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Editorial: Día a día venciendo al COVID- 19

22 de abril de 2020. Puerto Rico: Un nuevo piquete servicarro por parte de un grupo de ciudadanos ocurrió esta mañana a las afueras de las instalaciones del Departamento de Salud para reclamar que se utilicen las pruebas de COVID-19  de manera estratégica en la isla y además que se trace un plan adecuado ante el golpe económico de la pandemia.

 

Al igual que el año 2020, en Puerto Rico el año 2021 ha sido marcado por la pandemia del COVID-19, una crisis mundial que indudablemente quedará registrada entre los eventos más trascendentales de la historia del Siglo 21. Una vez más la Naturaleza nos recuerda su poder de sacudir los cimientos de las sociedades humanas, obligándonos a echar mano de todos los recursos de nuestra racionalidad e inteligencia para superarlos. La ciencia, desarrollada desigualmente, como todo lo demás en este mundo tan profundamente dividido, ha sido sin duda la mejor arma para combatir este enorme desafío. Gracias a la ciencia, en tiempo récord ya se puede contar con más de una docena de vacunas de distinto tipo y procedencia que han marcado la diferencia entre la vida y la muerte para millones de seres humanos en todo el planeta, pese a la injusta desigualdad económica que aún impide que la mayoría de las personas pueda acceder masivamente a las mismas. El egoísmo, la competencia económica, el afán de lucro desmedido, y las profundas divisiones ideológicas, políticas y de todo tipo que dividen al mundo han sido los principales obstáculos para el desarrollo de una respuesta global integrada y robusta contra el avance del virus.

Pese a todo, Puerto Rico se ha crecido durante esta crisis, y día a día nuestra fuerza salubrista se levanta decidida a combatir y vencer el virus que nos sigue acechando después de casi dos años. Aunque la respuesta pandémica en Puerto Rico ha estado regida por los protocolos del gobierno de Estados Unidos y los CDC, indudablemente nuestro país tiene mejores y más positivos datos que los estados y jurisdicciones de Estados Unidos, exceptuando el estado de Vermont. Ahora mismo y desde el principio de la pandemia, Estados Unidos es, por un amplio margen, el país con la tasa más alta de contagios, hospitalizaciones y fallecimientos por COVID-19 en el mundo. En ese contexto, el hecho de que Puerto Rico resalte por sus datos positivos es un indicador importante que habla mucho y bien sobre nuestro país y nuestra gente.

Estados Unidos tiene una tasa de vacunación total de 61.8%, mientras Puerto Rico está casi emparejado con el estado de Vermont con la tasa más alta de vacunación completa, a pesar de nuestra gran densidad poblacional. Según datos de la plataforma Worldometer, de hace una semana, en Puerto Rico hay 2.45 millones de personas completamente vacunadas y una tasa de vacunación total de 76.7%, números que deben haber aumentado durante los últimos días, con las grandes movilizaciones que hemos visto de personas a recibir vacunas o dosis de refuerzo. Esto demuestra la madurez, disciplina y civismo de nuestro pueblo, además de la extensa infraestructura organizada aquí para la administración de pruebas y vacunas, y de los miles de profesionales de la salud destacados a través de toda la Isla para atender las necesidades particulares de la población ante el avance de la nueva variante del COVID-19.

A lo largo de estos dos años de retos, nuestra comunidad científica y de salud pública ha desarrollado sus propias iniciativas, protocolos y medidas, sentando cátedra sobre cómo se afinan sobre la marcha las estrategias y herramientas para dispensar con eficiencia los servicios en laboratorios, centros de vacunación, oficinas médicas, clínicas y hospitales, y laborar coordinadamente para intentar contener, con una buena medida de éxito, el avance de la pandemia.

En el contexto de la improvisación y desorganización que parece prevalecer en amplias regiones y sectores de Estados Unidos, y las directrices a veces contradictorias del protocolo federal, el ejemplo de Puerto Rico es notable. El hecho de que nuestro país esté marcando una gran diferencia, y señalando el camino correcto con su respuesta, buenas prácticas y resultados durante esta crisis, debe ser motivo de reflexión sobre hasta dónde somos capaces de crecernos cuando nos unimos en un propósito común. Además, nos debe producir una gran satisfacción colectiva el estar obteniendo estos resultados, aún en medio de las enormes dificultades que estos dos años han representado para nuestro pueblo.

Por eso, les exhortamos a recibir el año 2022 unidos y en el mismo espíritu de resistencia y acción positiva con que nuestro querido pueblo puertorriqueño se ha enfrentado a la sucesión de crisis de los últimos años, particularmente a la prolongada e impredecible pandemia del COVID- 19. Desde CLARIDAD, les enviamos a todas y todos, en Puerto Rico y la diáspora, un enorme abrazo colectivo junto a nuestros mejores deseos de salud, paz interior y renovado compromiso.

 

 

 

Pasteles, literatura, ketchup

En Rojo

 

  1. Las largas Navidades que se celebran en Puerto Rico desde antes del Día de los muertos hasta el Festival de CLARIDAD (octubre a febrero) son el momento en el que se sacan a pasear las etiquetas de la puertorriqueñidad. Música, baile y, más que nada, la gastronomía. Dentro del asunto de qué comemos durante las festividades puertorriqueñistas destaca el “pastel”. Símbolo y contraseña de nuestra nacionalidad.

La primera vez en la que se reflexiona sobre el consabido símbolo es en, precisamente, nuestra primera obra literaria con carácter de antología: El Aguinaldo Puertorriqueño (1843). Quien lo haya leído constatará que desde el prólogo se discuten asuntos sobre costumbres y tradiciones gastronómicas -mazapán y jerez incluido- que han generado discusiones y equivocaciones hasta el día de hoy.

  1. Fíjense en el contexto. Estos son los primeros vagidos de nuestra literatura. Nos decía Manuel Fernández Juncos, prócer convertido en avenida : “Todavía en el año 1840 no existía en este país comercio de libros, y las personas más aficionadas a la literatura, satisfacían trabajosamente su anhelo de aprender en copias imperfectas, y en alguno que otro libro que les solían prestar los jóvenes que regresaban de las universidades españolas, y que así fueron aquí los primeros y más eficaces sembradores del campo de las letras”. Y ese precario negocio de libros era secundario con respecto al intercambio de regalos y golosinas en los días navideños. Eso es esta antología. En el “Prefacio” se señala el carácter de obsequio que tiene para “ponerse a los pies de una hermosa” y se le dedica a los amigos y familiares. No es una publicación que pretende convertirse en un paradigma del romanticismo español ni inaugurar el mismo en la isla. La misión es sencilla: reemplazar “ con ventajas a la antigua botella de jerez, el mazapán y a las vulgares coplas de navidad”. No dicen reemplazar los pasteles y por supuesto, mucho menos se aconseja arrojarles de manera peregrina ketchup. Pero está claro que aquí hay una búsqueda inicial de otro sabor local.

Ya lo ha señalado José Luis González: : “Parece extraño, desde una perspectiva actual, que los jóvenes autores del Aguinaldo rechacen, al mismo tiempo, los elementos de un españolismo que la nueva mentalidad criolla iba viendo ya como cosa ajena («la antigua botella de Jerez» y el «mazapán ») y el elemento que representaba el espíritu criollo popular («las vulgares coplas de Navidad»). Ya en el siglo XXI sabemos que “las vulgares coplas de Navidad” son imperecederas y que se ha vencido aquella visión aristocrática que mencionaba Manrique Cabrera: “Los autores del Aguinaldo se hacen solidarios de una posición aristocrática que, independientemente de su intención, rechazan de plano la rica cantera folklórica, es decir, la entraña verídica de lo popular”.

  1. Divago. Volvamos al pastel. A la propuesta de un “libro enteramente indígena” responde de manera paternalista, un escritor maduro, Francisco Vasallo. Peninsular residente en la isla, Vasallo dialoga en el texto y le recuerda a los muchachos indígenas en el exilio español que esas costumbres de las que reniegan son importantes. Más de uno a reparado en el “pastel”. Vasallo dice lo siguiente:

(…) según se dijo en otro tiempo, en un artículo que de esta misma materia, inserto en el Boletín, fieles aquellos pueblos a sus sabrosas costumbres y a las tradiciones de sus mayores a nadie le ocurre que las producciones de la literatura pugnen y se hallen mal avenidas con el gran noche buena (grueso tronco que en ella se pone a la candela para su celebridad); con las cajitas de bombones y confites; con el Noel, lleno de chucherías y dulces para sorprender a los niños el día de Pascua; con las festivas y ruidosas cenas de la noche de Reyes, en que figura en primer término EL INDISPENSABLE PASTEL que contiene una sola habichuela encarnada, la cual da la soberanía en el acto de la mesa al que halla en la porción que le ha tocado, nombrando rey o reina inmediatamente su familia y servidumbre (…)

De este fragmento se ha dicho equivocadamente que es la primera mención del “indispensable pastel” que comemos en Navidad. El error es evidente. Ese “pastel” es el roscón de reyes, la galette des rois cuya masa está hecha de azúcar, mantequilla, huevos, harina -u hojaldre- en fin, nada que ver con “nuestro” pastel. Sin embargo, en la página siguiente, otra delicia culinaria evocada por Vasallo aporta más a la confusión: “(…) la caraqueña tirará los treinta dineros y les echará a ustedes un guá, que hará temblar hasta el mismísimo regente de la imprenta, si ustedes les tocan sus hayacas de Nochebuena. ¡Ahí es nada lo del ojo! !Una hayaca bien hecha!” Entonces, ¿las hayacas venezolanas eran parte de nuestra tradición? Sin duda, dada la importante inmigración venezolana y la relativa cercanía geográfica y -entonces- cultural. Pero ¿qué era una hayaca? En el prefacio se describe como: “pastel hecho con masa de harina de maíz que contiene carne de vaca, garbanzos, pasas, tocino en pedacitos pequeños y otros ingredientes. Para cocerlo se envuelve en hojas de plátano”. Al leer esto no tengo duda de que se trata de la receta para la contraseña del patriotismo gastronómico.

  1. Nadie sabe más de la historia culinaria de Puerto Rico que el profesor Cruz Miguel Ortiz Cuadra. Él, que además es un fino escritor y chef, ha señalado que el pastel aparece en la página escrita muy tarde. Tarde con relación a ese otro pasaporte gastronacional que es el mofongo cuya receta más antigua es del 1859. Ortiz Cuadra nos dice que el pastel toma carta de naturaleza escrita en 1931 en un libro de recetas de la autoría de Elsie Mae Wilsey y Carmen Janer Vilá. Si usted quiere probar esos pasteles originales, que no es casualidad que pertenezcan a la Generación del treinta -como el Insularismo de Pedreira- les advierto algunas cosas. Sí, lleva pasas, alcaparra, aceitunas -sin hueso, por supuesto-, y garbanzos. No. No se envuelven con papel parafinado. Solo hojas de plátano. Posteriormente, cuando corre la década del ’40 desaparecen los garbanzos, cosa que agradezco.
  2. ¿Por qué tardó tanto el pastel en aparecer en recetas escritas en libro o periódico? Creo que muchos coinciden en que su preparación es compleja y comunitaria. Nadie hace -o debería- hacer masa para pasteles en la soledad. El uso de hojas de plátano y la variedad de malangos es asociado a la cocina de origen africano. Es la misma masa -o muy similar- a la de las alcapurrias. ¿Será esa confección en comunidad y su origen en la gastronomía afroboricua lo que atrasa esa carta de autorización escrita? ¿Y dónde queda ese meandro caraqueño en el fluir de ese manjar? No seré yo quien afirme categóricamente conocer la solución a esos enigmas. Pero una cosa está clara, nadie, nunca, menciona que a una suculencia cuya confección es trabajosa y cuyo sabor es tan complejo debe mancillarse con catchup. El catchup, con su sabor dulzón, con su maridaje eterno con las papas fritas, cosa cercana a los hamburgers y asociado a la industrialización -esa operación bootstrap, infraestructura del ELA- aparece muy tarde, a finales del siglo pasado (XX) en el paladar asociado a la Navidad. Ciertamente, soy partidario de la libertad y usted adereza los pasteles como usted quiera. Pero cada vez que usted embadurna un pastel -ese pasaporte al cielo de la boca, a las papilas gustativas de la Patria- con la lentitud aditiva y colorante de esa cierta marca, rueda una lágrima por el rostro del Niño Jesús en los pesebres.

 

Palés visto por Muñoz

Hice entonces un nuevo descubrimiento sobre mi país: lo que era la vida literaria en un tranquilo y pequeño pueblo donde además de sus otros habitantes, vivían varios poetas, artistas y gente interesante.  Guayama – donde fui a parar por unos días y me quedé unas cuantas semanas – era el pueblo de Luis Palés Matos, uno de los verdaderos grandes poetas de Puerto Rico.  Acababa de publicar su primer libro, Azaleas.  Se ganaba la vida pasándose la semana en un rancho de escuela de la serranía donde enseñaba por algo así como cuarenta pesos al mes.  Los sábados bajaba por los caminos de herradura; uno de ellos era el viejo camino real por donde Muñoz Rivera transitó en una ocasión hacia la cárcel de Guayama por delitos políticos consistentes en hablar y escribir contra la autoridad aunque fuera en verso.

Se celebraban las tertulias en el Café París, frente a la plaza.  Allí se encontraban de seguro, y en varias sesiones al día, Manuel Martínez Dávila, abogado y poeta; Tomás Carrión Maduro, periodista de los tiempos de la lucha autonomista; Luis Felipe Dessús, músico y poeta que recientemente  había publicado su libro en verso y prosa Flores y balas y que a veces tocaba el violín en los bailes que se daban en la otra esquina de la plaza, particularmente en aquel tiempo de Navidades; el doctor Alejandro Buitrago, presidente del Partido socialista de Guayama que, con el doctor Bonelli, representaba la ciencia y la revolución en aquel microcosmos tropical de lo que para mí era una Atenas.  Pepín Capó, próspero y artístico, era el mecenas, el que festejaba y ayudaba a cuanto bohemio desembocaba por la carretera de Cayey en aquel litoral.  El pueblo también tenía su impresor. Nicodemi, en cuyo taller, creo, se publicó la revista Pancho Ibero que tuvo breve vida y larga fama en Puerto Rico.  Conocí también a un poeta colombiano, tan bueno que se moría de hambre.  Trashumaba por la isla escribiéndoles sonetos a los alcaldes y potentados del café y de la caña, y estaba en una de sus visitas a Guayama.

Para mí Guayama era la realización de un encantamiento en el mundo de las letras; de vidas desinteresadas atrapadas en las ruedas mohosas de una máquina económica que rechinaba de injusticias y miserias.  Tanto era así que tenía ante mis ojos sin verla, día a día la confrontación de la miseria y el capitalismo, personificado el uno en Carrión Maduro, traído de Ponce por la Central para discursear contra una huelga agrícola; y la otra, en el doctor Buitrago, que a veces tenía que abandonar precipitadamente la tertulia del Café París  para atender a obreros heridos de bala y macana  policíaca en encuentros de cañaveral.

Creo que los adolescentes imaginativos viven a veces en un mundo y a veces en otros.  Poco a poco los van relacionando entre sí, acomodándolos a ser uno solo, hasta integrar la visión de aquel en que van a residir siempre con algún grado de fantasía que, en su aspecto imaginativo, tiene más realidad que un mundo visto a ras de suelo y a secas.  Percibía yo el mundo de los conflictos sociales sin analizarlo.  Era como el del comercio, visto en imagen de pulpería, un mundo del que había que escaparse.  Y Guayama en aquel momento de mi vida fue ese boquete de escape, pero además, a mi edad de entonces, me sirvió como brecha de exploración.  A los 19 años uno se escapa de unos mundos en busca de otros.  ¿De qué mundo me estaba escapando  yo?  ¿Del de la política?  Apenas la conocía, y menos aún la reconocía.  Nunca estuve en peligro de que el del comercio me atrapara – y años después, ya en medio del camino de mi vida, demostré mucho más éxito en bregar con la economía de mi país que con la mía  propia.  Posiblemente lo que  hacía  era escaparme de esos dos mundos – y, finalmente, sólo logré escaparme del de la pugna económica personal.  El de la política capturó totalmente mi imaginación cuando lo asocié con la justicia y la creatividad, que son, después de todo, funciones de la poesía  – de la poesía que no se escribe porque gasta toda su energía  en vivirse.

Pero para Palés su cueva natal no era un simbolismo como lo era para mí; para él era la prosa de la que se escapaba hacia brumas de Escandinavia, canéforas rubenianas  y estampas trágicas de Jerusalén.  Más tarde, en su obra, recorrería  unas Antillas que no eran ni Guayama, ni Puerto Rico, ni las Antillas, pero que lo eran.  El mundo del dinero nunca le tentó por muchas banderillas de hambre que le puso; el de la política no estaba hecho para él: Palés no tenía el impulso de abrirse brecha por la densa prosa de la política hasta encontrar las salidas que tiene  hacia la justicia, la creatividad, el arribo a esas otras zonas de la acción poética que yo he tenido la ventura de encontrar.

Pedía, en cambio, en un famoso poema:

¡Piedad, Señor, piedad para mi pobre pueblo

Donde mi pobre gente se morirá de nada!

Sobre estas almas simples desata algún canalla

…

Algún ladrón que asalte ese banco en la noche,

Algún Don Juajn que viole esa doncella casta,

Algún tahúr de oficio, que se meta en el pueblo,

Y revuelva  estas gentes honorables y mansas

Pueblo

Saqué a Palés de Guayama y lo llevé a Ponce, metrópolis donde había un periódico diario y escritores hasta de pantalón corto como Bolívar  Pagán y Erasto Arjona Siaca.  Allí pasamos semanas.  Carrión Maduro era de Ponce  y había regresado de su deplorable misión rompehuelga en Guayama.  Los hermanos Matos Bernier, Félix y Rafael, el que después fue el Juez Gadea Picó, Gillermo Cintrón, director de El Día, cuya redacción era centro de tertulias; Juan Braschi, Antonio Mirabal, Antonio de Jesús Matos, Bolívar Pagán y Erasto Arjona sostenían en el periódico una polémica sobre Vargas Vila, ensayista y novelista colombiano muy leído entonces en América y España, una especie de nietzchiano que escribía con minúsculas y se hacía el terrible.  Bolívar  Pagán lo defendía,  Erasto lo atacaba.  Vargas Vila le escribió desde Barcelona a Bolívar  diciéndole que los «hombres libres se daban la mano por encima de los mares y de las espaldas encorvadas de los esclavos».  Esto causó gran sensación en Ponce.  El grande hombre le escribía al muchacho de Ponce ¡y con qué lenguaje épico!

Los escritores escribían gratis, salvo los que tenían  algún empleo mal pagado en periódicos y revistas.  En la maquinilla del Hotel Meliá en Ponce escribí una serie de artículos para El Día incitando a los escritores y poetas a que boicotearan la prensa hasta que ésta se aviniera a pagar por sus escritos como en todo país civilizado.  Era un mensaje iluso del mundo literario de un país pequeño y pobre a otro mundo de realidades ajenas y extrañas.  Los que estaban dispuestos a pagar con tal de verse publicados, romperían semejante  huelga más allá de toda esperanza, y los que estaban dispuestos a no leer eran muchos más.

Seguí mi ruta hacia San Juan y hacia Nueva York, devolviendo a Palés a Guayama y llevándome a otro poeta, Antonio Mirabal, por unos días para que conociera otros sitios de Puerto Rico.  A Palés lo había invitado a formar parte de la redacción de la revista que se iba a publicar en Nueva York.  Llegué  hasta a comprarle el pasaje.  Pero se iba a casar y siguió escapándose, sin necesidad de pasaje, desde Guayama hacia fuera, en vez de desde Nueva York.  Su ruta de escape se dirigiría después hacia Haití, el Caribe, África y, finalmente, hacia los ricos parajes de su propio ser íntimo.

Luis Muñoz Marín

Memorias  1898-1940

Fundación Luis Muñoz Marín,Segunda Edición, 2003, 1.52-58

Conejo y Cazador (episodio)

Aunque habiten guaridas y nidos, aunque salgan de cubiles y cuevas, las criaturas de este bosque no lo son, ni de sí ni de él. Las criaturas de este bosque duermen con un ojo abierto en las imposibles anémonas de agua dulce. Mudan la piel que nunca cubrió caparazón. Aparecen sin anuncio ni cómputo: una nutria cuelga de la hoja ancha de una palma, un perezoso se deja llevar por la corriente pedregosa de la quebrada. A veces, de hecho, la anguila vuela y el alce suda.

Conejo supo esto desde el principio. No lo entiende, pero lo sabe: lo anticipa ahí donde palpa su entorno, justo debajo del pelaje. Este bosque alberga lo que no cabe en él.
Pero hoy se entera de otra cosa, cosa lanzada en el aire mudo que la rodea, cosa que aterriza suave sobre su lomo gris. Y es que algunas de estas criaturas que solo conoce de lejos se están acercando hoy, una tras la otra, desde la mañana, y Ella no halla motivo alguno para ello. Se acercan de modos que no convienen para ninguna criatura, sea presa, depredador, o mero testigo de pequeñas debacles.
Hoy la miran.

Ha pasado tiempo, un tiempo de mesura múltiple y dudosa, desde que Ella empezó a andar de la mano de Cazador. Ha pasado tiempo desde que la orden y su cumplimiento se aunaron. En todo este tiempo Conejo podía desplazarse por el bosque sin preocupación, podía recorrer entre piedra y claros a sus anchas, royendo cáscara y bañada en sol con el verbo ocasional de Cazador como su único haber.

En este tiempo su carne mutó: el flanco elongado, un surco curvo de vientre en flor, la línea serpentina de cadera creciente. En este tiempo bebió de una sola fuente, en el cuarto de muros lisos. Y así lo han notado todas las otras criaturas de este bosque, y así la miran ahora, con suma curiosidad. Ella lo sabe, no lo entiende, y no le importa entender.
Esta curiosidad deviene en algún ansiar, como la muda de las pieles imposibles. Y por eso, naturalmente, la fauna se mueve.

Una mangosta fue la primera en acercarse con hambre obvia, y Ella sintió el reverbero obtuso y torpe de un deseo que apenas se lloraba caníbal. Y es que la mangosta, en su ansiar, la miraba de reojo, avergonzada de su propósito. No procedía devorar a su hermana silvestre, pero no podía evitar la petición: su mirada era más bien ruego. A los pocos momentos su portadora aceptó el límite de su condición, y se alejó sin más ni más.
Al rato se le acercó un mandril. Con ademán despreocupado ambuló hacia Conejo, consideró dos de sus opciones e ignoró la tercera, y decidió que la lascivia primate de una sola mirada bastaba para sostenerlo el resto del día.

Por la tarde Conejo sintió la presencia de otro animal, diminuto y suspicaz: una pulga que saltaba hacia el cuerpo ya palpitante –su cuerpo, el que latía en espera del llamado de su amado– y se alojaba certero en el centro de su pelaje. Esta pulga no franqueó cortesías. De plano la llamó, en voz tierna y aguda, pidiéndole entrada. Conejo se echó a reír. Sin entender cómo, pues nunca ha tenido el don del habla, le respondió. Quédate ahí si quieres, pulga. Quédate, y mira todo lo que quieras, pero entiende que no serás sino testigo de la orden ajena. Tu mirada, como la de cada criatura de este bosque, se clavará en la tela que nunca podrás rasgar, que nunca te cubrirá. Conejo sabe todo esto hoy, no lo entiende, y no le importa entender. Deseada, su deseo está en otra parte.

Un estado de emergencia de 10 años

Especial para CLARIDAD

 

En febrero del 2008, Marta Mercado- la segunda Procuradora de las Mujeres- tuvo que manejar un alza súbita en los feminicidios en Puerto Rico. No necesitó una declaración de estado de emergencia del gobernador Fortuño porque la Oficina de la Procuradora de las Mujeres (OPM) y las organizaciones respondimos de inmediato. En cuestión de días tuvimos una análisis sobre el perfil de las víctimas y victimarios, una reunión amplia de organizaciones y agencias para tomar decisiones y una campaña con colaboración ciudadana para concienciar sobre el tema. No hizo falta un presupuesto alto porque había voluntad y mucha energía puesta en el objetivo de salvar vidas.

En el 2011, hubo otro pico de violencia de género. En ese momento ya la OPM había sido desmantelada, las organizaciones vocales por ese proceso éramos perseguidas por el gobierno y no hubo respuesta gubernamental. Sin embargo, fuimos las propias organizaciones, a sabiendas de que el gobierno no respondería, las que decretamos el estado de emergencia y actuamos en alianzas para atajar la situación desde nuestras redes de servicios y con el apoyo ciudadano. En esa ocasión exigimos tres cosas al gobierno: (1) Articular un plan que incluyera: adiestrar personal de agencias de seguridad y profesionales de la salud, así como educar en espacios educativos, de servicios y de trabajo; (2) Fortalecer la infraestructura necesaria para atender las víctimas y utilizar los protocolos vigentes; (3) Actualizar y mejorar las estadísticas sobre violencia hacia las mujeres para desarrollar acciones basadas en datos veraces.

En el año 2014 nuevamente enfrentamos un estado de emergencia que nos llevó a interpelar al gobernador García Padilla y presentarnos en Fortaleza para exigir acciones. Se logró crear un comité de trabajo y se generó una campaña de prevención, pero el esfuerzo no logró los resultados que todas queríamos. La OPM estuvo al margen del esfuerzo tal y como parece estar al día de hoy.

Durante estos diez años las organizaciones atendimos un estado de emergencia en el que sufrimos no solo el alza en las estadísticas de violencia de género, sino la indolencia del estado ante el problema. Una indolencia que quedó retratada en el informe “La persistencia de la indolencia: Feminicidios en Puerto Rico 2014-2018” publicado por Kilómetro 0 y Proyecto Matria. La misma indolencia que hizo que el trabajo de creación y coordinación de una infraestructura gubernamental de prevención y respuesta gestado desde la OPM por María Dolores Fernós entre los años 2001 al 2007 se fuera desintegrando al punto de que hoy, tenemos que levantarla nuevamente. Frente a esa indolencia las organizaciones de servicios y activistas mantuvimos un trabajo de atención directa al problema, de investigación, de construcción de alianzas, de educación ciudadana, de trabajo político y de señalamiento a la negligencia del estado y de los partidos aspirantes a gobernar.

Nos tomó más de 10 años lograr que el gobierno decretara un estado de emergencia. Históricamente, 10 años son un suspiro. Pero en nuestras vidas- y las de las mujeres agredidas o asesinadas- son una eternidad.

Las elecciones del 2020, y el protagonismo del tema de violencia de género, crearon las condiciones para que el gobernador Pierluisi decretara el estado de emergencia en enero. Las voces ciudadanas de múltiples sectores hicieron prácticamente inevitable decretar ese estado que por más de dos años se reclamó de manera expresa sin dejar de trabajar simultáneamente para salvar vidas, educar y ampliar una base ciudadana que rechaza contundentemente la violencia hacia las mujeres.

A casi un año de la Orden Ejecutiva 2021-13 que decretó el estado de emergencia es válido preguntarse: ¿Se ha logrado algo?

El lenguaje de la OE es en sí mismo el primer logro. Hasta enero de 2021 ningún gobernante había adoptado un lenguaje cónsono con la perspectiva de género y los conceptos que nos permiten nombrar, entender y enfrentar la violencia de género. La creación del Comité PARE fue otro logro aunque hay que señalar que este comité no sería necesario si la OPM hubiera hecho su trabajo en los pasados 10 años.

Existe una plan de trabajo que guía al Comité PARE. Este plan es completo e incluye medidas de prevención e intervención porque nació de las manos de más de diez organizaciones de servicio que se sentaron a crearlo y que se basaron en el trabajo hecho previamente por ellas y otras organizaciones aliadas. Ese plan está en ejecución pero enfrenta retos relacionados primordialmente con el manejo lento y a veces errático que hace la estructura gubernamental de sus propios recursos. Súmese a esto el peso de una ideología conservadora que insiste en obstaculizar el trabajo por la equidad.

En PARE hay más organizaciones de las que la gente ve. Aunque somos cinco las que estamos en el Comité, hay al menos 20 compañeras provenientes de nuestro sector trabajando en los subcomités a cargo de implementar el plan de trabajo. Son el verdadero corazón de PARE porque llevan la bandera de nuestras luchas a todas esas mesas de trabajo.

Al día de hoy se han logrado cosas como las siguientes: (1) Mejorar el sistema estadístico relacionado con violencia de género y comenzar análisis basados en datos; (2) Crear y calendarizar un proceso de capacitación para el personal de agencias del gobierno en torno al tema; (3) Evaluar, modificar y crear protocolos de atención a la violencia de género que deberían estar listos para implementación a principios del 2022; (4) Acelerar el análisis de los safe kits en casos de agresión sexual y crear un sistema de rastreo que estará accesible para las víctimas; (5) Iniciar un proyecto piloto de gestión y monitoreo de las órdenes de protección llamado COPOP y que además nos permite registrar datos que son útiles para tomar decisiones en el área de servicios; (6) Lanzar una campaña educativa que está generando alianzas adicionales con integrantes del sector privado; (7) Comenzar a integrar los municipios del país en un esfuerzo para tener recursos de respuesta en los 78 municipios; (8) Adelantar un plan para incorporar la perspectiva de género en el currículo del Departamento de Educación.

Nos tomó 10 años lograr que el gobierno acogiera nuestros reclamos del 2011. Todavía nos tomará más tiempo lograr una respuesta gubernamental al nivel de la necesidad real de las mujeres del país. Todavía el gobierno nos debe. Las protagonistas de estos 10 años son las mujeres y su integridad, su solidaridad y su trabajo. Por eso no podemos dejar de ser críticas y mucho menos dejar de soñar con la paz, desarrollo y equidad que todas merecemos.

Este artículo forma parte de nuestra edición especial impresa de resumen del año.