El mundo en desorden y un Nobel manchado

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Ilustración Kike Estrada. Reproducido de Planeta Kike
El 2026 ha comenzado a bombazos, y bajo la amenaza de convertir al mundo entero en el escenario de una gigantesca farsa política.
De un lado, el principal actor es el nuevo/viejo imperialismo estadounidense, bajo la presidencia de Donald Trump que, más allá del ataque armado a Venezuela y el secuestro de su presidente constitucional, Nicolás Maduro y de su esposa y diputada Cilia Flores en la madrugada del 3 de enero, cada amanecer de este nuevo año nos ha traído una sorpresa, desatada por su afán de dominio sin precedentes sobre distintos frentes y países del mundo. Conflicto interno en Irán, diálogo roto con Canadá, presión sobre México para la captura y entrega de notorios narcotraficantes, un foro mundial en Davos, Suiza bajo la sombra de un acuerdo improvisado entre  los gobiernos de Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia, con la participación de la Unión Europea, que evite la ocupación de dicha isla del Ártico por la milicia estadounidense, y garantice la construcción expedita allí del llamado «Domo Dorado de Defensa» que Trump ha prometido, y añada más bases y ciudadelas a la ya compleja red militar que Estados Unidos tiene sobre dicho territorio. Esos son solo algunos de los frentes de conflicto que ha abierto el gobierno de Estados Unidos en las escasas tres semanas de este año 2026.
También cunde la incertidumbre en Europa por el riesgo de una guerra comercial con la que el gobierno de Donald Trump intimida a los países que no se pliegan a sus demandas sobre Groenlandia o sobre lo que sea.  Todo esto, unido al ataque frontal contra instituciones y organizaciones del orden establecido, como la ONU y demás organismos afiliados, asi como la sustitución de estos por nuevos foros que aseguren que el mundo se amolde a los paradigmas y objetivos del imperialismo estadounidense, conforman la tormenta perfecta que se ha desatado sobre la humanidad en este nuevo año.
Una de las instituciones que más prestigio y estatura mundial ha perdido en este forcejeo por el dominio mundial es el Instituto Premio Nobel de la Paz de Noruega, que otorgó el galardón correspondiente al año 2025, a la autoproclamada líder de la oposición al Gobierno Bolivariano de Venezuela, María Corina Machado.
Todo lo referente a esta última edición del Premio Nobel de la Paz, antes y después de su entrega, se ha convertido en una farsa gigantesca,  que no solo ha manchado irremediablemente el prestigio de dicho premio, sino que ha arrojado  sombras sobre los criterios y motivaciones que hubo tras el mismo. Evidentemente, no hubo buena «inteligencia» en el proceso de selección de este año. Una investigación somera de la candidata a recibirlo hubiese bastado para que retirasen su nominación, y así evitar convertir al premio noruego en objeto de burla y hazmerreir en el mundo entero.
Ya cuando le dieron el premio a Barack Obama, a escasamente un año de su elección como presidente de Estados Unidos en el 2009, y mientras dicha nación estaba en abierto conflicto armado contra naciones en el Medio Oriente,  el Instituto del Premio Nobel de la Paz fue objeto de duras críticas y recriminaciones.
Sin embargo, no se aprendió la lección, y se repitió el error que culminó con el desastre de este año, y la pérdida de legitimidad del otrora prestigioso Premio Nobel de la Paz.
Primero, porque María Corina Machado no es una promotora de la paz. Sus expresiones públicas en récord clamaban, una y otra vez, por la intervención armada de Estados Unidos en Venezuela. ¿Qué líder de la paz pide que invadan su país y ataquen a su pueblo?
Segundo, porque toda su trayectoria política había sido de conflicto y confrontación,  y no de paz. En el año 2002, cuando las fuerzas de la derecha política en Venezuela ejecutaron el golpe de estado contra el gobierno legítimo del Comandante Hugo Chavez Frías, María Corina Machado figuró entre los firmantes del decreto Carmona, que pretendió legitimar el gobierno golpista del empresario Pedro Carmona. Aquel entuerto duró 47 horas, y Carmona fue depuesto y colocado bajo arresto domiciliario hasta su fuga a Colombia donde todavía reside. Además, las actividades de la supuesta oposición de Machado y su grupo en Venezuela por décadas recibió financiamiento de la National Endowment for Democracy ( NED), un notorio frente de la CIA hoy inoperante.
Tercero, porque toda la antesala a la entrega del premio fue un espectáculo mediático y una farsa orquestada hasta sus últimos detalles, como quedó evidenciado en el «dramón» de su supuesta «extracción peligrosa» desde Venezuela hasta la capital noruega, escoltada por un ex militar estadounidense de la compañía Grey Bull de Florida, quien después hizo un «tour» por los medios de prensa en Estados Unidos para promocionar su empresa.
Cuarto, porque tras el ataque a Venezuela, Donald Trump descartó de plano a Machado para dirigir el país y reconoció públicamente que ella no cuenta con el respaldo y el respeto del pueblo venezolano. Esta admisión de Trump levanta aún mas suspicacias sobre el reclamo de victoria electoral con un 70 por ciento de los votos que hicieron Edmundo González Urrutia y María Corina Machado tras los últimos comicios en Venezuela., reclamo que desató los eventos que culminaron con el ataque armado y el secuestro del presidente Maduro y la diputada Flores por Estados Unidos el pasado 3 de enero.
Quinto,  porque luego de haber recibido el Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado tuvo un encuentro con Donald Trump en Casa Blanca, y le entregó el premio como si fuera una mercancía, lo cual provocó la más dura reacción pública en Noruega y otros países del mundo.
Si desde Puerto Rico y CLARIDAD, pudimos descubrir la información que desenmascara la falsa trayectoria de paz de María Corina Machado, cuanto mejor y más ampliamente pudo haberlo hecho el Instituto del Premio Nobel noruego, y evitar así un error tan costoso, y una mancha tan grande  para su reputación y prestigio.