II. Entonces, me tomo una pausa, quiero decir, un café negro. Inhalo. Exhalo. Déjenme mencionarles algunos otros libros que me parecen de calidad.
Pero, ¿qué es eso de calidad literaria? Es una actitud perniciosa a la salud de la literatura el pensar que todo lector se halla en una situación de lectura idéntica. Jacques Leenhardt nos comentaba esto afirmando que para ello habría que creer en un universalismo de la razón y un universalismo de la calidad literaria que trasciende el paso del tiempo y las coordenadas geográficas, cosas que habría que demostrar de manera empírica.
Dónde y cuándo se lee podrían considerarse objetos de estudio. Es decir, a veces, el contexto del acto de leer sería una lectura aún más rica y compleja que la lectura del texto. Entonces pienso, quizás demasiado, en las epopeyas griegas, en las novelas ejemplares, en Tapia, Hostos, Zeno Gandía. Pienso en los libros de literatura actual en Puerto Rico. ¿Cómo leerlos?
Cuando era muy joven mis maestros de literatura insistían en que leyera del modo en el que no quería. Luego, al final de la adolescencia, supe por Wimsatt y Beardsley que no debe confundirse un texto con la psicología del autor, su intención, su ideología, o su capacidad de “reflejar” la realidad.
Entonces comencé a leer crítica literaria marxista.
A fin de cuentas, me parece que, en general, lo que domina en la lectura es una tendencia a suponer el universalismo de la razón y el universalismo de la calidad literaria. Y con la erosión causada por la industria intelectual capitalista en las playas de la complejidad y la diversidad, habría que ser realmente un suicida del pensamiento si no te parece una buena lectura la del texto X, ganador del premio Y en Z.
¿Podemos hablar de “calidad literaria”? ¿Podemos leer un texto separándonos de su ideología, de su intención? Por mi parte, me conformo con aceptar que lo que me parece “calidad literaria” es “eso” que hay en un texto que, mientras lo leo, se despoja de intención ideológica y así, desnudo, ni siquiera se voltea a mirarse en el espejo de la realidad. Entonces lo muestra todo, en un conmovedor abrazo. Y añado estos otros:
Con llanto de cocodrilo. Melanie Pérez Ortiz. Elefanta. México. Pérez ha publicado teoría y crítica de literatura contemporánea. También poesía. La he visto haciendo performance en La Casa de los Contrafuertes. Esta es su primera novela. La leí un año ante de que se publicara. Una mujer que conoce hasta las pestañas de los cocodrilos es contratada por el gobierno de Puerto Rico para tratar de resolver un problema: una plaga de cocodrilos que ya se había cobrado la muerte de un niño, suceso viralizado en Youtube. Es una narración ágil, divertida, inteligente, porque podemos leerla en clave de alegoría sobre la migración caribeña. De las ciénagas en la Isla de la Juventud o en Matanzas, a la laguna de Tortuguero o el lago Enriquillo. Además, la leo como se escucha una canción sobre el llanto y sus cualidades. Un llanto incomprensible, un llanto de risa o de tristeza que todo lo permea. Y es inevitable escuchar a la orquesta de Ray Barretto en aquel álbum del 1973 y la voz Adalberto.
Los nidos. Xavier Valcárcel. Riel. San Juan. Una bella narración en un libro hermosamente diseñado. La base de esta novela es el rigor de la investigación histórica del principio del siglo XX en la isla. Sobre eso se desarrolla en capítulos cortos, el periplo de tres jóvenes artistas que llegan de México a un Puerto Rico que se convierte en marco de observación de la naturaleza, del deseo, la amistad y la libertad con el lenguaje poético -sin excesos- de uno de mis poetas favoritos del mundo.
Manuel Rojas Luzardo de hacendado a revolucionario. Su vida en la Revolución de Lares. Raquel Rosario Rivera. Edición de autora. San Juan. Excelente investigación sobre la figura cimera de la gesta de Lares. Desde sus orígenes en Venezuela hasta el regreso a su natal Boconó. Lo leí como una saga familiar que se entreteje con una narración histórica en detalle. Incluye un álbum fotográfico familiar como parte de los apéndices documentales.
Atardeser. Domingo Dávila. Amorivivir. San Juan
Domingo Dávila está hermanado a los libros desde hace más de medio siglo. Distribuyó los libros de la editorial Qease, era combatiente urbano en Nueva York, estudió con Yurkievich en París, y es un lector voraz. Su primer poemario es una especie de bildungsroman en verso. Una bitácora de viaje en la que asistimos a la historia de nuestro país, desde el servicio militar obligatorio, la lucha estudiantil, la diáspora, la familia, el amor, y un juego intertextual delicioso en el que la voz poética se apropia de la poesía nacional y la del mundo
Mano negra. Francisco Félix Canales. Riel. San Juan.
La editorial Riel es una apuesta segura si quieres buscar buena poesía. Me gusta el poemario de Francisco Félix porque continúa una trayectoria consistente de expresión poética que emerge de experiencias y situaciones diarias. Un discurso lírico que se caracteriza por su conexión con el lector. Leo y me parece estar con esa voz poética tomándome un café, viendo como hay belleza en todo. Incluyendo el aroma del café y el dolor humano.
El libro de las apariencias. Juan Carlos Quiñones. ICP. San Juan. Una colección de cuentos donde, como nos acostumbra el escritor, la belleza, el caos y la lucidez se pasean por el espacio urbano, y bueno, quizás debemos añadir el espacio onírico, lo que eso quiera decir. Si bien este libro tiene diálogos con la tradición literaria puertorriqueña, siempre me gusta pensar que a Felisberto Hernández y a Borges les hubiera gustado leerlo.
Por otro lado, Quiñones publicó, como (Bruno) Soreno La isla de las salamandras junto a Dafne Elvira. El libro es un relato que nos hace ver Elvira con imágenes marítimas, viscerales, sublimes. Una experiencia visual y literaria de la que hablaremos en otro espacio menos atropellado que este.
Pulsión de las moradas. Marta Jazmín García. Riel. San Juan.Poesía íntima, de piel y sueño, que parece escrita para las acuarelas. Insisto en estas escritoras que de manera rigurosa y consistente van construyendo una obra significativa. Es la misma editorial que publica Remolino de Ashley Pérez, libro en el que la voz poética se vuelca sobre el mismo verso -poéticas- mientras se relaciona con la ciudad y el imaginario nuestro.
El sueño de la muerte. Roberto Cofresí. Gnomo Literario. Conozco a este narrador con nombre de pirata desde hace al menos una década. A través de su blog disfruté muchísimo sus crónicas y sus Cuentos de Machuchal y las andanzas por la Calle Loíza. Ahora se publica este libro que disfruté como una docena de cuentos entrelazados y que luego pensé como novella que reúne personajes desde el 1937 al 2066, luego del fin del imperio norteamericano. Narrativa ágil, inteligente, divertida.
Perdí la cuenta. Quizás dije quince y menciono dieciséis. ¿Dónde están los clásicos que releo? ¿Y los del 2024 que leí en 2025, como Rosa Ácida, Irizarry Natal, Dorso de Jesué Oliveras o Caja de Poemas de Nora Dávila? ¿El homenaje de Aurea María Sotomayor y una treintena de escritores a Marta Aponte? ¿Las antologías chispeantes que publica Gnomo Literario? Es que hay mucha buena literatura en el país. Prometo reseñarlos en 2026.
Solo espero que esto sirva como una mirada particular a la publicación de libros en Puerto Rico y evidencia de la fuerza de la escritura nacional. La literatura puertorriqueña resurge cada vez que se publica un libro con atención al detalle, con rigor investigativo, con poesía y en búsqueda de la belleza. Algunos de los libros que mencioné han ganado premios y sus autores han sido becados. Ninguna de esas cuestiones inciden en mi valoración. Trump ha recibido medallas de la FIFA y María Corina Machado recibió el Nobel de Paz pidiendo una invasión a su país. Borges nunca recibió el de literatura y Pizarnik nunca fue nominada. Eso de los premios es otro asunto. Hasta a mí me han premiado en certámenes porque seguramente se traspapelaron los laudos. Lo dije el año pasado. Lo repito siempre. El mejor libro es el que te guste.


