CLARIDAD
El esfuerzo podría dar paso a una forma más democrática y renovable para producir y distribuir energía eléctrica
Entre exministros, profesores, estudiantes, integrantes de la comunidad y personas de los más variados perfiles, el equipo de Casa Pueblo presentó, el 20 de enero, su Laboratorio Comunitario para la Transición Energética, desde la sede de la organización. Establecido como un centro de estudio e investigación, el espacio aspira a reunir los saberes de la comunidad para distribuir la energía generada.

El director de la colectividad, Arturo Massol Deyá, agradeció a quienes asistieron a la actividad para atestiguar la demostración de lo que describió como una alternativa a la economía energética de Puerto Rico, tan dependiente de los combustibles fósiles. Repasando las propuestas del Estado para crear gasoductos, líneas de conexión hacia países vecinos y más plantas de generación eléctrica, el líder comunitario criticó esta fórmula “impuesta y extractivista”.
“La conversación que se ve de arriba hacia abajo es una traición a esa aspiraciones que creo que tenemos colectivamente de movernos hacia un futuro limpio y renovable, como nos han dicho. Esto (la dependencia) no es eso, y esa es la conversación y ese es el problema”, aseguró el también biólogo.
En ese sentido, Massol Deyá recordó, además, el rol y la historia de Casa Pueblo como pionero en la instalación de energía fotovoltaica. Contó que, en 1999, la organización colocó cinco paneles solares en su techo. A pesar de ser una apuesta novel, el espacio de autogestión logró independizarse paulatinamente.
“Esta es la ruta. Debemos movernos en esa ruta. Del 1999 al 2007 hicimos una actualización (con) Gerson Beauchamp y la Universidad de Puerto Rico, donde nos movimos del 5 % al 50 % con el sol. En el 2017 modernizamos la instalación, y es la que tenemos hoy. Somos completamente libres energéticamente. Así que Casa Pueblo, como institución, ha vivido la transición energética y la escala comunitaria”, elaboró.
El director acuñó el modelo como uno de “buen vivir” en el contexto energético, en el sentido de que puede producir y compartir electricidad con ciudadanos y mantener en función autónoma a la Radio Casa Pueblo, el Cine Solar y la Plaza de la Independencia Energética. A juicio de Massol Deyá, ese buen vivir es reproducible a través de los más de 175,000 hogares del país que han invertido en su propia energía solar.
“El problema energético ya no es en el 100 % del país. La pregunta es si esas instalaciones solares, esa intervención individual en las casas debe ser un derecho para todos y todas, y no solamente para aquellos que puedan pagar por un sistema solar. Por aquí va una ruta de cambio, cambiando cómo se genera la energía. En lugar de centralizada es descentralizada”, afirmó el autor de Democracia y energía: desafiando la economía de combustibles fósiles por un país propio.
Como parte de los hitos renovables, el biólogo destacó la conexión de la radio y el cine en 2018, consolidando la primera microrred del país. De esa manera, múltiples espacios comenzaron a beneficiarse de la electricidad que generaba un solo edificio. Esta “comunidad energética” puede, así, integrar lugares con y sin paneles solares.
“De una misma instalación solar o varias, se maximiza y se optimiza la eficiencia energética dentro de este conjunto… La pregunta es si este buen vivir puede expandirse. Si puede ser interactiva esa expansión, como ocurrió con las casas solares. En lugar del buen vivir, reproducir el buen convivir”, dijo Massol Deyá.
Esta filosofía desembocó en la creación de lo que Casa Pueblo apoda el Orquestador, un equipo innovador que permitirá la transferencia de energía entre las distintas microrredes de la organización. La idea, agregó el director, es que la electricidad no venga del exterior sino que se produzca, “de manera más democrática”, desde las comunidades.
“Ese Orquestador es un producto de esa experiencia comunitaria que estamos viviendo y que le está dando servicio a la comunidad. A la misma vez, estamos aprendiendo e innovando para mejorar lo que tenemos, para capacitar y ayudar a otros, para educar que estas transiciones las podemos impulsar”, expresó Massol Deyá.
Por otro lado, resaltó la importancia de romper con la dominación de grandes empresas o gobiernos que, siendo dueños de las tecnologías, imponen las soluciones a los problemas, sin consultar a las personas afectadas. Para cambiar esa relación, Casa Pueblo propone una relación igualitaria entre quienes generan y participan de la comunidad energética.
Como testimonio de esa visión, el evento reconoció los diferentes acuerdos y colaboraciones que la organización autosostenible ha formado con numerosas universidades y ciudadanos adjunteños. Esta fórmula, arguyó el biólogo, no promueve el aislamiento de conocimiento sino la cooperación entre instituciones tanto del Norte como el Sur global.
“Compartimos una profunda causa común con el enfoque de sistemas de energía limpia, resiliente y con comunidades prósperas, y estamos honrados de estar en colaboración”, expresó, vía mensaje grabado, el profesor de la Universidad de Massachusetts Jared Starr.
El Orquestador


Maximiliano Ferrari, doctor en ingeniería eléctrica, investigó y diseñó el Orquestador para transferir y regular la energía que producían las microrredes de Casa Pueblo. De ese esfuerzo resultó una caja metálica y rectangular, con ciertos cables pasando por entre sus interfases. Encima de la caja, que además es alta, un monitor da paso a los comandos de interconexión. Es evidencia de la ciencia práctica, como le llama el propio Ferrari.
“Tenemos todas las semillas para empezar un laboratorio. Era algo que tal vez debimos empezar antes, pero ha sido este momento en el cual utilizamos toda esta red de personas y recursos que tenemos para tener un impacto verdadero, social, a través de las ciencias y la tecnología”, aseveró el investigador.
Para el Dr. Ferrari, el asunto de la ciencia aplicada ayuda a que las teorías y propuestas no queden en los confines de la universidad o el laboratorio. Asimismo, explicó algunas limitaciones de las microrredes –como la reducción de energía utilizada por falta de baterías– y que existen tres tipos de “arquitectura de microrredes”:
- Microrred aislada
- Microrredes en red (interconectadas por sincronización)
- Microrredes en red (interconectadas por un convertidor).
La tercera arquitectura permite mayor acceso a la energía entre microrredes puesto que puede transferir energía de una microrred a otra. El Orquestador hace, de forma manual, ese mismo proceso. Para observar la maquinaria, hay que ponerse lentes de seguridad dado el alto voltaje del cuarto en que está. Al encenderse, un zumbido similar al de una computadora inicia el proceso; al acabar, expide dos sonidos de interruptor que confirman el intercambio de determinados kilovatios entre la Casa Pueblo y la Plaza de la Independencia Energética.
“Estamos diseñando un sistema que, en teoría, puede conectar sistemas mucho más grandes”, comentó Ferrari en la demostración, que dio lugar en el nuevo Laboratorio Comunitario.
Luego de la presentación, el equipo de Casa Pueblo organizó una mesa de diálogo en la que participaron: Tatiana Roa, ex viceministra de Ambiente de Colombia; Fernando Lloveras, director de Para la Naturaleza; Miriam Torres, vecina de Casa Pueblo, y otros representantes de varias comunidades del país.
Roa, ambientalista e ingeniera de combustibles, cuestionó sobre cómo las iniciativas de Casa Pueblo aquilatan las voces y voluntades de las comunidades beneficiadas por sus proyectos. Es decir, cuánto participan. La conversación continuó entre la exfuncionaria y Gustavo Irizarry, presidente de la Asociación Comunitaria de Energía Solar Adjunteña (ACESA).
“El que quiere autonomía energética tiene que gobernarla”, dijo Roa.
En aras de expandir y compartir estos conocimientos con las universidades y comunidades interesadas, Casa Pueblo habilitará el equipo para que estudiantes e investigadores puedan experimentar estos ejercicios desde la sede de la organización. La actividad cerró con un recorrido por las microrredes de Adjuntas y algunos de los comercios y hogares beneficiados por este proyecto social que cada vez crece más.



