La amplitud del concepto «cultura» nos permite una apertura necesaria para una real aproximación a la figura de Catalino “Tite” Curet Alonso. Desde el ámbito musical, su importancia es indiscutible. Compositor de más de dos mil canciones interpretadas por múltiples voces es la imagen que describe o explica, en primera instancia, esa importancia de Tite Curet como parte de una época y un escenario social y cultural. Sociedad y cultura están intrínsecamente relacionadas. Para explicarlo, podríamos dirigirnos a las teorías del historiador cultural británico Peter Burke, quien ha analizado esa relación a través de las obras de sociólogos e historiadores del arte y las comparte en su obra What is Cultural History? (2004).
¿Qué es la cultura? Mi criterio es que la cultura es nuestro entorno –todo lo creado por la humanidad en épocas y escenarios determinados; entiéndase un escenario social– y también lo que acontece en nuestro interior: conocimientos y creencias. Es nuestra manera de comunicarnos con nosotros mismos y con los demás, además de que nos permite interpretar nuestras vivencias y el entorno que le da acogida. Expresado lo anterior, es evidente la interrelación entre sociedad y cultura. Incluso desde el ámbito investigativo-académico podrían desdibujarse sus fronteras. Fronteras que nuestra figura centenaria, Tite Curet, trascendió, sin duda. Podemos hablar de la significación cultural de Tite Curet Alonso, precisamente, por su trascendencia social que alcanzó una permanencia universal. Sobre ello nos centraremos.
Tite Curet Alonso: un cronista y activista cultural
La historia cultural de un país se escribe a diario y sus protagonistas son personas, a la vez que manifestaciones artísticas y lugares o escenarios diversos. Todo ello vinculado a la historicidad [humana]. La escritura de Tite Curet Alonso nos muestra una comprensión al respecto. Una mirada a su texto La vida misma (1993) nos permite ser testigo de ello. La división del libro es precisamente esa multiplicidad de elementos culturales: gente, escenarios musicales –además de naturales– pueblos y barrios particulares, poesía, entre otros. Al profundizar en el texto, la temática se amplía y diversifica: el cine puertorriqueño, el carnaval en Puerto Rico, las artes plásticas, el trabajo artesanal, entre otros temas.
Leer acerca de Cheo Feliciano, Andy Montañez, Rubén Blades, Tito Puente, Malín Falú, Pedro Flores, Rafael Cortijo, el argentino Atahualpa Yupanqui (Don Ata), Tito Rodríguez, Sylvia Rexach, Morris Pelman [Pearlman o Sperlman] (Pancho Cristal), Ernesto Vigoreaux Curet, Ángela Villodas (tía Ángela), y sobre otras figuras del pasado y presente del autor, es todo un deleite. Recorrer los pueblos de Guayama y Loíza por medio de su gente, barrios y fiestas populares también lo es. Detenernos en esquinas de Nueva York y de la región de Condado, en San Juan de Puerto Rico, es sentir esos espacios citadinos con sus olores y ruidos. El autor nos transporta a diversos espacios desde su memoria. Tite Curet nos ha legado toda una cantera de imágenes culturales que muy bien nos identifican como pueblo y le dan continuidad a una “caracterización” cultural e identitaria de la sociedad puertorriqueña y caribeña.
En su escritura, Curet Alonso promueve la defensa del arte puertorriqueño y de fiestas populares. Es preciso leer sus expresiones acerca del cine en Puerto Rico y sobre uno de sus exponentes. En «Luis Molina… ¡que siga la guagua!» argumenta con relación a la necesidad de desarrollar un cine propiamente puertorriqueño:
«… mientras en otros renglones industriales se han perdido aquí fortunas enormes, a la industria del cine, que pugna por demostrar su buena clase, siempre se le ha venido con subterfugios improcedentes para evitar respaldarla. Han sido innumerables los vericuetos administrativos y protocolares que ha enfrentado por décadas, mientras que en países de menos nivel económico se produce cine nacional. / Sin lugar a dudas hemos sido copados, dominados comercialmente, además de endoctrinados [adoctrinados] en favor de las películas norteamericanas vía cinema o por medios televisivos. Nos han eliminado la fe de creer que en Puerto Rico se puede facturar buen cine. Matan las esperanzas primero para después, año tras año, inundar de filmes anglosajones las salas de cinema locales…» (Curet Alonso 1993).
Cuánta fuerza y claridad en sus palabras. Más de treinta años después, ¿algo ha cambiado al respecto?
En lo que respecta a fiestas populares en Puerto Rico, sus comentarios en torno al carnaval son puntuales:
«El carnaval es un estado de ánimo premeditado, una euforia tan espontánea como planificada. Aquí hace años que perdimos ese desahogo, acaso por ser un pueblo lleno de bienes, que nada tiene que desarchivar carnavalinamente. / Nuestro carnaval se lo llevó el progreso. […] / Lo primero debe ser el sembrar, plantar otra vez el espíritu carnavalino, requisito indispensable. Luego habrá que enseñar a la gente lo que es un carnaval, ya que cierta vez la ocasión cambió de rumbo hacia los grandes hoteles y clubes privados que lo alejaron de su fuente principal y recurso más valioso: ¡El pueblo!» (Curet Alonso 1993).
Esta manera de describir el carnaval es propia de un acucioso observador de la sociedad; un estudioso de la cultura. Tite Curet es un activista cultural que a través de su crónica promueve el estudio, la preservación, la conservación y la apreciación del patrimonio cultural puertorriqueño –material e inmaterial–. Recordemos que la información es parte esencial para una justa apreciación del patrimonio cultural; una apreciación real de la cultura puertorriqueña. Y desde la escritura misma existe una apertura a la acción; siendo la propia escritura producto de una acción: escribir. La escritura del «puertorriqueño universal» Curet Alonso es activismo puro en favor de la cultura puertorriqueña, caribeña y latinoamericana. También le dedicó palabras al argentino Héctor Roberto Chavero, conocido como Atahualpa Yupanqui. Acerca de Atahualpa Yupanqui escribió: «fue el pensador perseguido por atreverse a cantar y contar verdades más argentinas que el tango…» (Curet Alonso 1993).
Tite Curet y los derechos culturales: la conciencia histórica deviene solidaridad cultural
Ahora bien, para profundizar en la cultura es necesario conocer acerca del pasado. Justamente ésta es la manera en la que nos podríamos acercar a una comprensión de nuestro presente colectivo; incluso individual. Es una forma de interpretar nuestro entorno y dirigirnos con paso firme hacia el porvenir. La figura de Tite Curet, en su centenario, es propicia –es oportuna– para iniciar una conversación estructurada en torno a los derechos culturales en Puerto Rico. Los derechos culturales son derechos humanos potenciados por una conciencia histórica que permiten rastrear las vivencias colectivas configuradoras u organizadoras del presente como realidad inmediata. Desde esa perspectiva, sus crónicas –lo que fue su presente– y sus composiciones documentan nuestro pasado como pueblo. Son piezas necesarias para lograr un panorama menos fragmentado de nuestra historia cultural. Una exposición de acontecimientos del pasado con múltiples símbolos e interpretaciones que permanecen en la memoria colectiva.
Las composiciones del «Poeta del Pueblo» son un legado cultural. No he analizado en profundidad todas sus composiciones. No obstante, he tenido la oportunidad –y la voluntad– de leer hasta la saciedad Plantación adentro. Me topé con un fragmento de esta composición en un ensayo concerniente a la historia del Caribe de la autoría del historiador Antonio Gaztambide. Fue algo así como “amor a primera vista”: «Plantación adentro […], sombras son la gente y nada más». Desde entonces, esta composición interpretada por Rubén Blades, las imágenes propias de múltiples plantaciones del pasado en el Caribe –«plantación adentro»–, “complementan” –o quizá completan– mi imaginario como historiadora en torno a la escritura histórica del Caribe.
Escuchar Plantación adentro es sentir el Caribe. Además de sentirlo nos permite problematizarlo –cuestionarnos– desde una perspectiva historiográfica. La significación de esta composición es amplia. Plantación adentro es patrimonio cultural que trasciende el archipiélago puertorriqueño. Tite Curet une a pueblos que comparten un pasado de conquista y colonización europea. Nos une como una manera de duelo y sanación colectiva: una experiencia de solidaridad caribeña. Él es repositorio y portavoz de una solidaridad ancestral afrodescendiente. El compositor puertorriqueño nacido en la «esquina del Caribe» que es Guayama recurre a la universalidad de la música para honrar a los esclavizados africanos y aborígenes; para honrar a su pueblo.
En el ámbito de los derechos culturales, la conciencia histórica deviene solidaridad cultural. En la medida que conocemos sobre nuestra cultura y la de otros –sus contextos y trasfondos–, y esa diversidad que caracteriza al mundo, pues, la tolerancia y la solidaridad ocupan su lugar en la humanidad. Y, sin duda, las composiciones del guayamés nos “mueven” a ello. Conviene destacar que sus letras le permiten al pueblo interpretar sus vivencias y entorno. Composiciones como Pa’ los caseríos, La Perla, Los entierros, entre otras son un ejemplo de ello. Existe la necesidad en cada persona de obtener conocimientos acerca de sí misma, su entorno natural y social y acerca de las correlaciones que resultan de ello.
La significación cultural de Catalino “Tite” Curet Alonso nos remite a un pronunciamiento claro en torno a la necesidad de historiar el devenir social de Puerto Rico, el Caribe y América Latina. La obra de Curet Alonso –sus crónicas, composiciones y poemas– dan cuenta y razón de la importancia del conocimiento histórico y de la trascendencia de nuestra cultura como escenario de símbolos y significados que “contornean” una identidad propia. La escritura de este puertorriqueño universal logró “capturar” la importancia de su gente –sus experiencias y expectativas– y la de un pasado digno de conocer que diera paso a una solidaridad “colectiva”, por consiguiente, la escritura de Tite Curet es una reverberación de ese valor capturado. El texto tiene valor o importancia por el valor recreado.
Ya he expresado en otros foros, y me parece necesario puntualizar una vez más que la voz de Catalino “Tite” Curet Alonso permanece. La voz del hijo de Catalino Curet Vázquez y de Juana Alonso García, nacido el 12 de febrero de 1926, vive en la materialidad de la escritura y en la memoria colectiva de su pueblo. Su voz es tan necesaria hoy como lo fue en el pasado y lo será en el futuro. Una voz que es menester escuchar para la permanencia de esa solidaridad caribeña que muy bien representó en vida y nos inspira a emular desde diversos espacios sociales y culturales.
Gracias, Tite Curet Alonso, por este legado de conciencia y justicia social. Desde el presente, artistas, escritores, músicos, historiadores y todos los que trabajamos en favor de los derechos culturales en Puerto Rico honramos tu gesta. Tu rostro y espiritualidad, la trascendencia social y permanencia universal que te describen, son hoy elementos representativos –tangibles e intangibles– de la cultura puertorriqueña, caribeña y latinoamericana. Museos, bibliotecas, universidades, pueblos, hogares y diversos espacios honran tu trascendencia a cien años de tu nacimiento. Es por ello estas breves notas en torno a tu escritura como parte del “panel educativo” «La importancia social y cultural de Tite Curet» organizado por el Comité Centenario Catalino “Tite” Curet Alonso.
La autora es humanista e historiadora.
*El panel educativo «La importancia social y cultural de Tite Curet» tuvo lugar el miércoles, 11 de febrero de 2026, a la 1:00 p.m., en la Facultad de Estudios Generales de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Los ponentes fueron Dr. Ángel “Chuco” Quintero, Dr. César Colón Montijo, Iván González y la Dra. Arelis Valentín Pagán.



