En Rojo
Las listas de los mejores libros del año florecen al final de cada vuelta al sol como los hongos tras la lluvia. Me he esforzado construyendo esta imagen literaria para hacer énfasis en esto. Las listas, como las imágenes literarias, tienen tanto vicios como virtudes.
Hablemos primero de las virtudes para dejar lo mejor para el final.
Esas listas de mejores libros del año podrían ayudar a los lectores a descubrir nuevos títulos y autores que podrían interesarles. En términos generales, se espera que ofrezcan una selección de obras destacadas, lo que puede facilitar la elección en un mercado saturado.
Por otro lado, uno tiene la confianza en que reflejan las tendencias literarias y culturales actuales, permitiendo a los lectores estar al tanto de lo que se está discutiendo. Eso en el caso de comunidades y países en los que se discuten esos asuntos de manera diaria y apacible.
No es loquito pensar que pueden dar reconocimiento a autores y obras que merecen atención porque quien hace la lista tiene un criterio literario, digamos, a través de experiencia lectora.
Ah, pero los vicios… empecemos por una verdad de Perogrullo: las listas suelen basarse en opiniones personales de críticos o publicaciones corporativas, lo que puede excluir obras valiosas. Además, pueden crear una presión social para leer ciertos libros solo por su inclusión en la lista, independientemente de los gustos personales o parámetros artísticos.
Nadie puede negar que, a menudo, las listas presentan una visión limitada y homogénea, favoreciendo ciertos géneros o autores. Lo de “nadie puede negar” es un recurso retórico. Una revista o periódico que depende de ventas y criterios estrictamente económicos va a negar esa visión cerrada. Entonces, como una cuestión de ejercitarme en vicios -la lectura es uno de ellos- y en deformación profesional -el vicio me llevó a estudiar literatura- hago mi lista.
Aclaro que estudiar literatura y amar la literatura como se desvive uno por un vicio son cosas distintas. Cuando comencé a leer de niño confieso que me involucré con indulgencia en placeres inmediatos. Y sí, leer tanto afectó mi relación con el mundo, con la escuela y con el bienestar personal. Entonces, ya en edad de decidir cosas de adulto, en vez de renunciar, convertí ese mal en un esfuerzo sacrificado en pos de un objetivo, en una disciplina que me permitió administrar mi obsesión.
Esta es mi lista -sin orden de preferencia- de los libros publicados este año que leí. Por supuesto, hay excepciones. Advierto que son quince libros y he dividio la lista en dos entregas para que los lectores puedan pensar bien en cómo atacar mi selección.
La alquimia del laberinto. Rubén Dávila. Luscinia. San Juan.
Si bien es un libro académico, cuyo centro es la discusión y explicación de varios seminarios de semiología, puede servir como una suerte de manual introductorio para estudiantes, para refrescar la memoria de profesores, y como está escrito con buen estilo, para cualquiera que se interese en el estudio de los signos y símbolos de cualquier sistema de comunicación.

Comadronas. Historia de l medicalización del embarazo y parto en Puerto Rico, 1930-1970. Sylvia Casillas Olivieri. Luscinia. San Juan.
Se trata de una extensa investigación sobre el modo en el que desde la práctica médica institucionalizada del colonialismo norteamericano se reglamenta el ejercicio de las comadronas. El libro, claro, es una reflexión sobre el proceso de modernización del país
Las trenzas coloradas y otros cuentos. Kalman Barsy. Ediciones Callejón. San Juan.
Son 22 relatos, en general breves, cuyo núcleo significativo es la senectud. Dos relatos llaman mi atención inicial: Original Don Vereda (p.16) y Don Vereda (p.76) porque los leo escuchando la voz del autor. Ya sabemos, las obras literarias son universos autónomos, mundos con sus leyes propias. A veces, por las malas costumbres de nuestra educación formal, exigimos que en los textos queden excluidos autor y lector, que ninguno interfiera en el desarrollo de los sucesos que configuran la obra. Pero en esos cuentos a los que aludo hay una manifestación explícita en la cual el autor nos habla como creador de un universo de ficción que reflexiona acerca de él mismo y de ese universo. Divertida lectura.
Estoi escribiendo para ustedes -Antolojía Poética-. Joserramón Melendes. Sal en coro. Corozal. Digamos que este libro reúne cuatro décadas de una obra monumental en cantidad y calidad. Desde Desimos desimas a Pandemarium (2023), pasando por la Casa de la Forma, que es el Black Hole del soneto llevado a todas sus posibilidades. El trabajo de edición, diseño y selección de Alejandro Medina es excepcional porque muestra rigor en el análisis y el modo en el que se presentan los textos de manera cronológica, y en los poemas sueltos de manera temática dando una visión completa de una obra extensa que aún se expande, como el universo. Por tor lado, el ensayo historiográfico de Raúl Romero con el que cierra el libro es de lo mejor que he leído en mucho tiempo. Lo digo porque presta atención a ese canon clandestino que es el fundamento de la poesía actual. Preciso, claro, inteligencia crítica. Y puede servirle a quienes hoy crean un canon auspiciado por intereses extraliterarios.
La historia de la bandera de Puerto Rico. Del conflicto a la certeza. Joseph Harrison Flores. Archivo Nacional Digital de Puerto Rico.
Si bien de los trabajos de Harrison Flores se ha comentado que en ocasiones parece intentar desmerecer el discurso nacional tradicional esto se zanja de este modo: los símbolos nacionales se reconocen como cambiantes y contingentes. Harrison Flores ha publicado libros de profunda investigación que aclaran asuntos y controversias entre historiadores. En este libro-bellamente diseñado e ilustrado- se adentra en las tres controversias principales con respecto a la creación de la bandera. El diseño y el estilo de Harrison permiten una lectura refrescante. Aquí la erudición se entrega en síntesis, sin ripios ni obstáculos académicos. Es decir, este es un libro apropiado para historiadores profesionales como para lecturas interesados en el tema particular.
¡Viva la juventud rebelde! La bandera y la revuelta estudiantil de mayo de 1936. Gran Sempié. San Juan
Rafael Rodríguez Cruz saca a la luz un proceso de lucha estudiantil en el marco de la más dura represión colonial que se hallaba escondido en los archivos periodísticos. Rodríguez rescata los partes noticiosos en los que se detalla cómo se organizó el estudiantado en la defensa del emblema nacional en el contexto de la masacre de Río Piedras y la ejecución del coronel Riggs.
Quiénes fueron los líderes de esa juventud rebelde, cómo se organizaron, cómo respondió el estado, es un libro fascinante de unos hechos que hasta hoy estaban en el olvido.

Diálogo con dos mujeres libres ante la historia: Blanca Canales Torresola e Isabel Rosado Morales. Blanca Hernández Sierra, Nilsa Burgos Ortiz, Francisco Javier González Parés, Salvador González Zayas, Doris Pizarro Claudio, Ileana Parés Rivera, Carlos Aguirre Flores
En esta publicación tenemos el placer de escuchar -porque se transcriben entrevistas- a Isabel Rosado y Blanca Canales. Pero aparte de eso que de por sí es un banquete, hay una historia del desarrollo del trabajo social en Puerto Rico al modo de la disciplina historiográfica como complemento a las experiencias y recuerdos de dos patriotas puertorriqueñas. Pero es su hermosa humanidad, la narración oral cercana y honesta, lo que nos da una visión profunda de las transformaciones que sufrió Puerto Rico en la primera mitad de siglo XX. Este trabajo es una aportación a la memoria histórica nacional y una invitación a seguir investigando esos espacios de la memoria del trabajo y el sacrificio de mujeres como Blanca e Isabel.

![Será otra cosa-El porvenir será de las desnudas: Eiko Otake en Puerto Rico[1]](https://claridadpuertorico.com/wp-content/uploads/2026/02/El-porvenir-sera-de-las-desnudas_Eiko-Otake-1-218x150.png)

