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El deporte no puede ser rehén de la pandemia

 

Especial para CLARIDAD

Empiezo este escrito diciendo que estoy vacunado, tengo la tres dosis y me pondré todas las que la ciencia entienda necesarias para combatir la pandemia. Hago esta aclaración porque no quiero que esta columna se interprete como la de un antivaxxer que no le importa la salud del pueblo.

No cabe duda de que el deporte, al igual que las artes y los restaurantes, ha sido una de las industrias más afectada por la pandemia de COVID-19. Por su naturaleza, el deporte que se realiza en estadios o en coliseos va a generar aglomeraciones, y todos estamos preocupados con el aumento de casos en las últimas semanas.

Sin embargo, me inquieta que, a 2 años de la pandemia, no parezca haber un plan establecido para que la actividad deportiva se reanude de manera organizada y coherente.

Ahora mismo, en Puerto Rico solamente se están llevando a cabo dos eventos deportivos en el país: la final de la serie de nuestro beisbol y las carreras en el hipódromo, En días recientes, ambos se vieron obligados a cumplir con una ordenanza que no tenía sentido y que apenas permitía 250 personas en sus predios, aunque luego el Gobierno recapacitó. Tras ponérsele presión, le dio una dispensa al beisbol y permitió 1,200 personas. Aun así, es un número  pequeño si se considera que es un espacio abierto donde hay suficiente distanciamiento y donde a un 25 % de capacidad sería manejable. Lo mismo aplica al hipódromo, que tiene muchísimo espacio.

El Departamento de Recreación y Deportes no puede convertirse en una agencia cuyo propósito principal sea envíar cartas circulares sobre la cantidad de personas permitidas en las canchas y que no presente ideas u opociones. ¿Cómo se va a seguir llevando a cabo la acción deportiva en el País si la pandemia continúa? Dios no lo quiera, pero ¿qué pasará si la pandemia dura 3 o 4 años más? ¿Cuánto pueden aguantar las ligas a un 10 o 20 % de capacidad? ¿Qué plan hay?

Actualmente hay países, como Australia, que está llevando a cabo el Australian Open al 50 %, o Estados Unidos, que ha permitido público completo para los juegos de la NFL, por mencionar algunos casos. Todos los países estan luchando con la contagiosa variante Ómicron y han establecido sus estrategias para permitir que sus eventos deportivos se sigan celebrando. En Puerto Rico no hay una dirección clara de lo que se está haciendo, y si muere el deporte, morimos como País. Después de todo, es donde único se nos permite competir de igual a igual sin estar sometido al juego colonial.

Ha llegado la hora de establecer un plan razonable para reanudar la actividad deportiva, con medidas de precaución, pero con sentido común. Mantener en el deporte en silencio no puede ser la alternativa permanente.

 

Ómicron una variante muy contagiosa

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

El doctor Marcos López Casillas, gerente de investigaciones del Puerto Rico Health Trust (PRHT) urgió a abandonar la convicción de que la variante del COVID- 9, Ómicron, es menos letal que la Delta, primero porque no nos sirve de nada y segundo porque lo que se está viendo es que Ómicron contagia a más personas en menos tiempo, lo que aumenta la probabilidad de que haya más fatalidades.

En entrevista, López Casillas expuso sobre el desarrollo del alto número de contagios que se tiene al presente. “Antes, en noviembre, no se tenía idea de que el aumento en casos iba a estar catalizado por una nueva variante. Estábamos vigilando una variante que estaba surgiendo, un sublinaje que estaba surgiendo de la variante delta, y, de momento, a finales de noviembre, después de Acción de Gracias, prácticamente se tuvo la información por medio de los científicos de Sudáfrica de que había una variante nueva”.

La variante delta tuvo solo tres mutaciones, la Ómicron trajo 32 variantes. “Ahí sí nos preocupamos porque las vacunas que se hicieron fue pensando en el virus original de COVID. Pero a medida que ha ido mutando y aparece una variante nueva, es posible que la eficacia de las vacunas baje, porque no está hecha para la variante nueva”.

Según el científico, el problema con el virus de ómicron es que cambió muchísimo (las espículas) y sus mutaciones son tan diferentes que afectaron la eficacia de las vacunas. Sostuvo que esa eficacia se ha afectado hasta tal punto, que la única manera en que se puedan tener anticuerpos que puedan trabajar con ómicron es si nos ponemos la tercera dosis o refuerzo.

“Cuando vemos el perfil que establece Salud, de quiénes son los que están muriendo, estamos viendo que los no vacunados son los que se afectan más; pero también estamos viendo personas completamente vacunas que están muriendo teniendo las dos dosis”.

El doctor en Química y miembro de la Coalición Científica de Puerto Rico reconoció que mucha gente no lo entiende y cree que el proceso de vacunación es perfecto. Comparó que no es lo mismo tener una vacuna para la fiebre amarilla, que dura 10 años, o de tétano, que dura una eternidad, como el que no se tiene una vacuna para el VIH. En el caso del ómicron, se está luchando contra una entidad que es bastante fuerte, a tal punto que está mutando muy rápido.

“La gente no lo sabe, pero los linajes que tenemos de delta no es una sola variante, es un conglomerado de linajes o variantes que cambian en puntos específicos. Pero todos esos sublinajes se han determinado y tiene más de 200. Ómicron solo tiene tres, pero el perfil último que hemos tenido es que se ha ido convirtiendo en una variante más transmisible, y eso es lo que estamos viendo. Todavía no nos explicamos cómo ocurrió esas mutaciones de cantazo; pero ocurrió”.

López Casillas, recalcó que las personas tienen que quitarse la idea de que Ómicron es menos letal que Delta. Alertó de que en enero ya van 102 muertes, mientras que en agosto de 2012 hubo 313.

“Si esta variante es menos letal, entonces ¿por qué me estás matando tanta gente, por qué tengo los hospitales abarrotados? Eso es incongruente con el proceso, por lo tanto, no podemos perderle respeto al proceso porque sin duda la variante va a tomar a ciertas personas en estado vulnerable, y eso es lo que estamos viendo”.

En un ejemplo para que la gente vea qué tan fatal puede ser el ómicron, dio el dato de que una mujer de 32 años de la región de Caguas, que fue diagnosticada el 4 de enero, murió en dos días. “Es cierto lo que dice Centro Médico, de que la gran mayoría de los pacientes llegan es porque el ómicron les exacerba una condición que tengan”.

Aun cuando dijo que esperaría a que en las próximas semanas empiecen a bajar los contagios, comentó que no sabía hasta qué punto se está identificando a diario la cantidad de casos. En cuanto al concepto de inmunidad de rebaño, tan recabado en los primeros meses de la vacunación, dijo que ahora este es un poco más complejo debido a que para lograrlo se necesita que un gran porcentaje de la población se vacune con el tercer refuerzo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mirada al País La corrupción: el destino de una política pública

 

Especial para CLARIDAD

 Los últimos dos meses del año 2021 volvieron a golpear la conciencia pública. Las campanas de la corrupción sonaron otra vez con los arrestos de Félix “El Cano” Delgado, alcalde de Cataño, y Ángel Pérez, alcalde de Guaynabo. En medio del escándalo de los alcaldes, el 17 de diciembre, se dio también la sentencia de Julia Keleher, exsecretaria de Educación. La presencia en las noticias del caso de Keleher obliga a pensar en los hilos de la corrupción. Imposible ver los casos señalados de forma aislada. Pertenecen a un tejido muy complejo.

Sin embargo, la tendencia en la discusión pública es verlos como un problema ético, relacionado con una crisis de valores. Hasta la exgobernadora Sila Calderón se ha integrado a esta tendencia, aunque con alguna prudencia se refirió a “una epidemia dolorosa”, para luego señalar “la crisis de valores que se vive y que posiblemente nace en la familia”. (END, 15/12/2021, 41) Otros enfoques, con una mirada histórica más amplia, vinculan la corrupción con la competencia bipartidista, con la polarización política, el patronazgo político y el deseo desenfrenado de ganar elecciones. Florece, además, porque existe un ambiente de impunidad ante ella. Ahora bien, si prevalece una actitud de impunidad, no parece coherente divorciar esa actitud del ambiente que la produce.

Culpar a los individuos, la familia, la escuela o la lucha partidista intensificada, no solamente resulta insuficiente. Puede incluso arrebatarle el contenido al problema. Es evidente que existe responsabilidad individual, que los individuos se educan en contextos familiares y estructuras escolares, que se integran a partidos políticos, pero tanto la familia, la escuela, y los partidos forman parte de una estructura mucho más amplia. Es imposible negar que las convicciones por actos de corrupción han aumentado de forma alarmante. En las últimas tres décadas. No digamos los actos de corrupción ya que muchos de ellos no concluyen en convicciones, mientras otros pasan por debajo del radar sin provocar arrestos y acusaciones.

Recientemente, el 12 de enero de este nuevo año, José Delgado publicó en El Nuevo Día una noticia relacionada con informes del Departamento de Justicia de Estados Unidos sobre casos de corrupción gubernamental durante las últimas dos décadas. Entre 2010-2019 las convicciones logradas por la fiscalía federal en Puerto Rico fueron 363. En la década anterior habían sido 268, para un total de 631 convicciones en veinte años. Delgado cita una entrevista a Rafael Riviere difundida recientemente en el programa “Full Measure”, hecha cuando era director de la oficina del FBI en San Juan, donde se refiere a la corrupción como un problema cultural y “una forma de vida” en Puerto Rico. ¿Desde cuándo la corrupción se convirtió en un problema cultural o una forma de vida?

Entre 2010-2019, según Delgado, los datos federales colocaron a Puerto Rico en noveno lugar entre los estados, solamente superado por California (648), Florida (579), Nueva York (450), Virginia (439), Pennsylvania (418), Georgia (377) y Luisiana (372). El único de los estados mencionados que tiene una cantidad de población cercana, aunque mayor que la de Puerto Rico, es Luisiana. Todos los demás tienen un número de población muy superior. Durante la década señalada Puerto Rico superó en casos a Washington D.C., que aunque tiene una población mucho menor, había tenido más convicciones que Puerto Rico durante la década anterior. La capital de Estados Unidos, el centro del poder de la metrópolis, y su colonia parecen ir de la mano en un rumbo donde la ironía echa su perfume más escandalosa. La podredumbre cunde en el centro del poder imperial y en su colonia.

El intento de explicar este escándalo no puede reducirse a cualidades personales, ni a limitadas referencias institucionales, aunque incluyan la polarización bipartidista. Llama la atención la evasión sistemática de la institución más abarcadora e influyente en la vida social actual: el mercado. El estudio cuidadoso de la crisis actual no puede evadir dos aspectos claves: la crisis inherente al capital en un contexto colonial que subordina a Puerto Rico, combinada con la política pública neoliberal que adoptó el bipartidismo abiertamente a partir de 1988. La llamada crisis de valores es una manifestación coherente de la política capitalista neoliberal que ha prevalecido desde hace más de tres décadas con su propósito de mercantilizar todos los servicios públicos. Imposible olvidar la fórmula de oro de Pedro Rosselló: que el mercado decida.

Es realmente sorprendente, una vez adoptado ciegamente el fundamentalismo de mercado, propio de la política pública neoliberal, que toda la referencia a la crisis tienda a centrarse en la supuesta culpabilidad del gobierno, sin hacer referencia al espacio principal en el que se ubica la crisis: el llamado sector privado. Los grandes intereses capitalistas son la fuerza que mueve la política neoliberal. En su telón de fondo están las compañías multinacionales. Son las que han motorizado los principales procesos de privatización: Acueductos, Telefónica, Aeropuerto y Energía Eléctrica. Los actos de corrupción han florecido en el terreno de las privatizaciones, con la eliminación de reglamentos y controles, con las subcontrataciones y la jauría de cabilderos que las acompañan. ¿No resulta llamativo que los “servidores públicos” corruptos estén siempre vinculados con contratos millonarios con algún empresario privado?

Ciertamente, el neoliberalismo es una variante cultural de la voracidad inherente al capitalismo salvaje inescrupuloso. Por eso no se puede analizar la corrupción sin vincularla con las nuevas modalidades de la acumulación de riqueza en el capitalismo colonial puertorriqueño. Si el análisis no enfoca el proceso de acumulación de capital, si no lo considera, termina descarriado. Y lo peor es proponer explicaciones ocultando con el silencio la política pública neoliberal que ha llevado al naufragio a los dos partidos de gobierno. El concepto bipartidismo pierde su sentido desconectado de la política neoliberal. También pierde fuerza cualquier análisis de la corrupción que pretenda proteger esta política evadiendo su mención.

Hace falta mucha información y análisis para exponer uno de los aspectos principales de la nueva modalidad de acumulación de capital bajo la forma que vincula a políticos y empresarios. En múltiples ocasiones me he referido a empresarios políticos que han entrado al “servicio público” con fines de lucro. La contrapartida de este grupo son los políticos-empresarios combinados con ellos. La compleja dialéctica de estos dos grupos se valió de un concepto central para adelantar sus propósitos: el gigantismo gubernamental. Con la agresividad de este concepto devaluaron y erosionaron el servicio público para justificar un cambio dramático en el uso de los fondos del gobierno.

El paso decisivo dado en esta dirección ocurrió con la Ley 7 del gobierno de Luis Fortuño, aprobada en 2009. El Comité Asesor de Reconstrucción Económica y Fiscal (CAREF) determinó en su estudio que cada empleado gubernamental le costaba un promedio de $30,000 anuales al gobierno. Fortuño pretendió eliminar 30,000 empleos públicos con la Ley 7. Una multiplicación sencilla de 30,000 X $30,000 nos da la cifra de $900 millones al año en empleos eliminados. El objetivo no fue reducir el gobierno para pagar la deuda. No, la deuda creció a un ritmo mayor. El objetivo fue liberar una enorme cantidad de dinero para utilizarlo de otra forma. Fortuño convirtió billones de dólares durante su cuatrienio en una fuente de acumulación de capital para empresarios privados. La función fue sencilla: sacar el dinero del bolsillo de empleados y empleadas del sector público, para trasladarlos a manos empresariales. Con esta nueva modalidad de acumulación de riquezas floreció la corrupción, se empobreció el pueblo trabajador y el servicio público se deterioró de una forma inevitable.

 

 

 

Hay que conocer nuestros derechos

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

La lucha por una vivienda digna, por que las y los puertorriqueños nos mantengamos en Puerto Rico, por el apoderamiento legal y por la justicia climática son parte de las múltiples facetas de trabajo que Ayuda Legal Puerto Rico (ALPR) abordó en el año 2021 y que continuará en el 2022.

En una conferencia ante la prensa, el equipo de ALPR presentó un balance de su trabajo en el año que pasó y de las perspectivas de su trabajo para el 2022. La directora ejecutiva de ALPR, licenciada Adriana Godreau Aubert, expuso que el pasado año la mayor parte del trabajo del equipo legal de ALPR fue adelantar una práctica legal distinta, a la misma vez que defender el derecho a la vivienda y el derecho a permanecer en Puerto Rico. Para ello están haciendo dos cosas simultáneamente. Por un lado, ofreciendo información y acompañamiento legal a personas de escasos o limitados recursos y, por otro lado, impulsando política pública con la idea de que mientras más la gente conoce sus derechos en mejor posición está de defenderse.

“Entendemos que cuando hablamos del derecho a la vivienda, cuando hablamos del acceso a la justicia, cuando hablamos del derecho que tienen las personas a la posibilidad de defender una vida digna se necesita, por ejemplo, en el medio de una pandemia, derechos laborales. En medio de una crisis de vivienda, de que no se puede pagar, se necesita, más allá que apoyo legal, se necesita, más allá que conocer sus derechos, cambiar las políticas públicas que siguen permitiendo que estas cosas pasen”, subrayó Godreau Aubert.

En esa dirección, detalló que 1.9 millones de personas recibieron apoyo legal gratis de parte de ALPR en el 2021 y 5,300 recibieron acompañamiento legal. Para este año 2022 esperan atender a unos dos millones. La organización también ofreció apoyo legal y orientación en asuntos del COVID-19 y derechos laborales.

La licenciada describió que el 2022 atrapa al país en medio de desastres continuos, mientras la falta de acceso a información legal es una realidad para la gente pobre en el país. Esto, sin dejar pasar por alto el impacto de las medidas de austeridad que han tenido los recortes en las agencias, el impacto que tiene la corrupción y el mal manejo de fondos federales, así como la falta de trabajo en relación con la justicia climática.

Sobre la falta de acceso a información y servicios legales, reveló que, según un estudio del 2021 comisionado al doctor José Caraballo Cueto, la principal fuente de información de estas personas era el Internet o la radio, los cuales no siempre ofrecen información correcta, ni de valor para defender sus derechos. El estudio también demostró que existe muy poca confianza en el sistema de justicia. Apenas el 6 % de la gente dijo confiar en el sistema de justicia, en particular, los tribunales, como una fuente de información.

Godreau Aubert denunció que cuando la gente va a reclamar sus derechos a una agencia como el Departamento del Trabajo o FEMA, la experiencia siempre está enmarcada en la poca confianza, porque las agencias son lentas y los procesos no tienen resultados efectivos para los reclamantes.

A lo anterior se le suman las barreras que hay para que la gente pueda defender sus derechos debido a que no hay servicios legales gratuitos y las organizaciones como Ayuda Legal que hay son pequeñas e insuficientes para atender todas las necesidades legales que existen en el país. Por otra parte, existe muy poca cultura o aceptación del derecho que tiene la gente a autodefenderse. “Cuando la gente se autodefiende o trata de acudir a los tribunales, el sistema se hace tan inaccesible, que si no tiene un abogado no se puede defender”.

Un aspecto en el cual Ayuda Legal pondrá énfasis en este año será en cambiar políticas públicas para que se reconozca como parte de los procesos el derecho que tiene toda persona a defenderse de forma efectiva, tenga o no un abogado. Sobre el particular, continuarán impulsando la aprobación del proyecto PC 488, que busca detener los desahucios y las ejecuciones en emergencias. La medida fue vetada por el gobernador el pasado mes de diciembre.

Ayuda Legal tiene en su página en Internet varias plataformas a las cuales las personas pueden acceder según su necesidad de información u orientación. Por ejemplo, si una persona entiende que está en riesgo de perder su vivienda por no poder pagar su hipoteca, puede acceder a: riesgo.ayudalegalpuertorico.org. Además tiene una línea directa para orientación legal, 787-957-3106, y una clínica de apoyo legal en señas para personas sordas: Bit.ly/alprsenas.

Según se indicó, en el mes de febrero esperan reiniciar sus actividades presenciales de brigadas y talleres informativos de orientación legal en los asuntos, tanto de ejecución de hipoteca como en procesos ante las diversas agencias de gobierno.

 

 

“No des tu tierra al extraño”, otra vez

 

CLARIDAD

Dios, el mundo concluido,

tiróle un beso al azar;

y el beso cayó en el mar

y es la tierra en que has nacido.

En ella formas tu nido

de amor rendido al amaño,

ella un año y otro año

te brinda con su tesoro,

ella vale más que el oro

¡No des tu tierra al extraño!

Virgilio Dávila

Cuenta Gabriel García Márquez que en el cuarto de la casona de Macondo donde se guardaban los manuscritos de Melquíades el tiempo daba vueltas en redondo y siempre era martes. Esa imagen tal vez sea la mejor metáfora, no sólo de la realidad latinoamericana que la novela del colombiano retrata, sino del colonialismo que todavía está presente en el Caribe americano. Los pueblos que aún lo padecen enfrentan una realidad circular. Sus problemas también dan vueltas en redondo, se repiten y, como en el cuarto de la casona de los Buendía, las manecillas del reloj apenas se mueven.

Los versos de Virgilio Dávila que encabezan este artículo los tomo de un poema publicado hace poco más de un siglo, en 1916, con el título “No des tu tierra al extraño”. Como toda literatura, el poema fue hijo de su tiempo y el poeta, mirando su entorno, hace un llamado bastante agónico a que los boricuas no vendan a un “extraño” la tierra que poseen y cultivan porque “el que vende su terruño”, dicen los versos finales, “vende su patria con él”.

¿Por qué el llamado? Tras la ocupación militar de Puerto Rico por Estados Unidos en el ‘98 y, sobre todo, una vez el Congreso impuso en 1900 la llamada Ley Foraker, dándole al nuevo colonialismo un marco institucional que promovía estabilidad, el capital absentista comenzó una campaña febril de compra de tierras. La mirada de las corporaciones estadounidenses se posó, en particular, sobre los llanos costeros, que eran los más aptos para el cultivo de la caña. Las tierras que no podían comprar las alquilaban buscando convertir la isla en una gran factoría azucarera.

La avalancha de compras alarmaba a tal grado que alguien como Virgilio Dávila, identificado en sus inicios con el anexionismo criollo (fue alcalde de Bayamón por el Partido Republicano), recurrió a su inspiración poética para tratar de detener la hemorragia. Vano intento. “Entre 1900 y 1910, la producción de azúcar aumentó en 331 por ciento” y algunas décadas después, “cuatro compañías azucareras administraban (ya fuera como propietarias o arrendatarias) cerca de una cuarta parte de la tierra cultivable de las fincas azucareras”. (Ayala y Bernabe).

En los tiempos del poema de Dávila, que son los de las primeras dos décadas del primer “siglo americano”, también cundía la preocupación por el desplazamiento del puertorriqueño por pobladores estadounidenses, como había ocurrido en todos los territorios conquistados o adquiridos por Estados Unidos desde 1803. Esa preocupación persistió con el tiempo y la encontramos algunas décadas después en los cuentos de Abelardo Díaz Alfaro, publicados en 1947, pero escritos años antes. En algunos de ellos (El Josco) la angustia ante el desplazamiento termina en suicidio.

Ahora, un siglo después del poema de Virgilio Dávila se discute en los medios de prensa y en las nuevas redes sociales una situación similar, con llamados muy parecidos a los del poeta. Esta vez no es la caña de azúcar ni la tierra cultivable lo que anda buscando el nuevo capital absentista, sino edificios históricos, áreas costeras y todo lo que pueda facilitar la especulación financiera. No llegan atraídos por la mano de obra barata y la productividad de la tierra agrícola, sino por las normas de paraíso fiscal que el gobierno colonial legisló en 2010.

No sé si en los tiempos del poema de Dávila ya se había inventado la palabra “gentrificación”, pero sí se sabía lo que era. En los versos del poeta y en otros escritos de la época encontramos la misma preocupación por el desplazamiento de los puertorriqueños por los recién llegados. Igual que ahora, detrás del capitalista llegó la casta de intermediarios que facilitan sus negocios, ubicándose con sus familias en las mejores áreas residenciales.

El pueblo puertorriqueño solventó con éxito aquel primer esfuerzo de desplazamiento y la aún más dañina campaña de “americanización” forzada que simultáneamente se desarrolló y se mantuvo por cuatro décadas. En medio del vendaval la nacionalidad boricua, en lugar de desaparecer, creció y un siglo después seguimos aquí hablando español y sintiendo lo que somos. Lo mismo ocurrirá con la nueva ola.

El principal problema que crean las llamadas “Leyes 20-22” no es la gentrificación, que obviamente está estimulando, pero que no tiene ni tendrá la consecuencia cataclísmica que algunos le están dando. Sus mayores efectos nocivos se dan en la economía y en la forma en que nuestro país se proyecta hacia el exterior. No se trata de un desarrollo económico normal, sino de una burbuja que afecta el mercado de bienes raíces y crea las distorsiones típicas de todo paraíso fiscal.

Como sabemos, la legislación fue creada en una de las administraciones del PNP, la de Luis Fortuño. Aunque en 2012 hubo un cambio en el partido a cargo del gobierno, con el PPD y Alejandro García Padilla, el marco legal no sufrió cambios. Todo lo contrario, fue implantado con entusiasmo, como si fuera un gran legado. Ahora mismo, con la Legislatura controlada por el PPD y la gobernación en manos del PNP, no existe ninguna probabilidad de que esa legislación se altere a pesar de los efectos nocivos que ya se ven.

Debemos intensificar la denuncia de ese marco legal nocivo y reclamar su derogación y, similar a como hizo Virgilio Dávila en 1916, llamar a no entregar nuestra tierra al extraño, pero más importante aún es ampliar la lucha por acabar con el bipartidismo que lo creó y el colonialismo que lo hace posible.