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Los intelectuales y la Revolución: sobre una conversación entre intelectuales cubanos en la primera década de la Revolución*

 

 

“Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada”.
Fidel Castro, 1961

En su estudio La narrativa cubana de la Revolución (1978), Symour Menton cita a Lisandro Otero como portavoz del incipiente gobierno revolucionario. Otero esboza una periodización de la narrativa a partir de 1959. Menciona cuatro etapas: el deslumbramiento, de 1959-1960, en la que los escritores alaban la Revolución por haber acabado con la dictadura de Batista; declaración Socialista de la Revolución, 1961-1962, en la que se limita la libertad de expresión artística, se intenta imponer el Realismo socialista, se desarrollan polémicas estéticas, surge la represión oficial y se crean organismos rectores de la cultura: UNEAC; de la poética de la Revolución, 1963-1965, en la que se publican novelas que exaltan la Revolución; de la polémica ideológica, 1966-1970, en la que se desarrolla una discusión sobre la función del escritor y la literatura en una sociedad revolucionaria (p.126-127).

Según Otero, la polémica en torno a la función del escritor en la sociedad revolucionaria alcanzaría su tono más alto durante los años comprendidos entre 1967 y 1970: “…desde 1967 en adelante, el gobierno comenzó a presionar a los escritores progresivamente. (p. 136)” Durante estos años surgen cruentas disputas entre los intelectuales y el Estado. Publicaciones como el libro de poemas Fuera del juego de Heberto Padilla y una obra dramática de Antón Arrufat, Los siete contra Tebas, minaron el terreno para lo que sucedería a partir de 1971.

Otero, sin embargo, parece obviar que fue Fidel Castro quien estableció la controversia ya desde 1961. Así lo reconoce el grupo de intelectuales que se reúne en 1969 con el fin de establecer un diálogo acerca de tal polémica. En la discusión, reunida luego en un texto titulado El intelectual y la sociedad (1969), varios escritores analizan la situación. A continuación, se reseñan algunas de estas ponencias.

El escritor salvadoreño radicado en Cuba, Roque Dalton, es el primero que expuso sus ideas. Alude inmediatamente a Castro y afirma que la situación entre los intelectuales y el gobierno ha evolucionado desde que el gobierno y los intelectuales se confrontaran en 1961:

Cada nueva etapa de la Revolución supone un nuevo abordaje del problema. En cada nueva etapa hay una nueva altura, por así decir, de la espiral en que nos volvemos a encontrar con el mismo problema, y nos encontramos con que el problema ya no es el mismo. Así pasó en 1961, cuando nos reunimos con Fidel en la Biblioteca Nacional… (p.7)

Dalton asegura en ese momento que el problema ha cambiado. Sin embargo, las interrogantes que se plantean en ese coloquio de intelectuales están basadas en los planteamientos de Fidel Castro en 1961:En estos momentos, cuando queremos plantearnos la relación entre el intelectual y la Revolución, este problema se nos presenta casi en la forma de una pregunta: ¿Es posible un intelectual fuera de la Revolución? ¿Es posible un intelectual no revolucionario? ¿Es posible pretender establecer normas del trabajo intelectual revolucionario fuera de la Revolución? … (p. 9)

Dalton discute con otros escritores las actitudes que debe tener un escritor para estar dentro de la Revolución, de la misma forma que enjuicia a quienes no se visualizan en ese contexto: “…la Revolución aquí propuso y propone a sus escritores el baño social…la falla ha surgido únicamente cuando el escritor o el artista le ha pedido a la Revolución que lo vea a él de manera excepcional, es decir, que la Revolución lo vea a él como él se ve a sí mismo… (p. 13)”

Sus palabras recuerdan las que escribió Virgilio Piñera, quien insistía en un reconocimiento de los intelectuales como clase. Las palabras de Fidel evolucionarían a través de los años hasta el momento en que estos escritores discuten que la declaración del carácter socialista, marxista-leninista, de la Revolución implicaba, al menos teóricamente, la desaparición de las clases sociales y los grupos con privilegios. Aunque aún a la altura de 1969, todos ellos se reconocían como intelectuales burgueses ajenos a la Revolución y en proceso de integración: “…es prudente enfrentarnos con la categoría de lo burgués que nos condiciona y nos motiva. (p.19)” Dalton va más allá y ve la necesidad de que el intelectual se integre al proceso revolucionario realizando otras tareas además de escribir, como sería unirse a la agricultura e incluso a los cuerpos armados.

Edmundo Desnoes, destacado narrador y ensayista, esboza también en el texto El intelectual y la sociedad una idea aún más controversial: el concepto de libertad. Su planteamiento busca justificar a los organismos rectores de la cultura y la represión oficial declarada contra aquellos intelectuales que, de acuerdo con este y otros criterios, atentan contra la estabilidad y la supervivencia de la Revolución. ÉL explica, desde su perspectiva, que el concepto libertad es y debe ser restringido:Yo creo que… muchos de nosotros hemos sido responsables de haber  creado…la ilusión de que en Cuba existía una libertad absoluta para  expresarse libremente…Esto es relativamente falso dentro de una  revolución. La libertad está condicionada por la Revolución., no es una libertad individual, caprichosa, que obedece a los deseos de un individuo, sino a una realidad que nos abraza y en la cual participamos (p. 26).

Desnoes plantea la visión marxista de que en una sociedad sin clases no hay espacio para el individualismo, sino que se debe pensar y proceder, a partir de la colectividad. Pensar en singular es ser egoísta, yoísta, tal como lo promueve el capitalismo; y todo participante del proceso revolucionario debe pensar primero en el pueblo del que, a fin de cuentas, también es miembro.

Se expresa también acerca de la realidad de una revolución acosada desde sus comienzos. La paranoia de la plaza sitiada, justificada o no, condujo a las autoridades a reprimir a diversos grupos, incluyendo a los intelectuales. Tales circunstancias comenzarán a tornarse aún más complicadas debido a los procesos políticos atados a la Guerra Fría. En lo relacionado a los intelectuales, se comenzará una especie de ‘cacería de brujas’ que tendrá su momento culminante con el “Caso Padilla” y el denominado “Quinquenio gris”, en los años comprendidos entre 1970 y 1975. El primero se refiere al arresto y encarcelamiento del poeta Heberto Padilla. El suceso se desarrolló a partir de la publicación de su poemario Fuera del juego en 1968. Este fue premiado, pero casi a la misma vez condenado como contrarrevolucionario por su temática y su tono. La polémica se intensificó hasta que en 1971 Padilla fue arrestado. Luego de varios días preso, este hizo una declaración en la que se retractó públicamente por atacar la Revolución e incluso delató a amigos y familiares. El arresto y posterior declaración del poeta repercutió internacionalmente. Entre sus consecuencias figuran las medidas represivas que se tomarían contra los intelectuales, sobre todo a partir del Primer Congreso de Educación y Cultura en 1971. A partir de ese momento, y durante aproximadamente cinco años el dirigismo cultural arreciaría en La Habana y sus alrededores. Ese lustro será denominado el “Quinquenio gris”.

Visto desde el presente en que se escribe, pareciera como si Dalton, Desnoes y los demás escritores que aparecen en el texto aludido estuvieran aún purgando el pecado original que señaló el Che en El socialismo y el hombre en Cuba (2007). Tal y como lo expresara Guevara, el sentido de culpa de actuar como una élite se percibe en cada uno de los escritos de estos intelectuales.

El escritor Ambrosio Fornet, crítico cubano, es elocuente en sus expresiones. Indica que los intelectuales no eran revolucionarios y que incluso en 1969 aún no se habían integrado al proceso. Solo que Fornet explica la situación desde el punto de vista de una confrontación entre escritores y un sector de políticos de línea dura, de un antagonismo entre dogmáticos y liberales, y que tal lucha hizo daño a la Revolución y a la política cultural de esta: “…era un terreno previamente abonado por los propios dogmáticos, que introdujeron la desconfianza en la vida cultural de un modo muy hábil: haciendo aparecer las diferencias de enfoque sobre los problemas culturales como diferencias políticas e ideológicas con la Revolución.(p. 51)”

La discusión de estos escritores se enfocará, entonces, en la función de la literatura en una sociedad revolucionaria. Se plantea si la literatura debe ser producida para el consumo de las masas, si se debe escribir para que el mayor número de personas comprenda y además se eduque.

Roberto Fernández Retamar aporta a la discusión y insiste en que la función del escritor y su obra no debe de ser ajena al pueblo y a su revolución. Retamar distingue entre los intelectuales tradicionales y los transformados, quienes, según él, son los “…realmente útiles”. (p. 78)   Se reafirma en que la labor del intelectual no puede estar fuera del pueblo y que el escritor no tiene el albedrío para atacar impunemente el proceso revolucionario, además afirma que: “…La única crítica válida del intelectual revolucionario…es, pues, la autocrítica, como se ha dicho aquí, autocrítica colectiva”. (p. 89)

Tres palabras resumen el proceso: Revolución, optimismo y pesimismo. Los protagonistas de estos sucesos se vieron sumergidos en una dialéctica maniqueísta cuyos resultados aún se debaten, se cuantifican y se valoran.

El autor es profesor en la UPR en Carolina.

Referencias
Dalton, R., et. al. (1969). El intelectual y la sociedad. México: Siglo XXI.
Discurso pronunciado por el comandante Fidel Castro como conclusión de las reuniones con los intelectuales cubanos, efectuadas en la Biblioteca Nacional el 16, 23 y 30 de junio de
1961. https://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1961/esp/f300661e.html. Recuperado junio
de 2008, pág. 2.
Guevara, E. (2007) El socialismo y el hombre en Cuba. Colombia: Ocean Sur.
Mentón, S. (1978). La narrativa de la Revolución cubana. Madrid: Plaza Playor.

El ruido del aguacero en la flama

1. Hace unas semanas fui transferido al taller de soldadura de la compañía. El taller de soldadura es pequeño, pero siempre está lleno de trabajo. Compactadoras que hay que reparar, tapas que reemplazar, fondos que hay que poner nuevos cada cierto tiempo, porque el lixiviado, (o como le llamamos acá, el caldo de momia) es cosa seria.

2. Desde el primer día me han asignado labores. No sólo mantengo limpio el taller, asisto en traer, cortar y sujetar planchas de metal mientras los soldadores les meten puntos de soldadura. Mis cortes con acetileno y plasma poco a poco han pasado de ser un garabato de curvaturas, a comenzar a tener el atisbo de una línea recta gracias al control del pulso, aunque debo admitir que me falta mucho por mejorar.

3. Hay días que los paso de la sierra de banco al acetileno. Primero es cortar las varillas a 16 pulgadas, y de ahí a con acetileno hasta que estén al rojo vivo, para hacer una L a ocho pulgadas. De ahí paso a cortar canales de acero de tres pulgadas de ancho, estos los corto a seis, cuatro y tres pies respectivamente.

4. El acetileno deja un resto que le llaman escoria. Hace unos años conocí a un cubano que llegó a Río Piedras desde Mariel y de ahí Miami. Su nombre no lo recuerdo. Él insistía en que lo llamaran Escoria. La primera vez que lo conocí, junto con otros nos invitó a que fuéramos a su apartamento a seguir bebiendo y escuchando música. Cuando entramos y encendió la luz, una millonada de cucarachas, de todos tamaños, se dispersaron por el apartamento. La mayoría nos quedamos de pie. A mí se me ocurrió pedir un poco de agua. Cómo no, respondió Escoria, agarrando del suelo un vaso que no se sabe cuánto tiempo llevaba allí. Abrió la nevera, llenó el vaso, lo puso en mis manos. Nunca lo bebí. No sé cómo pude lograr llevar el vaso hasta una mesa sin dejarlo caer.

5. Mientras remuevo la escoria del metal, recuerdo las historias de Escoria, por qué insistía en que su nombre era Escoria. Quizá, lo pienso ahora, quizá alguna vez escuché que dujo que su verdadero nombre era Manuel. Pero Escoria narraba una y otra vez su salida por Mariel, el castigo de ser declarado marginal por elegir ser hippie. Imagino el origen de Escoria allí, en el temple de un acero revolucionario, donde por amor se estaba hasta matando para por amor seguir trabajando. Él, como muchos otros, fueron el excedente a remover.

6. Uno de los soldadores me manda a cortar un pedazo de tola de acero con acetileno. Me mira prender la pistola, ajustar el acetileno y el oxígeno. Entonces me manda apagar la pistola. Lo primero, me dice, es que abres demasiado el acetileno. No hay que abrirla tanto, es un poquito, mira. Abre la perilla, y acerca el mechero. Chispa, puf. Una llama breve. Ahora, ves ese humo negro? No lo queremos. Abre la perilla y la llama incrementa hasta que el humo negro desaparece. Ahora viene el oxígeno, que lo abro hasta que las llamitas del medio estén iguales todas. Abre el oxígeno, e incrementa hasta que las llamas se ven iguales. Ahora, ¿no te das cuenta de algo? No, le contesto. Escucha, me dice. Ambos escuchamos en silencio, en medio de los ruidos del taller. ¿A qué te suena? No sé, no tengo idea. Yo te voy a decir. Suena a lluvia, a aguacero. Escucha. Escucho. Entonces, de la flama escucho el ruido de la lluvia. Un aguacero. Es cierto, se escucha un aguacero. Ajá, eso me lo enseñó un soldador cuando empecé aquí, y ahora te lo enseño a tí. Quiero hacerlo, quiero hacerlo, le arrebato la pistola y la cierro. Abro el acetilteno, pero un poco. Ajá. Abro. Acerco el mechero. Puf, la llama. Ahora, no queremos el humo negro. Ajá. Abro la perilla de acetileno hasta que no hay humo negro. Ahora, el oxígeno. Ajá. Pensé en tus muslos desnudos. Pensé en Escoria, cómo terminó trabajando de guardia nocturno, y luego desapareció de Río Piedras. De entre los recuerdos, escucho el sonido de un aguacero. Tengo el privilegio de que un soldador me haya transmitido el más hermoso poema sobre el ruido de la lluvia que hace una flama.

La mujer negra en la literatura puertorriqueña en Washignton, DC

Especial para En Rojo

40 años de gestoría cultural

afirmando raza género y clase:

“Ubuntú-Soy porque somos”

En días recientes, partimos hacia Washington DC a concretar una gestoría cultural. Estuvimos específicamente en Howard University y MT Pleaseant Library para darle curso a un proyecto cultural que veninos realizando hace varias décadas: Donación de literatura puertorriqueña en bibliotecas internacionales. ¿Por qué? Pues, no tenemos embajadas. Pretexto: lanzamiento de una nueva edición de La mujer negra en la literatura puertorriqueña: cuentística de los setenta. (1999) (UPR, ICP y Cultural) 2022.

Enmarcamos el evento a varios sucesos históricos importantes: Declaración Decenio de la Afrodescendencia (2015-2024) por la ONU y celebración de la Cumbre Internacional Afrodescendencia en Puerto Rico ( 21-27 de marzo de 2022) en Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. A través de lazos que se establecieron en esta CUMBRE, quisimos dar continuidad a estos. Pues, Puerto Rico, como decíamos, no cuenta con una embajada. La nación enfrenta un problema en la divulgación y distribución de una información distinta y diferente de sus creaciones culturales e intelectuales. Al ser un estado colonial mucho del trabajo cultural, especialmente el de la negritud, género, raza y clase se pierde entre el papeleo burocrático y las luchas políticas bipartidistas de la clase dirigente en el país. Al Puerto Rico, no tener control de los medios de producción estos proyectos resultan muy complejos llevarlos a cabo. Sin embargo, soy de las que creo que se pueden realizar si hay voluntad, pasión , amor, unidad de propósito y algo de cubierta económica en la bolsa de valores.

Así que contando con el auspicio de: Howard University , Afro-Latino Caucus, DC, Claudia Jones School Educación Political, Shangó(organización estudiantil), People World, escritore@s boricuas, diáspóricos, caribeños, diverso@s, descoloniales y otros, tomamos”la guagua aérea” para recibir la primavera en DC. No sin antes , pedirle un poco a Shangó, Yemayá, Jesús, Buda , Reyes Magos y a todos los Santos nacidos y por nacer; pues se acercaba la Semana Santa. En Howard donamos: La mujer negra en la literatura puertorriqueña (2022) de Marie Ramos Rosado, Afrofeministamente (2020) de Yolanda Arroyo Pizarro, El Mito Literario Yoruba en la Mujer Negra Caribeña: Mayra Santos Febres y Fátima Patterson Patterson (2021) de Yvonne Denis Rosario, Poemario Afrolírico (2020) de Dulce Coco, Destellos de la Negritud: Investigaciones Caribeñas (2018) de Marie Ramos Rosado, Errata de Fe (2015) de Carlos Roberto Gómez Beras, La Concepción de la Mulata en la Poesía de Luis Palés Matos (2008) de Ana Carmen Rodríguez Colón de Gonzales, ¡Negro y Negra! Afirmación y Resistencia: Memorias del Primer Congreso de Afrodescendencia en Puerto Rico (2015) y El negro en la literatura española (1992) de Manrique Cabrera.

El 6 de abril del 2022, la actividad universitaria se llevó a cabo en la Sala Ralph J. Bunche International Affair Center de Howard University. Se la dedicamos al Dr. José Ferrer Canales, quien en 1949 enseñó en Howard, Jaime Cruz Vega (“boricua amoroso”) quien realizó traducción simultánea del español al inglés y Arturo Griffith (panameño y organizador del encuentro). Este evento contó con una gran cantidad de público presencial.

El 7 de abril de 2022, celebramos otro con Afro-Latinos Caucus de DC en MT. Pleaseant’ Library. Este contó con un público diverso: boricuas, colombianos, salvadoreños, dominicanos, etc. Donamos los siguientes libros: Destellos de la Negritud , Poemario Afrolírico, María Calabó: de niña curiosa a mujer líder (2016) de Yolanda Arroyo Pizarro, ¡ Negro y Negra!: Memorias del Primer Congreso de Afrodescendencia en Puerto Rico (2015), La mujer negra en la literatura puertorriqueña , Mujer y Esclavitud en Santo Domingo (1993) de Celsa Albert Batista y otros.

Agradecemos al Dr. Dante O’Hara su colaboración en todo este proyecto; pero especialmente en la toma de vídeos y fotos, Dr. Clement Akasi por su invitación al café en Book-Poetry, a Lucy Murphy por la compra del primer libro, a la profesora de lenguas romances y extranjeras, Catalina Villar, por la gestión burocrática para donar los libros en Founder,s Library, a Celia por recibirlos, a Norma Small (panameña) por su abrazo caribeño, Karl Gentil (italiano) por la confección de la cena de cierre, Afro- Latino Caucus de DC su gestión en Pleasatn’ Library, a l@s estudiantes trans Waren y Erica por su solidaridad en la Biblioteca Martin Luher King, Daniel Del Piélago la excelente entrevista en Pa’Lante (WTF-89.3FM) , l@s organizaciones estudiantiles, trabajadores, etc.

En fin, al joven Aron Booe (representante estudiantil) le regalamos Bomba Puertorriqueña Let,s make that drum talk! Haz el tambor hablar! de Milteri Tucker Concepción e ilustrado por Mía Román (2018) para que el tambor siga retumbando en las calles de DC y en Howard University; porque las vidas negras importan /”Black Lives Matter.”

Crucigrama: Domingo García Dávila

Especial para En Rojo

Horizontales

2. El galán está en la _____; óleo de García de 1975.

5. _____; ciudad natal de García, pintor, escultor, serigrafista, grabador y educador puertorriqueño.

7. El hijo _____ sol; pintura de García de 1989.

9. Zumaque, arbusto de la familia de las anacardiáceas.

10. Río de Alsacia, afluente del río Rin.

11. Consuelo _____ Tapia; patriota puertorriqueña.

12. Escuchaba.

14. Domingo García _____; fundó en San Juan el Taller-Galería Campeche y la Galería de Arte Latinoamericano. Autor de «Cabeza reducida de un gobernante», «La flor amiga», «Retrato de Totoño» y «Huracán, Dios del Viento».

18. Curará.

21. Emula.

22. Ciudad de Nigeria del estado de Abia.

24. Conocer.

25. Preposición.

26. Del verbo arruar.

28. Adjetivo posesivo.

29. _____ García Dávila; autor de «El crítico de arte», «El galán está en la playa», «El beso», «Adiós Mahatma», «El abuelo, el autorretrato» y «La visita».

30. Séptima letra del alfabeto griego.

32. Dios islámico.

33. _____ Barreto; pintor puertorriqueño.

35. _____ volando; óleo de García de 1963.

37. Confortable.

38. La flor _____; óleo de García de 1993.

39. Ciudad de Afganistán conocida por su vino.

42. Cantina.

44. Domingo _____ Dávila; fue profesor en la Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico y miembro del Capítulo de Puerto Rico de la Asociación Internacional de Críticos de Arte.

46. El _____; óleo de García de 1953.

47. Símbolo del nitrógeno.

48. El maravilloso mago de _____; novela de Lyman Frank Baum.

50. Retrato de _____; óleo de García.

51. Fiesta que los recolectores de café celebran después de terminada la recolección del grano, pl.

Verticales

1. Celada, ardid.

2. Tenga en su poder algo.

3. _____ Mahatma; óleo de García de 1988 en honor a Gandhi.

4. Aplanas el terreno.

6. Diente posterior.

8. _____ Beauchamp; uno de los participantes en el ajusticiamiento del coronel Riggs en 1936.

13. Labre.

14. Huracán, _____ del Viento; escultura de García de 2007.

15. Antes del mediodía.

16. La _____; óleo de García.

17. 20 de _____ de 1932; nacimiento de García.

19. El _____, el autorretrato; pintura de García de 1986.

20. El crítico de _____; óleo de García.

22. Objeto destinado a atacar o a defenderse.

23. Junta.

26. Dominio de internet de Angola.

27. Símbolo de la plata.

30. Existe.

31. Se cansó, se hastió.

33. Bromea, chancea.

34. Asistid.

36. Perteneciente o relativo al latín.

37. _____ reducida de un gobernante; escultura de García de 1989.

39. Símbolo del mercurio.

40. Interjección usada para animar.

41. Antes de Cristo.

43. Carta de la baraja.

45. Especie de perezoso americano.

46. Ciudad de Sierra Leona.

49. Que bien _____ veo; óleo de García de 1974.

Tropas indias

 

En Rojo

Cuando el espía terminó su entrevista con el Capitán General Macías, respiró profundo y buscó donde hospedarse. Habían pasado apenas 48 horas del bombardeo de Sampson a la ciudad de San Juan. Los paisanos que no habían huido hacia Río Piedras en el tren de Ubarri trataban de regresar a las costumbres cotidianas. El espía, haciéndose llamar Heinrich Löwe, consiguió una habitación en el formidable Hotel Inglaterra, un curioso edificio en ángulo atrevido semejante a la proa de un barco. Calle Cruz 254, cerca de la esquina de la Tetuán. Todo está bien, le dijo Agudo, el dueño. Continuamos operaciones en absoluta normalidad. Eso decía, a pesar de que en el tejado había un enorme boquete y su habitación había sido atravesada por uno de los cañonazos del viejo Sampson.

Löwe subió a su habitación en el tercer piso y tomó el periódico La Correspondencia de ese día, 14 de mayo de 1898. Quería practicar el español rudimentario que sabía en voz alta. Leyó: “Hace años viene haciendo el gobierno de Estados Unidos esfuerzos por formar cuerpos de infantería y caballería de soldados indios, pero hasta ahora no han tenido mucho éxito. Por el decreto de marzo de 1891 se dictaron disposiciones adecuadas para reclutar entre ellos ocho escuadrones y diez y nueve compañías. Los oficiales encargados de esta misión fueron elegidos en el ejército regular, entre los más conocedores del carácter y costumbres de aquellas tribus. Se les dio toda clase de seguridades de que serían respetadas todas sus religiones y sus leyes. Además de los oficiales instructores se enviaron a las escuelas indias de Carlisle, Hampton y otras cocineros, sastres, carpinteros, maestras, etcétera. Los indios reclutados en 1891 fueron 417; en 1892 llegaron a 780; en 1893 se reclutaron 771 y 547 en 1894.

Las deserciones han sido tantas que en la actualidad quedan reducidas estas fuerzas a un escuadrón de 62 hombres y una compañía de 65. El ayudante general, en su memoria al Secretario de Guerra en 1894 decía: “ El desconocimiento que tiene el indio del idioma inglés, el continuo descontento que le produce un nuevo régimen de vida y su completa desmoralización cuando se encuentra destacado cerca de la frontera de territorios indios, son las principales causas que no pueda llegar a ser un buen soldado. Por estas razones soy de parecer que no se vuelvan a hacer tentativas para semejante recluta, pues en nada se beneficia a ellos, ni es de provecho alguno para el servicio”.

Terminó de leer la pieza y se sintió bastante satisfecho. No está mal para alguien que aprendió sus primeras palabras con dos condiscípulos puertorriqueños en Harvard. Lo que Löwe no sabía es que eran puertorriqueños. Los pensó españoles peninsulares y ahora eran oficiales de la Guardia Civil, leales a la Corona. Si por cosas del destino se encontraran sería el fin de su periplo. El espía se asomó al balcón y miró al horizonte marino. Imaginó el monitor de tres chimeneas disparando cañonazos en la madrugada.

Una pena que pueda imaginar esta escena del espía, Heinrich Löwe, porque hay daos que lo corroboran, pero no la historia de esos desertores de tribus nativas de norteamérica tratados como ganado y como esclavos en Carlisle. Uno de ellos estuvo en Ponce durante la Guerra. Vino como soldado desde Wisconsin. Disparó en la oscuridad contra caballos sin jinete mientras lanzaba al viento una canción que ninguno de sus compañeros soldados voluntarios pudo entender. Esa historia es la que quisiera narrar.

*Fragmento de novela inédita