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Ley de Legitimación Activa Ambiental: crucial para la defensa del ambiente y el acceso del pueblo a la justicia

Grupos ambientalistas y comunidades se mantienen a la expectativa de si el gobernador Pedro Pierluisi firmará o no el proyecto  PC 474 de Legitimación Activa Ambiental, cuyo plazo límite para firma o veto de bolsillo por el Primer Ejecutivo expira el próximo 18 de diciembre. Un veto de bolsillo significaría que el mandatario no tendría que dar explicaciones sobre por qué vetó el proyecto.

Esta medida buscar remediar lo que se considera un abuso y prejuicio contra individuos, grupos ambientales y comunidades cuando reclaman ante agencias y tribunales, y se les desestima bajo la doctrina de falta de legitimación activa. Esta es una doctrina comúnmente utilizada para desestimar reclamaciones o querellas por individuos o grupos a los que las agencias y tribunales no consideran participantes legítimos en controversias presentadas ante dichos foros.

Hernaliz Vázquez Torres,  organizadora de Justicia Ambiental, del  Sierra Club de Puerto Rico (SCPR), confirmó  a Claridad que no conocen las razones específicas por las cuales el gobernador aún no ha firmado el proyecto, aunque sí saben que se cuestiona si la medida está dirigida a frenar el desarrollo. Vázquez rechazó tajantemente que la medida tenga que ver con el desarrollo. Sí tiene que ver con remediar la falta de acceso de las comunidades para presentar querellas ante agencias y tribunales que sean aceptadas para resolverse en sus méritos y no rechazadas de plano por falta de legitimación activa.

Tanto SCPR  como otras organizaciones dijo que se preparan para  presentarle al gobernador sus puntos de vista.  La organizadora del SCPR expresó  su preocupación por el futuro de la medida, ya que conocen de  otras medidas aprobadas, como el PS 446,  para trasladarle la legitimación activa a los Municipios, lo cual le proveería una excusa al Gobernador para que vete el PC474 amparándose en la legitimación ya reconocida para los Municipios.

“Esto no sería lo mismo, porque no necesariamente el municipio objetaría un proyecto como ha ocurrido en casos como las ventas de parques y los choques de visiones sobre el turismo, como es el caso del municipio de Carolina. Darle legitimación exclusiva a los Municipios no asegura el verdadero acceso a la justicia de los individuos, grupos y organizaciones”.  Vázquez Torres fue enfática en rechazar  que se le dé legitimación activa a los municipios y se les niegue al resto. “Si el discurso es que hay una  política  pública de  defensa del ambiente, hay que cuestionar quiénes son los que tienen derecho a defenderse. Si todos los bienes son comunes, las playas y  los recursos naturales, entonces  todo el mundo debería tener la posibilidad de defenderlos”, reclamó. Trajo el ejemplo de la planta de New Fortress Energy en San Juan, la cual se construyó sin ningún tipo de permiso, por lo que el Sierra Club y otras organizaciones y comunidades acudieron al tribunal, y luego de lograr que les dieran todos los documentos del proyecto les negaron la legitimación activa para objetar la instalación.  “Eso no es tener acceso a la justicia”, señaló Vázquez.

Una barbaridad

En expresiones por separado, Francisco Cintrón Moscoso,  director de El Puente-Enlace Latino, otra de las organizaciones que respaldan el PC 474 describió como “una barbaridad” que el Gobernador no la firme. Resaltó que para El  Puente la aprobación es algo más que atender una controversia ambiental porque se trata de un asunto de derecho y de  ampliar la participación de los grupos e individuos que están interesados en participar en la protección del ambiente y la falta de legitimación activa les limita su participación. Señala que la medida es una forma de corregir esa injusticia.

“Nos parece increíble que el gobernador, que siempre alude a la ley y el orden, y que dice que  hay que  respetar la participación,  se haya tardado tanto en firmar esta Ley. Nos preocupa porque parecería que está dejando que pase el término para vetarla sin tener que dar explicaciones. Históricamente, la lucha ambiental le debe mucho a los grupos comunitarios y ambientales, y esta ley hace justicia a esa historia y ese compromiso. Para nosotros es fundamental que la firme. Sinceramente sería una barbaridad que no la firme”.

Otra entidad que aboga por la firma del proyecto es el Centro Legal de Desarrollo de Resiliencia (RLC, siglas en inglés) de la Facultad de  Derecho de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Contrario a la “preocupación” del ejecutivo de que la medida va  contra del desarrollo, el RLC explica la importancia de  la medida para la protección del ambiente, el desarrollo económico y la resiliencia. En un documento oficial, RLC establece que el fomento de políticas ambientales, como la legitimación activa, entre otros aspectos: diversifican el mercado y atraen nuevas inversiones, fomentan nuevas tecnologías y crean empleos, mejoran la industria del turismo, reducen costos y aumentan la productividad, reducen los efectos del cambio climático y aumentan la resiliencia a los desastres naturales.

La publicación también presenta ejemplos sobre cómo la protección del ambiente ha contribuido a la economía  sostenible en Estados Unidos, como por ejemplo el estado de  Oregon, el cual apostó por la restauración de sus recursos naturales e invirtió en la recuperación de una especie protegida de salmón, lo que ha generado empleos e impactado de manera positiva la economía.  Hawaii es otro ejemplo que tiene como meta alcanzar el 100% de energía renovable para el 2045, y así crear empresas y empleos en los campos de la energía y la construcción. Por último llama la atención hacia el peligro de que los ecosistemas vitales colapsen. Actualmente,  51 países  experimentarán una caída general de su  Producto Interno Bruto (PIB) del 10-20% para fines de esta década a causa del colapso de sus ecosistemas.

 

A 95 años del natalicio de Juan Mari Brás

(N de E: Por su importancia patriótica e histórica, CLARIDAD reproduce íntegramente la conferencia ofrecida por Rubén Berríos Martínez, Presidente del Partido Independentista Puertorriqueño, en el acto de conmemoración del 95º natalicio de Juan Mari Brás, realizado por la Fundación Juan Mari Brás el pasado 2 de diciembre de 2022 en la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras)

Queridos compatriotas y queridas compatriotas:

Comienzo por agradecer a Rosi, a Mari, a Teresa y a Juan Raúl por su generosidad al invitarme para compartir con ustedes unas reflexiones sobre su padre, el insigne patriota Juan Mari Brás.

Para poder comprender a cabalidad sus extraordinarias contribuciones a la lucha por la independencia de Puerto Rico, tenemos, antes que nada, que estar plenamente conscientes del tiempo y las circunstancias en las que le tocó vivir. Juan muy bien sabía que los seres humanos hacen su propia historia pero en condiciones dadas y determinadas.

Exactamente un siglo después de que en el 1827 naciera en el oeste de Puerto Rico, en Cabo Rojo, el padre de nuestra patria, Ramón Emeterio Betances, nació muy cerca de allí en Mayagüez, Juan Mari Brás, cuyo natalicio conmemoramos en el día de hoy.

Cuando Juan era apenas un niño, la semilla sembrada por Betances, Hostos y de Diego floreció plenamente en la década del 1930 bajo la inspiración de don Pedro Albizu Campos. Durante su infancia y temprana adolescencia, fue, por lo tanto, testigo no solo del fervor independentista sin duda mayoritario en esa época, sino también de la persecución inmisericorde que culminó con el encarcelamiento de don Pedro y con la Masacre de Ponce. ¡Huellas sin duda imborrables en el espíritu de un joven sensible!

Aunque la persecución de los años 30 despertó en nuestro pueblo aún mayor indignación y fervor patriótico, el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial en el 1939 impidió que se hiciera realidad la libertad de nuestra patria. Los Estados Unidos habían invadido a Puerto Rico en el 1898 por razones geopolíticas y militares y no iban bajo concepto alguno abandonar su bastión militar en el Caribe.

La historia de los años 40 es harto conocida. El liderato máximo del Partido Popular, que advino al poder con la consigna de Pan, Tierra y Libertad y la promesa “la independencia a la vuelta de la esquina” abandonó el cauce libertario obedeciendo los dictámenes de Washington. Y ya, para mediados de la década del 40, en los inicios de la Guerra Fría, expulsó a los independentistas de sus filas y se abrazó al colonialismo. Claudicación imperdonable que Neruda condenó para la historia en su Canción de Gesta, libro incautado por las autoridades aquí en Puerto Rico. Basta citar solo un par de versos: “Humilde traductor de tus verdugos, chofer del whisky norteamericano”.

Fue para esa época que Juan Mari Brás comenzó, primero en la escuela superior de Mayagüez y luego en la Universidad de Puerto Rico, a convertirse en un destacado líder de la juventud independentista. No es de extrañar, por lo tanto, que durante este periodo de su juventud su militancia culminara, a raíz de la huelga universitaria del 1948, con su expulsión de la Universidad y su posterior traslado a los Estados Unidos para concluir sus estudios universitarios. Al mismo tiempo en el 1946 se fundó el Partido Independentista Puertorriqueño bajo el liderato de don Gilberto Concepción de Gracia, partido por el cual don Santiago Mari Ramos, fue candidato a alcalde de Mayagüez en el 1948 y cuya campaña dirigió su hijo, Juan.

Comenzando en esa época a Juan le tocó luchar por la independencia de Puerto Rico en uno de los periodos más difíciles, complejos y turbulentos de nuestra historia libertaria.

Repasaremos someramente ese periodo. Desde el punto de vista político: el inicio de la Guerra Fría en 1945 y la furibunda represión antiindependentista por el gobierno de los Estados Unidos; el viraje procolonialista y antiindependentista del máximo liderato del Partido Popular y su implacable persecución encarnada en la Ley de la Mordaza del 1948; la fundación del Partido Independentista en el 1946; el retorno de don Pedro Albizu Campos en el 1947 y su posterior encarcelamiento; la Revolución Nacionalista de 1950 y su secuela en Casa Blair y el Congreso de los Estados Unidos; y el embeleco colonial del Estado Libre Asociado del 1952, al cual muy atinadamente se refiriera un político puertorriqueño de la época como “un muñeco de trapo”.

De otra parte, Puerto Rico pasó de ser una economía agrícola latifundista de capital absentista a una semiindustrial, también de capital norteamericano. Ese proceso se fundamentó en el exilio masivo de puertorriqueños y en las particulares condiciones de la postguerra que incluían un mercado abierto a los Estados Unidos sin competencia internacional debido a la postración económica mundial. A esas particulares condiciones se añadieron la cada vez mayor dependencia de fondos federales para mantener la economía precariamente a flote y las exenciones contributivas locales y federales que prevalecerían por décadas.

Más aún, la persecución y constante propaganda antiindependentista del liderato popular llevaron a un crecimiento del asimilismo que culminó con la elección de un gobernador estadista en 1968 y con el decrecimiento del independentismo. Ese proceso desembocó en el nefasto bipartidismo que padecemos hasta el día de hoy.

Fue durante las primeras décadas de la Guerra Fría, “la época de la adoración del becerro de oro”, que les tocó a los discípulos de don Pedro, a don Gilberto Concepción de Gracia y a Juan, ser líderes independentistas. Fieles discípulos dieron a respetar al independentismo. Por eso años después cuando siendo yo candidato a Gobernador se me acercó un compatriota y de muy buena fe me dijo que me respetaba aunque no votaría por mí, yo pude contestarle: “Prefiero tu respeto aunque no votes por mí a que votes por mí y no me respetes”. Lo demás, añado hoy, vendría por añadidura. Es cuestión de tiempo y circunstancia.

Cuando entraba hacia mi oficina en la noche de hoy, no pude menos que recordar un suceso que aquí mismo aconteció. Subía yo por la escalera a mi oficina cuando alguien del salón de la facultad me llamó -Y quien me llamó fue alguien que muchos de ustedes conocieron, un gran puertorriqueño, Don Abraham Díaz  González-. Fue el día después de una de las muchas elecciones. Obviamente los independentistas nunca estábamos muy entusiasmados en esa época con los resultados electorales. Cuando llegué frente a Abraham me miró y me dijo: “Rubén, ¿Cómo está la cosa? “Para adelante siempre Abraham” y él me dijo: “No te preocupes, lo importante no son las flores, lo importante son los amores”. Y repito. Lo demás vendría por añadidura. Es cuestión de tiempo y circunstancia.

II

Y desde las primeras décadas de la Guerra Fría y hasta el día en que en el año 2010 partió más allá de las puertas del misterio, fue que Juan Mari Brás demostró su gran calibre y su creatividad como uno de los grandes en la historia de nuestra lucha.

Ante todo, y sobre todo, Juan fue constante e inquebrantable en el objetivo que une a todos los patriotas: el logro de la independencia de Puerto Rico. Siempre de pie frente a la más feroz persecución, llegando a padecer la pena incalculable de ver a su propio hijo asesinado por el pecado de ser su hijo. Ningún otro patriota en nuestra historia ha tenido que pagar ese precio.

Ante todas las tempestades de aquel entonces y las que tendría que enfrentar el resto de su vida, Juan Mari Brás dejó un legado imperecedero. Ya lo dijo Martí: “El único autógrafo digno de un hombre es el que deja escrito con sus obras”.

Siempre insistió en la necesidad de atar la lucha por la independencia con la lucha por la plena justicia social. Siempre estuvo del lado de los desposeídos, de los más necesitados, de la clase obrera, de los que trabajan y padecen. No puedo menos que recordar lo que hace años me dijo un compañero, hiperbólicamente pero con gran atino, “Juan Mari Brás le enseñó a Puerto Rico a piquetear y a marchar por sus derechos”. Y es que Juan le insufló bríos y militancia a la lucha por la libertad y la justicia social en tiempos de letargo y deslumbramiento colonial. Fue entonces que lanzó la consigna: “Despierta boricua, defiende lo tuyo”.

Y cuando se le cerraba una puerta, abría otra y otra. Ensayó y exploró todos los caminos, todos los métodos posibles; desde los clandestinos hasta los civiles y jurídicos.

Desde la escuela superior, pasando por su liderato en la huelga universitaria del 1948, su militancia y postulación a un escaño legislativo por el Partido Independentista en 1956 y su asesoramiento legislativo a don Gilberto, hasta la creación del MPI y la abstención electoral, la fundación del PSP y luego de Causa Común, el Congreso Nacional Hostosiano y el MINH, siempre tuvo un norte en su vida: la independencia y la justicia.

Pero la fecundidad y creatividad de Juan no paran ahí. Comprendió, como de Diego, que Puerto Rico “es parte de la bola del mundo” y amplió a nivel latinoamericano e internacional el apoyo a la independencia de nuestra patria. El respaldo de los Países No Alineados y de la comunicad internacional han sido, en buena medida, fruto de la incansable labor de Juan: desde las gestiones para la inclusión de Puerto Rico  en la agenda del Comité de Descolonización de la ONU hasta la comparecencia de innumerables puertorriqueños ante ese foro y las resoluciones demandando nuestra libre determinación e independencia, resoluciones que hoy se aprueban por unanimidad.

Juan estaba también convencido de que había que librar nuestra lucha, no solo a nivel nacional aquí en Puerto Rico y a nivel internacional, sino también en los Estados Unidos y, particularmente, entre lo que hoy en día se conoce como la diáspora. Por eso dedicó muchas energías a la organización y dispersión del mensaje libertario en los Estados Unidos. Testimonio de ese esfuerzo no fue solo el gran acto a favor de nuestra liberación en el Madison Square Garden en 1974, sino las innumerables organizaciones y personalidades que hoy enarbolan la bandera independentista en los Estados Unidos.

Podría extenderme exaltando también los valores extraordinarios de Juan como periodista y fundador del periódico Claridad y sus méritos como ensayista, jurista, profesor universitario y orador sobresaliente.

Pero resisto la tentación y prefiero destacar su calidad como ser humano. Hombre de honradez personal intachable, que para usar una frase, un poco cursi pero certera, de un viejo independentista de Cidra, “nunca se acostó en el mullido cojín de las conveniencias personales”. Y yo puedo dar testimonio de propio y personal conocimiento que nunca faltó a una palabra que conmigo empeñara.

Es posible que algunos de los aquí presentes (todavía no muy conscientes de lo complejo y contradictorio de la historia) se estén preguntando por qué me he limitado al análisis de los méritos de Juan sin haber hecho referencia a las diferencias tácticas o estratégicas que ambos tuvimos.

A esos les contesto con las palabras de Martí y cito: “Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz”. Yo soy de los agradecidos.

Pero voy más allá. Quiero recordar a todos que cuando comparamos nuestra lucha con otras luchas por la independencia, y gracias en gran medida a Juan Mari Brás, entre las diversas agrupaciones independentistas siempre se mantuvo, aún ante las diferencias y discrepancias, un alto nivel de respeto. Aquí en Puerto Rico, en contraste con otras luchas libertarias (incluyendo la latinoamericana, la estadounidense y en nuestros tiempos la palestina) la sangre nunca llegó al río. Sabemos que hombres y mujeres, patriotas todos, pueden diferir de la mejor buena fe. Y más aún, poco a poco hemos ido aprendiendo los unos de los otros.

III

Dicho todo lo anterior, quiero recalcar que, por fortuna, en la última parte de su vida Juan pudo ver cómo se iban derrumbando los obstáculos que han impedido nuestra libertad. Así, esperanzado, me lo manifestó personalmente frente al compañero Fernando Martín, allá en la playa de Vieques.

Luego del final de la Guerra Fría la presencia militar de los Estados Unidos en Puerto Rico contra la cual Juan luchó desde su juventud, y que fue la razón fundamental para la invasión del 98, recibió un golpe mortal en Vieques. De otro lado, durante las últimas décadas del pasado siglo, los privilegios contributivos coloniales fueron extinguiéndose paulatinamente y la internacionalización de la economía fue haciendo trizas de los viejos argumentos tarifarios y de mercado que se esgrimían contra nuestra independencia. El modelo económico colonial se iba derrumbando.

Pero, de otro lado, la historia también ha sido muy injusta con Juan ya que no pudo alcanzar a ver personalmente las muy favorables corrientes de los últimos años.

No pudo ver la derrota del colonialismo en el plebiscito del 2012. Tampoco pudo ver la confirmación, de lo que Juan sostuvo durante toda su vida, cuando la Corte Suprema de los Estados Unidos, ratificó la naturaleza colonial del mal llamado Estado Libre Asociado al resolver el caso de Puerto Rico vs Sánchez Valle del 2016; decisión que fue remachada por la rama legislativa federal con la aprobación de la infame Ley PROMESA.

Tampoco pudo ser testigo luego del plebiscito del 2020 del pavor y la renuencia del Congreso de los Estados Unidos ante la posibilidad de la estadidad. La estadidad es un fantasma y los Estados Unidos le huyen como el diablo a la cruz.

IV

Pero la historia le hará justicia a Juan, porque él también nos legó luz para alumbrar el camino en los tiempos actuales tan lisonjeros para nuestra libertad. Él también sabía luchar, como de Diego y don Gilberto, “dentro del régimen en contra del régimen” cuando la historia así lo demandara.

Esto lo demostró en innumerables ocasiones. No solo mediante su participación en eventos electorales, sino acudiendo a las cortes coloniales en defensa de los trabajadores y los derechos civiles y para lograr una más justa participación de fondos públicos destinados a campañas electorales para los partidos defensores de la independencia. También hay que destacar sus valiosos esfuerzos por desmitificar la ciudadanía americana y exaltar nuestra propia ciudadanía.

Y tan o más importante que todo lo anterior, Juan fue factor fundamental al anticipar y promover un mecanismo y una estrategia inestimable para la lucha del presente. Y me refiero a su insistencia en la Asamblea de Estatus o Asamblea Constituyente para resolver el problema del estatus y encaminarnos hacia la libertad.

Desde principios de la década de los 60, el compañero Juan comenzó a impulsar ese mecanismo de progenie albizuísta, tanto en la arena pública como en el Colegio de Abogados y Abogadas. Demás está decir que ese mecanismo –en sus diversas versiones y bajo diversos nombres– es hoy respaldado por amplios sectores de nuestro pueblo y que forma parte del programa del Partido Independentista Puertorriqueño.

El mecanismo es sencillo y se fundamenta en una realidad innegable. Los Estados Unidos no van a enfrentar el problema del estatus hasta que los puertorriqueños y puertorriqueñas no les causemos una crisis política que los obligue a enfrentarlo. Vieques así lo demostró.

Reitero hoy lo que ya he dicho anteriormente. Ante las nuevas realidades que vive Puerto Rico, hay que trazarse como objetivo obtener el poder político para establecer una administración honrada y justa y para encaminar un proceso, un mecanismo que nos lleve a la descolonización de nuestra patria y forzar a los Estados Unidos a reconocer su obligación descolonizadora.

Y, para el logro de ese objetivo, hay que impulsar una estrategia, un mecanismo, un procedimiento que les permita a los que todavía no son independentistas, pero que respaldan la descolonización, apoyar a un gobernador de intachable historial independentista y a un gobierno comprometido con la descolonización y con la voluntad necesaria para forzar a los Estados Unidos a enfrentar su obligación descolonizadora. De esa forma, los votantes, aunque todavía no sean independentistas, podrán, por ejemplo, votar en las próximas elecciones por un candidato a gobernador independentista y por una administración comprometida con un buen gobierno y con la descolonización.

Se abre, por lo tanto, la posibilidad de acciones electorales concertadas entre las diversas fuerzas que aspiran a la descolonización.

Ese procedimiento, ese mecanismo, esa Asamblea Constituyente o de Estatus, sería una institución compuesta por delegados elegidos por nuestro pueblo en representación de las diversas opciones de estatus no territoriales y no coloniales.

Hay que dejar claro que esa Asamblea de Estatus o Constituyente no es la que decidirá el estatus futuro de Puerto Rico. Eso lo decidirá el pueblo en votación directa. La Asamblea será el interlocutor indispensable y representativo para negociar con el Congreso de los Estados Unidos las condiciones y los procesos de transición de las diversas alternativas. De esa forma, en su día, nuestro pueblo estará en posición de decidir sobre alternativas reales y no imaginarias. Podremos, entonces, decidir entre la independencia, que es nuestro derecho inalienable, y las otras alternativas que el Congreso de los Estados Unidos esté dispuesto a considerar.

Reitero lo que he dicho anteriormente, al final de ese proceso llegará el momento de la suprema definición. Los independentistas aspiramos a convencer a quienes todavía no son independentistas para que respalden la independencia. A su vez, quienes promueven otras opciones de estatus tendrán igual derecho a promover sus respectivas alternativas.

Yo estoy firmemente convencido de que en ese momento de la suprema definición, nuestro pueblo respaldará la alternativa de un Puerto Rico libre, democrático y soberano con relaciones cordiales con Estados Unidos y con todas las naciones del mundo. Una república para unirnos al mundo.

En cuanto a la estadidad, además de ser contraria a la naturaleza de la federación americana, y por lo tanto inaceptable para los Estados Unidos, tengo la firme convicción de que muchos de nuestros compatriotas estadistas se darán cuenta de que la estadidad para Puerto Rico además de ser un fantasma y un mito, es incompatible con la preservación y fortalecimiento de nuestra nacionalidad que todos valoramos.

Descartada la colonia y natimuerta la estadidad, se vislumbra en el horizonte la Tierra Prometida. Agradecimiento eterno al patriota y compañero Juan Mari Brás que tanto luchó para que llegara este momento.

Martí, apóstol y maestro, nos enseñó y lo cito: “Para ir delante de los demás, se necesita ver más que ellos”. También aprendimos que unos ven por hoy, que son los más; y otros ven por hoy y por mañana, que son los menos, que es como se debe ver en las cosas de los pueblos.

En la lucha por la libertad de nuestra patria Juan vio por hoy y por mañana. Estamos hoy aquí para honrar su memoria y para, agradecidos, decirle desde esta orilla, que el mañana se acerca.

¡Qué viva Puerto Rico libre!

Lo que no alcanzó a ver Mari Brás

En su reciente mensaje celebrando la vida de Juan Mari Brás, Rubén Berríos decía que la historia “ha sido injusta” con el patriota mayagüezano porque, entre otras cosas, no alcanzó a ver “el pavor y la renuencia del Congreso ante la posibilidad de la estadidad”. Juan siempre tuvo la convicción -igual que Rubén y la mayoría del independentismo- de que la fortaleza de la nacionalidad puertorriqueña sería la principal barrera frente a la anexión, pero es cierto que no alcanzó a ver en toda su magnitud cómo otros dos factores se unieron a la nacionalidad para levantar un muro que actualmente luce totalmente infranqueable.  Curiosamente, los factores que han estado alimentando “el pavor y la renuencia” del Congreso a la estadidad, han sido creados por los propios anexionistas. Me refiero al virus de la dependencia económica, que en Estados Unidos se percibe como mendicidad y aprovechamiento, y a la bochornosa corrupción de los gobiernos del Partido Nuevo Progresista.

En 1976, el entonces candidato a la gobernación por el PNP, Carlos Romero Barceló, publicó un folleto titulado “La estadidad es para los pobres”. Allí planteaba que la incorporación como estado supondría una bonanza para los puertorriqueños pobres que eran y son la mayoría de la población. Aquella estrategia pareció funcionarles porque algunos boricuas todavía recordaban los programas de ayuda que el Nuevo Trato de Franklin Roosevelt extendió a Puerto Rico en los años ‘30 (la PRERA y la PRRA) y muchos ya se beneficiaban de los “cupones de alimentos” que llegaron al país durante la gobernación de Luis Ferré.

Esas experiencias le dieron credibilidad a la nueva consigna de Romero que tuvo el efecto de ampliar la base del PNP, facilitándole un triunfo cómodo en las elecciones del ’76. La única victoria anterior de ese partido, la de 1968, había sido el resultado de la división del PPD, cuando una porción de sus electores apoyó el Partido del Pueblo de Roberto Sánchez Vilella. En 1976 ganaron por ellos mismos, en parte, gracias a la nueva prédica de Romero. Para 1992, cuando volvieron al poder con la candidatura de Pedro Rosselló, ya el PNP había abandonado la consigna, pero su imagen como partido asociado a las ayudas federales estaba establecida.

La razón por la cual el PNP dejó de usar la consigna “la estadidad es para los pobres” fue el impacto negativo que esta tenía en Estados Unidos, sobre todo en el sector conservador vinculado al Partido Republicano. Ante ese grupo, la consigna reforzaba su creencia, nacida del prejuicio étnico y racial, de que un eventual estado representaba una carga económica para Estados Unidos. También definía al liderato anexionista como una partida de oportunistas, que avivaban la dependencia y se aprovechaban de la pobreza.

El PNP dejó de mencionar la consigna de Romero, pero siguió difundiendo el mismo mensaje con otras palabras. Aunque ahora mencionan con mayor frecuencia la “igualdad”, la oportunidad de acceder a nuevas ayudas sigue estado el centro de su prédica, alimentando en todo momento la dependencia. De hecho, la tan mentada “igualdad” que ahora enarbolan, está unida al planteamiento de que ampliaría el acceso a más dinero federal.

Tampoco el abandono de la consigna romerista y la nueva insistencia en la “igualdad”, cambió la percepción que hay en Estados Unidos, sobre todo entre los Republicanos, de que los anexionistas son buscones de la pobreza. Tan reciente como el pasado 17 de noviembre, el congresista republicano Jody Hice le espetó al gobernador Pedro Pierluisi que siempre va al Congreso “estirando la mano para pedir dinero”, demás de pedir la estadidad. Como era la verdad, Pierluisi no puedo responder ante la humillación que sufría.

Lo anterior resume con mucha nitidez la contradicción a la que se enfrenta el anexionismo criollo.  Para ganar elecciones en Puerto Rico necesitan presentarse como los paladines de las ayudas para los pobres, pero esa prédica reduce aún más la exigua probabilidad de que las fuerzas políticas de Estados Unidos acepten la incorporación de Puerto Rico como estado.

El otro problema que enfrentan, como señalé al principio, es el de la corrupción. Desde hace 30 años, cuando se estaba a mitad del primer cuatrienio de Pedro Rosselló, se han producido decenas, tal vez centenares, de imputaciones de corrupción, la mayoría de ellas a figuras vinculadas al anexionismo. En casi todos los casos, el dinero escamoteado es de origen federal. Contra ese historial fue que giró Donald Trump cuando tachó a todos los gobiernos puertorriqueños de corruptos, percepción que prevalece entre la mayoría de los congresistas, tanto Republicanos como Demócratas. Cuando Pierluisi o cualquier otro líder del anexionismo se sienta ante ellos, solo ven a un corrupto que anda buscando la manera de lucrarse con el dinero de ellos.

Volviendo al planteamiento de Berríos, creo que Mari Brás, quien falleció en 2010 y siempre fue un observador agudo de la realidad nacional, tuvo tiempo de ver cómo la dependencia y la corrupción iban deshaciendo las aspiraciones anexionistas. Lo que no alcanzó a ver fue cómo el Congreso abandonó los eufemismos con que siempre adornaba la realidad colonial y nos impuso un supra gobierno en forma de Junta, al estilo de los viejos gobiernos militares. La colonia adornada que Juan fue a denunciar ante la ONU ya no tiene adornos y el desprecio del colonizador a sus alzacolas ya no se matiza.

Plan de Ajuste de Deuda de la AEE En jaque el desarrollo económico de Puerto Rico

La Junta de Control Fiscal (JCF) dio a conocer el pasado 1ero de diciembre que había llegado a un acuerdo de respaldo al Plan de Ajuste Fiscal de la Autoridad de Energía Eléctrica (PAD-AEE) con los tenedores de cerca de $700 millones en préstamos para la compra de combustible por parte de la corporación pública. Según el ente fiscal, el acuerdo redujo el reclamo de los prestamistas en un 16% a condición de que la AEE haga una emisión de nuevos bonos cuando entre en efecto el PAD. Poder cumplir con este acuerdo conllevará un cargo fijo adicional en la factura eléctrica de todos los abonados de la AEE.

Este es solo un anticipo del impacto que tendrá el llamado PDA sobre el bolsillo de los consumidores de energía, domésticos y no domésticos. Será otro capítulo más de la pesadilla que les ha representado a estos hasta ahora la deuda de la AEE. “Nos iremos enterando de las malas noticias poco a poco, una detrás de la otra”. Así lo anticipó a CLARIDAD el licenciado Rolando Emmanuelli Jiménez,  abogado y experto en el tortuoso proceso de quiebra de la corporación pública.

El acuerdo pactado por la Junta con los prestamistas del combustible se anunció el mismo día que vencía el plazo que le había dado la jueza Laura Taylor Swain a la JCF para que entregara el PAD-AEE al Tribunal de Quiebras de la Ley PROMESA. Dicho plazo les fue extendido por la magistrada hasta el 8 de diciembre para dar tiempo a la JCF a continuar con el proceso de mediación con los bonistas de la deuda de $12, 000 millones de la AEE. Al cierre de esta edición, faltan apenas dos días para que venza el plazo adicional concedido por  la Jueza a la JCF.

Para Emmanuelli Jiménez, la decisión de la jueza responde a su interés de no tener que entrar en cada una de las deposiciones de las partes en controversia, y propiciar que la Junta llegue a un acuerdo.  Si la JCF llegase a un acuerdo con todos los bonistas,  la jueza no tendría que resolver ciertas controversias una a una, como por ejemplo el caso sobre la garantía de los bonos. Esta es una controversia muy importante porque determinaría si los bonistas recibirían muy poco o cero por su acreencia. Según Emmanuelli, la jueza le va a dar el mayor número de oportunidades posibles a la JCF para que llegue a acuerdos y pueda presentar un PDA, junto al itinerario de deposiciones sobre el mismo, pautadas ya por el Tribunal para el verano del 2023.

El licenciado Emmanuelli anticipa  que habrá dos cargos fijos adicionales en  la tarifa eléctrica, uno, el ya mencionado para pagar la deuda de combustible y otro para pagar el resto de la deuda. Esto, por la pretensión de la JCF de que se pague la deuda de la AEE a como dé lugar. “La Junta lo llama un cargo híbrido. Esto significa que, además del aumento fijo para pagar a los prestamistas del combustible, habrá otro aumento que dependerá del consumo individual de cada abonado. Como quiera, tendrá un impacto negativo en los consumidores de energía, sobre todo en las facturas de las personas de menor ingreso”, señaló el abogado.  Hasta ahora, se desconoce a cuánto ascenderá el llamado cargo fijo. Se sabrá cuando se presente el PAD y se discuta  ante la jueza, lo que se espera ocurra en junio del 2023.

Hace unos meses se  reveló que la JCF había presentado una oferta a los bonistas (el 6 de septiembre) de imponer un cargo entre 23 a 26 dólares mensuales a los abonados de la AEE para el pago de la deuda. Se presume que esa propuesta no se ha retirado. Para Emmanuelli, el problema es que, si siguen imponiéndose cargos y aumentos, la factura eléctrica va a ser impagable. Señaló que, según estudios realizados por el economista José Alameda, una tarifa por encima de 16 centavos por kvh tendría el efecto de impedir el crecimiento económico de Puerto Rico.

El entrevistado afirmó que es muy probable que  la JCF presente un PAD el próximo 8 de  diciembre.   “Será otra historia si el mismo va a ser confirmado o no. La pesadilla sigue y cada vez más nos iremos enterando de las malas noticias, como por ejemplo, los acuerdos demasiado generosos para los bonistas como el descuento de 16 % que ha trascendido para los prestamistas del combustible, Eso sería pagarle 84 centavos de cada dólar prestado a la AEE. Con precedentes así, será muy difícil llegar a acuerdos con todos los bonistas. Ninguno va a aceptar que se les pague  menos a unos que a otros. Tratar a unos y otros de forma diferente solo les daría nuevos argumentos a los acreedores y tendría que ser justificado muy bien ante la jueza”, explicó.

Emmanuelli Jiménez dijo que otra cosa sería si la JCF  decide no negociar más con los bonistas y ver el caso de la quiebra de la AEE en su fondo en el Tribunal.  Si  lo gana puede hacer un recorte más profundo, y lograr que la AEE sea viable.  “Si por el contrario, sigue en la misma ruta con los otros acreedores de darles  lo que pidan, no vamos a ningún lado. Este es el PAD más  importante porque es el que determina si  habrá o no posibilidad de crecimiento económico para Puerto Rico. Sin un sistema eléctrico funcional no hay crecimiento económico posible. Por eso, este PAD  tiene que ser un acuerdo justo, un buen negocio para el país”.

The Fabelmans: el cine como fábula

Nuevamente a dos manos/miradas, Juan Ramón Recondo y yo nos adentramos al mundo fascinante de tejer historias, en este caso del reconocido director Steven Spielberg.

Por María Cristina

(Director Steven Spielberg; guionistas Steven Spielberg y Tony Kushner; cinematógrafo Janusz Kaminski; elenco Gabriel LaBelle, Michelle Williams, Paul Dano, Seth Rogen, Judd Hirsh, Julia Butters, Keeley Karsten, Sophis Kopera, Jeannie Berlin, Robin Bartlett, David Lynch en un cameo como John Ford)

Puede que a lxs que prefieren ver el resultado final de una producción fílmica, o los “highlights” del “making of” o las escenas no incluidas o preferidas por el director, no les fascine este retrato de la niñez y adolescencia de Sam Fabelman, alguien muy parecido a Steven Spielberg. Para mi, es un recuento de cómo lxs cinéfilos llegamos a descubrir y amar este séptimo arte que, a pesar de la TV, el cable, la pandemia y el streaming, sigue produciendo historias fascinantes que nos transportan a otras épocas, mundos cercanos e imaginados y nos recuerdan que los debates públicos son necesarios para el pensamiento crítico. Steven Spielberg ha escrito y filmado sus recuerdos de cómo se formó como cineasta, cómo el cine impactó su vida para que todos los caminos condujeran a hacer ese cine que vio como niño y que se enamoró como adolescente. Es su cine, su estilo, su selección de recuerdos.

Por supuesto, la primera escena es la impresión que un filme en particular tiene en un niño de apenas siete años que entra a una enorme sala de cine con una pantalla gigantesca, junto a sus padres y montones de gente desconocida y ve The Greatest Show on Earth (1952) con su secuencia del choque de vagones del tren y la destrucción de automóviles y casas de madera. Descubrir cómo vencer el miedo de la amenaza que representa una imagen gigantesca, cómo controlar esa imagen fascinante para poderla reconstruir en la imaginación y luego con el mecanismo de la cámara es lo que dirige a este niño a pensarse como cineasta o creador de imágenes a tan temprana edad. Desde aquí, el filme nos conduce por la experiencia, el misterio y la sorpresa de ver el mundo y retenerlo en su memoria. Puede que no entienda la complejidad de una producción cinematográfica, pero la curiosidad y fascinación ya están sembrados en lo que ya considera su pasión: hacer cine, captar imágenes, retransmitir ideas en una pantalla donde el público se sienta parte de la historia que cuenta y reaccione con sorpresa, carcajadas, tristeza y afecto.

Spielberg recrea minuciosamente las tres etapas de la historia en las décadas de 1950 y 1960—como niño de siete hasta casi adulto de 18—detallando cuidadosamente las viviendas de clase media, los autos de la familia y especialmente el uso, cambios y avances de las cámaras de cine. Desde la primera escena se presenta la importancia de una familia de varias generaciones intercambiando historias y sus costumbres religiosas. Quizá Sammy (Mateo Zoryon como niño y Gabriel LaBelle como adolescente) no entienda el significado de las celebraciones de su familia, pero se deleita en la atención y compañía y, posiblemente por eso, se da cuenta muy tarde que las diferencias de personalidad de su madre Mitzi (Michelle Williams) y su padre Burt (Paul Dano) pueden traer choques muy serios que anuncian rupturas futuras. Solo a través del lente, ya Sammy adolescente, percibe lo alejados que están Mitzi y Burt, y la importancia de la presencia del tío Bennie (Seth Rogen), el que no permite que su madre se deprima.

En el mundo de supuesta fantasía que Sammy crea en sus películas de 8mm y Super 8, sus tres hermanas son actoras y público receptor y Spielberg capta la alegría y molestia de verse retratado por este hermano obsesionado con una cámara que es ajena a ellas. Como adolescente, esas hermanas todavía son parte del “crew”, pero ya ellas tienen otros intereses de su edad y los compañeros de la tropa de Niños Escuchas se convierte en su nuevo equipo. Sammy perderá este apoyo cuando la familia tiene que mudarse de Phoenix, Arizona al norte de California para que Burt pueda avanzar su carrera. Ya no hay compañerismo porque es el chico nuevo en la escuela y su status de judío, sin habilidad deportiva y “nerdy” lo compartimentan como un estorbo. Saldrá a flote porque una chica atractiva se fijará en él y porque logra venderse como documentalista de la clase graduanda.

Mientras la estabilidad está encarnada por su padre, Burt, paciente con cada miembro de su familia, responsable, proveedor y fiel creyente de cada aspecto de lo que era el modelo familiar en la década de 1950—pensar en la 2nda historia de The Hours (Stephen Daldry, 2002)—Mitzi provee la libertad de toda expresión: artística, verbal, corporal. Es su manera de sobrevivir el encerramiento de precisamente esa “familia ideal” donde no hay cabida para sus aspiraciones. Pudo haber sido una gran pianista, pero como indica su tío Boris (Judd Hirsch), era incompatible con estar casada y ser madre de cuatro hijxs. Sammy logra captar con su cámara a la mujer libre que se reconoce y actúa para ir en busca de su felicidad.

Lo que Sammy, Steven S y The Fabelmans demuestran es que una obsesión de hacer cine como ésta, es la base para definirse, aunque solo cuente con siete años, los que te rodean insistan que es solo un hobby y siga imaginando un mundo a través de un lente. Por eso en los breves segundos que vemos de sus filmaciones—a veces sencillos y otros complicados—imaginamos lo que luego se convertirá en escenas memorables de Indiana Jones, E.T., Saving Private Ryan, A.I. Artificial Intelligence, entre muchos otros.

 

Por Juan R. Recondo

No soporto cuando una película marca el momento exacto en el que un personaje logra un golpe de inspiración que define su futuro. Esos golpes de ingenio son una tontería romántica e idealizada que reducen el largo proceso creativo a unos segundos. Habiendo dicho eso, irónicamente recuerdo el momento exacto en el que por primera vez visualicé el cine de otra manera. Me molesta aceptarlo, pero al final del verano de 1987 cuando a mis quince años vi The Witches of Eastwick (dir. George Miller, EEUU, 1987), el cine dejó de ser únicamente un entretenimiento para escapar de mi realidad. Por más que adoro la serie de Mad Max de Miller, The Witches of Eastwick no es la película que escogería conscientemente como una coyuntura decisiva. La historia trata sobre tres mujeres (Cher, Michelle Pfeiffer y Susan Sarandon) que, en su búsqueda del hombre perfecto, convocan al diablo (Jack Nicholson) por error. La película tiene sus golpes visuales, como cuando las tres amigas bailan con su amante diabólico al ritmo de “Nessum Dorma,” un aria poderosa de la ópera Turandot. Pero su acto final es una tontería de acción que le resta a la historia. La conclusión pudo haber elevado la película a un comentario feminista interesante que contrarrestara el cómico monólogo misógino que el diablo vomita en una iglesia. Lo que pudo ser una batalla de ingenios entre las brujas y el diablo, se torna en una persecución pedestre. Esa es mi apreciación en este momento de mi vida. Pero a mis quince, la combinación de la música, la cinematografía de Vilmos Zsigmond y las actuaciones sólidas de las cuatro estrellas me abrieron los ojos ante las maravillas del medio. Aunque ya había visto bastante cine, The Witches of Eastwick fue la experiencia mística en la que sentí una unión total con el universo y desperté ante la pasión artística.

En The Fabelmans, una película autobiográfica dirigida por Steven Spielberg, ese momento ocurre cuando a sus seis años Sammy Fabelman (Mateo Zoryan) ve la escena en la que chocan los trenes en la mediocre The Greatest Show on Earth (dir. Cecil B. DeMille, EEUU, 1952). Tanto los ojos del niño como los de Spielberg observan fascinados el accidente. Para aquietar sus emociones, Sammy necesita ejercer control sobre la impactante secuencia. Su padre (Paul Dano), un amable ingeniero de tecnología, no sabe cómo calmar a su hijo. Sin embargo, su madre (Michelle Williams), una apasionada pianista que sacrifica el arte por su familia, entiende la inquietud de Sammy. Esta dualidad de un padre que vive por sus máquinas y una madre que sufre por la lejanía a su música, resaltan el conflicto personal que atormentará a Sammy a través de su adolescencia y adultez temprana (Gabriel LaBelle). Los personajes coloridos que pueblan la vida de Sammy entienden el valor de su visión y cada uno lo impulsa hacia su conclusión. Fue su tío abuelo (actuado deliciosamente por Judd Hirsch), que trabajó en el circo y en el cine, quien le enseñó la diferencia entre la valentía que conlleva meter la cabeza en las fauces de un león y el arte con el que el domador mantiene al animal con su boca abierta. Fue el mejor amigo de su padre (Seth Rogen) quien le compró el último modelo de una cámara en una etapa en la que Sammy quería renunciar al cine. Fue su novia (Chloe East, que hace del personaje una representación más valiosa que una hueca “manic pixie dream girl”) la que inspiró a Sammy a retomar sus sueños. Spielberg celebra a cada una de esas personas que lo llevaron hacia el último encuentro con uno de los maestros del cine. Faltó muy poco para que la breve participación de esa última figura me hiciera gritar de la emoción.

Aunque me había cansado del toque de Spielberg en películas como The BFG (2016), The Post (2017) y Ready Player One (2018), me impresionó mucho su tratamiento de un musical tan políticamente problemático como West Side Story (2021). Vuelvo a ver al Spielberg que tanto me disfruté en The Fabelmans. En esta vuelvo a sentir la vida de un personaje que lucha por su espíritu de aventura, como en Raiders of the Lost Ark (1981); donde un joven torna cada contratiempo en una oportunidad para continuar hacia adelante, como en Empire of the Sun (1987); y donde una familia de clase media enfrenta el dolor de la separación, como en E.T. the Extraterrestrial (1982). Son precisamente estos lugares comunes los que Spielberg revisita en su más reciente obra. Así como David Lynch usa las técnicas del melodrama de la década de los 50 para crear lo surreal en clásicos como Blue Velvet (1986) y Mulholland Drive (2001), Spielberg hace referencias directas a su obra para reconstruir una niñez que nunca podrá desligar del cine. No puedo cerrar esta reseña sin mencionar la gloriosa edición de sonido en The Fabelmans, que constantemente iguala lo musical del mecanismo de una cámara a la lluvia o al encendido de un buen habano. Ese cigarro es el principio de mi secuencia favorita de la película. No se la pierdan.