La bandera capturada

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Suplemento Especial

 

Este número de Que Ondee Sola, comisionada para Ramón como editor invitado, aborda el uso de la fotografía como prueba judicial en los procesos legales contra los insurgentes nacionalistas puertorriqueños tras la insurrección de 1950. Las imágenes, captadas por fotógrafos que acompañaban a los soldados del gobierno, fueron presentadas ante los tribunales y difundidas por los medios para encuadrar la revuelta desde una óptica federalista, subrayando el dominio estadounidense sobre Puerto Rico. Enumeradas y etiquetadas como evidencia legal, las fotos simbolizaban la represión del levantamiento: la bandera puertorriqueña era tratada como si fuese un arma del delito. Los soldados que la capturaron eran también puertorriqueños, uniformados con insignias de un ejército colonial, marcando así la persistencia del militarismo colonial en la isla.

El relato de Ramón también indaga en el significado simbólico de la bandera puertorriqueña y del paisaje de Jayuya —territorio montañoso evocado tanto como refugio rebelde como espacio agrícola. El texto reflexiona sobre la fragilidad de la insurrección, señalando la incapacidad de los insurrectos para sostenerse mediante la producción de alimentos. Describe la captura de los nacionalistas en Jayuya, rodeados por guardias armados, y las calles militarizadas, vaciadas de civiles, creando un escenario apto para la fotografía, pero ajeno a toda vida cotidiana. La ausencia de voces civiles en los tribunales evidenció el silenciamiento impuesto a la población local durante la rebelión.

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