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Memorias de un estadista frustrado

 

 

Mi madre había horneado un bizcocho en forma de bandera americana para amenizar una actividad en la que se conmemoraba una serie de escenas de guerras en suelo americano. Eric Carrión diseñó el enfrentamiento del ejército inglés con los minutemen de Boston usando palitos para deshollinar pipas. Yo había pintado un juguete que me habían regalado para saber de historia americana. Era una escena de la Guerra Civil. Hice una especie de caja de madera prensada llena de arena donde no hice más que acomodar los soldaditos pintados. Creo que por eso mi madre se tomó la molestia de hacer el bizcocho en forma de bandera. La verdad es que Eric había hecho más que yo.

Salimos en el Malibú para la actividad pero en el camino el bizcocho se cayó y se rajó la cobertura de frosting que era una reproducción de la bandera de las Trece Colonias. Claro, ahora que el bizcocho se había dañado, mi madre no sabía si debía llegar a la actividad. Resolvió arreglar la cubierta de dulce lo mejor que pudo. Era guerra, a fin de cuentas.

La poesía secreta de Puerto Rico

Néstor E. Rodríguez

Al margen de lo que prolifera en las redes sociales y el ínfimo circuito de premios y becas de creación en Puerto Rico, existe un extraordinario archivo poético apenas atendido. Me refiero a una poesía de altísimo nivel que está muy lejos de la tendencia a utilizar el poema como espacio de divulgación del mensaje de tal o cual causa y bandería.

Como nos enseñan los poemas de Julia de Burgos, José María Lima, Joserramón Melendes, Anjelamaría Dávila, Manuel Ramos Otero y José Raúl González (Gallego), abrazar la causa no es una imperfección. Lo es cuando dicho gesto no viene acompañado de la faena con el lenguaje, que es a fin de cuentas lo que hace que una obra perdure.

La poesía secreta de Puerto Rico no persigue una forma de producción masiva ni lleva prisa; más bien se deleita en su propia invisibilidad. Entre los hallazgos recientes de esta cantera figuran libros ineludibles como Campo minado de Juan Carlos Rodríguez, Permanencia en puerto de Vanessa Droz, El templo de Samye de Irizelma Robles, Estrategias de combate de e.s. ortiz-gonzález y En este lugar se respira de Sylvia Figueroa, así como tres que verán la luz próximamente: Leptospirosis de Ángel Díaz Miranda, La Melancolía de Durero de Zaira Pacheco y Este círculo es mío de Ivelisse Fonseca Lago.

Un rasgo que conecta estas propuestas por demás disímiles es la ligereza. En ellas la cortedad del decir está en función de la hondura filosófica y emotiva, y esto no es poca cosa en el Puerto Rico de los tiempos que corren. Con su apego a la monumentalización de la vivencia, la poesía secreta apela a la esperanza de una “soledad floreciente, soledad hacia afuera, que saca de su misterioso subsuelo la continua renovación de sus dones”, como intuyó María Zambrano al describir el aparente desamparo de Puerto Rico en tanto isla como espejo de la condición humana.

Indudablemente, en la poesía secreta de Puerto Rico la palabra se alza sobre la ruina para testimoniar con nervio y llaneza, con el sujeto lírico de la obra de e.s. ortiz-gonzález: “En esta línea contengo un bosque”.

 

 

Otros Betances: la transformación de un científico y médico en un activista

 

Profesionales y próceres: un problema historiográfico

La historiografía puertorriqueña del siglo 19, desarrollada bajo el impacto de la reflexión europea moderna, le dio prioridad al aspecto político y a la vida pública de las figuras alrededor de las cuales movilizaba sus discursos. La historiografía integrista de signo liberal o conservadora, la separatista de la segunda parte del siglo 19 así como la nacionalista de la primera mitad del 20, al formular al héroe civil, lo vaciaron de contenidos no políticos. La pulcritud del héroe colectivo y de las gestas que protagonizaba eran, en consecuencia, el resultado de una amputación agresiva que reducía sus vidas a los límites de lo que una práctica historiográfica, luego rechazada como tradicional, requería. El resultado fue doble. De un lado, la invisibilización de sus vidas privadas. De otro lado, la devaluación consciente o inconsciente de ciertos aspectos de su vida pública que no eran considerados pertinentes para su representación como héroe civil.

Los modelos son numerosos. Salvador Brau Asencio (1842-1912) fue dependiente de un comercio, dominaba la contabilidad mercantil y la administración de empresas. Era un intelectual conectado al entorno social que observaba, evaluaba y criticaba. La poesía, el teatro, el periodismo, el positivismo y la historiografía de Brau serían comprendidas de manera parcial si se pasa por alto ese hecho. Román Baldorioty de Castro (1822-1889) se formó en física, matemáticas y manufacturas, un campo de la ingeniería emergente, y se dedicó al magisterio.  Segundo Ruiz Belvis (1829-1867) fue, Síndico Procurador, Juez de Paz, abogado litigante en Mayagüez y administrador de la Hacienda Josefa en la cual había nacido. Su separatismo y abolicionismo radical evolucionaron a la luz de esos aspectos de su vida. Lo mismo sucede con Ramón E. Betances Alacán (1827-1898), médico y cirujano activo en Mayagüez al lado de José Francisco Basora (1832- c. 1882), organizador de la campaña sanitaria para enfrentar el cólera morbo entre 1855 y 1856[1], fundador del Hospital San Antonio de Mayagüez y promotor de un abortado colegio privado de segunda enseñanza para la ciudad con el apoyo de Ruiz Belvis, entre otros.[2]

La evasión de esos aspectos puede explicarse de diversos modos. A veces expresa el temor de que al mirar en esa dirección se llame la atención sobre el hecho de que el “prócer” pulcro no es sino un acto de la imaginación. En ocasiones, como se ha documentado en el caso de Ruiz Belvis, los actos de la vida profesional generaron contradicciones capaces de lesionar la imagen del héroe civil. Historiográficamente la explicación es otra: el estilo elogioso de la biografía tradicional ha penetrado la reflexión impidiendo la apropiación holística de la figura. Desde mi punto de vista, el crédito que se reconoce al protagonismo social de las elites profesionales en la sociedad puertorriqueña del siglo 19 no debe limitarse al esclarecimiento de su producción intelectual o su activismo político. Su vida profesional y cotidiana son cruciales a la hora de “saberlos”.

Una revisión general del panorama decimonónico demuestra el impacto de las profesiones clásicas y modernas en la representación de “procerato”. La medicina y el médico, la farmacología y el boticario, el derecho y el letrado o abogado, la ingeniería y el ingeniero, la agronomía y el agrónomo, la administración de empresas y el empresario, el contador o tenedor de libros, las ciencias y el físico o naturalista, la educación y el maestro, dominan el perfil del intelectual y activista en el siglo 19.

Ello ha tenido sus consecuencias. Cierto dualismo maniqueo se ha impuesto: el intelectual o profesional moderno, un producto neto de la educación universitaria y un indicador de la modernidad y sus valores, ha sido proyectado como el opuesto del hacendado y el comerciante, siempre preocupado por el apetito económico y la obtención de beneficios materiales. Nada más lejos de la realidad: el llamado “procerato”, salvo contadas excepciones, provenía de aquellos sectores y las rupturas con su clase con el fin de abrazar las causas del populacho siempre nunca fueron totales. Cada vez que necesitaron apelar al poder material de las clases de las que provenían para alimentar su liberalismo lo hicieron.

En síntesis, los avances del liberalismo reformista o radical durante el siglo 19 (su cultura o capital inmaterial) con sus aspiraciones de cambio más o menos acelerado; y el crecimiento del mercado y la agricultura comercial (la riqueza o capital material) con su voluntad de controlar la velocidad del cambio en favor de la estabilidad adecuada para los negocios, poseen estrechos vínculos. La metamorfosis de sus actores en representantes legítimos de una comunidad diversa llena de carencias era predecible.

Desde una perspectiva amplia, los siglos 18 y 19, dado el respeto reverencial a la racionalidad científica y el desarrollo del capital industrial, auspiciaron la maduración de profesiones innovadoras, entre otras, la administración de empresas y la ingeniería industrial. Pero el periodo también fue testigo de la revisión y modernización de profesiones clásicas como la medicina y el derecho. Los logros científicos del químico y bacteriólogo Louis Pasteur (1822-1895), por ejemplo, revolucionaron la medicina desde 1850 en adelante. Ambos procesos influyeron en la figuración colectiva del “procerato”[3]. Betances, quien estudió y practicó disciplinas clásicas como la medicina y la cirugía en el contexto de su acelerado proceso de modernización, es un buen ejemplo de cómo la condición procera excede los límites del héroe civil.

Ser profesional en Puerto Rico

Quienes practicaron profesiones modernas y clásicas en proceso de modernización en Puerto Rico llamaron la atención tanto de las autoridades como de las comunidades de las que provenían. Empero tuvieron que enfrentar numerosos retos en medio de un régimen que evaluaba de forma ambigua la formación académica. La educación formal no era un “derecho” sino un “privilegio” de clase que sólo en ocasiones, el caso de Baldorioty es un ejemplo, admitía excepciones. Los procesos formativos debían darse como resultado de un esfuerzo privado que requería solvencia económica.

La ausencia de una universidad clásica en Puerto Rico forzaba a los aspirantes a viajar al “extranjero”, un concepto identificado con los países capitalistas avanzados de Europa y Estados Unidos, así como con algunos territorios, liberados o no, del Caribe y de Hispanoamérica. La limitación de la oferta universitaria en la colonia, Santo Domingo y La Habana poseían universidades respetables, animaba la crítica al régimen y validaba la imagen de España como el poder “retrógrado” que Betances criticaba con tanta intensidad.[4] De más está decir que aquella imagen coincidía con la que tenían numerosos observadores europeos y estadounidenses sobre ese reino antes y después de 1898.

Las reservas del poder español con la educación universitaria traducían un fuerte perjuicio político y económico. De acuerdo con las autoridades en un texto de 1866, ello “producía personas inteligentes sin empleo de ocupación inmediata en los ramos de producción” que acabarían formando un elemento peligroso para el régimen.[5] El argumento adjudicaba la inutilidad y peligrosidad de la clase profesional, pero reconocía la incapacidad del mercado para ocuparlos y domesticarlos con eficacia. El rechazo al universitario y su saber era notorio. La pregunta es ¿dónde podía trabaja un médico, un abogado, un ingeniero, un agrónomo o un físico en 1850 en Puerto Rico? Una posibilidad era que permaneciera en el circuito del azúcar al servicio del capital y las elites de las que provenía. Otra que trabajara para el Estado que lo veía como una amenaza. Y otra que trabajara privadamente en Puerto Rico o que permaneciera en el extranjero ello a pesar de las limitaciones de consumo de sus servicios en el orden colonial.

La preocupación del Estado iba más allá. Durante el régimen fernandino las autoridades controlaron el intercambio internacional de estudiantes a ciertos mercados universitarios. Un ejemplo de ello es que, entre 1808 y 1830, se prohibió a los padres de familia enviar sus hijos a universidades de Francia o Estados Unidos. Aquellos países significaban valores modernos opuestos a los del régimen de Fernando VII (1814-1833). Además, desde 1830, momento del ascenso al poder del “Rey Burgués” Luis Felipe I (1830-1848), el Reino de Francia encaminó su transformación en una potencia industrial, fenómeno que atrajo la atención de las burguesías progresistas y los profesionales universitarios de las Antillas.  El respeto al “tercer estado”, esa amalgama de sectores que traducía los intereses de la burguesía era considerable en un fragmento de las elites de la colonia.

 La cultura médico-científica de Betances

Como pensador y científico Betances sintetizó valores intelectuales de dos tradiciones de vanguardia en la Europa de su tiempo: la Ilustración, identificada con el Racionalismo y la Ciencia; y la Modernidad identificada con el Romanticismo y la Estética.  En ambos casos la tendencia a romper con una herencia autoritaria apoyada en la Fe y la Autoridad eran perceptibles. Aquellas vertientes, si bien chocaban la una con la otra, en especial a la hora de evaluar las tensiones entre la Razón y la Intuición en la producción del conocimiento, convivían en la compleja tradición occidental de la cual Betances fue resultado.

 

La presencia de la Ilustración en Betances ha sido discutida desde hace mucho tiempo: su respeto por Voltaire (1694-1778), es solo una de sus manifestaciones. Uno de los primeros estudiosos de la obra médica de Betances, Francisco X.  Veray (1980), lo vinculaba al Vitalismo. El Vitalismo Científico era una doctrina que se ocupaba de explorar la naturaleza o condición esencial de los organismos vivos y aclarar lo que distinguía un organismo vivo de otro que no lo era.[6] El contenido secular del vitalismo se manifestaba en su intención por dejar atrás las explicaciones animistas que caracterizaban la ciencia médica previa a la Ilustración. En cierto modo la actitud implicaba una reducción del interés en el alma y un aumento en el interés en el cuerpo, es decir, el diagnóstico giraría de lo inmaterial a lo material. La pertinencia de la pregunta del Vitalismo Científico sobre las distinciones entre lo orgánico y lo inorgánico era evidente para la fisiología y la medicina. El biólogo y anatomista francés Marie François Xavier Bichat (1771-1802) fue uno de sus pilares. La preocupación vitalista, como se sabe, desbordó el territorio de las ciencias naturales.[7] La discusión desembocó en el Vitalismo Filosófico, propuesta que tuvo en Friedrich Nietzsche (1844-1900) y Henri-Louis Bergson (1859-1941) sus apóstoles a fines del siglo 19 y principios del 20.[8]

El Vitalismo Científico y Filosófico fue un sistema de pensamiento secular que, además, elaboró una dura crítica del fisicalismo, el positivismo y el materialismo vulgar.  A lo largo del siglo 18 tradujo una reacción bien articulada a las certidumbres de la Física dominante difundida en Francia por medio de Voltaire, y a la aplicación mecánica de sus métodos al estudio de los seres orgánicos o vivos. El Vitalismo Científico insistió en la necesidad de que la vida y lo orgánico fuesen estudiados con “un lenguaje diferente” al de la teología, la filosofía y la ciencia de su tiempo. A ese fin desarrolló el concepto “Elán (o Fuerza) Vital” para referirse a ese factor que distinguía lo orgánico (vivo) de lo inorgánico (muerto). Para la fisiología o medicina ello implicaba que la “enfermedad” se interpretaba como la pérdida del equilibrio en ese “Elán (o Fuerza) Vital”. La intención parecía ser, no siempre con éxito, dejar atrás la teoría humoral de Hipócrates (c. 400 a.C.) y las concepciones animistas judío-cristianas de la enfermedad. La “salud” equivalía a la recuperación del equilibrio ese perdido. Cuando las “propiedades vitales” recobraban su “hegemonía” o “balance”, se sanaba.[9] Betances hizo suyas de manera crítica aquellas posturas a lo largo de su vida profesional.

La herencia de la Modernidad en el Betances médico ha sido más obvia. Tanto Veray como Eduardo Rodríguez Vázquez (2008) proyectan su labor como parte de la corriente de la medicina anatomo-patológica que se apoyaba en la observación macroscópica cuidadosa del paciente.[10] No solo eso: ambos comentaristas coinciden en reconocerlo como un adelantado intuitivo de la Era de Louis Pasteur (1822-1895), caracterizada por los recursos de la química y la microbiología que aquel introdujo en la práctica médica. Betances completó su carrera médica en la Universidad de París en la década de 1850 cuando la revolución de Pasteur iniciaba.

En aquella compleja intersección histórica maduró el médico y cirujano que fue Betances. De regreso a Mayagüez, no llegaba a los 30 años, le esperaba una experiencia muy retadora y peculiar. La profesionalización de la medicina y la cirugía al amparo de la racionalidad científica y las nuevas lógicas del mercado era evidente en la Europa de la cual provenía. En Puerto Rico su formación era una excepción que producía diversas impresiones. Por un lado, animaba la admiración de ciertos sectores: su apellido, su ubicación social y su manifiesto compromiso con el abajo social lo justificaban. Pero, por otro lado, en un orden que rechazaba a los profesionales universitarios por su peligrosidad la incomodidad era la orden del día. Su recepción en la colonia reflejó las profundas contradicciones de una época de cambio como se verá más adelante.

El 19 de mayo de 1855 presentó Betances su título en el Ayuntamiento de Mayagüez.  Allí fue nombrado Cirujano de Sanidad Interino.  Alguna dificultad tuvo por su condición de “prietuzco”, término con el que denominaba su ascendencia negra de sus ancestros dominicanos. Betances se reconocía moreno o “prietuzco” pero cuando aspiró a un puesto público en Mayagüez, tuvo que demostrar su pureza racial con un expediente de blancura que requirió la reclasificación de un ascendiente de los libros de pardos a los de blancos.[11] La blancura por los cuatro costados era requerida para la ocupación de cualquier puesto público.

Desde el 25 de octubre de 1854 Basora, educado en Barcelona, ejercía como Médico Titular de la ciudad,[12] tarea que ejerció hasta 1858 cuando las presiones políticas lo forzaron a alejarse de la ciudad. Junto a Basora, propulsor de la anexión a Estados Unidos, y Ruiz Belvis, comprometido con la independencia, y desde la plataforma del trabajo en el ayuntamiento con un intenso contacto con la comunidad, el profesional y médico se transformó en activista y se puso en el ojo de las autoridades. Nada más normal a mediados del siglo 19. Los costos de ello fueron significativos, como se verá en otra reflexión.

[1] Mario R. Cancel (1988) “Betances y la epidemia del cólera”. Revista/Review Inter­americana 18.3-4: 133-134. Versión digital en Mario R. Cancel Sepúlveda (2010) “Betances y la epidemia del cólera” en Puerto Rico su transformación en el tiempo. URL https://historiapr.wordpress.com/2010/06/16/betances-y-la-epidemia-del-colera/

[2] Mario R. Cancel (1991) “Sobre un proyecto de Colegio de Segunda Enseñanza y el movimiento revolucionario clandestino en Mayagüez en la década de 1860”. Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña 98: 9-14.




[3] Nada más distante del orden neoliberal en el cual una parte significativa de las profesiones, con la excepción del proverbial STEM, son devaluadas. La situación era otra en el siglo 19. Muchas de las redes rebeldes que condujeron a la Insurrección de Lares se fraguaron en la práctica de profesiones y en medio de la intensa vida económica de hacendados, campesinos y comerciantes.

[4] Un modelo es Ramón E. Betances (1976) “La culta España” en Haroldo Dilla y Emilio Godínez Sosa. Ramón Emeterio Betances (La Habana: Casa de las Américas): 183-185.

[5] Mario R. Cancel (2015) “Segundo Ruiz Belvis, la educación y un proyecto de colegio para Mayagüez (1865-1867)” en Horomicos: Microhistorias URL https://horomicos.wordpress.com/2015/01/03/segundo-ruiz-belvis-colegio-mayaguez-1865-1867/

[6] El juicio está en Francisco X. Veray (1980) “Betances, el médico” en Ramón Emeterio Betances (San Juan: Casa Nacional de la Cultura / Instituto de Cultura Puertorriqueña). Sobre el Vitalismo científico revísese Mario R. Cancel Sepúlveda (2012) “El vitalismo y el pensamiento social (Parte I)” en Pensamiento social URL https://historiasociologia.wordpress.com/2012/12/06/el-vitalismo-y-el-pensamiento-social-parte-i/

[7] Para ubicar el animismo y el vitalismo en la historia de la medicina sugiero Robin Fahræus (1956) Historia de la medicina (Barcelona: Editorial Gustavo Gili): 559, 606 y 612.

[8] Véase Mario R. Cancel Sepúlveda (2012) “El vitalismo y el pensamiento social (Parte I)” en Pensamiento social URL https://historiasociologia.wordpress.com/2012/12/06/el-vitalismo-y-el-pensamiento-social-parte-ii/

[9] La lógica de Giambattista Vico (1869-1744) y Auguste Comte (1798-1857), dos precursores de la sociología tal y como se conoce hoy, refleja muy bien esa concepción del equilibrio/desequilibro del Vitalismo Científico. Vico y Comte fueron modelos de pensamiento para Eugenio María de Hostos Bonilla siempre respetuoso del balance, pero, como se sabe, Betances fue un duro crítico de Comte y, por extensión, de la idea del equilibrio necesario o forzoso que distinguía a Vico y sus discípulos.

[10] Véase Eduardo Rodríguez Vázquez (2008) “Un médico distinguido en la historia de Puerto Rico” en Félix Ojeda Reyes y Paul Estrade, eds. (2008) Ramón Emeterio Betances. Obras Completas. Escritos médicos y científicos. Volumen I (San Juan: Puerto). Sobre la corriente anatomo-patológica vinculada a Giovanni Battista Morgagni (1682-1771) véase Fahræus, Op. Cit. 185, 598

[11] María del Carmen Baerga (2015) “Routes to Whiteness, or How to Scrub Out the Stain: Hegemonic Masculinity and Racialization in Nineteenth-Century Puerto Rico” en Translating the Americas 3: 109-147. URL https://horomicos.wordpress.com/documentalia-archivos/baerga-routes-whiteness/

[12]Ada Suárez Díaz (1980) “Cronología de la vida del doctor José Francisco Basora (1832-1828),” Caribe 2.2-3: 94. URL https://documentaliablog.files.wordpress.com/2018/04/suarez_basora_caribe.pdf

Estados Unidos: un sistema electoral imperfecto en una democracia devaluada

Por Gustavo Veiga

El 11 de septiembre de 2001 el territorio de Estados Unidos dejó de ser invulnerable. Dos décadas después, el 6 de enero de 2021, el asalto al Capitolio demostró que su democracia tampoco es infalible. Ni virtuosa, ni modélica, ni como la pintan sus think tanks. Donald Trump y el culto ciego a su personalidad avasallante, ayudaron a desnudar lo que era – y es aún hoy – la estructura que ordena sus relaciones internas. Las que a su vez explican su política exterior. Esa piedra angular de un sistema de dominación que muchas naciones padecieron. Por las armas o por la asfixia económica. Ya lo decía John Quincy Adams, su sexto presidente, en 1821: “Estados Unidos no sale al mundo en busca de monstruos que destruir: desea libertad e independencia para todos, pero defiende y reivindica sólo la propia”.

Este año que empieza a transitarse no romperá la historia lineal de sus asuntos domésticos. La alta concentración de recursos se aceleró en pandemia. El 1% de su población acaparó en 2020 el 35% de la nueva riqueza creada. Es un dato de la Reserva Federal a marzo del 2021. En medio de especulaciones apocalípticas, 2022 difícilmente depare cambios alentadores. Si bien cedieron un tanto las interpretaciones sobre una posible guerra civil – como evaluó Noam Chomsky en septiembre de 2020-, el país continúa agrietado.

Con el agravante de que tiene el mayor índice mundial de armas per cápita, su irresuelto conflicto racial sigue latente, la inflación se disparó después de 39 años y se mantiene al tope de los contagios (54,9 millones) y muertes (825 mil) por Covid-19 repotenciados por sus dos últimas cepas: delta y ómicron.

El trumpismo sin Trump ya se piensa en el Partido Republicano como una alternativa para disputarle la hegemonía al Partido Demócrata en ambas cámaras. El calendario electoral fija que el 8 de noviembre habrá comicios de medio término. Las estadísticas señalan que en 75 años un nuevo presidente solo ganó las legislativas en 2002 para la Cámara de Representantes. Fue cuando George W. Bush tenía la suma del poder público y un alto nivel de aprobación por su discurso guerrerista después del ataque a las Torres Gemelas. Antes y después, dos mandatarios demócratas perdieron por nocaut. En 1994 Bill Clinton vio reducir en 54 escaños la bancada de su partido y a Barack Obama le fue peor: se quedó con 64 menos en 2010. Pese a todo, ambos fueron reelegidos dos años después.

La desmesura del magnate expresidente y sus más fervientes seguidores, un mix de nostálgicos esclavistas, el Tea Party, QAnon y adherentes a la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), permitieron que se viera lo que a menudo no se ve del sistema de votación en EE.UU.

Trump estuvo cerca de arrebatarle en el Colegio Electoral la victoria a Joe Biden en noviembre de 2020, como ya lo había logrado cuando le ganó a Hillary Clinton en 2016, pese a que la candidata demócrata sacó 2,8 millones de votos populares más. El sistema indirecto hace posible estas triquiñuelas políticas. Incluso permitió que la Corte Suprema interviniera cuando falló en el 2000 a favor de Bush (h) y en contra de Al Gore en el estado de Florida. El vice de Clinton había ganado – como Hillary – por la suma de los sufragios directos, pero no en el Colegio Electoral. El régimen vigente definió aquella polémica votación en una de las democracias de más baja participación del mundo. El voto no es obligatorio y los comicios nacionales se realizan los martes.

El Gerrymandering

La compleja trama para decidir candidaturas en todos los niveles de EE.UU es más problemática todavía si se considera al gerrymandering. ¿Qué significa este concepto tan específico e ignoto? Viene de Elbridge Gerry, firmante de la Declaración de Independencia, vicepresidente y gobernador de Massachusetts. Cada diez años, cuando se censa a la población, se redistribuyen los electores en todos los distritos: federales, por estado y en cada pueblo o ciudad. Se agrupa a los potenciales votantes en base a un sistema surgido en Estados Unidos a principios del siglo XIX. Un mapa distrital se dibuja para permitir beneficiar a un partido en detrimento de otro cuando se eligen representantes.

Esta formulación fue llevada en 2019 hasta la Corte Suprema para su impugnación, pero el tribunal decidió no intervenir. Todavía es utilizada y se atribuye más a los republicanos, pese a que los demócratas también se valieron de ella en determinados momentos.

Rich Robinson, consultor político y abogado en Silicon Valley, escribe como columnista en el medio californiano San José Spotlight. Su opinión sobre el sistema electoral de su país es elocuente: “En 2018, el voto nacional para el Senado de los Estados Unidos fue de 53 millones para los demócratas y 35 millones de votos para los republicanos. Los republicanos obtuvieron dos escaños en el Senado para aumentar su mayoría. Por lo tanto, la idea de democracia en Estados Unidos es actualmente una farsa”.

En diciembre pasado, el estado de Texas fue demandado por el Departamento de Justicia porque había redistribuido los distritos para que las minorías latina, negra y asiática – de mayor crecimiento demográfico – perdieran su potencial electoral. Un mes antes, en noviembre, una ley texana que convalidó el gobernador republicano Greg Abbot con su firma, entorpeció el derecho a votar de personas mayores, con discapacidades o que no hablan inglés para las legislativas de este año.

Ese tipo de artilugios electorales – que el actual presidente denunció por “antidemocráticos” – recrudecieron por lo que estará en juego en noviembre: las 435 bancas de la Cámara de Representantes se renuevan y 34 de los 100 escaños del Senado cuya jefatura los republicanos perdieron en simultáneo con la derrota electoral de Trump. Texas es el estado que más aumentó su población en la última década. Sus nuevos residentes son básicamente demócratas. El 7 de diciembre pasado, el diario mexicano La Jornada tituló: “gerrymandering-verguenza-de-la-democracia/»>EU: gerrymandering, vergüenza de la democracia”.Desde el San José Spotlight, el especialista Robinson comparó ese sistema con el Apartheid.

La política exterior

Dice la Oficina de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo del Departamento de Estado en su página oficial que “un objetivo central de la política exterior de Estados Unidos ha sido la promoción del respeto por los derechos humanos, tal como se plasman en la Declaración Universal de Derechos Humanos”. Algo falló o es un decorado para otros fines, como la OEA. Desde que finalizó la Guerra Fría, Estados Unidos se involucró en siete guerras como policía planetario, además de intervenciones de menor intensidad. No cuentan ahí los golpes blandos o institucionales que alentó en América Latina bajo distintos gobiernos, republicanos o demócratas, en los últimos años. Tampoco los que costaron -solo en la región- millares de víctimas desde que triunfó la Revolución Cubana, que el 1° de enero cumplió 63 años.

Una nación que no respeta la Carta de las Naciones Unidas, no parece la mejor promotora de los DDHH. Ese documento de 1945 fija que el uso de la fuerza sólo será legítimo en defensa propia o si lo autoriza el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. A Estados Unidos nunca le interesó demasiado lo que piensa el resto del mundo de sus políticas intervencionistas. Lo prueba el bloqueo aplicado a Cuba desde el 3 de febrero de 1962 que firmó John F. Kennedy. Son treinta años y veintinueve victorias diplomáticas consecutivas de la isla en la ONU, con la sola interrupción en 2020 por la pandemia. Biden, demócrata como el expresidente asesinado en Dallas en 1963, no parece inclinado a cambiar nada. El mundo seguirá siendo inseguro y la responsabilidad histórica de EE.UU está muy bien documentada.

 

Reproducido de www.pagina12.com.ar

Historias dirigidas por mujeres: The Power of the Dog, Bruised, The Unforgivable

 

En Rojo

Como la fecha de mi resumen del año siempre ha sido a finales de enero para dar tiempo de ver cine sobresaliente del año que llega más tarde a nuestras salas de cine, incluyo en este último escrito de 2021 tres filmes, dirigidos por mujeres con vasta experiencia o estrenándose en este rol.

The Power of the Dog

Directora y guionista: Jane Campion; autor: Thomas Savage; cinematógrafa: Ari Wegner; elenco: Benedict Cumberbatch, Kirsten Dunst, Jesse Piemons, Kodi Smit-McPhee

Aunque la directora neozelandesa/australiana, Jane Campion, no tenga a su haber una extensa filmografía, solamente hay que recordar o volver a ver The Piano (1993) para entender su grandeza. En The Power of the Dog (NetFlix) también elige contar su historia en un lugar apartado donde el ambiente parece determinar el comportamiento, muchas veces brutal, de sus personajes. Es 1925 en Montana, una hacienda forjada a fuego y fuerza para reclamar y desarrollar tierras de sus dueños originarios. Los hermanos Burbank son los responsables de su desarrollo y mantenimiento. Mientras Phil es el que se encarga del ganado, George administra las finanzas. Y a pesar de los ataques e insultos—siempre con una sonrisa—de Phil hacia George, se protegen y cuidan de cualquier extraño o enfermedad. George se presenta desde el principio como una persona muy tolerante y de mucha paciencia para lidiar con el presente, pero muy seguro de sí mismo al tomar decisiones. Mientras Phil prefiere constantemente recordar un pasado brutal, pero para él idílico porque es lo que lo forjó como hombre fuerte de la frontera, y que nada cambie durante los 25 años que llevan aquí, George piensa en el futuro tanto de él como individuo y hermano y otra economía para la tierra. Todo cambia radicalmente cuando George anuncia su matrimonio con Rose Gordon, viuda con un hijo adolescente, Peter. Phil intentará subvertir esa relación utilizando toda su astucia y fuerza.

Como hizo en The Piano (un elemento casi imprescindible en el cine australiano), la geografía del lugar se vuelve un personaje que influye en las acciones de los hermanos Burbank y los nuevos residentes de la hacienda. Ese campo abierto de Montana tiene no sólo estructuras construidas y ampliadas según las necesidades de sus dueños, pero su superficie también tiene la sangre y huesos de los originarios asesinados en batalla o en su asentamiento y los hombres y sus familias que no sobrevivieron en campo abierto. Los hombres definidos por y como Phil parecen creer que la historia comienza y se detiene por sus logros y ven cualquier cambio a esa falsa supremacía como una amenaza que están obligados a detener. Cada personaje—Phil, George, Rose y Peter—forjará su espacio, aunque esto signifique utilizar estrategias que pueden resultar en humillación, enfermedad y muerte. Cada actor/a transforma su papel para decir tanto con un mínimo de palabras y gestos. El filme se presentó en el Festival de Cine de San Sebastián de septiembre con ya todos los boletos vendidos la semana antes.

Bruised/Lastimada

Directora: Halle Berry; guionista: Michelle Rosenfarb; cinematógrafo: Frank G. DeMarco; elenco: Halle Berry, Sheila Atim, Adriane Lenox, Danny Boyd, Adán Canto, Shamier Anderson, Stephen McKinley Henderson

Bruised (NetFlix) es el 1er largometraje de una actora que ha tenido que fajarse a través de su vida en el cine para evitar que la estereotiparan como la actora hermosa, casi negra y sexualizada. Sus seguidorxs, como yo, solamente tenemos elogios por sus interpretaciones en Losing Isaiah (1995), Monster’s Ball (2001), Things We Lost in the Fire (2007) y sus pequeños y destacados papeles de reparto. Con Bruised, deja a un lado el atractivo facial y corporal de sus anteriores personajes para presentarse como Jackie Justice, una ex luchadora del Ultimate Fighting Championship (UFC) ahora alcoholizada y casi una pordiosera. Muy pocas veces intenta limpiar esa imagen y, cuando lo hace, no mejora mucho. Hace cuatro años, abandonó la pelea de campeonato y por eso todxs la ven como cobarde y ya acabada, no importa si sigue teniendo la fuerza y destreza que una vez la hicieron campeona. Su nuevo novio y promotor es el puertorriqueño Desi (Adán Canto) con quien tiene una relación de violencia mutua. Todas sus acciones parecen dirigidas a degradarse hasta el punto de convertirse en nada y nadie. Dos incidentes la harán despertar lo suficiente como para cuestionar su presente: una pelea improvisada con otra peleadora donde demuestra que todavía tiene temple de campeona y un encuentro con su madre, Angel (Adriane Lenox), que le entrega a su pequeño hijo, Manny (Danny Boyd), quien se siente como un paquete que pasa de mano en mano sin ningún afecto familiar.

En su empeño por probarse que sigue siendo una buena peleadora y madre responsable, Jackie entrenará con personas que tienen distintas percepciones de ella. Mientras a Pops (Stephen McKinley Henderson) le da pena de cómo esta mujer se ha maltratado, Buddhakan (Sheila Atim) la ve como floja e incapaz de recobrar el talento perdido y para Immaculate (Shamier Anderson), ella es tan solo un boleto para hacer dinero. El filme está bien dirigido para resaltar la humanidad de este mundo tan popular y degradado para que la audiencia lo vea como un circo cuyo único propósito es entretener celebrando la violencia física. Berry también hace muy buen uso de sus actores con excelentes tomas que resaltan su interioridad con el diálogo preciso.

The Unforgivable/Lo imperdonable

Directora: Nora Fingscheidt; guionistas: Peter Craig, Hillary Seitz, Courtenay Miles; autora: Sally Wainwright; cinematógrafo: Guillermo Navarro; elenco Sandra Bullock, Viola Davis, Vincent D’Onofrio, Jon Bernthal, Richard Thomas, Linda Emond, Aisling Franciosi, Emma Nelson, Will Pullen, Tom Guiry.

Al igual que hizo Halle Berry en Bruised, Sandra Bullock en The Unforgivable (NetFlix), deja a un lado la imagen de mujer tallada a la perfección para las cámaras para convertirse en Ruth Slater, una mujer que casi ha perdido su habilidad de comunicarse con el mundo exterior después de estar 20 años encerrada en la cárcel por haber matado al oficial que intentó desahuciarla a ella y a su hermanita de cinco años. Aceptó su culpa, cumplió su condena y ahora regresa a su pueblo para encontrar algún contacto con esa niña que dejó de ver hace tantos años. Pero para los habitantes del lugar, ella hizo lo imperdonable y nunca puede redimir su culpa. Esos obstáculos vendrán de Steve (Will Pullen) y Keith Whelan (Thomas Guiry), los hijos del alguacil que creen que a través de la venganza (ojo por ojo) se sentirán mejor, de Michael y Rachel Malcolm (Richard Thomas y Linda Emond), padres adoptivos de Katie (Aisling Franciosi) y de John y Liz Ingram (Vincent D’Onofrio y Viola Davis), los nuevos dueños de la casa que una vez llamó su hogar. Pero también encontrará apoyo—aunque por su experiencia en la cárcel no confía en nadie—en Vincent Cross (Rob Morgan), su oficial de libertad condicional, un líder comunitario para proveer vivienda a los sintecho, Blake (Jon Bernthal), un compañero de trabajo en la pescadería donde único pudo encontrar trabajo.

Poco a poco, Ruth Slater aprenderá a presentar su caso en términos humanos: una hermana mayor que crio a su hermana bebé cuando la madre muere de parto. Viola Davis—en un cameo que domina la pantalla—como la nueva residente de la casa de Ruth, logra entender a través de la conversación entrecortada de Ruth, que su propósito en la vida es saber que Katie está bien y sin trauma por lo que sucedió hace 20 años. No es una historia fácil de contar y conlleva muchas emociones sin manera de expresar, pero todas las actuaciones pequeñas que rodean al personaje de Bullock le dan la amplitud que tiene The Unforgivable.