Después de sacar las camisas, los pantalones, los zapatos, queda la fila de ganchos que no se puede botar tan fácilmente, montones de plástico o metal, cosas que sobran, cosas que se botarán también, y luego qué hacer con el espacio vacío, esa boca abierta que parece gritar de tanta luz que entra ahora entre las puertas abiertas. Enmarcados quedan, en extraño dibujo, esos aparatos colgantes desde los cuales pende una memoria.
Se descuelga, se tira, se acumula en una estiba casi con rabia, sin fijarse demasiado en la calidad de las telas, sin pensar en la historia de cada pieza, todo sale de la casa, todo irá a otro lugar, ocupará otro clóset, vestirá otro cuerpo, tendrá una historia nueva, olvidará. Es la fuerza de la resaca, y ya sabemos que después de cada rabia, queda un rastro.
Quedan los ganchos vacíos alineados en el tubo del clóset. Podría decirse que son como fantasmas, pues evocan la presencia del traje o el vestido, superior o inferior, camisa o pantalón, que a su vez evoca al cuerpo que cubrían o descubrían, cuerpo que también se irá quedando vacío de persona, cuerpo que pretendía contener todo lo que era una persona, esa persona que no estará en su casa y no necesitará las vestiduras. Ese cuerpo es el rastro de una envoltura de un cascarón para un misterio.
Van cayendo al suelo, como hojas muertas, los últimos ganchos. Reunidos, aglomerados, se entrelazan como para no perderse. Nadie sabe cómo, pero aun en reposo, aun si dejamos cerrado el cuarto por muchos meses, es común encontrarlos abrazados, de tres en tres, a veces en inexplicables nudos, como si supieran que un día vendríamos a buscarlos.
Aquí, una sobra: un gancho solo, el que quedó después de la última visita. Es de metal, delgado y luminoso. Solo, así desnudo e inútil, vacío de persona y de memoria, el gancho es otra cosa, es artefacto útil, es monumento, es signo de interrogación, es signo. Cuándo abandonó aquel cuarto y se presentó en mis sueños para colgar de allí estas palabras.
En cada turno, los jugadores asumen uno de los siguientes roles: gobernador, alcalde, capitán, comerciante, prospector, colono, constructor y artesano. Cada rol les ofrece ventajas y desventajas en el establecimiento de plantaciones de café, tabaco, azúcar, el arbusto índigo y maíz. Los roles también posibilitan la construcción de edificios para el funcionamiento de la colonia. Cabañas de construcción, fábricas, hospitales, haciendas y residencias son algunas de las edificaciones que sirven de infraestructura para el proyecto colonial.
En el diseño del juego, la violencia colonial queda expuesta y normalizada, lista para servir de entretenimiento “sano”. Para Seyfarth, no hay necesidad de dorar la píldora; su creación trasciende cualquier demagogia que presente a la isla como algo más que una colonia.
El pie forzado de este ensayo ha sido la posible relación pasada y actual entre las máscaras ibéricas precristianas (Portugal y España) y los Vejigantes de Puerto Rico. ¿Hay, como han sugerido estudios hispanófilos, incluyendo el trabajo fundacional de Ricardo Alegría, una herencia ibérica derivada de los juglares, payasos festivos, diablitos y Caretos? – tal vez lo que describe Cervantes: “llegase uno de la compañía que venía vestido de bojiganga, con muchos cascabeles, y en la punta de un palo traía tres vejigas de vacas hinchadas; en cual moharracho, llegándose a don Quijote, comenzó a esgrimir el palo y a sacudir el suelo con las vejigas y a dar saltos, sonando los cascabeles . . . (“Don Quijote”, II, xi, 627).
El contexto de la novela indica que este “bojiganga” –lo que parece convertirse en “bejigante” en el léxico puertorriqueño en 1747 (Alegría, 1954; Harris, 2001)—es parte de una tropa rodante de actores que asumen estos papeles de fiesta en fiesta. Esto es un poco diferente que fiestas oriundas de un lugar y da la impresión de un grado de especialización, si no profesionalismo en la actuación—lo que sabemos que sí fue el caso en el teatro español de la época.
La segunda parte de Don Quijote se publicó en 1615, pero ya para el 1591, Shakespeare describe un “mummer” –traducción de bojiganga al inglés—muy similar como un “wild Morisco/Shaking . . . his bells” en “Enrique VI”, parte II, 3.1. ¿Sería este bailarín “Morisico”/”mummer”/”Morris”/”Moorish” igual al “bojiganga”, a los Caretos ibéricos, a los eventuales “bejigantes” del siglo 18 en Puerto Rico? Lo que tanto Cervantes como Shakespeare describen son formas precristianas sobrevivientes en una Europa ya cristiana, ya convertida a través de varios siglos de proselitismo activo y militante. Sin embargo, no mencionan máscaras.
Sin duda, hay una impresión táctil y visual inmediata de similitudes entre los Caretos ibéricos y los Vejigantes puertorriqueños. Fui a los pueblos al noreste de Portugal en diciembre 2018 y febrero-marzo de 2022 para explorar esta supuesta herencia e investigar cómo se traduce en las prácticas y los artefactos concretos actuales de tres elementos fundacionales: máscaras, vestuarios y desfiles.
Los Caretos de Varge, Ousilhão y Podence en Bragança y de Lazarim en Viseu en Portugal y el Zangarrón de Sanzoles en Zamora en España, son parte de la cultura celta que cubría grandes espacios geográficos de Europa y precedía la hegemonía católica del siglo 10 en adelante. Por eso, hay tanta insistencia en la literatura sobre los Caretos en la nomenclatura de “máscaras precristianas”, precisamente porque esto significa pre-europeas no en términos geográficos, sino como la idea de “la civilización europea” que va formándose con la expansión teológica y política de la iglesia católica y conversión de casi toda la población continental.
Desde las Cruzadas, y ciertamente desde Marco Polo en adelante, emerge esa noción eurocéntrica de la exclusividad –que incluye la construcción de superioridad blanca—de los estados imperiales de la “civilización occidental”. La creatividad “precristiana” tiende a socavar esa construcción restrictiva y devolvernos a una mayor fluidez cultural en que las culturas de Europa, África, el Medio Oriente y hasta Asia intercambiaban e influyeron con mayor facilidad.
Esto es lo que Graeber y Wengrow (“The Dawn of Everything”, 2021: 239-244) describen como “zonas culturales” mesolíticas que cubrían e intersectaban de manera intercontinental. Las formas y tecnologías de cosechar y cocinar, de vestir y bailar, de cazar y casarse, de crear herramientas y artefactos, de celebrar y tocar música y hasta de festejar y representarse no eran exclusivas. Nómadamente, cruzaron fronteras geográficas, lingüísticas, étnicas y religiosas compartiendo su conocimiento cultural.
Este intercambio no cesó con el desarrollo de la agricultura y el establecimiento de ciudades. La influencia cultural africana visitó a Europa antes y a través de Egipto, Grecia, Roma y la ocupación islámica. Existía una riqueza cultural precristiana de influencias intercontinentales o universales que incluía fiestas de máscaras, vestuarios y desfiles.
Entonces vemos la inversión de lo que normalmente asumimos: como un acto de proselitismo, la iglesia intentó domesticar –catolizar—las fiestas y otras manifestaciones culturales “paganas” de las poblaciones “bárbaras” para poder entender y controlarlas. Incorporaron lo que no pudieron eliminar y el calendario católico reemplazaba el que había existido anteriormente. Entre otras cosas, fue un ensayo para lo que pasaría con las manifestaciones culturales originarias y africanas en el Caribe y las Américas después de 1492.
El cuento se complica más por que ya había una población africana en España antes de 1492 como resultado de la exploración portuguesa y española de la costa oeste del continente desde los 1430. Por eso, llegaron ladinos africanos como esclavos, marineros y soldados a Puerto Rico y Santo Domingo con Colón y Ponce de León y para el 1520, africanos esclavizados ya habían llegado de África.
Actualidad de las máscaras
Al concluir la primera parte (En Rojo, 21 abril 2022) de este ensayo sobre las fiestas invernales navideñas que documenté en diciembre de 2018 en Bragança, Portugal, escribí: “Estas fiestas mantienen su estructura y estilo año tras año. El mundo alrededor puede cambiar dramáticamente, pero los elementos básicos de festejar con máscaras, vestuarios, procesiones y música tradicional de gaita, tambor y bombo sigue su propio ritmo. Es un día en que los habitantes, y quizás especialmente los Caretos, pueden mirar atrás hacia los ancestros que ocuparon estos mismos espacios hace más de dos mil años. Con suerte, por compartir el espacio, podemos mirar hacia atrás con ellos”.
Esta cita también sirve como una definición metafórica del término yoruba egungun, que refiere a los ritos, fiestas, celebraciones y actuaciones que llaman con sus máscaras, vestuarios, bailes, música y comidas a los ancestros –los sin cuerpos– para que regresen, vivan y gocen temporeramente a través de los cuerpos y acciones de los vivos. Utilizar egungun para describir fiestas precristianas ibéricas lo saca de su contexto africano para verlo como una manera de experimentar nuestra memoria generacional, ubicar nuestra identidad en el presente y proyectarla hacia el futuro.
Con ajustes menores, se podría escribir casi lo mismo sobre las fiestas de Santiago Apóstol de Loíza. Hace dos mil años atrás los espacios eran africanos y no puertorriqueños, y trasladar los participantes al espacio nuevo de Puerto Rico añade elementos que complican, pero no cambian la naturaleza del proceso. Las fiestas de Loíza, y del Caribe en general, son doblemente africanas: por vía directa a través de los africanos –esclavizados y no esclavizados– que llegaron a Puerto Rico del siglo 16 en adelante y por Europa y la formación de fiestas y tradiciones milenarias precristianas que cubría África, Egipto y Medio Oriente, Grecia, Europa Central, Italia, la península ibérica, Europa Atlántica y hasta Inglaterra e Irlanda.
Fotos: Lowell Fiet
La tradición de fiestas que trajeron los españoles a Puerto Rico –si así fuera el caso—ya era familiar a los recién llegados africanos. No tenían solamente una predisposición natural, sino que llevaban consigo la memoria cultural africana y a la vez universal de máscaras, fiestas, desfiles y música. En otras palabras, los Caretos caribeños que los españoles querían llamar Vejigantes ya existían antes y bajo otros nombres en las tradiciones vivas de la población africana que llegó a Puerto Rico al lado de los españoles. No hubo amnesia cultural ni una pérdida de su historia. Asumir los santos y días sagrados católicos fue su manera de resiliencia y sobrevivencia política dentro del ambiente hostil y explotador del siglo 16.
Creer en una raíz ibérica tiene una historia en las aproximaciones académicas y populares a las fiestas de Santiago Apóstol de Loíza, pero es una visión no solamente limitada y parcial, sino ignora lo más fundamental de lo que relaciona las fiestas y máscaras ibéricas y sus contrapartes puertorriqueñas: las características universales que subyacen las artes populares de ambas zonas.
Lo que vi en las fiestas invernales de Portugal y España representan una mezcla de similitudes y diferencias. Por ejemplo, las máscaras talladas de madera son similares a otras máscaras europeas y africanas, pero las máscaras de Puerto Rico están talladas de los cascos de coco. No vi ninguna máscara de tela metálica (“wire screen”), aunque estas máscaras, originalmente de Austria y casi universales en el Caribe y América Latina, llegaron aquí en el siglo 19 a través de Madrid. Según el pueblo de las fiestas, las máscaras ibéricas similares a las de los Caballeros están hechas de planchas de metal liviana pero también de cuero y en tiempos anteriores de corcho y madera. Además, el personaje del Caballero no existe como tal y la máscara de metal-cuero corresponde al Careto-diablito universal, como lo son todos.
Existen Locas y otros personajes femeninos, pero este personaje trasvestido es otra característica de fiestas africanas y universales y no exclusivo a Puerto Rico y el Caribe. No hay equivalente en Puerto Rico a la careta grande que los Caretos utilizan en procesión. Muchos de los Caretos caminan con palos, pero no noté ninguna vejiga actualmente en uso. Los personajes de las fiestas de carnaval del pueblo de Lazarim, que geográficamente queda más céntrico, muestran una talla de madera y vestuarios más afín a las fiestas invernales de Italia, Austria y la península balcánica. Sus vestuarios de fibras naturales también parecen más vestuarios de esas regiones y de África y no de los otros pueblos o de Puerto Rico. La lista sigue ad infinitum.
Mantener la memoria
La Diputación de Zamora, España y la Cámara Municipal de Bragança, Portugal han creado un proyecto conjunto que incluye el establecimiento del impresionante Museo Ibérico de la Máscara y del Traje en el sector antiguo de la ciudad de Bragança y un catálogo explicativo que detalle casi cada fiesta invernal de máscaras de España y Portugal.
No obstante, yo estaba más impresionado por los museos locales: la esquina de la casa del pueblo de Aveleda y su récord local que incluía una variedad de materiales de máscaras y la única vejiga que vi mientras estaba allá. El Centro Cultural de Vinhais, además de una biblioteca de recursos sobre las fiestas, privilegiaba una exposición extraordinaria de máscaras de madera. El pequeño y recién inaugurado museo del Zangarrón de Sanzoles de Zamora, España recrea una tradición centenaria en un ambiente contemporáneo.
En febrero-marzo 2022 visité el Centro Interpretativo de la Máscara Ibérica de Lazarim. Es de dos pisos de salas de exposición y actividades de taller. También escribí (parte II de este ensayo) sobre la “Casa do Careto” de Podence, un museo de un piso establecido en 2009 con varias salas de exposición dedicadas a los Caretos y su historia. La UNESCO declaró el Carnaval de Podence Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad el 12 de diciembre de 2019. Son museos oficiales con plantas físicas, personal y facilidades y colecciones permanentes en pueblos de 250 a 700 personas y son un reflejo de un profundo sentido de orgullo e identidad cultural.
El centro cultural de Loíza, en una esquina de la plaza frente a la entrada a la iglesia, no tiene recursos ni exposiciones similares. La recién inaugurada sala de exposiciones del parque de la Cueva María de la Cruz ofrece, en parte, una facilidad con la capacidad de hospedar una colección permanente, pero no ha sido posible mantenerlo como el espacio continuamente abierto y activo. El también recién inaugurado (9 de octubre de 2021) Casa Museo del Vejigante Miguel Ángel Pérez Santiago en Playa de Ponce representa un paso mayor en la dirección de crear un espacio similar de orgullo artístico y cultural para los Vejigantes de Puerto Rico y como una manera de mirar atrás a través de 500 años de colonialismo y desde allá siglos atrás hacia sus ancestros africanos y universales.
Una manera de concluir
En Puerto Rico, la iglesia y gobierno colonial intentaron controlar las maneras de festejar –que incluyeron el uso de máscaras—de la población africana por imponer el calendario sagrado de los santos católicos. Los afropuertorriqueños los aceptaron como una fachada en un proceso de innovar, reinventar y crear nuevas fiestas y nuevos personajes africanos.
¿Cómo preservar y adelantar las identidades, creencias y prácticas saludables de los ancestros para resistir la presencia e intervención continua colonial que ha durado durante más de 500 años? Como los tambores y otros instrumentos de percusión, viento y cuerdas, como la bomba y otras formas musicales de ritmo, movimiento y baile, las máscaras, vestuarios y desfiles son formas de expresión creativa precristianas y responden a la naturaleza e inteligencia humana. Responder a celebraciones o calendarios religiosos –la fiesta de San Esteban o Carnaval o las fiestas de Santiago Apóstol—es un aspecto secundario y variable. En efecto, cambian el color pero no el olor ni los pétalos de la rosa.
1. Hoy los pájaros se levantaron cantando más fuerte de lo acostumbrado.
Por un momento pensé que era para llamar la atención de Maricarmen ya que no hay alpiste en los comederos. Sin embargo, no era esa la razón.. Y no se por qué recordé el video que vi ayer en FaceBook donde los alumnos y ex alumnos, maestros y empleados cantaban por última vez el himno del Colegio Espíritu Santo. Me llamó mucho la atención que no escogieron el patio, ni el moderno gimnasio para cantar. Cantaban desde la calle.
2. Los primeros rayos llegan del este, y el sol acaricia las flores. Mientras camino por el jardín veo que los Iris empiezan a perder sus flores, pero no me causa pena, pues solo termina ese ciclo en sus vidas. Las flores volverán. El canto de las aves se eleva y me doy cuenta del problem: cuatro cuervos se posaron en el arce de mi vecina, demasiado cerca para el gusto de los sinsontes que anidan en una de las rosas.
3. «Colegio Espíritu Santo,
Alma Mater sin igual,
aurora de la enseñanza,
modelo del saber y del triunfar.
Colegio Espíritu Santo
eres flor de inspiración,
por eso te guardaremos
grabado en el rincón del corazón.»
Así dicen la primera y última estrofa del bello himno que compuso el ex alumno Franquie Jirau en 1956. Verlo cantando emocionado, en la calle frente a su Colegio cerrado fue conmovedor.
4. Ahora todos los pájaros cantan frenéticos. No es canción, es voz de alarma.
Los sinsontes salen ambos del nido, él se acomoda en el tope de mi chimenea, y ella sobre uno de los comederos, a unos diez pies del nido. ¡El peligro es real! El macho se lanza en caída libre, planea y pasa volando junto al comedero, ella lo sigue y como dos torpedos entran en el arce de mi vecina. Se desata un escarceo en el árbol. Logro ver algo entre las ramas. Los pájaros siguen entonando a todo volumen su frenética aria. De pronto cuatro cuervos salen volando despavoridos, él los persigue y los aleja a son de catimba. Ella, aunque yo sé que arde en deseos no lo sigue y regresa al nido.
Vuelve la tranquilidad al jardín.
Yo solo observo.
Las dalias empiezan a abrir sus capullos, y una mariposa revolotea las salvias.
Un canto nace siempre del corazón. Unas para calmar el dolor, en otras para renovar la fe y la esperanza. Hay cantos que nos avisan, que son una voz de alarma, y también cantos de victoria tras la batalla sobre los cuervos comeojos que nos acechan. Pero siempre, siempre nace en el corazón. Solo escucha y verás.
El autor es un trabajador retirado de la AEE. Paisajista y músico, vive en York, Pensilvania.
Estos días, el sur de Brasil vive fuertes olas de frío. En el noreste, el volumen de precipitaciones ha sido excepcional. En esta sociedad, el abandono de los más empobrecidos ha causado muchas muertes, innumerables personas sin hogar y grandes sufrimientos.
«La revista Planet Lancet Planetary, publicación científica, revela resultados de una investigación realizada por 30 investigadores internacionales: en todo el mundo, a cada año, la contaminación mata a nueve millones de personas. Desde 2021 hasta finales de marzo de 2022, de cada seis muertes, una fue causada por la destrucción de la naturaleza y contaminación del aire, del agua o del suelo. Mueren tres veces más personas en consecuencia de la crisis ecológica que por todas las enfermedades que afectan a la humanidad. En todos los continentes, eso ha sido provocado por la industrialización forzada, la explosión demográfica y la urbanización incontrolada» (Le Monde, jueves 19 de mayo de 2022, p. 9).
En este domingo 5 de junio, la Organización de las Naciones Unidas celebra el Día Mundial del Medio Ambiente. Hace cincuenta años, en esta fecha de 1972, se inauguró en Estocolmo (Suecia) la 1ª Conferencia Mundial sobre el Clima y el Cambio Climático. Ahora, 50 años después, científicos y activistas de la Ecología se reunirán de nuevo para intentar detener la marcha de la destrucción de la vida. Los datos muestran que esta forma de organizar la sociedad y la economía ya ha provocado la extinción de más del 90% de las especies vivas del planeta Tierra y todavía hay algunas que están en peligro de extinción.
Muchos se preguntan qué podemos nosotros, ciudadanos de a pie, hacer por esta causa. En primer lugar, debemos ser conscientes de que el cambio climático y fenómenos como las sequías, las inundaciones, terremotos y olas de frío o calor extremas han sido provocados por la acción de la sociedad. Podemos actuar desde la base para cambiar la forma en que nos relacionamos con la madre Tierra y la naturaleza.
Este año, en el mismo domingo 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, las Iglesias cristianas históricas celebran la fiesta de Pentecostés, que nos recuerda que el Espíritu Santo, viento del amor divino, se manifiesta en todo el universo. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta que, en el primer Pentecostés cristiano, personas de las más diversas naciones pudieron escuchar lo que decían los apóstoles, cada uno en su propia lengua y cultura (Hechos 2). El Espíritu Divino se manifiesta en las más diversas formas, según las espiritualidades propias de cada grupo. Donde hay cuidado de la Vida y responsabilidad por los demás y por la naturaleza, allí se manifiesta el soplo divino del Amor.