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Filiberto hoy

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Filiberto en entrevista en CLARIDAD. Foto Archivo CLARIDAD

 

En Rojo

Para mí, el Último Guerrillero es Filiberto Ojeda. Hoy se cumplen 20 años de su muerte.  Ya desde mucho antes se había convertido en un personaje protagónico de nuestra historia.

Filiberto Ojeda Ríos nació el 26 de abril de 1933 en el barrio de Río Blanco en Naguabo, Puerto Rico. Desde muy niño aprendió a tocar la trompeta. Llegó a dominar tan bien el instrumento que se unió a La Sonora Ponceña, una de las grandes bandas salseras del país. Se dice, además, que mientras residía en Cuba, le dio lecciones al maestro Arturo Sandoval.

Militante por la independencia, en los años sesenta fundó el Movimiento Independentista Revolucionario (MIRA) y de ahí en adelante toda su vida estuvo dedicada a la lucha por la independencia utilizando la lucha armada como una de sus formas.

Más tarde, el Ejército Popular Boricua -Macheteros fue vinculado con atentados como decenas como aquel contra aviones de la Fuerza Aérea de EE. UU. en la Base Aérea Muñiz el 11 de enero de 1981, (natalicio de Hostos) o el robo de siete millones de dólares el 12 de septiembre de 1983 (natalicio de Albizu) a la compañía de transporte de valores Wells Fargo en Hartford, Connecticut (EE.UU.).

Por décadas permaneció -junto a una decena de compañeras y compañeros- en el clandestinaje evadiendo a las autoridades norteamericanas. Interesante entonces que, esa ausencia física se tornara en una presencia importante en la discusión política. Digamos que desde la filosofía podemos argumentar que la ausencia de algo puede resaltar la importancia de su presencia al crear un contraste que invita a la reflexión.  La clandestinidad no se refería a estar escondido sino a un estado de potencilidad política. Frente al partidismo y las elecciones coloniales existía un grupo de clandestinos, entre ellos Ojeda, el Comandante. Filiberto -esa idea que fuimos construyendo con los materiales de su “ausencia” relativa, de hacerse invisible a los ojos de las agencias federales- ya no pertenecía a lo que conocíamos. No encajaba de manera significativa con los discursos, conceptos y categorizaciones de “la lucha”. Llevaba -mostraba sin mostrar- un mensaje en un espacio más allá del discurso y la representación.

Grillete en portón CLARIDAD. Foto Archivo CLARIDAD

Luego de más de una década en la clandestinidad, Ojeda fue arrestado el 30 de agosto de 1985 despues de oponer resistencia en su residencia. Un agente del FBI resultó herido. Cuando fue llevado al tribunal norteamericano por aquella ofensa, fue absuelto por el jurado. Más tarde, cuando se le acusaría por el robo a la Wells Fargo, dejó su grillete impuesto por la corte federal de Hartford cortado frente a las oficinas del Periódico CLARIDAD. Dejó una cinta grabada en la que explicaba su decisión de retomar la lucha clandestina por la independencia de Puerto Rico y volvió al clandestinaje. “No podía esperar un juicio justo en Hartford…tomamos esta decisión, obedeciendo al llamado de la Patria”. El contenido de la cinta fue publicado en la edición del 5 al 11 de octubre de 1990 del periódico CLARIDAD.

FBI en cas de Filiberto. Foto Archivo CLARIDAD

Quince años después, en la tarde del 23 de septiembre de 2005, se regó como pólvora la noticia de que el FBI había rodeado la casa en la que vivía Filiberto en el sector Plan Bonito del barrio Jagüitas de Hormigueros. Allí, junto a su esposa, Elma Beatriz Rosado, había elaborado su último discurso en el que llamaba a la unidad para presentar una oposición radical desde cada trinchera posible.

Filiberto tenía entonces 72 años. Uno más de los que tenía Betances al morir como aquel “anciano venerable” que fue motor de nuestros primeros gestos nacionales. A pesar de su edad, el miedo del FBI era tal que trajeron a más de doscientos agentes desde EEUU para asegurarse de que esta vez, no se les escapara. La fuerza policial colonial acordonaba el área impidiendo que una multitud se acercara a los alrededores de la casa. La orden de los federales era clara, Filiberto Ojeda Ríos no saldría vivo de aquel trance. Ni siquiera los fiscales del gobierno colonial tenían acceso a la residencia del guerrillero que ya cerca de la noche se presumía estaba herido o quizás muerto. Ciertamente, un disparo de uno de aquellos centenares de agentes, había logrado herir a Filiberto, que murió desangrado.

Foto Archivo CLARIDAD

El martes siguiente, 27 de septiembre, el coche fúnebre que llevaba los restos de Ojeda partió desde el Colegio de Abogados hasta el cementerio en el poblado de Río Blanco. Miles de personas lo acompañaron en aquel periplo. Estuvieron allí Lolita Lebrón e Isabel Rosado, el Obispo Rubén González, los líderes independentistas, Juan Mari Brás, Carlos Gallisá, el liderato del PIP, del MINH, el Frente Socialista, líderes de la comunidad boricua en la diáspora, entre otros, respondiendo de manera paradójica al llamado de unidad. En horas de la tarde, la tierra que lo vio nacer recibió sus restos. Miles de puertorriqueños fueron testigos. El Río Blanco y el Yunque son el paisaje que miramos desde allí.

A la salida del juicio celebrado en Puerto Rico. Foto Archivo CLARIDAD

Dos décadas después, Filiberto Ojeda, clandestino en la historia oficial pero uno de los protagonistas en la narración de nuestra vida como pueblo, sigue siendo una referencia importante cuando se habla de la resistencia al colonialismo. Su último discurso, en el que hacía énfasis en la unidad de propósitos entre las agrupaciones independentistas, cobra más fuerza. Ahora que la autocracia y el autoritarismo van haciendo desaparecer los pocos espacios democráticos en la metrópoli, debemos estar preparados para resistir y para crear lo que sea necesario para alcanzar la libertad.

A la salida del juicio celebrado en Puerto Rico. Foto Archivo CLARIDAD
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