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En Reserva-Eternamente Pablo: una reflexión sobre la muerte

 

 

 

Especial para En Rojo

 

Que soledad tan sola te inundaba

en el momento en que tus personales

amigos de la vida y de la muerte

te rodeaban.

(Fragmento de la canción A Salvador Allende en su combate por la vida, de Pablo Milanés)

Hace poco hablaba con una amiga sobre la muerte, un tema que me paraliza y que, por alguna razón, está siempre presente en mi cabeza. La certeza de los vivos, le llaman.

El tema no me preocupa demasiado por lo que pase conmigo luego de ella. Más bien, me aterra el vacío que queda luego de una muerte dolorosa y cercana. Ya viví una partida así, intensa, y saber que volveré a experimentar ese desconsuelo, porque así es la vida, me puede llegar a angustiar. Como sé que de nada vale preocuparse en la víspera ante situaciones que no podemos cambiar o controlar, finjo que el tema no me preocupa demasiado; pero no es así.

Luego de esa conversación con mi amiga, recibo la noticia de la muerte de Pablo Milanés, mi cantante de nueva trova favorito. Comencé a escucharlo desde pequeña, cuando la resonancia de su voz y de sus mensajes llenaron el breve espacio de mi pequeño mundo de entonces. En aquel momento, sabía que estaba experimentando una voz imposible de ignorar y de no amar. En la nueva trova, como en tantas otras cosas, Pablo fue precursor y pionero.

Su muerte, su partida física, me llevó nuevamente a pensar en cómo es de injusta e ingrata la vida humana. Después de una partida intensa y dolorosa, para el doliente, la vida se pausa, se detiene…, pero para los demás, la vida continúa. Se fue Pablo Milanés y la vida sigue para tantos, como si su paso por ella no valiera nada, como si cada segundo de su transitar en la tierra se esfumara. Quizás surco la mente de Pablo en este instante. Para recordarlo, utilizo el mensaje que, junto a tantos otros, usó para educarnos con su voz legendaria y su incomparable talento:

La vida no vale nada
si yo me quedo sentado
después que he visto y soñado
que en todas partes me llaman.
La vida no vale nada
cuando otros se están matando
y yo sigo aquí cantando
cual si no pasara nada.
La vida no vale nada

[…]

Si tengo que posponer
otro minuto de ser

y morirme en una cama.

Pablo siempre supo cómo ser fiel a sus convicciones para defender las causas, siempre conforme a su juicio constante de transitar por la senda de la verdad y la justicia. En sus canciones marcó posturas y vistió con flores, pero también con realidades, la revolución. En sus últimos años, no dudó en cambiar de rumbo, conforme a las transformaciones que se van gestando en los seres humanos, ya sea por el dolor de sentirse lejos de su patria o por la madurez que van dejando los años.

Pablo vivió asediado por muchas dolencias y varias condiciones de salud. Ninguna pudo jamás doblegar su espíritu de valentía y ansias de libertad.

Su legendaria e inconfundible voz le hubiera, por si sola, abierto las puertas del éxito en el mundo artístico, pero su excelente timbre vocal fue tan solo un elemento entre sus múltiples atributos como cantante, compositor, músico, arreglista, visionario y ser humano. Esa amalgama de virtudes solamente las reserva la vida para los escogidos, para los incomparables, para los arquetipos, para los inmortales.

Como admiradora de su gran talento, fui a su último concierto en Puerto Rico. El amor por esta isla nuestra estuvo presente en la veintena de canciones que entonó aquella noche de mayo. Los productores llamaron aquel concierto Canciones para siempre, tal vez como una ofrenda inmortal del artista a quienes lo admirábamos. Hoy, años después de aquel momento, recuerdo con claridad la emoción que sentí al verlo cantar en directo, por primera y única vez. Poco sabía yo, refraseando al poeta Paul Géraldy, que llegaría un día en que nuestros recuerdos serían nuestra riqueza. Gracias a Pablo mi caudal de experiencias únicas creció exponencialmente con aquel espectáculo.

Si así de inolvidable fue la vida de Pablo Milanés, ¿qué puedo hacer yo para trascender o para que la vida de a quienes temo perder sea recordada eternamente?

La vida es un proceso y un proyecto que hay que depurar, refinar, mejorar y enriquecer cada día. Como repetía Pablo en una de sus canciones más emblemáticas, a cada paso y en cada nueva circunstancia, se impone siempre un pedazo de temor o de razón. Es ese temor combinado con razón el que hoy me hace escribir estas líneas; esa razón que me intenta preparar para la partida de familiares, de leyendas como Pablo o de mi propia muerte.

Pablo, me convenzo, es eterno. El maestro Pedro Albizu Campos, su colega en eso de adentrarse en la eternidad, dijo una vez que para acceder a la inmortalidad hay una sola puerta. Pablo ya cruzó esa puerta y se paseó sobre las sombras de la muerte serenamente y en absoluta paz. El legado de Pablo no morirá, pero ¿qué pasará con el mío o con el de los demás?

Apenas a unos días de la muerte física de Pablo y, luego del obligado proceso de aceptación que nos impone la vida, yo vuelvo a pensar en la muerte. Reflexiono forzosamente en el peregrinar por el mundo de cada ser humano y lo que habrá de ser nuestro legado o aportación para dejar a nuestros sobrevivientes.

¿Cómo debo vivir para no olvidar? ¿Cómo puedo prepararme para sufrir menos estas pérdidas que nos estremecen? Cualquier reflexión que haga de ahora en adelante deberá tener la vida de Pablo Milanés como referente.

A pesar de la brevedad de la vida, algunos como Pablo alcanzaron la eternidad. Algunos como él no se quedaron sentados, “cual si no pasara nada”. Algunos como él nunca pospusieron un solo minuto de ser, a pesar de estar asediados por el dolor y la muerte.

El eterno Pablo hoy está en algún lugar más allá del misterio, después de haber vivido una vida plena. Como en muchas de sus presentaciones, me parece verlo empuñando su amada bandera cubana. A su lado, veo entrelazada su hermana gemela, nuestra bandera puertorriqueña. Hoy, no tengo dudas, están ambas insignias desplegadas y libres sobre las cumbres del infinito.

Tremendo reto nos dejas al resto, querido Pablo.

Por eso y por más, gracias, Pablo, eternamente.

Claro de Poesía: En el sigilo de las alboradas

 

La historia de la poesía latinoamericana ha sido mezquina con ciertas figuras ineludibles. El peruano Emilio Adolfo Westphalen (1911-2001) es una de ellas. Poeta de producción exigua, la obra de Westphalen muestra la asimilación temprana de la práctica surrealista preponderante en la primera mitad del siglo XX, así como la preferencia por motivos de la tradición de la mística en la literatura. Estos acentos en la escritura de Westphalen lo hermanan a las preferencias estéticas del puertorriqueño Francisco Matos Paoli, otra inexplicable ausencia en las antologías del continente. Uno de los principios del surrealismo que afincó con particular fuerza en la poesía de Westphalen fue la idea del lenguaje como elemento transformador del ser humano. Asimismo, mucho antes que Celan, Pizarnik y Valente, Westphalen se adentraba en la espesura del supuesto fracaso de la palabra poética como motivo insistente de su quehacer, un fracaso revestido de ironía puesto que se manifiesta justamente nombrándose en el poema. Westphalen publicó dos excepcionales poemarios en la década del treinta: Las ínsulas extrañas y Abolición de la muerte. No volvió a publicar en treinta años. Rompió su silencio editorial con poemas en revistas y catálogos de arte a partir de los años sesenta que luego recogió en Otra imagen deleznable (1980) y Bajo zarpas de la quimera (1991).

Te he seguido

Te he seguido como nos persiguen los días

Con la seguridad de irlos dejando en el camino

De algún día repartir sus ramas

Por una mañana soleada de poros abiertos

Columpiándose de cuerpo a cuerpo

Te he seguido como a veces perdemos los pies

Para que una nueva aurora encienda nuestros labios

Y ya nada pueda negarse

Y ya todo sea un mundo pequeño rodando las escalinatas

Y ya todo sea una flor doblándose sobre la sangre

Y los remos hundiéndose más en las auras

Para detener el día y no dejarle pasar

Te he seguido como se olvidan los años

Cuando la orilla cambia de parecer a cada golpe de viento

Y el mar sube más alto que el horizonte

Para no dejarme pasar

Te he seguido escondiéndome tras los bosques y las ciudades

Llevando el corazón secreto y el talismán seguro

Marchando sobre cada noche con renacidas ramas

Ofreciéndome a cada ráfaga como la flor se tiende en la onda

O las cabelleras ablandan sus mareas

Perdiendo mis pestañas en el sigilo de las alboradas

Al levantarse los vientos y doblegar los árboles y las torres

Cayéndome de rumor en rumor

Como el día soporta nuestros pasos

Para después levantarme con el báculo del pastor

Y seguir las riadas que separan siempre

La vid que ya va a caer sobre nuestros hombros

Y la llevan cual un junco arrastrado por la corriente

Te he seguido por una sucesión de ocasos

Puestos en el muestrario de las tiendas

Te he seguido ablandándome de muerte

Para que no oyeras mis pasos

Te he seguido borrándome la mirada

Y callándome como el río al acercarse al abrazo

O la luna poniendo sus pies donde no hay respuesta

Y me he callado como si las palabras no me fueran a llenar la vida

Y ya no me quedara más que ofrecerte

Me he callado porque el silencio pone más cerca los labios

Porque sólo el silencio sabe detener a la muerte en los umbrales

Porque sólo el silencio sabe darse a la muerte sin reservas

Y así te sigo porque sé que más allá no has de pasar

Y en la esfera enrarecida caen los cuerpos por igual

Porque en mí la misma fe has de encontrar

Que hace a la noche seguir sin descanso al día

Ya que alguna vez le ha de coger y no le dejará de los dientes

Ya que alguna vez le ha de estrechar

Como la muerte estrecha a la vida

Te sigo como los fantasmas dejan de serlo

Con el descanso de verte torre de arena

Sensible al menor soplo u oscilación de los planetas

Pero siempre de pie y nunca más lejos

Que al otro lado de la mano.

 

El mar en la ciudad

¿Es éste el mar que se arrastra por los campos,
Que rodea los muros y las torres,
Que levanta manos como olas
Para avistar de lejos su presa o su diosa?

¿Es éste el mar que tímida, amorosamente
Se pierde por callejas y plazuchas,
Que invade jardines y lame pies
Y labios de estatuas rotas, caídas?

No se oye otro rumor que el borboteo
Del agua deslizándose por sótanos
Y alcantarillas, llevando levemente
En peso hojas, pétalos, insectos.

¿Qué busca el mar en la ciudad desierta,
Abandonada aun por gatos y perros,
Acalladas todas sus fuentes,
Mudos los tenues campanarios?

La ronda inagotable prosigue,
El mar enarca el lomo y repite
Su canción, emisario de la vida
Devorando todo lo muerto y putrefacto.

El mar, el tierno mar, el mar de los orígenes,
Recomienza el trabajo viejo:
Limpiar los estragos del mundo,
Cubrirlo todo con una rosa dura y viva.

Poema inútil

Empeño manco este esforzarse en juntar palabras
Que no se parecen ni a la cascada ni al remanso,
Que menos trasmiten el ajetreo del vivir.

Tal vez consiguen una máscara informe,
Sonriente complacida a todo hálito de dolor,
Inerte al desgarramiento de la pasión.

Con frases en tropel no llegan a simular
Victorias jubilosas de la sangre
O la quietud del agua sobre el suicida.

Nada dicen tampoco de la danza de amor y odio,
Alborotada, aplacada, extinta,
Ni del sueño que se ahoga, arrastrado
Por marejadas de sospecha y olvido.

Qué será el poema sino un espejo de feria,
Un espejismo lunar, una cáscara desmenuzable,
La torre falsa más triste y despreciable.

Se consume en el fuego de su impaciencia
Para dejar vestigios de silencio como única nostalgia,
Y un rubor de inexistente no exento de culpa.

Qué será el poema sino castillo derrumbado antes de erigido,
Inocua obra de escribano o poetastro diligente,
Una sombra que no se atreve a aniquilarse a sí misma.

Si al menos el sol, incorrupto e insaciable,
Pudiera animarlo a la vida,
Como cuando se oculta tras un rostro humano,
Los ojos abiertos y ciegos para siempre.

Rebeldes y perseguidos. Cristianos y cristianas en Puerto Rico y su lucha por la por la liberación, el ecumenismo, la justicia y la paz

 

Buenas Noches.

Muchas gracias por ofrecerme esta singular oportunidad. Constituye de veras un gran privilegio y una enorme muestra de confianza y afecto la invitación que me fuera cursada por mi querido amigo y compañero José Enrique Laboy Gómez, para participar en la presentación de este valioso libro. Es a su vez un privilegio sin par compartir desde aquí con la Reverenda Eunice Santana, amiga y compañera a quien tanto queremos y respetamos.

Les ofrezco para su consideración algunos comentarios e ideas, en apretadas líneas, con alguna que otra redundancia o exabrupto, quizá provocativos, con toda la intención buena de que generemos entre nosotros y nosotras algunas inquietudes y pensamientos relacionados de una u otra forma con el contenido del libro –Rebeldes y perseguidos— que consideraremos esta noche.

Debemos reconocer, primero que todo, que este libro reivindica la importancia de la recuperación de la historia nacional, en este caso de valientes y arrojados religiosos y religiosas de Puerto Rico en las postrimerías del siglo veinte. Afirma el valor de conocer personajes y sus ejecutorias, grupos y sus desafíos, perseguidos y perseguidores, en una colonia como Puerto Rico en la que, como tal, no se supone que se haya forjado o se forje una historia propia, ni de religiosos ni de nadie; que se supone que no tenga héroes o mártires; en la que no se supone que se sea alguien, un sujeto histórico individual y colectivo, sino meramente algo, una cosa de la que se puede disponer al antojo del dominador. En ese sentido mayor, este libro es una victoria de la Nación, que existe, que se construye cada día, que enfrenta, resiste, conspira y triunfa.

El autor ha liberado del anonimato y la invisibilidad a un valiosísimo conjunto de protagonistas de nuestra historia, los cristianos y cristianas que han sufrido persecución y discrimen por haber cometido el pecado de comprometerse y luchar por la libertad y la justicia social. A través de quinientas noventa páginas, les hemos conocido y admirado, y han contribuido a fortalecer nuestro espíritu y nuestra auto estima individual y colectiva.

Es igualmente significativo el reconocimiento que se hace a la vinculación del desarrollo ideológico y el compromiso social de estas personas y organizaciones con lo que acontece en América Latina y el Caribe, es decir, la latinoamericanización del compromiso religioso y social liberador puertorriqueño. No somos una ínsula pequeña e insignificante, perdida en el mar océano. Somos hijos e hijas de una inmensa y maravillosa América Nuestra, que se esfuerza por avanzar dignamente hacia el porvenir.

Resulta particularmente valioso el reconocimiento del rol de la mujer religiosa, progresista y militante, organizadora, dirigente y personaje principal de las luchas libradas durante los años estudiados. Todo ello diferente y contrario a la visión de sumisión y silencio de la mujer, tan estereotipada a través de la historia, por esa religión tan pronunciadamente patriarcal y machista.

Llama la atención la complejidad y los riesgos de reivindicar espacios religiosos progresistas y comprometidos socialmente desde una iglesia Católica institucionalmente verticalista, conservadora, represiva e intolerante, convertida ella misma en perseguidora y en cómplice de otros perseguidores.

Asimismo, es relevante el valor del compromiso social de sectores progresistas de diversas iglesias protestantes que, no lo olvidemos, fueron traídas a Puerto Rico por los invasores de 1898, con el objetivo calculado de afianzar el colonialismo y la asimilación, todo ello en nombre de Dios.

Merece atención especial el ecumenismo promovido por los diversos grupos de religiosos y religiosas rebeldes, es decir, la capacidad de forjar la unidad o la alianza en la acción concreta, por ejemplo en la lucha por la paz de Vieques, en defensa del ambiente y por la liberación de nuestros presos políticos. La nuestra, nos enseñan con su ejemplo, deberá ser una Nación ecuménica en todos los sentidos, si aspira a avanzar en la ruta de la libertad y la justicia social.

Inevitablemente –y como debe ser– la lectura de este libro provoca inquietudes, genera preguntas y obliga a una reflexión que va más allá de la información, los datos y la narración contenida en el mismo, sobre lo cual el autor, confiamos, deberá profundizar en un futuro proyecto literario e investigativo. En ese sentido, este libro debe considerarse un paso necesario hacia una reflexión y análisis abarcadores, una interpretación histórica exhaustiva y una indispensable profundización, sobre eventos y protagonistas diversos que marcan decisivamente –lo hemos constatado aquí– nuestra historia nacional.

Preguntémonos, entonces, ¿quiénes son los rebeldes y perseguidos y quiénes los perseguidores?

¿Contra qué o quién se rebelan estos rebeldes? ¿A favor de qué? ¿Su rebeldía es sólo contra el proceder de las iglesias institucionales o va más allá, contra modelos políticos, económicos y sociales responsables de la pobreza y la desigualdad y la injusticia social? ¿O contra ambos?

¿Acaso son delincuentes; quizá subversivos?

¿Por qué les persiguen los perseguidores? ¿Qué han hecho o dejado de hacer para merecer la persecución de la que han sido objeto estas personas tan comprometidas con el bienestar y la felicidad humana? ¿Por qué se ha llegado al extremo de la persecución y la intolerancia? ¿Por las ideas, por los principios, por las utopías, por las aspiraciones y sueños que, después de todo, sólo encarnan bondad y solidaridad?

¿Es este un conflicto trascendido o se mantiene en la actualidad?

¿Mantiene vigencia hoy lo expresado por nuestro querido Samuel Silva Gotay cuando indicaba hace cuatro décadas, que “…los cristianos optaron por el instrumental socio analítico del marxismo para la crítica social y optaron por el proyecto histórico del socialismo frente al carácter opresor y explotador del capitalismo”, o vamos a suscribir la idea retrograda del fin de la Historia? (p. 41)

¿Se trata de un asunto estrictamente religioso? ¿Tiene que ver con la justicia en la Tierra, con la salvación del alma en el cielo, o con el atrevimiento de ver lo uno y lo otro como una misma cosa?

¿Es que existe diferencia entre un educador rebelde, un obrero rebelde, una artista rebelde, una ambientalista rebelde, y un religioso o religiosa rebelde, sobre todo en lo que tiene que ver con su comprensión de la realidad, con cómo es la vida y particularmente con cómo debe ser y cómo deben ser las relaciones humanas?

¿No son una y la misma cosa, después de todo, componentes, materia prima, de un pueblo rebelde? ¿No es acaso el mismo objetivo de la rebelión, en sus causas y consecuencias?

¿Qué alternativa ofrecen los religiosos y religiosas que levantan como bandera la opción por los pobres (y los desafortunados); la misma bandera que ofrecen otros rebeldes quienes, sin ser religiosos reivindican valores y aspiraciones similares? ¿Cómo compagina con la doctrina social de la Iglesia? ¿Esa era, según la tradición, la opción de Jesús, aquel que prefería reunirse e identificarse con los enfermos, los desvalidos y marginados?

La hermana Carmen González Arias responde sin titubeos: “Un subversivo es quien se rebela ante las cosas que no son justas para el bien común. En ese sentido, se puede decir que Jesucristo fue subversivo”. (p. 560)

¿Por qué rebeldes y no revolucionarios? ¿O es que, al menos una parte de ellos y ellas sí lo son? ¿También Jesús?

¿Qué alcance tiene la así denominada opción por los pobres? ¿Qué implicaciones tiene?

¿Sólo los religiosos rebeldes y perseguidos afirman la opción por los pobres? ¿Los perseguidores no?

¿Quiénes son los pobres?

¿Es sólo a la pobreza material a la que se refiere ese objetivo o hay algo más?

¿Se conforma con ser una concepción asistencialista, caritativa, que colinda con la mendicidad, una suerte de discurso populista sobre los pobrecitos pobres, descamisados del alma, a quienes no les queda otra alternativa existencial que padecer su condición de pobres; o va mas allá? ¿No se corre el riesgo de rendir, alguna manera, culto a la pobreza, más  bien, a la “cultura de la pobreza”? ¿Una suerte de fetiche abstracto y fantasmal, omnipresente  e insuperable? ¿Una identidad más que una condición material y espiritual?

¿Por los pobres o contra la pobreza? ¿Por los pobres o por la transformación radical de la sociedad en una superior en la que prevalezcan la justicia y el amor?

¿Seres humanos pobres y ricos, o seres humanos empobrecidos y enriquecidos? ¿Pobres o explotados; pobres y explotados?

¿La pobreza –no los pobres—es una condición en sí misma, o es consecuencia de una situación económica, política, social, cultural y humana históricamente dada? ¿Se puede hablar de la “civilización de la pobreza”?

¿Se quiere acabar con la riqueza, o se quiere acabar con los privilegios de los  ricos y la injusta y desigual distribución y disfrute de la riqueza material? ¿O es posible la coexistencia o cohabitación armoniosa entre unos y otros?

¿Qué posición asumimos, entonces, ante la explotación económica, la desigualdad en el acceso a la riqueza, y la infelicidad de quienes no son precisamente pobres pero tampoco ricos?

¿Existe o no existe la lucha de clases? ¿Cómo concilia la visión cristiana rebelde y perseguida con la Teología de la Liberación?

¿Qué espacio queda para los ricos en el reino de Dios y para alcanzar la salvación eterna? ¿Tienen que renegar de su riqueza o podrán ir al “cielo de los ricos”? ¿O van al infierno? Las almas de los perseguidores, ¿a dónde irán a parar?

¿La pobreza y la desigualdad, la injusticia social y la persecución, el odio y la explotación, son parte de la creación divina; como el amor y la bondad?

Escuchemos lo que nos dice Samuel Silva Gotay:

“El Dios de la tradición hebrero-cristiana no es un Dios imparcial. Es un Dios parcializado a favor de los pobres y oprimidos, de las viudas, de los huérfanos, de los que no tienen pueblo, de los enfermos, de los débiles. En los textos bíblicos este Dios está en contradicción, conflicto y antagonismo con los ricos y los poderosos que oprimen”. (p. 199)

En su carta pastoral  ofrecida en 1975, el obispo episcopal Francisco Reus Froylán puso el dedo en la llaga, al expresar allí de forma contundente que,

“Somos un pueblo pobre dentro de un mundo del despilfarro más atolondrado que ha conocido la historia. No dudamos en calificar este despilfarro como un pecado colectivo de las clases pudientes contra el Dios que toma partido con las clases desposeídas… Existen pobres porque existen ricos; y existen pueblos subdesarrollados porque existen pueblos súper desarrollados. La pobreza de los muchos  es creación de los pocos, que controlan y poseen los medios de producción… Debemos traducir la expresión evangélica del Reino de Dios en una utopía concreta e históricamente realizable: el Reino de justicia y paz. La opulencia de los pocos no puede darse sin la explotación de los muchos… Toda alianza cristiana con los opresores de los pobres es una desfiguración del rostro de Dios… Hay una palabra dolorosa que caracteriza nuestra situación: dependencia. Hemos salido de la orbita del imperio español para caer en la órbita del invisible imperialismo de las compañías multinacionales…”.(p. 318)

Entonces, ¿cuántos dioses hay?

¿Tenemos otras opciones o razones y propósitos para vivir y luchar, para salvar el alma o para que prevalezca la justicia? ¿Son la indiferencia y la resignación opciones para la vida en dignidad? ¿Tendremos que enfrentar al Dios que toma partido con las clases poseedoras?

El dirigente católico brasileño Pedro Casaldáliga visitó Puerto Rico en 1998. Entrevistado en esa ocasión dejó claramente establecido que, “…cuando la miseria y la opresión se juntaron con la liberación surgió la teología de la liberación…dicha teología no busca el asistencialismo, sino que persigue una caridad político estructural, donde se va a las causas de la pobreza. La liberación debe ser espiritual, pero también social, económica, cultural y política…se entiende muy bien con un marxista que lucha por los derechos humanos y también con una mujer sin fe, pero que reivindica los derechos de la mujer”. (p. 471)

Finalmente, ¿cuál ha sido al día de hoy la situación de los religiosos y religiosas rebeldes y perseguidos? ¿Cuál es la situación de los religiosos y religiosas no cristianos?

Bien sabemos que no es de ninguna manera desde la ingenuidad, la candidez o la mera exacerbación de los sentidos que surge con tanta fuerza esta iniciativa tan comprometida, compleja y heterogénea, desde la religiosidad hacia el compromiso social, muy clara en sus objetivos que la definen, en su propósito reivindicador, liberador y justiciero.

Bien sabemos que hay mucho estudio, mucho conocimiento y formación cultural; vidas y experiencias, compromisos y entregas, desarrollo superior de la conciencia, incluso sacrificios, sintonía con el palpitar de humanidades multitudinarias que reclaman una vida mejor en un mundo mejor, que no pueden esperar a la salvación celestial del alma, que exigen que la justicia primera, la felicidad primera, la igualdad primera se den aquí y ahora entre los ocho mil millones de seres humanos que habitamos el planeta Tierra. Que su compromiso se encarna, como nos dice el autor, “en la fe y la ética de la liberación”.

He tenido el privilegio de compartir en diversas ocasiones con varios prominentes perseguidos y perseguidas rebeldes. La mayoría de las veces en alguna trinchera de lucha por la dignidad y la libertad. Hemos sido compañeros de partido u organización, hemos hecho juntos desobediencia civil en Vieques y juntos hemos ido presos, hemos coincidido en iglesias y templos –como la capilla ecuménica de la Isla Nena– hemos compartido tribunas y micrófonos; en marchas y piquetes, en conferencias y debates. Entre estos Juan Antonio Franco Medina y Antulio Parrilla Bonilla, Alberto González y Juan Vera, Moisés Rosa, Alfredo Santiago, Heriberto Martínez, Felipe Lozada, Ángel Darío Carrero Morales, Pedro Ortiz Santiago y Eunice Santana. Y otros a la distancia, como el cura guerrillero Camilo Torres Restrepo, Ernesto Cardenal, Edmund Tutu, Miguel D’Escoto y Oscar Arnulfo Romero.

Para mi esas personas son, por sobre todas las cosas, queridos y respetados compañeros y amigos, compañeras y amigas. Un gran ejemplo de osadía y atrevimiento, de entrega y desprendimiento, de guía en la ruta libertaria que será la de la salvación de todos y todas.

En el fondo, lo que nuestro querido José Enrique ha realizado al entregarnos este libro –Rebeldes y perseguidos— es un elemental acto de justicia. Justicia con aquellos y aquellas a quienes el denomina rebeldes y perseguidos, y justicia con el Pueblo puertorriqueño y otros pueblos, que hace tiempo han debido conocer, apreciar y aplaudir lo que han sido capaces de hacer nuestros religiosos y religiosas, desde la fe cristiana, a favor de la Libertad y la Justicia Social en Puerto Rico

Gracias, querido y respetado amigo José Enrique, por esta puerta que nos has abierto, por esta gran oportunidad que has provisto para que conozcamos mejor al Pueblo valeroso del que somos hijos e hijas, este gran Pueblo merecedor de la gloria, así en la Tierra como en el Cielo.

Muchas gracias.

El libro esta a la venta en la CLARITIENDA.

Palabras en la presentación del libro el 18 de noviembre de 2022 en la Casa Museo Trina Padilla de Sanz, Arecibo

 El autor es Catedrático  Universidad de Puerto Rico y Copresidente Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH)

 

 

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Especial para En Rojo

 

«En este mundo en el que no tenemos sino el terror como defensa contra la angustia.”

Louis Scutenaire (cita que aparece en el tráiler de El ángel exterminador)

 

Tengo un lugar en mi corazón por las películas que descargan en contra del privilegio. Hay una larga tradición que nos lleva hasta las primeras décadas del cine con una obra maestra como Metropolis (dir. Fritz Lang, Alemania, 1927), donde el personaje de Maria (Brigitte Helm) dirige una revolución de trabajadores en contra de los medios de producción. Como evidencia de mi argumento de que el cine de los 70 es el mejor, dos de mis críticas favoritas al privilegio fueron distribuidas en el 1973. La primera, Memorias del subdesarrollo (dir. Tomás Gutiérrez Alea, Cuba), que se encuentra entre mis diez películas favoritas, se enfoca en la parálisis de un burgués que se identifica con la Revolución Cubana. El protagonista, Sergio (Sergio Corrieri), refleja el marasmo privilegiado que el gobierno revolucionario rechaza y devela la compleja relación del personaje con su nueva realidad. La segunda, La Grande Bouffe (dir. Marco Ferreri, Francia e Italia), cuenta la historia de cuatro amigos que se reúnen para hartarse de comida hasta la muerte. La película raya en el body horror ya que estos van muriendo por su hartera y, justo después que el último cae, un cargamento de carnes es dejado en la casa. Al final, el símbolo del privilegio y de la corrupción se torna en comida para perros. Otra que también incluyo entre mis favoritas, El ángel exterminador (dir. Luis Buñuel, México, 1962), destaza el privilegio inmóvil de las clases adineradas. En esta última, un grupo bien vestido se encuentra en el caserón de uno de sus miembros después de una noche de cultura exquisita. Mientras se preparan para la llegada de los amos y sus invitados, los sirvientes van abandonando la casa con mucha prisa. Ellos intuyen que algo está por ocurrir. Nunca nos podemos explicar claramente lo que acontece dentro del caserón, pero Buñuel construye un espacio surrealista donde todo invitado demostrará lo letal de su parálisis social. Mientras los sirvientes son marcados por el movimiento apurado de abandonar la mansión, la nobleza pierde todos sus modales mientras sufren su inexplicable encerramiento. Y ninguno de los convidados es capaz de abrir la puerta para abandonar su lugar bajo el ala del ángel exterminador.

The Menu (dir. Mark Mylod, EEUU, 2022) intenta seguir la línea crítica de estos clásicos. Sin embargo, esta carece de una rebelión obrera, de un cuestionamiento a la consciencia de privilegio, de un filo crítico en el uso de la comida como símbolo de la corrupción de clase, y de un espacio surrealista donde cada invitado sufra las consecuencias de sus actos. Estos elementos están presentes, pero la ejecución desatinada debilita el comentario político. Ni siquiera las sólidas actuaciones de Ralph Fiennes, en el papel del Chef, y Anya Taylor-Joy, como la invitada que se resiste a las órdenes del Chef, pueden salvar la película.

The Menu comienza con la llegada de los invitados a una isla donde el Chef ha planificado una cena exclusiva. Con su ejército de sous chefs, el artista crea una serie de platos que los invitados degustarán. Entre la concurrencia, encontramos un actor que se ha dedicado a participar en comedias de poca monta (John Leguizamo); una pareja de foodies que alardea de su paladar exquisito (deliciosamente actuados por Janet McTeer y Paul Adelstein); y tres imbéciles que tan solo están allí porque pueden sobrellevar el alto costo del banquete. Todos han sido escogidos cuidadosamente por el Chef, a lo And Then There Were None de Agatha Christie. Pero hay un invitado con el cual el Chef no contaba, Margot (Anya Taylor-Joy). El conflicto entre el Chef, con su mirada fría y plan que llevará a cabo hasta sus últimas consecuencias, y Margot, que representa la sabiduría idealizada de la clase obrera, es lo más interesante de la película. Esta confrontación de polos opuestos revela una de las faltas mayores de la película, la ausencia de complejidad. The Menu reduce las diferencias sociales a los villanos que reconocen el arte de un buen plato y a los pobres iluminados que experimentan el placer de una hamburguesa.

El rechazo a esta división simplista es precisamente lo que define una maravilla como Parasite (dir. Bong Joon-ho, Corea del Sur, 2019), donde una familia de escasos recursos se aprovecha de la ceguera de una familia privilegiada. La primera termina ocupando la misma burbuja depravada y clasista de la segunda. La ausencia de esta ambigüedad diluye el potencial de The Menu, que termina con el Chef castigando a sus invitados mientras perpetúa la explotación de sus aprendices. Estos sacrifican sus vidas por los caprichos culinarios de su amo y señor. El epígrafe de esta reseña, una cita que Buñuel incluye en el tráiler de El ángel exterminador, enfatiza el terror del cual escapan los explotados. Sin embargo, el Chef, en su rol de deidad justiciera, desencadena este terror quemando a justos por pecadores en una película tan fofa como el ridículo plato final del banquete.

Crucigrama: Hebe de Bonafini

Especial para En Rojo

Horizontales

1. Madres de Plaza de _____; Bonafini fue cofundadora de la asociación de madres de detenidos desaparecidos durante la última dictadura en Argentina.

4. Medalla de _____ de París; otorgada a Bonafini en 2007 «por su trayectoria y lucha inclaudicable a favor de la justicia, contra la impunidad y por el respeto irrestricto de los derechos humanos».

7. _____ María Pastor de Bonafini; destacó en la lucha contra la impunidad de los culpables de delitos de lesa humanidad, así como por revindicar la vida de los desaparecidos. Dos de sus hijos, Jorge Omar, Raúl Alfredo, fueron detenidos y desaparecidos por la dictadura.

10. Carta de la baraja.

11. 4 de _____ de 1928; nacimiento de Bonafini.

14. Persona que ha dejado de ser cónyuge o pareja sentimental de otra.

15. Desafía.

17. Terminación verbal.

18. Símbolo del oro.

19. Puerto _____; Bonafini visitó el país caribeño por invitación del Colegio de Abogados y Abogadas.

21. Asistiré.

22. Plantío de enebros.

24. Donar.

25. Personaje bíblico, hijo de Sem.

27. Las Madres de Plaza de Mayo: Un punto de referencia _____ los revolucionarios de América Latina; (1996) libro por Bonafini y Begoña Arana.

28. _____; país natal de Bonafini.

30. Interjección para indicar cansancio o fastidio.

32. Conjunción.

33. Frank _____; revolucionario cubano. Militó en el Movimiento 26 de Julio. Nació el 7 de diciembre de 1934.

35. Flor del olivo.

39. Pezuña.

40. Los _____ de la vida; libro biográfico sobre Bonafini escrito por Ulises Gorini.

43. La convicción de _____ Madres: la cobardía del enemigo; (2011) libro de Bonafini.

44. Junté.

46. Historias de _____; (1985) libro de Bonafini.

47. Cocinando política: sin que _____ queme; libro de Bonafini. Ediciones Madres de Plaza de Mayo, 2010.

48. 20 de _____ de 2022; fallecimiento de Bonafini.

51. Existe.

52. Nacer – Crear – Parir. Color y _____ en las manos de las Madres; (2014) libro de pinturas y textos de Bonafini y otras Madres.

53. _____ pariendo: discursos de Hebe de Bonafini 1983-2012; libro de Bonafini y Eugenio Raúl Zaffaroni. Ediciones Madres de Plaza de Mayo, 2013.

Verticales

1. Hebe _____ Pastor de Bonafini; recibió el premio Rodolfo Walsh a la Comunicación y los Derechos Humanos de la Universidad Nacional de La Plata, la Orden Heroínas de Venezuela, y Doctora Honoris Causa de la Universidad de Bolonia, Italia, entre otros.

2. Cortó con la sierra.

3. Composición lírica.

4. Escucharé.

5. Segunda nota musical.

6. _____ Torrijos, presidió Panamá.

7. Hacer, verbo usado en Salamanca.

8. Conceder a alguien una beca.

9. Pide, solicita con empeño.

12. Perro.

13. Buba, costra.

16. Leño resinoso para alumbrar.

20. Distraída.

23. Hebe María Pastor de _____; autora de «Nacer – Crear – Parir. Color y poesía en las manos de las Madres» y «Seguir pariendo: discursos de Hebe de Bonafini 1983-2012».

26. _____ de Plaza de Mayo – Filial La Plata; libro de Bonafini que será publicado póstumamente la Subsecretaría de Derechos Humanos bonaerense.

27. Hebe María _____ de Bonafini; participó en el 2006, del «Coloquio Internacional Memoria y Futuro: Cuba y Fidel». Allí Hebe dijo: «Nuestros hijos aprendieron con Fidel, pues ellos se iluminaron, estudiaron, creyeron e intentaron hacer una revolución».

29. Hebe. _____ otra mujer; (1997) libro biográfico sobre Bonafini, escrito por Gabriel Bauducco.

30. Algún.

31. Transformaciones del _____ blanco; (2008) libro de entrevistas de Bonafini a las Madres de Plaza de Mayo.

33. Hierro del trompo, pl.

34. _____ Gibson; hispanista de origen irlandés, conocido por sus trabajos sobre García Lorca, Dalí y Machado.

36. _____ Primera; cantautor revolucionario venezolano.

37. Sufrí.

38.Cocinas a la brasa.

41. Hombres de _____; (1949) novela de Miguel Ángel Asturias, considerada su obra maestra.

42. Cierre o sello de una carta.

45. Preposición.

46. Mira, observa.

49. Olfateé.

50. Desmenuza con los dientes.