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Brasil: Mirada crítica al panorama electoral (1 parte)

Corresponsal de CLARIDAD

 

La Habana, Cuba-La campaña electoral por la presidencia de Brasil arrancó oficialmente el pasado 16 de agosto. Aunque son más de 10 candidatos los que formalmente estarán disputando el máximo cargo del ejecutivo en la primera vuelta de los comicios el próximo 2 de octubre, todas las miradas estarán puestas sobre los dos principales contendientes: el expresidente Lula da Silva y el actual presidente Jair Bolsonaro.

El líder del Partido de los Trabajadores, quien podrá volver a disputar la presidencia después de haber sufrido un amplio proceso de persecución política en su contra que lo llevó a cumplir casi dos años de cárcel, sigue siendo el gran favorito. Según las más recientes encuestas, Lula lidera la intención de voto en primera vuelta con un 44%, frente a un 32% de Bolsonaro.

Si bien el posible regreso al poder del carismático líder de izquierda despierta esperanzas en la población brasileña –y en muchos sectores de América Latina–, para llegar a Brasilia deberá soltear no pocos obstáculos en su camino. Por un lado, la ultraderecha brasileña, aupada por un Bolsonaro con vicios de fascismo, mantiene una recia campaña de difamación y persecución en su contra en un intento desesperado por desacreditarlo ante un pueblo que ve en él la única solución para regresar a Brasil a la senda del desarrollo y el crecimiento. Por el otro, es arduo el trabajo que le depara a Lula para lograr la articulación de tantas ramas políticas, en un país cuyas elecciones suelen ganarse con alianzas partidistas de todas las aristas.

Empero, para entender las condiciones socio-políticas en las que Brasil batalla hoy para elegir entre un nuevo –pero ya conocido– presidente o mantener su actual rumbo neoliberal, es preciso hacer una revisión de su historia y del contexto geopolítico en que se emplaza.

En palabras del reconocido periodista brasileño, Breno Altman, para poder comprender mejor la situación político-electoral “hay que trabajar con tres categorías: la categoría de etapa, la categoría de período y la categoría de coyuntura de situación política”.

Cuando habla de la primera etapa, Altman se refiere a una “etapa contrarrevolucionaria”. Para él, su país y la región siguen viviendo en una fase política emergida tras el colapso de la Unión Soviética, en la que “la experiencia socialista fue destrozada en su origen y en su experiencia más fuerte” y cuyo resultado “ha permitido establecer una ofensiva ideológica brutal de las ideas liberales, de la ideología burguesa, sobre el movimiento obrero e incluso sobre los partidos de los movimientos socialistas”.

Esta etapa contrarrevolucionaria, según Altman, ha dado paso además a “una generalización del modelo neoliberal en los países desarrollados y en especial en los países de la periferia del sistema, en el cual nosotros nos encontramos”, lo que ha empujado a los pueblos a asumir una postura “defensiva” ante las estocadas del imperialismo en la región. Opina, sin embargo, que podríamos estar ante un periodo de transición en América Latina –esta sería la segunda etapa.

“Es posible afirmar que podemos estar pasando de un período defensivo a un periodo ofensivo. La victoria de [Andrés Manuel] López Obrador en México, la victoria de Alberto Fernández en Argentina, la derrota del golpe de estado en Bolivia y la victoria electoral de Lucho Arce, los estallidos sociales en Chile, en Colombia y ahora en Ecuador. Son todos señales que nos permiten tener con seguridad una percepción de que estamos cambiando de período, aunque dentro de una etapa contrarrevolucionaria”.

El también historiador, quien conversó recientemente con Claridad y otros medios internacionales de Latinoamérica en un encuentro en la ciudad brasileña de Sao Paulo, sostiene que “hay una nueva ola, en la cual los partidos progresistas ganan las elecciones. Los pueblos entran en una situación de inconformidad y de rebelión social y eso va cambiando las correlaciones internas de fuerza”.

Viendo a Brasil –y lo que pudiera significar una victoria de Lula en las elecciones– desde el espejo de los países vecinos, Altman subraya que “no es una situación sencilla” aquella con la que deben lidiar los gobiernos progresistas actualmente en la región. “Tienen muchas limitaciones por el hecho de que son gobiernos electos en el interior del mismo Estado burgués oligárquico y en una situación internacional en la cual aún sigue vigente la hegemonía de Estados Unidos y el dominio del sistema imperialista mundial”.

“Si comparamos con la primera ola [progresista] que fue la del principio del siglo 21, la ola caracterizada por la victoria electoral de Chávez en Venezuela, en 1998, y después de Lula en 2012, y todos los demás después, [esta] es una ola en la cual los márgenes de cambio dentro del orden económico son mucho más extremos, mucho más estrechos”, afirma.

Es precisamente por este estrecho margen de maniobra y su historia de siglos de intervención continuada que se hace más llamativo el que sea en América Latina donde hoy se combate de manera más frontal y aguda la injerencia económica, política y militar que supone el imperialismo para sus países. Es en esta región del orbe donde el panorama en el tablero geopolítico mundial parece haber comenzado a dar la vuelta.

“Nuevamente –apunta Altman– es Latinoamérica el centro de la situación internacional, es donde la situación internacional puede efectivamente empezar a cambiar”.

 Para él, está claro que no es en Europa, donde “la hegemonía imperialista sigue muy fuerte” y donde EE.UU. ha logrado mantener un control efectivo de sus causas políticas, de donde saldrá una nueva propuesta liberadora.

“Es más fácil para Estados Unidos controlar a la socialdemocracia y a los conservadores europeos que yo a mis perros. Podemos hablar de uno u otro país, pero no es en este momento una región de donde pueden emerger los vientos de cambio”, subraya.

Y en el centro de esos vientos que soplan actualmente en América, está el gigante del Sur. Que las causas progresistas logren reconquistar el poder en Brasil sería una honda estocada al neoliberalismo que asaltó varios de los gobiernos de la región en la última década y que supuso un retroceso palpable a los avances en materia social y económica que habían logrado los movimientos de la llamada “década ganada”.

Pero contrario a lo ocurrido en países como Argentina, Chile, Perú y recientemente Colombia, donde estallidos sociales dieron paso a grandes protestas en rechazo a la pérdida de derechos, el aumento en el costo de la vida y el retroceso en las libertades, en Brasil una reelección de Lula ocurriría sin que el pueblo brasileño se haya lanzado a las calles en masa –a pesar de haber tenido profundas razones para hacerlo. Salvo ciertas excepciones, los movimientos populares brasileños han llamado más la atención por su silencio que por su activismo en los últimos años.

“Nosotros estamos delante de una posibilidad muy importante de ganar las elecciones presidenciales sin estallido social de ninguna especie. No hay nada comparado acá, con lo que hubo en Colombia o en Chile, o lo que está en curso en Ecuador”, señala el periodista brasileño.

El pueblo brasileño en general, opina Altman, ha vivido un proceso “bastante largo de repliegue de los movimientos sociales”, un aspecto que se hizo evidente cuando el expresidente Lula da Silva fue encarcelado en 2018 –en lo que fue a todas luces un proceso judicial ilegal en su contra– sin que sus seguidores se lanzaran a las calles para evitarlo. Dos años antes, la entonces presidenta Dilma Rouseff había sido destituida tras un nebuloso “impeachment” que apenas contó con una tímida respuesta de los brasileños.

¿Qué repercusiones pudiera tener, entonces, este “repliegue” para la sociedad brasileña?

“El pueblo no es un actor protagonista de la historia que estamos viviendo en este momento y eso nos debilita, aunque tengamos mucha fortaleza electoral con la candidatura del expresidente Lula”.

La duda que plantea Altman encuentra tierra fértil en la deriva democrática en la que se ha visto sumido el país desde los turbios procesos judiciales con los que el “establishment” brasileño persiguió a Dilma e hizo todo lo posible por inhabilitar a Lula para presentarse en las próximas elecciones.

Con la instrumentalización de la justicia (“Lawfare”) como herramienta política en manos de la derecha en Brasil y una amenaza real al orden democrático, gracias a las corrientes neofascistas que ha levantado el Bolsonarismo, un hipótetico gobierno de Lula da Silva sin una sólida cohesión de fuerzas populares que lo rodeen, podría estar en peligro sin apenas haber comenzado.

En un intento por sembrar dudas sobre la legitimidad de las venideras elecciones presidenciales, Jair Bolsonaro ha puesto en marcha una campaña de deslegitimación del sistema electrónico de votación, al que ha acusado de fraudulento, a pesar de no haber sido capaz de proveer ninguna evidencia. El incumbente, incluso, ha insinuado que disputaría cualquier derrota en los comicios y ha llamado a sus seguidores a “prepararse para pelear” –cualquier parecido con el expresidente Donald Trump es pura coincidencia.

Como si fuera poco, la actual campaña electoral en Brasil ha visto un marcado aumento en el número de candidatos derechistas que están vinculados a las fuerzas de seguridad. Según datos del sistema de registro de candidaturas del Tribunal Superior Electoral (TSE), las elecciones de 2022 contarán con 1.866 candidatos que son policías, un incremento del 27% con respecto a 2018. El 95% de ellos se ha postulado por partidos de derecha y han mostrado su simpatía con el presidente Bolsonaro.

Todo esto cuando la violencia electoral en Brasil se ha disparado y los ataques contra líderes políticos vinculados a Lula da Silva y a movimientos de izquierda siguen en aumento. El líder del PT ha debido recurrir a usar un chaleco antibalas para poder hacer campaña.

Breno Altman define la coyuntura en su país como “una crisis de la hegemonía burguesa”, pero mantiene esperanzas en que “quizás la victoria del presidente Lula pueda abrir otra etapa de movilización social [y] pueda llevar al pueblo a apoyar un gobierno y a impulsar un gobierno que haga importantes cambios sociales”.

 

 

 

 

Editorial: El colonialismo día a día

Para un sector de la población de Puerto Rico, el hecho de que nuestro país sea una colonia de Estados Unidos no es un problema. Más de un siglo de adoctrinamiento, abierto y solapado, han sembrado miedo e incertidumbre en ese sector del pueblo, sobre cuáles serían las posibilidades y oportunidades que podría traer la independencia para que Puerto Rico se reorganice como nación, y establezca un nuevo orden económico y social basado en la realidad y necesidades de su gente, como lo hacen las repúblicas independientes, que son una mayoría entre los países del mundo.

El miedo y sentido de impotencia que infunde el colonialismo obra en todos los aspectos de la vida de un pueblo colonizado. Algo así como cuando un equilibrista se percata en la altura de que alguien o algo lo amenaza con removerle la malla de seguridad que lo sostendría en una caída. El terror de imaginarse desprotegido podría ser suficiente para precipitarlo al vacío. En el orden mundial, sin embargo, el colonialismo se ha ido extinguiendo, y las antiguas colonias y territorios no autónomos han ido adviniendo a la descolonización y autodeterminación, la mayoría de ellos de manera exitosa. Al presente, quedan solo un puñado de colonias en el mundo, y Puerto Rico es una de ellas. Son rémoras de un sistema de dominio arcaico que ya no tiene razón de ser, como tampoco la tienen la esclavitud o el vasallaje feudal.

Sin embargo, aunque nuestro pueblo no reconozca del todo la raíz principal de nuestros problemas, sí vive y siente todos los días los efectos de ser una colonia en decadencia. Sabe y siente que el gobierno no funciona ni cumple adecuadamente su obligación de brindar los servicios básicos al pueblo con eficiencia y prontitud, porque es un gobierno que se sirve a sí mismo y no al pueblo que lo elige. Sabe y siente también que hay corrupción  en las agencias, y amiguismo y compadrazgo político en los contratos, y que los llamados empleos de confianza están reservados para los activistas del PNP y PPD, en pago por sus servicios a ambos partidos coloniales. El pueblo sufre no solo la escasez de servicios sino su pobre calidad. Conociendo que “la soga siempre parte por lo más fino”, está consciente de que hay menos escuelas públicas,  y menos maestros y maestras. Que la Universidad pública está mucho más cara, y con menos programas y servicios. Que la atención a la salud está en estado crítico, con menor disponibilidad de doctores, enfermeras, terapistas y personal sanitario en general. Que recibir atención en hospitales y salas de emergencia es cada vez más agotador. Que es más difícil lograr citas y servicios de especialistas, y que aumentan las denegaciones, por parte de los planes médicos, de ciertos servicios médicos y hospitalarios, y de ciertas pruebas diagnósticas y medicamentos.

Nuestro pueblo vive también el precario estado de la seguridad pública, contando con menos policías, bomberos, y demás personal de respuesta para emergencias y desastres. Sabe que la transportación pública es casi inexistente, y que las carreteras y calles están intransitables y llenas de hoyos. Que la vivienda está escasa y los pagos de hipoteca y alquiler, por las nubes. Que hay inestabilidad en el acceso y escasez de artículos básicos de consumo, y que es astronómica el alza en los precios de la canasta básica de comestibles y productos de primera necesidad. Todos los meses recibe las facturas con las tarifas infladas de las utilidades públicas, no solo por el desequilibrio en el precio del combustible, sino también por la carga del pago de la deuda pública en la que incurrieron por décadas los gobiernos coloniales irresponsables del PNP y PPD. Y sabe que la privatización del sistema eléctrico a través del contrato de LUMA Energy ha sido un timo, impuesto y sostenido por las mismas fuerzas del sistema colonial y del capital que dominan nuestro país.

Nuestro pueblo siente profundamente la tristeza de despedir a muchos de los suyos, que se van de Puerto Rico porque este sistema colonial fracasado les ha limitado las oportunidades de trabajo, salario digno, crecimiento profesional y calidad de vida.  Pero, sobre todo, nuestro pueblo está aprendiendo a conocer a quiénes por más de un siglo lo han engañado. Y saben- o intuyen-  que la Junta de Control Fiscal, impuesta en Puerto Rico por el Presidente y el Congreso de Estados Unidos, está aquí para representar y defender  primero los intereses de Estados Unidos y también los de los grandes conglomerados financieros dueños de la deuda pública, de las grandes corporaciones del capitalismo de desastre, y de los inversionistas y especuladores millonarios  que quieren convertir nuestro país en un lucrativo mercado de bienes raíces para su beneficio personal y corporativo.  Sobre todo durante estos últimos años, cuando hemos vivido una serie de tragedias que nos tienen al borde del colapso, el pueblo puertorriqueño  ha recibido la mayor de las lecciones: que nuestra relación colonial con Estados Unidos nos cuesta más de lo que nos da, y nos mantiene sometidos a una cadena infinita de abusos e inequidades.

 

 

 

Tributo a Camilo: Entre Guevaras

Aleida MArch con su hija menor Celia, al lado Aleida Guevara, Camilo, en la falda del Che, Ernesto.

En 1997 Aleida y Camilo Guevara March accedieron a entrevistarse con CLARIDAD, nos hicieron hincapié en que eran pocas las ocasiones que daban entrevistas juntos. La conversación fue larga y jugosa. Esa fue una de las razones por la cual el trabajo tiene pocas ediciones, queríamos que quien leyera se gozara esa relación entre hermano y hermana como nos la disfrutamos ese día. La volvemos a publicar como un tributo a ese hombre grande y generoso que fue Camilo.

(Primero de dos  artículos)

 

CLARIDAD

 A Sylvia Lleras y Ana María Pellón por ayudarme a hacer realidad un sueño

 En el Estado Libre Asociado(ELA), alguien (lo recuerdo, pero no merece su nombre aquí) propuso una ley para quitar la custodia a los padres y madres que llevaran sus hijos a marchas y piquetes… En 1964, desde Marruecos, María Rosario Guevara le pregunta al Che si por casualidad son familia.. En una carta famosa, el revolucionario responde: “No creo seamos parientes muy cercanos, pero si UD. es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es más importante:.. En esta entrevista hecha por CLARIDAD a dos de sus hijos se confirma, expande y actualiza —amorosa y genéticamente— esta contestación.

Camilo y Aleida Guevara March accedieron a conversar con nosotros sobre sus vidas, sus padres y de diferentes aspectos de la vida en Cuba. Camilo y Aleida son los dos hijos mayores de Ernesto Che Guevara y Aleida March. Es quizás una de las pocas ocasiones en que dan juntos una entrevista y, como leerán, son sobre todo, hermanos.

Queremos saber un poco sobre la vida familiar de ustedes. Díganme, ¿qué se siente ser siempre el hijo del Che y no Camilo, Aleida, etc.?

Aleida Tú sabes que un hombre y una mujer en su desarrollo son diferentes. Yo fui vanguardia nacional de la FAR (Fuerzas Armadas de la Revolución), alumna destacada, y a Camilo le llamaban la atención en el aula.

Foto tomada en Octubre 9, de 2017, Aleida y Camilo Guevara March
Foto por AIZAR RALDES

Camilo Ya empezamos mal esta entrevista.

Aleida  Eso no es verdad. Es decir, la manera de interiorizar las cosas es diferente. También pasa una cosa: yo fui la hermana mayor de esta camada, sin olvidar a mi hermana mayor real que es Hildita [Hija del Che e Hilda Gadea]. Pero de esta camada era yo, y mi mamá me usa mucho en un momento determinado para la comunicación con los demás hijos, sobre todo, con Ernesto y con Celia [refiriéndose a su hermano y hermana menor], porque Camilo y yo nos pedíamos la cabeza.

Camilo Eso era antes, eso era antes.

Aleida Para serte sincera, este compañero ha crecido, o creció, con el deseo de ser bien grande y bien fuerte, porque yo era más grande que él y cuando él de alguna manera hacía que los dos más pequeños rabiaran y ellos venían a pedirme amparo, yo le iba pa’arriba con to’ lo que tenía y lo vencía. Así que era yo la que castigaba al cabezón. Pregúntale si es o no cierto que quería crecer para cobrárselas todas. Pero de pronto creció tanto, tanto, que en la última discusión que tuvimos, ya con este tamañón, yo me lo enfrento. Yo le llego a Camilo por el pecho. En la última discusión, yo estoy aquí discutiendo con él y me dice “yo quise crecer tanto pa’ reventarte y he crecido tanto que si te doy, te mato”.

Es diferente la forma de ver y enfocar estas cosas, me pasó con mi hermano Ernesto. Yo lo oí hablar de este tema por primera vez ya hace como un año y me doy cuenta de que quizás para ellos fue diferente esa cosa de ser los hijos del Che. Lo que yo recuerdo de mi adolescencia es que fue muy tranquila, es decir, nada de periodistas. Era una vida normal, al punto de yo tener dos bloomers y dos ajustadores. Una vez me los robaron y me quedé en pelota. ¡La hija del Che Guevara no tenía ropa que ponerse..! Fue una vida normal. Fue muy lindo para nosotros eso, nos sentíamos como cualquier otro muchacho en Cuba.

En Cuba, como decía Máximo Gómez, muy poca gente llega al medio; o se queda o se pasa, pero justo en el medio es difícil encontrar algún cubano. Así pasa con nosotros, yo los catalogo en tres grandes grupos: uno, que es muy estricto con nosotros porque somos los hijos del Che y tenemos que ser mejores. Como mi papá no estaba para educarnos, ellos se sienten con el deber de hacerlo y de exigir que salga de nosotros lo mejor. Hay otro grupo que como mi papá no está, ellos quieren darnos todo el amor y toda la ternura que no pueden darle al hombre, y hacia nosotros viene todo eso y a veces te malcrían. Después viene el pequeño grupo del medio que te ve como un ser humano normal, que genéticamente eres el hijo de alguien, pero que eres tú como individuo y como tal te exigen y se comportan contigo. Desgraciadamente, este es el grupo que menos existe, pero existe. Entre estas personas está mi madre, que es un bastión en la educación y la formación.

Mi mamá nos enseñó que nosotros teníamos que comportarnos dignamente. Como personas normales, seres humanos que somos, no podíamos permitir que nos trataran mejor que a nadie, pero tampoco que nos exigieran más que a nadie. Yo sé que  hay gente que me va a exigir más, simplemente por ser la hija del Che, pero lo acepto como una manifestación de amor hacia mi papá. Nada más.

Ahora me ha pasado un fenómeno interesante, que es que yo en la televisión salgo muy pocas veces, y la última entrevista que tuvimos con el Festival de la Juventud ha sido catastrófica para mi vida. Voy en el auto, y se detuvo, y una señora dice  ¡Mira la hija del Che!

Camilo Acuérdate que a ella la trataban como a las mujeres, era una cosa diferente, también trataban de comparar a un niño joven, una persona hecha y derecha, con un comunista pasado por un prisma ideológico y todas las cosas del Che, un hombre con una experiencia tremenda acumulada de tantos años, con un conocimiento teórico de la vida en general tremendo. Y a veces intentaban compararte, tú siendo un niño. El Che niño también hizo un montón de cosas que a lo mejor no lo conocen en todo el mundo, pero hizo un montón de cosas, ¡qué sé yo, lo que sea!, como hace cualquier niño. Entonces es un poco como tratando de que la gente no sea ese niño, sino ser el Che, el hombre ya formado. Eso siempre choca un poco. Esa gente quiere que tú seas el sustituto, y eso realmente es muy difícil. Pero bueno, tú lo entiendes después de comprender esas cosas y de alguna manera tratar de ser uno mismo, porque lo que nunca vamos a ser es el Che, ni ella, ni yo ni ninguno de nosotros. Cada uno es una persona: yo soy Camilo, ella Aleida, el otro Ernesto, Hilda. Y cada cual tiene sus experiencias, sus vivencias…

Eso fue lo que intentamos hacer. Quien influyó en eso fundamentalmente, fue nuestra madre. Otras personas también que nos criaron, quizás no con ese sentido, pero de todas maneras lo hicieron. Siempre recuerdo a Felo y Misael, que prácticamente han sido nuestros padres, que nos criaron junto con nuestra madre y siempre aportaron a eso, a ser uno mismo.

 ¿Pueden detectar alguna influencia de las convicciones de su papá?

 Aleida En mí está presente, yo me doy cuenta, como Camilo dice, que no voy a ser mi padre ni muchos menos, ni tampoco mi mamá. Yo soy una persona con mis posibilidades, mis características, y como tal vivo, que es lo importante. Yo creo que nos hemos dado cuenta que no es necesario ser un Che Guevara idéntico, no. El Che tiene valores como ser humano muy de él: un hombre puro, limpio, honesto, muy valiente, con voluntad de hierro y con un sentido de humanidad, de respeto al ser humano tremendo.

Tú no vas a llegar quizás a tener el mismo grado de sensibilidad que tenía el Che, pero tienes el suficiente como para sentirte útil y necesaria en esta vida y que además lo estás haciendo dentro de tus posibilidades. Por supuesto que cuando yo veo a mi padre y estudio y leo sus cosas me doy cuenta de que me falta un mundo nada más de pensar en la cultura que ese hombre tenía que no le llego ni al dedo gordo del pie. Y es cuando te das cuenta de cuáles son tus limitaciones. Y yo creo que eso es lo más lindo de un ser humano, darte cuenta de lo que eres capaz de hacer. Pero mantener una línea en tu vida, qué es lo necesario, qué es lo útil. Lograr que tus manos, tu cabeza, se pongan en función del beneficio de la mayoría. Y eso no es bla, bla, bla; es una cosa de sentimiento, y lo hago cuando me voy dos veces en misiones internacionalistas, cuando me voy a trabajar a la parte más oriental del país. Nadie me obligó a eso, pero era una sensación de respeto a mis mayores, una educación recibida en mi vida y algo que me hacía falta hacer, por ejemplo, ser internacionalista. Si esa sensación no hubiese existido, esa posibilidad del ser humano de brindar sus energías y su amor y su fuerza a otro ser humano no importa donde vive, no importa donde esté, si eso no existiera, yo no hubiera nacido. Para mí es una obligación hacer algo que un poco me dé la satisfacción de decir, bueno, yo un poquito le voy a pagar a la gente esa posibilidad de vivir, que para mí es lo más importante que puede tener un ser humano. Yo estoy agradeciendo un poco esa posibilidad tratando de curar niños, que es lo yo sé hacer, o hablando de mi pueblo y de la revolución, que también lo hago porque lo amo y respeto extraordinariamente.

La gente me conoce, inicialmente y me besa y abraza porque soy la hija del Che. Ahora mismo, en Chipre, unas señoras mayores, viejas comunistas combatientes de toda la vida, me han tocado y han empezado a llorar porque estaban tocando a la hija del “hombre más completo del mundo”, fueron sus palabras. Y ahí me tuve que echar a llorar, y le dije, abuela, no me haga eso, porque aquí la que tiene que llorar soy yo; yo por conocerla a usted, por estar a su lado, por saber que hay personas tan lindas en este mundo. Que soy yo la que tengo que agradecer, usted no me haga eso, el afecto hacia ese hombre que ya no está.

Creo que nosotros hemos logrado saber en qué somos útiles y cómo hacerlo. Yo te digo que no hay mayor satisfacción, por lo menos en mi carrera de médico pediatra, que sentir que un niño viene corriendo y te abraza y te dice esa es mi médico. A él no le importa si soy o no la hija del Che, le importa que le he dado ternura, amor y que le he aliviado su enfermedad. Y eso para mí es el premio mayor que me puedan dar. Estoy logrando mi objetivo en la vida y lo veo y me siento bien como ser humano. Por supuesto, me falta un mundo. Ahora mismo me acaban de ingresar a mi hija menor. Me di cuenta de que no sé nada de medicina porque estoy metida en alergia. Entonces me he ido a inmunología, aunque hice diez años de pediatría, pero como no lo hago todos los días, se va olvidando, así que hay que estudiar.

¿Cómo es la relación entre ustedes?  ¿En qué coinciden, en ideas, en cosas comunes y corrientes o van más allá de eso?

 Aleida  De niño él y yo nos pedíamos la cabeza. La primera vez que yo me enteré de que mi hermano Camilo me quería fue a través de un amigo de él, porque cuando el amigo vino a la casa y me conoció, me dice:

—Tú eres Aliucha, Aleidita.

—Sí yo soy.

—¿La hermana mayor de Camilo?

—Bueno, sí, soy yo.

—¡Ño, tú eres la mujer más completa del mundo!

—¡Cómo..?

No sé cuánto yo le dije… Mira dónde se viene a enterar una de que este me quiere mucho. Le preguntas ahora y no sabe qué decir.

También hay algo que nos salva, nosotros cuatro apenas nos llevamos un año y medio cada uno, es decir, somos de la misma generación, influye la educación. Fíjate cómo es esto, hay cosas que no cambian a veces durante muchas generaciones. Mi mamá siempre fue muy estricta, en el sentido de enseñarme a respetarme como mujer, a defender mis derechos, a que ningún hombre podía aplastarme por el hecho de ser mujer, y eso lo mamé desde la cuna. Sin embargo, a este [Camilo], que lo único que yo le llevo es un año y medio, se le servía la comida, se le lavaba la ropa… Tú decías, ¿y esto?… Discusiones con mi mamá.

Camilo ¡Qué viva la diferencia!

Aleida Aunque él en estos momentos ha mejorado discretamente. Pero dejaba el plato de comida ahí. Terminaba de comer, se levantaba y se iba, punto. Entonces allá venía mi mamá peleando. Mi hija mayor, Estefanía, —que tiene una mezcla, es idéntica a él y a mí— pues venía también por mi tío Camilo. Entonces agarra el plato, llévalo a la cocina, friega el plato, porque el niño no lo hacía. Entonces mi mamá peleaba. Pero bien,  ¿quién educó a esa gente así?

Camilo  Hela aquí.

Aleida  ¿Quién le permitió eso? Porque a mí nunca me permitieron dejar un plato sucio. Así te das cuenta de diferencias en la educación. Mi abuela, la madre de mi mamá, se molestaba conmigo si el niño estaba en la casa y yo iba y me servía mi plato de comida y a él no le servía. Ella se sentía indignada porque yo no le servía a mi hermano. Son cosas que tú te das cuenta que vienen de generación en generación, esas cosas podemos discutirlas. A veces le digo eres un huevón, ¡qué sé yo, cada cosa! Desde el punto de vista ideológico yo me siento muy, muy orgullosa de él porque, primero, es un hombre que sabe dónde está parado, muy inteligente, con un buen nivel cultural, es un buen lector, le encanta leer, es capaz de leer un libro, virarlo al revés, resumírtelo y tú te quedas mirándolo, pensando “¿Y este, de dónde sacó lo que está diciendo?”. Desde mi punto de vista muy modesto, de mis hermanos, él es el más brillante, incluyéndome a mí, desde el punto de vista intelectual. En ese sentido, yo lo respeto y admiro que un hombre joven sea capaz de reconocer los valores de sus mayores. Eso yo lo admiro de él. Mi hermana Celia es igual que nosotros. Puede que en algún momento pueda comportarse de una u otra manera, pero en la base, la ideología no cambia, en eso los cuatro coincidimos. De nosotros cuatro, tres hemos sido internacionalistas, menos Celia, que es médico veterinaria y nadie la pedía cómo médico veterinaria. Pero cumplió dos años de servicio social en el Escambray porque ella quiso. En ese sentido, somos una familia unida. Podemos discutir como cualquier ser humano…no sé, un día Ernesto le lleva un par de zapatos a Camilo, se los pone y Camilo le puede pelear, y yo le cojo una camisa a Celia y no se la he devuelto y Celia me dice ah…

 Camilo  Por suerte hemos tenido el apoyo de nuestra madre. Está al tanto de las cosas que nos suceden, tratando de aconsejar. Cuando no lo puede hacer directamente, a través de otro; cuando sabe que va a haber un rechazo directo de las cosas que puede plantear, lo pasa a alguien que está más cerca en la generación. Esas cosas ayudan mucho, uno discrepar en ese sentido, pero puedes oír y sabes que es algo que puede ayudar, que puede ser útil. Ella siempre ha tratado de pasar inadvertida; pero es una persona con unos tremendos méritos, que ha hecho mucho en su vida; que ha sufrido mucho también a consecuencia de ser la esposa del Che y además tener sus méritos, que  a veces no se le reconocen porque se opaca un poco la figura. También creo que es una gente muy buena y muy noble. Esa es la verdad, es lo que yo creo, me cuesta trabajo hablar de la madre. Del padre es fácil hablar y decir mil cosas.

Hablen un poco de su mamá, ¿cómo ha sido, cómo pudo criarlos ella sola?

Aleida   Es muy exigente, siempre fue muy exigente con nosotros y mantuvo una disciplina muy estricta. Ella tenía temor, ¡se quedó sola con cuatro niños muy pequeños! Yo era la mayor cuando mi padre muere, y tenía seis años, iba a cumplir siete, Camilo tenía 5, Celia 4 y Ernesto tenía 2. Éramos todos muy, muy chiquitos y mi mamá era la hija de un campesino con una educación muy estricta ella. Entonces, nosotros le hemos dado muchos dolores de cabeza. Te digo esto porque criar dos mujeres y dos hombres sin que los hombres dejaran de perder su hombría y que no perdieran nunca su virilidad, pero a la misma vez que las mujeres fueran mujeres, no es fácil. Porque la figura paterna no estaba para suavizar o para endurecer en alguna cosa, no. Y ella tenía gente que ayudaba,  eso es cierto, porque estaba Fello y Misael. Sobre todo, Fello es como un padre sustituto. Por supuesto, yo rápidamente sé que no es el mío, pero siempre lo quise mucho, a un gran tío. Era algo muy pegado a mí, el hombre que yo también podía contar para cualquier cosa, que a veces me hacía pasar vergüenza porque ya yo iba como madurando y él me consideraba todavía una niña.  Lo quisimos mucho a este hombre y fue muy importante en la vida nuestra. Porque mi mamá una vez que muere papá se encerró un poco en ella misma. Mi mamá se acostaba y nosotros cuatro ese día en fin de semana amanecíamos en la cama de mi mamá y mi abuela entraba y decía: “Ahí está puerca echá con los puerquitos”, porque para estar en contacto con mi mamá ella también entraba al cuarto.

Esas cosas como que desaparecieron una vez muerto mi papá. Ella no podía, ella se pasó dos años prácticamente que ni nos besaba. Yo, que era la mayor en ese momento, lo sentí mucho, porque mi mamá nos acostaba y nos daba besos o buenas noches y ya no lo hacía, no podía. Se quedó como vacía mi mamá… Es verdad que sufrió extraordinariamente. Pero yo le digo que es una mujer envidiable mi madre, porque pocas mujeres en el mundo podemos decir que un hombre nos amó con esa intensidad con que mi papá la amó a ella. De verdad, yo te digo las cosas que yo pude leer, que escribió mi papá sobre mi mamá. Ni en las mejores novelas románticas nunca las he leído, de verdad, nunca las he leído, es una cosa de honestidad de decir… yo necesito a esa mujer por esto, por esto, y por esto… ¡Cómo mi mamá se hace tan necesaria a un hombre tan lindo! Se le hace necesario vivir, mi padre es capaz de dejar eso atrás porque él sabe cuál es su obligación y la va a cumplir. Son cosas que se mezclan y ella tiene que haber sufrido mucho. Te digo que durante dos años vivió por inercia. Sin embargo, ella tiene que recordar un amor extraordinario. Ahora mismo, cuando llegaron los restos de mi papá, fue un momento muy difícil para ella ver aquella pequeña cajita recogiendo los restos. Mi mamá, que nunca habla, estaba en la guagua que nos conducía y dijo: “Pensar que esas manos me acariciaron tanto”.

Continuará..

Claridad 31 de octubre  al 6 de noviembre de 1997

 

Crisis al por mayor en la colonia

 

CLARIDAD

Durante las pasadas semanas la palabra “crisis” ha estado en boca de todos. Los medios de prensa y las redes sociales no hablan de otra cosa. En esta ocasión la “oferta” es variada porque el vocablo se utiliza en muchos campos. Según los múltiples comentarios, estamos inmersos en una “crisis energética”, tenemos un “sistema de salud en crisis”, el sistema educativo público anda por la misma senda, y a la Universidad pública, la mayor y más importante del país, también le aplica el vocablo. A lo anterior se añade la “crisis de corrupción”, con casi una docena de alcaldes admitiendo sus culpas en el tribunal, otros tanto en remojo y una exgobernadora bajo fianza tras ser acusada de recibir sobornos. También se habla de una “crisis de la vivienda” porque hay más de diez mil personas solicitando vivienda púbica sin encontrarla y los que pueden comprar tampoco encuentran o no pueden pagar los nuevos “precios de mercado”.

Pudiéramos seguir añadiendo servicios básicos en crisis (el sistema de carreteras, por ejemplo), pero con el primer listado tenemos suficiente. Noten que prácticamente todo lo que conforma el presente y futuro de un pueblo está colapsando. La educación necesaria para formar a niños y jóvenes, la salud que debe mantenerlos sanos a ellos y a sus padres y abuelos, la energía que nos permite operar en la casa y en el trabajo, la vivienda que nos debe proteger de la intemperie y el sistema de gobierno que nos permitiría operar como sociedad organizada. Nada de eso funciona con un mínimo de eficiencia, colocándonos en el tercermundismo más clásico.

¿Por qué hemos llegado a ese estado tan crítico, típico de un enfermo en estado terminal? Algunos dirán que es el resultado de otra crisis mayor, la de la deuda pública, que quedó expuesta en toda su crudeza en 2015 cuando se decretó el “impago” en las finanzas del gobierno. Pero otros países estuvieron en situación similar más o menos al mismo tiempo que nosotros -Grecia es el caso más destacado- y al cabo de siete años no se habla de un nuevo colapso generalizado como en nuestro caso. Todo lo contrario, hace unos meses el gobierno griego saldó por anticipado su deuda con el Fondo Monetario Internacional.

El estado de colapso público que padecemos a los siete años de haber estallado la “crisis de la deuda”, tiene una explicación que brota con mucha nitidez de nuestro problema mayor: el colonialismo. Como colonia al fin, al estallar el problema estábamos totalmente desprovistos de los mecanismos necesarios para enfrentarla, aquellos que de ordinario tienen los países soberanos. Quien procedió a imponernos su “solución” fue la potencia colonizadora, Estados Unidos. A miles de millas de distancia, sin que ninguna persona electa por los puertorriqueños pudiera votar ni participar activamente en el proceso, el Congreso y el Ejecutivo estadounidense impusieron el “remedio”. Este nos llegó en la forma de una junta supervisora, que no es otra cosa que un supra gobierno, con poder pleno para controlar hasta la más pequeña partida presupuestaria y determinar cuáles serán las prioridades del gasto público.

Además de tener control absoluto sobre el aparato gubernamental, la Junta de Control Fiscal (JCF) llegó a imponer una visión ideológica típica del más extremo conservadurismo económico, aquella que reduce el gasto público en los servicios básicos, promoviendo su privatización, y limita al mínimo la inversión social. En una palabra, el más puro y descarnado neoliberalismo.

Varias de las crisis enumeradas en el primer párrafo de este artículo están directamente relacionadas con acciones específicas de la Junta. La más sonada y comentada, una de las más sufridas por el pueblo y con consecuencias más generalizadas, es la de la energía eléctrica. Fue el organismo federal el que determinó que debía privatizarse la distribución de electricidad como primer paso, seguido más tarde por la entrega de la generación al capital privado. El resultado de esa privatización al trágala, por medio de un consorcio estadounidense (no faltaba más) no tengo que describirlo. A la angustia que vive el país con los continuos apagones y los cambios de voltaje, hay que añadir el impacto cada vez más negativo sobre la actividad económica.

Otra crisis directamente asociada a las acciones de la JCF es la del sistema educativo, más concretamente la de la educación superior. (La del sistema educativo primario y secundario se explica más por corrupción pública, particularmente la de los gobiernos del PNP en el Departamento de Educación). Sin considerar la función crucial de la UPR en la modernización de Puerto Rico, tan pronto comenzó a operar la Junta singularizó en la institución, reduciendo al mínimo la asignación de fondos públicos. El resultado ha sido un aumento considerable en los pagos que deben hacer los estudiantes, con la consecuente baja en la matrícula, reducción de la oferta académica, la pérdida de acreditaciones y el deterioro generalizado.

Las otras crisis también están relacionadas con la respuesta que el gobierno estadounidense, por conducto de la JCF, nos impuso tras el impago de la deuda. Por ejemplo, la austeridad generalizada, la destrucción de derechos y sociales, junto a otras medidas típicas del neoliberalismo, impactan a su vez el mercado de vivienda y la calidad de vida. El sistema de salud, privatizado desde antes de la Junta, ha continuado derrumbándose, mientras el gobierno y la entidad federal miran y no actúan.

Ante nuestros ojos, parece que el país se derrumba, pero en última instancia es el colonialismo el que está enfermo y en estado terminal. La JCF, y todo lo que hasta ahora ha representado, es tan solo uno de los síntomas.

Somos los ojos de Alba

Foto: todaspr.com

 

“Entendamos que el problema que no se nombra correctamente tampoco se atiende correctamente y entendamos que mientras más tiempo pase, más se expone a una persona sobreviviente de esa experiencia y más  peligrosa y revictimizante se torna la situación”.

Alba Toro Rivera, mujer ciega, se refiere a la experiencia de ser objeto de acoso y hostigamiento sexual.  En conferencia de prensa, Toro Rivera reclamó a la Autoridad Metropolitana de Autobuses (AMA) que atienda  con premura, rigor y dignidad su denuncia sobre acoso sexual cometido contra ella por uno de los conductores del programa Llame y Viaje. Este programa está dirigido a personas mayores de edad y a personas con impedimentos.

Acompañada de un nutrido grupo de representantes de organizaciones feministas, políticas y educativas, Toro Rivera, quien es ciega de nacimiento, narró que desde el 2019 ha sobrevivido al acoso sexual de un conductor del mencionado programa. En ese año notificó la situación a la supervisora del programa, con la cual se llegó al acuerdo de emitir una directriz para que no se le asignara al conductor. Aunque durante un tiempo no le fue asignado, en el 2021 sí lo hicieron en una ocasión. Desde marzo de este año, le han asignado al mismo conductor en tres ocasiones y en dos de esas ocasiones la severidad de los avances ha sido mayor.

A pesar de que ella notificó la situación y envió propuestas para atenderla, la respuesta de la AMA fue que  radicara una querella. Así lo hizo y durante este año la querella, alegadamente, fue investigada. Toro Rivera denunció que le informaron que el programa determinó que sus alegaciones sobre los actos de acoso sexual no pudieron ser corroboradas en la investigación. Que, no obstante, apercibieron al conductor para que ejerciera en el futuro la prudencia en el trato cortés, respetuoso y correcto, términos que no nombran lo que ella alega que fue lo que vivió.

“Yo necesito describirle que durante este tiempo he conocido sensaciones que para mí eran muy poco frecuentes. He conocido el terror, el miedo, el estar sensible de no saber si mi agresor pudiera estar cerca porque yo no puedo visualizarle de cerca ni de lejos hasta que no esté en una proximidad indeseable y peligrosa. He vivido la angustia de tener que ser yo quien se proteja de cada asignación del conductor, he vivido la frustración de que no se han contestado preguntas de cómo se va a hacer cumplir esa directriz más allá de la memoria de quien lleve la minuta. He vivido la frustración de sentir que la AMA ha despachado este abuso livianamente, como si se tratara de un asunto personal entre el conductor y yo: no se asigna ese conductor y ustedes no se ven más. Pero no toman en cuenta la dimensión, las implicaciones de no garantizar un espacio libre de acoso no solo para mí, para todas las personas que utilizamos el servicio, que dependemos del servicio y que no podemos huir, correr, defendernos fácilmente”, manifestó la trabajadora social y estudiante doctoral.

Además de acudir a la gerencia de la AMA, la perjudicada expresó que ha vivido la rabia y la frustración de ir a otras agencias, como la Oficina de la Procuradora de la Mujer (OPM), a la secretaria del Departamento de Transportación y Obras Públicas (DTOP), entre otras, y todas desestimaron la gravedad del asunto.

Dado a la indiferencia e incumplimiento con el estado de derecho, que exige a los patronos contar con e implementar la política contra el hostigamiento sexual tanto de la AMA como de otras agencias, diversas organizaciones lanzaron la iniciativa Seamos los Ojos de Alba, con el fin de apoyar tanto a Toro Rivera como a toda otra aquella persona que enfrente la misma situación.

A esos efectos,  exhortan a toda aquella  persona que conozca o sea testigo de alguna manifestación de acoso sexual, violencia de género o discriminen de parte de conductores o el personal la AMA contra cualquier persona a que lo denuncie llamando a los números del programa Llame y Viaje: 787-274-1032 o 787-763-2473 (TTY para personas sordas) o a las oficinas administrativas en los números 787-294-0500 ext. 599 y 787-758-8112. Se recomienda  que tome el nombre y puesto de la persona que atienda su llamada.

En este clima en que las agencias no rinden cuentas sobre sus transgresiones, debemos insertarnos en iniciativas solidarias como estas, que procuran que todas las personas disfruten de calidad de vida esperanzadora, afirmaron.