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Carta a la Madre que me dio la vida.

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Ernesto leyendo su mensaje en la actividad. Foto Alina Luciano/CLARIDAD

 

Apenas unos meses antes mi papás mexicanos me habían dicho que era adoptado, que mis padres biológicos eran guerrilleros por la libertad de Puerto Rico, que mi madre estaba en la cárcel en Estados Unidos y que en las vacaciones de navidad iríamos todos juntos para que yo la pudiera conocer.

La primera vez que te ví tenía yo 11 años de edad, con las manos sudadas, muerto del miedo y los nervios de punta estaba sentado en la sala de espera del salón de visitas de la prisión federal en Dublin, California. Se suponía que las autoridades no podían saber que yo era tu hijo y debía guardar discreción.Recuerdo verte caminar hacia nosotros e inmediatamente reconocerme físicamente en ti. Tus ojos, los cachetes, el pelo, las manos eran idénticos a los míos. Por unos minutos aguanté mis emociones y seguí el plan planteado de no decirte nada hasta que te dijeran que yo era tu hijo. Cuando esto pasó nos fundimos en un abrazo profundo y lloré a borbotones. Me revisaste de pies a cabeza, me preguntaste por mí lunar del lado derecho del ombligo. Mientras nos aguantábamos las manos yo las miraba maravillado de que fueran casi una copia. Esa visita se repitió dos días mas, nos tomamos fotos, hablamos mucho y después regresé con mi familia a Chihuahua, México.

Este evento cambió mi vida para siempre. De ahí en adelante mis vacaciones se convirtieron en viajes obligados a San Francisco. En navidad, semana santa y verano tenía que estar por los menos una semana por allá. Creo que querías tenerme cerca y tratar de recuperar algo de todo lo que te habías perdido. Te encargaste de que supiera que habías sido una niña actriz de televisión en NY y que en una ocasión fuiste tu quien encendió el árbol de navidad del Rockefeller Center. Eras la única hija que tuvieron Sebastián Pagán y Noemí Rivera y tenías un hermano por parte de padre que se llamaba Tommy que vivía en Yauco. Me contaste muchas veces que tu papá fue boxeador aficionado y de profesión plomero, que era guapísimo y amiguero; tu compinche eterno. Que cuando murió repentinamente a tus 17 años tu mundo se derrumbó y que tu madre Noemí, una mujer sabia y firme te enseñó la fortaleza para enfrentar las adversidades. Que siempre fue tu aliada. Que apenas dos años después no pudo aguantar sin tu padre y se murió de una enfermedad repentina. Y quedaste tú. Huérfana de padre y madre. Sola ante el mundo.

Estudiaste en Brooklyn College y ahí comenzó tu envolvimiento con las luchas por la justicia social. Te desarrollaste en el mundo de las telecomunicaciones y hasta fuiste actriz de teatro. Fungiste como productora de televisión para NBC, CBS, ABC y PBS, fuiste columnista editorial del periódico El Tiempo también poeta y amiga de Héctor Lavoe y Willie Colón; de Tito Puente, de Rita Moreno y de Pedro Pietri entre otras celebridades de la música y el arte. Trabajaste mano a mano con los Young Lords. Organizaste en Nueva York gran parte de la campaña de excarcelación de los presos nacionalistas puertorriqueños. En algún momento de tu vida adulta te enamoraste de William Morales, quien era miembro activo de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN). Cuando él tuvo un accidente con un explosivo y aún estaba recuperándose en prisión le anunciaste que estabas embarazada. Y a pesar de todas las adversidades decidiste traerme al mundo. Meses después de yo haber nacido mi padre William desapareció de prisión y se convirtió en el hombre más buscado por el FBI. Nunca pude preguntarte que te llevó a tomar la decisión de encontrarte con él en el clandestinaje. Supongo que los tiempos y las circunstancias te mostraron que ese era el camino a tomar. El 4 de abril de 1980 fuiste arrestada junto con 9 miembros más de tu agrupación. Ustedes adoptaron una posición extremadamente política ante las autoridades norteamericanas y se declararon Prisioneros de Guerra. Las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional se autodenominaban como un grupo armado cuyo principal objetivo era lograr la independencia de Puerto Rico por la vía armada. La corte norteamericana se despachó con la cuchara grande y bajo el cargo de conspiración sediciosa te dieron una sentencia de 57 años.

Nietas de Dylcia se dirigen al público. Fotos Alina Luciano CLARIDAD

Después de casi 20 años en prisión, gracias al incansable trabajo de cientos de compañeras y compañeros de Puerto Rico y del mundo se obtuvo un “perdón presidencial” para ti y tus camaradas. Entonces decidiste venir a vivir a la patria por la cual habías luchado. Eso ocurrió en 1999 y yo estaba empezando mi 2da década de vida. Había abandonado los estudios universitarios y trabajaba de peón de construcción en Phoenix, Arizona. Habíamos pasado casi una década conociéndonos poco a poco dentro de las limitaciones que impone la cárcel. En este punto nuestra relación de madre e hijo ya era bastante complicada. Y entre perseguir a una enamorada que tenía en San Juan e intentar conocerte mejor, me fui a vivir a Puerto Rico. Con la enamorada me fue bien. Tania y yo nos casamos y tuvimos dos hijas maravillosas. Y aunque ahora estamos separados somos buenos amigos. Contigo me fue difícil. La vida en si es dura pero la cárcel es horrible, deja marcas eternas en las personas, corazas casi imposibles de romper. Tuvimos treinta cuatro años para conocernos en los que sé que trataste y yo traté de tener una relación amorosa y en armonía. Creo que con la llegada de mis hijas pudimos lograrlo. Paula Sofia y Elena Isabel pudieron conocerte y quererte. Les gustaba mucho que te sacáramos a comer porque siempre nos reíamos a carcajadas contigo. Hoy veo tanto de ti en ellas. Desde tus rasgos físicos, tu sensibilidad por las artes, tu personalidad jovial y hasta cargan con algo de tu humor pesado.

Dylcia, Má: Te conocí en una sala fría de prisión a mis 11 años de edad; ahora a mis 45 me toca darte la despedida terrenal en un salón rodeado de historia. Entre el amor y el calor humano de tu familia, de tus amigos y de tu pueblo que te abrazó como la gran patriota que fuiste. Vida eterna para ti Dylcia querida, vida eterna para ti Madre querida.

 

 

Ernesto Gómez Gómez 14 de Julio del 2024

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