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Danos hoy el agua de cada día

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Especial para En Rojo

 

La ONU celebra el 22 de marzo como el Día Internacional del Agua. El objetivo es concienciar a la gente sobre la importancia fundamental del agua dulce para la supervivencia de la humanidad y de la vida en el planeta Tierra. A través de esta iniciativa, la ONU promueve el uso sostenible y la necesidad de medidas concretas para el cuidado del agua, la preservación de los ríos, lagos y océanos, así como para alertar contra la contaminación y el desperdicio.

Actualmente, existe una crisis mundial del agua. Brasil cuenta con el 12 % del agua dulce del mundo, lo que equivale al 53 % de las reservas de agua de América del Sur. A pesar de ello, gran parte de la población brasileña no tiene acceso a agua potable de calidad y carece de un sistema de saneamiento que evite enfermedades y la contaminación de los ríos y la naturaleza. En América Latina y el Caribe, la situación hídrica es delicada y requiere atención urgente.

Varios pueblos viven en condiciones de estrés hídrico y decenas de conflictos internacionales tienen al agua como elemento desencadenante. La falta de acceso a la posesión democrática de la tierra, así como el uso que se hace del agua, revela el carácter injusto y depredador del sistema económico capitalista neoliberal, que convierte el agua en mercancía y la privatiza. En el continente, la mayoría de los ríos y lagos están contaminados y sus caudales han disminuido, debido a la acción depredadora de la sociedad dominante.

En este año 2026, la ONU ha elegido como tema del Día Mundial del Agua la cuestión de género. Según el documento de la ONU sobre Agua y género: «el objetivo es debatir sobre la conexión entre el agua y la equidad de género, ya que, en los hogares, la falta de acceso a fuentes de agua dulce, saneamiento e higiene adecuada afecta mucho más a las mujeres que a los hombres. Este año, la ONU quiere llamar la atención sobre el papel de las mujeres y las niñas que recogen y gestionan el agua, a menudo en condiciones de gran vulnerabilidad, como al cuidar de personas enfermas, debido al consumo de agua de manantiales contaminados, lo que les ocasiona pérdidas de tiempo, salud, seguridad y oportunidades. Además, con frecuencia se las excluye de los procesos de toma de decisiones».

Aquí vemos nuevamente cómo la ecología ambiental no puede separarse de la ecología social y humana.

Más allá de los motivos políticos y económicos por los que es urgente cuidar el agua, la mayoría de los pueblos latinoamericanos está vinculada a espiritualidades para las que el agua es sagrada. Las Teologías de la Liberación y la verdadera espiritualidad van más allá de lo religioso. Ella se manifiesta en una actitud de amor hacia todas las criaturas. El universo entero es un inmenso altar en el que podemos contemplar la presencia divina. Los pueblos originarios y las comunidades de cultos afrodescendientes ven en las aguas la morada divina. En las más diversas tradiciones culturales y religiosas, el agua es el primer signo del Amor Divino.

Para las Iglesias cristianas históricas, este año, el Día Mundial del Agua ocurre en la semana anterior al Triduo Pascual. Este tiene como centro la Vigilia Pascual, el sábado por la noche o en la madrugada del Domingo de Resurrección. En esta celebración, las comunidades suelen oficiar el bautismo de adultos. Al alabar a Dios por el agua, la comunidad renueva sus compromisos bautismales. Aún hoy, en la piedad católica y de las Iglesias orientales, el celebrante bendice el agua y la gente suele llevarse a casa recipientes con agua bendita.

En 1971, en una de sus Circulares, monseñor Hélder Camara, entonces arzobispo de Olinda y Recife, escribe: «En la Vigilia Pascual, me quedé pensando: ¿Bendecir el fuego? ¿Bendecir el agua? ¿Por qué? El fuego y el agua tienen vida y santidad recibidas del Padre. (…) Casi pedía perdón por estar bendiciendo lo que ya es bendito y santo» (221ª Circ. – Recife, 11/12/1971).

Cada vez más, debemos insistir en que toda el agua es sacramento del amor divino. En cada manantial, pozo, río o lago,  se manifiesta el Espíritu mismo y, allí, revela su ternura por el universo. Podemos releer lo que dice la Biblia en su primera página y, nuevamente, proclamar hoy:  «Desde el principio, sobre la faz de las aguas, se mueve el soplo divino».

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