Especial para En Rojo
Hay una tendencia mediática en las redes de revisitar tu vida diez años en el pasado e ilustrarla en redes sociales. A nivel personal, es vital visitar el pasado como maestro, no como juez, para poder catapultarse saludablemente hacia el futuro. Como país, dicha introspección es a la inversa. Hay que continuamente fiscalizar el trabajo de los servidores públicos, la relación colonial y el manejo de fondos públicos continuamente.
Desde el 2016 hasta el presente han ocurrido innumerables eventos que han trastocado al puertorriqueño común: el huracán María, la pandemia del Covid-19, el verano del 2019 y, recientemente el binomio Trump-González. Dicha involución humana en una década ha develado la verdadera intención del gobierno permanente en Estados Unidos. El gobierno está para facilitarle la vida a la clase dominante y oprimir a las clases minoritarias.
Los derechos de las comunidades LGBTTQ+, los derechos reproductivos femeninos, los derechos de los inmigrantes, los derechos ecológicos y un sinnúmero de derechos en nuestra sociedad han sido alterados para el beneficio burdo y absoluto de una clase blanca, burguesa y comúnmente patriarcal. Todo esto con un disfraz solapado de un cristianismo anglo sajón nacionalista en Estados Unidos que influye paulatina y hegemónicamente en nuestra cultura puertorriqueña.
A su vez, desde el 2016 surgieron dos eventos en la relación colonial entre Estados Unidos y Puerto Rico que comúnmente olvidan: los casos Commonwealth of Puerto Rico v. Sánchez-Valle, et al. y la Ley PROMESA. Ambos edictos federales de ley contrarrestaron lo que la Ley 600 intentó callar — el hecho de que Puerto Rico sigue siendo colonia de Estados Unidos. Lo que pasa aquí se decide allá y lo que importa aquí no importa allá.
En este mismo contexto surgió una coyuntura histórica que los científicos sociales estudiarán por años: Bad Bunny. La valentía, educación, formación y dignidad de Benito Antonio, heredero del poeta nacional Juan Antonio [Corretjer], le brindaron la oportunidad de utilizar las letras para crear un movimiento cultural entre las masas populares. La evolución constante de sus ritmos y letras lo fue llevando desde las fiestas universitarias en el pueblo de Mayagüez, al Centro de Convenciones, al Coliseo de Puerto Rico y al mundo.
Luego de 31 funciones en Puerto Rico, Benito comenzó a exportar la hermosura de nuestra cultura puertorriqueña. Y es que la fuerza cultural de nuestra patria nos permite abarrotar las calles del Viejo San Juan, celebrar las victorias de Tito Trinidad, llorar al escuchar Verde Luz a la distancia y reflexionar sobre nuestra puertorriqueñidad con el poema hecho canción del cialen1o Corretjer: Boricuas en la Luna. Con la letra, tonalidad y ritmo perfecto se desvanecen nuestras diferencias como sociedad. Mientras el gobierno permanente de Estados Unidos intenta dividirnos para controlarnos nuestra cultura nos une; y cuando no une, solo se eleva una bandera.
Recientemente, Carlos Beltrán fue elegido para ser parte del Salón de la Fama del béisbol de las Grandes Ligas y en marzo vuelve la magia del Team Rubio al Hiram Bithorn para unirnos en un sentimiento que amamos, pero pocos entendemos. Sabemos lo que somos, pero no sabemos cuánto valemos. La patología colonial que afecta nuestra dignidad no nos permite conjugar el somos con el valemos y, por ende, podemos.
No solo Benito Antonio, sino otros boricuas también han podido conjugar ese orgullo de ser, valer y poder al descubrir dentro de su inconsciente las virtudes de nuestro potencial puertorriqueño. En todos los aspectos del comportamiento humano, los puertorriqueños nos distinguimos y representamos dignamente nuestra bandera cuando confrontamos la barrera del miedo, nos enfrentamos a nuestros miedos e inseguridades individuales. A nivel colectivo, cuando crucemos esa frontera del miedo alcanzaremos nuestro potencial nacional.
En aproximadamente diez años Benito pasó de ser un empleado en un supermercado a ser el enfoque artístico y mediático del Super Bowl. Con este mero acto se le rinde homenaje al título de una obra del profesor coameño Juan Manuel García Passalacqua: Invadiendo al invasor. El 8 de febrero la nación puertorriqueña, en todas partes del mundo, sintonizó y se unió no para ver el resultado entre los Seahawks y Patriots, sino el espectáculo de un artista puertorriqueño. Más aún, la nación latinoamericana sintonizó para contrarrestar la hegemonía racista impuesta por el gobierno estadounidense. Benito ya no es solamente de Puerto Rico, Benito ya representa las clases oprimidas y las minorías.
Nuestra fuerza latinoamericana no necesariamente surge de una guerra militarizada sino de una unión cultural hemisférica que han tratado de dividir. Similarmente, nuestra apuesta nacional debe ramificar de la educación, la cultura, la identidad, y, sobre todo, la dignidad. Si Benito Antonio Martínez Ocasio fue del supermercado al Super Bowl, Puerto Rico tiene toda la capacidad de no solo ser ‘otra cosa’ en su cultura, sino en aspectos económicos, tecnológicos, sociales, históricos y en todos los renglones de la sociedad moderna a nivel mundial. Perre es otra cosa, sí, lo sabemos, falta valorarnos como sociedad, tener la dignidad de tomar el timón y creer que podemos construir nuestro futuro por nuestras capacidades.
Eventualmente, habrá un antes y después en nuestra historia antillana. Esta coyuntura histórico-cultural será Antes de Bad Bunny y Después de Bad Bunny. Social, económica, política y culturalmente se estudiará este fenómeno que no solo ha elevado la autoestima puertorriqueña sino que la ha exportado siendo embajador de la grandiosidad boricua. Paralelamente, le ha cambiado la vida a decenas de familias que no solo fueron parte de sobre treinta funciones en el Choliseo, sino que ahora también van a viajar por el mundo tocando salsa, bomba y plena en los estadios de su gira. Cuando pienses que no puedes o que no podemos, solo piensa en el empleado del supermercado que llegó al Super Bowl.



