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ICE en los aeropuertos

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Especial para En Rojo

 

Amigos y amigas viajeros y viajeras, durante décadas, el aeropuerto fue uno de los espacios más fascinantes de la modernidad: un lugar de tránsito, promesa y apertura. Era, en muchos sentidos, la puerta simbólica de entrada a un país. Un umbral donde se materializaba una idea poderosa: puedes venir, puedes entrar, puedes circular. El filósofo Marc Augé los llamó un no-lugar, aunque acabaras enamorándote o echando un polvo en el aeropuerto como nos describe Hollywood. Con Trump en el poder, esa escena está cambiando.

Quien piense o se imagine que la decisión de desplegar agentes de ICE en los aeropuertos de EEUU es simplemente una medida administrativa para manejar flujos o compensar la falta de personal, le patina el cerebro. ¡Búsquese un reemplazo neuronal!

Trump quiere transformar el significado mismo del aeropuerto. Donde antes había tránsito, ahora hay vigilancia. Donde antes había expectativa, ahora hay sospecha. Quienes tenemos millaje de aeropuertos recordamos los aeropuertos militarizados de Buenos Aires, Río de Janeiro y Sao Paulo durante los años 70.

Puede que la industria aérea y los administradores de aeropuertos encuentren filas más organizadas. Pero la experiencia de todos los pasajeros jamás será igual. Nadie viaja con la ilusión de entrar en un espacio donde puede ser interrogado, retenido o simplemente observado como sospechoso. Pero es en el turismo donde el efecto se vuelve estructural. y la JGO sueña con su Marca Puerto Rico.

Según los datos de The New York Times, Business Insider y la revista Times, en 2025, Estados Unidos experimentó una caída significativa en el turismo internacional, con una reducción aproximada del 6% en visitantes extranjeros, lo que equivale a al menos 2.5 millones de turistas menos. Este descenso resulta particularmente relevante porque ocurre en un contexto donde el turismo global estaba en crecimiento, convirtiendo a EE.UU. en uno de los pocos grandes destinos en retroceso. La tendencia no sólo se mantuvo, sino que continuó en 2026 con una nueva caída cercana al 5%, fenómeno que ya ha sido denominado en la industria como el “Trump Slump”. A esto, se suma una pérdida sostenida de competitividad global: la cuota de EE.UU. en el turismo mundial ha disminuido de 8.4% en 1996 a 4.9% en años recientes, quedando rezagado frente a destinos como Francia, Italia, México y Grecia. El impacto económico ha sido igualmente notable, con pérdidas estimadas entre $12.5 y hasta $30 mil millones de dólares en gasto turístico internacional, en un momento en que dicho gasto aumentaba en otras regiones del mundo. Esta contracción no solo implica menos visitantes, sino también menor ingreso por visitante.

El turismo no es un desplazamiento físico; es una economía basada en la percepción. Los destinos no compiten únicamente por precios o infraestructura, sino por algo más delicado: la sensación de bienvenida. Cuando esa sensación se erosiona, el flujo se desvía. Así de simple. La presencia visible de los orangutanes y las orangutanas de ICE en los aeropuertos reconfigura el imaginario del destino “Estados Unidos” o “Puerto Rico”. Lo que antes se proyectaba como apertura global comienza a percibirse como control intensificado. Y en un mundo donde los viajeros pueden elegir entre múltiples destinos, esa percepción pesa —y mucho.

No es casual que ya se observe una caída en visitantes internacionales. Esto no es política. Es semiótica.

Porque el aeropuerto, al final, no es simple un lugar. Es un mensaje.

Y hoy, ese mensaje está cambiando y se convierte en un centro de detención.

 

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