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Mujeres libertarias a través del arte de Delia Cabrera Cruz

 

 

Buenas tardes. Muchas gracias por acompañarnos hoy en la presentación del libro Mujeres libertarias a través del arte de la compañera Delia Cabrera Cruz.

Para mí es muy significativo regresar a este lugar donde estuve por última vez en enero de 2020, junto a mi compañero Rafael Cancel Miranda, en la presentación de su libro Detrás del espejismo.  Ese fue su último libro y esa su última presentación pública.

Hoy, Rafael  estaría muy complacido, como lo estamos todos, de ver la obra pictórica de Delia Cabrera recogida en este libro que perpetúa la imagen de 40 mujeres puertorriqueñas que dedicaron su vida a la lucha por la libertad de la Patria y a forjar un país más justo para todas y todos. La imagen final, la número 40, es de una niña, Valeria Camila (p. 96), quien ya es una jovencita, y cuya imagen reafirma la certeza en que la lucha libertaria continuará, como lo afirmó don Pedro Albizu Campos, generación tras generación.

En primer lugar, voy a hacer algunos comentarios sobre los dibujos. No soy crítica de arte, pero no hay que serlo para que una pieza nos emocione, o nos sorprenda al evocar recuerdos o sentimientos dormidos.  Desde esa mirada muy personal voy a compartir con ustedes mis impresiones sobre algunos de los rostros contenidos en el libro de Delia Cabrera, a los que acompañan unos breves datos biográficos.

La primera imagen del libro corresponde a Celestina Cordero Molina (p.18), nacida a finales del siglo XVIII, maestra de niñas en su escuela en la calle Luna del Viejo San Juan. Su rostro, dibujado en grafito, es luminoso.  Mujer joven, mulata, de ojos curiosos, boca firme, con turbante y traje blanco. Me pregunto ¿será de hilo o de blanquín, tela de algodón, económica, que se usaba en la época?  Los apuntes que acompañan el dibujo nos dicen que era hermana mayor del maestro Rafael Cordero.  Pero, contrario a su hermano, nadie la pintó en medio de su tarea de enseñanza a sus discípulas, niñas pobres de los barrios de la ciudad amurallada.

Si me permiten, quisiera hacer una breve digresión sobre un dato relacionado con el óleo del maestro Cordero, hermano de Celestina, que pintó el gran retratista Francisco Oller. De acuerdo con un artículo titulado Maestros y milagros, sobre el maestro Rafael Cordero, publicado por el licenciado José Nicolás Medina Fuentes en la revista digital <ochentagrados.net>, el pintor venezolano Manuel Loveras, quien de niño había residido en San Juan y sido discípulo del maestro Cordero, de adulto, ya desarrollado como pintor, hizo un dibujo de su maestro.  El maestro Cordero accedió al retrato con la condición de que no se exhibiera mientras él viviera.  Luego de la muerte del maestro en 1868, el dibujo fue fotografiado y publicado en el periódico, y en 1892, 24 años después de la muerte del maestro Cordero, Oller utilizó la foto del dibujo, junto a su recuerdo del maestro, a quien había visto, ya viejo, para pintar su famoso cuadro “La escuela del maestro Rafael Cordero”.

Hago esta digresión porque recuerdo que Delia me comentó que no había encontrado una imagen de Celestina, de manera que, echando mano de su libertad artística, procedió a imaginarla. El dibujo de Celestina es una imagen imaginada.  ¿Acaso es una falta a los cánones del rigor histórico?   Opino que no.  Nada menos que el gran pintor Francisco Oller tuvo poco más que una foto reproducida en una hoja de periódico del siglo 19 para producir una de las grandes obras maestras de la plástica puertorriqueña.  Delia soñó y dibujó a Celestina tal como yo también imagino que sería: joven, mulata, de mirada inteligente y porte elegante.

Casi todos los dibujos de Delia Cabrera toman como punto de partida cuadros o fotografías existentes, pero algunos, me confesó, que los soñó, y sus lápices añadieron luz, sombras, color, profundidad y hasta elementos nuevos. Tal es el caso de la joven mártir Antonia Martínez (p. 88), a quien le añade dos lágrimas a la imagen fotográfica ampliamente conocida de Antonia. ¿Será que todavía continúa nuestro llanto por la vida tan injustamente arrebatada y que espera para que se haga justicia?

Otra imagen que me impresionó es la de la piel surcada de Isabel Rosado (p.40), surcos que nos invitan a contemplar a la mujer- tierra, dispuesta a ser sembradío de las esperanzas de un pueblo en lucha. La autora me comenta que elaboró el dibujo a partir de una fotografía tomada cuando doña Isabel ya contaba con 106 años. Pienso que es la imagen de una larga vida abriendo surcos para sembrar las semillas de la libertad, surcos que Delia refleja tan acertadamente en su dibujo.

La interpretación de Delia Cabrera de la imagen de su compueblana comerieña Juana Colón (p. 27) es una pieza impactante, de colores brillantes, mulata hermosa con una corona de hojas de tabaco, la cual no descansa sobre su cabeza, sino que cada hoja sale de su piel para formar un semicírculo alrededor de su rostro.  Nada más apropiado para una organizadora obrera de la región tabacalera del país.  En sus notas biográficas, Delia nos comenta que Juana era lavandera, planchadora, comadrona, santigüera y dirigente del Partido Socialista de la época.  Pienso que fue una mujer que no necesitó que la “coronaran”, sino que era una reina por derecho propio y de su fuerza interior brotaba su corona de hojas de tabaco.  Así la soñó, reconoció y dibujó la artista.

En su libro, Delia Cabrera nos presenta los retratos de 31 mujeres históricas, ya fallecidas, 8 mujeres contemporáneas y una niña. A algunas de las libertarias históricas tuvimos el honor de conocerlas. A las mujeres contemporáneas las conocemos y damos fe de que éstas también tienen bien ganado el título de libertarias.

Entre ellas, encontramos los rostros de mujeres que dejaron profundas huellas en el quehacer patrio:  Myrna Báez, Marisa Rosado, Brunilda García, Myrna Vázquez, doña Providencia (Pupa) Trabal, Josefina Vélez, por todos conocida como doña Fifo, madre de las hermanas Lucy y Alicia Rodríguez.

Afortunadamente, muchas de las mujeres de la década de 1940 en adelante, todavía nos acompañan.  Delia Cabrera las presenta sonrientes, hermosas, con mirada de mujeres libres y satisfechas con las decisiones que tomaron en la vida.  Para solo mencionar algunas, Flora Santiago, Rita Zengotita, Marta Aponte, Chabela Rodríguez, Lucy Rodríguez, Alicia Rodríguez.

Entre todas las libertarias, hay algunos detalles que llaman la atención. Por ejemplo, su lugar de nacimiento o crianza.   Al ubicar a cada una en un mapa de Puerto Rico, llama la atención que, de 40 mujeres, la mayoría nació o se crió en el oeste del País. En Mayagüez nacieron o se criaron 5, en Arecibo, Ponce y Jayuya, 3 en cada pueblo.  En el noreste de Puerto Rico nacieron 6 en San Juan; en el centro del País nacieron 3 en Cidra y 2 en Cayey y Caguas respectivamente.  Resulta interesante mencionar que 2 nacieron en Nueva York y 1 en Chicago.

Al mirar el mapa en su totalidad, observamos una ausencia de figuras femeninas en la región este del País, con las muy honrosas excepciones de doña Isabel Rosado y Flora Santiago (p. 76). Tienen que haber existido y no tengo duda de que hoy día existen y están en lucha día tras día.  Falta que hagamos lo que hizo la artista Delia Cabrera: rescatarlas del anonimato y del olvido.

En los dibujos de los rostros de estas mujeres, el arte de Delia Cabrera transmite la mirada de triunfadoras, de quienes tomaron el batón de las mujeres que les precedieron y llevaron la lucha libertaria a nuevos horizontes  A todas, las que nos precedieron y las que afortunadamente todavía están entre nosotras y nosotros, y que siguen luchando en estos tiempos tan difíciles, nuestro más profundo cariño y agradecimiento.

A Delia Cabrera, que ha puesto su talento, el tiempo bien ganado de su retiro, su inspiración y un esfuerzo enorme en este proyecto, mis felicitaciones y el mayor agradecimiento por haberme permitido tener una pequeña participación en este proyecto de mérito dual, puesto que ha puesto su talento artístico al servicio de la tan necesaria documentación histórica.

Delia, creo que no me equivoco al decir que todos y todas esperamos por lo próximo que nos puedan regalar tu dedicación y tu talento a través los lápices y pinceles. Espero que sea pronto.

Gracias a todos y todas.

Texto de la presentación del libro el sábado 6 de agosto en la sala Leopoldo Santiago Lavandero en Caguas.

Nacionalistas: el debate en torno a la identidad y la independencia entre 1904 y 1918 (I)

 

 

 

Contextos complejos

En un volumen que publiqué en 2003[1] me propuse discutir un asunto olvidado por la historia cultural de la política puertorriqueña. Me refiero a la relación entre el separatismo independentista confederacionista de la segunda mitad del siglo 19 y el independentismo nacionalista moderado y radical de la primera mitad del siglo 20. La reflexión estaba dirigida a explorar el efecto del 1898 en la lucha por la soberanía. El separatismo independentista confederacionista extendía sus raíces hasta el 1864, maduraba tras la derrota de la Insurrección de Lares (1868) y el estancamiento de la Guerra de los 10 Años (1868-1878) en Cuba, y se profundizaba en el marco de la Gran Depresión (1873-1896) y el auge del imperialismo europeo en África. El independentismo nacionalista moderado y radical respondía a la crisis de la confianza en el régimen estadounidense manifiesta entre 1903 y 1904 en un sector de la clase política local, crecía entre 1922 y en 1930 con la escisión de dos nacionalismos que chocaban con el Partido Unión, convivía con el socialismo amarillo y rojo y dominaba el panorama ideológico hasta fines de la década de 1950.

Los discursos de una y otra vertiente eran distintos. Se trataba de dos formas de construcción de la identidad y la soberanía diferentes. Todo sugiere que en el entorno del separatismo del siglo 19 y en el del independentismo del 20, el proyecto identitario y soberano divergía: una nación colectiva identificada con las Antillas y la República de Puerto Rico no eran lo mismo a pesar del trasfondo republicano común a ambas. El antillanismo de fuerte entronque geopolítico, económico y secular como proyecto modernizador que despreciaba a España y al cual apelaron los rebeldes antes del 1898, en especial Ramón E. Betances; se transformó en la primera década de dominio estadounidense en un antillanismo cultural que evaluaba el pasado hispánico, su lengua y su fe como un legado monumental que debía ser rescatado y reproducido, según afirmaba José de Diego.

La antilogía mayor se relacionaba con las representaciones de España y Estados Unidos en el contexto de una geopolítica compleja. En general, para los separatistas del siglo 19 España era un enemigo del progreso y un estorbo para la modernización mientras que Estados Unidos se proyectaba como un apoyo más o menos confiable para aquellos fines. Ello condujo a que algunos separatistas propendieran hacia la anexión a Estados Unidos, José Francisco Basora o José Julio Henna por ejemplo; mientras otros, Betances y Eugenio María de Hostos en especial, preferían la nación colectiva identificada con las Antillas que afianzara sus lazos con Hispanoamérica y Europa y tomara distancia de Estados Unidos. A pesar de los múltiples encontronazos entre anexionistas e independentistas, el separatismo subsistió unido hasta la guerra del 1898.[2] El elemento en común de ambos sectores era la necesidad de desespañolizar a Puerto Rico.

Para los independentistas del siglo 20 el asunto era más sinuoso. Algunos vieron en Estados Unidos un aliado del progreso y un apoyo para la independencia hasta fines de la década de 1920. El citado De Diego en el Partido Unión desde 1904 y José Coll y Cuchí, uno de los fundadores del Partido Nacionalista, en 1922 lo veían de ese modo. Para aquellos la soberanía se debía construir en buenos términos con Estados Unidos. Otros como Rosendo Matienzo Cintrón y Rafael López Landrón, desconfiaban del capital monopólico o trustista estadounidense y articularon un proyecto de resistencia en 1911, el Partido de la Independencia, dispuesto a prescindir de Estados Unidos. Pedro Albizu Campos en 1930, en medio de la Gran Depresión (1929-1939), culminó el proceso fundador de la retórica antimperialista en Puerto Rico con un fuerte acento político y cultural. El énfasis del discurso de 1911, social, fraterno, igualitarista, horizontal, antiespañol y antiestadounidense; cedió en 1930 al nacionalismo esencialista, corporativista cristiano, vertical, hispanófilo que dominó la retórica independentista hasta fines de la década de 1950. El elemento en común de ambos sectores era la necesidad de reespañolizar a Puerto Rico.

El arreglo político de 1952, el ELA; y el arreglo económico de 1947, OMO o la industrialización por invitación, fueron en parte responsables de la decadencia de aquella mirada que ya no daba para más. Puerto Rico demolió de forma atropellada un ordenamiento agrario con sus hábitos culturales y levantó de sus cenizas un ordenamiento industrial con los suyos. Una serie de factores globales favorecieron el éxito parcial de aquella retórica propia del PPD y sus comentaristas. El optimismo de la posguerra, la reconstrucción y el bipolarismo maniqueísta dominante revalidaron un cambio ambiguo, plagado de zonas oscuras.

Un inconveniente historiográfico es que, por las necesidades de la lucha por la soberanía, la continuidad entre el separatismo del siglo 19 y el independentismo del siglo 20, se presume y no se problematiza. Las luchas por la emancipación política de Puerto Rico entre 1860 y 1950 no fueron homogéneas: la libertad, en última instancia, significaba diversas cosas. Los debates al interior del separatismo y el independentismo, un tema que usualmente se evade, hablan de la riqueza intelectual de un discurso devaluado desde ciertos focos de poder intelectual. La situación es, en parte, resultado de la imagen que el orden hispano y sajón les impuso como propuestas subversivas.

Comprender la heterogeneidad del pensamiento separatista e independentista en sus esfuerzos por articular la emancipación política de Puerto Rico, puede servir para enfrentar uno de los grandes clisés de la historia cultural de la política. Me refiero a la concepción de que aquellas propuestas han fracasado por su falta de unidad y su fragmentación. Un argumento similar podría esgrimirse para explicar el fracaso del anexionismo y el estadoísmo, ideología plagada de tantos debates internos como el separatismo y el independentismo, asunto que habrá que comentar en otro momento.

 ¿Qué hacer? Independentistas moderados y radicales a principios del siglo 20

Las contradicciones también florecieron al interior del independentismo nacionalista moderado y radical entre 1904 y la década de 1960. La mayor parte de ellas pueden ser comprendidas al socaire del pasado confuso que he referido. El Partido Unión (1904-1922), pretendió sintetizar todas las alternativas no-coloniales en un frente común: estadidad, self-government e independencia.[3] Cada una de las posturas de la Base Quinta reinscribía y reformulaba ciertas aspiraciones y prácticas políticas del siglo 19 ajustándolos a la realidad del 20. El estadoísmo revisó al anexionismo y, sin España en el escenario, se desentendió de la separación, un concepto ambiguo que acabó sugiriendo la independencia. Los remedos del autonomismo moderado de 1887 se reinvirtieron en el self-government.  Y la independencia se distanció del confederacionismo antillano formulado por Betances y Hostos, por un lado, y José Martí y Gregorio Luperón, por otro, y adoptó el lenguaje de la Nación Estado como principal opositor de la estadidad.

El partido/frente amplio unionista nunca tuvo la capacidad de representar a todos los convocados, como era de suponerse. La retórica de Luis Muñoz Rivera, imponente, lírica y confusa, interpretó a la estadidad y la independencia como estatus que resultarían de un largo periodo de self-government. En la práctica el unionismo actuó como un partido autonomista moderado comprometido con frenar el avance de las ideas extremas, función que también cumplió el Partido Popular Democrático desde las elecciones de 1944. Todo sugiere que, en ambos casos, aquella actitud garantizó su éxito electoral.

De otra parte, un fragmento significativo del estadoísmo siguió vinculado al Partido Republicano Puertorriqueño y a su caudillo José Celso Barbosa. La estadidad imaginada por Barbosa o por Luis Sánchez Morales en el seno del republicanismo dependía mucho de las concepciones autonomistas radicales de 1887 que distanciaron a Barbosa y Muñoz Rivera hasta el fin de sus días[4]. Por último, De Diego nunca representó a todo el espectro del independentismo nacionalista moderado y, a pesar de que el nacionalismo radical de Albizu Campos lo convirtió en su icono preferido, la distancia entre ambos era notable. El respeto que ambos abogados manifestaban por el autonomismo del siglo 19 fue crucial en el congenio. La independencia con el protectorado de Estados Unidos imaginada por De Diego estaba más cerca de la autonomía moderada de 1887, del plattismo neocolonial que se aplicaba a la República de Cuba y, si uso el lenguaje de Betances, equivalía a una “media independencia” que el separatismo independentista confederacionista había rechazado[5]. En el fondo la postura de De Diego reconocía la “incapacidad” para la independencia absoluta del país y no difería mucho de la “colonia autónoma” de Sánchez Morales.

En última instancia entre la crisis legislativa de 1909 y la crisis económica del 1913, la relación entre el independentismo nacionalista moderado y Estados Unidos se hizo más tensa. El estadoísmo, como lo demuestra la lectura de la correspondencia de Barbosa, viejo autonomista radical, y Roberto H. Todd, viejo separatista anexionista, empezó a desconfiar del compromiso de los republicanos estadounidenses con su causa. El ascenso de los demócratas al poder y la Gran Guerra de 1914, alteraron el juego político en la colonia. Sobre aquella base no era posible darle una respuesta contundente a Estados Unidos. El intento más coordinado y progresista fue el que ejecutó el Partido de la Independencia (1912-1914).[6]

Me parece, y este es un riesgo teórico que me tomo, que si el Partido Unión no fue sino un “partido autonomista moderado comprometido con frenar el avance de las ideas extremas”, entonces la historia de la lucha por la independencia debería comenzar con la poco conocida experiencia política del Partido de la Independencia desde 1912. La amnesia respecto a aquel esfuerzo puede explicarse porque sus posturas colisionaron con la mirada del unionismo y De Diego, los iconos del independentismo nacionalista moderado.

Tensiones: aquellas querellas entre gente culta

Entre 1904 y 1918 el independentismo no poseía un discurso identitario y un proyecto de soberanía uniforme. La perspectiva del Partido de la Independencia, del Partido Unión de Puerto Rico, así como la del Partido Nacionalista de 1922, eran desiguales. Las pugnas más agrias se dieron alrededor de contradicciones irresolubles, a saber:

  • El debate entre la independencia con el protectorado de Estados Unidos de De Diego versus la independencia en pelo de Matienzo.
  • El desacuerdo en torno a si Estados Unidos era un potencial aliado o un potencial enemigo de la independencia.
  • La oposición entre una concepción nacionalista, vertical y jurídica de la relación entre Puerto Rico y Estados Unidos propia de De Diego, ante una concepción social, horizontal y económica de la relación entre Puerto Rico y Estados Unidos propia de Matienzo Cintrón.
  • La discrepancia en cuanto al lugar que debía ocupar el pasado hispánico en el desarrollo de la identidad y la búsqueda de la soberanía, cuestión que oponía la hispanofilia clerical de De Diego, al antihispanismo, la voluntad desespañolizadora y el secularismo de Matienzo.

Tras el conflicto presupuestario del cual derivó la huelga legislativa de 1909 y el inicio de las discusiones sobre la posibilidad de imponer la ciudadanía estadounidense colectivamente a los puertorriqueños en 1911, el independentismo comenzó a revisarse teóricamente. Una serie de asociaciones cívicas y culturales, tales como el llamado Partido Independiente, la Asociación Nacionalista y la Asociación Cívica Puertorriqueña articularon un discurso a favor de la independencia en pelo defendida por Matienzo. En 1912 ya se había fundado el Partido de la Independencia, organización que de Diego criticó en el artículo “¡Alerta y en guardia!” recogido en sus Nuevas campañas.[7] La cruzada internacional para recabar apoyo a la independencia de Puerto Rico ejecutada por De Diego en 1916 y la profundización del debate en torno a la ciudadanía estadounidense en 1917, el cual involucró a figuras como Luis Lloréns Torres y Antonio R. Barceló, enriquecieron la discusión.

Debates ideológicos y jurídicos aparte, el ambiente fue terreno fértil para el desarrollo de complejos ataques personales que la densa cultura literaria de los antagonistas y su peculiar apropiación de un presente complejo, convirtieron en verdaderas joyas literarias. Con “Alí-Biberón, Califa de la Isla de Pasmos, Tigelino su consejero y unos Jóvenes Turcos” (1912) un texto dialogal denso de Matienzo, se estableció la pauta y el tono.[8] El lenguaje del autor posee una sugerente y paradójica “oscura transparencia”. El lector se encuentra ante una sátira agresiva de aliento volteriano que recuerda la narrativa betancina de fines del siglo 19. Cualquier genealogía del humorismo y la sátira política puertorriqueña debería mirar en esa dirección.

“Alí-Biberón” no era otro que el gobernador George Colton, un ranchero y militar que gobernó a Puerto Rico entre 1909 y 1913 que residía en la calle Allen con su hermana Margarite y tres sirvientes. El nombre sugiere su situación de autoridad. Alí es un derivado de Alá por lo que resalta su poder. A la vez que sugiere su pasión por el licor: “biberón” es una palabra francesa que en el siglo 19 sugería una borrachera atroz.

“Pasmos” simbolizaba el Puerto Rico paralizado o anonadado que veía el autor. “Pasmo” es un concepto utilizado en Puerto Rico desde el siglo 18, está registrado en la historia de Iñigo Abbad y Lasierra, que sugiere un padecimiento diverso propio de las zonas tropicales.[9] De ese modo, el partido Unión de Puerto Rico era presentado como la “Unión de los Pasmados” (19), organización que Alí-Biberón señalaba como “partido separatista” y a la cual estaba comprometido a destruir (20). El grupo separatista, concepción heredada de la retórica del siglo 19, había nacido de la “falta de inteligencia” o acuerdo entre ambos países (19). Para el gobernador  era inconcebible su existencia en “esta Isla tan pacífica, tan dulce y tan pasmada o dada a pasmos o trincamientos” (18).

“Tigelino”, remite al Prefecto de la Guardia Pretoriana y consejero principal del emperador Nerón antes de la quema de Roma (64 d. C) y no era otro que de Diego. El poeta y activista de Aguadilla era un “ofidio” o una serpiente malvada y  seductora que alardeaba de su cultura clasicista con el fin de impresionar a los “Jóvenes Turcos” sumisos al gobernador Colton (17). El autor evalúa la política como una cadena adulación: los “Jóvenes Turcos” lisonjean a “Tigelino” y este hace lo propio con “Alí-Biberón”. El espacio público era una parodia en la colonia.  Designar a los unionistas con el mote de “Jóvenes Turcos” no era otra cosa que un inteligente insulto. El nombre apelaba a una organización nacionalista del fin del Imperio Turco que, con el andar del tiempo entre 1915 y 1923, persiguió a los griegos y organizó el genocidio de los armenios.

De Diego era presentado como la caricatura de un intelectual, un diletante y un elitista que usaba su retórica para evadir la discusión de los problemas medulares del país.  Su pedantería y pomposidad romántica era catalogada como antimoderna y retrógrada. “Tigelino” se proyectaba como independentista (separatista a los ojos de Colton) pero aceptaba como Muñoz Rivera que aquel proyecto era “pura teoría” (19) o “metafísica” (20).  A ello se sumaba un hecho contundente que siempre revienta los oídos del colono hasta el presente.  “Tigelino” dominaba el latín y el francés pero no conocía el inglés. En un aparte con “Alí Biberón” le susurra al oído: “Yous piquingles, Mister” (17). La retórica tradicional o ateneísta de De Diego fue un lugar común en la crítica de sus adversarios dentro del independentismo.

El “Nativo de Pasmos” representaba al pueblo genuino. Matienzo lo proyecta como el único capaz articular respuestas al orden colonial y defender la identidad nacional: “Diga usted de nosotros lo que quiera, que somos indolentes, sinvergüenzas, boca abajo. ¡Pero que nos trincamos! No” (19) Para el nativo la ley Foraker no era otra cosa que una “tiranía con disfraz” (19). Un entendimiento entre Puerto Rico y Estados Unidos era imposible y protestaba el desplazamiento de “nosotros los nativos” por los “patos cojos” o políticos venidos a menos que provenían de Florida, los carpetbaggers o aventureros oportunistas con capital y, claro está, los trust o monopolios que aprovechaban la riqueza del territorio. Matienzo acusaba a De Diego de ser parte de aquel saqueo y de beneficiarse del mismo. La disputa no se quedó allí, por el contrario, se profundizó, como veremos en la siguiente columna.

 

[1] Mario R. Cancel Sepúlveda (2003) «VI. El plattismo en la política exterior de Estados Unidos: los casos de Cuba y Puerto Rico (I)» y “VI. El plattismo en la política exterior de Estados Unidos: los casos de Cuba y Puerto Rico (II)» en Anti-figuraciones: bocetos puertorriqueños (San Juan/Santo Domingo: Isla Negra): 99-150
[2] El interesado puede consultar Mario R. Cancel Sepúlveda (24 de julio de 2020) “Pensar el separatismo: el planteamiento de un problema” en Puerto Rico entre siglos URL: https://puertoricoentresiglos.wordpress.com/2020/07/24/pensar-el-separatismo-el-planteamiento-de-un-problema/
[3] La retórica del frente amplio ciudadano y plural, una crítica consistente a la eficacia del partido político moderno,  se ha reiterado una y otra vez desde diversos posicionamientos ideológicos en la historia de Puerto Rico: la Alianza Puertorriqueña, la Coalición Puertorriqueña, el Partido Popular Democrático, el Congreso Pro Independencia, el Frente Amplio Pro-Constitución de la República, el Movimiento Pro Independencia, el Comité Unitario Independentista, Boricua Ahora Es y el Movimiento Victoria Ciudadana, entre otros, no han adelantado un consenso en realidad ilusorio pero han servido muy bien al adelanto de las aspiraciones de caudillos particulares.
[4] Véase el reclamo de 1913 del estatus de “colonia autónoma” por la imposibilidad de conseguir la estadidad en el “Manifiesto a los republicanos y al país” en Gonzalo F. Córdova (1991) Luis Sánchez Morales servidor ejemplar (San Juan: Editorial Académica/ La Obra de José Celso Barbosa y Alcalá Inc.): 96, 98, 237-242, entre otras. El documento puede ser consultado en Mario R. Cancel Sepúlveda, editor. Documentalia: Historiografía de Puerto Rico desde el 1898 al presente URL: https://horomicos.files.wordpress.com/2020/03/sanchez_morales_1913.pdf
[5] Sobre la “media independencia” véase Paul Estrade (2017) “El heraldo de la independencia absoluta” en En torno a Betances: hechos e ideas (San Juan: Callejón): 223-239
[6] Ver Rafael Bernabe (1996) Respuestas al colonialismo en la política puertorriqueña 1899-1929 (Río Piedras: Huracán)
[7] José de Diego (1974) “¡Alerta y en guardia!” en Nuevas campañas (San Juan: Cordillera): 90-96. De Diego usaba el argumento de que aquellos no eran un partido político electoral, para así enaltecer la capacidad de la Unión como representante del pueblo de Puerto Rico. Para de Diego el Partido de la Independencia no era más que una “Corporación privada” y una “sociedad o compañía particular”.
[8] Rosendo Matienzo Cintrón (1912) ““Alí-Biberón, Califa de la Isla de Pasmos, Tigelino su consejero y unos Jóvenes Turcos” en Luis M. Díaz Soler, editor. Rosendo Matienzo Cintrón. Recopilación de su obra escrita. Tomo II (San Juan: Instituto de Literatura Puertorriqueña): 17-20. Las citas aparecerán entre paréntesis dentro del texto.
[9] María Vaquero y Amparo Morales (2006) Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico (San Juan: Academia Puertorriqueña de la Lengua Española) 585-586

Las películas en los ojos de Miguel

Miguel Angel Esteban

 

 

Especial para En Rojo

 

I hope I can make it across the border. I hope to see my friend and shake his hand. I hope the Pacific is as blue as it has been in my dreams. I hope…

Red (Morgan Freeman), The Shawshank Redemption

Mi amistad con Miguel Ángel Esteban Font comenzó y culminó con la muerte. El martes, 5 de octubre de 2021, marcó el final de la amistad cuando Miguel murió a sus 52 años a consecuencia del COVID. Pero nuestra amistad se inició en agosto del 1985. Tata, la abuela/madre de todos en mi casa, murió la madrugada del sábado, 17 de agosto. Regresé a la escuela ese martes, 20 de agosto. Recuerdo un cielo muy gris y unas ganas terribles de esconderme en una esquina de la biblioteca. Pero la risa regresó inesperadamente esa tarde en la clase de inglés de noveno grado de Mr. Matos. El maestro hizo que cada uno se presentara diciendo a lo que se dedicaban nuestros padres y lo que nos gustaba hacer en nuestro tiempo libre. Miguel, el tipo nuevo, dijo que su papá y su mamá eran doctores. Pero lo dijo con una sonrisa de ceja alzada que tenía un poco de sarcasmo y bastante de nervios. Mr. Matos le preguntó en qué rama de la medicina trabajaban y Miguel respondió que no sabía. Luego Miguel le dijo con la misma sonrisa que a él le encantaba el surfing. Cuando Mr. Matos le preguntó en qué playa, Miguel dijo que no sabía. Por esto, Mr. Matos le mandó de asignación averiguar qué tipos de doctores eran sus padres y en qué playa le gustaba surfear. Esto se convirtió en una broma entre Miguel y Mr. Matos. El maestro empezó muchas de sus clases preguntándole a Miguel sobre sus padres. Un día Miguel contestaba que eran dentistas. Al otro día decía que uno era pediatra y el otro era cirujano. También decía un día que le gustaba surfear en Vega Baja y al otro día decía que en Bayamón. Miguel quedó como el payaso del grupo. Esa semana, Miguel se acercó a mí y, casi sin conocerme, me devolvió dos bolígrafos que me había robado de los bolsillos de mi pantalón. Hasta el día de hoy, no me explico como el tipo hizo para sacarme las cosas de mis bolsillos sin que me diera cuenta. Gracias a ese embustero con sonrisa de medio ganchete a lo Popeye es que tuve uno de los años más divertidos en la escuela. La pérdida de Tata se hizo más manejable por las risas que me esperaban en el salón de clases gracias a Miguel. Mi noveno grado terminó en mayo de 1986. Al final de ese último día me fui con mi hermano al cine para ver mi primera película de terror en la pantalla grande, April Fool’s Day (dir. Fred Walton, EEUU, 1986). La película es una de esas joyitas ochentosas en el género del slasher que mezcla el humor con el terror y cuyos ecos se sienten en la más reciente Cabin in the Woods (dir. Drew Goddard, EEUU, 2011). April Fool’s Day pasará desapercibida para muchos, pero siempre será especial para mí. Fue la primera película que me recomendó Miguel.

Miguel era un cinéfilo muy particular. Se obsesionaba con las películas en las que se sentía identificado y no aventuraba mucho fuera de los géneros que le gustaban. Miguel tenía un grupo de películas que revisitaba constantemente y que revelaban quién él era. Nunca se veía como el personaje principal, sino como uno secundario actuado por algún actor de carácter que nunca había protagonizado en Hollywood, pero que siempre dejaba su marca. Por ejemplo, aunque adoraba Braveheart (dir. Mel Gibson, EEUU, 1995), no se veía como William Wallace (Mel Gibson). Miguel se veía como Argyle (Brian Cox), el tío que viene a buscar a Wallace cuando este se queda huérfano. A pesar de que solo aparece en la película por unos minutos, Argyle perdura por su explosión de presencia. Visualmente lo leemos como un guerrero iluminado. Es un hombre que parece esculpido en una piedra con pelo largo y una cicatriz vertical que le cruza un ojo. Esa roca le dice al joven Wallace que para usar la espada tiene que primero usar su mente. Ese era Miguel, el tipo que muchos menospreciaban porque lo consideraban secundario a todo. Sin embargo, tenía una visión artística e intelectual que, aunque indisciplinada, era única precisamente porque no se originaba en una educación formal. El muchacho que nadie notaba y de cuyo intelecto tantos dudaron, tenía una profundidad insondable. Pude conocer a Miguel mucho más allá de sus payasadas y bromas precisamente porque entendí quién era él a través del cine.

La videoteca de Miguel contaba con las películas tradicionalmente asociadas a un yaga, como Miguel se refería a sí mismo usando el término como una traducción de geek. Tenía las dos primeras trilogías de Star Wars, la trilogía de The Lord of the Rings y la trilogía de The Matrix, entre muchas otras. Si confiamos en una apreciación superficial de su colección, obtendríamos una visión limitada de Miguel. La armonía de las trilogías no reflejaba el caos y las complejidades de mi amigo. Para ello, habría que ir más profundo para reconocer las cualidades que hacían de Miguel aquel payaso divino que invitaba al caos cuando se reía en los momentos más oscuros. Asocié esta cualidad con una trilogía que Miguel adoraba y que siempre tuvo en VHS, The Evil Dead (1981), Evil Dead II (1987) y Army of Darkness (1992), dirigidas por Sam Raimi. Cada película sigue al personaje de Ash (Bruce Campbell) que se enfrenta a unos espíritus malignos que lo quieren poseer. Ash es un bodoque bocón y presumido. Su interminable resistencia hasta al final lo transforma en un héroe con escopeta en mano y una sierra eléctrica de prótesis en la otra. Miguel era una combinación de risas tontas que refrescaban el malestar, actos absurdos que entretenían a todos los que lo conocimos y comentarios que develaban un universo que pocos divisamos.

Miguel y yo jugábamos con la idea de que todos vivimos en una película. Para Miguel, todo era un performance que retrataban sus ojos. Cada momento que captaban las cámaras de su mirada tenía un significado en la película que solo él notaba. En mi caso, el pensarme en una narrativa que solo mi mirada capturaba, inevitablemente me llevó a pensar en cómo yo también era un personaje en las miradas de todos los que me notaban. Pero Miguel nunca llegaba tan lejos porque siempre se sintió como un fantasma en el que nadie se fijaba. Él vivía satisfecho con esa realidad. Por eso la película que grababan sus ojos tornaba al inadaptado que todos menospreciaban en una figura heroica que solo él admiraba. A Miguel lo fascinaban el vagabundo asesino (Emilio Echevarría) de Amores Perros (dir. Alejandro Iñárritu, México, 2001), el silencioso Donny (Steve Buscemi) de The Big Lebowski (dirs. Joel e Ethan Coen, EEUU y Reino Unido, 1998) y Auggie Wren (Harvey Keitel), el dueño de una pequeña tienda de tabaco en Smoke (dir. Wayne Wang; Alemania, Japón, EEUU; 1995). Es precisamente Auggie Wren el personaje en el que siempre encontraré a Miguel. En la película, Auggie se estacionaba todos los días con una cámara al frente de su negocio. Allí tomaba una foto que conservaba en una serie de álbumes para documentar los fragmentos de historias que transitaban por las aceras frente a su tienda. Este era Miguel, el que siempre retrataba lo que nadie notaba y que acumuló en su recuerdo un sinnúmero de imágenes cuya belleza se nos escapaba a todos.

 

A finales de los 80, le mostré a Miguel una corta secuencia que, para aquel entonces, era lo más glorioso que yo había visto en el cine. En un histórico corte de Lawrence of Arabia (dir. David Lean, Reino Unido, 1962), el personaje de Lawrence (Peter O’Toole) mira fijamente un fósforo prendido. El soplo de Lawrence apaga el fósforo y, a través de uno de los cortes más perfectos de la historia del cine, enciende un sol que se asoma en un inmenso cielo del desierto. Sin pensarlo dos veces, Miguel me contó que en el cine nunca se dejaba un fósforo prendido. Justo antes de cada corte, todo fósforo prendido tenía que ser apagado. Hasta el día de hoy busco ese fósforo que se mantendrá prendido más allá de la transición entre una imagen y otra. No sé si me mintió y ni importa. Esa luz sin apagar es la que reflejará en la gran pantalla del final todas las historias retratadas por los ojos de Miguel. No es en Zihuatanejo, sino en esa sala donde espero encontrar a mi amigo. Y espero que no se incomode cuando lo abrace, pero es que me ha hecho mucha falta.

 

Ciclo delicado 

 

Olympe está agotada.

Física y mentalmente.

No sabe cuál es peor. Solo que su agotamiento es atroz.

Han sido escasas las horas de sueño durante las últimas semanas. Tirarse en su cama a dormir a pata suelta, como antes lo hacía, es un lujo inaccesible. Como antes. Eso le suena tan lejano. Meterse entre sus sábanas calientitas, olorosas y mullidas. El aire acondicionado por debajo de los sesenta. La habitación a oscuras y ella remoloneando divino.

La paz.

Como antes.

Ocio sobradamente placentero.

Ahora es bien diferente.

Algo se sospechaba durante la preñez pero jamás pensó que el cambio fuera tan drástico, tan violento. Pecó de ingenua, sabe, aunque no se lo reprocha. Innecesario castigarse así.

Y todo por culpa de Nicos. Por culpa de él y nadie más.

Por sus exigencias.

Por el llanto constante.

Nicos es una máquina que no cesa. Con baterías eternas. Una tortura.

Olympe devino esclava de la criatura.

Esclava de ese gran tirano embutido en un cuerpo mínimo y frágil.

¿Por qué llora tanto?, se cuestiona ella.

¿Por qué se comporta cual cliente empollón al que nada satisface?

Tremendo fastidio que provoca. Conoce niños silenciosos, cooperadores, fáciles de manejar. Masitas tiernas que colonizan inmisericordemente el cuerpo de sus madres, pero con poderoso encanto. Pero a ella le tocó el indócil. Se lo repite así misma. Sin miedo. Convencida. Le tocó el inconforme, el quejoso, el llorón, el desencantado. Le tocó el no chulito. Nada más cerrar los ojos ligeramente y el llanto de Nicos que se cuela por sus oídos como salitre entre rendijas. Lloriqueo a todo pulmón. Hambre, cólicos, el pañal sucio. Cualquier pretexto para mortificarla. Nicos el chantajista. Nicos el engreído. Y luego el trajín de las botellas, la fórmula, sacarle los gases, limpiar los vómitos, el mal olor, la crema para que no se queme, la ropita adecuada para evitarle el frío. Un operativo permanente y horroroso.

El tiempo ya no es de Olympe sino de él. Solo de él.

De ese cuerpo vivo y demandante nombrado Nicos.

 

No tiene a nadie que le ayude. ¿El padre de Nicos? Un polvo rabioso tras una noche de discoteca, cocaína y alcohol. Ahí quedó.

Tampoco tiene amistades. Olympe siempre ha sido una huraña crónica. Se dice incapaz de cosechar relaciones a largo plazo.

Ni pensar en su madre. Rompieron hace tiempo.

Pero sería bueno que alguien estuviera ahí. Claro. Una mano con las cosas más básicas. Podría dormir un poco más. Fantasea. Dormir. De solo pronunciar la palabra queda hipnotizada. Dormir un poco más. Olympe no pide mucho. Unas horitas de sueño reparador y ser feliz, cómo no, ser feliz de nuevo. Como antes.

Pero no hay nadie. Ni siquiera para contratar. Es la realidad y ella la maneja como debe.

Le toca encarar el asunto sola. Fin del asunto. Hacer algo para superarlo.

Algo.

Le urge.

Algo.

Antes que la angustia le gane.

Antes que se sienta insuficiente ante ella. Y descolocada. Sin remedio.

Antes que sobrevenga el desbordamiento.

Antes de la resignación cual tsunami. De la autoconmiseración.

Olympe no quiere caer ahí.

Lo ha analizado con honestidad.

Rehúsa caer en ese boquete. Sería lo peor.

Zozobrar.

Solo está cansada.

Está reventada, más bien. Y no puede seguir así.

¿Por qué vivir con este problema?

¿Por qué?

La pregunta se le ha alojado en su cabeza de unos días para acá.

Ha dejado que permanezca. No la espanta sino permite que haga eco.

¿Por qué?

Permite que cale más. Que arrecie su efecto.

¿Por qué no buscarle una solución y superar el asunto?

Eso.

Sacarlo del medio.

Vivir en la solución y no en el problema, se dice a su favor.

El remedio.

Solucionar y ser feliz.

Empoderarse y ser feliz. Lo pronuncia y ríe.

Empoderarse.

Feliz.

A la mierda el sofocamiento.

El sufrimiento nunca es opción.

Ella es joven. Tiene el futuro por delante. Se lo dijo su propia madre tantas veces antes de romper. Joven. Guapa. Brillante. Talentosa. Mírame a mí, también le dijo alguna vez, me puse a parir y se me fue la vida en esas.

Olympe piensa en todo eso.

Solucionar. Ahí la llave, la puerta.

Solucionar y hacer suyo el tiempo.

Solo suyo.

Toca ya.

Antes que se le vaya la vida.

 

Sábado.

Mañana fresca.

Unos pájaros revolotean en las ramas cercanas a su balcón. No sabe qué son, pero le encanta escucharlos. Y verlos. Muy reconfortante mientras toma su jugo verde.

Olympe ya decidió.

Solucionará su problema.

Esta segura.

Y muy tranquila. Confía que todo saldrá bien. No prevé contratiempos.

 

El niño duerme. Tempranito le dio una ligera dosis de medicina para alergias. Solo un poco para sosegarlo.

Lo mira en su pequeña cuna.

Sería tan fácil ponerle una almohada encima. Prensar un poquito. Pero no.

Lo toma, envuelto en sus sabanas, y lo mete dentro de la lavadora. Ese modernísimo aparato diseñado para alivianar la vida doméstica.

Adiós, Nicos, dice antes de cerrar la tapa.

Le regala un beso que suena al fruncir los labios.

Elige el ciclo delicado. Puro antojo. Sin detergente. Estaría demás.

Aprieta el botón.

La máquina funciona inmediatamente.

Apenas se oyen los ruidos de su eficiente mecanismo digital.

 

Del cuerpo dispondrá luego. El triturador de alimentos. Otra ventaja al alcance de su mano.

Olympe cierra los ojos.

Inhala y exhala varias veces.

Siente su cuello destensarse.

Una brisa entra por el balcón y ella, de pie junto a la mesa del comedor, la disfruta. Su bata juega al ritmo del viento.

El silencio. Lo goza, al fin.

La tranquilidad.

La deleitable despreocupación luego de tres semanas infernales atendiendo al niño.

Ni se pregunta qué hacer a continuación.

Respuesta sobradamente obvia. Una larga y merecida siesta.

 

Crucigrama: Tina Modotti

Especial para En Rojo

Horizontales

2. Assunta Adelaide Luigia «Tina» _____ Mondotti; revolucionaria y fotógrafa italiana precursora del fotoperiodismo crítico. Luchó por los derechos de los desposeídos en México, país que hizo su patria.

8. Campesinos leyendo _____ Machete; foto histórica de Modotti de 1929 en México. Modotti trabajó en el periódico comunista en el que escribía Julio Antonio Mella.

9. Antiguamente la nota do.

12. Nombre de dinastía china del año 9 al 23.

14. Parte del ave.

15. Otorgas.

17. Miembro del grupo étnico que habitó el mítico Aztlán.

19. Echar retoños o hijos una planta.

21. Negación.

22. Estado de la República de la India cuya capital es Panaji.

24. Símbolo del oro.

26. Sobresalto.

28. Divinidad egipcia.

29. Amarré.

30. Tercera nota musical.

31. Árbol de la familia de las anonáceas.

32. _____ manos del titiritero; foto de Modotti de 1929.

35. Mujer _____ bandera; foto de Modotti de 1928.

36. Partido _____ Mexicano; Modotti se unió a esa colectividad en 1927.

41. Nombre de la letra b.

42. Segunda nota musical.

45. _____ Poniatowska; autora de «Tinísima», biografía novelada sobre Modotti.

47. _____ Neruda; escribió un poema a la muerte de Modotti que es epitafio en la lápida de la revolucionaria en el panteón Dolores de la Ciudad de México.

48. Conjunción gramatical.

49. Quejido.

50. Símbolo del osmio.

51. _____ Antifascista Giuseppe Garibaldi; en 1939, de regreso a México tras su exilio, Modotti se unió a esa organización.

52. Tina Modotti _____; fue expulsada de México en 1930 acusada de conspirar contra políticos mexicanos. El presidente Lázaro Cárdenas anuló la expulsión en 1940.

Verticales

1. _____ del Carmen Ruiz Sánchez; seudónimo usado por Modotti para entrar a España y participar en la Guerra Civil. Trabajó en el diario republicano «Ayuda».

2. _____; país donde Modotti residió desde 1923 y se desarrolló como revolucionaria y en el arte fotográfico.

3. Olfateé.

4. Escuché.

5. Tejido delgado y transparente.

6. _____; país natal de Modotti.

7. Augusto _____ Sandino; Modotti participó con el Partido Comunista Mexicano de la campaña «Manos fuera de Nicaragua», en apoyo a la lucha de Sandino.

10. Jóvenes pioneros en _____ Unión Soviética; foto histórica de Modotti en la URSS.

11. Tercer hijo de Eva y Adán.

13. Símbolo del neodimio.

14. Campeón.

16. 17 de _____ de 1896; nacimiento de Modotti.

18. 5 de _____ de 1942; fallecimiento de Modotti mientras se dirigía a su casa luego de cenar con amigos como Pablo Neruda.

20. _____ Antonio Mella; revolucionario cubano asesinado cuando paseaba junto a Modotti por una calle mexicana.

22. Gandul, arbusto de fruto en vainas con semillas pequeñas y muy alimenticias.

23. Del verbo atender.

25. Trabajadores _____ paro; foto de Modotti de 1926.

27. Sombrero mexicano con el martillo y _____ hoz; foto de Modotti de 1927.

32. Donde, poéticamente.

34. Conjunción latina que significa y.

36. _____ Sánchez Manduley; guerrillera de la Revolución cubana.

37. Que amenaza.

38. Asó ligeramente algo.

39. Poned las frutas en arlos o colgajos.

40. _____ Modotti; se alistó en el Quinto Regimiento y trabajó con las Brigadas Internacionales con el nombre de María, hasta el fin de la Guerra Civil en España.

41. Uno de los nueve departamentos que conforman el Estado Plurinacional de Bolivia. Su capital es Trinidad.

43. Río de Galicia.

44. _____ elegancia; foto de crítica social tomada por Modotti en 1928.

46. Persona encargada de niños o jóvenes y de cuidar de su crianza y educación, fem.

47. Incienso usado por los indígenas de Guatemala.