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¿A quienes amenaza una bandera? 

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Izando la bandera de Palestina. Foto por: Víctor Birriel

Cuando se pasa frente al edificio de la Organización de Naciones Unidas ( ONU) en Nueva York y se admira el despliegue de cientos de banderas, cada una representando un país miembro de la organizacion, y todas del mismo tamaño, en astas iguales y unas junto a otras, sin jerarquías ni disonancias, se recuerda el principio de búsqueda de armonía, consenso y paz entre las naciones que dio base a la Carta fundacional de la ONU el 25 de octubre de 1945, apenas unos meses después del armisticio por la Segunda Guerra Mundial.

Y es que el signo principal de cada país es su bandera y la misma cobija y representa a todos los nacionales de ese país, sin distinción. Así las banderas se convierten en símbolos que representan la identidad, gestas, ideales y aspiraciones de los colectivos humanos, sean estos pueblos, naciones o sociedades.

Puerto Rico está huérfano de representación en ese despliegue de banderas. Como colonia de Estados Unidos, nuestro país no tiene derecho a presentarse con luz propia en el ámbito internacional, honrosa excepción hecha con el deporte, donde nuestra monoestrellada desfila de tú a tú con las demás banderas nacionales de los pueblos del planeta.

Las banderas recogen las historias compartidas. Nuestra monoestrellada celebra junto a la de Cuba – ambas son iguales con los colores invertidos- el vínculo histórico de la lucha compartida por la independencia de ambas Antillas a finales del Siglo 19. La del Grito de Lares, enarbolada por criollos boricuas en la insurrección contra España en 1868 es la bandera que marca el nacimiento de la Nación Puertorriqueña como una identidad separada de la metrópolis española.

Dentro de este contexto, es muy difícil entender el por qué de la histeria del Alcalde y otros altos funcionarios del Municipio de San Juan por el hecho de que  ondearan dos banderas- la de Palestina y la del Grito de Lares- en el 51 Festival de Apoyo a CLARIDAD el pasado fin de semana.

 

Primero, porque todo Puerto Rico sabe que el Festival de Apoyo a CLARIDAD es una fiesta de un medio de prensa independentista y orgulloso de la historia de lucha y resistencia de nuestro pueblo.

Segundo, porque la nación Palestina necesita la visibilidad y solidaridad de Puerto Rico y el mundo entero, porque contra su gente se está perpetrando un genocidio por parte de las fuerzas de ocupación del bárbaro y forajido Estado de Israel.

Tercero, porque ambas banderas habían ondeado en festivales anteriores sin provocar el drama de esta ocasión.

Cuarto, porque la remoción de las banderas se hizo de madrugada, como ladrón en la noche, con una brigada en un camión de desganche, y el despliegue de fuerza innecesario de dos patrullas de la Policía de Puerto Rico.

Quinto, porque previo al drama de la madrugada, la dirección de CLARIDAD recibió dos cartas del Municipio, exigiendo la remoción de las banderas, alegando incumplimiento por parte de CLARIDAD y amenazando con cerrar el Festival.

Por su parte, CLARIDAD se negó a bajar las banderas, cuyo despliegue reconoce como un acto de libre expresión. Conocer nuestra historia y nuestros derechos nos hace fuertes. Y frente a la arbitrariedad y la presión de las fuerzas del Estado- en este caso, del Municipio de San Juan- se respondió con firmeza y sin miedo.

Desconocemos los motivos que tuvo el Alcalde de San Juan, Miguel Romero, para renegar de sus declaraciones de días anteriores, cuando usó de ejemplo su decisión de arrendar el estacionamiento del Hiram Bithorn al 51 Festival de CLARIDAD para jactarse de su supuesto respeto a la libertad de expresión.

No sabemos tampoco a qué presiones fue sometido el Alcalde, o qué intereses políticos y económicos lo colocaron en tan triste situación.Lo que sí confirmamos es que Miguel Romero no es distinto a los demás políticos del Partido Nuevo Progresista ( PNP) que no toleran la disidencia y buscan excusas, como que se cante nuestro himno original-  La Borinqueña Revolucionaria- en un evento público, para comenzar a amenazar con castigos y mordazas a cualquiera que disienta de ellos.

Las presiones antidemocráticas del Alcalde y demás funcionarios del Municipio de San Juan no hicieron mella en el ánimo del público que acudió masivamente al Festival durante los cuatro días. Un público que tuvo la oportunidad de respirar en un ambiente libre, alegre, inclusivo y solidario, como el que aspiramos para la nueva Patria Puertorriqueña, llegue cuando llegue.

El episodio de la remoción de las dos banderas del Festival de Apoyo a CLARIDAD fue una acción clara de censura. Un intento de silenciar a un sector pensante y combativo de nuestro pueblo que no se deja anestesiar por la fantasía y el espectáculo tras los cuales se pretende esconder el mal gobierno y la corrupción de la actual administración PNP. Un pueblo que no se queda callado ante las injusticias y que reclama sus derechos con valentía y a viva voz. Un pueblo que denuncia las injusticias en el mundo, como la que ocurre en Palestina. Un pueblo que enarbola su bandera y todas las banderas de justicia y verdad, y las despliega orgulloso ante los cobardes que le temen a la libertad.

 

 

 

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