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Eventos a observar en el 2022

 

Especial para CLARIDAD

La pandemia del coronavirus y su cepa ómicron han vuelto a causar interupciones en los eventos que ya estaban proyectados para este 2022. Para dar un ejemplo, la temporada de volibol femenino que comenzaba a mediados de febrero fue pospuesta para el mes de abril. Sin embargo, de no verse alterado de manera significativa el calendario deportivo, estos serán los eventos de que estaremos pendientes en este 2022.

Beisbol

La serie de El Caribe – Con la temporada regular de nuestro beisbol a punto de concluir no hay un claro favorito entre los equipos de Caguas, Mayagüez y Santurce, por lo que en la postemporada cualquiera de esos tres pudiera ganar.

El vencedor empezaría su ruta en Santo Domingo el 28 de este mes hasta el 3 de febrero.

Nuevamente contará con inclusión de Panamá y Colombia, además de la participación de las delegaciones tradicionales de P. R.,Venezuela, México y R.D., como ha sido en los últimos años. Esta es una  adición  que le ha impartido dinamismo al formato aunque sigue siendo un sacrilegio que no se le permita competir a Cuba.

Baloncesto

Aunque ya tuvo sus primeros dos juegos como dirigente de la selección adulta, este año veremos si la llegada de Nelson Colón produce un resultado distinto en la manera en que se comporta nuestra selección nacional adulta de baloncesto. Su primera misión será intentar obtener la clasificación para el Campeonato FIBA de 2023, que se espera tenga sedes en Japón Indonesia y  Filipinas.

Con cuatro  ventanas, este 2022 tendremos una mejor idea del talento de nuestra nueva generación y el impacto de la nueva cepa de entrenadores y de Carlos Arroyo como gerente general.

3x 3

Habiendo este sido uno de los deportes más exitosos para P. R., en este 2021 habrá que ver si el grupo compuesto por Angel Matías, Josué Erazo, Tadjer Fernández, Luis Hernández, Gilberto Clavell y Jorge Matos se mantiene jugando juntos y participan activamente de la gira de competencias  de 3×3. Estos han demostrado que son un equipo que se puede ir al palo con cualquiera, por lo que hay que seguir observándolos. Sin que me quede nada por dentro, creo que ese equipo tiene opciones reales de estar en París 2024.

 Atletismo

Tras haber ganado el oro olímpico en los juegos de Tokio 202, la boricua Jasmine Camacho ha puesto sus metas en ganar el campeonato mundial y establecer una nueva marca en julio de este año.

Ambas metas parecen obtenibles si se toma en consideración que ha ganado 15 de sus últimas 16 carreras (siendo la única derota una falsa salida) y que esta apenas se quedó a .6 centésimas de la marca mundial para ese evento de 100 metros con vallas  en la semifinal olímpica. De ganar, se convertiría también en la primera boricua en ganar un evento de un mundial, si recordamos que el ponceño Javier Culson llegó segundo en los campeonatos de 2009 y 2011, respectivamente.

Boxeo

Los jóvenes boricuas Edgar Berlanga y Xander Zayas encabezan una nueva generación que está generando muchísima expectativa. Sin embargo, considero que se encuentran en momentos distintos en su carrera y hay diferentes situaciones que evaluar.

En el caso de Berlanga, pese a mantenerse invicto y parecer  tener todos los atributos físicos, ha habido un estancamiento en su desarollo y creo que urge un cambio de esquina para seguir en su ruta ascendente, si es que va aspirar a las peleas grandes en las 168 libras.

Por su parte, Xander sigue deslumbrando cada vez que sube al ring y, aunque apenas tiene 19 años,  ya es hora de subirle el nivel de oposición y ponerlo a pelear a 10 asaltos.

Por su parte, en este 2022, los planetas parecen estarse alineando para que Amanda Serrano finalmente tenga su año consagratorio y se produzcan las dos peleas grandes de su carrera. Estas son una unificación con la británica Katie Taylor y una pelea con la estadounidense Mikaela Mayer. Ambas son de las peleas más significativas en el boxeo femenino, y, de ganar, la nuestra debe pasar a ser la #1 en la lista de la mejores boxeadoras libra por libra.

Tenis de campo y de mesa

Por último, en ambas disciplinas del tenis (de mesa y de cancha) hay que observar cómo lucen las nuestras.

En el caso de Adriana Díaz, esta demostró a fin de año que está tocando la puerta, llevando a jugadoras élites chinas (a la 3 y 6 del mundo) a tenerse que fajar con ella para vencerla. Habrá que ver si en este 2022 puede obtener algunas de esas victorias, lo que la acercaría más a estar entre las mejores 10 del mundo.

Por su parte, Mónica Puig, quien no se espera regrese a las canchas hasta el mes de abril o mayo y actualmente es la 786 del mundo, tratará de demostrar que está recuperada al 100 por ciento de una lesión en el hombro que le viene molestando desde el 2019. De estar saludable, no hay ninguna razón para que para a fines del 2021 ella no esté de regreso entre las mejores 150 jugadoras del mundo. Creo que le beneficiaría para su juego y confianza si toma la decisión  de acompañar  las delegaciones boricuas tanto en los Juegos Centroamericanos de El Salvador 2023 como en los Panamericanos de Santiago  2023. De estar recuperada, en mi opinion, esta sería su mejor opción para obtener  de manera directa  la clasificación olímpica a París 2024.

Sin duda, a esta y otras historias les daremos seguimiento en este 2022.

¡Adelante a los nuestros(as), estaremos pendientes!

 

¡Comuna o nada! (2)

 

 

El futuro de la Revolución Bolivariana

Poco antes de que la muerte lo traicionara, Hugo Chávez Frías se encargó de dejarle al pueblo venezolano lo que entendía era su más preciado legado: la comuna como la nueva forma social, cultural, política y económica sin la cual la revolución bolivariana no podrá culminar su agenda liberadora.

Chávez entendía que no es cuestión de hablar del socialismo sino que de realizar las transformaciones estructurales que lo materializan. Al fin y al cabo, en la práctica está la prueba de fuego de las ideas y de los discursos. Debía entonces afinar bien su legado como huella imborrable y eterna que debía habitar en la consciencia del soberano popular, ese sujeto fundante y permanentemente constitutivo del presente y futuro de la revolución bolivariana. Bien lo había advertido el Che Guevara: la revolución es sobre todo una cuestión de consciencia. Y esa consciencia necesita hacerse comunal, insistía Chávez.

En esa dirección, el mandatario propuso que ello requiere de una modificación radical del papel del Estado, el cual pasa a un plano auxiliar y facilitador de ese nuevo marco de gobernanza económico-político basado en la generalización de mecanismos de autogestión, incluyendo la planificación y regulación democrática de la economía. Llamó así al desarrollo de una revolución política a partir de la cual se potenciase a su vez la revolución económica.

Comuna y Revolución

Fotos provistas por el autor.

En una intervención suya ante el Consejo de Ministros, del 20 de octubre de 2012, conocida con el título de Golpe de Timón, Chávez puntualizó que el poder comunal debía desarrollarse como “una red que vaya como una gigantesca telaraña cubriendo el territorio de lo nuevo”. Si no fuera así, advirtió, el proceso revolucionario “estaría condenado al fracaso; esto sería absorbido por el sistema viejo, se lo traga, es una gigantesca amiba, es un monstruo el capitalismo”. De ahí que sentenció: “¡comuna o nada!”.

En ese sentido, los lineamientos generales del proyecto ético-político representado por la revolución bolivariana está en su propuesta comunal. Chávez entendió que si bien el Siglo XX había sido el tiempo del Estado y la Revolución, el saldo histórico demuestra, particularmente luego del colapso de la URSS y el campo socialista europeo, entre otras experiencias, que el Socialismo del Siglo XXI no puede estar predicado en las mismas premisas. El nuevo siglo es el tiempo de Comuna y Revolución.

Ya Marx había encontrado en la comuna la nueva forma política que progresivamente debía sustituir la forma Estado del capital. A partir de la Comuna de París de 1871 entendió que se había puesto sobre el tapete la posibilidad histórica de otra forma de poder, desde, por y para los trabajadores, los verdaderos creadores de valores y riqueza, los únicos que no tienen nada que perder a la hora de apostar por una ruptura con un orden que sólo representa para ellos la miseria. En todo caso, puntualiza Marx, si algo había que aprender de la derrota de los comuneros parisinos de 1871 era que el reto de ahí en adelante era saber organizarse para garantizar la permanencia de la revolución comunal. La idea y las diversas experiencias históricas de la comuna fue tema central en sus investigaciones durante los últimos diez años de su vida.

La Comuna Socialista El Panal

Durante mi estadía reciente en Caracas, tuve la oportunidad de visitar una comuna venezolana. Se trata de la Comuna Socialista El Panal, localizada en el histórico barrio caraqueño 23 de enero, conocido por ser bastión en el pasado de colectivos revolucionarios armados que, por ejemplo, participaron activamente en la histórica rebelión antineoliberal de 1989 conocida como “el Caracazo” y que constituyó el acontecimiento fundante del actual orden constitucional bolivariano. Por ello también allí se encuentra ubicado el Cuartel de la Montaña, lugar que sirve de mausoleo donde yacen los restos mortales de Hugo Chávez Frías.

Nos recibió y atendió el compañero Asdrúbal, mejor conocido en la Comuna como Tijuana, porque dicen que parece mexicano. El miembro del equipo de dirección colegiada de la Comuna nos explica que el nombre “El Panal”, es una especie de metáfora representativa del hecho de que de la misma manera que todas las abejas participan por igual, como obreras, en la construcción del panal, todos los que viven en la Comuna participan por igual en su construcción y conducción. La Comuna tiene 15,000 habitantes, con aproximadamente 3,000 familias. Está compuesta por nueve consejos comunales, representativos de los siete bloques y dos barrios que la integran.  La máxima instancia de gobernanza son las Asambleas Populares y Patrióticas Permanentes, mientras que los Consejos Comunales cumplen la función de ejecutar lo decidido en las Asambleas. Existen también comités de acuerdo a las necesidades.

La Comuna cuenta con unas unidades de producción autogestionada dentro del territorio comunal donde, por ejemplo, en una textilera fabrican, entre otras cosas, uniformes escolares para los niños y adolescentes que asisten a las escuelas comunales; en otra unidad de producción se cultiva tilapia orgánicamente en una piscina vieja que han convertido para ese propósito; también está un huerto en el que se cultivan granos y vegetales, todo ello para el Comedor Escolar, el cual es autogestionado y autofinanciado. Existe también un mercado central, igualmente autogestionado y autofinanciado. Además, la Comuna posee unas tierras en el campo que le fueron otorgadas por el Estado y donde, por medio de unas alianzas, producen allí alimentos para sus habitantes.

“Más que una empresa somos una trinchera. Estamos luchando por un cambio en el modo de producción”, afirma el director de la textilera, una Empresa de Propiedad Social que el Estado ha puesto en manos de la Comuna, junto con los recursos necesarios para su operación. Aún con las dificultades creadas por el bloqueo imperialista, se nos asegura que esta empresa comunal no ha dejado de producir.

El compañero Tijuana reafirma lo dicho por su compañero: De lo que trata la Comuna es la construcción de un nuevo modo de producción. “Se está desarrollando un cambio de modelo económico productivo que dé poder al pueblo”, puntualiza y abunda: “En el pasado la industrialización y la proletarización de nuestros barrios bajo el capitalismo sólo sirvió para empobrecer más a la gente. Ahora los trabajadores producimos planificadamente y repartimos los frutos de lo producido equitativamente. Es lo que sucede cuando la economía y la política está organizada comunalmente. (…) Los medios de producción pertenecen a la Comuna y se le rinde cuentas permanentemente a la comunidad sobre su operación”.

La Comuna Socialista El Panal es conocida por haber creado su propia moneda, llamada “el panal”, en medio de la crisis del bolívar. “Con la moneda comunal ‘el panal’ podremos modificar nuestro diferencial cambiario para contener la inflación, ampliar nuestro circulante e incidir en nuestros precios. Es hora de producir el mundo que soñamos de verdad, sin mentiras, ni medias tintas”, publicó en una declaración del 12 de diciembre de 2017 la Comuna y el colectivo Fuerza Patriótica Alexis Vive (FPAV).

La Comuna posee su propia Radio Comunitaria, conocida como Radio Arsenal (98.1 FM) y cuya señal llega hasta la Gran Caracas. También posee un canal de televisión —Arsenal TV— que transmite por cable. Asimismo, están en proceso de construir lo que será el Hospital Comunal.

La Comuna está dirigida por el Partido Podemos, integrante del Gran Polo Patriótico, cuyo objetivo es buscar soluciones a los problemas inmediatos y construir la Nueva Venezuela Socialista.  Entienden que toda crítica debe hacerse desde la práctica, con hechos constructivos y afirmativos. Operan una escuela de formación de cuadros.

Posee su propia organización de defensa para garantizar su seguridad. El enfoque es preventivo y no represivo. Por ejemplo, consideran que la delincuencia es un problema social y, por ende, no creen en castigos retributivos sino que en la rehabilitación como derecho. ¿Cómo se hace justicia? Hay que trabajar con el hecho social que sirve de caldo de cultivo de los actos delictivos.

La visita continuó con una caminata por los barrios de Camboya y Santa Rosa. En este último barrio se nos unió la compañera Judith Guerra: “Los barrios son deudas históricas que se tienen con los que en un momento vinieron a la ciudad en busca de un mejor futuro. En el 2006 cuando la comunidad se empezó a organizar, el barrio era muy inseguro por el tráfico de drogas y la delincuencia, pero la comunidad decidió tomar el espacio y los malhechores no tuvieron otra alternativa que irse”.

La dirigente del barrio Santa Rosa nos explica que en el pasado, no tenían nada. Sin embargo, hoy son parte de un pueblo constructor que ha transformado el barrio y reconstruido sus casas con el apoyo del Estado. Transformaron sus ranchitos en viviendas de cemento. “Nos organizamos para construir la dignidad”, señaló.   Cuando nos encaminábamos hacia la salida de la Comuna, nos topamos con unos jóvenes practicando futbol. Su maestro Adolfo Villorio se nos acercó para hablarnos de cómo el deporte era para ellos una actividad integral. En la preparación del joven se hacen previamente evaluaciones tanto físicas, cognitivas y psicológicas. En estas evaluaciones, se incluyen también a las familias de los jóvenes. El maestro nos dijo que no se trataba de sólo enseñar una disciplina deportiva. Es mucho más lo que se proponen: la formación moral y cívica, el desarrollo del espíritu de compañerismo, “la formación del hombre nuevo y la mujer nueva”.

Estado y Comuna

 Hoy existen 49,000 Consejos Comunales y 3,500 Comunas por todo el territorio nacional venezolano. No ha sido fácil el  avance de la comunalización como forma alternativa de gobernanza y producción pues mientras hay quienes en el gobierno reconocen, como el presidente Maduro, la importancia estratégica de la comunalización de las estructuras del poder, se me asegura que hay otros que no necesariamente están convencidos de la tesis marxista acerca de la extinción gradual de la centralidad de la forma política estatal en dirección a una nueva forma política comunal. En ese sentido, existen contradicciones al respecto en el seno de la izquierda. No obstante, en el resultado final del despliegue de éstas está en juego la existencia continuada de la revolución bolivariana como revolución permanente, como bien sentenció Chávez.

La relación actual entre el Estado y la Comuna se encuentra en proceso de transición y maduración de las condiciones para que la forma comunal se haga progresivamente hegemónica. Es un proceso de liberación gradual con efectos tanto territoriales como políticos y económicos, que obligará eventualmente a que el poder constituyente vuelva sobre su Carta Constitucional de 1999 para reconocer formalmente en su texto la forma comunal —o el Estado Comunal, como le llaman— como nuevo hecho fundante y estructurante de las relaciones sociales y de poder. Ello deberá producir la reestructuración de las funciones públicas que ha ejercido, bajo la prevaleciente forma-Estado, el gobierno actual en sus distintas manifestaciones (central, estatal y municipal) y sus cinco ramas.

Cada formación social produce sus propias formas tanto políticas como normativas. La forma-Estado es una forma política más propia de las sociedades de clases y a partir del capitalismo constituye una derivación de sus relaciones sociales y de poder, basadas en la dominación de la clase capitalista y sus lógicas reproductivas. Lo que está propuesto en el caso venezolano es más bien una nueva forma política no-estadocéntrica como expresión de una nueva formación social, la comunal, con unas muy otras relaciones sociales y de poder.

De ahí que estamos más bien ante lo que podría llamarse más propiamente el no-Estado, lo que tanto Marx como Engels sugerían que sería el desenlace de la gradual extinción de esa forma política llamada Estado en dirección a una forma política encarnada en la comunidad. Claro está, ambos también advertían que la forma-Estado difícilmente se extinguiría mientras se siga en una sociedad de clases, atravesada de luchas de clases.

En relación al proceso de extinción de la forma-Estado tal vez nos enfrentamos a lo que Hegel se refería como la Aufhebung, esa dialéctica en que la superación de la contradicción por medio de lo nuevo nunca es absoluta, pues incluye siempre la persistencia de aspectos de lo viejo. La historia en ese sentido nos demuestra que no existe un afuera de la contradicción y, por ende, la revolución constituye una trinchera sin fin.

Las Ciudades Comunales

Entretanto, en lo que se ha interpretado como un nuevo paso significativo para la transformación radical de la forma política en Venezuela en dirección al Estado comunal, el presidente Maduro anunció el pasado 20 de octubre que se constituirá la primera Ciudad Comunal en el Cerro o Parque Nacional Waraira Repano, también conocido como el Cerro El Ávila. Ello se hará a la luz de la nueva Ley de Ciudades Comunales que está pendiente de aprobación por la Asamblea Nacional. Será la primera de aproximadamente 309 Ciudades Comunales que se están evaluando. Estas representan un agrupamiento de 16,395 consejos comunales y 1,678 comunas.

Obrera textilera en la Comuna El Panal. fotos suministradas por el autor

Por Ciudad Comunal se entiende “instancia territorial y política del sistema de agregación comunal, donde los ciudadanos y ciudadanas fomentan los valores necesarios para la construcción del socialismo, consolidan las instancias del Poder Popular para el desarrollo integral de todo el sistema de gobierno en el ejercicio pleno de la democracia participativa y protagónica, consolidando el Estado Democrático y Social de Derecho y de Justicia” (Artículo 1).

Según el Artículo 5: “La Ciudad Comunal tiene como propósito fundamental el desarrollo pleno de la democracia participativa, protagónica y el principio de corresponsabilidad en la gestión de las políticas públicas y una nueva institucionalidad del poder popular en el marco de la Ley Constitucional del Plan de la Patria para la conformación y ejercicio del gobierno por parte de las Comunas a través del Sistema de planes, decisiones, recursos, competencias, proyectos, gestión, seguimiento y gobierno, la administración y gestión de las competencias desarrolladas o que le sean transferidas, el establecimiento de normas de convivencia y socialización, y mecanismos legislativos territoriales y de contraloría social para el tránsito hacia la sociedad socialista.”

Sobre la nueva legislación comunal puntualizó Maduro: “Nuestra defensa más grande de la democracia es ejercerla, es ejercer la participación, el protagonismo de manera permanente. La democracia no solo puede medirse con elecciones, sino hay que medirla de acuerdo al nivel de empoderamiento real del ciudadano común, del poder real que tengan los sectores sociales, que tenga el pueblo, de sus derechos constitucionales, y en Venezuela hemos avanzado en una democracia directa, una democracia real y comunera”.

¡La Comuna parece que se niega a ser nada y va ahora por el todo!

 

Este artículo es la segunda parte de una versión editada por el autor del aparecido bajo el título “¡Comuna o nada! El futuro de la revolución bolivariana” en el Boletín “Crítica jurídica y política en Nuestra América”, Número 11, Grupo de Trabajo Crítica jurídica y conflictos sociopolíticos del Consejo Latinoamericano de las Ciencias Sociales (CLACSO), noviembre-diciembre 2021, Buenos Aires, pp. 25-45.

 

 

 

Advierten sobre nueva ley que limita el uso de drones

 

La delegación del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC), advirtió que la Ley para limitar el uso de imágenes captadas por los Sistemas Aéreos No Tripulados (antes P. de la C. 402), se presta para la criminalización de iniciativas para defender el ambiente que se están dando a través de todo el archipiélago. La medida fue convertida en ley por el gobernador este 30 de diciembre.

El PC 402 establece el requisito de obtener una orden de registro o consentimiento para poder grabar personas o propiedades mediante la utilización de drones, exceptuando solo situaciones de emergencia, como las operaciones de búsqueda y rescate u operaciones militares. En comunicado, el MVC reparó en que la medida, al no excluir, como mínimo, propiedades que no están ocupadas por personas o que estén en construcción y en las que se sospeche la comisión de delitos ambientales o de violaciones a los procesos de permisos, esto provocará un sinnúmero de controversias legales y pondrá en aún mayor desventaja a las comunidades y las personas que luchan por la protección del ambiente.

“En tiempos de emergencia ambiental y de ausencia e inacción deliberada de las agencias llamadas a proteger nuestros recursos naturales, nuestro territorio y nuestro patrimonio histórico, arqueológico y cultural, como el DRNA, la OGPe y la Junta de Planificación, el gobernador firma esta medida que le arrebata al pueblo una valiosa herramienta de lucha y que indudablemente está dirigida contra el sector ambientalista y diríamos que contra personas particulares que se han destacado por denunciar irregularidades con el apoyo de evidencia audiovisual, tales como Lorenzo Delgado, mejor conocido como el León Fiscalizador”, denunció la portavoz del MVC en la Cámara.

Mariana Nogales Molinelli, advirtió que independientemente de cómo se pretenda implementar la ley, el MVC no va a permitir injusticia, persecución o procesamiento selectivo contra persona o grupo alguno que recurra a obtener imágenes desde el aire para probar sus reclamos.“Vamos a estar fiscalizando a las agencias con la gente mano a mano”, añadió.

Además de establecer como un delito menos grave su violación, la ley también crea una causa de acción civil para la persona o entidad ‘perjudicada’ por la acción. Esto tiene el propósito de convertirse en un nuevo tipo de litigación estratégica (SLAPP suit, en inglés) y obstaculizar la participación ciudadana frente a desarrollos con impacto social.

A lo anterior, el portavoz alterno en la Cámara del MVC, José Bernardo Márquez, trajo el ejemplo de que en los pasados meses se ha visto lo complicado que resulta oponerse a proyectos como el de Rincón o la planta de asfalto en Guaynabo, aun cuando las comunidades tienen de su lado evidencia y argumentos legales de peso.

“La disparidad ya era inmensa. El MVC presentó y en la Cámara se aprobó la Ley de Legitimación Activa Ambiental (P. de la C. 474) precisamente con el objetivo de empezar a subsanar esta desigualdad en los procesos administrativos y legales. Esperamos que el Senado le dé prioridad a ese proyecto en la sesión que empieza en enero. Por ahora, con esta nueva ley, la gente de a pie se verá en aún mayor desventaja ante las empresas e individuos que usualmente están detrás de proyectos destructivos y perjudiciales, y que son quienes tienen el poder y los recursos para contratar a grandes bufetes legales. Tenemos que tener muy presente que litigar contra un bufete grande cuesta tiempo, dinero y energía porque implica contestar innumerables mociones, requerimientos e interrogatorios, comparecer a reuniones, deposiciones y vistas y hasta defenderse de ataques personales y a la reputación,” afirmó la portavoz del MVC en el Senado, Ana Irma Rivera Lassén.

La delegación el MVC trajo a la atención que se ha visto cómo, sin permisos o con permisos mal habidos, talan árboles, remueven corteza terrestre, destruyen el carso, se construyen muros y muelles en la playa, contaminan cuerpos de agua, muchas veces en zonas lejanas o de difícil acceso. La única manera de constatar la destrucción y hacer las querellas correspondientes es mediante la utilización de este equipo, lo cual facilita a las personas y grupos ejercer su deber ciudadano de cuidar y proteger el medioambiente.

Todo esto ocurre —denunciaron— en momentos en que el Cuerpo de Vigilantes no cuenta con suficiente personal y en que el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) y la Oficina de Gerencia de Permisos (OGPe) son dirigidos por funcionarios que incumplen con sus deberes ministeriales y se cruzan de brazos para no realizar la debida diligencia.

Las legisladoras y legisladores también mencionaron que, al establecer un lenguaje tan amplio, la ley afectará los derechos de artistas que inofensivamente tomen visuales de espacios o propiedades en la producción de obras. Esto crea una regulación excesiva sobre la libertad de expresión y la creación artística en Puerto Rico.

Ante esta ley reclamaron que se atienda cuanto antes el P. de la C. 474, que le daría mayores herramientas al público para involucrarse en la protección de los recursos naturales.

Chulos de la pobreza o escribir fuera y dentro de nuestro lugar

 

Especial para En Rojo

Hace unos meses, a Rima le hicieron una entrevista en un periódico de Flagstaff, Arizona, donde se mudó en plena pandemia siguiéndole los pasos a José Luis, su esposo, quien ahora preside la universidad allí.

Allá en Flagstaff, un periodista se enteró de que Rima es escritora, antropóloga y una intelectual de gran calibre por derecho propio y se aventuró a entrevistarla. Comentamos mucho esa entrevista con Rima por razones que ahora no vienen al caso. Fue toda una novedad. Pero hay algo que a mí me conmovió mucho y tal vez es la primera vez que voy a articularlo: La imagen de Rima, con su camisa blanca, su sonrisa vasta, brillante, sentada ella casual y hasta juguetonamente en lo que parece un café de acera, hablando extensa, profunda, corajudamente sobre una pequeña nación-archipiélago en el Caribe, a 3 mil millas de distancia de Flagstaff, Arizona. Si de verdad querían saber sobre Rima, la lección socio-política sobre ese archipiélago que es Puerto Rico sería conversación obligada.

Y lo fue. Y a ella no le tembló el pulso. Habló sobre Puerto Rico todo lo que pudo, poniendo absolutamente todos los puntos sobre las íes, como es su especialidad, ubicándose inevitablemente, no solo política sino georeferencial y afectivamente, en su isla, que incluye varios cayos al sur del país, que son centrales en su biografía.

Me conmovió su insistencia, su obstinación, no primordialmente en los temas que hubiesen complacido a las huestes arizónicas en una situación como la suya en la que hay cierta necesidad de agradar a los lugareños como buena “otra” recién llegada. No, su persistencia fue en los temas que verdaderamente le quitan el sueño: la represión del Estado y los crímenes ambientales en Rincón; el colonialismo, el imperialismo fascistoide de la junta de control fiscal; la destrucción de nuestro proyecto más importante como país: la Universidad de Puerto Rico a la que ella personalmente ha dedicado tanto de su vida. Me conmovía la cierta alienación de aquella propuesta: una mujer boricua, con un nombre y un apellido bastante raros ya de por sí, en una ciudad que queda por allá por uno de los grandes desiertos de las Américas, a tres mil millas y dos o tres vuelos de distancia, donde la mayoría de la gente que habla español es mexicana, insistía en hablar sobre Puerto Rico. Se me ocurrió que no era un personaje fuera de lugar sino fuera de su lugar.

Desde ese día he pensado mucho en la valentía de Rima. Porque no es lo mismo hablar sobre Puerto Rico en Nueva York que en una pequeña ciudad de Arizona, donde es posible que mucha gente no sepa ni qué es Puerto Rico. Hablar de esta isla en los términos de Rima y en el contexto de un Estados Unidos profundo, donde tan poco espacio de conversación o preocupación se le dedica incluso a esta región que es el Caribe,  ya de por sí, es hablar en otro lenguaje analítico. Es hablar de imperialismo, de colonización moderna, de explotación, de estafa, de fraude, de violencia e impunidad. De hecho, no es hablar, es confrontar y, en este contexto, es una tarea solitaria. Eso, en mi libro, es de gente valiente. Más de una vez me he quedado callada sobre Puerto Rico en contextos estadounidenses porque no van a entender o porque no les va a interesar o porque seguramente ya saben, por muchas razones que luego me han pesado. Ese reportaje me enseñó mucho sobre llevar nuestra nave a puerto siempre y, de hecho, ahora soy mucho más frontal y cargo más y mejor con mis asuntos en mis interacciones con gente de EEUU.

Cuento esto porque uno de los rasgos para mí más sobresalientes de este libro que nos convoca hoy, Chulos de la pobreza, es precisamente el fenómeno de su interlocución. En estos tiempos de presencias no presenciales, la presencia política de Rima a través de estos escritos es muy poderosa por varias razones. Primero, porque se da uno de esos fenómenos relativamente recientes en que una persona que vive fuera del archipiélago geográfico puertorriqueño, en esencia, no vive fuera del país. Porque lo lee, porque lo piensa, lo examina exhaustivamente a diario, porque viaja a él constantemente, a veces material, a veces metafóricamente pero recorriéndolo. Y nos revela no sólo las grandes verdades de este resquebrajamiento del andamiaje colonial (como decía Juan Mari Brás) sino los hilos ocultos detrás de todas esas violencias que hemos vivido en nuestro periplo colonial de los últimos 5 años: desgracias primordialmente políticas que, sin embargo, quieren pasarnos como fenómenos naturales, sísmicos, o incluso meramente financieros. Toda una modalidad de explotación y violencia de estado cuya articulación, sin embargo, aspira a pasar desapercibida bajo el manto del más vulgar “régimen de ley y orden” o “sentido común”. Pero son las mismas lógicas del fascismo porque es una lógica de la desigualdad como arquetipo. Y esto lo entendí durante la pandemia, gracias a Diego Olavarría, que no sé quién es pero escribió el artículo Fascismo en tres partes en la Revista de la Universidad de México y dice:

«El apartheid no es un concepto para entender sociedades pasadas, sino un ‘algoritmo’ que subyace al mundo moderno. Fenómenos tan normalizados como la desigualdad social y las fronteras nacionales son posibles gracias a los sistemas de separación entre pobres y ricos, negros y blancos, minorías y mayorías religiosas. Es una de las patentes del mundo: conforme el poder se concentra, también aumentan los deseos de dominar… Los sistemas de opresión del pasado sirven como pronósticos del futuro».

Yo creo que Rima sabe esto cuando escribe sobre esa lección de la que todavía está aprendiendo, en la crónica Mala madre, un escrito desgarrador pero tan majestuoso y generoso que me va a acompañar toda la vida. Cuando critica con una extraordinaria lucidez decolonial la macharranería de un escritor, o los exabruptos escleróticos de otra escritora; y lo hace sin que la tiente el cinismo, en un diálogo tan honesto, tan calmoso, tan intelectual en el buen sentido de la palabra, que te dan ganas de que te critique a ti también. O cuando explica cómo funcionan los chulos de la pobreza, traducción de ‘poverty pimps’. O cuando se pregunta por qué deber es, curiosamente, más inmoral que pagar. Cuando nos dice que “las esperanzas absurdas, ciegas o carentes de los cimientos de la memoria no son esperanzas sino optimismos pendejos”. O que el capital no quiere ciudadanos sino sujetos coloniales. Y consumidores. “Comprar, comprar y comprar hasta la luz, el agua, los caminos y hasta las herramientas del pensamiento y la voluntad. Venderles nuestro oro a cambio de nada”.

Cuando toca los botones de nuestras profundas y a veces mezquinas debilidades, incluyéndose a sí en la denuncia de que “de los pobres esperamos mesura, agradecimiento y un manejo racional de sus magras finanzas. De las mujeres, un feminismo mansito. De los negros, nada de racismo pero, a la vez, nada de rabia. De los que asociamos con el acrónimo LGBTTQI, solidaridad absoluta pero también blandita, sin exabruptos”.

O cuando se pregunta por qué el miedo a sobreestimar las muertes parece mucho mayor que el de subestimarlas. O por qué la milicia puede moverse por todo Afganistán para llevar la guerra pero no por todo Puerto Rico para llevar agua.

Hay una crónica sobre el escritor mexicano Carlos Monsiváis, uno de los grandes cronistas de América, que este libro me recordó mucho. Se publicó hace años en la revista Gatopardo. Al hablar sobre el trabajo de cronista que hizo Monsiváis durante el terremoto de 1985 en la Ciudad de México, el autor escribe:

“Fue él quien, mirando a la ciudad en ruinas, apurada por rescatar sobrevivientes debajo de los escombros, afanada en la entrega de comida, agua y medicinas… aseguró que lo que estaba sucediendo era, en realidad, una insurrección civil. Y, en efecto, los habitantes de la ciudad se habían olvidado de notar que las autoridades seguían pasmadas, en el mejor de los casos, o que, de plano, obstaculizaban el rescate. Si eso no era una rebelión que hizo de lado a la autoridad, se convirtió en una cuando Monsiváis la describió como ‘la toma del poder’. Pero Monsiváis se autocritica desde su perplejidad y murmura: ‘Cuando entendía lo que estaba pasando, ya había pasado lo que estaba entendiendo’.

Creo que esto expresa lo que hemos vivido en el último lustro en nuestro país. Y que ahí reside la importancia de este libro, de estas crónicas urgentes, escritas en el momento preciso, a veces con la candidez que ese ejercicio de reaccionar al momento trae consigo; a veces con la herida, con el estupor todavía supurantes, con la frustración filtrándose. La de este libro es una escritura que no va a esperar por su propia madurez; que reconoce la premura de su lugar en el mundo, la urgencia del ámbito en que actúa. Y es cierto que en él se pasea esa ternura única de Rima, que a veces incluso puedes sentir esa mezcla de naiveness, una inocencia juguetona, un geekiness que pienso es único de Rima. Pero no definiría este libro como tierno porque este libro es una bofetada tras otra en la cara, un llamado al análisis suspicaz e imperioso de la realidad y a la ejecución de una estrategia sofisticada de la resistencia.

Ahora, con esta publicación de Chulos de la pobreza por vía de Educación Emergente, lo podemos ver más claramente: en los países intervenidos por las doctrinas de shock, por las políticas del desastre y de la muerte, la violencia viene expedita, brutalmente rápida como una recta para que nos sea prácticamente imposible responder a tiempo y articuladamente mientras administramos nuestro desastre. Este libro nos demuestra que, ante semejante aluvión de adversidades, de traumas, de agresiones directas a nuestra vida colectiva, no sólo podemos resistir. Podemos reaccionar al momento, podemos descifrar lo que nos está pasando en tiempo real, conectar los puntos que parecen inconexos. Este ha sido el trabajo de Rima con este libro y me parece brutalmente poderoso. Si me preguntan, lo recomendaría para quien desee un crash course sencillo sobre los efectos de los últimos cinco años de necropolítica en nuestro país.

He mencionado el carácter próximo y urgente de este libro y quiero detenerme brevemente en esto porque es lo otro que me conmueve: ese género híbrido, fronterizo, que practica Rima. Ella describe en una nota introductoria que Chulos de la pobreza “se sirve del género de la crónica literaria y le añade algo de opinión, nota de campo y ensayo personal”. Estoy de acuerdo. Yo digo que es crónica, literatura testimonial, ensayo antropológico, social y político, es investigación y todo esto aderezado de narración. El verano pasado, cuando murió Juan Forn, encontré esta cita que me cautivó y se la compartí a Rima, a Sofía y Vanessa en nuestro chat titulado ‘Gallinero’. La cita se refiere a la obra del guatemalteco Augusto Monterroso pero la había rescatado el escritor argentino Juan Forn hace algún tiempo:

«Aspiraba a un género que tuviera algo de ensayo y algo de cuento, algo de poema y algo de confesión, más o menos breve y muy libre, en tono aparentemente melancólico pero envuelto en ligero humor, recurriendo a citas de conocidos y desconocidos que existieron en la realidad o no, con un estilo perfecto pero que no se note, o incluso que parezca descuidado, como redactado por alguien que lo hiciera para cumplir un requisito que no puede eludir”.

Chulos de la pobreza es ese género que es muchos géneros, con toda la realidad de la historia pero también con recursos literarios y con personajes ficticios o llevados al extremo o pasados por un relato personal. Cuántas veces no creamos un personaje a partir de una persona que existe o existió, para hacer más creíble o sugestivo o digerible un universo literario de la “realidad”. Cuántas veces no encontramos la mayor exhibición de realidad en una historia absolutamente inventada (si es que tal cosa existe, que, la verdad, no lo creo). Creo que Rima es una escritora importante en el ecosistema literario puertorriqueño, precisamente por su propuesta seria, ya evidentemente constante, de una literatura de nuestras historias y verdades, de nuestra memoria y sus restos.

El desastre se puede contar desde muchas miradas: la lastimosa, la tétrica, la extranjera, la folklórica, la positiva, la rabiosa, la esperanzadora. Yo lo que sé es que, como dice la otra gran cronista mexicana, nuestra amiga además, Elena Poniatowska, “nuestras vidas son una novela cuando alguien se toma el trabajo de escribirlas”.

Y “mientras duren en nuestros países las condiciones de opresión, miseria y marginación, la crónica y testimonio serán la única manera que tenga el lector de enterarse de vivencias insospechadas y ajenas, un lector muchas veces hostil a conocer verdades de su propia realidad”.

Este texto fue parte de la presentación del libro Chulos de la pobreza, de Rima Brusi Lamadrid, el 17 de diciembre de 2021 en Pública, Santurce.

 

 

Gladiadores

 

 

A Mayito, alias El Máquina

A los estibadores portuarios:

Salud, suerte y aumentos salariales

Yo tiré sacos con El Máquina. ¿Y qué hay de relevante en eso?, se preguntarán. Ya las proezas laborales no llaman la atención. Solo si fuiste gladiador de Puerto comprenderías como llegas a sentirte orgulloso de haber sido esclavo, y cómo, aunque pasa el tiempo, te sigue uno emocionando al observar la foto en donde estamos los más unidos de aquella brigada azul: Los Industriales.

Para la foto posamos solo una parte de la brigada: el 64895, el 45678, el 88345, el Usabaré (que no recuerdo su número) y el 88688, un servidor. Claro, como me quedé con la fotografía, nadie notó el detalle en un plano alejado de la esquina izquierda, cuando el flash atrapó en una carrera de locos al 67987, Mayito, alias El Máquina. Corría a buscar más lingas para seguir adelantando:

—¡Oigan, modelos, dejen el floreo que hay pincha!

El Máquina: un tipo de unos cincuenta y siete años y que roza los 1.70 metros de estatura, un tanto delgado, pero fibroso al punto de llevar cada músculo y vena del cuerpo en constante exposición. Un hombre que no piensa, no fuma, no toma, no se la gasta en los prostíbulos… ese era El Máquina. Todo en función de su mujer y sus cinco hijos.

Por aquellos días trabajé en mi primer barco. Se comenzaba la jornada a las 5:30 AM y yo ya estaba en la fila por si había que rellenar brigadas. Llevaba un mes exacto de contrata y era el que más estaba sonando de los estibadores nuevos. El Chama fuerte del 21, rapado y con mi trenza china, toda una promesa tirando sacos con la resistencia a full, y que nunca vagueaba.

Los estibadores Fijos siempre estaban en la lista para barcos y algunos vendían sus turnos, partiéndolos a la mitad con los contratos nuevos que se quedaban sin trabajo bueno para el día o la semana. Si eras contrata y querías pelear, que te vieran los Jefes de Brigada y que en solo unos meses te dieran el tan deseado título de Fijo, tenías que someterte y cobrar la mitad. De lo contrario, muchas veces te dabas el viaje al Puerto por gusto y debías de esperar otro día o semana para lo bueno; o quizá enredarte en las montas de sacos para los camiones; o a rellenar los vagones de trenes donde se trabajaba solo por unos kilos en moneda nacional… siete horas más intensas que un maratón.

Por eso, con los barcos, era diferente. Podías ganarte hasta Cien CUC en una semana, en dependencia del lugar que alcanzara tu brigada, y tirando los comodísimos sacos de arroz.

Yo ya estaba metido en la pelea pues un Jefe de Brigada se había fijado en mi trabajo y me recomendó para rellenar los que faltaban en la brigada de Los Industriales. Era el puesto para un barco de Nitrato de Amonio:

—Es fuerte la pincha, Chama, pero así te vas ganando el Fijo. Si lo haces bien te pongo en punta pa’ cuando entre el arroz…

Y fue así como me uní a los gladiadores de Industriales. Fue así cuando por primera vez escuché hablar de El Máquina. Nadie estaba dispuesto a ser su pareja, aunque después me enteré que su compañero habitual, desde hacía unos 13 años, era el 67890 e igual siempre mencionado: El Talibán. Desde que no estaba, se hacía un sorteo donde el ganador, más bien el perdedor, asumía de pareja con El Máquina.

—¿Quién es El Máquina ese? — pregunté.

— Aquel viejito —me respondieron.

—No jodas, Negrón. ¡Hoy lo coge el novato del año!

— Chama, tranquilo, no te meta’ ahí —me dijo sonriente.

Caí en cuenta de que me habían soltado en una brigada ganadora, pero que en ese momento estábamos en segundo lugar pues el día anterior la brigada de Los

Tigres tiró normalmente sus sacos en el turno donde no se coincidía por la mañana.

Y en la tarde, cuando tocó el turno a Los Industriales, comenzó a llover y cerraron la sección de carga del barco. Resultado: Los Tigres nos sacaban casi un turno de ventaja; cinco mil y pico de sacos de ventaja. La brigada que terminara en primer lugar era la que más cobraría en Pronto Despacho.

—¡Hoy vamo’ a tirar 12.000! Ellos van a 9000 por turno y en dos días están cogíos…

—Pinga, Máquina, ¿12.000?

— Dale, Negrón, deja la pendejá…

—Maestro, ¿usted es El Máquina?

—Sí, muchachón, y usted es…

—Leo.

—Mejor dime tu número, es más importante.

Observé en mi pulóver pues aún no lo tenía memorizado.

—88688.

—Que nunca más se te olvide, muchacho.

Y nunca más lo olvidé. Incluso memoricé el número de cada uno de nosotros.

—Jey, Máquina, aun no se ha hecho el sorteo y el novato quiere tirar sacos contigo.

—Con novatos no, Negrón.

— Tranquilo, puro ¿de dónde tú me conoces?

El Negrón y El Máquina sonrieron al unísono.

—Está bien eso.

—Suave con la niña, Máquina.

—¿Qué niña que cojones, Negrón?

—¡Ah, porque La Chama es brava!

—Asere, ¿que bolá contigo?

—Está jodiendo, chamaco. Calma, que el día es largo y ahorita vas a llorar —me dijo

El Máquina y se dirigió luego al Negrón—. Tranquilo, yo lo cuido, si explota lo mandamo’ a barrer pal’ tonel. Se verá bien escoba en mano…

—¿Y cuánto cobra el que barre? —pregunté.

— La mitad del dinero.

—Usted está loco, Negrón ¡Yo soy Iron Man! ¿Y cuánto nos buscamos en este

barco, Máquina?

— Si cogemos primer lugar, el Nitrato deja de treinta a cuarenta CUC.

— ¿Y en cuantos días?

—En cinco o seis. Pero ya llevamos dos y no te toca el completo, Chama.

—Algo es algo. Me hace falta el dinero.

—A todos, fiñe, a todos — dijo el Negrón.

Nunca había estado tan cercano a un barco. Es una especie de ciudad que flota.

Y de repente, frente a esa monstruosidad, había un grupo de gladiadores que estábamos listos para la pelea. Aunque también a nuestro lado estaba la brigada de Los Tigres esperando para lanzarse al abordaje y desactivar su respectiva bodega.

Aún no habían dado la señal de que habían abierto las compuertas. Cuando la dieron, a toda velocidad subimos por las escaleritas de sogas.

Desde siempre había soñado con subir a un barco, pero ya resuelto el asunto, no tuve tiempo para disfrutar la vista. Teníamos que descender a la sección de carga para después meternos hasta el infierno en que estaba convertida la bodega de

Nitrato de Amonio que nos tocaba vaciar.

La bodega de un barco es inmensa, quizá demasiado, y cabrían no solo dos, sino también tres o cuatro brigadas. Los charcos del Nitrato espaciados por el piso olían a orine. Todos los estibadores iban con sus botas de goma pero a mí aún no me habían dado el módulo de ropa. Andaba en unos Nike viejos y con solo unos pasos el Nitrato fue colándose entre los zapatos y empezaron a arder un tanto los pies.

El sol comenzaba a asomarse y nosotros esperábamos por los grueros a que trajeran los manojos de sogas…

—¡Lingas, lingas, lingas, traigan las lingas! —gritaba El Máquina con los puños cerrados y apuntando al cielo.

Todos sonreíamos con su locura, hasta que al fin llegaron las sogas y las desenganchamos acomodándolas sobre el piso para armar los entongues.

Comenzamos a rellenar la linga a nuestra izquierda. No más se tiró el primer saco, detallé las pezuñas desnudas del Máquina: sus manos eran como garras con callos en los dedos índices y anular, en las falanges, y ni hablar de las palmas. Atenazó el saco, más bien diría que lo apuñaló, por sus dos esquinas y yo hice lo mismo:

—Lo importante es ir parejos. Como cuando se baila, Chama.

Y sí, tirar sacos es como una danza en pareja donde hay que sincronizarse para no gastar al compañero. Con pasos cortos al frente, pasos largos en diagonal y quedando estirados hasta agarrar y cargar al mismo tiempo el saco para luego lanzarlo sobre la linga.

En un principio tuve algunos desajustes:

—Estás dando el paso muy largo, Chama —me decía en voz muy baja El Máquina.

Y es que los sacos producto a la humedad se deforman, se aplastan y casi adquieren la dureza del cemento. Es entonces cuando tienes que perder una muy valiosa fracción de segundo y de fuerza para destrabarlos.

Los íbamos acomodando en hileras de a veinte, donde cada entongue cuenta normalmente con una altura de diez sacos. Pero aquella mañana había prisa y debíamos amarrar los entongues a una altura de doce sacos… y pal’ carajo, ¡que aguantaran el sobrepeso las grúas! Por suerte no se zafó en el aire ninguna linga que provocara una lluvia de sacos, como en una de las viejas historias donde casi perdemos para siempre al Máquina.

Avanzábamos bastante rápido, la verdad. Lo demostraba la manera en que todos gritaban a cada rato para elevar el ánimo de la brigada. Aunque había algunos que gritaban por puro arrebato o borrachera, pues se sabía a todas luces quienes eran los marihuaneros, los pastilleros o los borrachos. Todo marchaba viento en popa hasta que superamos al número de lingas y otra vez debimos esperar por los grueros. En ese momento varios estibadores, yo diría que todos excepto El Máquina, aprovechamos para tomar un aire durante la espera por los grueros y las sogas.

—¡Lingas, lingas, traigan más lingas que Los Tigres están arriba!

—Vamo’ bien, Máquina, coge un time —le gritó el Negrón.

—¿Ustedes quieren cobrar menos? ¡Estos grueros están pinchando pa’ Los

Tigres…!

Y continuó gritando incesantemente El Máquina, hasta que al fin reaparecieron los grueros con los manojos de sogas y se terminó el descanso.

De tanto tirar sacos, el Nitrato va colándose entre los guantes y comienzas a pelarte las manos. Por eso los experimentados tiran a mano limpia. Aunque tarde o temprano llega el momento en que la sangre gotea por los brazos y tienes que seguir. Si para uno se paran dos y después cuatro… se retrasa el entongue y los

grueros, satisfechos, se sienten de vacaciones. A veces uno tiene que continuar casi al borde del desmayo. Alucinando. El mundo se vuelve un saco y no piensas en nada más. Cuando tratas de distinguir a tus compañeros solo vez sombras moviéndose.

—Hoy vamo’ a subir 12.000 pa’ recuperarnos de la lluvia de ayer —gritó por enésima ocasión El Máquina, y yo volteé para mirarlo fijo a los ojos. Observé una masa rojiza entre el olor a Nitrato de Amonio y unas temperaturas quizá superiores a cuarenta grados. Quise encararlo, pero sentí un rafagazo de voluntad tras distinguir esa silueta dando el valor para no desmayarse; para no explotar frente a todos.

Dos horas después, ya casi pasados por cuarenta minutos del horario de merienda, aún no la habían traído.

También nos estábamos quedando sin agua:

— ¡Vamo’ a parar por agua! —gritó alguien al Jefe de Brigada.

—Ya está al llegar —le respondieron.

—¡Pero rápido, que vamo’ a desmayarnos…!

Media hora después aun estábamos sin merienda y ya sin agua… aunque nadie había parado.

Un tipo de más de 1.90 mt y unas sobradas doscientas libras se tambaleaba… se tambaleaba… y terminó apoyándose a un entongue de sacos. Luego se inclinó con las manos puestas sobre las rodillas tratando de tranquilizar la respiración.

—¡Hay que tener también espíritu! —gritó El Máquina con las manos abiertas apuntando al cielo—. Coge un diez, White, ando ´alante en mis lingas y te ayudo a cerrar tu entongue…

Así era El Máquina. Pero siempre había cabrones que no daban el cien por ciento pues sabían que ahí estaba él para adelantar.

—Bájale el ritmo, Máquina, nos están cogiendo pal’ relajo.

—Tranquilo, Chama, al que es hombre, tarde o temprano le da pena y se acompleja…

Efectivamente, porque al rato siempre se escuchaban las voces:

—Caballeros, ¡déjense de descaro que el viejito y no para…!

Y así se contagiaba la brigada. El Máquina era mucho más que un tipo superdotado en resistencia. Era un líder en su pedazo de mundo. ―Al que es hombre, estar vagueando, tarde o temprano le da pena‖. Se me quedó grabado.

Al rato llegó la merienda. El más oportuno pan con jamón y queso que yo recuerde… y con lata de refresco incluida. Pero aunque te laves bien las manos, el olor y la textura babosa del Nitrato, como si no fuera suficiente llevarlo incrustado en el cuerpo, se mezcla con la comida e igual termina en tu interior.

Recuerdo al Máquina en aquella jornada merendando el químico a mi lado:

—Chama, no te me pongas bravo con esto que te voy a decir.

—¿Qué cosa?

—Extraño al Talibán. Es el único que de verdad puede seguirme. Veinte años juntos. Vanguardias Nacionales. Ganamos cinco veces los Nacionales Inter Puertos. Siempre estuvimos en las brigadas más calientes…

Y sí, en realidad tuve el tiempo para comprobar que era cierto. Se decía, como si fuera una leyenda, que juntos rendían por tres parejas. Y cuando conocí al Talibán, me percaté que los músculos no son el único indicador de la fortaleza. El tipo era todo nariz y boca, aunque antebrazos como Popeye el Marino.

—¿Y qué fue de su vida, Máquina?

—Na’, dijo que no aguantaba más esta mierda y que se iba pa’ Ecuador. Pero creo que es mentira. Me dijeron que anda por cuanto Chupa-chupa hay en la Habana y que está bebiendo mucho. Necesito verlo, tengo un mal presentimiento.

—Asere, tú le descargas al Talibán.

—¡Fue al único que nunca le pude sacar los pines!

— A mí tampoco me vas a gastar, Máquina… aparte, yo pienso ser escritor.

—Tú viene’ bien, pero por algo te dicen el Chama todavía. Y mira, mejor ya no pensemos más basura que nos ponemos lentos.

Se reanudaba la marcha bajo el sol del mediodía y comienzos de la tarde.

Recuerdo, como algo curioso, que a esa hora el Puerto era sinónimo de una fiesta de disfraces donde lo mismo te tropezabas con estibadores que parecían ninjas o espantapájaros… aunque los más veteranos eran casi nudistas, parecían inmunes al sol y ya con el tiempo habían adquirido colores de piel bastante uniformes. El Máquina siempre andaba ligero de vestimenta, y de estómago también, ya que nunca se atragantaba de más para que el cuerpo le respondiera rápido, como solía decirnos.

—Voy a hablar con los cocineros… ¡que así to’ el mundo se pone inútil!

—Coño, Maquina, suave que somo´ humano —le respondían siempre, pero al rato se establecía un ritmo eficiente aunque nunca como en la mañana.

—El cuerpo hace lo que tú lo obligues, Chama, la vaina está en no andar pensando mucha basura, que eso es lo que te frena —me dijo en voz baja, todo ojos el Máquina, antes de regresar a su estribillo favorito—. ¡Lingas, traigan más lingas que ya los Tigres están cojíos!

Y otra vez las rezongas, las risas… y otra vez su voz movilizando a la brigada.

Me gustaría decir que en mi primera jornada con los gladiadores, no me detuve ni por un instante a causa del cansancio, pero estaría mintiendo. En par de ocasiones el sol, que vencía al más pinto, las plantas de mis pies y las manos y antebrazos en carne viva me obligaban, literalmente, a coger un aire.

—Out por regla, Máquina, busca la escoba —gritaban sonrientes algunos camaradas.

—Dejen eso, que este gladiador es mi relevo —respondía el Máquina, y su voz me infundía una fuerza extraña—. Respira profundo, Chama, y no pienses mucho pa´ que tú veas. Acuérdame afuera darte un par de botas, que así no aguantas mañana…

Y seguíamos tirando sacos, aunque sé que el Maquina, para que yo pudiera terminar, le quitaba un tanto a su ritmo. Y es que nadie recuerda haberlo visto cansado, y quizá por eso, algo extrañados, cuando vivimos unos días en que no se le observaba animoso, sacábamos la cara, mejor decir los brazos las espaldas y el extra, para rendirle un cierto tributo silencioso y con gran respeto decirle maestro, aquí estamos rindiendo. Y ya después, tras los comentarios inevitables de ese cáncer que se apresuraba en devorarlo y su consecuente retiro, hubo decenas de ocasiones donde le pedimos que fuera a nuestras jornadas portuarias para darnos ánimos y organizarnos. Y en muchas ocasiones a fin de mes, juntamos dinero de nuestros salarios para calzarle el mísero subsidio estatal y tenderle una mano con el familión. Quizá por eso, apenado, anticipándose demasiado, decidió alejarse por completo, quizá antes de tiempo ya que aún servía. Pero al 67987, Mayito alias El Máquina, es preferible recordarlo sin pensar de más para no ponerse lento; se le recuerda estoico, perfecto, como en aquella jornada de sobrecumplimiento con sabor a cansancio y entrega, donde sí que tiramos los doce mil sacos y recortamos distancias para meternos de a lleno y empatar la pelea, ya que a Los Tigres no les fue muy bien que digamos. Se les veía en sus caras la derrota mientras nos tropezábamos para recoger las ropas y toallas en las taquillas, o de camino a las duchas; todos por igual intentando quitarnos de encima los restos del maldito Nitrato de Amonio. Era indudable que la confianza estaba en los rostros de los Industriales, ya que todo apuntaba que al final quedaríamos en primer lugar… y claro que lo hicimos, pues teníamos al Máquina.

Como guinda al pastel, mi primera jornada en Grandes Ligas coincidió con un día de cobro. Tras salir de las duchas fue que vine a conversar otra vez con El

Máquina y algunos de los gladiadores de Industriales. Todos comentaban cuanto hacía falta que le pagaran el estímulo por Pronto Despacho que tenían acumulado, y que no les congelaran otra vez el dinero. Hice la fila en la ventanilla, y todo ese inmenso grupo de gladiadores cansados, hambrientos o borrachos, no demoraron en formar más de tres o cuatro discusiones, y algunas bastante calientes.

Yo esperé con calma, tenía acumulada varias montas de vagones en el Tren y varios dobles turnos que se montarían en alguito aceptable para mi primer mes. Calculaba al menos unos treinta CUC… pero solo me pagaron las montas y lo demás quedó acumulado hasta el próximo pago: Es mejor no llevar la cuenta y esperar tranquilo, fue el comentario general. Al menos es el trabajo indicado para eso, pensé. Pues con el tiempo, aprendes que tirar sacos es una forma de vivir con la mente en blanco. Por increíble que parezca, te hace olvidar cualquier problema.

Se esperaba siempre con paciencia de monje en el parqueo el transporte de regreso, y más cuando el ambiente se sentía ya bastante relajado ya que todos íbamos con algún dinero en el bolsillo. Yo había palabreado con El Máquina para la ocasión, el llegarme hasta su casa para probarme unas botas que me iba a regalar, ya que mi módulo seguiría en espera quizá otro mes, según me había dicho, pues solía demorar con los novatos.

Montamos en el ómnibus y no más arrancó el vehículo, comenzó la rumba. Negros y blancos y mulatos y jabaos tocando en los asientos plásticos de forma ensordecedora, y hasta parecía que con la música iban recuperando las fuerzas. En días de cobro siempre hay fiesta, alcohol y putas. Y como si estuviera sincronizado a esa fecha del mes, se respiraba el triple de impaciencia mientras la guagua pasaba por una esquina cercana al Hotel Deauville. Ahí fue que me mostraron uno de los tantos sitios claves para resolver. Y me asomé por la ventanilla para observarlas de a dos y de a tres esperando en los balcones, como si estuviéramos en Las vegas.

Con un poco de imaginación, más el hambre de comida y sexo, casi podía sentir sus diferentes perfumes y sabores. Y cuando el ómnibus se detuvo en un semáforo, las chupa-chupas entre risas comenzaron a hacer señas. Todos los gladiadores sacamos nuestras cabezas por las ventanillas: “Ahorita les caemos”, les gritaron varios. “Pero no den tanta muela y suban”, respondían ellas con esas sayas extra cortas y las lycras y sus bollos bien marcados. Esas caras de putas fueron demasiado para algunos de los gladiadores, y al instante se sacaron sus pingas por las ventanillas y comenzaron a agitarlas al aire… “Con eso no van a hacer nada”, gritaban ellas… “Pero hombres… bajen…”, repetían sin cesar y en más de una ocasión la gente en la calle debía de hacerse los ciegos o los sordos.

—Como pierden tiempo estos locos —me dijo sonriente El Máquina.

El ómnibus continuó el camino y de repente El Máquina sacó la cabeza por la ventanilla y comenzó a mirar hacia atrás:

— ¡Eh!, ¿te embullaste, Máquina?

—¡Chofer, chofer, déjame aquí!

—¿Y qué hay de las botas?

—Bájate, si algo seguimos a pie.

Tras bajarse de la guagua, El Máquina con mucho apuro se dirigió hacia un tipo que estaba parado en la esquina e iba vestido con ropas que parecían de marca, pero algo gastadas, muy sucias, caneca de ron en un bolsillo y dando los pasitos del borracho. Fui tras él a toda carrera pues pensé que era cosa de problemas…

—¡Carajo, Talibán, así quería pillarte!

—¡Cojones, Mayito! —le respondieron, no recuerdo si antes o después del fuerte abrazo.

—¿Qué está pasando, compadre?, regresa al Puerto que aún me queda tiempo pa’ servir —le dijo con tono un tanto grave.

—Coño, ¿qué dices, Mayito?

—Que te extraño, hermano, ¡me tienen tirando sacos con este juvenil! —dijo el

Máquina intentando sonreír mientras me señalaba.

—Muchacho, te casaste con la más fea. ¡El Máquina e’ pareja! —me sonrió cortés el Talibán, pero después bajó un tanto la mirada.

Reanudaron el abrazo con un fuerte palmear en sus espaldas.

—No todos somos máquinas, Máquina —le escuché decir bajito, mientras yo comprendía por primera vez algo importante.

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