Breve del AtardeSer

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Lo primero que hay que decir del poemario AtardeSer de Domingo Dávila Torres (aMORIVIVIr, San Juan, 2025) es que es un libro hermosamente diseñado. Para la poeta Yomarilly Meléndez, los colores de la portada y contraportada muestran la sutil transición del atardecer al anochecer. Como el contenido, dice la escritora, que muestra transiciones sutiles  que muestran la vida de un vendedor y distribuidor de libros -un bibliófilo- que es un modo de reiterar la nación.

Ciertamente, el diseño llama la atención por su serena belleza. El diseño del libro, su cubierta y maquetación, fueron realizados por otro poeta, Alejandro Medina Colón. A mí me resulta importante que quien ha diseñado este objeto sea alguien que reconoce y vive el lenguaje poético. De modo que, a la propuesta de Domingo de una contraportada negra que representara la noche, Alejandro propuso el color vino para la noche, el rosa para la tarde y el naranja amarillento para la mañana.

A mí me gusta el libro, además, porque se trata de biografía poética que nos revela, no solo una vida dedicada a los libros, sino parte de nuestra historia literaria. En el libro hay un profundo diálogo con poetas nacionales y con la producción poética del mundo que son parte fundamental de la experiencia de vida de este bardo que publica su primer libro a los 74 años.

Así, en el Resquicio (p.227) hay una lúcida nota en la que el autor nos habla de esas “afinidades electivas” como relatos paralelos al suyo, complementarios, que le dan una dimensión universal al discurso. Lezama, Melendes, Lima, Angelamaría Dávila son voces en conversación en este libro junto a Novalis, Miguel Hernández, Jacques Roumain y de regreso a la isla en Corretjer, Palés, y luego otra vez a De Quincey o Borges.

Por otro lado, el título: AtardeSer, me sugiere alguna reflexión sobre el tiempo en el que el ser se revela. Es decir, esa relación con la temporalidad (mañana, tarde, noche/día, año, siglo) supone una comprensión del mundo particular.

Escrito por un hombre cuya relación estrecha con algunos de los poetas más importantes de su generación, con quienes amistó y les distribuyó libros, leo en este poemario la tarde que arte, la reflexión y madurez que los textos confirman, el cuestionamiento de certezas y el espacio abierto para la contemplación del ser.

Desde el propio nombre y el entorno familiar -en la sección Cerca del Corazón- vamos a través del tío luz, el hermano de espaldas al mar que nos narra la angustia vital que produjo Vietnam por lo que “entristece el crepúsculo, su exactitud para la pena”, viajamos, digo, por un recorrido vital que se expande luego a la patria, a la lucha, al mundo, como ese acontecimiento que se despliega en el tiempo. Creo que en este poemario el ser que atardece aprehende de una vez por todas que lo que se revela solo puede traducirse en poesía. Perdónenme el soliloquio. Digo que en este libro hay una conciencia de la finitud del ser lo que nos lleva a poemas en los que veo que la conciencia de un sujeto busca un sentido más profundo en su vida y a confrontar la autenticidad de su existencia a través del amor, la solidaridad y la creación de belleza.

María Collazo, Domingo, Yamarillys Meléndez, Alejandro Medina

CANTO FINAL

Ir de herida, amargura resentida,

a cantarle a una luna desmedida

que pareciera el vuelo de una hoja desprendida

De un árbol que se fija menos en el cielo, que en lo incierto de su caída

En versos cada vez más largos a su medida

Como un caballo desbocado en la huida

de un corazón sin aliento, justo en el tronco de la herida:

destello evidente de una ruda mordida,

mirada, ya en el tiempo, ¡ay! Perdida;

lamenta en su canto final de ida

el canto sinuoso de la despedida

que fuera el futuro al inicio

De su partida:

Corazón minado,

huellas, luna,

en mi aposento,

¡a qué luz al amparo

si luz es mi tormento!

DD

  • El libro AtardeSer está disponible en CLARITIENDA
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