato de adultos mayores sumaron 5,046 de un total 8,138 denuncias por delitos contra esa población. Casi todos esos delitos se cometen por personas cercanas a los adultos mayores: familiares, cuidadores o personas de servicio, lo cual apunta a un problema social de mayor profundidad que evidentemente no se ha atendido adecuadamente. Las modalidades del maltrato a adultos mayores se clasifican en categorías: maltrato emocional y físico,  negligencia,  abandono de adultos mayores en hospitales o centros de cuido prolongado, coacción, violencia y explotación financiera, entre otros.

Durante el último año, varios casos dramáticos de maltrato de adultos mayores han copado la atención mediática. Estos han surgido entre familias y en centros de cuido, algunos con consecuencias fatales. Según expertos, la violencia hacia los adultos mayores en Puerto Rico se ha exacerbado, por lo cual se recomienda abordarla como un problema serio de salud pública que afecta a una población significativa,  y envejecida, desprotegida y vulnerable. La tantas veces errática respuesta gubernamental ante estos caso es indicativo de que no existen planes de prevención y respuesta ágiles y concertados.

Ante la realidad inescapable de que nuestra población envejece, y los nuevos nacimientos disminuyen, es necesario reflexionar y trazar una ruta de futuro para Puerto Rico. Esa ruta, además de un plan de desarrollo económico que estimule el interés por volver al país de las y los profesionales jóvenes y productivos que han emigrado, debe incluir una propuesta de incentivos que les facilite a esos jóvenes profesionales trabajar bajo condiciones dignas, progresar y aportar a Puerto Rico. Que, en vez de políticas que fomenten la dependencia económica y el inmovilismo social, los fondos destinados a la población de adultos mayores vayan a programas que puedan garantizar, más allá del papel, su derecho a una vida digna y productiva dentro de las limitaciones y capacidades de cada cual.  Eso es lo que se está haciendo en países como Japón y en Europa que también confrontan el envejecimiento poblacional y la reducción dramática de sus tasas de natalidad.

Denunciar las injusticias y el mal gobierno, exigirle al Estado que cumpla con su obligación con nuestros adultos mayores, y organizar y fortalecer las bases comunitarias y familiares de nuestra  sociedad es parte esencial de la agenda de nuestro pueblo hacia el Puerto Rico libre, soberano y justo al que aspiramos.

 

 

Conmemoran el 23 aniversario del fallecimiento de Catalino “Tite” Curet Alonso

San Juan, Puerto Rico — El próximo sábado, 8 de agosto, se conmemorará el vigesimotercer aniversario del fallecimiento del compositor Catalino “Tite” Curet Alonso. El notable composittor falleció el 5 de agosto de 2023 y para conmemorar la fecha, el Comité del Centenario de Tite celebrará un acto en el cementerio Santa María Magdalena de Pazzis, donde reposan sus restos mortales.

El doctor César Rey, exsecretario de Educación, será el orador principal en la actividad, convocada para las 10:00 a.m. en el cementerio del Viejo San Juan.

Héctor Peña, veterano periodista y portavoz del Comité del Centenario de Tite, servirá como conductor del acto, que también contará con la interpretación de algunas de las célebres composiciones de Curet a cargo del talentoso músico Ricardo Pons y de la cuatrista Fabiola Muñoz.

El Comité invita al público amante de la música de Curet a participar de esta actividad y de las próximas iniciativas que celebran el centenario de su natalicio.

 

La ruta de acceso a medios audiovisuales puertorriqueños

Especial para En Rojo

El acceso al cine y otros medios audiovisuales en Puerto Rico no cuenta con una estructura coherente y centralizada. En los últimos años han habido intentos de formar plataformas y repositorios que alberguen materiales cinematográficos producidos en la isla, pero por diversas razones aún no se concretiza un espacio que sea de fácil acceso para la ciudadanía, más cuando esos esfuerzos usualmente caen en manos privadas, y no cuentan con ningún tipo de apoyo del estado y sus instituciones culturales. Aquí relato el tracto reciente de estas gestiones y traigo unos ejemplos internacionales que pudieran apoyar a mejorar la capacidad de consumo de contenidos cinematográficos producidos en Puerto Rico.

Hace seis años, cuando iniciaba la pandemia del COVID-19 y la ciudadanía se confinaba en sus hogares para resistir el virus, se dieron unas conversaciones entre dos gestoras culturales importantes acerca de crear un proyecto para la divulgación de medios audiovisuales producidos en Puerto Rico.

Tanto Marina Reyes Franco, la ahora curadora del Museo de Arte Contemporáneo (MAC), como Gisela Rosario Ramos “Macha Colón”, directora de largometrajes y documentales, conversaban sobre la posibilidad de crear una red que albergara los trabajos de colegas de la industria cinematográfica para el disfrute de la ciudadanía y el acceso a los contenidos audiovisuales. Su gestión se basó en hacer inicialmente un documento abierto, en la forma de una tabla de Excel, donde cineastas, productores y otros artistas pudieran colocar enlaces directos a sus trabajos, con las debidas fichas técnicas y otra información relacionada. El documento fue de amplia circulación, y contaba con películas de directores reconocidos como Mariem Pérez, Ari Maniel Cruz y la propia Gisela Rosario Ramos, logrando el aporte de muchísima gente para constatar un archivo de medios audiovisuales que fuese representativo de la distinguida obra cinematográfica nacional.

Sucede que llega a manos del diseñador Javier Vélez, quien acopia toda la información del documento y lo distribuye en una página web para el fácil acceso del público. Así nace la plataforma Cine.pr, que fungía como una especie de repositorio no oficial de diversos trabajos filmográficos producidos en Puerto Rico de personas que sometieran la información mediante enlaces, donde se podían encontrar titulos como “Antes que cante el gallo” (Ari Manuel Cruz, 2015), “La Guagua Aérea” (Luis Molina Casanova, 1993), “Las Carpetas” (Maite Rivera Carbonell, 2011), entre más de 200 filmes de diversos géneros.

Fue una gesta importante, ya que a ese momento no existía una página digital formal donde se pudieran acceder películas puertorriqueñas, tanto para consumo de ocio, programación o investigación. Lamentablemente, según me cuenta Gisela Rosario Ramos, hubo falta de comunicación con las partes involucradas, por lo que que el proyecto fue perdiendo apoyo entre los artistas involucrados y teniendo una duración de apenas unos meses, revirtiendo el acceso al material audiovisual a su estado original.

Para ese mismo tiempo, el Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) mediante su Archivo de Imágenes en Movimiento, decidieron subir a la página web oficial de la agencia la mayoría de las películas que se habían digitalizado hasta ese momento. Ahí se destilaba una amplia selección de películas de la División de Educación a la Comunidad (DIVEDCO) y otros contenidos audiovisuales de representación folclórica que fueron realizados entre 1947 y 1970, que incluyen “Los Peloteros” (Jack Delano, 1951), “Pedacito de Tierra” (Benji Doninger, 1952), “El Yugo” (Oscar A. Torres, 1959), “El Puente” (Amilcar Tirado, 1954), entre muchos más. Esta página abrió la posibilidad a que la ciudadanía pudiera acceder a material cinematográfico representativo de una época importante en la historia de nuestro cine, y permitió la consulta de diversos títulos que no estaban disponibles en el internet, ni estaban siendo circulados en carteleras locales.

Por otro lado, en septiembre de ese año, nace la página de Medios Audiovisuales de la Universidad de Puerto Rico – Recinto de Río Piedras, donde se encuentra material digitalizado por la Unidad de Cine, Radio y Televisión de la Facultad de Comunicación e Información en el portal de Youtube.

En este repositorio se albergan noticias televisivas, episodios de los programas de Tommy Muñiz, y sobre 115 cintas sonoras de discursos del licenciado Juan Mari Brás, Norman Pietri y otros líderes independentistas, realizados entre las décadas del 50 y 60. Además se encuentran diversos documentales, entre estos sobre el poeta Francisco Matos Paoli, “Desalambrando” (Pedro Ángel Rivera Muñoz, 2017) acerca de las comunidades que ocupaban terrenos y sus violentos desahucios por parte del gobierno estatal, y varios contenidos de interés público que son de acceso gratuito.

Otra iniciativa que ha buscado atar los cabos en relación al acceso a material audiovisual puertorriqueño es la plataforma Island Hub, que funciona similarmente a la desaparecida Cine.pr. Esta plataforma, lanzada en el 2021 por el empresario Joel Ivan Rivera y Carlos McConney, destaca un número de títulos similar a su antecesora, pero amplian los servicios de streaming que no se limitan a cine exclusivamente, para traer conciertos, eventos deportivos y coberturas de entretenimiento, además de contar con algunas películas latinoamericanas poco reconocidas. Island Hub ahora es el repositorio que contiene las películas de los antemencionados directores, aunque no cuenta con la cartelera completa del cine puertorriqueño, y ha recibido poca cobertura en los medios, además de no contar con un mercadeo a nivel nacional. Esta plataforma por lo pronto es lo más cercano que tenemos a un servicio de streaming en el cual se pueden acceder contenidos locales de manera gratuita, y otros con una suscripción por $4.99 mensuales.

Cabe mencionar que la manera en la que se produce cine en Puerto Rico, según las leyes habilitadoras, es mediante créditos contributivos a productores extranjeros, y en algunos casos a los locales, mediante una serie de trabas burocráticas que limitan la posibilidad de financiamiento, y que en el pasado se han prestado para la corrupción. En el 2023 a través de los Fondos ARPA propiciados por el gobierno federal, se destinaron $74 millones para el financiamiento de películas, redundando en la producción de cerca de 32 largometrajes, entre estos “Perla” (David Norris, 2026), “Borealis” (Heixan Robles, 2026) y “Extranjera” (Michelle Malley, 2026).

Sería interesante mirar proyectos de países como México (Cine MX), Brasil (Tela Brasil) y Argentina (Cine AR), que cuentan con sus institutos de creación cinematográfica y a su vez diseñaron una plataforma de acceso gratuito a los contenidos audiovisuales, ya que son financiados con fondos públicos, como igual lo son los proyectos fílmicos mediante fondos concursables. Esto provee oportunidades de crecimiento económico, artístico y cultural al manejar de manera integral la capacidad de creación cinematográfica, apostando siempre por el mejor interés de la ciudadanía y que ello repercute en la distribución de sus materiales a nivel nacional e internacional.

El balcón intermedio según la artista Ada del Pilar

 

Especial para En Rojo

Esta vez, no estamos en su taller, porque ya no existe. Lo ha cerrado hace unos días, su espacio en casa Rosa Luisa vio salir sus últimos moldes en camino a Chicago. Pero acordamos encontrarnos a la 1:00 en el restaurante de la esquina de la plaza de Ponce, y me escribe que llega en unos minutos.

La escultora Ada del Pilar se encuentra en el interludio, en el espacio intermedio entre segmentos de la narrativa, en ese dónde se mueve todo para la próxima escena. Nacida en Barranquitas en 1995, lugar que ha sido cuna de grandes escultores (Andrés Sierra, Rafael López del Campo, Arnaldo de la Loma, etc.) comienza su formación temprana en los talleres de la Liga de Arte de San Juan, ingresando luego en la Escuela de Artes Plásticas. En un instante, llega Ada, su cabello oscuro, entramado al igual que sus ojos.

“Yo quería ser pintora,” dice del Pilar, “se sentía bien orgánico que mi bachillerato fuera en eso… pero, poco a poco, se me fue creando la inquietud de que quizás la pintura no es la mejor herramienta para mí, para elaborar mis ideas.” Y es bajo la tutela de Dhara Rivera, en la clase de cerámica, que se introduce a la escultura, donde cambia el paradigma de su visión, del lienzo a lo multifacético. En su incursión a la cerámica, comienza a realizar moldes; aspecto que luego se convertirá en parte esencial de su proceso creativo.

Recordaba que, para finales del 2018, en su último año de bachillerato, buscaba elaborar su obra final. “Estando en su clase, me puse a pensar que mi trabajo siempre ha sido sobre la memoria,” dice Ada “por alguna razón, la narrativa familiar, siempre ha sido algo bien atractivo, desde mi propia historia, y en el ámbito global, muchas de las fotos de los álbumes se desarrollan en la casa, que en primera instancia es el primer núcleo, ese caparazón, el primer espacio.”

«Pensando en esas cosas, recordé cuando a mi hermana la pusieron a leer La Llamarada, y le dieron la asignación de visitar una central azucarera. Ella fue a la central Aguirre. Estamos allí, y desde que entramos al barrio el paisaje es distinto; las casas son distintas. Hay algo raro. Al final de la calle vez este monumento gigantesco, que es la central, y te quedas como -¿qué es esto?-«.

Allí, entraron a varias casas, abandonadas, donde había fotos tiradas por el suelo, muebles rasgados y curtidos por la exposición a los elementos. La separación entre interior y exterior se había eliminado con la perdida de las ventanas y las puertas.

«Ya yo estaba entrando a la narrativa de lo que es la casa, pero más como un concepto simbólico. Luego, empiezo a leer sobre Aguirre, sobre la caña en Puerto Rico, cuando doy con la lectura de Enrique Vivoni, que se crio allí. Leo su ensayo, y algo que yo no sabía: el diseño de las casas fue explícitamente diseñado para segregar a los obreros puertorriqueños y a los empleados americanos; por el color de la casa, la distribución geográfica de la casa- este terreno tiene escuelas, tienen cuidos, tienen clubes americanos, casas bungalow muy simbólicas de las plantaciones del sur de los Estados Unidos, mientras que en Monte Soria vivían los obreros puertorriqueños. Y eran casas que por diseño simulaban las casas de los esclavos del siglo XIX españolas. La arquitectura no es tan pasiva como creemos que es. Puede ser una herramienta, o un arma.”

Como llevando a un testigo, decide despellejar la pintura de las paredes de cuatro casas, decisión que fue introducción a su práctica de hoy. «El trabajo empezó bastante expansivo, en el sentido de verlo todo más como un macro. Y con el tiempo, mientras he estado entendiendo más aspectos históricos y hasta semióticos de la ornamentación en Puerto Rico, se ha ido concentrando en el detalle, en las ornamentaciones, en las rejas, en los moldeados que hay en las fachadas, y cómo la ornamentación es un vehículo de la identidad. El balcón es sumamente teatral.»

El balcón, la reja, el balaustre fueron excusas para poder hacer algo nuestro, una expresión personal a través del ornamento. “Es un lenguaje que se está viendo cada vez más poquito, que las personas que creaban estos elementos ya no están. Y también nos habla del desplazamiento, cultural, y de patrimonio histórico. Para mí es sumamente especial poder de alguna manera preservar eso. Aunque yo no conozca la historia de como -x- casa llegó a ser, siento que es una identidad o una memoria que pertenece a un colectivo mucho más grande. Todos compartimos esas memorias, de estar en el balcón, del primo del hermano de la abuela.” nos dice Ada.

Su obra envuelve el encuentro, el toparse con los fragmentos de la historia a través de la ornamentación, sobre la que realiza moldes, en los que cuenta sus historias de lo que pudo pasar. Las rejas se transmutan, se vuelven vítreas, transparentes al ser hechas en resina. O se vuelven fluidas, perdiendo su rigidez y propósito inicial al hacerlas en látex. Es la contemplación de un objeto que ha perdido su funcionalidad, y en ello ha surgido la esencia de su entorno. Se desplaza la función al igual que a los pueblos. “Es un desplazamiento que lo quiero plasmar desde la fachada, desde la carta de presentación.” comenta del Pilar.

Pero ha cerrado su taller, y ha habido varios con los años: las casitas en Bayamón, Ponce. Y se encuentra en el intermedio. En agosto, se va al Art Institute of Chicago a realizar una maestría en Escultura. El tener que irse, que formar parte de la diáspora a la vez es un preludio. Sigue formando parte de lo que será. Es irónico que haya que dejarlo todo para trabajar con lo que se deja.

Y nos encontramos en el restaurante, y Ada mira por la ventana, a las rejas, los ornamentos, la historia que busca capturar, congelar en el tiempo, como preservando lo que fuimos dentro de nuestro interminable intermedio.