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Mirada al País-La política de la humildad y las alianzas

Especial para CLARIDAD

 

Puerto Rico vive bajo una vergonzosa dictadura. La dictadura se apoya en la subordinación colonial y ha sido acogida con acentuada docilidad por los principales sectores empresariales del país. El dictado directo, descarnado, de Estados Unidos sobre su colonia se ha impuesto como resultado de la política neoliberal adoptada por los dos partidos gobernantes. Hace décadas la dominación colonial logró la aceptación en la conciencia de grandes sectores de nuestra sociedad como si coincidieran sus intereses con los intereses generales de la sociedad puertorriqueña. Estados Unidos proyectó ante el mundo que había resuelto el problema colonial. Con colaboración local organizó un simulacro de autonomía y libertad, imponiéndole una nueva máscara a su colonia.

La política neoliberal, como expresión de la voracidad del gran capital, ha desmantelado la máscara del coloniaje, dejándolo al desnudo. Esta ruptura ha sido resultado de la severa crisis económica y política que vive Puerto Rico.Frente a la dictadura del esperpento congresional, llamado Junta de Control Fiscal, es algo bueno hablar de alianzas de nuevas fuerzas políticas. Es todavía mejor observar la evidente preocupación del bipartidismo al discutir el tema. La reacción agresiva, teñida de irracionalismo, de destacados dirigentes PNP-PPD al referirse a la alianza PIP-MVC debe levantar banderas de alerta.

Son signos evidentes de lo que será la próxima campaña electoral. Podemos esperar una  jornada virulenta, verbalmente violenta, sucia, con un objetivo concreto: arrasar y nivelar todo vuelo de ilusión de cambio social, todo impulso  de esperanza en la construcción de una mejor sociedad, para equipararlo a ese mundo mediocre de pobreza repartida y sin aliento democrático del neoliberalismo capitalista imperante. ¿Cuáles serán los procedimientos? Reducir lo nuevo y esperanzador a lo viejo conocido, degradar el impulso de elevación hacia la participación democrática con el viejo lastre del miedo, y derrotar el aliento de liberación con el mal aliento de la dependencia.

Ante la dictadura es bueno hablar de alianzas para derrotar el bloque bipartidista y su política elitista, de privilegios de pequeñas minorías. Esa es la política de la arrogancia. El bipartidismo – dos partidos y una misma política neoliberal – tiene dos caras abiertamente conflictivas: riqueza para una minoría y pobreza para la mayoría del país. Esta política bifronte, permeada de corrupcción, enriquece una cúpula del bipartidismo mientras socava las condiciones de vida de los sectores laborales y comunitarios. La alianza es necesaria porque la política neoliberal no va a cambiar. El bipartidismo padece de una adicción incurable al dinero, al capital. No va a retroceder. El binomio PNP-PPD seguirá en descenso electoral. Su política es estructuralmente arrogante y los separa decisivamente de la mayoría del país. No es reformable.

Ahora bien, frente a la arrogancia bipartita no es una alternativa la vieja arrogancia histórica de un independentismo históricamente minoritario, perseguido y acorralado por la anterior hegemonía imperial. Ya esa hegemonía está en crisis, desvestida de sus viejos atributos, como está toda la sociedad puertorriqueña. Hace falta ahora una política firme, pero de humildad, de acercamiento al pueblo, una política  apoyada en la investigación colectiva, de oídos abiertos y de lucha consecuente desde la posición de los sectores golpeados y empobrecidos. Esta política de cercanía con los humildes, pero valiente y rigurosa, debe aprender a negociar, no con el enemigo, sino a negociar en el interior del pueblo trabajador, explotado, oprimido, mayoritario, desde la vida sencilla de las comunidades. La alianza debe conllevar la adopción por parte de las organizaciones de una posición capaz de abarcar los más amplios sectores de la población. Y negociar requiere madurez, hondura de entendimiento, generosidad de espíritu y el abandono de la superficie extendida de la autosuficiencia y de la arrogancia.

La política de la humildad podría ser poderosa si se teje con las aspiraciones de la comunidad maltratada. Si logra hilar su programa con la voz y las necesidades de los que han sufrido la exclusión neoliberal. La nueva información que hace falta oír y organizar, el gran diálogo que podría articularla, exige de una enorme apertura y flexibilidad. La política de la humildad debe ser un camino de contactos y de madurez en el interior de las fuerzas de transformación social, la política de mayor profundidad comunitaria. Podría enlazar las aspiraciones de los sectores asalariados con las más amplias necesidades de nuestras comunidades. Si la esperanza llegara a entretejer los caminos del pueblo, su programa imantaría a otros sectores oscilantes y propensos a moverse con menor autonomía. Podría componer el gran lienzo, diverso y heterogéneo, de un nuevo país y derrotar la política apolillada de la dictadura colonial existente.

 

 

Félix Córdova Iturregui

 

La radicalidad del pensamiento de Alejandro Tapia y Rivera y Eugenio María de Hostos

 

 

Especial para En Rojo

En un país zarandeado por el desafuero neoliberal nace la serie Desfleques y Desafíos: Ensayos de Literatura Puertorriqueña del siglo XIX. En medio de este marasmo nacional surge esta notable colección de crítica literaria dedicada a voces del siglo XIX, mentes que nos han legado una obra extraordinaria y pertinente. Celebrando su centenario, el tomo III se dedica a René Marqués. Estos escritores reflexionan en el marco contradictorio de un Caribe colonizado y una Europa Ilustrada que genera notables avances científicos, tecnológicos, sociales y políticos ensombrecidos por una descarnada explotación laboral y una criminal campaña imperialista.

En el volumen I, Rafael Bernabe, Juan J. Berríos Concepción, Félix Córdova Iturregui, Jorge Enrique Lefevre Tavárez y Roberto Vela Córdova analizan textos de Tapia y de Hostos. Intentan desperezar nuestra memoria histórica sobre un olvidado pero vibrante siglo XIX. Para ello, revisitan La Sataniada, La leyenda de los veinte años, Póstumo el transmigrado y Póstumo el envirginado, de Alejandro Tapia y Rivera y La peregrinación de Bayoán de Eugenio María de

Hostos. No es posible ofrecer una mirada cabal sobre el notable trabajo que nos ofrecen los ensayistas en este importante libro, por lo que enfocaré algunos temas claves en cada ensayo.

La conversación se inicia con dos ensayos sobre La sataniada de Tapia. En su sugerente ensayo “Un liberalismo extravagante: ‘La sataniada’ de Alejandro Tapia”, Rafael Bernabe resalta la profundidad y la radicalidad con que Tapia examina su espacio-tiempo. En este monumental poema, Tapia construye espacios que remiten a la realidad histórica de la humanidad: Diablópolis, regido por un Satán engañoso, Leprópolis, poblado por “personajes vinculados al surgimiento de la ciencia moderna y a la Ilustración; [a] luchas democráticas y…la Revolución Industrial” y Limbópolis, sede de los que rechazan el cuerpo y el mundo.

Bernabe subraya el desasosiego mental que experimenta Crisófilo al tener que elegir el rumbo ético de su vida, una angustia ancestral, “…el drama de una conciencia individual” (45). El narrador debe elegir entre convivir en el absolutismo desmovilizador, la modernidad ilustrada o un ascetismo alienado y deshumanizado. El crítico destaca que Tapia enfrenta también su propio conflicto: conjugar un régimen liberal que garantice libertades y derechos medulares, mientras desarticula facciones sediciosas dentro del marco de la ley.

Bernabe apunta que el autor no idealiza; Tapia sabe que el más noble y el más ruin de los empeños humanos contienden entre sí y que pueden producir saldos positivos y negativos a tono con el impulso dominante. Dramatiza en Tapia, nos dice Bernabe, la búsqueda de un sistema político de convivencia y gobierno que torne nuestras peores inclinaciones en superfluas. Su ideario implica “la revolución sin Terror, la crítica del culto de oro sin atizar la lucha de clases y al anti-clericalismo sin ateísmo” (48).

Félix Córdova Iturregui también centra su atención crítica en La sataniada. En esta especie de Aleph poético, Tapia, nos dice el ensayista, despliega una lucha escatológica. El crítico expone la complejidad de ese conflicto al advertir que “la lucha por el bien no puede darse sin una encarnizada batalla contra las formas de representación social del mundo autoritario de Satanás” (126). En efecto, los códigos socializadores e ideológicos surgen de esas formas. Prescriben y proscriben el desempeño de los individuos en la sociedad e imponen idearios y modelos de pensamiento. De aquí, apunta Córdova, la necesidad imperiosa de apoderarse de los elementos de representación porque inciden sobre la conciencia de los individuos posibilitando o descalabrando un mundo inclusivo, un proyecto de amor.

Córdova identifica los bordes de La sataniada, el ¨Proemio escrito por un lepropolitano¨ y el ¨Post Scriptum¨, como una especie de fractura que remiten a sí mismos, que parecen acortar distancia con la audiencia para privilegiar su mensaje. Operan como una discontinuidad que enmarca la continuidad lírica, algo similar al Póstumo putrefacto anunciando el amanecer. O como expresa Córdova: “Si el viaje de Crisófilo…por las tres ciudades…se hizo bajo la forma del sueño, el paratexto, por consiguiente, se convierte en el lugar narrativo del despertar” (120).

Estos paratextos acogen la conciencia, la razón desperezada. En su lectura, el amor surge como asunto medular. Crisófilo, implica el ensayista, ha descubierto la endeblez de lo material contrapuesto a la plenitud que destilan los afectos, que el hollín no puede corroer al corazón. El amor restaura la plenitud del ser, su dignidad inherentemente humana. Asimismo, el arte reconstituye su plenitud al sustraerse de su cosificación por las fuerzas del mercado. Se reestablece el papel relevante que juega el arte en nuestras vidas como atestiguan las pinturas rupestres de las cavernas de Lascaux. En su obra milenaria, nuestros ancestros neandertales plasmaron su visión unos 15 mil años atrás, develaron lo vitalmente humano del arte.

Posicionado fuera del texto, implica el reseñista, el editor percibe la devaluación de la obra a raíz de su inserción en el mercado. Inmerso en la historia, el documento registra vaivenes propios de su disponibilidad en la economía de mercado. El editor, no solo incide sobre la calidad del documento, sino que además logra restaurar su identidad creativa, su aleación intrínseca de semiosis y sentimiento. Como apunta el crítico: “Esta dualidad de desplazamientos, de perdida y recuperación de su función semiótica, abre un espacio metafórico que le sirve de marco a la ironía de Tapia” (115).

Tapia, expone el ensayista, ridiculiza instituciones culturales dominantes, inscribe un espacio que priva a la palabra de su confiabilidad, demuestra el piso falso que sostiene a la institucionalidad cultural, carnavalizada por Tapia hasta el punto de inducir a gendarmes de la cultura a emular impensadamente el lenguaje paródico que formula el escritor: “Tapia se burló, con un lenguaje más paródico que irónico de la necedad institucionalizada en una Academia subordinada al poder político…” (119) .

En su ensayo “Las ninfas, La femme fatale y una isla pétrea: tribulaciones de un héroe del siglo XIX”, nuestro colega, quien nos ha dejado a destiempo, Juan J. Berríos Concepción examina la novela de Tapia La leyenda de los veinte años (1864).

Eduardo, dice el reseñista, encarna a un Puerto Rico deseoso de integrarse a la modernidad en aras de un futuro libre del fardo colonial. Al igual que su patria, Eduardo intenta sobreponerse a las pulsiones que impulsan su voluntad hacia direcciones opuestas, deseos atrayentes que entorpecen a la razón. Eduardo desea vivir en armonía con normas socializantes, con la moral burguesa. Ello, sin embargo, implicaría casarse con una mujer “angelical” que no ama. Luego de ser rechazado por Elena, una mujer casada, el hombre se decide por Carolina, en busca de una aventura que se pueda novelar.

Eduardo y Puerto Rico, nos dice el crítico, dirigen su mirada hacia Europa en busca de un futuro venturoso: “El sujeto nacional debe buscar sus aspiraciones fuera de su lugar nativo, no tiene lo necesario en el país para sus pretensiones y visión de desarrollo…” (77). Esa aspiración discurre cónsona con su interés de clase: “Eduardo no encuentra en la colonia los elementos esenciales para el adelanto de la clase que representa, la burguesía y la pequeña burguesía…” (77).

En “Los Póstumos de Alejandro Tapia y Rivera o los diálogos con un prisionero político”, Roberto Vela Córdova concluye que Tapia acciona “el desarrollo de un pensamiento fundacional en las Antillas sobre el carácter del poder metropolitano en el proceso de dominación y hegemonización” (177). Tapia, observa el ensayista, noveliza espacios de interlocución problematizando los andamiajes de poder. La novela es la expresión artística idónea para un escritor que subvierte parámetros, amparándose en un género literario que se bifurca hacia nuevas direcciones, que contraviene restricciones. O como expresa Vela, “En ese sentido la novela tiene el carácter formal de poder narrar el vacío desde el vacío mismo” (178).

¿Quién habla?, pregunta retóricamente Michel Foucault, proponiendo, según sea el caso, la legitimación o deslegitimación de la voz desde su distancia relativa del poder. ¿Quién piensa y desde dónde?, pregunta Roberto Vela. El hablante, o sea Póstumo, se decanta Antillano y universal, expone los frutos del pensar Antillano, un cúmulo de saber que acciona su potencial centrífugo, conectando con la innegable luz que irradia la Ilustración. Habla Póstumo, nos dice el ensayista, consciente de la necesidad de rearmar su cuerpo, de reinsertarse en la historia como agente histórico. Como expone Vela, “Su movimiento pasa a ser el movimiento de una conciencia histórica para la voz crítica en su relación privada y pública que le permite reiterar dimensiones más amplias de su devenir histórico” (181).

El Póstumo putrefacto, propone el estudioso, potencia “nuevos estadios de reflexión crítica”; su disolución se anula a sí misma dando paso a una especie de eterno retorno, Eros aniquilando la pulsión de muerte para replantearse como sujeto que se afirma en la historia. La degradación corporal es natural; la degradación de los espacios literarios a la luz de la represión es anormal. O como expresa el reseñista: “Póstumo es la novelización misma, y ahí es que emerge el potencial para articular el poder de transformación social y en ello su conciencia como un cuerpo social histórico” (180).

Vela nos ofrece una importante cita de Póstumo/Virginia: “[En la sociedad]…la mujer no es mas que una paria coronada de flores; y donde hay parias no hay verdadera sociedad ni progreso moral posible” (188). A la luz de esa expresión extraordinaria, bien dice el ensayista: “Pocas posturas en el contexto de la sociedad puertorriqueña del siglo XIX nos parecen tan radicales desde una posición intelectual o política” (206).

En “La problemática de la esclavitud en La peregrinación de Bayoán”, Jorge Enrique Lefevre Tavárez aborda la presunta apatía de Eugenio Maria de Hostos al espinoso asunto de la esclavitud. El ensayista contrapone su lectura convincente de temprana obra hostosiana. Así concluye el crítico: “Lejos de ser obra de una juventud reformista, creemos que, con respecto a la problemática de la esclavitud, La peregrinación de Bayoán se presenta como uno de sus momentos de mayor radicalidad”. De Hostos, propone el ensayista, traza estrategias narrativas con el fin de eludir la censura española. No intenta, por tanto, una condena sostenida a la esclavitud en su novela. Esparce claves significativas sobre su ideario abolicionista en el texto creando la sensación de escribir sobre asuntos marginales. Vistos en su conjunto, expone Lefevre, se aprecia la recia postura moral antiesclavista del joven filósofo de apenas 24 años.

El crítico ofrece una importante cita del escritor que aparece una década más tarde en su segundo prólogo: “¿Cómo conseguir que un libro de propaganda antiespañola se leyera en España y se dejara leer por España en las Antillas?” (156). En este empeño por acceder al público español, de Hostos elabora lo que Beatriz Sarlo llama “las tretas del débil” para burlar a los censores. Lefevre identifica las instancias de sutileza textual como los detonantes del antiesclavismo en el pensador mayagüezano. Bien apunta el reseñista: “Nos parece, sin embargo, que los momentos más reveladores respecto a la problemática de la esclavitud son los menos explícitos, los que casi pasan desapercibidos y que la crítica en su abrumadora mayoría ha desatendido” (165).

En el contexto histórico que se nos ofrece, resulta imposible soslayar a Haití, trenzado hoy por una crisis de proporciones catastróficas ignoradas por Occidente. Lefevre destaca que la histórica revolución haitiana supuso un fin imprevisto al racismo y al colonialismo. Bayoán, afirma el ensayista, reconoce en Haití la una respuesta política racional al régimen deshumanizador del coloniaje francés. Su mirada trasciende su inmediatez histórica visualizando un futuro de justicia y equidad racial, toque de piedra de “una posición abolicionista…que podría verse como una apuesta por la revuelta y…la necesidad apremiante de terminar con la esclavitud lo antes posible” (169).

Será Otra Cosa-Encuentros cercanos

 

Especial para En Rojo

 

…Y dijo Dios:

Produzcan las aguas criaturas que se mueven y tienen vida,

y aves que vuelen sobre la tierra,

en el firmamento abierto de los cielos.

Génesis 1:20

…Y dijo Dios:

Produzca la tierra seres vivientes según su género,

bestias y reptiles y animales de la tierra según su género.

Y fue así. Génesis 1:24

…Y los bendijo Dios; y les dijo Dios:

Fructificad y multiplicaos, llenad la tierra y sojuzgadla,

y señoread sobre los peces del mar,

y sobre las aves de los cielos y sobre todas las bestias

que se mueven sobre la tierra. Génesis 1:28

La separación es el pecado original.  El señor se aleja del siervo, la ama de la esclava. A esa distancia, no logran escucharse las plegarias, el dolor, ni las alegrías. Los seres vivientes hablan todos: ¿Seremos capaces de escucharlos?

 Los Hadzas de Tanzania hablan con los pájaros

Al norte de Tanzania, en lo profundo de los bosques, viven los Hadzas, la última tribu del África que no practica la agricultura. Viven de la caza y el forrajeo. Dan Saladino, en Eating to extinction, cuenta la peculiar adaptación que encuentran entre esta tribu y las aves señaladoras (Indicator Indicator), también llamadas guías de la miel.  El cazador les murmura a los pájaros, y los pájaros le gorjean de vuelta.  El tema de la conversación son las colmenas. Los humanos buscan la miel, pero es difícil encontrar las colmenas.  Las aves desean la cera, pero temen que las abejas las piquen.  Los hombres saben usar el humo para calmar las abejas y así poder quitarles parte del panal sin ser atacados.  Después de ponerse de acuerdo, los pájaros conducen al cazador al lugar correcto, y el cazador toma una porción del panal, se chupa  la miel y le escupe la cera al piso para dejársela al pájaro, que espera su recompensa. Los cazadores que hacen los ruidos tradicionales llegan a las colmenas tres veces más frecuentemente que los que no lo hacen.

El grito de la langosta

Estamos en un banquete chino, despidiendo al maestro de Taichi.  La gente habla y come, y los platos pasan y pasan. La sopa de alas de tiburón, más carne.  Las espinacas chinas. Más carne. Arroz frito con camarones.  Más carne.  Yo estoy sentada cerca de la entrada.  El camarero empuja un carrito. En el centro de la bandeja una langosta negra, enorme, con las muelas amarradas.  “Esa tiene por lo menos 20 libras”, dice otro huésped.  “Es un banquete importante”, aclara el camarero.  “Con ese tamaño, debe tener casi ochenta años. Una pena. Esas son las paridoras, que más huevos ponen”, añade mi marido. Creció pescando en la costa del Atlántico Norte, y sabe mucho acerca de las langostas.  Pero tiene alma de campesino, y lo primero que piensa es cómo proteger la cosecha.

La langosta me mira fijamente. Con sus ojos brillantes como bolitas de azabache me pide auxilio. Es el fin, me dice.  El camarero vuelve y se la lleva, y desaparecen tras las puertas del salón de banquete.  No tengo la menor duda, me pidieron ayuda, y no hice nada. En ochenta años, hasta una langosta puede adquirir conciencia.

Ensalada de desayuno

Phyllis se levanta una mañana y mira por su balcón, y se da cuenta que sus lirios hostas no están en el jardín: han desaparecido.  Voltea la cabeza y se encuentra cara a cara con un alce. Es un animal imponente: media tonelada de peso y siete pies de altura, y con un paso mecánico de animal prehistórico. Se miran sorprendidos, y el alce se da la vuelta y se va tranquilo, media hoja de lirio colgándole de la boca.

En las carreteras de Terranova

Los accidentes cuando chocan carros con alces son casi siempre fatales, para ambas partes.  En las carreteras en Terranova hay letreros donde anuncian las fatalidades de cada estación.  “Alces, 3. Humanos, 0”.   Hace poco más de cien años los introdujeron a la isla, con la intención de alimentar a los pobres. Trajeron cinco.  Hoy en día la población es de unos ciento veinte mil. Se han propagado sin freno porque no tienen predadores, y están haciendo destrozos con los bosques boreales. Se ha propuesto importar lobos para ver si devuelven el balance a la naturaleza.

Intimidad

Mi cuñada vive con sus animales. Se ofende cuando digo que los caballos tienen mirada profunda, con conciencia, pero que las vacas no parecen tener inteligencia.  Me responde que las vacas también son muy listas, y tienen personalidad y sentido del humor, pero tienes que observarlas por mucho tiempo para poder discernirlo.

Sojuzgada

Lily mordió otra vez a un perro. Yo estaba subiendo calle arriba, y era día de ventas en el barrio.  Todo el mundo saca una mesita y pone sus cucuruchos y libros y ropa usada en venta. Viene gente de otras calles, y todo muy animado.  Una mujer con su perro de correa muy suelta se acerca, y su perro viene a curiosear a la mía.  La Lily le saltó al cuello y no quería despegarse. Como yo tenía al otro perro mío y no quería acercarlo a la pelea, solo podía sacudir la correa de Lily. Yo gritaba, la otra dueña gritaba, hasta que al final soltó al otro animal. Después de revisar a su perro para ver si había herida abierta, la mujer comienza a vocearme: “¿Y qué hace usted trayendo un perro agresivo a una actividad del vecindario?”  “No la traigo a la actividad, la llevo para la casa”.   “Mi perro tiene trece años, cómo se atreve”, como si hubiera sido yo quien le mordió la perro.  “Y la mía doce, y mal genio,” le contesto.  Llego a casa malhumorada, encuentro a mi marido de estupendo humor: vendió sesenta dólares de CDs usados a coleccionadores de música, un dólar cada uno.  Solo le quedan dos cajas más.  En la casa, le quito la correa a la perra, y la miro mal.  Me mira, y con los ojos me dice: “¿Pero que querías que hiciera?  Era un pug.”

Justo en ese momento

Voy en bici y me cuelo por la calzada, para no llegar tarde a mi próxima reunión. De un arbusto sale un mapache joven. Tiene un pelaje castaño claro, muy lindo. Algo no anda bien con éste, apenas puede sostenerse. Habrá perdido la madre y estará desfallecido de hambre, o tal vez enfermo. La rabia y el distemper o moquillo son endémicos en la población de Mapaches. Me mira desamparado; sabe que va a morir. Tal vez no quiere morir sólo.

La muerte.

“La ola”, obra cumbre del artista japonés Katsushika Hokusai, muestra un tsunami gigante. Si te fijas bien, verás que hay tres botes en la imagen.  Y si te fijas aún más (me tomó dos décadas darme cuenta) en cada bote hay cabecitas representando los marineros de los botes.  Pero no están pintados como gente, sino como cráneos de calaveras. El grabado no representa el peligro de la naturaleza, como había yo pensado todos estos años, sino el momento en que te das cuenta en que te vas a morir, y te sabes ya hueso descarnado.

Señoreando

Le hablaba a mi gata y hoy le hablo a la perra.  También me contestan.  Una vez le pedí a unos ratones que se mudaran de la casa, para que no cayeran en la trampa nueva que había comprado Bill. Y me hicieron caso, y se fueron, después de habernos jorobado la paciencia por ocho meses.  Mi tío, que tampoco es muy cuerdo, decía que no eras loco si oías voces, sólo si les contestabas.  Por ese criterio, estoy completamente rematada.  Me habla la perra, el mapache bebé, y hasta la langosta. A veces me hablan hasta los árboles y el pasto. A todos los seres vivientes les contesto.  Lo que nunca he logrado, es obedecer el mandato de las Escrituras de señorear sobre ellos.

En Reserva- El exilio en Sergio Ramírez

 

 

Especial para En Rojo

 

“Tu país no te lo quitan
ni aunque te dejen en carne viva”.

Entrevista a Sergio Ramírez, periódico BBC News Mundo

Imagina que te levantas un día y te enteras de que ya no tienes patria. El país donde naciste, al que, por cierto, serviste como vicepresidente durante algunos años acaba de declararte persona non grata. La terrible razón por la que te expulsan y te quitan todos tus derechos como ciudadano es lo que has escrito y dicho sobre los asuntos que se viven en tu patria durante el último tiempo. Es decir, tu pecado mayor ha sido ejercer la democracia por la que tanto has luchado mientras estuviste en la política.

El escritor nicaragüense Sergio Ramírez es esa persona. Una noche se acostó como ciudadano nicaragüense y se levantó de madrugada desterrado, como ciudadano de ningún sitio. La mañana del 16 de febrero de 2023, las autoridades judiciales de Nicaragua le quitaron a él y a otras 93 personas todos sus derechos nacionales de forma permanente. ¿La razón? Su rechazo a las políticas actuales del presidente Daniel Ortega, con quien trabajó casi de la mano durante sus primeros años de presidencia.

Sergio Ramírez ha sido parte de la política de izquierda de Nicaragua. Desde muy joven, integró el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y participó en la revolución que derrocó a la dictadura de Anastasio Somoza, en 1979. Más adelante, de 1985 a 1990, asume la vicepresidencia de Nicaragua bajo el gobierno de la persona que hoy lo destierra. En 1990 Ortega pierde las elecciones y Sergio Ramírez se mantiene algo activo en la política hasta que, en 1996, aspira a la presidencia nicaragüense, sin éxito. En 2007 Daniel Ortega retoma el poder. Esta vez, tardó poco en mostrar oposición al nuevo gobierno que se forjaba frente a él. Durante este tiempo, Sergio Ramírez alzó la voz frente a la carencia de derechos democráticos y se opuso a la represión política que fue manifestándose de formas cada vez más evidentes. Más tarde, él sería víctima de esa misma contención por manifestarse en contra de la postura del Estado.

En una entrevista reciente, Sergio Ramírez ha dicho: “Las democracias no hay que darlas por sentado. Son como una planta que hay que abonarla todos los días, hay que regarla siempre. Si no, se secan”.

La falta de libertad, en el caso de Sergio Ramírez, se ha traducido también en la censura de su obra. Su libro, la novela negra Tongolele no sabía bailar (2021), fue prohibido en Nicaragua por aludir al gobierno de Ortega y tratar de mostrar su mandato como una tiranía extrema. A pesar de que la novela es producto de la ficción, la realidad de Nicaragua se posa en la trama y retrata las revueltas que se dieron en el país en la primavera de 2018, en las que murieron más 400 personas.

Como suele pasar con los actos de censura, estos provocan más difusión del artículo prohibido. En Nicaragua, a pesar de la prohibición, algunos medios aseguran que el libro se comparte por vía de WhatsApp, en formato de PDF, y hasta se le ha dado nombre a la acción como “pirateo solidario”.  Una alternativa a la censura que, a pesar de la modernidad del medio usado, parece recrear las acciones que provocaban las monarquías y dictaduras más despóticas de la historia.

Los logros de Sergio Ramírez como escritor nicaragüense son incuestionables. Obtuvo los premios literarios más prestigiosos, entre los que se encuentran el Premio Alfaguara de Novela, el Premio Miguel de Cervantes, el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso, Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en Idioma Español y la lista no termina. De su obra, me dijo en una entrevista en 2006: “Cada vez más entiendo que escribir es, además de una necesidad, un acto de reflexión sobre el lenguaje no importa cuán ardiente sea la imaginación”. Más recientemente, en una de sus columnas, dejó claro cuál es su mayor aspiración: “Ver cara a cara a las palabras sin ataduras y sin mengua, alzarse en su libre vuelo hacia las verdades, y hacia la imaginación, es lo que los escritores pretendemos”.

Para los que vemos la situación de Nicaragua desde afuera, es difícil entender que, en pleno siglo XXI, aún estemos con prácticas de siglos pasados. La censura a un escritor (y a cualquier ciudadano), indistintamente de cómo piense, implica la violación de un derecho fundamental como lo es el de la libertad de expresión, sin mencionar que el acto otorga un poder desmesurado al que se cree con el poder de permitirle a otro qué puede decir o no. Censurable, en este siglo, debería ser que se sigan utilizando recursos del Estado para reprimir la democracia y abusar del poder. El menosprecio hacia las leyes y los derechos constitucionales por un gobierno que luchó contra las dictaduras es el gran castigo, inmerecido, de los países que han luchado por su libertad.

Hoy día, Sergio Ramírez vive en España desde 2021. Llegó allí después de que se hubiese dictado una orden de arresto en su contra. En aquel entonces, antes de su destierro, el gobierno lo acusó de lavado de dinero y de incitación al odio, entre otros delitos. Pero, para el escritor, su “gran delito” ante los ojos de sus enemigos ha sido ejercer su profesión, sin cegarse ante las injusticias del Estado. En una columna titulada “La lengua que es mi patria” el autor reafirmó que, a pesar del castigo, sigue tan libre como siempre ha sido, pues su lengua, la palabra, lo lleva a todas partes. “[La lengua] me quita cárceles y destierros, y me libera. La mía es una lengua sin fronteras. La lengua que nadie puede quitarme de la que nadie puede desterrarme”.

A pesar de este golpe directo a la esencia del escritor, Sergio Ramírez sabe bien cuáles son sus bienes. Reconoce que, en su amada tierra, dejó algunos objetos materiales: “un pequeño museo”, libros firmados por su amigo Gabriel García Márquez, un grabado del nobel Günter Grass y hasta una bolsa de papel firmada por el legendario Julio Cortázar. Sin embargo, la patria no la dejó en Centroamérica. Esta la lleva aún consigo. Con él, también ha dicho, permanece la conciencia tranquila, la que le permite dormir en paz, incluso, desde aquella madrugada en que se enteró de que le habían arrebatado su nacionalidad.

El Hangar en Santurce invita

 

Este próximo sábado 3 de junio será el festival de Pride que marca el inicio de la temporada de celebraciones de nuestras identidades: Orgullo es Jayaera Combativa. Esta fiesta hermosa es un esfuerzo titánico de integración comunitaria para personas de todas las intersecciones y de todas las edades.

Desde Clinica de sanación, actividades para peques hasta un bello despliegue artístico serán algunas de las cosas que con mucho amor hemos estado preparando.

Tanto el festival como el presupuesto son ambiciosos, así que necesitamos tu apoyo para lograrlo.

Apoya, dona, comparte y ven el 3 a darla toda.