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La corrupción como sustrato estructural de los partidos políticos coloniales

 

Especial para CLARIDAD

En días recientes tomé conocimiento y pude ver el video del discurso que pronunció el 13 de junio de 2017 la entonces congresista española Irene Montero en el debate de la Moción de Censura al presidente Mariano Rajoy. El partido Unidos Podemos le imputaba Rajoy alta incompetencia y directa participación en múltiples actos de corrupción en la gestión pública. En el discurso de más de dos horas, Irene Montero, quien actualmente se desempeña como Ministra de La Igualdad en el gobierno español, le recriminaba a Rajoy y a su Partido Popular que “Ustedes han convertido la corrupción en una forma de gobierno”. Indicaba Montero que, contrario a la argumentación como defensa que se hace cuando se imputa a un funcionario electo o designado que la falta responde a un problema moral del individuo imputado, es decir, el concepto de “la manzana podrida”, la corrupción es más bien un problema estructural de los partidos y que se entroniza en lo que ella llamó “Una Trama Corrupta”. Planteaba a Rajoy y a su Partido Popular que “Ustedes han convertido la corrupción en una forma de gobierno” y “nos han hecho llegar a una situación de emergencia democrática, han parasitado las instituciones”. Ese valioso discurso, que recomiendo vean y analicen (buscar el discurso de Irene Montero en YouTube), contiene planteamientos sustantivos que aplican y describen la realidad de la gestión gubernamental y el comportamiento corrupto de los partidos coloniales de nuestro País.

Llevamos décadas escuchando denuncias y acusaciones continuas de esquemas corruptos de financiación ilegal de las campañas electorales de los partidos políticos coloniales (PNP y PPD) y de acusaciones y convicciones de funcionarios electos o designados de esos partidos por malversación o apropiación de fondos públicos, por recibir sobornos para favorecer con contratos a individuos y corporaciones privadas siempre vinculadas a los gobiernos de turno, tanto a nivel nacional como a nivel municipal, así como sobornos para favorecer la expedita autorización ilegal o improcedente de proyectos públicos y privados que resultan en  perjuicio del interés y la seguridad pública. Y tal como se denunciaba en España, la proyección pública que hacen los representantes de los partidos políticos a través de los medios de comunicación es que se trata de problemas de descomposición moral de los individuos imputados. Ciertamente todas estas actuaciones son producto de una trama estructuralmente corrupta por individuos y corporaciones parásitas que controlan a estos partidos coloniales que genera y sostiene la ineficiencia gubernamental, la crisis fiscal, social y ambiental que empobrece nuestro País y, casi por diseño, perpetuando el régimen y el sistema colonial que nos abruma.

Según comunicaba la hoy ministra Montero, la “trama corrupta” del Partido Popular español era una cuestión estructural pues, para poder llevar a cabo la diversidad de actos corruptos, se necesita que estén presentes y a la vez articulados varios factores operacionales. Primero, de una red de individuos y corporaciones que se relacionan con el gobierno, es decir, que le dan servicios a, o realizan proyectos de construcción o acciones sociales financiadas por el Estado (recuérdese el grupo que se denominaba “Empresarios con Rosselló”). Segundo, esa red de individuos que aportan financieramente a las campañas eleccionarias, al igual que los directivos y funcionarios dentro de los partidos, están vinculados por relaciones consanguíneas, por amistad, por relaciones de experiencias de formación académica y profesional o por vinculaciones ideológicas y militancias en los cuadros directivos de los partidos políticos. Tercero, los funcionarios y directivos de los partidos así como los individuos y corporaciones que invierten en el financiamiento de los procesos electorales mantienen relaciones interpersonales y corporativas con empresas que realizan funciones de relaciones públicas y de comunicaciones en apoyo a los candidatos, o para promover su imagen y gestión pública, o para mitigar los daños de percepción de reputación cuando se le imputa negligencia o ineficiencia en el cumplimiento del deber gubernamental (recuérdese las imputaciones al convicto Sixto George). Cuarto, el gobernador electo y los presidentes de las cámaras legislativas son responsables de designar y confirmar funcionarios ejecutivos a cargo de Departamentos, Agencias, Corporaciones Públicas que a su vez están alineados ideológicamente y con la fortaleza o debilidad de moral pública de quienes lo designan y lo confirman. Estos funcionarios ejecutivos designados, una vez confirmados, organizan sus respectivas instituciones colocando en puestos claves a personas que también estén alineados con la visión ideológica del gobernante electo resultando de especial prioridad y cuidado la selección de Secretarios Auxiliares, Directores de Oficina, como las de Compras, Finanzas, Recursos Humanos y Asesoría Legal, todos los cuales inciden en la toma de decisiones en la contratación de proyectos de construcción y de adquisición de bienes y servicios. Quinto, el gobernador electo y los presidentes de los cuerpos legislativos inciden en el nombramiento de funcionarios claves de dirección de entes reguladores de la gestión pública (Jueces, Fiscales, Contralor, Ética Gubernamental, Fiscal Especial Independiente, Procuradurías, entre otras). Ordinariamente estos funcionarios con responsabilidad reguladora tienen que estar alineados ideológicamente con la estructura del partido electo para gobernar los asuntos públicos y, ordinariamente exhiben la fortalezas o debilidades del carácter moral del gobernador electo.

En síntesis, este entramado de actores, esta red de interventores del servicio e interés público está directamente sensible a las intervenciones y caprichos vinculados a los intereses particulares de lucro de los individuos y corporaciones donantes de las campañas políticas de los partidos coloniales y, en particular, de los comités de recaudación y financiación de los procesos electorales. Este grupo de interventores del proceso electoral ordinariamente están estrechamente relacionados con individuos que se desempeñan como directores de campaña de elección de los gobernantes, individuos que luego, de resultar electo, incidirán en el poder decisional para el nombramiento de funcionarios ejecutivos designados, para acceder a contratos monetariamente cuantiosos o para conseguir permisos y autorizaciones para proyectos de construcción o mal llamados proyectos de ‘desarrollo’ de uso de terrenos. En algunas instancias estos influyentes externos inciden en los procesos electorales para, eventualmente, conseguir dispensas en la responsabilidad del pago de contribuciones sobre ingresos o ganancias de sus negocios o empresas, para dispensar o reducir deudas fiscales con el estado o para conseguir privilegios de exenciones contributivas o de requisitos procesales en los trámites de permisos. En toda esta tramoya de intervención y corrupción en los procesos de gestión pública resaltan nombres de individuos que en los últimos años han ocupado la atención del escrutinio público: Anaudi Hernández, Elías Sánchez, Oscar Santamaría y otros que en sus intervenciones fraudulentas o inmorales han propiciado la acusación y convicción de numerosos alcaldes, algunos funcionarios electos y otros tantos designados.

Reflexionando con el tema que nos ocupa en este artículo, repasé el libro que publicó Antonio Quiñones Calderón en el 2014 con el título “Corrupción e Impunidad en Puerto Rico”. En ese libro Calderón reseña una cantidad abrumadora de situaciones de corrupción que han estremecido la opinión pública de forma dramática. Veamos algunos:

  • “Entre 1986 y 1996, el 40 por ciento de los legisladores puertorriqueños cometió faltas e incurrió en irregularidades en sus planillas de contribución sobre ingreso, incluyendo su radicación hasta tres años de tardanza” (énfasis suplido)
  • “Durante los años de 1993 a 2000, la corrupción gubernamental– extorsiones, malversaciones y despilfarro en proyectos de gobierno- le costó al Pueblo de Puerto Rico la cantidad de $3,339 millones, es decir, más de $417 millones por año.”
  • Relativo a la administración pública, “el historial más abundante de corrupción… corresponde a las dos administraciones del gobernador Pedro Rosselló (1993-2000). Durante el período fueron convictos 25 funcionarios de su administración…”. “Las figuras de prominencia acusadas y convictas por corrupción durante los dos cuatrienios del gobernador Rosselló incluyeron: un secretario de gabinete, cinco jefes y un subjefe de agencia, dos ex secretarios de la gobernación, una ayudante ejecutiva de La Fortaleza, nueve legisladores y tres alcaldes novoprogresistas y 3 políticos directamente relacionados con las campañas del gobernador.”
  • “Ese mismo año (2005) el entonces fiscal federal en Puerto Rico, H. S. Bert García, advirtió que la isla se estaba ganando la “reputación” de ser la jurisdicción estadounidense número uno del lavado de dinero …”
  • “Las 130 convicciones por corrupción gubernamental registradas en Puerto Rico en 2011 marcaron el total más alto en ese renglón en un distrito de la fiscalía federal de todo Estados Unidos durante cualquier año de la década anterior.”
  • “Cerca de 2,750 servidores públicos en todos los escalafones del organigrama gubernamental han sido acusados y/o convictos por actos de corrupción desde la década de los 1990 a los 2000, …”
  • El 7 de octubre (de 2010), “fueron arrestados por las autoridades federales 61 policías estatales, 16 municipales …, 12 oficiales de Corrección, tres miembros de la Guardia Nacional, dos oficiales del Ejército de los Estados Unidos, siete ex policías y 32 civiles (133 en total). Se les acusaba de participar en 125 transacciones de drogas grabadas en audio y video en las que se veían a 89 oficiales de ley y orden ofreciendo seguridad con sus armas de reglamento en compras y ventas de 5 kilos de cocaína. También de asesinatos y enterramiento de los cadáveres en cal y venta de escopetas a sicarios del bajo mundo.”

En años más recientes han proliferado las intervenciones del departamento de justicia federal a funcionarios electos, tanto legislativos como ejecutivos municipales. Al momento que escribimos estas notas está pendiente la adjudicación en el tribunal federal las imputaciones de serios delitos que involucran soborno de la ex gobernadora Wanda Vázquez Garced, un ejecutivo de un banco internacional en Puerto Rico y un ex agente del FBI. La acusación alude a intervenciones relacionadas con la financiación de la campaña electoral plebiscitaria que en el año 2020 llevó a cabo el PNP para la candidatura a la gobernación. En otro caso separado se acusó y admitió culpabilidad un amigo muy cercano al gobernador Pierluisi por prácticas ilegales para la financiación de su campaña electoral del año 2020. Y muy recientemente, dos familiares del gobernador de apellido Pierluisi se declararon culpables de delitos de desfalco de fondos públicos asignados para la administración de complejos de vivienda pública. Estos casos se añaden a las convicciones recientes de los alcaldes de Cataño, Humacao, Trujillo Alto, Aguas Buenas, Guayama y Guaynabo. Se especula que están en proceso investigaciones que pueden culminar en otras convicciones de alcaldes y funcionarios electos de ambos partidos coloniales. Resalta la atención y la inconformidad del País el hecho de que prácticamente todas las intervenciones judiciales relacionadas a la corrupción gubernamental las lleva a cabo las instituciones de investigación, procesamiento y condena del gobierno federal de los EE.UU.. Poca o ninguna resultan de iniciativas de procesos de investigación y acusación del instrumental policial-jurídico de Puerto Rico, entiéndase policía, fiscalía y tribunales. ¿Será que la inacción criolla responde a que “el cabro está cuidando las lechugas” y no se va a comprometer con cumplir con su deber ministerial?

Es posible relacionar la alta incidencia de corrupción de funcionarios públicos a la abundancia relativa de fondos disponibles para inversión en infraestructura pública y en otros servicios del gobierno. En el pasado reciente, en especial durante la administración del gobernador Pedro Rosselló, esa abundancia relativa resultaba de la emisión de deuda pública mediante bonos que accedían las corporaciones públicas en el mercado financiero de los EE.UU.. La práctica de tomar dinero prestado mediante emisiones de deuda para invertir en infraestructura la continuaron los gobernadores Calderón, Acevedo Vilá hasta Fortuño. Esa monumental deuda pública es en parte responsable de la quiebra fiscal del gobierno que eventualmente justificó la aprobación de la ley PROMESA y la instalación, desde el 2016, de Junta de Control Fiscal. Se podría argumentar que la crisis fiscal del País y la espuria intervención colonial que supone PROMESA es en parte atribuible a la estructura de corrupción e ineficiencia de los partidos coloniales que han administrado durante décadas el patrimonio y la riqueza del Pueblo de Puerto Rico. A partir del 2017, con el impacto de los huracanes Irma y María y los terremotos del 2020, se han asignado decenas de miles de millones de dólares para la reconstrucción de todos los componentes de infraestructura averiados o destruidos, para proyectos de control de inundaciones que, en principio, no hacen falta y para el desarrollo del sistema eléctrico a base de energía renovable y de proyectos para incrementar la oferta de agua potable. Esa cuantiosa suma de dinero está siendo administrada y manejada por una estructura de gobierno influenciada directamente por la red de interventores en decisiones gubernamentales producto de la visión de corrupción que arriba hemos descrito. Así planteado, existen las condiciones objetivas para que seamos testigos de nuevas imputaciones de malversación de fondos o de apropiación ilegal de los mismos pues hay mucho dinero accesible a individuos y corporaciones que no tienen como prioridad el servicio e interés público, sino que están organizados por un espíritu de avaricia casi patológica para intervenir y apropiarse del buen uso de ese dinero, si se orienta a las necesidades prioritaria del País.

En los próximos días se celebra un proceso de primarias internas de uno de los partidos coloniales para seleccionar la persona que presidirá esa organización la cual predeciblemente aspirará a competir como candidato a la gobernación de Puerto Rico en el proceso electoral del 2024. Hasta donde he escuchado y leído, las personas compitiendo en ese proceso no se les ha cuestionado sobre su entendimiento y propuesta para prevenir o combatir la corrupción gubernamental. El issue tampoco es un asunto que se comunique desde el interior de los partidos coloniales. Así las cosas, en el año 2024 estaremos inmersos en proceso electoral donde dos partidos coloniales primarios compiten para que los electores validen su propuesta de gestión gubernamental sumida y controlada por la perversa red de corrupción que, como un cáncer, debilita y compromete la viabilidad existencial de Puerto Rico como una sociedad viable que entiende y es capaz de resolver las amenazas y los profundos problemas sociales, económicos y ambientales presentes y proyectados a futuro. Esto convencido que los partidos coloniales intervenidos por la corrupción son parte del problema y no pueden promoverse como instrumentos de solución a la gravedad existencial que abruma al País. La corrupción no es un problema de “manzanas podridas”, es un problema estructural del sistema político colonial que regenta a Puerto Rico. Tengo la esperanza de que la articulación de un nuevo movimiento político concertado para ofrecer una propuesta de administración y gestión gubernamental, sin el lastre y perjuicio de las mentes corruptas, sea parte de la oferta electoral a la que el Pueblo de Puerto Rico pueda optar en los próximos comicios programada para noviembre de 2024. Si esa oferta electoral se hace en estos términos, consideraría nuevamente participar como elector en ese proceso posible. Aspiremos a que superar la “Trama de Corrupción” que nos agobia, se plantee como objetivo estratégico de la gestión de servicio público en Puerto Rico.

 

 

 

Impagable la deuda de la AEE

 

El plan propuesto por la Junta de Control Fiscal (JCF) para resolver la crisis de deuda de la Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico (AEE) no es factible, afirmaron en declaraciones por separado el presidente de la UTIER (Unión de Trabajadores de la Industria Eléctrica y Riego), Josué Mitjá González, y el  director del Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero (IEEFA), Thomas Sanzillo.

El informe pericial de IEEFA fue radicado como parte del proceso de Título III de la Ley PROMESA, que atiende la deuda de la AEE y en que la UTIER es parte como acreedor. “En el informe de Sanzillo se denuncia que el Plan de Ajuste no puede confirmarse, por no ser viable, ya que no permite que la AEE pueda contar con fuentes de financiamiento adecuadas para completar la reconstrucción, dar un servicio confiable a base de energía renovable y poder pagar la deuda ajustada por dicho Plan”, declaró el presidente de la UTIER.

En un comunicado de prensa más detallado acerca del testimonio del  director de análisis financiero de  IEEFA en la vista del 28 de abril, se expuso que la quiebra de la AEE, cuya deuda en bonos y otras obligaciones impagas asciende a más de $9 mil millones, es una de las reestructuraciones de deuda municipal más grandes de los Estados Unidos. “La Junta de Supervisión y Administración Financiera para Puerto Rico (JSAF) ha propuesto un plan para pagar $5.68 mil millones de la deuda en bonos durante las próximas décadas mediante la imposición de nuevos aumentos de dos dígitos sobre las tarifas”, dijo Sanzillo

Sin embargo, este alertó, de que las tarifas de energía eléctrica de Puerto Rico ya superan los 26 centavos por kilovatio-hora (kWh), más del doble del promedio de los Estados Unidos, y el ingreso medio de la isla es menos de la mitad del ingreso medio del estado más pobre de los Estados Unidos. Entretanto, la red de la isla sigue siendo frágil y miles de millones de dólares de inversión son necesarios para restaurar su capacidad de brindar un servicio confiable.

El experto, quien ha participado de otros informes sobre temas financieros sobre el carbón, petróleo y el gas, declaró a nombre de la UTIER que considera que el plan de la JCF subestima las futuras necesidades de capital y operación del sistema eléctrico de Puerto Rico y sobreestima las tarifas que la economía es capaz de soportar. “Una vez que se tienen en cuenta estos factores”, dijo Sanzillo, “no hay margen para el pago de la deuda heredada a través de las tarifas”.

Este presentó que en  2018 la JCF estableció una meta de tarifas por debajo de 20 centavos/kWh a alcanzar en cinco años. Pero cinco años más tarde, las tarifas son incluso más altas que en 2018 y la propuesta de la Junta mantendrá las tarifas muy por encima de la meta anterior de 20 centavos/kWh. “Histórica y actualmente, bajo tales condiciones, la AEE no ha sido capaz de llevar a cabo las reformas operacionales y la transformación a energía renovable necesarias para garantizar un servicio eléctrico confiable y asequible”, declaró.

Según Sanzillo, es esencial  una transición a energía renovable para bajar y estabilizar las tarifas, dado que el 97 % de la electricidad de la AEE se genera a partir de combustibles fósiles importados, y los costos de los combustibles han aumentado recientemente a más del 60 % de los costos operacionales.

Mientras, la  implementación de la propuesta de la JCF continuaría posponiendo la transformación a un sistema eléctrico asequible y confiable. Como resultado, dijo Sanzillo, la isla “continuará sufriendo las consecuencias de tener un servicio de energía eléctrica inaceptablemente deficiente y potencialmente mortal. El propósito de un procedimiento de quiebra es proporcionar un nuevo comienzo. Este plan de ajuste no es un nuevo comienzo: es el mismo lodazal de siempre con diferente envoltorio”, concluyó Sanzillo.

 

 

Lula y los militares

 

Por Eric Nepomuceno

Desde Río de Janeiro

El Congreso brasileño decidió instaurar una Comisión Parlamentar de Investigación compuesta por diputados y senadores para averiguar actuaciones y responsabilidades en el intento de golpe de Estado el pasado ocho de enero, que culminó con la invasión y devastación de las sedes de los tres poderes en Brasilia.

Imágenes de miles de manifestantes invadiendo y destruyendo Presidencia, Superior Tribunal Federal y el mismo Congreso siguen en la memoria de millones de brasileños. Hay más de mil detenidos aguardando decisiones judiciales, pero sigue en misterio quiénes fueron los financiadores y los organizadores del intento de golpe incentivado claramente por el expresidente, el desequilibrado ultraderechista Jair Bolsonaro.

Otro misterio a espera de aclaración se refiere al rol desempeñado por las fuerzas de Seguridad y, en última instancia, por las mismas Fuerzas Armadas, principalmente el Ejército.

La aparente pasividad de unos y otros frente a la acción de manifestantes violentos no tuvo hasta ahora una explicación razonable.

El presidente Lula da Silva se opuso, en un primer momento, a la instalación de la Comisión en el Congreso.

El argumento bastante razonable de Lula era que tanto la Policía Federal como la Justicia estaban dedicadas al tema, y que con la Comisión el Congreso retardaría la votación de iniciativas importante del gobierno.

Había, sin embargo, algo más: la preocupación de no incitar aún más resistencias de parte de los uniformados, principalmente en el Ejército, contra él y, por rebote, contra su gobierno.

En sus dos primeros mandatos presidenciales (2003-2010) Lula resistió a las fuertes presiones para no instaurar una Comisión de la Verdad para denunciar el terrorismo de Estado practicado durante la dictadura militar que imperó en Brasil entre 1964 y 1985.

La sucesora, Dilma Rousseff, ella misma víctima de cárcel y violencia en la dictadura, finalmente estableció la Comisión.

Pese a que la Ley de Amnistía decretada en los tiempos finales de la dictadura impidió que los denunciados fuesen llevados a la Justicia – Brasil es el único país de Sudamérica en que nadie fue punido – la revelación de los nombres involucrados en actos de violencia causó fuerte impacto entre los uniformados.

El golpe legislativo que tumbó Dilma Rousseff en 2016, bien como la elección de Bolsonaro en 2018, contó con claro respaldo de los cuarteles, en especial del Ejército.

En su gobierno el ultraderechista esparció a miles de militares, algunos activos, por toda parte, de empresas públicas a ministerios. También distribuyó robustos manojos de dinero y aumentó los sueldos.

Con eso mantuvo la simpatía de los cuarteles, pese al desastre que fue su presidencia, que destrozó casi todas las conquistas alcanzadas por los gobiernos anteriores desde 1995.

A tiempo: la Comisión de Investigación tendrá plena mayoría de diputados y senadores aliados a Lula. Ya se sabe que entre los primeros convocados estarán militares retirados que fueron piezas fundamentales del gobierno Bolsonaro.

También deberán ser llamados para contestar preguntas militares activos, que se mantuvieron impasibles frente a los ataques de los golpistas el ocho de enero, bien como comandantes que permitieron campamentos de seguidores de Bolsonaro frente a instalaciones militares.

En los campamentos, financiados no se sabe por quién, había una incitación permanente a un golpe, primero para impedir que Lula asumiese la presidencia, y luego para quitarlo del puesto.

Habrá mucho que explicar. Y pese al profesionalismo de los actuales comandantes máximos de las tres Fuerzas Armadas, es sabido que principalmente entre oficiales de rango inferior el respaldo a Bolsonaro y la resistencia a Lula y su Partido de los Trabajadores son fuertes.

Todavía no se sabe cuándo los trabajos de la Comisión tendrán inicio. Se supone que en las próximas dos semanas. Pero la tensión ya es palpable, y no solo en el gobierno y la oposición: también entre los uniformados.

Lula tendrá de ejercer su reconocido poder de diálogo y conciliación para evitar tropiezos.    Reproducido de www.pagina12.com.ar

 

Con nuevos bríos a Naciones Unidas en junio

 

Especial para CLARIDAD

Las fuerzas en lucha contra el poder colonial de Estados Unidos en Puerto Rico hemos perseverado a favor de nuestra descolonización e independencia durante casi 125 años contra viento, marea, represión, altibajos, crisis, y recrudecimiento de nuestra condición de subordinación política.

Mayormente sin apoyo institucional, hemos demostrado nuestro ahínco y voluntad de logros grandes en diversas esferas: la marina fuera de Vieques; nuestros presos políticos, valerosos hombres y mujeres, están en la calle; nuestra cultura sigue vibrante y mantenemos nuestro vernáculo español por encima de evoluciones culturales; grandes hazañas coyunturales y en el campo de las luchas ambientales y de otra índole. No hemos desvanecido, y nos hemos reinventado cuando es necesario como al presente.

Mientras, proyectos de legislación de “estatus” van y vienen en el Congreso de Estados Unidos algunos “mejores” que otros, las caricaturas de políticos que son los colonialistas van y vienen desde Washington, también iniciativas desde las estructuras coloniales. Se le ponen nuevos y bonitos nombres a lo que puede ser el Puerto Rico del mañana.

Pero la realidad arrasa con cualquier expectativa de algo nuevo si no rehacemos el país desde la descolonización bajo el Derecho Internacional, desde la independencia y la soberanía, a diferencia del Estado Libre Asociado (ELA). Ese embeleco dejó intacta la condición colonial, lo que impidió que sus logros nos llevaran hacia el frente y que más bien no llevarán en reversa como ha pasado donde al presente en tantos aspectos, en particular el político, hemos retrocedido más de cien años.

Por eso, al igual tenemos que perseverar en otros ámbitos, tenemos que perseverar en la presentación del caso colonial de Puerto Rico ante la comunidad internacional y Naciones Unidas, específicamente ante el Comité de Descolonización de Naciones Unidas. Ya harto se ha demostrado que en nuestra subordinación política a Estados Unidos prevalece de manera descomunal el poder de Estados Unidos. El pueblo de Puerto Rico tiene que determinar su futuro fuera de la Cláusula Territorial de la Constitución de Estados Unidos y dentro del marco de nuestra condición de nación amparada por el derecho inalienable a la libre determinación reconocido en el Derecho Internacional.

En ese contexto la presentación del caso colonial de Puerto Rico en las vistas del Comité de Descolonización sigue y seguirá siendo estratégico, tiene que ser pensado a largo plazo.

Este año más que nunca tienen que comparecer representantes de organizaciones de la amplia gama de la lucha social en Puerto Rico porque esas organizaciones también reclaman la descolonización al estar conscientes que sin la descolonización no es posible lograr a plenitud sus objetivos.

Nuestra lucha es vibrante y ascendente como reflejan las celebraciones del Día Internacional de la Mujer, del Día Internacional de los Trabajadores(as) y otros eventos. Está en ascenso al igual que la coordinación y las convergencias. Las elecciones en Puerto Rico reflejan cada vez más la búsqueda de nuevas opciones para la conducción del país. A la vez la decadencia y corrupción de la colonia y nuestra subordinación política permean a saciedad nuestra realidad. Este año la realidad y lucha que vivimos debe ser reflejada en las vistas sobre Puerto Rico del Comité de Descolonización de Naciones Unidas ante cada diplomático(a) presente. Este año debemos ir con intervenciones coordinadas como fue el caso de algunas organizaciones el año pasado y así mantener al mínimo las repeticiones.

Con la comparecencia de organizaciones que no acudieron en el 2022 evitamos que se acorte la duración de las vistas, y proveemos más información ante el Comité.

Por otro lado, no permitamos que el límite de tiempo establecido para las intervenciones nos inhiba de ir a Nueva York. En otros escenarios en Naciones Unidas el tiempo de intervenciones también se limita y a veces se trata de personas que viajan para ello desde lares del mundo mucho más lejanos que la distancia entre Puerto Rico y la sede de Naciones Unidas en Nueva York. Tampoco permitamos que los costos de pasaje impidan pues es un sacrificio que bien vale la pena para superar las vistas del año pasado.

Tampoco nos afectemos por la ausencia de las vistas de algunos países. ¿Deben estar presentes? Claro que deben estar presentes y debemos llevarles el tema, pero también tener consciencia que algunas delegaciones son de dos o tres diplomáticos(as) solamente.

Durante todos estos años en particular recientemente habido un desgaste en la proyección en Puerto Rico de la presentación del caso en Naciones Unidas. Se hace ver equivocadamente que le toca a Naciones Unidas descolonizar a Puerto Rico. Pero de lo que se trata es del papel que jugará Naciones Unidas y la aplicación del Derecho Internacional a nuestro caso para asegurar un proceso legítimo y justo de descolonización. Fuera de ese marco legítimo y justo seguiremos dependiendo de iniciativas desde Washington y desde la colonia. Por eso tenemos que seguir exigiendo el pronunciamiento desde el Derecho Internacional que representan las resoluciones anuales sobre Puerto Rico del Comité de Descolonización y educar al respecto en Puerto Rico.

Habiendo dicho todo esto, también es cierto que el trabajo internacional debe revitalizarse y reforzarse acorde con la nueva coyuntura en Puerto Rico y a nivel internacional, y en eso se está trabajando. Emprender nuevas iniciativas depende de nosotros(as). Tenemos que entusiasmar a luchadores(as) jóvenes para esta lucha de presentar nuestro caso colonial a nivel internacional y recabar solidaridad. A los analistas jóvenes tenemos que integrarlos(as) a estos trabajos. Quienes hemos estado involucrados al respecto, que hace rato peinamos canas, tenemos que transmitir nuestro conocimiento, experiencia, vocación, pasión, y sentido de sacrificio por este trabajo. Tenemos que transmitir como la presencia de los procesos de lucha de otros pueblos en los organismos y actividades internacionales infunde empoderamiento; visión triunfo y de nuestra lucha como parte de un mundo en ebullición y lucha.

Tenemos mucho que trabajar. En el interín, ¡a las vistas de 2023 con nuevos bríos, y con orgullo de nuestros logros incluyendo en ese magno foro mundial y otros!

La asfaltera en Bayamón viola la ley

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

Con una multa emitida por la Agencia Protección Ambiental (EPA, siglas en inglés) y sin cumplir con ningún reglamento, “el alcalde de Bayamón,  Ramón Luis Rivera, continúa, expresándose a favor de la  asfaltera,  invisibilizando la lucha que estamos dando contra ella e invisibilizando nuestras preocupaciones legítimas”, denunció Jackeline Hernández Caraballo,  portavoz de la organización Asamblea de Pueblo de Bayamón.

Desde febrero de este año la Asamblea de Pueblo se ha manifestado en contra de que se permita la construcción de esta asfaltera  justo al norte del mogote Santa Ana y al lado de la Reserva Natural del Parque Julio Monagas.

Hernández Caraballo informó a CLARIDAD que investigaciones recientes confirmaron que DB Asphalt no cumple con ningún reglamento y que la Oficina de Permisos Municipal nunca realizó ningún tipo de consulta a la comunidad, por lo que los permisos no cumplen con los requisitos para justificar que se establezca una asfaltera en la zona.

APB dio a conocer que la EPA emitió un Aviso Público el 7 de abril (número de expediente CWA-02-2023-3355), en el que se señala que la asfaltera está en violación de la ley que protege los cuerpos de agua. Basándose en el Clean Water Act,  APB explica que la agencia federal determinó que DB Asphalt descarga contaminantes en los cuerpos de agua cercanos. En el documento público, la EPA también establece que la asfaltera tampoco cuenta con un permiso para la eliminación de descargas de estos contaminantes en la zona”.

Ante esta revelación, Hernández Caraballo declaró sobre el alcalde: “Hemos notado que en su silencio, sus acciones y lo que expresa lo que hace es defender a capa y espada que se puede instalar ahí la asfaltera, e insiste en que opere pronto. Si eso llega a pasar, el efecto será nefasto, porque la zona de impacto se sale de los límites de Bayamón. Esto es un peligro inminente. Por querer beneficiarse económicamente de alguna manera de este negocio, está exponiendo la vida de los bayamoneses y la de  los pueblos limítrofes”.

Denunció además que es poca la información que se tiene de parte de otras agencias. “Las acciones que estamos viendo de parte de las agencias es como si no les importara este tipo de cosas. Eso lo estamos viendo no solo en Bayamón, sino en otros pueblos donde la construcción y la venta de tierras de recursos naturales y playas es una destrucción de recursos naturales para construir”.

Esta indicó que el silencio es tal, que no se sabe cuándo comenzaría a operar la asfaltera. Subrayó que según el Reglamento Conjunto 2020 y/o al 2010 debería haberse llevado a cabo una consulta de ubicación, que no se ha hecho. “Entonces, es una cosa bien contradictoria. Estamos sacando a la luz todas estas cosas por las que no debe estar la asfaltera y el alcalde insiste en su construcción y en la destrucción del mogote, en forzar la operación. Nos parece un acto violento por parte del alcalde”.

Advierten de peligros a la salud

Por su parte, el Colegio de Químicos, en conferencia de prensa a mediados de abril, hizo un llamado al Gobierno de Puerto Rico a que medie y desarrolle política pública para que se detenga la construcción de plantas de asfalto aledañas a las comunidades y advirtió de los impactos a la salud pública que tiene esta operación industrial.

El presidente del Colegio, licenciado Víctor Adorno, declaró que respondían a un reclamo de ciudadanos de Moca, Isabela, Bayamón y Guaynabo, que tienen la operación de plantas asfalteras cerca de comunidades. “Exhortamos a que se establezca política pública para la ubicación de plantas asfalteras, de modo que su operación produzca el menor efecto posible en la ciudadanía”.

De acuerdo con el doctor Osvaldo Rosario, asesor científico del Colegio de Químicos, los residentes de las comunidades cerca de estas plantas asfalteras se convierten en los recipientes de los contaminantes generados en su operación. Entre estos contaminantes se encuentra el manejo del agregado previo a mezclarse con la brea, lo que genera particulado de sílice al aire, que causa cáncer de pulmón. Cabe destacar que los filtros de las plantas para controlar las emisiones de particulado grueso no recogen los compuestos gaseosos ni las micropartículas. Además, el calentamiento de la brea a cientos de grados en el tambor libera miles de compuestos tóxicos.

El doctor Neftalí García, especialista en aire, emisiones de dióxido de azufre y de compuestos orgánicos volátiles, destacó que para que el proceso de permisos de plantas de asfalto sea confiable deben establecerse parámetros científicos que protejan a los ciudadanos del riesgo tan grave que pueden ocasionar los gases que generan estas plantas en comunidades cercanas.

En la conferencia también intervino el doctor Ángel González, presidente del Comité de Salud Pública y Ambiental del Colegio de Médicos Cirujanos, quien señaló que  las asfalteras liberan múltiples sustancias tóxicas y cancerígenas. Estas nanopartículas emitidas llegan a los alveolos, lo más interno del pulmón, y de ahí al sistema sanguíneo de las personas expuestas. “Por esto, tener una asfaltera en un lugar cercano a una comunidad afectará la salud de sus residentes de forma negativa”.