Editorial-Que Melania le escriba a Netanyahu

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Cuando hace unas semanas se reunieron en Alaska los presidentes de Estados Unidos y Rusia, Donald Trump y Vladimir Putin, sobre una posible tregua en la guerra entre Rusia y Ucrania, salió a relucir también una carta que, a través de su esposo, le envió al mandatario ruso la Primera Dama de Estados Unidos, Melania Trump. Según las reseñas de prensa, la misiva fue inmediatamente leída por Putin, antes de que comenzara la reunión formal entre ambos mandatarios.

En el facsímil de la carta original, publicado por la cadena Fox News, se dio a conocer el propósito de la misma: abogar ante Putin por la niñez que sufre, herida y traumatizada por las consecuencias de la guerra. En la carta no se menciona a Ucrania por su nombre. La carta alude a una niñez genérica, pero, dirigida a Putin, podría inferirse que se refiere a los niños y niñas en Rusia y Ucrania, dos países enfrascados en una guerra que ya lleva tres años.

Sin embargo, la carta de la señora Trump va más allá. Parece ser una novel estrategia diplomática del gobierno de Estados Unidos, el utilizar la figura de la Primera Dama para intentar  «ablandar» a un interlocutor particularmente difícil, como Vladimir Putin, en una guerra en la que Rusia tiene la ventaja. Esto, a pesar de que, entre todos, Estados Unidos, la Unión Europea y otros aliados han enviado $287 mil millones en ayuda militar, financiera y humanitaria a Ucrania durante estos tres años.

Los siguientes fragmentos de la carta a Putin de la señora Trump resumen el tono y alcance de la misma.

«Querido Presidente Putin. Cada niño comparte, calladamente en su corazón, los mismos sueños, aunque por azar haya nacido en los rústicos campos o en el centro de una magnífica ciudad de una nación. Son sueños de amor, de posibilidades y de seguridad ante el peligro.

Pero, en el mundo de hoy algunos niños son forzados a esconder calladamente sus risas, intocadas por la oscuridad que les rodea.

Sr. Putin, usted podría, sin ayuda de nadie, restaurarles sus melódicas risas».

Quienes conocen de cerca y acompañan a Melania Trump le han comentado a medios de prensa que el interés de la Primera Dama por el bienestar de la niñez es auténtico, y que surge espontáneo en los frecuentes encuentros de ella con grupos infantiles y juveniles. Nohay que dudarlo. Melania Trump nació y se crió en Eslovenia, república que formó parte de la otrora Yugoslavia, y como casi todos los pueblos de esas latitudes, allí sobrevivieron a guerras mundiales y al desconocimiento, incomprensión y aislamiento de una Guerra Fría que dividió al mundo en bandos durante casi 50 años.

Pero hoy, ella es la Primera Dama de Estados Unidos, y como tal, una jugadora de importancia en el tablero mundial, cuyos gestos y acciones tienen la capacidad de impactar a millones, sobre todo a los niños y niñas de países en conflicto, por los cuales parece sentir un particular interés.

Y de la misma manera que la guerra en Ucrania impacta devastadoramente los sueños de la niñez en Ucrania y también en Rusia, nada en este momento es comparable con la guerra genocida de Israel en Gaza y Palestina, la cual en menos de dos años amenaza con literalmente borrar a toda una nación de la faz de la tierra.

Sendos informes de la agencia de Naciones Unidas sobre la Niñez (UNICEF) sobre la situación de los niños y niñas en los escenarios de guerra en Ucrania y Gaza permite apreciar la magnitud de lo que allí ocurre.

En Ucrania, por ejemplo, con una población estimada de 37.8 millones en 2024, UNICEF reporta que, desde el comienzo de la guerra en 2022, más de 2,520 niños y niñas han muerto o han sido heridos en escenarios de guerra: 669 muertos y 1,854 heridos. El mismo reporte aclara que estas cifras podrían estar subestimadas debido a las caóticas condiciones sobre el terreno. Las cifras de desplazados y refugiados podrían alcanzar los 4 millones de personas, incluyendo miles de niños y niñas.

En Gaza, la situación es simplemente devastadora. El más reciente reporte de UNICEF, coloca en más de 50,000 los niños y niñas muertos o heridos como resultado de los bombardeos y redadas de las fuerzas armadas de Israel sobre una  población de 2 millones de personas en la Franja de Gaza. A esto se suma la hambruna provocada por la negativa de Israel a permitir la entrada de alimentos y ayuda humanitaria.

Se estiman en 19,000 los niños y niñas muertos, y más de 30,000 heridos. Hay 17,000 niños que han perdido sus padres, madres o familias, y están solos. Hay 5,000 diagnosticados con malnutrición. El 70 por ciento de la Franja de Gaza está en ruinas. Cerca de 1.9 millones, o el 90% de la población está siendo continuamente desplazada dentro del mismo territorio, ya que la población Palestina de la Franja no tiene libertad de movimiento a ningún otro lugar si la milicia de Israel no lo permite. UNICEF ha decretado que ningún lugar en Gaza es seguro para los niños, y así lo evidencia la desesperada conclusión del relator del reciente informe de dicha agencia internacional sobre Gaza:

» Los niños y niñas de Gaza necesitan protección. Necesitan alimentos, agua y medicinas. Necesitan un cese al fuego. Pero, más que cualquier otra cosa, necesitan una acción colectiva inmediata para detener ‘esto’ de una vez y por todas».

La actitud del gobierno de Israel y del Primer Ministro, Benjamin Netanyahu, ya se conoce en el mundo entero. Siguen adelante indetenibles en su campaña genocida, conducida por todos los medios: bombardeos, redadas indiscriminadas y la paralización de la ayuda humanitaria. Hasta hoy, no ha habido autoridad ni poder humano- civil, militar o judicial- capaz de poner un alto a esta barbarie. Ni siquiera les preocupa ser considerados como un estado forajido y paria que opera al margen de toda convención o acuerdo internacional. Se sienten protegidos por el gobierno de Estados Unidos y, eso les basta para creerse invencibles.

El proyecto sobre Costos de las Guerras de la Universidad de Brown en Rhode Island, Estados Unidos ha estimado que sólo en ayuda militar para Israel el gobierno de Estados Unidos gastó $17.9 mil millones entre octubre de 2023 y octubre de 2024 , bajo la presidencia de Joe Biden. Pero ya se acerca octubre de 2025, y también bajo Donald Trump debe concluirse que esa cifra sigue aumentando.

Entre los sueños de Donald Trump para este segundo término presidencial está ser galardonado con el Premio Nobel de la Paz. Con dos frentes de guerra abiertos y sangrantes en Europa y el Medio Oriente -y miles de niños y niñas muertos, heridos, huérfanos o desplazados por dichas guerras- solo podría aspirar a obtener el ansiado premio si alcanza una pronta y total paz negociada en ambos conflictos. Para ello, habría que ceder a Rusia las regiones de Ucrania ya ocupadas y habría que legitimar la existencia de un Estado Palestino.

Dadas esas condiciones, seguramente con Putin le sería más fácil negociar y pactar. No es creíble pensar que Netanyahu, el genocida de palestinos, vaya a inclinarse a una negociación que garantize equidad jurídica internacional a la nación palestina, ni aun si Melania le escribe una carta.

Cuando hace unas semanas se reunieron en Alaska los presidentes de Estados Unidos y Rusia, Donald Trump y Vladimir Putin, sobre una posible tregua en la guerra entre Rusia y Ucrania, salió a relucir también una carta que, a través de su esposo, le envió al mandatario ruso la Primera Dama de Estados Unidos, Melania Trump. Según las reseñas de prensa, la misiva fue inmediatamente leída por Putin, antes de que comenzara la reunión formal entre ambos mandatarios.

En el facsímil de la carta original, publicado por la cadena Fox News, se dio a conocer el propósito de la misma: abogar ante Putin por la niñez que sufre, herida y traumatizada por las consecuencias de la guerra. En la carta no se menciona a Ucrania por su nombre. La carta alude a una niñez genérica, pero, dirigida a Putin, podría inferirse que se refiere a los niños y niñas en Rusia y Ucrania, dos países enfrascados en una guerra que ya lleva tres años.

Sin embargo, la carta de la señora Trump va más allá. Parece ser una novel estrategia diplomática del gobierno de Estados Unidos, el utilizar la figura de la Primera Dama para intentar  «ablandar» a un interlocutor particularmente difícil, como Vladimir Putin, en una guerra en la que Rusia tiene la ventaja. Esto, a pesar de que, entre todos, Estados Unidos, la Unión Europea y otros aliados han enviado $287 mil millones en ayuda militar, financiera y humanitaria a Ucrania durante estos tres años.

Los siguientes fragmentos de la carta a Putin de la señora Trump resumen el tono y alcance de la misma.

«Querido Presidente Putin. Cada niño comparte, calladamente en su corazón, los mismos sueños, aunque por azar haya nacido en los rústicos campos o en el centro de una magnífica ciudad de una nación. Son sueños de amor, de posibilidades y de seguridad ante el peligro.

Pero, en el mundo de hoy algunos niños son forzados a esconder calladamente sus risas, intocadas por la oscuridad que les rodea.

Sr. Putin, usted podría, sin ayuda de nadie, restaurarles sus melódicas risas».

Quienes conocen de cerca y acompañan a Melania Trump le han comentado a medios de prensa que el interés de la Primera Dama por el bienestar de la niñez es auténtico, y que surge espontáneo en los frecuentes encuentros de ella con grupos infantiles y juveniles. Nohay que dudarlo. Melania Trump nació y se crió en Eslovenia, república que formó parte de la otrora Yugoslavia, y como casi todos los pueblos de esas latitudes, allí sobrevivieron a guerras mundiales y al desconocimiento, incomprensión y aislamiento de una Guerra Fría que dividió al mundo en bandos durante casi 50 años.

Pero hoy, ella es la Primera Dama de Estados Unidos, y como tal, una jugadora de importancia en el tablero mundial, cuyos gestos y acciones tienen la capacidad de impactar a millones, sobre todo a los niños y niñas de países en conflicto, por los cuales parece sentir un particular interés.

Y de la misma manera que la guerra en Ucrania impacta devastadoramente los sueños de la niñez en Ucrania y también en Rusia, nada en este momento es comparable con la guerra genocida de Israel en Gaza y Palestina, la cual en menos de dos años amenaza con literalmente borrar a toda una nación de la faz de la tierra.

Sendos informes de la agencia de Naciones Unidas sobre la Niñez (UNICEF) sobre la situación de los niños y niñas en los escenarios de guerra en Ucrania y Gaza permite apreciar la magnitud de lo que allí ocurre.

En Ucrania, por ejemplo, con una población estimada de 37.8 millones en 2024, UNICEF reporta que, desde el comienzo de la guerra en 2022, más de 2,520 niños y niñas han muerto o han sido heridos en escenarios de guerra: 669 muertos y 1,854 heridos. El mismo reporte aclara que estas cifras podrían estar subestimadas debido a las caóticas condiciones sobre el terreno. Las cifras de desplazados y refugiados podrían alcanzar los 4 millones de personas, incluyendo miles de niños y niñas.

En Gaza, la situación es simplemente devastadora. El más reciente reporte de UNICEF, coloca en más de 50,000 los niños y niñas muertos o heridos como resultado de los bombardeos y redadas de las fuerzas armadas de Israel sobre una  población de 2 millones de personas en la Franja de Gaza. A esto se suma la hambruna provocada por la negativa de Israel a permitir la entrada de alimentos y ayuda humanitaria.

Se estiman en 19,000 los niños y niñas muertos, y más de 30,000 heridos. Hay 17,000 niños que han perdido sus padres, madres o familias, y están solos. Hay 5,000 diagnosticados con malnutrición. El 70 por ciento de la Franja de Gaza está en ruinas. Cerca de 1.9 millones, o el 90% de la población está siendo continuamente desplazada dentro del mismo territorio, ya que la población Palestina de la Franja no tiene libertad de movimiento a ningún otro lugar si la milicia de Israel no lo permite. UNICEF ha decretado que ningún lugar en Gaza es seguro para los niños, y así lo evidencia la desesperada conclusión del relator del reciente informe de dicha agencia internacional sobre Gaza:

» Los niños y niñas de Gaza necesitan protección. Necesitan alimentos, agua y medicinas. Necesitan un cese al fuego. Pero, más que cualquier otra cosa, necesitan una acción colectiva inmediata para detener ‘esto’ de una vez y por todas».

La actitud del gobierno de Israel y del Primer Ministro, Benjamin Netanyahu, ya se conoce en el mundo entero. Siguen adelante indetenibles en su campaña genocida, conducida por todos los medios: bombardeos, redadas indiscriminadas y la paralización de la ayuda humanitaria. Hasta hoy, no ha habido autoridad ni poder humano- civil, militar o judicial- capaz de poner un alto a esta barbarie. Ni siquiera les preocupa ser considerados como un estado forajido y paria que opera al margen de toda convención o acuerdo internacional. Se sienten protegidos por el gobierno de Estados Unidos y, eso les basta para creerse invencibles.

El proyecto sobre Costos de las Guerras de la Universidad de Brown en Rhode Island, Estados Unidos ha estimado que sólo en ayuda militar para Israel el gobierno de Estados Unidos gastó $17.9 mil millones entre octubre de 2023 y octubre de 2024 , bajo la presidencia de Joe Biden. Pero ya se acerca octubre de 2025, y también bajo Donald Trump debe concluirse que esa cifra sigue aumentando.

Entre los sueños de Donald Trump para este segundo término presidencial está ser galardonado con el Premio Nobel de la Paz. Con dos frentes de guerra abiertos y sangrantes en Europa y el Medio Oriente -y miles de niños y niñas muertos, heridos, huérfanos o desplazados por dichas guerras- solo podría aspirar a obtener el ansiado premio si alcanza una pronta y total paz negociada en ambos conflictos. Para ello, habría que ceder a Rusia las regiones de Ucrania ya ocupadas y habría que legitimar la existencia de un Estado Palestino.

Dadas esas condiciones, seguramente con Putin le sería más fácil negociar y pactar. No es creíble pensar que Netanyahu, el genocida de palestinos, vaya a inclinarse a una negociación que garantize equidad jurídica internacional a la nación palestina, ni aun si Melania le escribe una carta.