De un precio estelar de $60 en su debut hace tres años hasta poco más de $1 hace tres días, es el desplome precipitoso experimentado por las acciones de New Fortress Energy (NFE) en el mercado de valores de Estados Unidos. La dramática pérdida de valor viene acompañada de la noticia de que la empresa gasífera que controla con exclusividad el negocio de gas natural en Puerto Rico, no pudo cumplir con el pago pendiente de su deuda que venció este mes de noviembre, y negoció una moratoria de un mes adicional con sus acreedores para efectuar el pago.
Así consta en un informe divulgado por la Comisión Federal de Bolsas y Valores de Estados Unidos ( U.S. Securities and Exchange Commission, SEC) que detalla la crítica situación financiera de la empresa matriz de Genera PR, la encargada de la fase de generación del sistema eléctrico de nuestro país.
Hace apenas un año, NFE había «informado» al SEC y a sus accionistas sobre sus problemas de liquidez y se planteaba si sus operaciones podrían continuar con «normalidad». Buscando un alivio, vendió su operación en Jamaica, una de las más lucrativas. No obstante, en su informe al SEC en julio de este año, NFE notificó que » aún evalúan si tendrán la suficiente liquidez para cumplir con sus obligaciones durante los próximos doce meses.»
Hoy sabemos que no pueden pagar. La noticia del impago de deuda esta semana y de la moratoria de un mes es señal de que la crisis financiera de NFE está cerca del punto de no retorno. El proveedor exclusivo de gas natural para el sistema eléctrico de Puerto Rico está en un hoyo tan profundo que algunos analistas del mercado han calculado el monto de sus obligaciones en $9 billones, cantidad similar a la deuda sin reestructurar de la Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico (AEE). Irónico, ¿no?
Esto lo sabe la Junta de Control Fiscal (JCF) y por eso ha frenado la aprobación al contrato de $4 mil millones por 7 años entre el Gobierno de Puerto y NFE para proveer gas natural al sistema eléctrico de Puerto Rico y manejar la generación eléctrica a través de su subsidiaria GeneraPR.
Esto lo saben también, o deberían saberlo, la Gobernadora Jenniffer González, el llamado Zar de Energía, los miembros de la Comisión de Energía, el liderato Legislativo, el Secretario de la Gobernación, los negociadores del contrato y todos los involucrados en esa nebulosa transacción fatal para Puerto Rico.
Los informes de las compañías públicas al SEC son públicos, como también son públicas las clasificaciones crediticias de las casas acreditadoras, como Standard & Poors ( S&P) y Fitch que en junio de 2025 ya habían degradado el crédito de NFE, citando sus débiles métricas crediticias y su bajó nivel de liquidez. Cuando redujo la clasificación de NFE de «B-«a «CCC» en junio pasado, Fitch Credit Ratings expresó que las compañía representa un alto riesgo de ejecución y cuestionó su capacidad para poder refinanciar su deuda. El pasado martes, y a raíz de que la compañía fallara con el pago de la deuda y entrara en un acuerdo de moratoria, S&P degradó aún más la clasificación de NFE a SD( selected default) opción de impago. Según un experto consultado por CLARIDAD, todo esto implica que, si bien NFE todavía tiene un limitado espacio de maniobra para intentar recuperar el terreno perdido, la magnitud de sus obligaciones y su falta de liquidez a corto plazo podrían mover a los acreedores a impulsar una reestructuración o un proceso de quiebra. Todo esto ha ocurrido bajo la mirada impasible de la Junta de Control Fiscal y de los gobiernos PNPs de los últimos cuatrienios.
Las señales de este desastre estaban desde hace años escritas en la pared. Tan temprano como 2022, el Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero (IEEFA) hizo una proyección casi perfecta de lo nefasto que sería para Puerto Rico entregarle nuestro futuro energético al gas natural y a NFE. Dijo entonces IEEFA: » En su corto historial, la compañía no alcanza los objetivos de desarrollo y las ventas por volumen son flojas. El aumento de los precios de la electricidad, el medio ambiente, la preocupación por el clima y la gobernanza interna nublan sus perspectivas futuras.» «Palabras con luz » que no fueron escuchadas ni atendidas, más bien ignoradas, por la Junta de Control Fiscal, el entonces gobierno de Pedro Pierluisi y el PNP, y toda la horda de politiqueros, cabilderos, negociadores, y mercaderes del desastre que viven de entregarle los recursos que le pertenecen al pueblo de Puerto Rico a negociantes y especuladores privados de todo pelaje, a cambio de una comisión que va a sus bolsillos o de un donativo sustancial para la campaña política de turno.
Nuestro pueblo vive hoy un desastre energético concebido y creado de mala fe por nuestros malos gobiernos, movido por el afán de lucro de unos pocos, y facilitado por una Junta de Control Fiscal de ideología neoliberal y privatizadora.
Este es un desastre de larga duración y mucho peor para Puerto Rico que los vientos de María o las intrigas y el clientelismo político que carcomieron por dentro a la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE).
Bajo el gobierno de Jenniffer González y el PNP, y la indiferencia y arrogancia de la Junta de Control Fiscal, se cierne sobre nuestro pueblo el chantaje de NFE, Quanta, LUMA, y toda la comitiva de sanguijuelas que se benefician personalmente de contratos leoninos y prebendas, mientras el país se hunde bajo el peso del sistema eléctrico más caro, disfuncional y corrupto de toda nuestra historia. Una «bomba» de tiempo, cuyo estallido se hará sentir en las calles y en las urnas desbordadas por un pueblo puertorriqueño que no se deja ni se quita.


